¡Qué buen libro! 144 páginas rescatadas de los back issues del mítico semanario británico 2000 A.D., que no sólo son difíciles de conseguir, sino que además durante años se imprimieron en un papel horripilante. Acá el papel es excelente y tanto las historietas a color como las que son en blanco y negro se ven muy, muy bien. Ni siquiera se sufre el rotulado, que era uno de los puntos más flojos de los primeros años de esta clásica antología. El criterio para elegir el material fue reunir historietas enroladas en el género del terror (por eso la palabra “creepy” en el título), algo que -a grandes rasgos- se logró. Veamos con qué nos encontramos.
Abre una historia de 36 páginas escrita por Mark Millar y ambientada en una base militar repleta de ojivas nucleares. Es un thriller psicológico en el que recién al final aparece un elemento sobrenatural, y todo está pensado para ponerte MUY nervioso. El dibujante es Dave D´Antiquis, un Juan Carlos Flicker que cumple con lo justo, porque si bien mete foto a lo pavote, labura muy bien el claroscuro y sabe ponerle expresividad a la figura y los rostros humanos.
La historia de siete páginas dibujada por el maestro Kevin O´Neill data de 1980 (la más vieja del tomo) y es muy probable que sea su primer trabajo, porque el estilo tiene apenas pequeños indicios de lo que pelará más adelante este ídolo. El guión de Steve McManus zafa, en parte porque anticipa en varios años algunas de las escenas más jodidas de la primera peli de Terminator. “Reapermen” es un chiste largo, resuelto en cinco páginas que podrían haber sido dos, por Gordon Rennie y un Jock prendido fuego, que hace magia con el color directo, con cositas de Simon Bisley, Sean Phillips y John K. Snyder. Linda historietita, aunque sin dudas menor.
Después tenemos 8 páginas a cargo de Steve Moore (recientemente fallecido) y el alucinante Greg Staples, un tipo cuyo estilo pictórico se presta mucho a la no-narrativa (o a los tropiezos en la narrativa) y sin embargo se la re-banca. La historia es un toque predecible y por momentos parece el prólogo a otra cosa. Y me quedo con Moore, que ahora forma equipo con el cada vez más grosso Frazer Irving, para una historieta de 5 páginas que también podría entrar en la categoría de “chiste largo”. El guión es entretenido pero predecible y el atractivo está en el dibujo de Irving, que hace gala de un blanco y negro vibrante, con infinitos choreos a Andreas y a Berni Wrighston, aunque con mucha expresividad.
Otras historias muy cortitas: la intensa pero poco sorprendente “Scene of the Crime”, con guión de Al Ewing (hoy bien ubicado en Marvel) y dibujos del ignoto Don Reardon, clon defectuoso de Sean Phillips y Mike Mignola sin mayores problemas en la narrativa. Un guionista a quien no conocía, Chris Blythe, trata de sorprender con el final de “Revelations”, pero lo vi venir a ocho cuadras. El clima está bien logrado, en parte por el muy buen laburo del clásico Cam Kennedy. Las cinco paginitas del maestro Chris Weston (el único al que lo dejan dibujar su propio guión) también van para el lado del remate sorpresivo a algo que más que miedo causa risa, pero se hace muy llevadero y está obscenamente bien dibujado. Y me queda una de dos autores a los que no conocía, Arthur Wyatt y Edmund Bagwell, también de cinco páginas, también bastante predecible y también con un dibujante correcto, que se conforma con seguir la línea de Sean Phillips.
Me guardé para el final la papa más fina: 46 páginas (una novela gráfica corta) escritas por Gordon Rennie, en las que nos presenta una realidad alternativa en la que los superhéroes reciben sus poderes del LSD. Una especie de Astro City lisérgica, en la que los super-hippies se enfrentarán a un villano (no sé si nazi pero con esvásticas) llamado el Rey Lagarto, en un conflicto que me recordó bastante al de The Invisibles, aunque planteado de forma menos retorcida. Esto es realmente magistral y está lleno de excelentes ideas. Y por si faltara algo, dibuja y colorea Frazer Irving, completamente pasado de rosca, con varios estilos mezclados, efectos de photoshop, climas increíbles, anatomía y rostros perfectos y trucos narrativos que te hielan la sangre. Esto vale lo que pagues por todo el libro, sin ninguna duda.
Muy buena antología para descubrir trabajos de los ´90 o de principios de este siglo de varios autores británicos que hoy son furor en EEUU, y otros (como Gordon Rennie) a los que les chupa un huevo publicar en Marvel, DC e incluso Vertigo. Sod off!
