el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 6 de enero de 2020

LUNES DE GEMAS

¡A la mierda! Tenía colgada L´Expedition desde 16/05/15! Casi cinco años de pausa entre el Vol.2 y este Vol.3 (editado en 2017) que me leí anoche y disfruté a lo pavote.
Este es un tomo rarísimo de la serie de Richard Marazano y Marcelo Frusín, porque básicamente no hay acción. Fuera de una secuencia de cuatro páginas en la que pasa lo mismo que en la portada del álbum, acá tenemos 54 páginas de rosca, diálogos, conjuras, silencios, tiempos muertos, en los que los personajes esperan que pase algo y que Marazano aprovecha para hacerlos hablar un montón entre ellos y sobre todo para profundizar en las personalidades de cada uno. Por supuesto el capo, el ídolo, el poronga, es Marcus Livius. De él depende que la trama de L´Expedition avance o se empantane, a tal punto que de los dos años que pasa en coma, Marazano nos muestra apenas un puñadito de momentos, en flashbacks que alguien le narra al propio Marcus Livius. Así que la clave de este tercer (y anteúltimo) tomo es esa: tener paciencia, dejarse atrapar por la red que teje Marazano, por el clima que se enrarece a medida que los hombres que siguen vivos y leales a Marcus se empiezan a impacientar, a dudar de su líder, a verlo más como un… enajenado que como un amigo. Veremos cómo resuelve todo esto el guionista en un Vol.4 que todavía no tiene fecha de salida en Francia.
Mientras tanto, nos espera una fiesta, que son 54 páginas dibujadas por Marcelo Frusín a un nivel tremendo, arrollador. El rosarino divide casi todas las páginas en tres tiras, como si estuviera trabajando para EEUU, y despliega la acción (escasa, pero bueno) en no más de siete viñetas grandes, en las que el dibujo y el color se lucen enormemente. Hay un trabajo impresionante en los climas, en las secuencias mudas, en ponerle onda y dinamismo a las escenas en las que sólo vemos gente hablando, la única secuencia realmente trepidante (la lucha de Marcus Livius contra el león) te quita el aliento, la reconstrucción de época es perfecta y –como siempre- Frusín saca una ventaja irremontable cuando dibuja animales. Ya desde la tapa te aniquila con ese león y adentro te tira fatalities con serpientes, panteras y elefantes que no te vas a poder olvidar nunca.
Este es el momento en que la aventura a todo o nada se toma un respiro para que crezca una trama de ambición, poder y locura que seguramente va a detonar un final impactante e impredecible para esta maravillosa serie que –a paso lento- está haciendo historia, por su vuelo, su profundidad y por lo mucho que se juega a no parecerse a otras 700 sagas de aventuras con ambientación histórica que pululan por el mercado francés. Quiero ya el Vol.4.
