el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 18 de agosto de 2025

LUNES CON TRIPLETE

Pasó otra Crack Bang Boom a caballo de un nuevo finde largo, y ya es hora de retomar la sana costumbre de las reseñas de los comics que pude leer en estos días. Empiezo en 2017, en EEUU, con una antología llamada "DC House of Horror", compuesta por ocho relatos de 10 páginas en los que Keith Giffen tira los argumentos para que otros guionistas los desarrollen, pero con dos particularidades: 1) todas las historias van para el lado de monstruos, fantasmas y cosas escalofriantes y 2) el maestro se permite imaginar para cada historia un mundo alternativo distinto, en el que el canon oficial de DC no corre. Entonces lo que toma es algún rasgo importante de los personajes, alguna situación puntual, y desde ahí, apoyado en el contraste entre lo que el lector asume como familiar y la sorpresa, urde las tramas. Pero el problema es que ni aún así salen grandes historias. Hay dos bastante buenas: en una, Giffen reinterpreta a Black Canary como una villana muy jodida, y la otra nos invita a pensar, de manera sumamente perturbadora, qué pasaría si Batman y el Joker fueran en realidad la misma persona. Y hay una tercera historia interesante, que es la del fantasma de una Wonder Woman ya difunta, que vuelve convocada por unas pibas que juegan con la tabla ouija y posee a una de ellas. Una idea potente, pero no para desarrollar en 10 páginas y jugarle todas las fichas al impacto final (al estilo de los comics de la E.C.), sino para darle otro vuelo, otro rumbo y otro peso dramático. Por suerte, estas tramas que plantea Giffen y desarrollan otros guionistas (uno más ignoto que el otro) van a manos de dibujantes que le ponen mucho huevo a su función. La primera historieta (con Martha Kent como protagonista) está muy bien dibujada por un Howard Porter que sigue en busca de la redención. La segunda (la del fantasma de Diana) está en manos de una siempre inspirada Bilquis Evely (ya veremos muy pronto un TPB todo a cargo de Giffen y la talentosa autora brasileña). La de Harley Quinn la dibuja el glorioso Kyle Baker, que es quien más se esfuerza por recrear la estética clásica de la E.C.. En la de Batman/ Joker se luce un Rags Morales soberbio, con momentos dignos de Brian Bolland. La de la Justice League se beneficia de un Scott Kolins que pone el alma en cada viñeta. La de Green Arrow y Black Canary nos muestra a un Dale Eaglesham que tampoco se guarda nada. Al maestro Howard Chaykin le tocó el peor guion (el de Billy Batson/ Shazam) y aún así entregó un trabajo más que competente. Y del único que realmente esperaba más es de Tom Raney, que despachó sin demasiado entusiasmo las paginitas de la historia protagonizada por Two-Face. Entre una cosa y otra, DC House of Horror queda en el pilón de las antologías prescindibles, de esas que está bien comprar solo si las ves en oferta.
Me voy a Francia, año 2022, cuando la maestra Florence Cestac publica el tal vez sea su historieta más grosera: Ginette. Se trata de una novelita gráfica de 97 páginas, realizada para un formato de publicación de bolsillo (como el de los libritos que vimos el 07/05/24 o el 19/05/24), por lo que cada página tiene normalmente dos o tres viñetas, no más. Alguna vez cuatro, y alguna vez una sola, pero casi siempre dos o tres, para que el dibujo se luzca, la narrativa no se empantane y la letra de los globos se pueda poner a un tamaño más que legible. Con Ginette no solo me cagué de risa, sino que tuve zumbidos en la entrepierna. Se trata de una prostituta que cuenta su historia en primera persona, y que no para un minuto de hablar de sexo, por supuesto en clave humorística. Esto se tendría que