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jueves, 3 de abril de 2014
martes, 15 de enero de 2013
15/ 01: BATMAN & ROBIN Vol.3
Y bueno, se acabó la fiesta. Otra vez ha fracasado el funeral, otra vez el muerto regresó y su cara y su emblema están en todas las remeras. Era obvio que tarde o temprano iba a volver el agotadísimo e insufrible Bruce Wayne pero –sinceramente- yo pensé que lo iban a dejar fuera de circulación un tiempito más.
Este TPB arranca muy arriba, con tres numeritos contra el Joker en los que Grant Morrison deja la vida: escribe a un yosapa magistral, con diálogos excelentes y que te dejan pensando; le da forma a una amenaza que Batman, Robin y Gordon van a poder desactivar muy, muy sobre el filo; termina de redondear al Professor Pyg, que acá cobra toda la chapa que no cobró en el primer arco de esta serie; y retoma el tema del Dr. Hurtt y el Black Glove que habían quedado colgados de cuando Bruce todavía era Batman. Esto es comic de palo y palo, pero muy fino, muy pensado, muy bien condimentado con muchos ingredientes que a la mayoría de los guionistas del mainstream ni se le ocurre que pueden existir.
Por si faltara algo, el dibujo es de Frazer Irving, completamente prendido fuego, en el que es –por ahora- el mejor trabajo de su carrera. Cuando se limita a dibujar y entintar, Irving es un monstruo , un virtuoso, un distinto. Acá además lo dejaron colorear sus propios dibujos y lo que hizo el británico fue absolutamente devastador. Me cuesta recordar tres números al hilo de una ongoing de DC dibujados a ese nivel. La paleta, los engamados, los efectos, todo estalla en un festival para tus retinas y además se complementa perfectamente con lo que hace Irving en caras, cuerpos y fondos. Morrison juega en base a Irving: se nota que le pide menos viñetas por página que a otros dibujantes, simplemente para que esta bestia se pueda lucir un poquito más.
Irving se hace cargo también de algunas páginas del episodio final de Morrison en esta serie, que en vez de 22 páginas tiene 32. Acá el escocés cierra el plot del Professor Pyg, el del Dr. Hurtt (por ahí un poquito apresurado, si pensamos que lo desarrolló durante años, paso a paso, misterio a misterio) y nos trae de vuelta a Bruce disfrazado de murciélago, después de ese viaje en el tiempo que tan gentilmente le pagara Darkseid. Ah, y ya que estamos, en las dos últimas páginas Morrison presenta su nuevo upgrade a la mitología batmaniana: Batman Inc., una idea que a mí me parece sumamente pelotuda, aunque las masas la amaron. Las páginas que no dibuja Irving se las reparten entre Chris Burnham y Cameron Stewart que –pobrecitos- al lado de Irving parecen aficionados.
Ahora, das vuelta la página y de nuevo parecen grossos. ¿Qué digo grossos? Dioses del dibujo! ¿Por qué? Porque este TPB termina con un especial llamado “Batman: The Return”, 30 páginas dibujadas por el abominable e infumable David Finch, un tipo al que una parte del fandom yanki venera y al que los editores le viven dando laburos grossos a pesar de su imposibilidad de dibujar 20 páginas por mes y de su –a mi juicio evidente- falta de idoneidad. Aún con menos errores de narrativa que en otros trabajos, el dibujo de Finch es horrendo, oscuro al pedo, repleto de rayitas que no aportan nada, con fotos en vez de fondos, caras horrendas, poses y músculos imposibles... Un asco.
En estas 30 páginas, Morrison no se calienta demasiado en avanzar ningún plot. Bruce, con sus habituales modales autoritarios, pone orden en su tropa, convence a Dick de que ambos pueden seguir siendo Batman, nos muestra sus nuevos tecno-chiches desarrollados por Lucius Fox, y el resto... una machaca sin ton ni son contra un villano musulmán que reaparecerá en Batman Inc. De hecho es más un número cero de Batman Inc. que el cierre de Batman & Robin. Que en realidad no cierra, sino que sigue adelante con Dick y Damian como Dúo Dinámico, hasta el momento del infausto reboot. Pero claro, sin Morrison al frente, me interesa menos que las peleas de las vedetongas con las que la tele nos lobotomiza verano tras verano.
Festejen, muchachos. Volvió Bruce, que es a quien la mayoría quiere ver de protagonista en las series de Batman. Yo pertenezco a la minoría (a los cuatro ebrios) que estamos asqueados de Bruce. Tanto que no me engancharon ni con Morrison para leer Batman Inc.. Me queda por explorar lo de Scott Snyder en Detective, antes del reboot. Y aunque eso sea grosso, ahí bajo la persiana. No más Batman con Bruce Wayne debajo de la capucha. En estos tres TPBs, Grant Morrison demostró que se puede, que con Dick Grayson la cosa también funciona. Fueron sólo 16 episodios, pero difíciles de olvidar.
