el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 22 de julio de 2025

FANTASTIC FOUR: FIRST STEPS

"Belleza" debe ser la palabra que mejor define a la nueva película de los Fantastic Four. No sé mucho de cine, como para calificarla de "obra maestra", o de "clásico inmendiato", ni nada de eso. De hecho, hasta hoy nunca había nombrar al director Matt Shakman, y de todo el elenco al único que conocía era a Pedro Pascal (por su rol lamentable en la segunda Wonder Woman). Así que esta no es una crítica desde lo cinematográfico, sino desde un subnormal de 57 años que ama a estos personajes desde pendejo. FF: First Steps es la más Disney de todas las pelis de Marvel, la que más y mejor expone los valores familiares y las fórmulas narrativas que uno asocia con las producciones del imperio del Tío Walt. No tiene ese cinismo, ese picante, ese rockanroll de las típicas pelis del MCU. Está ambientada en una época más inocente, y esa inocencia está todo el tiempo en pantalla. Los FF son ídolos mundiales, como si fueran los Beatles. La gente los ama, los líderes políticos confían en ellos, a nadie se le ocurre coaccionarlos, ni operarlos... hasta que el guion ( a cargo de Eric Pearson, Josh Friedman, Ian Springer y Jeff Kaplan) pone sobre la mesa un dilema ético muy espeso donde cualquier decisión que tomen los héroes va a ser severamente cuestionada, desde afuera o desde adentro. De alguna manera muy sui generis, esta película es la continuación de la de 2007, aquella con el Silver Surfer, que terminaba con la posible venida de Galactus a la Tierra. Acá hay un recorrido muy veloz por el origen y los primeros cuatro años de trayectoria del grupo (todo esto narrado de manera magistral), y después sí, todo el núcleo de la trama pasa por el enfrentamiento con el devorador cósmico, que había quedado pendiente de aquella vez. Esta vez Galactus no es una nube de pedos misteriosa: es el Galactus posta de Stan Lee y Jack Kirby. Y el Surfer (increíble lo bien hecho que está) no es Norrin Radd, sino Shalla-Bal. Por esas pelotudeces de los derechos, que Marvel no tenía y ahora sí tiene, esta película que debería ser el verdadero incio del MCU, llega más de 15 años tarde, y se ve obligada a situarse en una Tierra alternativa, donde no existen los superhéroes que ya conocimos a lo largo de todo este tiempo. Y ya que tienen que inventar una nueva Tierra, los guionistas de FF:FS la hacen de lujo y crean una realidad donde la existencia del cuarteto mejoró ostensiblemente la vida de la gente, una especie de utopía sesentosa, un mundo que se parece un poquito al de los primeros comics de Lee y Kirby, y mucho a las visiones del futuro próspero y luminoso que tenía Walt Disney. Esto está realmente muy logrado, resulta muy agradable a la vista y muy funcional al relato, especialmente cuando se contrapone con ese espacio ominoso y sin onda que habita Galactus. Y además de estar situada en una Tierra alternativa, esta película se distingue de las demás porque no está hilvanada con todo el resto. Es parte del MCU porque un grupo de ejecutivos así lo dictamina, pero a nivel narrativo, en su lógica interna, es un film totalmente independiente de todos los demás. No esperes guiños a los Avengers, a los X-Men, a las series de Netflix, o de Disney +, porque no hay. Este es el inicio de un nuevo universo, y ya estoy lamentando que pronto estos Fantastic Four vayan a abandonarlo, para venirse al universo que todos conocemos, a interactuar con los otros héroes y villanos del MCU. Los personajes están muy bien. El único que se luce poco, que no tiene peso en la trama, es Ben, y es una pena, porque visualmente está perfecto. Hasta Franklin y Mole Man son más importantes para el desarrollo del argumento que la querida mole de piedra. Banco que su caracterización no se haya hundido en el pathos eterno de "mi vida es una mierda porque tengo aspecto de monstruo", pero no sé, esperaba que el rol de Ben en la trama fuera mucho más decisivo. Johnny está genial, no es simplemente un comic relief ni un imbécil calentón. Reed es un capo total, que no resigna su humanidad ni su sensibilidad en pos del rigor científico. Y Sue es una guerrera, una mina picante, decidida, con unos ovarios más grandes que los planetas que se morfa Galactus, encima interpretada por una piba que a) es muy linda y b) se llama Vanessa... ¡KIRBY!. No sé qué más se puede pedir. La dinámica entre ellos es brillante, HERBIE no jode para nada, y que Franklin en vez de nacer en un sanatorio nazca en... un lugar muy atípico, es sumamente coherente con el doble carácter de los FF, que son una familia, y a la vez los superhéroes más grossos de su universo. "Tarda en llegar, y al final hay recompensa", decía una canción preciosa de Soda Stereo. Y para los fans de los Fantastic Four, First Steps es la tan esperada recompensa. Por fin tenemos a estos personajones al frente de una película que es original, es divertida, es épica y es emotiva, como debe ser toda buena historia de superhéroes. Yo viví estos 145 minutos totalmente enganchado, y los disfruté a pleno. Fue impactante, fue conmovedor, fue un alivio enorme, fue como cuando Racing salió campeón en 2001, después de 35 años sin dar una vuelta olímpica. Lo único que empaña mi alegría es que, una vez que la hacen bien, no estén ni Stan ni Jack para aplaudirlos... Recomiendo enfáticamente ir al cine a ver esta maravilla... y volver mañana, que vamos a tener nuevas reseñas de comics, acá en el blog.

viernes, 16 de mayo de 2025

VIERNES ASQUEROSO

Con un clima húmedo, pegajoso, y una ciudad aplastada por la tormenta de anoche, el viernes se pone interesante recién después de las 18 hs, con actividades como una peli en la Biblioteca Nacional, un show de una banda acá a la vuelta de mi casa y una trasnoche ochentosa en un antro del Centro. Pero mientras, tengo muchísimo laburo pendiente vinculado a la Comiqueando Digital, y un ratito (más breve del que yo quisiera) para reseñar los últimos comics que leí. Por fin terminé, con un delay que me avergüenza, la etapa de Jonathan Hickman en Fantastic Four. El epílogo es este Vol.4 de FF, que data de 2012 y compila los nºs 17 al 23 (vimos el Vol.3 el 08/05/23). En esta segunda serie, Hickman desplazaba el foco de la epopeya central para mostrarnos el Lado B de la acción, casi siempre con mayor protagonismo para los pibitos: Franklin, Valeria y el resto de los alumnos de la Future Foundation. Pero el primer episodio del TPB, por ejemplo, no tiene a los nenes Richards y sus amigos, sino que es una comedia costumbrista totalmente desopilante, protagonizada por Johnny Storm y Peter Parker. A lo largo de todo el tomo, Hickman va a demostrar que también es crack a la hora de escribir comedia, y este unitario en particular no tiene nada que envidiarle a los mejores momentos de la Justice League de Giffen y DeMatteis. En el segundo unitario, Johnny comparte el protagonismo con los pibitos, y también tenemos una "no-aventura" muy atrapante. El tercero es un episodio 100% autoconclusivo y centrado en los alumnos de la FF, esta vez ambientado en Wakanda y con la incorporación de una nueva compañera a la clase. Y después sí, a partir del nº20 se vienen cuatro entregas mucho más articuladas con lo que pasaba en Fantastic Four, esa hiper-saga a todo o nada con la Supreme Intelligence, los Inhumans, el Franklin y la Valeria adultos que vienen del futuro, el Wizard y mucho más. Acá el guionista aprovecha el espacio extra para ahondar en los personajes y sus vínculos, a veces para enfatizar el dramatismo de lo que está contando, y a veces para descomprimir un poco, para recordarnos que -a pesar del tono épico y grandilocuente del relato- estos tipos y minas son seres humanos, que se equivocan, se enojan, se ríen, se enamoran... Hay muchas escenas memorables en estos números, muchos diálogos logradísimos que nos ayudan a entender mejor a personajes complejos como Black Bolt, Crystal, el Wizard, su hijo/clon Bentley, e incluso al propio Franklin, a quien -me atrevo a afirmar- nadie escribió mejor que Jonathan Hickman. En la faz gráfica, Nick Dragotta cumple y dignifica con una estética que abreva en Jack Kirby y Steve Ditko, pero los moderniza al aprovechar la gran ventaja de trabajar con un guionista que a) pide pocas viñetas por páginas y b) mete poco texto en cada viñeta. En uno de los episodios lo reemplaza un poco destacado André Araujo y en otro la rompe toda un lujoso Gabriel Hernández Walta. Gran cierre para FF y para el inolvidable paso de Hickman por la vida de Reed, Sue, Ben, Johnny y los suyos.
Prometo volver pronto con más historieta brazuca, pero hoy tengo un comic uruguayo, publicado en 2024. El dibujante es argentino pero es una historieta que primero se serializó en una revista uruguaya y después se recopiló en una editorial uruguaya, escrita por un mexicano/uruguayo. Sí, Rodolfo Santullo se vuelve a reunir con Marcos Vergara y el resultado es Primera Edición (un misterio montevideano). Una vez más, la dupla se florea a la hora de retratar situaciones cotidianas, y por suerte el guion es rico en momentos en los que la comedia costumbrista le roba el protagonismo a la aventura. El misterio, que se nutre de elementos reales y mitos que circulan hace décadas por la capital del país hermano, está bien llevado y tiene el suficiente atractivo como para justificar el hecho de que gente común y corriente, sin pasta de héroes, ni de detectives, se vean subyugados por él y quieran resolverlo. Pero a mí lo que más me gustó es la interacción entre los personajes, esos diálogos irónicos que suenan 100% creíbles al oído rioplatense y nos hacen sentir que esto que le pasa a Leopoldo y sus amigos nos podría pasar también a nosotros. No quiero ahondar mucho en la trama para no spoilear (el libro salió en Septiembre, hace relativamente poco), así que es momento de hablar (una vez más) del dibujo de Vergara. Me queda claro que Marcos sintió a esta aventura tan real y tan cercana como yo, o incluso más, porque le puso al protagonista sus propios rasgos, y a su esposa Silvina los de su esposa, Silvana. Además de dibujante, Marcos es bibliotecario como Leopoldo, así que seguro se sintió muy identificado con el personaje. El trabajo del oriundo de San Nicolás es sumamente expresivo, con un trazo muy fluido, un tratamiento sutil y precioso del color, pocas pero buenas escenas de acción, y la extraña pero acertada decisión de dibujar los ojos de los personajes sin pupilas, como hacía Harold Gray en Little Orphan Annie. El libro tiene 88 páginas de las cuales solo 64 son de historieta, lo cual para mi gusto es un disparate. Nos están cobrando por 24 páginas de las cuales dos son un texto bastante interesante de Santullo y el resto no nos aporta absolutamente nada. Ojalá que Loco Rabia, o alguna editorial argentina, incorpore Primera Edición a su catálogo para que circule en nuestro mercado, y le haga una poda a todas esas carátulas y páginas en blanco que solo ocupan lugar y encarecen al producto. Nada más, por hoy. Vuelvo a la Comiqueando Digital, a ver si legamos a lanzarla a fines de Junio. Gracias y buen finde para tod@s.

