el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 19 de mayo de 2026

MEDIODIA DE MARTES

Bueno, por fin encontré un ratito para escribir reseñas. Vamos de nuevo con el formato de tres por posteo, así no dejo nada para el próximo (que no sé cuándo será). Empiezo en España, año 2004, cuando la editorial Glénat recopila en un formato chetísimo varias historias cortas del maestro Alfonso Font, todas en vibrante blanco y negro. Son solo 46 páginas de historieta, pero como son relatos bastante breves, aún así el álbum ofrece una diversidad muy atractiva. La primera historia es la que da título a la recopilación: El As Negro, una historia cruda, maligna, ciertamente admonitoria, resuelta con una pincelada de humor negro escalofriante. Después tenemos una historia titulada "Privado", centrada en un caso menor de un detective privado. Seis paginitas entretenidas, sin mayores sobresaltos ni nada que te haga decir "ah, qué genial esto que acabo de leer". Pero después hay otra de "Privado" (con otros personajes) que se extiende a 10 páginas y ahí sí, Font encuentra espacio para desarrollar más a los protagonistas y darle mayor espesor a una trama hiper-turbia de sexo y mala leche. Enseguida viene otra joya: "Y Tú, ¿Qué Has Hecho por la Victoria", con guion del maestro Víctor Mora. Una historia ambientada en la Guerra Civil Española, tremenda, oscura, desgarradora, donde los sentimientos y los vínculos se mezclan con el horror de la contienda bélica de una manera sencillamente magistral. Le sigue la breve "¡Dios lo Quiere!", otro ejercicio de ironía y humor negro en el que Font juega un poco más con la narrativa, al plantearse páginas con menos viñetas. Y cierran dos historietas muy cortitas, casi chistes largos, una de las cuales ("Blobul") llama la atención porque Font emplea una técnica de entintado que no habíamos visto en el resto del álbum. El nivel de las historias es -en general- muy bueno, pero sin dudas lo que me hace atesorar este libro es el trazo de un Font tocado con la varita mágica. Un narrador eficaz, claro, al que no sacan de su sobriedad y su aplomo las páginas con muchas viñetas repletas de texto y que cuando puede meter secuencias mudas, o páginas con menos cuadros, aprovecha y la rompe toda. Crack del claroscuro, dueño de una línea ágil y expresiva, Font se luce tanto cuando aplica grises con tramas mecánicas como cuando resuelve todo con el pincel, o con un plumín endemoniado del que brotan líneas finitas y crosshatchings imposibles. Banco muchísimo a Font, me encanta saber que sigue activo y tengo por lo menos un libro más que lleva su firma en la pila de los pendientes, así que volveremos a leerlo por acá.
Fui a buscar otro librito de Garth Ennis para darle revancha al irlandés después de aquel Battlefields que no me convenció, y me encuentro con The Punisher presents Barracuda, tomito que reúne los cinco episodios de una miniserie... en la que Punisher no aparece ni una sola viñeta. Esto es algo así como "Cazador en el Universo Marvel". Ennis nos presenta a un personaje corpulento, marginal, amoral, que anda en musculosa, putea como una cloaca y solo piensa en términos de sexo y violencia. Incluso lo plantea como una especie de antihéroe, que al final no va a lograr su (poco noble) objetivo. Chumbos, explosiones, sangre, gore, chistes ultra-groseros de teta, pija y concha, los garches más explícitos que se pueden mostrar en un comic de Marvel, personajes grotescos y una sobredosis de puteadas: más Cazador, imposible. Esto es un poquito más realista, porque nadie tiene superpoderes, no hay demonios y las balas lastiman de verdad. Pero va por ese lado: el del impacto que generan la violencia física y verbal. Para que no sea todo tan cabeza, hay también una trama política, bastante bien llevada aunque basada en la concepción caricaturesca que tienen los británicos de América Latina (incluso sin saber distinguir a Argentina o Brasil de cualquier país chiquitito de Centroamérica). Una