haber publicado en la SexHum®, de una. Es una sucesión interminable de chistes de garches, pijas y orgasmos, infinitamente más gracioso que el episodio promedio de Clara de Noche, por tomar una referencia que manejamos todos. Las anécdotas más sórdidas, los clientes más excéntricos, los más horribles, los más copados... las distintas formas y tamaños de los penes... Cestac no se priva de nada a la hora de mostrar el lado cómico de la profesión más antigua del mundo y lo hace con tanta altura, que a nadie en su sano juicio se le ocurriría arrastrar a Ginette al barro del debate que se da hoy en la sociedad acerca de las trabajadoras sexuales. El dibujo está muy cuidado, pero no pierde esa espontaneidad, esa fuerza casi brutal que tiene el trazo de Cestac. Todo el tiempo la autora (ícono de la historieta humorística francófona) juega al límite del grotesco, y a la vez logra personajes muy lindos, muy queribles, como lo hacía el inolvidable Tabaré. Acá hay también un gran trabajo en los fondos, a pesar de que una constante que se repite en todo el libro es que los personajes y los globos están en blanco y negro y todo el resto de los elementos de la viñeta están pintados de un mismo color (el rosa que predomina en la portada). Zarpada, carismática y con un arsenal humorístico tan atractivo como sus curvas, Ginette es una obra magnífica, que arranca muy arriba ya desde el prólogo de Philippe Druillet y no pierde nunca la potencia (sexual).
Para mí, Zapam Zucum era un fanzine muy cheto editado por su propio autor, el as chileno Rodrigo López en formato chiquito y con grapas. Imaginate mi sorpresa cuando me encontré con esa misma historieta, publicada en formato álbum a todo culo por una editorial de Brasil. Dije "no puedo ser tan pelotudo de comprar un comic de un autor chileno que ya tengo, y encima en portugués". Pero después me acordé que la historia es muda, y que acá ningún traductor brazuca le metió mano a los textos de Rodrigo, así que me lo compré, para tenerlo en un formato mucho más acorde a la belleza de la historieta. En Brasil, el comic se conoce como A Lenda de Zapam Zucum y el libro está inflado con unas cuantas páginas de relleno, para llegar decorosamente (ponele) a las 56 páginas. López nos cuenta sin palabras pero con mucha emoción y un dibujo majestuoso la leyenda de esta especie de mujer-mito de la época de la conquista española, que -según narra la leyenda- solía aparecer por La Rioja para rescatar bebés de los indígenas asesinados por los europeos, protegerlos y alimentarlos con sus gigantescos pechos. Es una historia de misticismo, violencia, crueldad y venganza en la que esta mujer enorme y desnuda, que vuela y emite leche como si fueran casi los rayos de Cyclops, acapara todo el protagonismo desde que entra en escena. Es una historia bastante breve y sin palabras, con lo cual todo está jugado al impacto que generan las imágenes de López. No me quiero extender mucho hablando del estilo del ídolo chileno, así que quien lo desee puede releer la reseña del 27/12/18 o alguna otra de las que le dediqué en los años (siglos) que lleva el blog. La novedad acá es que López no utiliza las palabras y tiene que proveernos de toda la información necesaria para que la trama nos cautive y nos emocione solo con sus dibujos y con la forma en que organiza las viñetas en la página. El resultado es sencillamente espectacular. Si no sos fan de Rodrigo, es un gran punto de entrada a su obra y si ya lo sos, ni hace falta que te cuente por qué el álbum brazuca de la editorial Tábula es el soporte ideal para esta joya en la corona del destacadísimo autor trasandino. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 27 de diciembre de 2018