lunes, 8 de mayo de 2023

HOY, DOS CORTITAS

Tengo leídos dos libritos, pero son parte de sendas series de las que ya hablé bastante y no me quiero repetir, así que van a ser reseñas cortas (creo). El Vol.3 de FF coincide con el momento en que Johnny Storm vuelve a los Fantastic Four y esta serie empieza convivir con la clásica, que retoma su numeración. De pronto, Jonathan Hickman se encuentra con que tiene que escribir dos revistas por mes con los mismos personajes, pero rápidamente resuelve el problema: FF pasa a ser la revista de los pibes, donde todo se centra en Franklin, Valeria y el resto de los chicos (y Dragon Man) de la Future Foundation. La trama es la misma que se desarrolla en la revista de Fantastic Four, pero vista desde otro lado, lo cual también tiene la "contra" de que podés no leer FF y aún así entender todo lo que está sucediendo. De hecho yo en su momento leía sólo Fantastic Four y entendía todo. Ahora, con estos números de FF en la mano, me doy cuenta de que hay algunas puntitas que Hickman se las guardaba para explorar más a fondo en esta serie: pequeños momentos entre Valeria, Doom, Nathaniel... que por ahí no son definitivos, pero que aportan al "big picture" de la ambiciosa aventura con la que Hickman va a cerrar su paso por Fantastic Four. El guionista hincha de River es especialista en cocinar a fuego lento los momentos más apoteóticos de sus sagas, y acá, la posibilidad de tener una segunda serie paralela hace que esa cocción sea más rica y más compleja. Y por supuesto, le da espacio para desarrollar de manera alucinante a un montón de personajes secundarios. De los cinco episodios que recopila este TPB, tres cuentan con lápices del talentosísimo Juan Bobillo, entintado por el inolvidable Marcelo Sosa. Con la posibilidad de dibujar fondos en muy pocas viñetas, Bobillo le pone todo a los personajes, que se ven muy expresivos, muy distintos entre sí. Las escenas de acción en esos episodios son ínfimas, y casi todo avanza a través de los diálogos, con lo cual Juan se tiene que matar para que la escenas en las que los personajes conversan y rosquean entre ellos no se hagan tediosas ni repetitivas. En los dos episodios finales, cuando Nick Dragotta se hace cargo de los lápices, ya hay un poco más de acción, y el dibujante de East of West no desaprovecha la oportunidad de lucirse en esas páginas (no muchas) en las que los personajes dejan de hablar y empiezan a repartir piñas, rayitos y esas cosas. Si bien pierde en la comparación con Bobillo, este no es para nada un mal trabajo de Dragotta. Me falta un solo librito de FF para completar todo lo que escribió Hickman para Fantastic Four, así que ni bien lo vea a un precio razonable, le entro.
Me vengo a Argentina, año 2022, para disfrutar a lo guanaco de "El misterioso planeta de Calaffiuco", el quinto librito de Roque & Gervasio, Pioneros del Espacio, la magnífica serie que escribe Federico Reggiani y dibuja Ángel Mosquito. Esta aventura no sólo me pareció divertidísima, sino que además es importante porque mete en la continuidad de Roque & Gervasio a Los Visitantes del Agujero del Comedor (ver reseña del 14/02/17), una novela gráfica de los mismos autores que hasta ahora no estaba vinculada a esta (ni a ninguna otra) serie. En ningún momento los autores te dicen "tenés que leer Los Visitantes... para entender lo que está pasando acá", pero si la leíste, te das cuenta al toque que esas criaturas negras con forma de cono son las mismas que invadieron nuestro planeta en aquella obra de la misma dupla. Por lo demás, este quinto librito ofrece una aventura repleta de humor, mala leche y formas muy originales de plantear y resolver los típicos conflictos de las sagas de ciencia ficción en las que hay viajes interplanetarios, choques entre razas alienígenas y demás. Reggiani y Mosquito le meten a todos esos tópicos una vuelta de tuerca fresca y personal, que tiene que ver con el cinismo y la truchada que asociamos con "lo argento". Los diálogos son desopilantes, las onomatopeyas son brillantes, el dibujo mantiene el excelente nivel de los tomitos anteriores y por todos lados aparecen personajes y conceptos que enriquecen este bizarro universo. No cuento nada del argumento, porque esto salió hace relativamente poco y la idea es que los lectores de este blog se entusiasmen como para ir a buscar el librito y comprarlo. Posta, a esta altura, esta serie ya más que una pasión es una adicción. Por suerte ya tengo el Vol.6 en la pila de los pendientes, así que pronto habrá más Roque & Gervasio acá en el blog. Y esto es todo, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos reencontramos con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.