vez más, Ennis encuentra al compañero ideal en el capo croata Goran Parlov, que acá lleva su línea siempre potente y expresiva un poquito más hacia el estilo de Giancarlo Alessandrini, con algunos chispazos de Carlos Giménez y hasta de Gustavo Trigo. A Parlov se le ocurre la idea (discutible, pero bien ejecutada) de que los personajes tengan las facciones de gente mundialmente famosa: así, Barracuda se parece mucho a Mike Tyson, Big Chris tiene los rasgos de Christopher Walken y Digby está claramente basado en Donald Trump. Seguramente habrá más rostros de famosos que identificarán los lectores que sepan más que yo de cine o de deportes. El color es excelente, la narrativa es atrapante, sin baches, todo el tiempo al palo, y Parlov se da el gusto de dibujar gente en pelotas y sangre a raudales, algo no muy frecuente para los artistas que trabajan en el mainstream yanki. Lo único que no me cerró mucho es el final, ya que Barracuda queda en una situación que hace prácticamente inviable su reaparición en otras historietas, ya sea como enemigo de Punisher o como protagonista de otra epopeya de guarangadas y crímenes de lesa humanidad como esta. Pero puede ser que lo hayan hecho volver, la verdad que no lo sé. Este comic es de 2020, así que oportunidades seguramente no faltaron. ¿Recomiendo el librito? Sí, porque me divertí muchísimo, me reí fuerte con los diálogos llenos de puteadas y el dibujo de Parlov siempre es un lujo y un placer.
Después de unos meses de "desintoxicación" volví a leer historieta argentina, y me fue bastante mal. Le entré a la adaptación de Romeo y Julieta que realizaron en 2020 el guionista Hernán Carreras y la dibujante Aleta Vidal, y me encontré con un trabajo desabrido, anodino, como hecho sin ganas ni onda. El guion es confuso, los personajes entran y salen de escena sin orden, sin la claridad que hace falta sobre todo si pensamos que estos libros están apuntados a un público mayormente de edad escolar. Los diálogos (tomados de manera textual de la obra teatral de William Shakespeare) no contribuyen ni a que la historia se entienda mejor, ni a que los personajes nos resulten más queribles. Y lo más frustrante: el dibujo. Si me decís que Aleta dibujó esto en... 2008, 2009, bueno, puede ser. Eran sus primeros trabajos, le faltaba un poco... Pero en 2020, Aleta ya dibujaba MIL veces mejor que lo que vemos acá. Por ahí esto es una reedición y realmente se trata de un trabajo muy anterior. Lo cierto es que vemos un dibujo con pocos destellos de la calidad que uno asocia con la autora. Los fondos escasean de manera alarmante, cuando aparecen los personajes de cuerpo entero hay errores de anatomía, y los personajes secundarios cambian de aspecto cada vez que aparecen: engordan o adelgazan, envejecen o rejuvenecen, pasan de lindos a feos, de una secuencia a otra... e incluso de una viñeta a la siguiente. El color está muy bien trabajado, pero no llega a esconder (ni mucho menos a compensar) las limitaciones que uno, que sigue desde hace años la trayectoria de Vidal, no esperaba encontrarse en una historieta como esta. Entiendo que las adaptaciones de Latinbooks se hacen por encargo, que en una de esas los autores las "sacan con fritas" en poquísimas semanas de trabajo, y que no le ponés el mismo amor a una creación propia que a la adaptación de un drama del Siglo XVI que te "encaja" una editorial. Pero cuando leíste el Romeo y Julieta de Gianni De Luca (ver reseña del 30/10/17) sabés que esto se puede hacer con mucha más onda, más compromiso y mejores resultados, sobre todo si -como es el caso de Aleta Vidal- tenés talento para el dibujo y la narrativa secuencial. Y nada más, por hoy. Sigo a full con la Comiqueando Digital, que sale a fines de Junio a devastar el multiverso. Y la semana que viene tenemos Agenda Abierta en YouTube y otra actividad con público presente de la que les voy a tirar data más adelante, tanto acá como en el sitio web de Comiqueando. Gracias y hasta pronto.

