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lunes, 9 de septiembre de 2024
CUENTA REGRESIVA
Ahora sí, hasta las bolas... Ya estoy en la cuenta regresiva rumbo a las vacaciones, con mil cosas para dejar resueltas antes de irme. El viernes a la tarde me voy a Montevideo, a participar el sábado 14 de Montevideo Comics. No tengo prevista ninguna actividad oficial, pero va a estar Paco Roca y lo quiero conocer. El domingo tipo 11 AM vuelvo a Buenos Aires, paso por casa un rato y a las 8 PM tengo el vuelo a New York, que es donde empiezan las vacaciones. Va a ser un finde intenso, y los días previos también están picantitos, así que nunca sé con certeza cuándo voy a volver a tener un rato para postear en el blog. Lo único seguro es que volvemos a la "normalidad" el 9 de Octubre.
Pero vamos al grano. Llegué al final de la saga A Nation Under Our Feet, que se extendió (innecesariamente) a lo largo de 12 números y tres TPBs de Black Panther, en lo que fuera el inicio de la etapa de Ta-Nehisi Coates al frente de un personaje que me encanta. Y no, no están bien resueltos los conflictos que planteo el guionista a lo largo del arco argumental. Los "buenos" liquidan todo muy rápido, se simplifica mucho y de golpe la compleja trama política que se había urdido en los tomos anteriores y encima el desarrollo es lento, protocolar, parsimonioso... Casi no hay acción en cuatro números de un comic de superhéroes, lo cual no está necesariamente mal, pero Coates la reemplaza con diálogos infinitos, que se hacen cada vez más aburridos.
Encima, pobre flaco, esta vez -para engordar el TPB- le meten como complemento 48 páginas levantadas de distintos números de New Avengers, aquella serie que escribía Jonathan Hickman y en la que Black Panther tenía un rol destacadísimo (por no decir que era el verdadero protagonista). Acá vemos con total claridad cómo Hickman (incluso con un dibujante mucho más pedorro que las bestias salvajes que acompañan a Coates) presenta un equilibrio mucho más logrado entre introspección, desarrollo de personajes, rosca política y machaca a todo o nada, con conflictos impactantes, villanos jodidos como enema de chimichurri, diálogos afilados y un in crescendo de emociones. Hasta detalles menores, como la integración con el resto del Universo Marvel, está mucho mejor logrado en el arco de New Avengers.
Y queda por destacar a los dibujantes que tuvo Coates en ese primer año al frente de Black Panther. En este tomito vuelve Brian Stelfreeze y la destruye toda, sobre todo en las páginas del nº12 que le toca dibujar. Hasta un dibujante de bueno para arriba, como es Chris Sprouse, queda sumamente opacado por Stelfreeze cuando sale decidido a pelar sin guardarse nada. Sprouse también tiene alguna que otra página notable, y ambos están potenciados por un excelente trabajo de la colorista Laura Martin. Obviamente cerrás el libro y te ponés a rezar para que Stelfreeze vuelva alguna vez a dibujar a T´Challa, en lo posible en una historia autoconclusiva (una novela gráfica, ponele) en la que pueda encargarse de TODAS las páginas, y en lo posible con guiones más atractivos. Y bueno, este relanzamiento de Black Panther resultó no ser para mí. Por suerte hay muchos más...
En 2017 y después de muchos años, el maestro Lorenzo Mattotti se volvió a juntar con el guionista Jerry Kramsky y lanzaron Guirlanda, una bestial novela gráfica de casi 400 páginas, que se editó en formato de lujo (en Francia) y valía fortunas. Felizmente, en 2023 se reeditó en formato nacional y popular, más chiquito y con papel choto, y la conseguí muy barata en una comiquería de Bélgica.
Guirlanda es algo así como "el manga de Mattotti". Tiene casi 400 páginas, es en blanco y negro, las páginas tienen pocas viñetas (nunca más de cuatro) y está todo narrado en función del dibujo y de la acción. Por momentos, parece que estás viendo una película (casi seguro de Hayao Miyazaki), porque el relato fluye a ese ritmo, muy apoyado en el movimiento de los personajes. Hay diálogos y no son superfluos ni excesivamente simples, pero no es ahí donde se sostiene la alucinante experiencia de leer Guirlanda.
Todo transcurre en una tierra imaginaria, poblada por criaturas fantásticas, mezcla de los Schtroumpfs y los Moomin, una cultura pacífica, integrada a la naturaleza de su hábitat y regida por un shaman copado llamado Zacharie. Pero a lo largo de casi toda la historia los protagonistas son Hippolyte (el hijo de Zacharie) y su esposa, gente buena, sencilla, unida por fuertes vínculos de amor y solidaridad. Con el nacimiento de Albine, la hijita de la pareja, la cosa se va a empezar a complicar y Guirlande se va a conventir en una aventura con visos épicos, en los que habrá persecuciones, escapes imposibles, muertes, resurrecciones, revoluciones, linchamientos, combates y personajes que pelan poderes imposibles. Una aventura con un pulso intenso, con unos niveles de fantasía altísimos (y que no paran de crecer), que le habría encantado firmar a la dupla de Alejandro Jodorowsky y Moebius. El relato arranca un poquito lento, con muchas páginas dedicadas a la contemplación de este universo alucinado, pero ya para la página 60, Kramsky y Mattotti ponen segunda y los personajes se empiezan a enroscar en un frenesí de peripecias que te atrapa hasta la última página, mientras el genio milanés puebla al mundo de Hippolyte y su familia con toda clase de criaturas imposibles, una más zarpada que la otra.
En cuanto al dibujo de Mattotti... ¿qué decir, no? Allá por el 16/05/11 yo me deshacía en babas y elogios en la reseña de Stigmata, otra obra del ídolo en blanco y negro, pero de 1994. Bueno, en Guirlanda dibuja todavía mejor. El diseño de los personajes tiene algo de Max, y el trazo, mágico, fuera de control, demasiado hermoso para ser real, tiene bastante de Carlos Nine. Estamos ante un nivel de virtuosismo gráfico impensado, una generosidad y una belleza en cada dibujo, en cada composición, que te dejan sin aliento. Cuadros y cuadros para recortar, ampliar y colgar en cualquier museo (y dejar en ridículo a todo tipo de artistas, plásticos o gráficos, no importa). Los coqueteos de Mattotti con la animación le sirvieron para soltar todavía más la mano, pero además en Guirlanda entra en juego como nunca antes la imaginación, el delirio, la falta absoluta de reglas a la hora de crear personajes, escenarios, fauna, vegetación... Mattotti inventa todo desde cero y lo adorna con unas texturas imposibles, que deberían venir con el cartelito de advertencia de "Chicos, no intenten esto en sus casas". Y sí, el guion de Kramsky es entretenido, emotivo, cautivante, pero podría no estar y Guirlanda igual sería una obra maestra, simplemente por lo que dibuja Mattotti en estas páginas. Me parece que nadie la tradujo al castellano, pero ya va siendo hora... y si no, recomiendo aprender italiano o francés para poder acceder a esta maravilla del Noveno Arte.