sábado, 13 de febrero de 2021

7 al 13 de FEBRERO

Otro sábado, y otro rato para repasar las lecturas de la semana. Empiezo con Fantastic Four 1234, una miniserie publicada por Marvel hace exactamente 20 años, cuando el glorioso cuarteto festejaba sus primeros 40 años de publicación. El guion de Grant Morrison es bastante decente, sin ser maravilloso ni mucho menos. Lo mejor que tiene es la chapa que le da a Reed Richards y sobre todo la calidad de los diálogos, que es impresionante. Podés leer todo el comic tapando los dibujos, y siempre te vas a dar cuenta por los diálogos si el que habla es Reed, Doom, Ben o Namor. El argumento en sí es más promisorio que bueno. El plan del Dr. Doom, que Morrison te trata de vender como el más audaz y genial de la historia de este icónico villano, es en el fondo bastante ramplón, aunque me gusta cómo eligió torturar al querido Ben Grimm. Lo bueno que tiene este aspecto de la trama es que subraya (una vez más, por si alguno todavía no lo entendió) que el único y verdadero Super Clásico del Universo Marvel es Reed vs. Doom, y que al lado de esta pica, todas las demás son Excursionistas vs. Defensores de Belgrano. Y ya en el terreno de la conjetura, me dio la sensación (por el rol lamentable que le otorga en la miniserie) que Morrison coincide conmigo y con la mayoría de los fans de los Fantastic Four en que Johnny es el personaje menos interesante, y que si lo sacás de ecuación, el resultado no varía demasiado. Por el lado del dibujo tenemos a Jae Lee, en un estilo bastante similar al que le vimos en la miniserie de Inhumans (ver reseña del 21/05/16), un estilo vistoso, original (atrás quedó esa etapa aciaga en la que Lee le copiaba páginas enteras a Leo Manco) y acompañado de un atractivo despliegue a la hora de la puesta en página. Y por supuesto, con el típico problema de Lee, que es cierta torpeza en la narrativa, en parte producto de esas figuras estáticas que siempre parecen no estar en movimiento, sino posando para un cuadro o una escultura. Entre que el estilo de Morrison es bastante menos obvio que eld el guionista promedio, y estos desaciertos de Lee que le restan claridad y fluidez al relato, seguro que te vas a encontrar con alguna secuencia en la que te vas a preguntar qué carajo está pasando. Aún así, Fantastic Four 1234 no es para nada un mal comic, porque hay un par de ideas grossas, imágenes potentes y esos diálogos y bloques de texto sumamente logrados. Si sos fan del cuarteto, o del siempre inquieto demiurgo escocés, este es un lindo librito para sumar a tu biblioteca.
El humor gráfico está de fiesta porque se empieza a recopilar en libros el chiste que Alejandra Lunik publica todos los días en la contratapa del diario La Nación. Bajo el título genérico de Andá a Lavar los Platos, la talentosa historietista e ilustradora demuestra que también la tiene muy clara a la hora de hacer humor. O por lo menos lo que hoy se entiende como humor, esa búsqueda de la sonrisa cómplice, o de la reflexión piola, que con los años se llevó a “los chistes del diario” hacia un terreno bastante distinto de aquel humor de cuando éramos chicos, que tenía como única meta hacer reir. Lunik tira, de vez en cuando, algún misil de esos que te hacen estallar de risa, pero son los menos. En general, te atrapa con la habilidad para buscarle un costado humorístico a situaciones cotidianas, mediante diálogos sencillos y un gran poder de observación. Los temas que aparecen una y otra vez en Andá a Lavar los Platos son la inestabilidad de las relaciones afectivas, la injerencia de las redes sociales y la tecnología en nuestras vidas y la dinámica entre mujeres y varones, por supuesto desde una óptica feminista. Entre una legión de minitas enamoradizas, más alguna chica separada que tiene que criar a una hija, la creación de Lunik que más me sorprendió es una anciana que ya cruzó la barrera de los 80 y que tiene una forma de vincularse a las problemáticas de la tira totalmente distinta a la de las mujeres más jóvenes. Me encantó porque me pareció un personaje muy real, muy genuino, escrito desde el cariño pero además desde una especie de comnocimiento “real” de lo que es ser una vieja de 80, lo cual es muy meritorio para una autora que todavía no llegó a los 50. Imposible no nombrar a Maitena si hablamos de viñetas humorísticas creadas por mujeres para el diario La Nación y sí, otro gran mérito de Lunik es haber logrado que dejemos de extrañar las épocas en las que todos los días nos encontrábamos en el diario con las Mujeres Alteradas. A diferencia de Maitena, la impronta visual de Lunik tiene mucho que ver con la línea clara clásica: es fan del efecto máscara (ese que consiste en dibujar a fondos y objetos con rasgos mucho más realistas que los que se utilizan para los personajes) y con su trazo finito despliega una prolijidad apabullante, un poder de síntesis brillante y rostros de gran expresividad, todo realzado por un excelente trabajo con el color. O sea que aunque no te interese el humor gráfico (o el tipo de humor gráfico que cultiva Lunik), esto te puede atrapar por el lado del dibujo, que es realmente superlativo. Visualmente, Lunik no tiene nada que envidiarle a ningún dibujante (o dibujanta) de los que publican viñetas diarias a nivel global.
Finalmente, después de muchos años, me volví a internar en el mundo bizarro y crepuscular de Hideshi Hino, para viajar junto al Circo de Monstruos y vivir de la mano de estos freaks estos siete relatos originalmente publicados en 2009 en Japón. Del dibujo de Hino ya ni tiene sentido hablar, porque mantiene ese nivel increíble de las obras anteriores suyas que vimos alguna vez en este espacio. Es uno de esos tipos que indudablemente hacen lo que quieren con el dibujo, y suben todo el tiempo la apuesta para llevar a la página imágenes, ideas y sensaciones cada vez más extremas, en un estilo que por su complejidad y el grado de destreza técnica que requiere, es imposible de imitar. Y después, en todo caso, se puede discutir si los guiones son mejores o peores, si logra llevar a buen puerto los relatos que encara, o si las ideas se le deshilachan por el camino. Circo de Monstruos tiene un poco de todo: ideas geniales cuyo desarrollo no está a la altura de la premisa, historias que se quedan en el mero impacto y no llegan a profundizar, personajes atractivos que crecen de modo asombroso hasta darse de lleno contra un final abrupto… y por supuesto alguna historia ya bastante remanida, que cualquiera con mucha historieta de terror a cuestas ya sabe cómo va a terminar. Pero entre las atracciones del circo también hay un par de relatos muy sólidos, muy emotivos, bien desarrollados, en los que nada (ni la violencia fuera de control ni la ternura que generan algunos de estos freaks) eclipsan los aciertos de Hino a la hora de construir estos dramas bizarros y retorcidos. De todos modos, cuando el dibujo y la narrativa alcanzan niveles tan sublimes como los que alcanza Hino en este libro, no hace falta que en las 228 páginas haya genialidades en materia de guion. Con que no salgamos convencidos de que el autor le está faltando el respeto a nuestra inteligencia, alcanza y sobra para atesorar el libro y hasta para recomendarlo, por lo menos a los fanáticos del terror, y de este exponente fundamental, ineludible, que tiene ese género en Hideshi Hino. Nada más por hoy. Nos reencontramos el finde que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 7 de abril de 2020