domingo, 13 de febrero de 2022

UN PAR DE LIBRITOS MÁS

Ya me traje a mi nuevo departamento prácticamente todos los libros que tenía sin leer, y la verdad es que son muchos. Probablemente podría no comprar más comics hasta Septiembre u Octubre sin que falte material para las reseñas. Obviamente voy a seguir comprando, así que la única opción para que la pila de los pendientes no se vaya al carajo es meterle pata a las lecturas. Hoy voy con dos obras bastante recientes. Punisher: The Platoon es una obra de 2017 en la que (al igual que en Born, reseñada un lejano 08/01/11) Garth Ennis toma la figura de Frank Castle como disparador para contarnos una historia 100% bélica, ambientada en 1968, en la guerra de Vietnam. Como además es una publicación con el sello de Marvel Max, no hay problema en blanquear que en el presente Castle tiene casi 75 años. El hecho de que años más tarde ese joven teniente vaya a adoptar la identidad del Punisher tiene un cierto peso en la trama, pero no es en absoluto lo que la conduce. Además de su habitual rigor para contar historias de guerra, y además de lo grato que me resulta leer a ese Ennis que no trata de hacerse el gracioso a través de personajes payasescos, acá lo que más me sorprendió son dos cosas. Primero, lo poco que el irlandés cuestiona la lógica con la que opera Castle. Nos lo presenta como un tipo íntegro, enfocado, muy capo, de inquebrantable moral y de enorme solidaridad para con sus compañeros y subordinados. Sin dudas lo más parecido a un héroe que nos puede llegar a ofrecer un conflicto tan turbio como la guerra de Vietnam. Y por el otro, me impactó lo bien trabajadas que están las personalidades y los diálogos de los otros personajes, tanto de los ex camaradas de Castle (que recuerdan lo sucedido en Vietnam en una magnífica secuencia ambientada en 2017) como de los propios vietnamitas, sobre todo el coronel Giap. La acción, lo que efectivamente sucede, es poco para seis episodios y está predeciblemente estirado. Pero Ennis hace un truco interesante: generar la expectativa de que quizás nunca veamos la escena que cualquier lector quiere ver desde la página 18 en adelante: la confrontación entre Frank Castle y un personaje alucinante, al que el guionista desarrolla sobre todo a través del silencio y la contemplación. Antes del final ese choque va a llegar y Ennis va a tener el notable acierto de dejar apenas sugerido lo que pasa, para que vos elijas el grado de impacto que te va a generar. Todo esto está dibujado como los dioses por un habitual cómplice de Ennis, el glorioso croata Goran Parlov y coloreado por la infalible Jordie Bellaire, así que además de los hallazgos en la trama, la ambientación y la caracteización, The Platoon nos ofrece un tratamiento visual brillante, con un uso ajustado y siempre funcional al relato de la ya famosa viñeta widescreen. No le puedo recomendar esta obra a los fans de Punisher, pero sí a los fans del buen comic bélico, y a los seguidores de Garth Ennis y de Goran Parlov, dos bestias que acá pusieron el alma en cada página.