Este TPB arranca muy arriba, con tres numeritos contra el Joker en los que Grant Morrison deja la vida: escribe a un yosapa magistral, con diálogos excelentes y que te dejan pensando; le da forma a una amenaza que Batman, Robin y Gordon van a poder desactivar muy, muy sobre el filo; termina de redondear al Professor Pyg, que acá cobra toda la chapa que no cobró en el primer arco de esta serie; y retoma el tema del Dr. Hurtt y el Black Glove que habían quedado colgados de cuando Bruce todavía era Batman. Esto es comic de palo y palo, pero muy fino, muy pensado, muy bien condimentado con muchos ingredientes que a la mayoría de los guionistas del mainstream ni se le ocurre que pueden existir.
Por si faltara algo, el dibujo es de Frazer Irving, completamente prendido fuego, en el que es –por ahora- el mejor trabajo de su carrera. Cuando se limita a dibujar y entintar, Irving es un monstruo , un virtuoso, un distinto. Acá además lo dejaron colorear sus propios dibujos y lo que hizo el británico fue absolutamente devastador. Me cuesta recordar tres números al hilo de una ongoing de DC dibujados a ese nivel. La paleta, los engamados, los efectos, todo estalla en un festival para tus retinas y además se complementa perfectamente con lo que hace Irving en caras, cuerpos y fondos. Morrison juega en base a Irving: se nota que le pide menos viñetas por página que a otros dibujantes, simplemente para que esta bestia se pueda lucir un poquito más.
Irving se hace cargo también de algunas páginas del episodio final de Morrison en esta serie, que en vez de 22 páginas tiene 32. Acá el escocés cierra el plot del Professor Pyg, el del Dr. Hurtt (por ahí un poquito apresurado, si pensamos que lo desarrolló durante años, paso a paso, misterio a misterio) y nos trae de vuelta a Bruce disfrazado de murciélago, después de ese viaje en el tiempo que tan gentilmente le pagara Darkseid. Ah, y ya que estamos, en las dos últimas páginas Morrison presenta su nuevo upgrade a la mitología batmaniana: Batman Inc., una idea que a mí me parece sumamente pelotuda, aunque las masas la amaron. Las páginas que no dibuja Irving se las reparten entre Chris Burnham y Cameron Stewart que –pobrecitos- al lado de Irving parecen aficionados.
Ahora, das vuelta la página y de nuevo parecen grossos. ¿Qué digo grossos? Dioses del dibujo! ¿Por qué? Porque este TPB termina con un especial llamado “Batman: The Return”, 30 páginas dibujadas por el abominable e infumable David Finch, un tipo al que una parte del fandom yanki venera y al que los editores le viven dando laburos grossos a pesar de su imposibilidad de dibujar 20 páginas por mes y de su –a mi juicio evidente- falta de idoneidad. Aún con menos errores de narrativa que en otros trabajos, el dibujo de Finch es horrendo, oscuro al pedo, repleto de rayitas que no aportan nada, con fotos en vez de fondos, caras horrendas, poses y músculos imposibles... Un asco.
En estas 30 páginas, Morrison no se calienta demasiado en avanzar ningún plot. Bruce, con sus habituales modales autoritarios, pone orden en su tropa, convence a Dick de que ambos pueden seguir siendo Batman, nos muestra sus nuevos tecno-chiches desarrollados por Lucius Fox, y el resto... una machaca sin ton ni son contra un villano musulmán que reaparecerá en Batman Inc. De hecho es más un número cero de Batman Inc. que el cierre de Batman & Robin. Que en realidad no cierra, sino que sigue adelante con Dick y Damian como Dúo Dinámico, hasta el momento del infausto reboot. Pero claro, sin Morrison al frente, me interesa menos que las peleas de las vedetongas con las que la tele nos lobotomiza verano tras verano.
Festejen, muchachos. Volvió Bruce, que es a quien la mayoría quiere ver de protagonista en las series de Batman. Yo pertenezco a la minoría (a los cuatro ebrios) que estamos asqueados de Bruce. Tanto que no me engancharon ni con Morrison para leer Batman Inc.. Me queda por explorar lo de Scott Snyder en Detective, antes del reboot. Y aunque eso sea grosso, ahí bajo la persiana. No más Batman con Bruce Wayne debajo de la capucha. En estos tres TPBs, Grant Morrison demostró que se puede, que con Dick Grayson la cosa también funciona. Fueron sólo 16 episodios, pero difíciles de olvidar.