Nada más, por hoy. Espero poder volver por acá antes de la pausa.
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lunes, 2 de septiembre de 2024
NOCHE DE LUNES
Casi siempre, cuando estoy por redactar la reseña de un Vol.2 que continúa de un Vol.1 que leí hace mucho tiempo, busco en el blog la reseña del Vol.1, para ver qué me había parecido. Hoy tengo para reseñar el Vol.2 de Black Panther de Ta-Nehisi Coates, una serie cuyo Vol.1 tuvo reseña alá por el 22/10/19, así que busqué ese texto... y no puedo creer cómo escribí hace casi cinco años EXACTAMENTE lo mismo que pensaba escribir hoy acerca del Vol.2. Es una sensación horrible... entre otras cosas porque me parece totalmente al pedo ponerme a escribir hoy lo mismo que escribí el 22/10/19... pero es así. Todos los problemas que le encontré al Vol.1, están en el Vol.2. Hasta la chanchada de engordar el TPB con chotocientas páginas de bocetos, fragmentos de los guiones, portadas alternativas, reediciones de historietas antiguas (acá hay dos episodios de Don McGregor y Rich Buckler de los que están en el Essential, reseñado el 13/12/12). Y también están los mismos puntos altos, que me hicieron comprar un segundo (y un tercer) tomo.
¿Por qué me gustó menos este tomo que el anterior? Porque me pareció absurda esa pelea en la que el villano y sus adláteres le ganan con mínimo esfuerzo a los cuatro superhéroes que acuden en auxilio de T´Challa (incluso cuando uno de ellos es Storm, a la que le sobra poder para pulverizar en segundos a todos esos malvivientes) y porque pensé que alguno de los problemas que mostraban los primeros guiones de Coates se iban a solucionar con el correr de los episodios, y eso no sucedió. No acomodó la cantidad de texto (que sigue muy por encima de lo que normalmente se escribe en un comic book del Siglo XXI), no logró ensamblar bien la trama política con la acción y la machaca, se estiró demasiado lo de Shuri... lo único que más o menos que gustó fue que apareciera Manifold, que es un personaje interesante, nunca explotado en toda su dimensión.
El dibujo también está un escalón por debajo de lo visto en el Vol.1. Esta vez, en lugar de Brian Stelfreeze tenemos a Chris Sprouse, que es un gran dibujante, pero acá está como muy contenido, muy frío. Le falta salvajada, pasión, fuerza primal. Son páginas correctas, pero me parece que si les sacás los colores de Laura Martin se desploman por su propia corrección. Me queda sin leer el Vol.3 (trataré de entrarle antes del parate de las vacaciones) y si esto sigue así, con dolor en el alma se irán los tres tomitos en busca de un nuevo dueño que los disfrute más de lo que los disfruté yo.
Me vengo a Argentina, año 2024, para hablar un poquito de Así Mataban, la antología coordinada por Héctor Bellagamba, autor además de los guiones de todas las historietas que la componen. Conocía muy poco de la obra de Bellagamba: para mí era uno de esos guionistas que hacían historietas "de relleno" para las antologías de Columba de los ´80 y ´90. Acá me encontré con un autor muy comprometido con las consignas de Verdad, Memoria y Justicia, banderas fundamentales para la existencia pacífica y democrática de nuestro país, con las que hoy se limpian el ojete más de un canalla en altos cargos ejecutivos. Los relatos de Bellagamba tienen el mismo "problema" que cualquier otro relato documental, o periodístico: no son fruto de la imaginación o la creatividad del autor, sino de testimonios cuidadosamente reunidos y volcados luego a los guiones. Entonces todavía no sé si Bellagamba es buen guionista. Sé que los diálogos están bien, suenan reales, y que la investigación de los casos que narra es exhaustiva e inapelable. Pero me dieron ganas de leer más historietas de ficción de este autor, a ver qué onda.
Como suele suceder cuando aparecen relatos testimoniales que nos recuerdan las atrocidades de los años ´70, las historietas de Así Mataban nos sacuden con imágenes crudas y desgarradoras de secuestros, torturas, asesinatos y demás crímenes de lesa humanidad perpetrados por unos hijos de 8000 putas que se creían impunes. Es algo que no se morigera por haberlo visto o leído mil veces. Sigue causando el mismo impacto, el mismo asco, la misma impotencia. Y claro, los encargados de poner en imágenes esos hechos aberrantes son los dibujantes. Acá hay ocho distintos, y cada uno plasma estas situaciones en su estilo personal, sin hacer ningún tipo de concesiones. Para mi gusto, los que la rompen toda, los que realmente me conmovieron con sus dibujos, son Marcelo Basile y Edu Molina, este último a cargo de una historieta/ crónica documental ambientada no en los ´70, sino a principios de los ´90. Además, la historieta de Edu es la más larga, así que hay una buena cantidad de páginas a cargo de un monstruo que deja la vida en cada viñeta.
Después hay dos que no me convencieron, que son Juan Romera y Ezequiel Rosingana, y cuatro muy dignos, que sin descollar ni hacerme detonar las retinas, me ofrecieron trabajos correctos, de buen nivel. Me refiero a los maestros Gerardo Canelo, Sergio Ibáñez, Enri Santana y Fabián Mezquita. Obviamente no es este el libro donde los dibujantes vienen a lucirse, porque me imagino que la gente lo compra por la temática, y por el carácter documental de las historias. Entonces medio que da lo mismo si entregás un trabajo sublime, o uno apenas cumplidor. Con eso en mente, hay que aplaudir a todos los dibujantes, porque -repito, cada uno en su estilo- ninguno se tiró a chanta. Pero los que realmente trascendieron las consignas y le inyectaron arte y poesía al horror que les tocó retratar fueron Basile y Molina.