Me vengo a Uruguay, año 2019, cuando sale Diskettes, una novela gráfica a todo color a cargo de los mismos autores de Rincón de la Bolsa (ver reseña del 26/12/16). Esto tiene un sólo problema: los sellos Ninfa y Loco Rabia publican un libro de 128 páginas de las cuales sólo 100 están ocupadas por la novela de Nicolás Peruzzo y Gabriel Serra. Las otras 28 páginas (por las que uno paga, y a las que tiene que ”alojar” en su biblioteca) son la nada misma, la interminable sucesión de carátulas, prólogo, bocetitos, páginas en blanco… No sé de dónde sale esa pésima costumbre, que se ve poco en los libros de manga, o de comic europeo, y un poco más en los de mainstream yanki. Pero aflojen con ese vicio, posta. No suma nada, encarece los libros al pedo, hace que ocupen más lugar, que pesen más…
Lo bueno es que Diskettes es una gran novela gráfica. Tiene excelentes diálogos, una excelente construcción de los tres protagonistas, un gran aprovechamiento de la época en que está ambientada (principios de los ´80, en las postrimerías de la última dictadura militar que padecieron los hermanos uruguayos), tiene un elenco de secundarios laburadísimo, la trama ofrece volantazos impredecibles que no sólo agregan impacto, sino que le sirven a Peruzzo para hacer crecer el espesor dramático de lo que narra, varios personajes que parecen estar de relleno cobran relevancia en algún momento y le aportan muchísimo a la trama, nunca se rompe el verosímil… La verdad que no son pocos los guionistas que aceptarían torturar a sus hijos con tal de escribir una obra tan redonda como la que nos ofrece Peruzzo en Diskettes.
Esta es una historia de afectos, de solidaridad, de ambición, de intriga, en la que lo más importante es que el lector se sienta partícipe del sueño, de las frustraciones, de los riesgos, los miedos y la forma en que Antonio, Diego y Roberto se vinculan entre sí, con el entorno de una empresa (de nuevo Peruzzo se florea en un viaje al interior de una empresa uruguaya) y con sus respectivos entornos personales. Y para eso es fundamental que el dibujo sea claro, creíble, que nos ayude a distinguir de una a todos los personajes que desfilan por la novela. En esos y en varios rubros más, la labor de Serra es muy, muy notable. Con un trazo que de a poco se va despegando de Matías Bergara y Rafael Albuquerque, y con un gran manejo de la mancha negra y del color, acá Serra avanza varios casilleros respecto de sus trabajos anteriores. Banco a muerte a esta dupla, obviamente.