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jueves, 14 de octubre de 2010
14/ 10: FORT: PROPHET OF THE UNEXPLAINED

Mmmno, no es un comic de Ricardo Fort. Todavía no hay y esperemos que no haya nunca. Esta mini de Dark Horse luego recopilada en libro se centra en Charles Fort, un señor que vivió entre 1874 y 1932, autor del famoso TheBook of the Damned, y que se dedicaba a investigar fenómenos paranormales, cosas que la ciencia de su época no lograba explicar o simplemente se negaba a estudiar.
No conozco otras obras del guionista Peter Lenkov, pero tampoco me calienta demasiado. Si me compré el libro fue porque a) estaba barato y b a la z) porque el dibujante es el ídolo/genio/prócer/maestro/capo británico Frazer Irving, uno de los mejores dibujantes que hay hoy a nivel mundial. Este es un Irving raro, no se parece al Irving ya afianzado en su estilo, ese que despunta cuando cae a DC, en la mini de Klarion y demás laburitos menores, hasta llegar a sus impresionantes números de Batman & Robin. En primer lugar es raro porque la historieta no sólo se publica en blanco y negro, sino que está pensada en blanco y negro. Entonces Irving apela a un arsenal de recursos totalmente distinto, que nos lo muestran como un experto en el manejo del claroscuro. Acá se notan claras las influencias de otros dos grandes del blanco y negro: Berni Wrightson y el alemán Andreas, casualmente dos tipos que tienen varias historietas ambientadas a fines del Siglo XIX, que es donde transcurre esta historia. Pero lo de Irving no se queda en clonar estilos ajenos, para nada. Su forma de elegir los enfoques, su trabajo con las líneas cinéticas y su puesta en página no le deben nada a nadie. Y son todos recursos que hacen que la saga de Fort tenga un ritmo mucho más frenético y acelerado que el de los comics de Andreas o Wrightson. Realmente el trabajo de Irving se disfruta a full, aunque se parezca poco a su producción más actual, que está muy pensada para ser coloreada.
El guión del ignoto señor Lenkov no está nada mal. Durante los últimos días del Siglo XIX (Diciembre de 1899), New York se ve paralizada por una ola de extraños asesinatos y Charles Fort, el investigador de lo inexplicable (al que todos toman por loco), esperará que caiga la noche para dejar su aburrido trabajo en una biblioteca pública y mandarse a recorrer las calles en busca de pistas para resolver el misterio, sin más armas que su curiosidad, su valentía y un par de amigos solidarios, que le siguen la corriente. Así va a llegar a una verdad impactante y escabrosa, que por supuesto habrá que ocultar porque es demasiado heavy como para permitir que trascienda a nivel masivo. Y además, habrá que ganarle a… eso que asesina gente, y no va a ser nada fácil. No quiero contar detalles del argumento para no spoilear, pero la verdad es que está bien llevado y los elementos fantásticos no desentonan para nada en lo que pretende ser una aventura histórica más o menos realista.
Lenkov le saca muy buen jugo a la ambientación elegida. Se nota que estudió a fondo la New York de hace 110 años. Incluso uno de los aliados de Fort es un pendejito de unos 10 años, que no es otro que H.P. Lovecraft, quien en 1900 tenía esa edad y vivía en esa ciudad. Por supuesto, las cosas que va a vivir de niño (como sidekick no-oficial de Fort) le van a disparar algunas de las ideas que años más tarde lo van a hacer famoso. Los sistemas cloacales bastante nuevos, una estatua de la Libertad casi recién inaugurada, un Harry Houdini que recién empezaba a hacerse conocido, un Teddy Roosevelt que era intendente de la ciudad y ya tenía aspiraciones presidenciales (como otro intendente conservador y garca que nos queda un poco más cerca), son todos elementos con los que Lenkov hace jueguito para la tribuna. A algunos los explota más, a otros menos, pero todo el tiempo deja en claro que se sabe de memoria el período en el que ambientó la historia, que es además el período en el que vivió Fort.
A Irving el tema de recrear la New York del 1900 le copa un poquito menos, y aprovecha que casi toda la saga transcurre de noche para dibujar pocos fondos. Pero no jode para nada, hasta le queda bien. Fort: Prophet of the Unexplained no es una joya imprescindible ni mucho menos, pero sí una historieta original, muy bien narrada, dibujada por un monstruo prendido fuego y que –leída con fines de entretenimiento- se disfruta de punta a punta y hasta te aporta datos grossos sobre una época en la que no se suelen ambientar muchos comics. Lo único inexplicable es que no haya secuelas.
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