OTRO DEJA-VU

A falta de ideas más ingeniosas, sigo jugando al déja-vu, a tratar de que esta nueva entrada se parezca lo más posible a las del 26/03 y 01/04.
Así es como empiezo con el tercer y último tomo de Spirit of Wonder, estas recopilaciones de historias cortas realizadas por Kenji Tsuruta en la primera mitad de los ´90. Y acá el autor ya derrapa por completo. El tomo incluye sólo tres historias y se acaba el tema de los elencos rotativos: ahora todo pasa por un elenco estable integrado por dos personajes que ya habían aparecido anteriormente, a los que se suma una chica llamada China, que será la protagonista casi excluyente de estas últimas 144 páginas. Las peripecias científicas pasan a un tercer plano y las historias giran en torno a cómo China se vincula con el resto de los personajes. Hay muchísimo desarrollo para esta joven irascible y volátil, y también hay excusas muy chotas para que se desnude y luzca un cuerpo perfecto.
Este tercer tramo de Spirit of Wonder es un manga romántico con algo (poquito) de acción y algo (no tanto) de comedia. No están más la mayoría de los elementos que hicieron atractivos (dentro de todo) a las historias de los tomos anteriores, y si antes yo señalaba cierta falta de idoneidad para los guiones por parte de Tsuruta, en este tramo ya estamos hablando de un guionista casi indigente, que ni siquiera se puede dar el lujo de desaprovechar buenos argumentos, porque ahora no los tiene. Realmente se me hizo difícil llegar al final del tomo, atravesar semejante maraña de situaciones ridículas, caprichosas, trilladas o simplemente mal planteadas o mal resueltas.
Menos mal que el dibujo sigue siendo maravilloso, hipnótico, generoso en texturas, detalles, matices, con un trazo elegante, versátil, con la belleza como rasgo principal, como condición que emparenta a rostros, cuerpos y paisajes. Este nivel de dibujo, combinado con guiones de aceptables para arriba, constituiría un hito en la historia del Noveno Arte muy difícil de superar e incluso de explicar. Pero bueno, Tsuruta tuvo mala suerte con los guionistas, le tocó él mismo. Mi consejo es que captures un tomito de Spirit of Wonder, lo atesores por los dibujos, y sólo si sentís que no es suficiente le entres a los otros dos.
Y no, no tengo otro tomo de Ant-Man para reseñar, porque creo que no hay más. Peeeero, tenía sin leer el Vol.1 de FF de Matt Fraction y Mike Allred, con las historias que van entre el libro reseñado el 29/05/14 y el reseñado el 25/08/15. Me faltaba un tomo en el medio, lo conseguí (hace ya mucho tiempo) y mal y tarde, lo leí. ¿Cómo engancha esto con la “consigna” del déja-vu? Como se ve claramente en la portada, Ant-Man es uno de los protagonistas de esta serie, probablemente el mejor tratado por Fraction en estos episodios.
Pero el equilibrio está muy bien logrado: hay momentos fuertes para Medusa, un episodio protagonizado casi en soledad por She-Hulk (un reencuentro romántico con el ídolo Wyatt Wingfoot) y una secuencia en la que el guionista se juega entero para que le tomemos cariño a Darla Deering, la chica de 19 años que “se calza la pilcha” de The Thing. Y también hay muchos personajes secundarios, algunos (como Bentley-23) muuuuy interesantes, y unos cuantos villanos de los clásicos enemigos de los Fantastic Four titulares.
Fraction y Allred paran en la cancha un equipo repleto de figuras y salen a divertirse, a tirar magia. Cero especulación, cero línea de cinco, cero mediocampo más poblado que las morgues de New York. Acá hay alegría, magia, sorpresa, algún que otro misterio, algo de desarrollo de personajes (no tanto, pareciera que Fraction sabía que su etapa en FF iba a ser corta y que prácticamente todo lo que plantea en esta serie se iba a barrer rápidamente abajo de la alfombra), y un bolonki muy atractivo, que crece hacia la resolución que ya vimos hace mil años en el segundo y último TPB de la serie. Ojalá todos los comics tuvieran esta frescura en los diálogos, en los planteos argumentales y en la interacción entre los personajes.
Por supuesto si el guión fuera lamentable, esto igual brillaría en cualquier biblioteca gracias a los magníficos dibujos de Mike Allred, que derrochan imaginación, onda, dinamismo, y sobre todo amor por los personajes. Obviamente en Silver Surfer va a volver a subir la vara y FF empalidecerá frente a la siguiente cátedra del maestro. Pero esto está realmente muy, muy bien. El único episodio que no dibuja Allred va a manos de Joe Quiñones, también, un toquecito por debajo de lo que vimos en su maravillosa etapa al frente de Howard the Duck. Nada de qué quejarse, obviamente, ya que tanto Allred como Quiñones están más que capacitados para emocionar al lector incluso laburando a media máquina, y acá ninguno de los dos parece estar guardándose nada. Simplemente en sus siguientes trabajos la rompieron aún más.

Y ahora sí, no tengo más material ni de Kenji Tsuruta ni de Ant-Man para armar otro posteo clonado de los anteriores. Veremos con qué me sorprendo a mí mismo en los próximos días. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, los comentamos acá en el blog.

martes, 26 de noviembre de 2019

ESSENTIAL FANTASTIC FOUR Vol.9

Bizarro flashback a los albores del blog, al lejano 17/08/10, cuando me tocaba reseñar el essential anterior a este. Y sí, volvemos a la Verdul Age, con un nuevo masacote que trae básicamente todo lo que se publicó de los Fantastic Four entre mediados de 1977 y mediados de 1979. O sea que arrancamos en el nº 184, cuando todavía Len Wein escribía y coordinaba esta serie, y llegamos hasta el nº207, justo a la mitad de la etapa de Marv Wolfman, en la que ya estaba Jim Shooter como Jefe de Coordinadores y no dejaba que los guionistas coordinaran además las series que escribían.
La transición de Wein a Wolfman es casi imperceptible: Ninguno de los dos sorprende ni entusiasma demasiado en su paso por esta serie, que –digamos la verdad- en los ´70 era más bien intrascendente. Wein se da el lujo de dejar la serie tras el nº194, con los Fantastic Four disueltos hacía ya varios números. Esa es la única idea interesante que aportan los números escritos por el co-creador de Wolverine y Swamp Thing: separar al cuarteto y empezar a contar historias en las que las vidas de Reed, Sue, Johnny y Ben prácticamente no se cruzan. Ni siquiera resuelve el plot de los poderes de Reed (los perdió en el tomo anterior): eso quedará para su sucesor y amigo Marv.
Y por supuesto, Wolfman empieza a construir de a poco el regreso triunfal del cuarteto, que coincidirá (lógicamente) con un nº200 un poco mejor que el promedio de estos años y un nº201 malísimo, pero donde se oficializa la vuelta de Reed (ya con los poderes de siempre), su esposa, su amigo y su cuñado como equipo. De ahí en más los guiones vuelven a sumergirse en los pantanos de la irrelevancia y el aburrimiento, con la aparición de uno de los villanos más pedorros de todos los tiempos (the Monocle) y con tres de los FF mezclados en una saga cósmica que empalmaba con las tramas que Wolfman venía desarrollando en la revista de Nova, y que obviamente vendía mucho menos que la de los Fantastic Four. Esa saga se va a extender muchos números, prácticamente hasta el final de la Era Wolfman, así que para enterarse cómo termina hay que comprar las revistitas o el TPB que recopila los primeros números de John Byrne en esta serie, que son parte de esa poco atractiva epopeya.
Len Wein tiene como dibujante en casi todos sus números a George Pérez, mientras que en casi todos los números de Wolfman el dibujante es Keith Pollard. Pero claro, falta un dato fundamental y es que el entintador de toda esta etapa es Joe Sinnott, un tipo con un estilo tan fuerte, tan marcado, que se lleva puestos a todos los dibujantes a los que entinta. El cambio de Pérez a Pollard, por ejemplo, no se nota ni en la anatomía ni en las expresiones faciales. Hay que estudiar detalles menos superficiales como la puesta en página o cierto despliegue de detalles en los fondos, porque Sinnott hace que ambos dibujantes se vean básicamente idénticos. Lo mismo pasa cuando entra algún suplente a cubrir un bache o dibujar un Annual. John Buscema logra traspasar apenitas el estilo aplastante de Sinnott con su virtuosismo en materia de anatomía y expresiones faciales, pero su hermano Sal, en cambio, no logra distinguirse en lo más mínimo de Pollard gracias al trabajo del entintador.
Lo bueno es que, incluso muy eclipsado por las tintas, Pérez transpira a full la camiseta y nos regala páginas espectaculares, mientras que Pollard (por entonces mucho menos conocido) pone todo lo que tiene y hace un papel bastante decoroso. Se nota bastante como a lo largo de los episodios se compenetra más y se entiende mejor con los guiones de Wolfman, a los que hace más amenos, menos densos. De hecho, una vez que Wolfman y Pollard se harten de los caprichos de Jim Shooter y se vayan a DC, seguirán trabajando juntos varios años, primero en Green Lantern y más tarde en Vigilante.
Y hasta acá llegaron los Essentials de Fantastic Four, lamentablemente. Con uno más, se podría haber cubierto todo hasta el nº232, es decir, hasta que John Byrne desembarca como autor integral. Pero no hay más, así que del nº208 en adelante me guardo las revistitas. Esta no es una gran época para la Primera Familia de Marvel, no son los comics que más me gustó releer ni mucho menos, así que se la recomiendo sólo a los fans extremos de Wein, Wolfman o Pérez, o al que quiera leer TODO Fantastic Four.

Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 24 de agosto de 2019

SABADO PRIMAVERAL

El clima en Buenos Aires sigue cambiando abruptamente, como el discurso de los pseudo-periodistas que durante casi cuatro años vivieron de la pauta de un gobierno que –felizmente- se empieza a despedir.
Lo que no cambia es que sigo leyendo muy buen material, en este caso en perfecto desorden. El Vol.2 de FF de Jonathan Hickman va entre el Vol.1 de esa serie (lo vimos en 12/01/17) y el Vol.5 de Fantastic Four (reseñado mucho antes, el 08/02/14). Pero bueno, si te gusta Hickman ya estás acostumbrado a que las cosas nunca son sencillas. Estamos en 2012, en el medio de una saga sumamente compleja, en la época en la que supuestamente Johnny Storm estaba muerto y la revista del cuarteto pasa a llamarse FF, siglas también de la Future Foundation.
El TPB incluye seis episodios, de los cuales dos consisten básicamente en traer de regreso a Black Bolt, a quien había boleteado el maestro Dan Abnett poco tiempo antes, en el épico desenlace de War of the Kings. Hickman tiene planes zarpados para los Inhumans, los Kree y demás actores del plano cósmico de Marvel, y para eso Black Bolt tiene que estar. Pero además, el hincha de River nos suma al High Evolutionary, Ronan the Accuser, la Supreme Intelligence (con flashbacks a algo que sucedió ¡30.000 años en el pasado!), Annihilus, el Dr. Doom, Diablo, el Thinker, el Wizard, el maestro Nathaniel Richards (ya está, si tenés leído un poquito de Marvel ya sabés que cuando entra en escena Nathaniel Richards todo se complica y se retuerce a niveles descomunales), varios Reed Richards de realidades paralelas y al final, un ejército de unos 40 superhéroes que combina a Avengers, X-Men y rejuntados variopintos. Con todo esto, Hickman arma un guiso potente, espeso, condimentado con diálogos excelentes y una atención asombrosa por la caracterización de cada miembro de este cuasi-infinito elenco. Pero no te lo podés comer en este TPB. Todo esto es la previa a algo mucho más complejo y grandilocuente, que ya vimos y disfrutamos en el Vol.5 de Fantastic Four.
En cuanto a los dibujantes, muy bueno lo de Greg Tocchini (el que mejor se entiende con el colorista Paul Mounts), muy sólido aunque por ahí demasiado dark lo de Steve Epting (no lo veo mucho para una serie como esta, de ciencia-ficción “brainy”), y muy correcto como siempre lo de Barry Kitson, al que en el último episodio le meten mano como cuatro o cinco entintadores. Un disparate.
¿Hay más FF de Hickman? Sí, pero es esa segunda serie que va a avanzar (durante un tiempo) en paralelo a Fantastic Four. ¿Me ceba? Sí, pero para comprarla sólo cuando la encuentre en oferta, no para pagarla fortunas. Aguante Hickman, a esta altura un prócer casi infalible.
Salto a Uruguay, donde este año se publicó el recopila-
torio de Garra en Viñetas, una historieta cómica que se publica semanal-
mente en el periódico deportivo Garra, con guiones de Rodolfo Santullo y dibujos de Guillermo Hansz (el mismo equipo de El Club de los Ilustres). La historieta repasa en tono de joda las noticias deportivas de cada semana, con énfasis en las actuaciones de la selección uruguaya y los equipos grandes del futbol local con sede en Montevideo (Nacional, Peñarol y algún otro).
Lo mejor: el dibujo de Hansz es un heredero directo de la mejor tradición franco-belga y en su trazo vive la magia de Morris y André Franquin. Maravilloso, de punta a punta. Y las semanas en las que Hansz va al banco de suplentes, entra Max Aguirre, que también la descose.
Lo interesante: Santullo logra que veamos todas estas noticias de la semana a través del prisma de tres personajes carismáticos, con un buen grado de delirio y frescura, más una dosis justa de mala leche para leer con ojo crítico las oscuras maniobras dirigenciales y empresariales que suelen manchar a la pelota.
Lo medio choto: La gran mayoría de las historietas pierden por lo menos una parte de su gracia leídas en otra coyuntura. Para el lector que no es uruguayo, que no se emociona ni con bolsos ni con manyas y que accede a este material más de un año después de que Santullo y sus dibujantes lo produjeran, no todos los chistes resultan graciosos, ni todas las situaciones resultan atractivas, ni todas las polémicas resultan candentes.
Lo inaceptable: el color. No sé quién decidió colorear los dibujos de Hansz de esa manera bestial, pero merece morir en un penal de máxima seguridad, rodeado de asesinos y violadores que conviertan a su vida en un infierno. Esto en blanco y negro sería mil veces mejor, y con un buen color sería infinitamente mejor. Coloreado así, requiere un estómago de acero para ser tragado.
Recomiendo mucho Garra en Viñetas a los fans del futbol uruguayo (el “fúbol”, como le dicen en el paisito), o a los junkies de Rodolfo Santullo (me incluyo en esta categoría) que quieren acopiar toda la obra de este guionista prolífico y versátil, al que vemos obtener buenos resultados en los géneros más diversos y en las canchas más difíciles. Vamo´arriba la Celeste.

Y nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco, y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

jueves, 12 de enero de 2017

CAGADO DE CALOR

Ufff… Está calentito el tema, y no me refiero a los manteros, ni a los mapuches, ni a los jubilados ni a ninguno de esos grupos de poder concentrado a los que nuestro maravilloso gobierno ataca con tanto coraje y tanta valentía, para impartir verdadera justicia de una vez por todas. Hablo de la temperatura, que está heavy y me complica el placer de sentarme a escribir sobre historietas. Pero bueno, ahí vamos…
Empecé a llenar el bache que tenía en Fantastic Four de Jonathan Hickman. Yo había hecho la boludez cósmica de pasar del Vol.4 (reseñado el 29 de Enero de 2014) al Vol.5 (lo vimos el 08/02/14), sin pasar por FF, la serie que durante un año reemplazó a Fantastic Four y después se convirtió en una serie paralela a la que inició el Universo Marvel. Tarde pero seguro, entonces, arranqué con el Vol.1 de FF, donde Hickman explora mínimamente las consecuencias de la muerte de Johnny Storm, para enseguida centrarse en lo que a él más le interesa: el hiper-kilombo multidimensional con los Reed Richards de varias tierras alternativas.
Lo mejor que tienen estos cinco episodios son la notoria escacez de machaca (páginas y páginas pobladas de héroes y villanos sin que vuele un sólo cachetazo), el gran trabajo en la construcción de personajes (con Reed, Sue y Valeria a la cabeza) y esa sensación de sembradío a largo plazo, de cultivo de puntitas argumentales que (ya lo sé porque leí lo que viene después) en algún momento van a florecer y a convertirse en tramas importantísimas. Y lo más flojo es lo lento que avanza la trama principal, brutalmente descomprimida por un Hickman al que le interesa mucho más darle espesor a los misterios y a los climas que resolver los conflictos. En cuanto al dibujo, tenemos tres episodios a cargo de Steve Epting y dos a cargo de Barry Kitson, los dos muy bien, muy generosos a la hora de darles vida a guiones muy complejos, que uno imagina arduos de dibujar. El colorista Paul Mounts se acopla muy bien a los dos estilos y enriquece mucho la experiencia de lectura. Más cerca de fin de año, o ya en el 2018, prometo retomar FF.
Me voy a Uruguay, donde los hermanos Andrés y Leonardo Silva nos proponen reencontrarnos con José Gervasio Artigas, la figura más reconocida de la historia del país hermano, ahora convertido en Prócer Zombie, protagonista de una historieta de humor y aventuras al estilo de The Goon, de Eric Powell. La historieta se apoya en dos ejes, que lamentablemente nunca se terminan de amalgamar. Por un lado, el contrapunto entre una historia oficial en la que Artigas es un héroe, un tipo valiente, recto y probo, fuera de todo cuestionamiento… y un Artigas real, que no es ni tan valiente, ni tan recto ni tan probo. Un giro entretenido, que agrega una cuota de comicidad muy fina, para nada grotesca, pero que no se sostiene a lo largo de las 55 páginas que dura la obra.
Por el otro lado, está la idea de que el prócer del Siglo XIX interactúe con indigentes, prostitutas, borrachos, barrabravas y demás malvivientes en las calles de la Montevideo del 2015, que no se parecen en nada a las que él conoció. Esa es la parte más interesante de Prócer Zombie, que se empieza a difuminar a medida que los Silva Bros. abusan del recurso y traen a la vida a más y más figuras históricas del Siglo XIX. Esto reencauza la trama hacia el combate grosso entre dos facciones de personajes históricos resucitados (caracterizados sin medias tintas, como “los buenos” y “los malos”)… y ahí es donde Prócer Zombie perdió totalmente mi interés. Seguí leyendo hasta el final, pero en piloto automático, y porque me gustó mucho el dibujo, aunque en las últimas páginas se luzca poco y nada a causa de la gran acumulación de viñetas. El uso del color también me pareció muy original, muy ingenioso. Me encantaría leer a los Silva Bros. en otra historieta, quizás en equipo con alguno de los muy buenos guionistas que tiene hoy Uruguay.
Y sigo enfrascado en la lectura de un libro de infinitas páginas, que espero terminar pronto para reseñarlo en este espacio. Nos reencontramos en unos días.