Si te sentís interpelado o conmovido cuando te cuentan que en Argentina hubo grupos parapoliciales dedicados a secuestrar, robar, violar, torturar y matar, que recibían órdenes del propio Estado, que contaban con la complicidad de medios de comunicación, autoridades eclesiásticas, potencias extranjeras y parte del empresariado, ya sabés que las crónicas de aquellos sucesos son dolorosas pero necesarias. Hace 50 años, hoy, siempre. Son cosas que no se pueden barrer abajo de la alfombra, ni olvidarnos, ni decir "yo no sabía porque nací después del ´83". Por eso es tan importante que existan libros como Así Mataban, que hagan presente los momentos más oscuros del pasado. Y si encima se hace bien, con historietas que se leen bien y se ven bien, mucho mejor. Este libro tiene un "nº1" en su portada. Ojalá que para el nº2 no tenga que ser Héctor Bellagamba quien ponga la guita para editarlo, sino que haya varios editores interesados en sumar a su catálogo nuevas entregas de esta impactante antología.
Y hasta acá llegamos hoy. Estoy a full preparando contenidos para el sitio web y el canal de YouTube, para que no falte material durante las semanas en las que voy a estar lejos de mi escritorio, por eso estoy leyendo pocos comics... Pero ni bien pueda, reaparezco por acá con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.
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jueves, 30 de mayo de 2024
NOCHE DE JUEVES
Bueno, ocho posteos en Mayo y 40 en cinco meses no está tan mal.
Hoy empezamos con Black Panther: Panther´s Quest, el tomo que recopila el extenso serial que se publicó a fines de los ´80 a lo largo de 25 entregas de la revista Marvel Comics Presents. Cuando la leí en su momento, en fetas quincenales de (casi siempre) ocho páginas, me gustó mucho más. Hoy no llegó a parecerme una cagada, pero se nota demasiado que el guionista Don McGregor tenía una idea muy chiquita y se propuso estirarla hasta los límites más insospechados. El conflicto principal (T´Challa busca a su madre que fue raptada por un sudafricano blanco hace casi 30 años) está muy bueno, y la resolución también. Y el resto no está a la altura, ni ahí.
Lo mejor que tiene Panther´s Quest es cómo se enchastra en un contexto muy picante a fines de los ´80, y que fue abordado por varios comics de superhéroes: el Apartheid. Y como la saga es muy larga, McGregor incluso tiene espacio para mostrarnos que no todos los negros eran víctimas, y que en Sudáfrica había hijos de puta, violentos y perversos de las dos razas. El guionista además tira mucha data acerca del Apartheid, no es solo un adorno, o una mención superficial para darle sustento a los kilombos en los que se mete T´Challa. Y lo otro muy copado es (como siempre) el nivel de la prosa de McGregor, abundante, por momentos agobiante, pero de muy alto vuelo, con momentos dignos de un Robin Wood, un Héctor Oesterheld o un Alan Moore.
Los diálogos me gustaron menos. Y lo más lamentable es la sucesión absurda de peripecias por las que pasa T´Challa para ir del punto A al punto B: un laberinto del terror en el que mil veces lo cagan a piñas, le pegan tiros, lo prenden fuego, le clavan vidrios, alambres de púa, cuchillos, lo ahogan... y el tipo (que no tiene superpoderes, ni garras de vibranium, ni nada) se levanta una y mil veces, roto y ensangrentado, y sigue adelante en sus combates contra quien se le ponga adelante. Hay tres o cuatro pausas en el relato en los que el héroe puede descansar, curar sus heridas y recuperar sus fuerzas y su prodigioso estado físico. Pero es demasiado, son muchos golpes, tajos, fracturas... llega un punto (bastante temprano en la narración) en la que tantos "puntos de daño" hacen mierda el verosímil que intenta construir McGregor.
Y el atractivo que no envejece, sino que -por el contrario- se disfruta cada vez más, es el dibujo del maestro Gene Colan, acá entintado por Tom Palmer, su clásico socio en gemas como Tomb of Dracula. Incluso con un color que oscila entre lo olvidable. lo repulsivo, la dupla Colan/ Palmer garantiza una calidad impresionante en la faz gráfica. En algunas páginas hay fondos que podrían estar y no están, pero en general el comic hace gala de un gran dinamismo, con puestas que enfatizan el fluir de la acción, rostros que acentúan el dramatismo de lo que sucede, mucha variedad en los enfoques... Solo faltaría que McGregor se llamara al silencio y dejara que Colan narre algunas secuencias sin texto, pero sabemos que eso es imposible porque si hay un guionista famoso por su verborragia, es este.
Panther´s Quest no tiene mucho que ver con la versión de Black Panther que conoce y consume la mayoría de los fans actuales, y si no fuera por la importancia del Apartheid en la trama, es un comic que se podría haber creado tranquilamente a fines de los ´60, o en cualquier momento de los ´70. Pero está bueno porque -si bien está groseramente estirado- es intenso, jugado, áspero y relevante para la historia del personaje.
Cuarto tomito de DDDDD, y último de los que tenía comprados. Muy bueno. Inio Asano me terminó de cebar con esta entrega, en la que incorpora nuevos personajes muy atractivos, avanza los plots que involucran a las chicas que están desde el principio (que ahora en vez de a la secundaria van a la universidad) y hace crecer a límites zarpados la intriga y la tensión en torno a los invasores, a los que ahora vemos de cerca, y hasta escuchamos hablar. ¿Qué son esos seres que parecen niños humanos con escafandras bizarras? ¿De dónde vienen? ¿Cómo se adaptan a vivir en las ciudades terrestres cuando las fuerzas militares destruyen sus naves? Ahí hay material para contar muchísimas historias apasionantes, y ese es el camino que pareciera tomar DDDDD. En el medio hay diálogos delirantes y muy cómicos (los raptos de violencia y megalomanía de Ouran son espectaculares), más slice of life con la que Asano explora la vida de la gente en estas ciudades alteradas por la presencia de los alienígenas, referencias mangas y videojuegos, romance y hasta escenas tremendamente crudas en las que vemos a los militares hacer mierda a los invasores. Ah, y otra historieta cómica de Isobeyan para abrir y cerrar el tomo bien arriba.
De alguna manera (que espero haber expresado de manera elocuente en estas cuatro reseñas), Asano logró convencerme de que Dead Dead Demon´s Dededede Destruction tiene lo que hay que tener para convertirse en un manga fundamental, que recontra vale la pena seguir hasta el final. Tiene mucho que ver la descomunal calidad del dibujo, obviamente, pero también el desarrollo de los personajes y la forma siempre extraña que tiene este autor de borrar las fronteras entre los géneros y nunca quedar encasillado en ninguno. En pocas páginas Asano puede pasar de lo pavote a lo profundo, del humor al drama, de lo cotidiano a lo bizarro, como para que el lector no sepa nunca qué esperar, ni por dónde va a venir el próximo golpe, o el próximo volantazo en la narración.