JUEVES DE GEMAS

Las lecturas de estos últimos días me han tratado inusualmente bien, y lo quiero destacar.
Una de las sorpresas más gratas de este año fue Mr. Crabb y el Paraíso, una novela gráfica de un autor español al que nunca había nombrar, llamado Alberto Taracido. Parece mentira, pero esta es la opera prima de Taracido, que llega al comic con un amplio background en la animación.
Mr. Crabb y el Paraíso me hizo acordar bastante a aquella joya de Jodorowsky y Moebius que fuera El Corazón Coronado. Arranca como una aventura bastante realista, con personajes empapados de una problemática actual y tristemente palpable como es la corrupción en los altos niveles del poder gubernamental y empresarial, y en un momento empiezan a aparecer elementos fantásticos que le dan a la trama un tinte más salvaje y menos predecible. Como Jodorowsky, Taracido aprovecha estos elementos fantásticos para resolver el final con una cierta ambigüedad, lo cual no lo hace menos satisfactorio.
Los diálogos son excelentes (esta vez la edición argentina los conserva en español de España, con un par), los personajes están muy bien construídos, el ritmo de la historia no decae nunca, la bajada de línea va para el lado correcto… No se puede pedir mucho más, realmente. Quizás (ya para hinchar las pelotas) algún personaje femenino un poco más protagónico.
Y el dibujo es glorioso. No sé si originalmente la historieta era a todo color y acá se publicó en escala de grises, o si Taracido la pensó así como la vemos en el libro, pero visualmente esto es extraordinario. Por supuesto que en la faz gráfica también hay que hacer mención a Moebius, que es claramente el principal referente de Taracido no sólo en el dibujo sino también en la narrativa. No es exactamente un clon del Genio Eterno, porque en los rostros de algunos personajes se ven rasgos que no tienen tanto que ver con la estética del ídolo. Pero sí hay composiciones, planos, secuencias enteras, que te van a recordar al inmenso Jean Giraud.
Europa y África enroscadas en una trama de corrupción, violencia, mala leche y un cierto misticismo, que puso en el mapa a Alberto Taracido, un autor al que de ahora en más vamos a seguir a todas partes.
Cruzamos la cordillera para leer la edición chilena de Herbert West: Carne Fresca, una notable colaboración entre el guionista argentino Luciano Saracino y el dibujante chileno Rodrigo López. Sobre la base de un famoso relato de H. P. Lovecraft (Herbert West: Re-Animator), Saracino y López construyen una novela gráfica fraccionada en episodios, con muchísimo clima, un gran ritmo y un equilibrio logradísimo entre una trama dramática, elementos clásicos del terror (básicamente, muertos resucitados) y sutiles toques de humor negro.
La adaptación de Saracino es respetuosa, pero no comete el error de enamorarse de la prosa de Lovecraft y aplastar la narrativa con inmensos globos de diálogo o interminables masacotes de texto. Esto se lee con el dinamismo de cualquier buena historieta actual, y con un extra que no sé si el relato original tenía, que es una gran profundidad en los personajes. Al igual que Lovecraft, Saracino conserva un cierto velo de ambigüedad en cuanto a la relación entre Herbert y su compañero Gregory, sin explicar si son sólo amigos, o si entre ellos hay algo más. Lo importante es que los personajes están muy bien desarrollados y el contexto histórico y geográfico muy bien aprovechado.
Y el ancho de espadas de este Herbert West es el dibujo de Rodrigo López, con esa impronta medio caricaturesca que acentúa el fino humor negro que ensaya Saracino. Sin salir de una puesta en página 100% clásica, López deja la vida en la narrativa y sobre todo en esos cros-hatchings enfermizos, totalmente pasados de rosca. López cuida los detalles de la ambientación histórica y los combina con una cierta exageración granguiñolesca, que no choca en lo más mínimo con los climas ominosos y truculentos del guión.
Herbert West: Carne Fresca es una hermosa historieta de terror, que no requiere ser fan de Lovecraft para ser disfrutada, que nos muestra a Saracino y López muy compenetrados, en un nivel muy notable, y que –por si faltara algo- tiene edición argentina.

Gracias por todo y seguramente habrá una entrada más en el blog antes de fin de año.