martes, 25 de agosto de 2015

25/ 08: FF Vol.2

Una de cal y una de arena. La breve etapa de Matt Fraction en Fantastic Four terminó medio cuesta abajo en la rodada, pero en la otra serie, en FF, la grossitud se mantuvo hasta el final y en este tomo vemos lo mejor de una colección que, si hay justicia en el mundo, va a ser recordada durante muchos años por su increíble onda y su superlativa calidad.
Como en Fantastic Four, los últimos cuatro episodios componen una saga grossa. De hecho es LA MISMA saga grossa (con Dr. Doom, Annihilus y una especie de Kang), pero vista totalmente desde otra óptica. La diferencias es que los otros cuatro episodios no son exactamente historias cerraditas y casi autoconclusivas. La primera sí, parece estar pensada como un unitario, aunque le sirve a Fraction para retomar a un personaje que ya había aparecido en Fantastic Four y sumarlo al elenco de esta serie. Y el episodio en el mundo de Impossible Man también tiene cierta estructura de unitario, aunque después tendrá mucho más sentido leerlo como parte del build-up hacia la saga final. El resto del tomo es eso: build-up hacia el conflicto a todo o nada con el que va a terminar la serie.
Por momentos parece que todo está estirado medio al pedo, pero Fraction nos bombardea constantemente con ideas geniales, con toques interesantísimos en la caracterización y diálogos formidables. Cuando Fraction se empieza a despedir, se hace cargo del guión Lee Allred, el hermano de Mike Allred, que mantiene los diálogos en un gran nivel. Entre los dos, le pegan vueltas de tuerca magníficas a Ant-Man, al Dr. Doom, a Maximus, al Watcher, e incluso a un personaje siempre menor como era Ravenna, la “novia” de Kang, de la que nos tiran data sumamente inquietante. Se puede criticar que Medusa, She-Hulk y Darla están casi de decorado, porque ninguno de los conflictos importantes las afectan. Pero suman a la hora de los diálogos graciosos y además Ant-Man solo al frente de todos los chicos de la FF no resultaba creíble.
El final es excelente, intenso, emotivo, con peleas zarpadas, revelaciones impactantes, detalles ingeniosos (como la aparición de los HeroClix) y un esfuerzo muy loable para que si sólo leías FF pudieras entender todo, sin necesidad de comprarte los números de Fantastic Four que también son parte de esta saga. Incluso dos personajes que durante toda la era Fraction son parte de Fantastic Four (Franklin y Valeria) tienen sus mejores escenas acá, en el final de FF. El epílogo comparte algunas páginas con el que vimos en el Vol.3 de Fantastic Four y está compuesto básicamente de escenas emotivas y diálogos cómicos, casi al nivel de la Justice League de Giffen y DeMatteis. Así que estamos ante un TPB que uno no quiere que se termine nunca.
Por supuesto, uno de los principales animadores de esta fiesta es el dibujo. Joe Quiñones la rompe en su propio estilo en el primer unitario y se camufla bajo las tintas de Mike Allred en el epílogo. Y Allred brilla en todo el resto del tomo con la jerarquía a la que ya nos tiene acostumbrados. Allred despliega un hallazgo atrás de otro en materia de puesta en página y hasta se ajusta a grillas muy estrictas cuando el ritmo del relato así lo requiere. Deja la vida en los fondos, en las escenas en las que aparecen multitudes de personajes y en ese clima que él tan bien maneja, mitad extraño y retorcido, mitad jodón y distendido. Por supuesto, su esposa Laura lo colorea como los dioses.
Si no sos muy fan de Fantastic Four pero te copa Allred, entrale a FF casi como si fuera un comic de autor y dejate llevar por el groove gráfico del creador de Madman. Si sos fan del Matt Fraction más loco, más experimental (el de Casanova, digamos), esto te va a encantar. Y si te enganchaste con Scott Lang a raíz de la peli de Ant-Man, acá lo vas a ver en un rol interesantísimo, con mucha profundidad, mucho desarrollo y una chapa cuasi-infinita. Así como los Fantastic Four de Fraction me dejaron con cierto gusto a poco, sus FF me dejaron pipón-pipón, como si me hubiera clavado una suprema a la suiza y un flan con dulce en El Salteño. ´Nuff said!

sábado, 22 de agosto de 2015

22/ 08: FANTASTIC FOUR Vol.3

Esta serie venía bien y se pinchó acá, sobre el final. A todos nos sorprendió que Matt Fraction se bajara después de apenas 16 episodios, pero la verdad que hizo bien. Para escribir sin ganas, mejor dejarle el lugar a otro.
El tomo arranca bárbaro, con dos unitarios muy ingeniosos. En uno, Fraction nos propone revisitar el origen del Dr.Doom y arma una aventura muy loca en torno a eso, a presencias que de alguna manera “supervisan” la transformación de Victor Von Doom en el villano más temible del Universo Marvel. En el otro, los skrulls toman partido en la independencia de los EEUU y los Fantastic Four viajan a 1776 a evitar que la historia cambie para siempre. Son dos típicas historias de viajes en el tiempo, con ideas muy atractivas y conceptos locos de ciencia-ficción al estilo de lo que Fraction nos suele mostrar en Casanova.
Después viene un arquito de dos episodios en el que las ideas se empiezan a desdibujar. Fraction insiste con los conceptos de ci-fi, las paradojas, los seres pensados para desplazarse por el tiempo… pero falta un conflicto más sólido y sobra la machaca, que no aporta absolutamente nada. Y para el cierre, para los cuatro episodios finales, Fraction recluta como co-guionista a Karl Kesel, un verdadero especialista en Fantastic Four, para tratar de cerrar coherentemente las puntas que le quedaban abiertas. Bueno, no pudo ser. El tramo final se puebla de villanos grossos (¡Doom, Annihilus y Kang!), de héroes de realidades y tiempos alternativos y de batallas a todo o nada.
Más allá de la espectacularidad, la saga final no me convenció demasiado, sobre todo por la forma en que resuelve la mejor idea de las que Fraction arrastraba de los tomos anteriores: la enfermedad degenerativa que afectaba a los FF, que los atacaba y deterioraba a nivel celular. Por suerte hay otras ideas interesantes y muchos diálogos brillantes, muchas escenas grossas en lo que respecta al desarrollo y la definición de los personajes. Pero falta un poco más de fuerza, de prolijidad a la hora de contar, de esfuerzo para que todo se amalgame mejor y el final sea más orgánico, más satisfactorio.
Tampoco ayuda el hecho de que, tres capítulos antes del final, se vaya el dibujante titular y entre un suplente bastante menos idóneo, el italiano Raffaele Ienco. Que no es horrible, pobre flaco. Es una especie de Gene Ha sin pulir, al que si lo dejan puede llegar a convertirse en un excelente seguidor de la línea del ídolo. Por ahora, le falta un poco. Y el titular al que reemplaza es Mark Bagley, que viene de una vertiente gráfica totalmente distinta, mucho más cercana a la línea clásica, redondita y cuasi-amistosa de Alan Davis. De hecho, cuando trabaja con el mismo entintador que entintó los mejores trabajos de Davis (Mark Farmer), Bagley se aproxima mucho a la calidad del maestro británico. Cuando lo entinta Joe Rubinstein, en cambio, el dibujo de Bagley se luce mucho menos, muestra más sus limitaciones. De todos modos estamos hablando de un dibujante de mainstream superheroico siempre correcto, que maneja bien la narrativa, que entiende la espectacularidad que tiene que tener esta clase de relatos y al que, si no le pedís originalidad ni genialidades, no te va a defraudar.
Las 10 páginas finales son un epílogo que conecta con el final de FF (la otra serie que escribía Fraction), que voy a leer esta semana. Están dibujadas por el gran Joe Quiñones, que imita perfecto el estilo de Mike Allred, entintadas por el ídolo y coloreadas por su esposa. Es puro diálogo y ahí Fraction ya ni figura, pero lo que escribe Kesel me dejó cebadísimo para entrarle a ese último TPB con el que completo esta breve etapa de Fantastic Four. Después viene otra etapa breve (la de James Robinson, que no me llamó la atención como para comprarla) y después… no hay más. Un disparate.