En 2019 se publicó en Italia la primera colaboración entre dos destacados autores argentinos: el guionista Emilio Balcarce y el dibujante Horacio Lalia. El proyecto se tituló Timeland, y en 2021 se dio a conocer en nuestro idioma a través de una edición argentina. Me llamó la atención ver a Lalia embarcado en una obra que no tenía nada que ver con el género del terror (con el que generalmente se lo identifica) y al leer Timeland, me encontré con una historieta ágil, sin mayores pretensiones que las de entretener un rato al lector. El argumento que propone Balcarce abre infinitas puertas para generar peripecias gancheras. Así es como en menos de 50 páginas mezcla a William Wallace, Adolf Hitler, Napoleón o Albert Einstein con dinosaurios, alienígenas, zombies, indios, romanos, cavernícolas y transatlánticos que se la ponen contra un iceberg. La consigna habilita que pase de todo y de hecho en 46 páginas pasan un montón de cosas, hasta llegar a una página que ofrece un moñito lindo e impredecible para vincular a los protagonistas de un modo novedoso. ¿Qué le falta al guion? Un poco de profundidad para el personaje principal, que está apenas esbozado. ¿Y qué le sobra? Por un lado, todos esos guiños a las películas de Hollywood, que no le aportan nada a la trama. Por el otro, bajar un poco esa excesiva carga de información. Cada vez que Balcarce mete en el contexto de la aventura un hecho o un personaje histórico, lo explica con abundante data de fechas, nombres y lugares. Eso no está exactamente mal, porque me imagino que puede estimular el interés por la Historia en los lectores más jóvenes. Pero está hecho de tal modo que le resta fluidez al relato y por momentos se siente como una intromisión de los contenidos didácticos en un producto que supuestamente es una epopeya de acción y diversión. El dibujo de Lalia tiene algunos momentos de zozobra (esa estación orbital parece hecha con alambres, pelotas de ping-pong y cajitas de medicamentos), pero en general es sólido y cumple con las casi desmesuradas exigencias de un guion que le pide una cantidad de referencias históricas a las que pocos dibujantes se animarían. Por suerte alguien (no sé si el propio Horacio) acomodó los diálogos de tal manera que sea fácil darse cuenta en qué orden hay que leer las viñetas, algo que a Lalia a veces se le descontrola cuando opta por romper la grilla más clásica y jugar con los tamaños y la disposición de los cuadros. En general, Timeland es una lectura llevadera, como para divertirse un rato. El concepto que ideó Balcarce (el terremoto cronal) da para seguirlo hasta el infinito, aunque no sé si me coparía leer secuelas de esta obra, sobre todo por lo redondo del final. Ah, un consejo a las editoriales argentinas que recopilan material del que producen nuestros autores para las antologías italianas: encarguen portadas como la gente, ilustraciones nuevas, gancheras, que representen lo más llamativo del contenido de la obra. No armen más esos cahivaches con pedazos de viñetas sacadas del comic y coloreadas, que no se lucen para nada. Tengo leído algo más, pero me quedé sin tiempo para escribir. Vuelvo a postear pronto, acá en el blog. Gracias por tanto.