domingo, 17 de junio de 2018

OTRA VEZ DOS LOPEZ

Aprovecho un ratito libre en medio de un finde bastante intenso (y frío como teta de bruja) para reseñar un par de libritos que tengo leídos.
Arranco en 2016 en Chile, donde se publica una adaptación al comic de Hamlet, el clásico de William Shakespeare, bastante extraño. No porque Hamlet aparezca tomando merca, calzado con una Glock en la cintura y garchando con botineras, sino porque el libro combina páginas de historieta (magníficamente dibujadas por Rodrigo López) con páginas en las que sólo hay texto y otras que tienen un gran porcentaje de texto, y alguna viñeta (o incluso una breve secuencia de viñetas) a modo de ilustración, o complemento. La adaptación estuvo a cargo de Marco Antonio de la Parra, y obviamente la pregunta que uno se hace es: ¿no daba para convertir TODA la obra en una historieta?.
En los tramos en los que este Hamlet se nos cuenta efectivamente como un comic, con páginas enteras pobladas de viñetas que forman secuencias, con globos de diálogo normales y demás, la experiencia se vuelve sumamente satisfactoria. López (como siempre) dibuja y colorea a un nivel altísimo, no mezquina nada en los fondos ni en las expresiones faciales y además, se da cuenta de que parte de la esencia de una obra de teatro consiste en que durante largos tramos, durante escenas enteras, los personajes se mueven poco, en torno a un decorado estático. Entonces hace lo que hay que hacer en estos casos: mover todo el tiempo la “cámara”, ofrecer encuadres distintos uno atrás del otro, sin parar, para que el lector no se aburra de ver siempre lo mismo.
Me imagino que para el lector al que apunta este libro (consumidores ocasionales de historieta que entran a una librería y se ven atraídos por la obra de Shakespeare) ese mix bizarro entre historieta y prosa no resultará un palo en el orto. Para mí, que entré a este libro por ser fan de ese historietista superdotado llamado Rodrigo López, fue bastante frustrante poder disfrutar sólo de ratos de la magia narrativa de esta bestia del Noveno Arte chileno. Ser o no ser una historieta… esa es la cuestión. Y este libro lamentablemente no la resuelve…
Me vengo a Argentina a 2017, cuando se publica Futuro Total, un libro con tres historietas del impactante Ariel López V., en las que el Matador de Mataderos escribe, dibuja, rotula y colorea en su personalísimo estilo. Visualmente esto es un festival del delirio extremo, un trip ido muy al carajo con drogas, videojuegos ochentosos, cine clase Z y comic indie norteamericano del Siglo XXI. A nivel gráfico, no tenemos muchos autores capaces de hacer lo que hace López V. en estas páginas. La estridencia en el color, el impacto en los estallidos de violencia, esas perspectivas llevadas al límite, esos ojos sin pupilas… Ariel impone su sello y, si comprás, te hacés adicto, no queda otra.
En cuanto a los guiones, la primera historia podría haber aparecido tranquilamente en la Métal Hurlant de los ´80, porque tiene ese tinte irónico, esa burla sutil a la épica del rock kilombero y transgresor, mezclada con elementos fantásticos, apuntes de sátira social y unos diálogos tan afilados como desopilantes, dignos de un sketch de Peter Capussotto. La segunda historia, la más extensa, combina el sub-género de los “jóvenes a la deriva” con alienígenas y zombies, en un roller-coaster por momentos excesivo, donde parte de la gracia (además de los diálogos) parece ser la destrucción sistemática del verosímil. Se nota y se aprecia lo mucho que se debe haber divertido Ariel haciendo estas historietas.
Y sin embargo, la que a mí más me gustó es la tercera, la más breve: Ultima Nave al Terror. Esta es una aventura de ciencia-ficción más clásica, una especie de homenaje freak a aquellos unitarios que clavaba Bruce Jones en la Zona 84, con viajes espaciales, viajes temporales, alienígenas y mutantes. Acá el esfuerzo de López V. parece estar menos concentrado en la vorágine de la acción y los chistes y más en el argumento (que es muy sólido) y en la puesta en página, un rubro en el que, sobre el final de esta historieta, pela unos hallazgos que yo nunca le había visto ni a él ni a ningún otro artista. También en esta última historia, el color baja un par de cambios y en vez de proponerse impactar se propone contribuir a los climas que conjura el guión. Posta, esas últimas 19 páginas valen lo que pagues por este libro.
Espero nuevas obras de Ariel López V. (sentado, porque sé lo que tarda este animalito en terminar una historieta) y prometo volver a postear nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog.