jueves, 23 de octubre de 2014

23/ 10: FANTASTIC FOUR Vol.2

Segundo tomo de los Fantastic Four de Matt Fraction y esta vez nos concentramos sólo en el título principal, el que tiene como dibujante a Mark Bagley y como protagonistas a Ben, Johnny, Reed, Sue y los hijos de ambos. Estamos en esa saga que empezó en el Vol.1 (lo vimos el 29/05/14) en la que Reed y su familia se van de vacaciones, a pasear por los confines más remotos del espacio-tiempo, mientras en realidad Mr. Fantastic busca la cura para una extraña enfermedad degenerativa que lo está afectando. Es una linda consigna, que le da a Fraction mucha libertad para hacer básicamente lo que se le dé la gana, con espacio para historias cósmicas y grandilocuentes, y para historias más chiquitas, más intimistas.
El TPB va a explorar las dos variantes, más una tercera, en un número especial, injertado de prepo para conectar con la patética saga conocida como Age of Ultron. Ponele que, como Sue tiene mucho protagonismo en esa saga, era importante que Fantastic Four tuviera un tie-in con AoU. Pero, ¿aporta algo en el contexto de ESTE recopilatorio? No, absolutamente nada. Se podría haber reeditado en el TPB de AoU, o en ningún lado, porque la verdad que es una sucesión de lugares comunes berreta y estridente como las guerras de mediáticos en los programas de la tarde. El dibujante, André Araujo, no es malo. Con tiempo, con más rodaje y si lo dejan volar, quizás se convierta en un nombre a tener en cuenta.
Pero vamos a lo que importa, que son los cinco episodios de Fraction y Bagley. Arrancamos bien, con una historia sin machaca, en la que el conflicto central se da en el fuero íntimo de Reed, en la cuerda floja entre la integridad, el amor, la lealtad y el plan que –en una de esas- lo salve de irse al descenso. El segundo unitario es el de Julio César y lleva a la familia Richards al Imperio Romano para una aventura menor, con algo de acción y la presentación de un nuevo personaje secundario, que –sospecho- se va a revelar más adelante como alguien a quien ya conocíamos.
La saga zarpada, ambiciosa, “hickmanera”, de este tomo es la de los dos numeritos contra Blastaar, con una buena dosis de machaca, conceptos complejos que tienen que ver con el inicio y el fin de la existencia, y mucha chapa para los mejores personajes que tiene esta serie: Franklin y Valeria Richards. Y cierra un unitario tranqui, centrado en Ben, que elige pasar esos pocos días del año en los que recupera la apariencia humana en su viejo barrio, pero en la década del ´30. Allí ayudará a un viejo comerciante judío a liberarse de los aprietes de unos malvivientes (también de “la cole”) y repartirá piñas con y sin su característica super-fuerza. No me llegó a aburrir, pero tampoco me sorprendió en lo más mínimo.
Me quedo, entonces, con el primer unitario, y con los dos numeritos a todo o nada contra Blastaar, que –no sé por qué- es un villano que me gusta mucho. Rescato también el nivel de los diálogos, muy parejo y muy arriba, y sobre todo ese clima de libertad que señalaba antes. No se me ocurre postular que acá Fraction estaba haciendo comic de autor dentro del mainstream, porque es evidente que se tuvo que comer ese sapo cósmico del tie-in con Age of Ultron. Pero fuera de eso, este es un comic que se permite jugar por afuera del reglamento y hasta se da el lujo (como se daba Fraction también en Hawkeye) de plantear historias sin peleas entre buenos y malos, sin estridencias innecesarias.
Mark Bagley acompaña decorosamente, sin descollar, muy bien respaldado por las tintas de Mark Farmer y los colores de Paul Mounts, que le dan ese sabor tan típico de Alan Davis, aunque Bagley no dibuje tan bien como el prócer británico. Lo más loable es cómo Bagley pela versatilidad y va de un planeta alienígena a un barrio judío de la Nueva York de la Gran Depresión, a los suntuosos palacios del Imperio Romano y de ahí a las entrañas de una nave/fortaleza construída para ser testigo del fin de la existencia. Sin escatimar fondos y sin chorear fotos, el tipo se arremanga y logra ambientar correctamente cada una de las historias que pergeña Fraction, lo cual no es poco.
En unos meses –parece mentira- no va a haber más comics de los Fantastic Four. Y ahí sí diremos “la puta que lo parió, ganaron los malos”. Mientras tanto, yo sigo explorando la breve etapa de Matt Fraction, que no tiene con qué bancarle los trapos a la de Jonathan Hickman, pero tampoco está nada mal.

jueves, 29 de mayo de 2014

29/ 05: FANTASTIC FOUR Vol.1

Esta es la tercera vez en lo que va del blog que reseño un “Fantastic Four Vol.1”. Ya vimos toda la etapa de Mark Waid, toda la etapa de Jonathan Hickman, y ahora es el momento de ver qué hace Matt Fraction con el cuarteto más grosso de Marvel. Bah, en realidad con LOS cuartetos, porque el guionista relanza al mismo tiempo Fantastic Four y FF, dos grupos distintos, que vivirán aventuras en paralelo, unos en el espacio exterior jamás explorado y otros prácticamente acá nomás, en la Nueva York del Universo Marvel que tan familiar nos resulta. Este primer tomo compila los tres primeros números de ambas series y arranca con una historia cortita, muy linda, protagonizada por Ant-Man (Scott Lang) y tomada de la antología Marvel NOW! Point One.
Básicamente, en Fantastic Four vamos a ver lo siguiente: a Reed se le ocurre irse de viaje a explorar lugares nuevos del cosmos, junto a Sue, Ben, Johnny, Franklin y Valeria. El viaje va a durar un año, pero como pueden viajar por el tiempo, van a regresar a Nueva York cuatro minutos después de que se fueron. Por supuesto, algo va a salir mal y no van a regresar cuatro minutos después.
Para cuidar al edificio Baxter y a los chicos de la FF durante esos cuatro minutos, los titulares arman un grupo de cuatro suplentes. Sí, un nuevo grupo de Fantastic Four pensado para durar sólo cuatro minutos. Genialidades de Reed que conviene no cuestionar demasiado... Así se juntan Ant-Man, Medusa, She-Hulk y Darla, la novia de Johnny, a la que le ponen un traje de los que usaba Ben cuando perdió sus poderes, para convertirla en Miss Thing. Y bueno, menos mal que estaban estos cuatro suplentes, porque los cuatro titulares no vuelven en el momento previsto y, lógicamente, tanto los chicos de la FF como los incansables villanos de siempre van a traerles problemas.
Estas primeras aventuras transcurren en paralelo y después ya no. Ya vendrán tomos que cuentan sólo las aventuras cósmicas de los Fantastic Four y las aventuras terrestres de los FF. ¿Y están buenas las aventuras? Por ahora se vio muy poco. Más de medio tomo se centra en la decisión de Reed de emprender este viaje (tiene un motivo personal importante, pero no lo quiero spoilear, porque es la mejor idea que presenta Fraction en este inicio de colección) y en el armado y presentación del grupo suplente. Después, el equipo titular tendrá UNA breve aventura en el espacio y el suplente UNA machaca vibrante, muy divertida, contra Mole Man, en las cercanías del edificio Baxter. Y un episodio en el que se abre un misterio atractivo, con la llegada de un Johnny viejo y hecho mierda, que dice venir de un futuro donde el resto del equipo titular fue boleta. Ahí se lucen los diálogos de Fraction, pero no la trama en sí, que está apenas insinuada.
En cuanto a los dibujos, en Fantastic Four tenemos a Mark Bagley con muchas pilas, tratando de imitar a Alan Davis y, como lo entinta Mark Farmer y lo colorea Paul Mounts (habituales adláteres de Davis), le sale bastante bien. Olvidate de ese Bagley que sacaba con fritas las páginas de Trinity, por ejemplo. A este se le notan las ganas de laburar, de dejar una marca en una serie que –intuyo- lo apasiona. Y en FF (y en el unitario de Ant-Man) tenemos al maestro, al ídolo, al genio Mike Allred, también con muchas ganas, quizás con algún fondo que debería estar y no está, o resuelto medio a los pedos, pero con la onda y el virtuosismo intactos. A Allred también se le nota que se divertía mucho con esta serie, y como siempre, llama la atención lo bien que se complementa con la paleta de su esposa y colorista titular, Laura Allred.
La etapa de Matt Fraction al frente de estas series fue muy breve, apenas 16 episodios de cada colección, lo cual es un incentivo para bancarla hasta el final. Eso y la calidad de los dibujos, obvio: muy competentes en Fantastic Four y de un nivel alucinante, muy infrecuente en los comics mensuales de mainstream, en FF. Habrá más cuartetazo, en los próximos meses.