Me pongo en campaña para conseguir más tomos (a ver si Ivrea hace lo mismo para devolverle algún tipo de periodicidad a la edición argentina) no con la certeza, pero sí con la ilusión, de estar frente a una nueva obra maestra de este monstruo llamado Inio Asano.
Nada más, por ahora. Gracias por el aguante y vuelvo a sumergirme en el océano de la Comiqueando Digital, cuyo nº9 ya está cerca.
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sábado, 12 de noviembre de 2022
BLACK PANTHER: WAKANDA FOREVER
En el último tiempo, los cerebros del Universo Fílmico de Marvel venían desarrollando un plan a mediano plazo para reemplazar a los actores "de la primera camada", que ya están un poco mayores, o que se quieren concentrar en otros proyectos, y así vimos finales bastante consistentes y dentro del meta-relato para Steve Rogers, Tony Stark y Natasha Romanoff. Lo cual, como cualquier comiquero sabe, no significa el final de Captain America, Iron Man o Black Widow, sino un desplazamiento del foco narrativo hacia nuevas iteraciones de los mismos personajes. Y de pronto, un actor al que le quedaba todavía bastante margen para seguir identificado con uno de los personajes centrales del MCU, se muere de cáncer. ¿Qué hacemos en este caso? La opción más fácil habría sido buscar a un actor más o menos parecido al malogrado Chadwick Boseman y ponerlo bajo la máscara de Black Panther. Sin embargo, se eligió el camino difícil: adelantar unos cinco o seis años ese momento en el que iba a hacer falta un argumento que permitiera que alguien más interpretara a Black Panther, porque Boseman ya estaba cansado. Como sucediera alguna vez en los comics, Wakanda Forever le otorga el rol de protector de la nación africana a Shuri, hermana menor de T´Challa, un personaje que en el Universo Fílmico había tenido muy poquito desarrollo. Una jugada muy arriesgada, porque nos fuimos de un tipo de 40 y monedas muy carismático y con muchos partidos ganados en el MCU a una chica que aparenta 15 ó 16 años y que hasta ahora no había mostrado casi nada.
Milagrosamente, la apuesta garpó. Letitia Wright (la actriz que interpreta a Shuri) se pone al hombro los 131 minutos de Wakanda Forever y nos brinda una actuación formidable, apoyada en un guion muy sólido, que nos invita a seguirla en un rito iniciático en el que le pasa de todo. Angela Bassett, una vez más en el rol de la reina Ramonda, también impacta por el nivel de su labor actoral. Y Lupita Nyong´o, que en la primera peli de Black Panther tenía un rol chiquito, acá se erige en cuasi-protagonista, también a fuerza de una notable actuación y una belleza inexplicable. Los otros roles importantes también se los llevan mujeres afroamericanas: Danai Gurira vuelve a ponerle garra a Okoye y Dominique Thorne sienta las bases para que Ironheart se convierta en una incorporación promisoria de esta versión del Universo Marvel. ¿Y no hay varones? Sí, hay tres con roles importantes: vuelven Winston Duke y Martin Freeman (ninguno es realmente protagonista de la peli, pero tienen su participación en la trama) y debuta José Tenoch Huerta, el actor mexicano elegido para interpretar a Namor.
Y acá hago un alto para comentar lo mucho que me sorprendió el rol de Namor. Yo pensé que el mutante submarino aparecía un toque en la película, que era un elemento más, un complemento de la trama. Sin embargo, el rol de Namor es totalmente central: no solo son sus acciones las que impulsan el argumento del film, sino que en sus contrapuntos con Shuri y Ramonda están los mejores momentos del largometraje. El origen y la onda del personaje están bastante cambiados respecto de lo que conocemos los que leemos comics, pero todo está en consonancia con esa pica entre Namor y Black Panther que se desarrolló en las páginas de New Avengers, Avengers vs. X-Men y otras series.
¿Es una película de superhéroes? Apenitas. Yo creo que es una historia de drama familiar, atravesada por la política (como la primera peli de Black Panther) y por la guerra, que es la que provee las excusas para las escenas más épicas y más grandilocuentes. La acción propiamente superheroica es bastante escasa, otra apuesta arriesgada del director Ryan Coogler que -por lo menos para mí- dio buen resultado. Al igual que la reciente Black Adam, Wakanda Forever prescinde por completo de una trama romántica: no vemos un solo beso entre personajes y ninguna de las puntas argumentales tiene que ver con Tal se siente atraíd@ por Cual. Ojalá esto de no meter tramas románticas con forceps se convierta en una sana costumbre.
¿Te acordás hace 30 años cuando en los comics mataron a Superman y bancaron cuatro series regulares (más miniseries y especiales) solo con la chapa de los personajes secundarios? Bueno, en Wakanda Forever pasa exactamente eso, con la dificultad extra de que el mayor protagonismo recae en Shuri, que tenía acumulada una chapa ínfima. Estamos ante una gran película de desarrollo de personajes, pensada para potenciar a todo ese elenco de secundarios que se había armado alrededor de T´Challa y que en la peli anterior (y en otras apariciones en otras series y películas del MCU) habían insinuado que estaban para más. La conexión con las tramas "globales" del MCU esta vez no es tanta (apenas las escenas con Valentina Allegra de Fontaine) pero la profundidad que le otorga el guion a los personajes (especialmente femeninos) de Wakanda, la carnadura, la dimensión humana de los conflictos, hacen que la película resulte muy atractiva. Incluso la forma en que (de la nada, sin franeleo previo) aparece en el mapa otra civilización hiper-avanzada e hiper-poderosa desconocida para el mundo entero, se siente como algo coherente, no como un capricho del guion o una bizarreada.
Así que me gustó Wakanda Forever. Le sobra (como suele suceder) la persecución de autos y el resto está muy bien. Pocos chistes, muy buenas actuaciones, un diseño de trajes, decorados y vehículos soberbio, muy buena banda de sonido y una solución valiente y eficaz al problema que planteó la inesperada muerte de Chadwick Boseman. ¿Habrá gente que no quiera ir a verla porque le molesta que el foco esté puesto en las mujeres afroamericanas? Y bue, puede ser. Ellos se lo pierden...
martes, 22 de octubre de 2019
MARTES PRIMAVERAL
Ya no falta nada para las
elecciones… y vos sabés lo que tenés que hacer el domingo. No te lo tengo que
explicar yo.