viernes, 11 de mayo de 2018

TRIPLETE DE VIERNES

¿Lo peor ya pasó? Una mentira más del felino doméstico. Lo peor se viene ahora. Agarrate fuerte, porque va a doler. Por suerte tengo un buen canuto de comics para que no falte lectura en los tiempos aciagos que se avecinan.
Arranco con el Vol.2 (jamás vi el Vol.1) de Orgasmos Cotidianos, una serie humorística escrita por Xavier Costa y dibujada por Alfonso López que se publicaba en El Jueves, supongo que a fines de los ´80 porque el recopilatorio es de 1991. Casi todas las historietas tienen dos o tres páginas (hay también de una y de cuatro, pero son poquitas) y giran en torno a situaciones casi verosímiles de la vida cotidiana, en las que el sexo tiene un rol preponderante. Cuernos, orgasmos, disfunciones eréctiles, perversiones bizarras, confusiones típicas de comedia en las que alguien se termina empomando a la persona incorrecta… Distintos recursos con los que juega Costa para generar comicidad, casi siempre con buenos resultados.
Pero la verdad es que los argumentos quedan relegados a un irrelevante cuarto o quinto plano, porque Alfonso López pela en estas páginas un virtuosismo gráfico devastador. Son comedias de tetas, pija y culo, podrías tirarte un poco a chanta, total la gilada se va a divertir igual… No, olvidate. López va al frente como una topadora, hace subir a los laterales, manda a cabecear al arquero, te tira con toda su artillería y logra que esta colección de historietas menores, de tono pasatista, se vuelva indispensable para todos los que somos fans de este increíble artista. Dibujo, color, narrativa, TODO es perfecto en Orgasmos Cotidianos. Una cátedra de buen gusto, de criterio estético, de expresividad, de plasticidad, de generosidad gráfica, a cargo de un genio del lápiz y el pincel, que además se supera a sí mismo en lo que tiene que ver con la observación de los detalles: ropa, peinados, autos, calles, muebles… López logra que todos estos elementos que vemos todos los días en la realidad, cobren en sus páginas una dimensión nueva, absolutamente fascinante. Un exceso de talento, posta.
Salto a Chile, donde en 2016 se publica la segunda aventura de Celeste Buenaventura (la primera la vimos el 21/04/14). Esta vez la novedad es que el guión de Marco Rauch no lo dibuja Gonzalo Martínez sino otro virtuoso fuera de serie (y seguidor de este blog) de apellido López: Rodrigo López, de quien también vimos varios trabajos en reseñas anteriores. No me parece copado comparar el trabajo de Rodrigo con el de Gonzalo, sino más bien subrayar su gran calidad gráfica, su pasmosa solvencia narrativa y la facilidad con la que López simplifica un poco su trazo para hacerlo más accesible a los lectores y lectoras más jóvenes, que son el público al que apunta Celeste Buenaventura.
En la reseña del Vol.1, yo decía que Rauch ponía en juego una cantidad increíble de personajes tomados de la mitología trasandina, sin guardarse nada para la secuela. Y claramente me equivoqué, porque en esta segunda entrega, el elenco de personajes de raíz mítica o tomado de leyendas populares chilenas, se vuelve a engrosar. Se nota que a Rauch lo apasiona el tema de los mitos y leyendas de su país, y felizmente encontró la forma de integrar todos esos elementos a una aventura simple, lineal, con la complejidad justa para cautivar al público adolescente que se copa con Harry Potter, por ejemplo. Para mi gusto, le falta un poquito más de chispa a los diálogos, aunque probablemente eso se deba a que lo estoy leyendo en un país que está al lado de Chile, pero donde se habla muy, muy distinto. Ojalá haya más aventuras de Celeste Buenaventura, y ojalá las dibuje todas Rodrigo López, que está en un momento extraordinario.
Y termino en Argentina, en 2017, con otro virtuoso del dibujo, Pedro Mancini. El nuevo trabajo de Mancini (titulado Detrás del Ruido) nos propone internarnos en la infancia de William S. Burroughs, mítico escritor del cual confieso no haber leído un puto párrafo. Pedro, en cambio, demuestra ser un fan exhaustivo del autor y haber consumido no sólo sus obras, sino incluso una buena cantidad de entrevistas, en las que Burroughs revela detalles de su niñez.
El libro tiene un solo problema: se lee demasiado rápido. Lo empezás en la estación Juramento y lo terminás antes de llegar a Scalabrini Ortiz. Esto es producto de la decisión del autor de narrar con la mínima cantidad de texto posible, con diálogos muy escuetos y silencios muy extensos, que obviamente resultan fundamentales para la atmósfera que quiere conjurar Mancini. Los cuatro primeros relatos son una especia de Little Nemo in Slumberland versión freak, retorcida y bizarra. El pequeño Bill recorre parajes surreales (magníficamente dibujados), a veces dormido, a veces drogado y a veces simplemente fruto de su cuelgue natural. Y en algún momento, el trip se termina y vuelve al plano de la realidad, a interactuar con familiares a los que Mancini no les da mayor relieve.
A partir de la quinta historia, se terminan esos paseos oníricos pero la bizarreada continúa, y se hace más psicológica, en un punto más perturbadora. La máscara (elemento muy frecuente en las historias iniciáticas como esta) le agrega una capa de profundidad a la desconexión del personaje con el mundo que lo rodea; una desconexión que Mancini exacerba a tal punto que uno ya considera al joven Bill un ser humano totalmente anormal, incapaz de insertarse en la sociedad ni como escritor rupturista ni en ninguna otra función.
Me imagino que a los fans de Burroughs esto les debe parecer fascinante. Yo, en cambio, hice lo mismo que hago cada vez que no logro conectar con los guiones: me dejé llevar por el clima y disfruté a lo bestia de la faz gráfica, en la que Mancini no se guarda nada de su impronta ni de su magia.
Volvemos pronto, con nuevas reseñas, no sé si de comics o de Deadpool 2, cuya función de prensa tengo agendada para el lunes.

