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lunes, 26 de mayo de 2025
TARDE PERO DE A TRES
Después de muchos días sin postear, en los que leí toneladas de comics, pero investigando para artículos de la Comiqueando Digital, vuelvo a la carga con tres reseñas.
Empiezo con el libro que recopila Oro Blanco y otros trabajos de la inmensa dupla integrada por Carlos Trillo y Enrique Breccia que, por motivos que desconozco, nunca se habían reeditado. Hay dos historias unitarias de las cuales una es correcta y la otra (Ejército de Locos) es casi sobresaliente, y tres episodios de una serie que nunca prosperó, llamada El Buen Dios. Los dos primeros son magníficos, tanto en el guion de Carlos como en la propuesta gráfica de Enrique, que tiene más que ver con aquellos unitarios de los ´70 en los que mostraba un estilo más duro, más adusto, más cercano al grabado que a la ilustración. Y el tercero, si bien el dibujo zafa, se nota que está hecho muchos años después, y sin las ganas del arranque. El guion es genérico y el dibujo se queda a medio camino, no va al límite como en los primeros episodios. No es un espanto ni mucho menos, pero es un pasito atrás respecto de un inicio tremendo, para una serie que no despegó.
Y por supuesto tenemos los siete episodios de Oro Blanco, todos de apenas ocho páginas, realizados por la dupla en 1980, cuando eran verdaderas máquinas de imaginar y producir obras maestras, perfectamente ensambladas. Oro Blanco es una historieta triste, desesperada, ambientada en la América profunda. La historia de Diego y su búsqueda frenética de María es desgarradora, teñida por una trama funesta de injusticias, tragedias y la clásica mala leche de Trillo. Todo lo que puede salir mal, saldrá mal y amplificará el volumen de la ordalía de este personaje que nos da una pena enorme. Imposible no conmoverse, no indignarse, no apasionarse con esta aventura más allá de la locura.
Y el dibujo de Breccia acá es demoledor. En las secuencias del "presente" dibuja en un estilo similar al de Alvar Mayor, pero con más preponderancia de la mancha negra. Y en el racconto, en la narración que hace Diego de los sucesos pasados, por el contrario: la mancha negra casi desaparece para dejar su lugar a unas texturas imposibles, exuberantes como las selvas que recorren los personajes. Los efectos de iluminación se reducen al mínimo y la línea precisa y filosa de Enrique gana un protagonismo alucinante. Esto hay que verlo para creerlo, porque es realmente fascinante.
Había leído Oro Negro en la Skorpio, hace mil años, y me la acordaba más breve y menos emocionante. Me encantó redescubrirla, y me encanta ahora atesorarla en la biblioteca.
La aventura desquiciada del protagonista de Oro Blanco, que lo lleva a atravesar pesares e infiernos imposibles por amor, se hizo carne en mí (como la indómita luz) cuando le entré a Cromwell Stone, por el hecho de ser fan de Andreas. Ay, Andreas, lo caro que me lo cobraste...
Lo que hace el alemán en estas páginas no tiene explicación. Por el lado del dibujo, esto es una maravilla que te quita el aliento en la primera página y no te lo devuelve nunca más. Es el preciosismo más extremo, más perfecto, una combinación mágica de todos los recursos que te puede ofrecer el blanco y negro, donde se nota en cada viñeta el mismo tiempo de trabajo que cualquier otro autor le pone a una página completa... o más. Cromwell Stone ofrece 46 páginas repletas de imágenes shockeantes, vibrantes, pregnantes, una sucesión bestial de viñetas que te atraviesan los ojos y se te clavan en la mente con una fuerza expresiva y una belleza gráfica indescriptibles.