martes, 24 de octubre de 2017

TARDE DE MARTES

Sí, ya sé que clavé un post hace menos de 24 horas, pero tengo un par de libros leídos y un ratito para redactar reseñas, así que ¿quién carajo me lo va a impedir?
De las muchísimas obras que realizó para el mercado francés el recordado Walther Taborda, seguramente la más relevante para nosotros es Malvinas: El Cielo es de los Halcones, con guión de Néstor Barron, cuyo Vol.1 se publicó en Europa en 2010 y acá en 2015. Una pena que acá se haya publicado igual que allá, en tamaño grande, tapa dura, papel de lujo, 48 páginas… porque terminó llegando al público a un precio altísimo, que hizo que un montón de potenciales lectores no lo pudieran comprar. Aún así, un año después salió el Vol.2 y quizás antes de fin de año salga el Vol.3, aunque Walther no llegue a verlo. Obviamente hubiese sido más lógico publicar los tres tomos en un único libro, con tapa blanda y en un formato un poco más chico. Pero bueno, la edición corrió por cuenta de un sello que nunca antes había publicado historietas…
Claro, es un álbum pensado para el mercado francés, con las infaltables páginas de 10 viñetas, y en una de esas, en un formato más chico el dibujo se luciría menos. Por suerte Taborda resuelve todo lo que es figura humana y primeros planos con un trazo bastante sintético, muy plástico, sin sobrecargar en absoluto la imagen con texturas o detalles. Los detalles aparecen y cobran protagonismo cuando le toca dibujar aviones, barcos, cascos, bases militares… Ahí se nota que hubo una investigación a fondo, un trabajo muy serio de documentación para recrear con precisión quirúrgica las escenas de la guerra que tuvo lugar en 1982 sobre el Atlántico Sur. El contraste entre estos personajes definidos de modo sintético y estas máquinas y edificios super-detallados llama bastante la atención, pero no incomoda, no se convierte en obstáculo para engancharse con la historia.
El guión… no sé, creo que esperaba un poco más. De hecho, no tengo dudas de que en 46 páginas se podían contar más cosas y desarrollar más a los personajes. La mejor escena (a años luz de la segunda) dura apenas una página: es cuando Luis, el colimba, le revela al Capitán Cruz que siente miedo y odio estando entre los militares porque estos son los responsables de la desaparición forzada de su hermano mayor. Es un momento emotivo, tenso, pero que (por lo menos en este primer tomo) no pasa de ahí. No sé si más adelante Barron seguirá desarrollando la relación entre Luis y Cruz a partir de esto. El resto es una clásica aventura de tipos que desafían a la adversidad para enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso y terminan hechos mierda, pero con chapa de héroes. Hay un cierto espíritu patriótico, pero no llega a oler a cosa facha, entre otras cosas porque habia que venderlo en Europa. La verdad, lo conseguí en oferta y no me enganchó como para pagar fortunas el Vol.2..
Con Starlight, en cambio, me divertí mucho y me emocioné más. Mark Millar y Goran Parlov nos cuentan una saga crepuscular de una especie de Flash Gordon convertido en un sesentón canoso y con panza, que es Maradona en un planeta lejano pero en la Tierra no la estaría pasando bien. Duke McQueen no tiene a quién contarle anécdotas en las que derrota a villanos, libera a planetas enteros y se codea con princesas y emperadores de otros mundos, porque su esposa falleció, sus hijos tienen familia y trabajos y no le dan pelota y la gente de su pueblo lo considera un viejo chamuyero al que le faltan un par de jugadores. Por supuesto, Duke tendrá la posibilidad de volver al planeta al que liberó hace 40 años, donde es considerado el ídolo máximo por varias generaciones.
Y ahí es donde Millar pudo haber derrapado mal. Un sutil toque de mala leche decontructivista y McQueen terminaba o bien ridiculizado también en Tantalus, o manipulado para derrocar a un gobierno decente para que subiera un tirano, o directamente corrompido por el poder, poniéndose él mismo como tirano. Sin embargo, McQueen resulta ser un tipo noble hasta el final, enamorado de su esposa incluso años después de su muerte, con unos códigos éticos inquebrantables y la certeza de que lo suyo no es el poder… aunque una ovación de la hinchada de vez en cuando no esté mal.
La trama está muy bien llevada y el personaje central muy bien trabajado, aunque sí, le gana un poquito fácil a sus adversarios… está bien que sea muuuuy capo, pero quizás si transpiraba más la camiseta todo cerraba un poquito más. El tono de la obra es perfecto, el ritmo está llevado con mano maestra, con pausas y flashbacks en los momentos justos, hay unos cuantos diálogos muy ingeniosos y el final es realmente conmovedor. Bien Millar, apostando por el amor, el heroismo y los valores de la honestidad y la buena onda.
El trabajo de Parlov es majestuoso… si te gusta Moebius. Si no, lo vas a odiar, porque acá el croata reproduce TODOS los yeites del Genio Infinito, sobre todo los de esa etapa más suelta, de fines de los ´80 y principios de los ´90. Posta, hay páginas que si te dicen “las dibujó Moebius”, te lo creés. Incluso el rotulado imita la caligrafía del inolvidable Jean Giraud. Y bueno, yo que soy hardcore fan de Moebius me volví loco y espero que de ahora en más Parlov dibuje siempre así.
Nos reencontramos pronto, ni bien tenga unos libritos más listos para ser reseñados. Gracias y hasta entonces.