miércoles, 16 de octubre de 2013

16/ 10: LA MANO IZQUIERDA

En estas semanas que llevo inmerso en el mundo de la historieta chilena actual, encontré a unos cuantos dibujantes realmente buenos, sólidos, versátiles... Me faltaba encontrar al distinto, al irrepetible, al virtuoso, al que pueda aspirar a la categoría de Genio. Lo más parecido que tenía en ese rubro era Olivier Balez, el francés que vive en Chile. Pero ya está, ya lo encontré. Rodrigo López (ávido lector de este blog y ganador del premio al Mejor Dibujante de 2012 en la convención a la que asistí este año en Santiago) es el monstruo que me faltaba para sumar un chileno al panteón de los Más Grossos.
En las 10 historias cortas que componen este tomo, Rodrigo López se revela como un artista brillante, salvaje, inteligente, sumamente personal, aunque su trazo nos remita por momentos a Cyril Pedrosa, Juanjo Guarnido, Carlos Nine o Enrique Fernández. La mayoría de estas historietas están realizadas para hinchar las pelotas, para experimentar, para limar, y de esa absoluta libertad creativa López saca hallazgos muy, muy notables. En las cuatro páginas de Criaturas Aladas, por ejemplo, prueba la técnica del scratchboard, que habitualmente vemos dominar con maradoniana habilidad al maestro Thomas Ott. En la magnífica City Tour juega a contar una historia de 8 páginas sin textos, en la brevísima Qué Historia Tan Fea prueba un estilo más cercano al del humor gráfico y en La Teta Gorda deja que su lápiz levante vuelo y lo lleve para los mágicos territorios de Carlos Nine.
También se anima a reversionar (con finísima mala leche) el clásico cuento de Caperucita Roja e incluso a convertir en historieta un cuento inédito de su compatriota Roberto Ampuero (ambientado en mi querida Valparaíso) para la cual despliega un estilo distinto a lo que habíamos visto hasta ahí, con otro tratamiento de la línea y sobre todo de las masas negras.
En realidad, en todas las historietas hay cosas muy, muy grossas para destacar en materia de dibujo. Sin embargo, lo que me hace ponerlo tan arriba a López es cómo conjuga este indudable virtuosismo gráfico con las historias que quiere contar. No sé si escribirá guiones, o si se mandará de una a dibujar y que sea lo que Dios quiera. Lo cierto es que en las historias también hay hallazgos que me dejaron estupefacto. La primera, Un Día Agotador, baja una línea perfecta y combina sordidez y oscuridad con un cierto dejo de ternura freak. En El Carnicero mezcla un grotesco pasado de rosca con algunas convenciones del subgénero hard boiled... todas tienen elementos atípicos, volantazos impredecibles, momentos de alto impacto o de alto vuelo.
Me gustaron mucho los dibujos del fondo del libro, los pin-ups de López que complementan a las historietas, pero sin dudas los hubiese sacrificado (junto con prólogos, epílogos, dedicatorias y carátulas) para meter una o dos historietas más. Es imposible no cerrar el tomo al grito de “¡Quiero más!”. Y no sé si hay más. Por suerte, lo que hay alcanza y sobra para deleitarse con un verdadero talento, un autor que sabe mezclar humor, violencia, introspección, delirio, pasión, erotismo, ternura, climas densos y sátira salvaje en un brebaje irrestistible... y envasarlo en un dibujo definitivamente excelente. Rodrigo López, amigo viñetófilo, es una nueva droga a la que recomiendo vehementemente hacerse adicto.