Y nada más, por hoy. Si están de vacaciones, aprovechen para leer muchos comics, o repasen reseñas viejas, hasta que yo vuelva a postear nuevas, acá en el blog.

sábado, 23 de junio de 2018

SABADO DE CIENCIA-FICCION

Aprovecho que me levanté casi temprano, para ponerme al día con las reseñas de un par de libros que leí en estos días.
Arranqué con el Vol.1 de Zéro Absolu, la saga de ciencia-ficción que marcó (si no estoy muy loco) el primer hitazo en las carreras de dos autores franceses hoy ampliamente consagrados como son el guionista Richard Marazano y el dibujante Christophe Bec.
La verdad que me aburrí mucho. El único mérito que le encuentro a la labor de Marazano es que se desloma para darle personalidades distintas a nueve personajes importantes, sin caer en estereotipos demasiado trillados. El guionista hace magia para repartir el protagonismo entre los nueve miembros de este elenco (que sólo se puede reducir, no ampliar, con el devenir de la trama) y eso también le sale bastante bien. Ninguno queda demasiado relegado respecto del resto. Y banco también los diálogos, a los que Marazano les pone alta onda.
Después, muchos problemas. La trama que avanza lento, la misión que no termina de entusiasmarme, el clima que no se termina de definir, los flashbacks que interrumpen el relato y que –por ahora- no aportan más que confusión, el contexto de ciencia-ficción en buena medida desaprovechado… Me imagino que al ser una trilogía, Zéro Absolu mejorará en los dos tomos que siguen, pero la verdad es que es poco probable que me ponga las pilas para conseguirlos. Y menos habiendo otras obras de Marazano que me interesan más y que todavía no leí.
Pero lo que más me la baja, lo que menos ganas me da de buscar los otros dos tomos, es el dibujo de Bec. Esto es desastroso. La cantidad de choreos que encontré es casi digna de Nik. Hay dibujos afanados a Jordi Bernet, a Jim Steranko, a Enki Bilal, a William Vance, a Hernández Palacios… un espanto. Y eso no es lo peor. Lo peor es que Bec no se decide por una estética: va fluctuando entre el típico dibujo de aventura realista y un registro aún más realista, también conocido como “calcar fotos y casi no retocarlas”. Este álbum es de 1997, cuando no existía Flickr, o sea que el achaco no es digital. Pero es muy evidente, hasta se nota de que actores son las fotos que calca Bec. El cambio constante de una estética a otra rompe totalmente el fluir de la narrativa… que además viene muy jugada porque rara vez tenemos menos de 13 viñetas por página (algunas muy chiquitas), organizadas en secuencias cuyo orden de lectura no siempre está claro. Obvio que con los años Bec mejoró, pero este trabajo (de cuando tenía 28 años) es sumamente precario en más aspectos de los que me dan ganas de enumerar.
Me vengo a Argentina, a 2017, cuando se edita Tekton, una novela gráfica escrita por Gastón Flores y dibujada por Lisandro Estherren, el entrerriano hoy cada vez más consagrado en EEUU. El libro tiene un solo problema: demasiadas páginas de relleno. Pero la historieta me gustó bastante, tiene unas cuantas ideas buenas y un desarrollo dinámico, atractivo. La construcción de los personajes por ahí no descolla y el hecho de que esté todo escrito en neutro (ese engendro idiomático que suena a inglés mal traducido por centroamericanos) sin dudas es un palo en el orto. Aún así, el guión se me hizo llevadero, en ningún momento perdí el interés por descubrir cómo iba a resolver Flores los conflictos que plantea el argumento. Creo que lo más difícil de pensar debe haber sido un final en el que todo se resolviera por el lado de la violencia, o sea, cagándose a tiros y piñas con “los malos”. Todo el tiempo pensé que esto se iba a resolver de otra manera… Pero bueno, tampoco está mal cómo lo cierra Flores.
Lo más destacable, sin embargo, es el dibujo de Estherren, que ya desde la portada te avisa que va a salir a matar, a comerse los chicos crudos. Olvidate de aquel Estherren de Etchenike, que jugaba a parecerse al Viejo Breccia y se terminaba pegando algunos palos en la narrativa. Este es un Estherren más maduro, más curtido, que agarra para el lado de Sean Murphy y le va bárbaro. Muy bien los personajes, muy bien la planificación de las secuencias, impecable la integración de la referencia fotográfica, cuidadísimo el equilibrio entre masas negras y espacios blancos y hasta con espacio para pelar un sello propio, una identidad gráfica a la que (si bien está emparentada con la de Murphy) no le falta originalidad. Gran trabajo de Lisandro, a esta altura ya un nombre clave de la historieta argentina actual.
Y nada más, por ahora. Sigo leyendo (creo que en la pila de los pendientes ya me quedan menos de cinco libros publicados en Argentina en 2017) y vuelvo a postear nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog. Ci vediamo.