viernes, 4 de julio de 2014

04/ 05: FURY MAX Vol.2

Al final fueron 13, no 12, los episodios que duró esta estremecedora serie del sello MAX, cuyo primero tomo reseñamos el 15/09/13. Recomiendo repasar esa reseña, porque esta vez no pienso agregar una sola palabra acerca del trabajo del dibujante, Goran Parlov. Todo lo que opino sobre el desempeño del croata en esta serie está expresado en la reseña del Vol.1.
Este tomo está compuesto por dos arcos argumentales de tres episodios (como el Vol.1), al que se le suma un epílogo. El primer arco nos lleva a Vietnam, en 1970, para una misión en la que Nick Fury formará equipo con un joven pero ya curtidísimo Frank Castle. Como en las dos saguitas del tomo anterior, lo que más le interesa a Garth Ennis a la hora de escribir estas historias es mostrar el lado oscuro, sórdido, revulsivo de estas heroicas epopeyas de los EEUU en el Tercer Mundo. Son las Fuerzas Armadas, sí, pero el telón de fondo lo pone la CIA, y eso significa que detrás de la guerra hay gigantescos negocios que tienen que ver básicamente con el narcotráfico. Muy en sintonía con el memorable aporte de Alan Moore a Brought to Light (lo vimos el 12/01/12), Ennis se compromete con la denuncia, le pone todas las fichas a explorar mediante estas historias las atrocidades que la CIA hizo y bancó no por la libertad y la democracia, sino por la guita y el poder que implica la guita en una sociedad capitalista como la yanki.
La segunda historia va para el mismo lado, pero esta vez el escenario es Nicaragua y el año es 1984. Fury va a ser testigo de los escabrosos crímenes de lesa humanidad y los gigantescos negocios vinculados a la droga que se esconden detrás del entrenamiento de los contras por parte de la CIA. Con la excusa de no dejar crecer a los comunistas en el patio trasero de los EEUU, esta guerra de guerrillas cobrará miles de vidas, costará miles de millones y terminará con las roscas más espurias finalmente expuestas ante la opinión pública.
Como en los arcos del Vol.1, uno ya sabe cómo va a terminar la participación de los yankis en cada uno de estos conflictos y Ennis acierta al respetar los resultados del mundo real. Sin embargo, encuentra la forma de que el rol de Fury no sea irrelevante, sino que sirva para algo. O que por lo menos se preste para aventuras al límite, tensas, de las que sabemos que va a salir con vida, pero que nos mantengan entretenidos mientras Ennis baja línea. Para esto es muy importante el tratamiento que le da el irlandés al elenco de secundarios (ya lo desarrollé en la reseña del Vol.1), a los que hace avanzar con mucho huevo hacia un final inesperado, de altísimo impacto, que vemos en el epílogo. A lo largo de todo el tomo hay diálogos brillantes, afiladísimos, que plantean en términos incontrastables el espesor y la urgencia de los conflictos que nos muestra Ennis, y sin embargo, los diálogos más tremendos, los más categóricos, están en el epílogo ambientado en 1999, cuando los personajes ya son viejos y hace tiempo que no se meten en ninguna guerra sucia. Ahí el guionista le saca jugo a otros combates, igual de cruentos, pero librados en el fuero íntimo de Nick, Shirley, George y el senador McCuskey.
Un final a todo trapo para un comic muy jodido, muy jugado, que debería usarse para enseñar historia en las escuelas de los EEUU, si no fuera por la sobredosis de puteadas, los garches, los destripamientos y las masacres de las que no se salvan ni mujeres, ni ancianos ni bebés. Si el festival de la mala leche y las atrocidades no te ahuyentan, si te bancás a un Nick Fury tremendamente cínico envuelto en runflas siniestras con gente mucho más hija de puta que él, acá vas a encontrar una obra excelente, con inmensos hallazgos en la caracterización, en el andamiaje dramático que sostiene a las aventuras y sobre todo en la revisión de hechos clave en la historia del Siglo XX, en los que invariablemente Garth Ennis detecta la mano negra de los servicios de inteligencia de los EEUU, soretes jodidos si los hay.