El tema es lo que Andreas tiene para contar, y cómo lo cuenta. La trama es la nada misma: quiere evocar el misterio perturbador de un relato de H.P. Lovecraft pero apenas logra confundir al lector. No hay un énfasis en los momentos más dramáticos, pasan cosas que no se entienden, de las que (a veces) te enterás por los diálogos, entran y salen de escena personajes que no se llegan a explicar... Un despelote, mal organizado y mal resuelto, en el que la intriga en vez de generar tensión genera hastío, porque está mal planteada. Y para complicarla más, Andreas nos bombardea a lo largo de toda la obra con una variedad interminable de grillas atípicas, muy arriesgadas, algunas de las cuales potencian ciertos momentos de la narración y otras simplemente le añaden caos y confusión a una trama que de por sí no tiene sentido. Visualmente quedan muy lindas esas puestas locas con viñetas de formas y tamaños raros, pero muchas veces esto le patea en contra al flujo de una narración que ya de por sí viene enroscada en las bizarras contorsiones de un argumento entre críptico y trasnochado.
Cromwell Stone es un álbum para volverse loco con los dibujos, para ponerlo a Andreas muy arriba en el Olimpo de los maestros del plumín, pero como lectura es muy frustrante, porque casi nada de todo ese majestuoso despliegue visual contribuye a contar una historia sólida, o por lo menos eficaz. Una pena.
Sigo sumando especiales de 100 páginas que festejan los 80 años de los personajes más icónicos de DC Comics, y así llego a esta antología con nueve historias cortas protagonizadas por Wonder Woman, en sus distintas iteraciones. A la hora de este festejo, valen todas las versiones de Diana, más allá de los (no pocos) reboots que sufrió la historia "canónica" de la mítica superheroína. Veamos quiénes se sumaron a la celebración.
La primera historieta está bien, es un guion de Michael Conrad y Becky Cloonan situado en un momento en el que Diana estaba muerta, y Steve y Etta se juntaban para recordarla. Tiene momentos emotivos, buenos diálogos y dibujos correctos de Jim Cheung. La segunda es medio un delito: un breve prólogo a una novela gráfica para lectores infanto-juveniles, de esas que se venden en librerías, a cargo de Jordie Bellaire (la consagrada colorista) y Paulina Ganuchau, que dibuja en un estilo más cercano al de Steven Universe y otros dibujos animados contemporáneos. La tercera está escrita y dibujada por la gran Amy Reeder, que aprovecha estas ocho páginas para regalarnos los mejores dibujos de toda su carrera. El guion es livianito, tranqui, pero las pilas de Reeder están puestas en esa narración fluida, hiper-dinámica, ganchera, graciosa, hipnótica. Una delicia.
Después tenemos a los maestros Mark Waid y José Luis García López, con una no-aventura centrada en la interacción entre Diana y sus compañer@s de la Justice League of America, donde el esfuerzo está puesto en mostrarnos la chapa que tiene la amazona y cómo todos los demás superhéroes la toman como una referencia total en los distintos aspectos de sus vidas. Linda idea, hermosos dibujos, no mucho más. La quinta historia es mi favorita: Tom King y Evan "Doc" Shaner nos llevan a la era "Mod" en la que Diana no tenía poderes, para una comedia co-protagonizada junto a Superman y Lois Lane que no tiene desperdicio. Es una historia originalísima, afilada, con diálogos muy cómicos, situaciones brillantes y un dibujo realmente extraordinario.
Y de las cuatro historietas restantes, apenas puedo rescatar los dibujos. Isaac Goodhart me pareció bastante digno; Laura Braga también, aunque más dependiente del trabajo del colorista; lo mismo para Meghan Hetrick, también con páginas muy lindas y muy pensadas para que se luzca el color, más que el trazo; y un poquito más sólido lo vi a mi amigo brazuca (hincha de Racing) Marcio Takara. La verdad que con los cuatro últimos guiones no hacés uno mínimamente atractivo, pero estos cuatro laburantes del lápiz mal que mal los sacan a flote.