sábado, 16 de mayo de 2015

16/ 05: L´EXPEDITION Vol.2

Pasaron más de dos años desde que Richard Marazano y Marcelo Frusín me impactaran con la primera parte de esta serie y ahora me vuelven a impactar, porque la trama pega un giro totalmente inesperado, que cambia todo. Casi hasta cambia de género.
Para no repetir boludeces, te propongo que dejes de leer este texto acá, leas primero la reseña del Vol.1 (publicada el 16/02/13), y después vuelvas. ¿Ya está? Bien.
En aquel momento, yo definía a L´Expedition como “una especie de peplum con elementos fantásticos, hasta ahora sólo insinuados” y acá el amigo Marazano me pone en ridículo, porque nada de eso es así. A ver… sí, los personajes principales siguen siendo los legionarios romanos, pero con el correr de las páginas eso se desenfatiza muchísimo. Mucho antes de la mitad del tomo, ya no importa mucho para qué imperio peleaban Marcus Livius y sus hombres. Los elementos fantásticos apenas insinuados en el Vol.1 acá brillan por su ausencia: este álbum tiene una impronta mucho más realista, más sombría. La historia no pasa (como uno sospechaba) por las maravillas que descubren los romanos en su expedición por el corazón de Africa. Ni siquiera pasa por los combates contra fieras salvajes que ellos nunca habían visto y que consideraban parte de relatos fantásticos pergeñados por los nativos.
Acá sucede algo muy jodido (no lo quiero spoilear, porque es un libro reciente, aparecido en Francia en Septiembre del año pasado) que interrumpe el viaje de los romanos por este continente misterioso. Y los que venían muy cancheros, a conquistar giles y chorearles las riquezas, terminan por enfrentar la ordalía de sus vidas. Livius y los suyos deberán luchar por la supervivencia como nunca antes y experimentarán en carne propia el yugo, el látigo, la anulación total de sus voluntades. Por supuesto, Marazano no se pierde la oportunidad de hacer todavía más espeso el clima, y la situación ya de por sí muy complicada se termina de tensar con la sedición, la rosca interna entre los hombres de Livius que –al filo de la desesperación- van a empezar a buscar alternativas menos convencionales y moralmente más cuestionables. La línea entre buenos y malos, que ya era borrosa en el Vol.1, acá es prácticamente imperceptible.
El desenlace será apoteótico: habrá muerte, sangre, rebeliones, sumisiones, más roscas y –finalmente- algún atisbo de misterio más o menos sobrenatural, que por supuesto queda pendiente para el Vol.3. Otra vez, el guacho de Marazano cierra el episodio en un momento crucial, definitivo, donde el continuará duele como duelen los huevos después de tres horas franeleando con una mina que no entrega. Pero sabe que vamos a volver. Esto está demasiado interesante como para colgar acá. El desarrollo de los personajes, el cambio de ritmo que permite profundizar, lo impredecible de los giros argumentales, la premisa del Vol.1, que quizás recupere peso más adelante… todo está pensado para que uno se fume mansito los dos años que faltan para leer el Vol.3 y lo compre el día que salga, sin chistar.
Un gran porcentaje de esos méritos le corresponden a Marcelo Frusín, que mantiene el altísimo nivel de dibujo que exhibiera en el Vol.1. Las páginas 2 y 3 son las más impactantes porque, claro, son las que tienen animales y Frusín es uno de los mejores dibujantes de animales que hay hoy en la historieta mundial. Después, cuando los humanos monopolizan las salvajadas, tampoco faltarán las escenas zarpadísimas, los fondos fastuosos, las iluminaciones extremas, las expresiones faciales fuertes (algunas logradas con una técnica gráfica distinta a la del resto del álbum, que le queda muy bien) y unas coreografías brillantes para los combates. Todo eso, además, realzado por el propio Frusín desde el color, que está perfectamente pensado para acompañar los climas que propone el guión.
Esto no se ve ni por accidente como la típica aventura francesa de ambientación histórica. Como en el Vol.1, Frusín aprovecha que el guión avanza a un ritmo más descomprimido y mete pocos cuadros por página, en los que se luce a full y puede asombrar (a los franceses) con muchos de los recursos que adquirió en sus años de producción para EEUU. Un trabajo realmente consagratorio para este maestro rosarino, al que –por esas injusticias del universo- en Argentina se conoce poco.
Recomiendo vehemente L´Expedition, una de las series 100% fundamentales que tiene hoy el mercado europeo. Y espero ansioso (por no decir al palo) el Vol.3.