Lo mío hoy es avanzar con
las reseñas del material que voy leyendo, y para eso empiezo con el Vol.1 de
Black Panther de Ta-Nehisi Coates y Brian Stelfreeze, un recopilatorio bastante
ladri, porque (en parte debido al gran éxito que tuvo esta serie cuando se
empezó a publicar en revistitas) incluye sólo cuatro episodios. El resto del
TPB tiene bocetos, infinitas portadas alternativas, una cronología con las
historias más relevantes del personaje y la enésima reedición de la clásica
Fantastic Four nº52, aquella aventura de 1966 en la que Stan Lee y Jack Kirby
nos narraban el primer encuentro entre T´Challa y el cuarteto liderado por Reed
Richards.
Pero vamos a lo
importante, que son esas 82 páginas de historieta con las que empieza la saga
titulada A Nation Under Our Feet. La idea de Coates me pareció atractiva: más
política, más intriga palaciega, mucho énfasis en la faceta más africana de
Wakanda, la sana intención de meter menos machaca, menos ciencia-ficción y más
profundidad filosófica en los conflictos, junto a un desarrollo en serio de
personajes hasta ahora apenas explorados por los guionistas que lo precedieron.
El problema es cómo está presentado todo esto: Coates pone a cocinar una trama
a fuego lento, muy lento, de modo que en cada episodio no pasa prácticamente
nada. La aventura es mínima, marginal, y el núcleo de la historia se ve
sepultada bajo toneladas de diálogos muy protocolares, mezcladas con escenas de
corte místico, donde Coates también apunta a subrayar el clima ominoso, el “se
va todo a la mierda”, pero de modo bastante aburrido. T´Challa casi no entra en
acción, Shuri está en una especie de limbo entre la muerte y la resurrección,
la identidad del villano se nos revela dos páginas antes del final y
sinceramente ninguno de los personajes a los que Coates trata de potenciar me
impactó o me conmovió como aquel Everett K. Ross que nos regaló Christopher
Priest cuando se hizo cargo de las aventuras del monarca de Wakanda.
Supongo que si alguna vez
veo barato el Vol.2 me lo voy a comprar, para ver cómo sigue la historia. Como
dije, la impronta política me llamó mucho la atención y (si bien por ahora no
está bien integrada al ritmo que uno espera cuando compra un comic de chabones
musculosos enmascarados) es un condimento muy notable que distingue bastante a
esta serie del grueso de los títulos del mainstream. Además el dibujo de
Stelfreeze está buenísimo, bien afilado, vigoroso, dinámico, potenciado al
mango por la magia cromática de Laura Martin. Y lo más importante: soy fan hace
mil años de Black Panther, mucho antes de que una peli de Hollywood lo elevara
al status icónico del que goza hoy. Así que a Wakanda también, en algún momento
vamos a volver.
Salto a Argentina, 2019,
para leer Hank Folder, la primera colaboración entre el guionista Rodrigo
Canessa y el dibujante Matías Chenzo, a quien ya nos cruzamos un par de veces
en reseñas anteriores. Me encontré con un thriller bastante violento,
enroscado, complejo, y a la vez lineal y de fácil comprensión. A lo largo de 64
páginas, Canessa urde una trama de misterio, apoyada en varios personajes
bastante extraños que no se calienta mucho por explicar ni desarrollar. La
acción se lleva puesta a la introspección, y la verdad es que no importa mucho
que no sepamos casi nada acerca de los protagonistas a la hora de engancharnos
con la aventura.
A fuerza de revelaciones
shockeantes y momentos de alto impacto, el guión avanza hacia un final bastante
distinto al que yo imaginaba, que además está muy bien. Los diálogos están muy
cuidados, el relato no está ni apretado ni estirado y quizás la única falencia
sea la que ya mencioné: el poco desarrollo para este pobre tipo al que le pasa
de todo, pero del que no sabemos casi nada. No quiero explicitar mucho el
argumento, porque es una edición bastante reciente y prefiero que los
interesados descubran la historia de Hank Folder de la mano de Rodrigo Canessa,
no de un gil que reseña historietas en un blog.
El dibujo de Chenzo es muy
bueno, muy versátil, muy expresivo, muy bien acoplado al guión, muy puesto al
servicio de la narración. Para mi gusto, le sobran un par de técnicas de
entintado. Yo le hubiese jugado todo al claroscuro, o todo a los grises
aplicados con aguadas, incluso a riesgo de parecer un clon de Marcos Vergara.
Las dos cosas al mismo tiempo (y además esos crosshatchings y rayones con el
plumín que aparecen cada tanto y embarran un poco la cancha) por ahí no me copa
tanto. Pero a grandes rasgos el apartado gráfico es muy competente, con
momentos realmente muy logrados. La portada, sin ir más lejos, es espectacular.
Tengo entendido que el
librito fue editado por los propios autores con una tirada muy baja. Atenti,
entonces los responsables de las otras editoriales, que ni bien se agote esa
primera tirada estaría muy piola rescatar a Hank Folder y volverla a editar en
alguno de los sellos que ya están apostando por los autores jóvenes que están renovando
la historieta argentina a fuerza de imaginación, huevos y calidad.
Hasta acá llegamos hoy, y
como siempre, nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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sábado, 10 de febrero de 2018
BLACK PANTHER
Si sos negro, Marvel hizo esta película para vos. Si estabas harto de que las películas de superhéroes fueran comedias repletas de chistes, Marvel hizo esta película para vos. Si te copan las historias dramáticas, fuertes, con una mezcla entre tragedia shakespereana, machaca a todo nada, naves y locaciones futuristas y un toque de misticismo (o sea, si sos fan de La Casta de los Metabarones, por ejemplo), Marvel hizo esta película para vos.
A lo largo de 135 minutos, el director Ryan Coogler nos propone sumergirnos en un film que se parece poco al resto de las películas del Universo Cinemático de Marvel. La trama de Black Panther requiere un tono más serio, por momentos más solemne, más protocolar (recordemos que esto viene de Civil War, donde presenciamos la muerte de T´Chaka, rey de Wakanda y padre de T´Challa). La sucesión al trono de una nación africana que a simple vista parece pobre pero esconde las maravillas tecnológicas más zarpadas de este y otros mundos no es algo para ser resuelto a la ligera, y eso lo tienen muy presente los guionistas de Black Panther. También se nota que tienen bastante a mano los comics, sobre todo la etapa de Reginald Hudlin, que creo que es la que más se ve reflejada en la cinta. En general, es más popular la etapa de Christopher Priest (o la actual, con Ta-Nehisi Coates al frente), pero de los aportes de Priest, a Coogler y su equipo sólo les interesa el agente Everett Ross, a quien enfocan desde otro lado, para que no sea el personaje gracioso y nabo de la historia.