Hay otra antología de Wonder Woman, que celebra el nº 750, y creo que es anterior a esta. La tengo en la pila de los pendientes, así que eventualmente la vamos a ver por acá. Este especial, si bien no es todo grosso, tiene un nivel bastante aceptable y se le puede recomendar sin miedo a cualquier fan de la octogenaria princesa.
Vuelvo a internarme en la Comiqueando Digital, así que no sé cuándo voy a volver a postear por acá. Gracias por el aguante y si quieren venir, están invitad@s a sumarse este miércoles a las 22:30 a la transmisión en vivo de Agenda Abierta (como cada último miércoles del mes), en el canal de YouTube de Comiqueando. Nos vemos por ahí.
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sábado, 19 de noviembre de 2022
OTRA VEZ DE A TRES
Bueno, tengo tres libritos leídos y es hora de reseñarlos.
Empiezo en Alemania, año 1992, cuando el maestro Andreas Martens se despacha con Azteca, una obra poco conocida, pero que tuvo edición en España, prologada nada menos que por Eduardo Galeano. Andreas se propone la difícil tarea de contarnos en solo 46 páginas un complejo entramado de historias, todas ambientadas en el Imperio Azteca más o menos en el momento de la caída de Moctezuma. El álbum va saltando de un protagonista a otro, incluso en la misma página, lo cual hace que haya que prestar bastante atención para entender lo que está pasando. Además todos los personajes tienen contexturas y edades similares, y viven en la misma época en la misma civilización, con lo cual no es tan sencillo distinguir a unos de otros. La más fácil de distinguir es Malinalli, la única protagonista femenina, y quizás por eso la historia de esta chica haya sido la que más me enganchó.
Andreas además ensaya puestas en página arriesgadísimas, mete un montón de secuencias mudas, algún que otro flashback, alguna secuencia onírica... o sea que entender todo lo que nos cuenta resulta todo un desafío. Pero no es un caos, ni un mamarracho: simplemente hay que prestar atención y no dejarse distraer por esos dibujos gloriosos, repletos de belleza y expresividad. Y de rigor histórico, porque se nota que el alemán estudió a fondo la cultura del Imperio Azteca. Lo único choto es el final: en la última viñeta, mediante dos bloques de texto, Andreas nos cuenta qué fue de la vida de cada uno de los cinco personajes principales, cómo terminó la historia de cada uno de ellos. Maestro, ¿no hubiera sido mejor elegir UN protagonista y dedicarle las 46 páginas, con principio, desarrollo y final narrado en historieta y no en dos líneas de texto? El desenlace que imagina el autor para Malinalli, e incluso para Chimalhuatl, es tan interesante que ameritaba narrarlo en forma de comic, aún si esto requería dejar afuera del álbum las historias de los otros personajes. Una pena que la ambición por crear una obra enorme, de protagonismo coral, haya nublado el juicio del autor. Así como está, Azteca es un gran álbum, sobre todo por la magia que tira Andreas en el dibujo. Pero podría haber sido mucho mejor, ya sea si se desarrollaba en más páginas o si se centraba en menos personajes. Esta es una obra rara, semi-oculta, del creador de Rork, Arq, Capricornio y Cromwell Stone, que vale la pena descubrir porque -más allá de alguna decisión criticable- acá Andreas dejó el alma en cada secuencia.
Me voy a EUU, año 1998, cuando se recopilan en libro nueve historias cortas de Daniel Clowes, casi todas publicadas originalmente en la revista Eightball. Este es un punto de quiebre en la carrera del ídolo: acá vemos cómo abandona todos esos elementos fantásticos, bizarros y davidlyncheanos que metía en sus primeras historias y se sumerge en el mundo del slice of life. Las historias de Caricature cuentas pedacitos de la vida, anécdotas de personajes retorcidos, que rara vez nos generan cariño o empatía. Son historias con MUCHÍSIMO texto: cada historia corta (de no más de 16 páginas) requiere el mismo tiempo de lectura que un trade paperback de cualquier serie actual de Marvel. El esfuerzo de Clowes está puesto en darles a los protagonistas de estas anécdotas una voz, una personalidad interesantes. Y le sale bien: la construcción de personajes es sin dudas el punto más alto de los relatos que recopila Caricature. El problema es cómo Clowes incorpora los conflictos y cómo los resuelve (las pocas veces que lo hace). Por momentos parece como si el ídolo acabara de descubrir a Adrian Tomine y se propusiera hacer algo parecido: historias comunes de gente chota, medio trastornada y bastante mediocre que terminan en cualquier lado, sin una estructura narrativa de introducción/ nudo/ desenlace. Lo cual no está necesariamente mal, si no fuera porque Tomine lo hizo antes y mejor.