sábado, 16 de febrero de 2013

16/ 02: L´EXPEDITION Vol.1

El rosarino Marcelo Frusín es el abanderado, el referente indiscutido, de algo que no debería existir: los dibujantes argentinos con muchísima trayectoria, gran producción e indiscutido talento, pero con cero obras publicadas en nuestro país. Preguntale a cualquiera de los chicos argentos que trabajan para Marvel, DC, Dark Horse, Avatar o la que sea, y todos te van a decir lo mismo: “Frusín, el más grosso”. Con 45 años ya cumplidos y miles de páginas publicadas en editoriales de primera línea, Marcelo sigue inexplicablemente inédito en Argentina. Acá vimos algunos trabajos que realizó en su etapa de asistente de Eduardo Risso, pero llevan la firma de Risso, no de Frusín. Con lo cual este monstruo del Noveno Arte es una especie de secreto cuya existencia conocemos sólo los iniciados, mientras miles de fans de la historieta argentina ni saben que existe. Injusticia absoluta rayana en el disparate, aunque al rosarino eso le importe poco.
Después de muchos años de batallar en el sello Vertigo, hace un tiempo Frusín aceptó una oferta de la editorial Dargaud para sumarse al mercado del álbum francés. El resultado es L´Expedition, una serie cuyo primer tomo (aparecido en 2012) causó conmoción y arrasó en las librerías francófonas. La propuesta tenía todo para ganar: L´Expedition es una aventura ambiciosa con ambientación histórica (ancho de espadas entre los comiqueros franceses), escrita por Richard Marazano, uno de los guionistas de moda, un pulpo que escribe 8.000 series por mes y con todas le va bien, y dibujada por Frusín a un nivel que te deja estupefacto. No sé si la coloreó él mismo, pero el color también, está más allá de lo verosímil.
La trama arranca bien de atrás, sin apuro por llegar a los momentos más impactantes. Los personajes y la dirección se construyen de a poco, en diálogos en los que Marazano tira mucha data sin aburrir. Con el correr de las páginas, terminamos por entender perfectamente al enigmático Marcus Livius y su férrea (casi demencial) determinación por descubrir de dónde salió ese hombre tatuado y cubierto en joyas extrañas que apareció un día, flotando en un barquito en las aguas de una Tebas ocupada por el Imperio Romano. Livius se rodeará de mercenarios codiciosos y pendencieros y emprenderá la búsqueda de esa civilización desconocida y aparentemente poseedora de increíbles tesoros. Por ahora, lo veremos padecer el calor de los desiertos, la voracidad de las fieras y la persistencia inclemente de fantasmas del pasado, de cagadas que se mandó y que la vida le cobró caras. El Vol.1 termina en un momento tremendo, con una secuencia fundamental para la trama, y te deja prendido fuego, pidiendo a gritos el Vol.2. Maligno pero válido, el recurso al que apela Marazano para que uno se haga adicto a la serie.
Frusín, mientras tanto, pelará el mejor trabajo de su carrera. Como se nota que Marazano no tiene apuro, el rosarino se encuentra con la libertad de dibujar pocas viñetas por página (casi no hay páginas con más de seis), lo que le permite repetir y refinar los trucos de narrativa que tan bien le salían cuando laburaba en Vertigo. El trabajo del color, que imita la pincelada del color directo, le da al dibujo de Marcelo una impronta más personal, más alejada de la de Risso. Los personajes, que en principio son todos chabones grandotes con cara de pesados, tienen cada uno sus rasgos distintivos. Y los animales... ma-mita! No hay muchos dibujantes en el mundo que dibujen animales mejor que Frusín. Acá tenemos camellos, hienas, buitres, una pantera, un elefante (que aparece en una sola viñeta pero te detona el cerebro)... todos dibujados como la hiper-concha de Dios. El laburo de Marcelo es tan, tan potente, que en Francia se editó una segunda versión del álbum, en formato aún más grande (casi al tamaño real de los originales) y en blanco y negro, para que los fans más exquisitos puedan degustar hasta el más mínimo detalle. Me imagino que debe ser un festival del claroscuro difícil de olvidar.
L´Expedition, amigo viñetófilo, es aventura clásica en su máxima expresión. Una especie de peplum con elementos fantásticos (hasta ahora sólo insinuados), perfectamente documentado, osado, duro, para nada solemne, con sutiles pinceladas de humor negro y el tema subyacente del imperialismo y el choque entre conquistadores y conquistados. No creo que jamás se publique en Argentina, pero me conformo con que haya una edición en castellano, para que más gente la pueda disfrutar. Ah, y quiero YA el segundo tomo!