Ya escuché a más de uno putear porque T´Challa aparece como un personaje sin dobleces, demasiado noble, demasiado perfecto y poco expresivo. Bueno, muchachos, cualquiera que sea fan de la Pantera sabe que en los comics el personaje funciona así. De hecho, en la peli es un poquito menos frío, menos cerebral que en los comics. Y como en la etapa de Hudlin, el guión reserva un montón de escenas magníficas para Shuri, que levanta chapa como para protagonizar tranquilamente sus propias películas.
Otro logro de Black Panther es que se banca el desafío de meter tres villanos, algo que suele estropear las pelis de superhéroes, o que obliga a los guionistas a reducir a por lo menos un villano a un rol tan menor que resulta insultante (acordate de Rhino en aquella peli de Spider-Man). Acá el truco consiste en convertir a uno de los tres enemigos de T´Challa en un… oponente, un adversario, que cuando las papas queman posta, no descarta alinearse con el bando que más le conviene, que (en la segunda mitad de la película) es el de los buenos. No quiero dar muchos detalles pero sí, vas a ver el momento en el que los gorilas se hacen peronistas. El villano encubierto, el no obvio, resulta infinitamente obvio para cualquier fan de los comics de Black Panther, pero la verdad que no jode en lo más mínimo, porque es realmente atrapante la forma en que la peli lo reversiona y le da otro significado a su cruzada contra T´Challa.
Decorados, trajes, armas, efectos especiales… todo es majestuoso e hiper-original. Las peleas son fabulosas, los efectos especiales te detonan el ojete y la persecución de autos… probablemente sea la mejor que recuerdo haber visto en una pantalla. Allá por los ´90, se podía hacer películas íntegramente ambientadas en Africa y encargarle la música a Elton John o Phil Collins. Hoy, si hacés eso te linchan, así que en la banda de sonido hay infinitos raperos y hip-hopetes que no me emocionan para nada. Por suerte hay varios tracks que juegan a recuperar la música folklórica del continente negro, y ahí sí, hay maravillas también para los oídos.
Sin un personaje canchero, sin un actor hiper-carismático, sin chistes, sin bizarreadas demasiado over the top, con un palo brillante y certero contra el impresentable Donald Trump, casi sin conexión con el resto de las pelis de Marvel (recién en la última escena post-créditos alguien se acuerda de que Bucky había quedado encanutado en Wakanda), Black Panther te caga a palos durante 135 minutos que no se hacen largos, en absoluto. Y hasta se da el lujo de terminar con un sacudón tremendo al status quo del Universo Marvel al que los guionistas de los comics no se animaron nunca.
Ahora que DC tiene que estrenar un largometraje protagonizado en soledad por un héroe segundón que ejerce también como monarca de un reino oculto a los ojos de la Humanidad, en el que además (se comenta) aparecen tres villanos, le recomiendo a los guionistas de Aquaman que vayan a ver Black Panther 45 ó 46 veces y tomen nota. Si van por este lado, llegan a buen puerto, seguro.
Aguante La Casta de los Metabagrone.
A lo largo de 135 minutos, el director Ryan Coogler nos propone sumergirnos en un film que se parece poco al resto de las películas del Universo Cinemático de Marvel. La trama de Black Panther requiere un tono más serio, por momentos más solemne, más protocolar (recordemos que esto viene de Civil War, donde presenciamos la muerte de T´Chaka, rey de Wakanda y padre de T´Challa). La sucesión al trono de una nación africana que a simple vista parece pobre pero esconde las maravillas tecnológicas más zarpadas de este y otros mundos no es algo para ser resuelto a la ligera, y eso lo tienen muy presente los guionistas de Black Panther. También se nota que tienen bastante a mano los comics, sobre todo la etapa de Reginald Hudlin, que creo que es la que más se ve reflejada en la cinta. En general, es más popular la etapa de Christopher Priest (o la actual, con Ta-Nehisi Coates al frente), pero de los aportes de Priest, a Coogler y su equipo sólo les interesa el agente Everett Ross, a quien enfocan desde otro lado, para que no sea el personaje gracioso y nabo de la historia.
Ya escuché a más de uno putear porque T´Challa aparece como un personaje sin dobleces, demasiado noble, demasiado perfecto y poco expresivo. Bueno, muchachos, cualquiera que sea fan de la Pantera sabe que en los comics el personaje funciona así. De hecho, en la peli es un poquito menos frío, menos cerebral que en los comics. Y como en la etapa de Hudlin, el guión reserva un montón de escenas magníficas para Shuri, que levanta chapa como para protagonizar tranquilamente sus propias películas.
Otro logro de Black Panther es que se banca el desafío de meter tres villanos, algo que suele estropear las pelis de superhéroes, o que obliga a los guionistas a reducir a por lo menos un villano a un rol tan menor que resulta insultante (acordate de Rhino en aquella peli de Spider-Man). Acá el truco consiste en convertir a uno de los tres enemigos de T´Challa en un… oponente, un adversario, que cuando las papas queman posta, no descarta alinearse con el bando que más le conviene, que (en la segunda mitad de la película) es el de los buenos. No quiero dar muchos detalles pero sí, vas a ver el momento en el que los gorilas se hacen peronistas. El villano encubierto, el no obvio, resulta infinitamente obvio para cualquier fan de los comics de Black Panther, pero la verdad que no jode en lo más mínimo, porque es realmente atrapante la forma en que la peli lo reversiona y le da otro significado a su cruzada contra T´Challa.
Decorados, trajes, armas, efectos especiales… todo es majestuoso e hiper-original. Las peleas son fabulosas, los efectos especiales te detonan el ojete y la persecución de autos… probablemente sea la mejor que recuerdo haber visto en una pantalla. Allá por los ´90, se podía hacer películas íntegramente ambientadas en Africa y encargarle la música a Elton John o Phil Collins. Hoy, si hacés eso te linchan, así que en la banda de sonido hay infinitos raperos y hip-hopetes que no me emocionan para nada. Por suerte hay varios tracks que juegan a recuperar la música folklórica del continente negro, y ahí sí, hay maravillas también para los oídos.
Sin un personaje canchero, sin un actor hiper-carismático, sin chistes, sin bizarreadas demasiado over the top, con un palo brillante y certero contra el impresentable Donald Trump, casi sin conexión con el resto de las pelis de Marvel (recién en la última escena post-créditos alguien se acuerda de que Bucky había quedado encanutado en Wakanda), Black Panther te caga a palos durante 135 minutos que no se hacen largos, en absoluto. Y hasta se da el lujo de terminar con un sacudón tremendo al status quo del Universo Marvel al que los guionistas de los comics no se animaron nunca.