Donde nadie le moja la oreja a Clowes es en el dibujo. Acá el talento del creador de Wilson y Ghost World te avasalla, te lleva puesto como un tren bala japonés. Incluso cuando el dibujo se limita a ilustrar un cachito de lo que Clowes cuenta en los omnipresentes y abultados bloques de texto, ese trazo, esas texturas, esas expresiones, esa forma de meter las masas de negro te ponen la piel de gallina. La historieta mejor dibujada es MCMLXVI, la menos narrativa de todas (se podría considerar un manifiesto, una declaración de principios), y paradójicamente la que más me gustó. Son apenas seis páginas en las que Clowes trabaja el color de una manera novedosa, con una técnica que le permite sugerir volúmenes, y además no hace "la Gran Columba" de pintar todo el fondo rosa, o violeta, sino que le pone tonalidades a todos y cada uno de los elementos que se ven atrás de los personajes. En el paso de las historias delirantes y bizarras a las anécdotas urbanas y tristonas, de perdedores y consuetudinarios y abanderados de la mala leche, me parece que Clowes salió perdiendo... hasta que le encontró la vuelta en David Boring, que es brillante. Pero siempre está el dibujo, como gancho irresistible para comprar cualquier cosa que produzca este asombroso prócer del plumín.
Tengo muchos libros de autores yankis y europeos en la pila de los pendientes, pero me quiero poner al día con el material argentino, que tengo leídos pocos libros de los que salieron en 2022. Y hasta me quedaba sin leer uno de fines de 2021: Cabeza de Dibujante. Este es un recopilatorio de la historieta que Gustavo Sala realizaba para la versión digital de Fierro, poco más de 60 páginas en las que el ídolo marplatense se mete en la vida y la profesión de un dibujante de historietas cuyo nombre desconocemos. Esta vez hay pocos chistes de pija y concha, aunque abundan los de culos y soretes. La serie mejora mucho, se abre mucho, cuando Sala abandona el formato de cuatro tiras por página y adopta el de tres. Ahí se lo ve más libre, más a gusto, con la posibilidad de que el dibujo se vea mejor e impacte más cuando Gustavo se va a la mierda dibujando bizarreadas atroces e imposibles.
Por motivos que desconozco, Sala elige una paleta de colores muy acotadas, en la que no existen -por ejemplo- ni el rojo ni el naranja. Y no me parece que esto sume en lo más mínimo, de hecho me gustaría tener estas mismas historietas en blanco y negro. No te digo que es el libro más gracioso de Sala, ni a palos, pero me reí bastante, sobre todo cuando el autor jode con cosas vinculadas a la historieta: el tutorial en joda con el que cierra el libro es brillante, el juego con los diálogos en off, los personajes rechazados, la parodia a los cursos de Domestika... eso me causó mucha más gracia que otro tipo de chistes con otra estructura más similar a la que usa Sala en otras historietas suyas. Si sos fan de Gustavo y (como yo) tenés todos sus libros, no te pierdas este, aunque esté editado por Deux.
Y ya está. A partir de la semana que viene, le empiezo a dar con todo a los libros argentinos editados en 2022. Veremos hasta dónde aguanto sin que se cuele alguna otra lectura, pero le quiero dar prioridad a ese material. Gracias y hasta pronto.
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