domingo, 15 de septiembre de 2013

15/ 09: FURY MAX Vol.1

Era hora de que Garth Ennis volviera a escribir comics de Nick Fury y en 2012 se nos dio. Felizmente le dieron luz verde para incursionar una vez más en el sello MAX, que es el que permite subir la apuesta en materia de gore, sexo y puteadas, como para darle un tono más jodido a las aventuras de este milico que se enamoró de la guerra y no la puede abandonar.
La idea de Ennis para estos 12 episodios (de los cuales el primer tomo recoopila seis) es contarnos varias guerras sucias, posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en las que mojó EEUU casi siempre con penosos resultados. El primer arco nos lleva a Indochina, en 1954, una época y un lugar donde también nos metimos a fondo en la reseña de By the Numbers, el comic que vimos el 7 de Mayo de este año. Y el segundo, a la invasión en Bahía de Cochinos, la que nos narrara hace poco Spain Rodriguez como parte de su biografía del Che Guevara. Es una idea bastante rara, porque uno ya sabe todo lo que va a pasar. Ennis respeta los resultados que se dieron en el mundo real, con lo cual uno ya sabe que Dien Bien Phu va a caer y que Fidel Castro no va a morir y sus revolucionarios le van a patear el culo a los yankis. No está el suspenso, la emoción de enterarse cómo le va a ir a Nick Fury en las misiones: sabemos de antemano que va a perder.
La gracia pasa por otros dos lados. Por un lado, siempre es un placer ver a Ennis bajar línea contra la CIA y contra las operaciones de EEUU en el Tercer Mundo, en general. En la saguita en Indochina también aprovecha para pegarle a los franceses y su tibio intento de preservar sus prerrogativas colonialistas, y a los nazis, porque en 1954 todavía quedaban sueltos un par de muchachos que masacraron a “las razas inferiores” en nombre del Tercer Reich. En la saga de Cuba se caga de risa de lo mal planificada y ejecutada que estuvo la invasión y cuestiona seriamente el rol que jugó John F. Kennedy, pero no se pone la camiseta de Fidel. La escena de torturas más aberrante del libro está protagonizada por un revolucionario cubano, que no tiene reparos en convertirse en verdugo de los invasores yankis, algo que –si le creemos a Spain Rodriguez- Fidel y el Che no habrían permitido nunca.
Por el otro lado, Ennis arma un muy lindo elenco para estas aventuras, obviamente con Nick Fury al frente. Amante de los cigarros, el whisky y las putas, mal hablado y cínico, Fury sigue por el camino trazado por Ennis hace más de 10 años, en su primera miniserie para el sello MAX. No sé si desde entonces ha habido un retrato más acertado de este viejo héroe de los comics bélicos de Marvel. Entre los secundarios se destacan George Hatherly (lo más parecido a un “bueno” que tiene la serie), el advenedizo diputado Pug McCuskey y la infartante Shirley DeFabio, un minón infernal que a la hora de las trompadas mete miedo y a la hora de las caricias, mucho más. Y como en todos los comics de guerra, aparecen más milicos que –tras amagar un par de páginas con convertirse en personajes relevantes- caerán en combate cuando la cosa se pase de castaño oscuro.
A cargo del dibujo tenemos al croata Goran Parlov, en un gran nivel. Parlov es una mezcla de Walt Simonson, el mejor Ron Garney, Oswal, el mejor Cliff Chiang, Giancarlo Alessandrini y algunas cositas de Jordi Bernet. Un dibujante completísimo, con un trazo muy versátil, al que claramente le gusta más laburar que chorear fotos. Para mi gusto, abusa un poco de la grilla widescreen (la “apilada” de viñetas horizontales), pero por suerte esto no resiente demasiado a la narrativa, que resulta sumamente fluída y entretenida, incluso cuando nos topamos con extensas secuencias de diálogos. Muy buen trabajo de este dibujante nunca valorado en toda su dimensión.
Me queda un segundo tomo de Fury MAX, seguramente para el año que viene, en el que el viejo Nick se enchastrará peleando para los yankis en otras guerras mugrientas, en otras misiones encubiertas que probablemente salgan mal. Si te gustan los diálogos groseros, directos y punzantes del mejor Garth Ennis, o si te divierte ver al irlandés en su género favorito (el bélico), o compartís su visión tremendamente crítica del rol de los EEUU durante la Guerra Fría, esto te va a encantar. Y si te bancás al Nick Fury menos heroico y más hijo de puta, no te quedes afuera de este festival de la runfla, las masacres, las torturas, las mutilaciones y los garches, escrito con muchas pilas y mucha mala leche por un guionista que –en obras como esta- justifica la desmesurada devoción que le profesan sus fans.