Ahora que DC tiene que estrenar un largometraje protagonizado en soledad por un héroe segundón que ejerce también como monarca de un reino oculto a los ojos de la Humanidad, en el que además (se comenta) aparecen tres villanos, le recomiendo a los guionistas de Aquaman que vayan a ver Black Panther 45 ó 46 veces y tomen nota. Si van por este lado, llegan a buen puerto, seguro.
Aguante La Casta de los Metabagrone.
jueves, 13 de diciembre de 2012
13/ 12: ESSENTIAL BLACK PANTHER Vol.1
Otro trip a la década del ´70, la oprobiosa Verdul Age en la que los comics de superhéroes eran mayoritariamente bochornosos, sacados con fritas por autores a los que nada les importaba menos que jerarquizar con su talento a un mainstream que no se cansaba de perder terreno en los kioscos. En ese contexto, esto no está tan mal.
Buena parte de estas 528 páginas están dedicadas a la serie Jungle Action, cuyos números 6 al 24 protagoniza Black Panther de la mano del verborrágico Don McGregor. Esto arranca con la extensa saga llamada “Panther´s Rage”, lo más parecido a una etapa clásica que tuvo la Pantera. En “Panther´s Rage”, McGregor cocina a fuego muy lento un duelo a todo o nada entre el protagonista y Erik Killmonger, un villano sorprendentemente bien trabajado, capaz de cagarse a trompadas con el Black Panther superhéroe, y a la vez capaz de desestabilizar mediante astutas operaciones políticas a T´Challa, el gobernante de Wakanda. Hasta que llega la machaca final, Killmonger aparece poquito, teje desde las sombras y manda a sus sicarios a enfrentar a la Pantera, a desgastarlo por el lado físico y por el de las intrigas palaciegas, que también tienen bastante peso. McGregor genera –por primera vez- un amplio eleneco de personajes secundarios para T´Challa y a lo largo de 12 episodios los maneja muy bien.
Sin embargo, cuando termina “Panther´s Rage”, el guionista se lleva al personaje a EEUU, a meterse con el tema de la discriminación racial y, si bien las aventuras no son chotas, se extraña esa dinámica en la que el Black Panther héroe entraba en conflicto con el Black Panther rey. Por supuesto, todo esto tiene el problema de que –fiel a su estilo- McGregor se zarpa con infinitos diálogos y bloques de texto repletos de palabras. Muchas veces su prosa cobra un vuelo lírico muy notable, al estilo del mejor Robin Wood, y otras veces te manda a dormir más rápido que una sopa de lexotanil o un disco de Entre Ríos. Como siempre y por sobre este “defecto”, a McGregor se le nota el genuino compromiso con lo que está escribiendo y eso claramente se agradece.
Esta etapa tiene varios dibujantes, pero el tramo más largo y más recordado es el que está a cargo de Billy Graham, un dibujante negro, de escuela muy clásica, que le supo dar a su Black Panther una impronta bien dark, bien salvaje, y dejar su marca en la serie sobre todo gracias a su impactante planificación de las páginas. Para mi gusto, sin embargo, el número mejor dibujado es uno en el que coincide una dupla que más tarde la rompería en Daredevil: Gil Kane en lápices y un muy joven Klaus Janson en tintas.
Cuando las ventas bajan, Marvel cancela Jungle Action para lanzar al mes siguiente una serie regular de Black Panther, ahora escrita y dibujada por Jack Kirby. El Rey se deshace de todos los personajes secundarios y cambia totalmente la onda de la serie: ahora T´Challa es un aventurero que recorre el mundo en busca de ciudades perdidas, donde se encuentra con artefactos imposibles como el agua de la juventud eterna o una máquina del tiempo con forma de dos sapos de bronce. Los argumentos son livianitos, meras excusas para que nunca falte la machaca, y los nuevos secundarios que rodean a la Pantera son seres granguiñolescos, casi cómicos. De los 12 números que llega a realizar Kirby, el libro trae 10, y recién en el décimo lo vemos a T´Challa pisar suelo wakandiano, para liquidar en tres viñetas a un villano que venía juntando chapa hacía varios episodios.
Estas bizarras aventuras, más raras que buenas, tienen como principal (y quizás único) atractivo el dibujo de Kirby, muy estilizado, muy zarpado, casi una caricatura de lo que él mismo hacía en los ´60, y aún así muy, muy sólido. Todavía faltaba un cachito para ver cómo el Rey decaía hasta su triste nivel de principios de los ´80. En su etapa al frente de Black Panther todavía se lo ve tan power como en los mejores números de Kamandi, Demon o Mister Miracle, los trabajos que a mí más me gustan de lo que hizo para DC.
Aguante la Pantera y anótenme para un segundo Essential, que quiero tener en libro la saga de McGregor dibujada por Gene Colan.
Buena parte de estas 528 páginas están dedicadas a la serie Jungle Action, cuyos números 6 al 24 protagoniza Black Panther de la mano del verborrágico Don McGregor. Esto arranca con la extensa saga llamada “Panther´s Rage”, lo más parecido a una etapa clásica que tuvo la Pantera. En “Panther´s Rage”, McGregor cocina a fuego muy lento un duelo a todo o nada entre el protagonista y Erik Killmonger, un villano sorprendentemente bien trabajado, capaz de cagarse a trompadas con el Black Panther superhéroe, y a la vez capaz de desestabilizar mediante astutas operaciones políticas a T´Challa, el gobernante de Wakanda. Hasta que llega la machaca final, Killmonger aparece poquito, teje desde las sombras y manda a sus sicarios a enfrentar a la Pantera, a desgastarlo por el lado físico y por el de las intrigas palaciegas, que también tienen bastante peso. McGregor genera –por primera vez- un amplio eleneco de personajes secundarios para T´Challa y a lo largo de 12 episodios los maneja muy bien.
Sin embargo, cuando termina “Panther´s Rage”, el guionista se lleva al personaje a EEUU, a meterse con el tema de la discriminación racial y, si bien las aventuras no son chotas, se extraña esa dinámica en la que el Black Panther héroe entraba en conflicto con el Black Panther rey. Por supuesto, todo esto tiene el problema de que –fiel a su estilo- McGregor se zarpa con infinitos diálogos y bloques de texto repletos de palabras. Muchas veces su prosa cobra un vuelo lírico muy notable, al estilo del mejor Robin Wood, y otras veces te manda a dormir más rápido que una sopa de lexotanil o un disco de Entre Ríos. Como siempre y por sobre este “defecto”, a McGregor se le nota el genuino compromiso con lo que está escribiendo y eso claramente se agradece.
Esta etapa tiene varios dibujantes, pero el tramo más largo y más recordado es el que está a cargo de Billy Graham, un dibujante negro, de escuela muy clásica, que le supo dar a su Black Panther una impronta bien dark, bien salvaje, y dejar su marca en la serie sobre todo gracias a su impactante planificación de las páginas. Para mi gusto, sin embargo, el número mejor dibujado es uno en el que coincide una dupla que más tarde la rompería en Daredevil: Gil Kane en lápices y un muy joven Klaus Janson en tintas.
Cuando las ventas bajan, Marvel cancela Jungle Action para lanzar al mes siguiente una serie regular de Black Panther, ahora escrita y dibujada por Jack Kirby. El Rey se deshace de todos los personajes secundarios y cambia totalmente la onda de la serie: ahora T´Challa es un aventurero que recorre el mundo en busca de ciudades perdidas, donde se encuentra con artefactos imposibles como el agua de la juventud eterna o una máquina del tiempo con forma de dos sapos de bronce. Los argumentos son livianitos, meras excusas para que nunca falte la machaca, y los nuevos secundarios que rodean a la Pantera son seres granguiñolescos, casi cómicos. De los 12 números que llega a realizar Kirby, el libro trae 10, y recién en el décimo lo vemos a T´Challa pisar suelo wakandiano, para liquidar en tres viñetas a un villano que venía juntando chapa hacía varios episodios.
Estas bizarras aventuras, más raras que buenas, tienen como principal (y quizás único) atractivo el dibujo de Kirby, muy estilizado, muy zarpado, casi una caricatura de lo que él mismo hacía en los ´60, y aún así muy, muy sólido. Todavía faltaba un cachito para ver cómo el Rey decaía hasta su triste nivel de principios de los ´80. En su etapa al frente de Black Panther todavía se lo ve tan power como en los mejores números de Kamandi, Demon o Mister Miracle, los trabajos que a mí más me gustan de lo que hizo para DC.
Aguante la Pantera y anótenme para un segundo Essential, que quiero tener en libro la saga de McGregor dibujada por Gene Colan.
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lunes, 27 de diciembre de 2010
27/ 12: CAPTAIN AMERICA/ BLACK PANTHER: FLAGS OF OUR FATHERS

Esta es otra de las miniseries con autores interesantes y poquísima difusión que nos ofreció Marvel durante el 2010. En general, cuando en el mainstream yanki les dejan a los autores negros encarar proyectos con total libertad, suelen aparecer comics bravos, con mucha carga política. Flags of our Fathers, escrita por Reginald Hudlin y dibujada por Denys Cowan, tiene su bajada de línea (obviamente centrada en el tema racial) pero la oculta bastante bien bajo una trama que por momentos amaga con ser bélica, pero que a la hora de los bifes termina por ser muy superheroica.
El planteo está muy bueno: en la Segunda Guerra Mundial, Hitler se entera de la existencia del vibranium y manda a sus tropas a invadir Wakanda para apoderarse del preciado mineral. Para hacerle el aguante a un despliegue impresionante de villanos nazis, viajan a la nación africana un joven Capitán América (en una de sus primeras misiones, con el traje y el escudo originales) y los Howling Commandos liderados por el Sargento Nick Fury. Por supuesto, una vez en Wakanda se topan con el rey/ guerrero, Black Panther (el abuelo de T´Challa), y una vez limadas las asperezas y soslayadas las desconfianzas propias de tratar con emascarados de otra raza, otra cultura y otro continente, entre todos le dan masa a los esbirros del Führer.
Reginald Hudlin, guionista de la revista de Black Panther durante varios años, hizo los deberes. El tipo hace gala de un vasto conocimiento de la sociedad, la política y la cultura de Wakanda y hasta nos muestra las peleas de dos niños, T´Chaka y su hermano S´yan (padre y tío respectivamente de nuestra pantera favorita), que años más tarde serán fruto de muchas desgracias para la próspera nación. Cuando juega con la continuidad del Capi, me parece que la pifia. Estoy casi seguro de que otros guionistas ya nos habían contado cómo y dónde perdió Steve Rogers el escudo original. Lo que creo que no se sabía es de dónde carajo salió el vibranium que se usó para el segundo (y definitivo) escudo. Acá Hudlin nos lo da a entender con astucia y sutileza.
Por el lado de los Howling Commandos, Hudlin se concentra en Gabe Jones, el soldado de raza negra que peleó junto a Fury en la época en que la integración racial estaba muy lejos. De pronto, los yankis se ven jugando de visitante en un país donde los “negros salvajes e inferiores” pelan avances tecnológicos y sociales impensados para Occidente, y eso obviamente le hace un click en el bocho a Gabe. Los nazis están ahí para proferir los términos más ofensivos para con los negros, y el Capi para demostrar que en el EEUU ideal la diferencia entre blancos y negros no existe ni como tema de conversación. Pero en la sociedad yanki de los ´40 el tema existía y era espinoso, y Hudlin se hace cargo de eso con buen tino y mucha inteligencia.
Por el lado del dibujo, acá lo tenemos al gran Denys Cowan, un poco afectado por el hecho de tener tres entintadores (con el que mejor se entiende es con Klaus Janson) y un poco sobre-excitado, muy cebado por darle espectacularidad pochoclera (kirbyana, incluso) a todas las secuencias, hasta a aquellas que no lo requieren. Pero el dibujo es muy correcto, con gran dinamismo y –al igual que el guión- sin titubeos a la hora de la violencia, la sangre y el gore. Cowan, venerado por siempre a partir de su labor en The Question, tiene fama de galán irresistible (de hecho, trabajó también como modelo), de Guacho Winner que se llevó a la cama a cuanta mina le pareció atractiva, y las malas lenguas dicen que los coordinadores le dan trabajo y le pagan bien para asegurarse de que no ventile nombres ni detalles. Si esto fuera así, y el tipo tuviera el laburo garantizado más allá de la calidad de las páginas que entrega, no se explica el esfuerzo y la pasión que se nota en las mejores páginas de esta saga. La viñeta-página del primer episodio en la que el Capi irrumpe para ayudar a los Howling, o la secuencia en la que el White Gorilla masacra a un puñado de wakandanos con sus propias manos, son sencillamente memorables.
Blancos, negros, arios y hasta un hijo de puta con el cráneo rojo se dieron de lo lindo en esta mini, una vez más con el vibranium en juego. Si querés leer una aventura distinta, intensa, sangrienta y con guiños para los eruditos en materia de historia marveliana, entrale con confianza.
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