jueves, 13 de marzo de 2014

13/ 03: FANTASTIC FOUR Vol.6

Mirá qué loco... Con este TPB de Fantastic Four, con el que se termina la etapa de Jonathan Hickman, me pasó algo parecido a lo que me pasó ayer con Shankar. De nuevo me encuentro con un guionista al que la machaca parece no interesarle en absoluto. Este tomo ofrece ocho episodios: seis unitarios y un arquito en dos partes. Y en ninguna de las historias tienen demasiado peso las peleas. Incluso en varias... no hay peleas! Claramente lo de Hickman pasa por otro lado, por el lado de las ideas. Rara vez aspira al lirismo de Mazzitelli y tampoco se vuelve loco con nuevas reformulaciones de los poderes de los héroes como haría Grant Morrison, por ejemplo. Hickman pareciera enrolarse en una línea más cercana a la de Isaac Asimov: lo suyo es una ciencia-ficción muy jugada, con muchos conceptos de avanzada, que más que para justificar los estallidos de machaca le sirven para abrir puertas, para instaurar situaciones, locaciones, ideas, que muy probablemente los guionistas posteriores ni se calienten en explorar. Las siete historias con las que Hickman cierra su etapa se parecen poco entre sí, así que vamos a mirarlas una por una.
En el primer unitario, Reed y Nathaniel Richards viajan 3000 años al futuro para presenciar la muerte de un Ben Grimm destinado a vivir unos cuantos siglos más que sus compañeros. Es una historia hermosa, impredecible y con cero violencia. El segundo unitario resulta ser una especie de “secret origin” del Consejo de los Reeds, pero arranca raro, como una especie de Elseworlds en el que se reversiona el origen de los Fantastic Four que ahora son... villanos nazis! Muy loco y –de nuevo- casi sin peleas. La tercera historia corta es brillante, quizás la mejor del tomo. Digamos –para no spoilear- que es una misión de los FF a todo o nada, en un territorio extraño y hostil, para salvarle la vida a un viejo amigo. Una cátedra de Hickman en apenas 20 páginas.
En otra historia unitaria se resuelve el plot de unos héroes del futuro (o de un futuro alternativo, en realidad) que quedaron varados en el presente. Los FF y Nathaniel los ayudan a volver a su tiempo. Fin. En el siguiente unitario, Reed, Ben, Johnny y Spider-Man van a investigar una isla en la que AIM construyó una base zarpada. Se trata de una nación independiente, a la que AIM compró con guita. Ahí descubren que los malos tienen el asesoramiento del Wizard, que está bastante chapa, y Reed rosquea con los “diplomáticos” de AIM, mientras su viejo adversario se reencuentra con su hijo, hoy miembro de la Future Foundation. En el último unitario, el Dr.Doom consigue el poder supremo que le da el Guantelete del Infinito y lo usa para crear un nuevo universo a su imagen y semejanza. Como en su esencia está el mal, el universo “le sale malo” y se le vuelve en contra. Reed, Nathaniel y la Valeria del futuro lo van a rescatar y le tiran la mejor onda, como si nunca hubiesen sido enemigos.
Y en el arquito de dos partes, que transcurre en Wakanda, Hickman manda un muy sutil anticipo de lo que sucederá en Avengers vs. X-Men, le da mucha chapa y un upgrade muy lindo a Black Panther y deja que las mujeres (Shuri, Sue y Storm) se caguen a palos contra una amenaza que pintaba heavy pero a la que le ganan fácil.
Como ya es costumbre, 160 páginas de historieta de Marvel significan no menos de cuatro dibujantes. Acá tenemos en tres de los unitarios al muy digno Ryan Stegman (hoy titular en Spider-Man) que parece una especie de Humberto Ramos entintado por Bill Sienkiewicz. Me gustó, no me hice hardcore fan, pero lo banco. En la saguita de Wakanda tenemos al maestro Giuseppe Camuncoli, casi irreconocible, muy tapado por las tintas de Karl Kesel. Igual todo se ve muy bien, porque Kesel la rompe siempre. El más flojito me pareció Mike Choi, que por suerte dibuja sólo 20 páginas. Y muy raro lo de Ron Garney, que cambió su estilo más limpio, más suelto, más “cartoony”, más Romita Jr., por uno más cercano al de los infinitos clones de Jim Lee. Por suerte le queda bien, y no impide que se destaquen sus innegables virtudes a la hora de armar las páginas y las secuencias.
Y bueno, se terminó Fantastic Four de Jonathan Hickman. La verdad, una etapa rara, muy jugada, con muchísima innovación, muchísimo riesgo. Debe haber sido insoportable leer esto en revistitas mensuales, pero en TPBs lo disfruté mucho. Ahora vamos por Matt Fraction, a ver qué tiene para proponernos a los fans del mítico cuarteto.

sábado, 8 de febrero de 2014

08/ 02: FANTASTIC FOUR Vol.5

Bueno, al final no era tan grave. Se podía leer este tomo después del Vol.4, sin hacer escala en los Vol.1 y 2 de FF, que van en el medio y recopilan esos 12 episodios en los que Spider-Man toma el lugar de Johnny Storm en el clásico cuarteto. Debe haber... un detallito o dos que Jonathan Hickman no explica y que tenés que deducir por vos mismo. Pero no se siente el vacío, no te encontrás con un status quo totalmente indescifrable. Lo que sí tenés que tener muy frescos son los episodios anteriores de Fantastic Four de Hickman, sobre todo los que vimos en los tres primeros TPBs, esos en los que pasaba poco y el guionista (e hincha de River) sembraba plots grossos a futuro y tiraba pistas sutiles de que se venía una saga de proporciones cósmicas.
Esa saga está acá. Todo lo que Hickman sembró, lo cosecha en los episodios reunidos en este TPB. Acá pasan tantas cosas que el regreso de Human Torch (que obviamente no estaba muerto) es casi un elemento menor. En realidad no, porque Hickman dedica 50 páginas (casi una novela gráfica, dentro del monumental n°600) a contarnos qué le pasó a Johnny en la Zona Negativa y cómo logró volver. Pero antes y después de eso, tenemos a Annihilus, la armada Kree, los Inhumans, Galactus y los Celestials en una machaca cósmica a todo o nada, con todo el universo en juego. La trama es compleja, y por ahí cuando la tiene que resolver, Hickman la simplifica un toque, porque se da cuenta de que si no, necesita 15 episodios para resolverla. Y así desaprovecha un poquito (no mucho) a una de las amenazas (los Kree).
El resto es todo un in crescendo, hasta llegar a momentos de una tensión impresionante, donde el guionista te tiene agarrado de la garganta y a cada nuevo giro o revelación, uno responde “nah, pará un poco, esto ya es demasiado”. El conflicto más grosso que yo recuerde en la larga historia de los Fantastic Four (que, nos cuenta Hickman, es desencadenado por algo que nos narró en su Vol.1 como si fuera una anécdota casi menor) no lo pueden resolver ni Reed y su grupo ni todos los héroes que se acercan a dar una mano. Lo va a resolver un personaje que viene de otra era, al cual Hickman ya nos había mostrado, y al que no quiero nombrar para no spoilear. Alcanza con decir que es un ser tan poderoso, que al final Galactus se convierte en heraldo suyo. Que Galactus sea tu heraldo es algo así como que Maradona sea tu chofer, Natalia Oreiro tu mucama y Quino vaya con vos a todas las convenciones para cargarte la mochila y las bolsas con lo que te comprás.
La verdad es que el final es tan fuerte, tan impactante y cierra tan bien todas las puntas que abrió Hickman en los tomos anteriores, que no tengo la menor idea de qué puede pasar en el Vol.6, el último que escribe el maestro antes de cerrar esta serie para irse a escribir a los Avengers. Necesariamente tiene que ser una aventura más chiquita, menos ambiciosa, pero ni idea de para dónde puede ir. Quizás para el lado del Dr. Doom, que es un personaje al que, en este tomo, Hickman mantiene inteligentemente en las márgenes del mega-conflicto.
En cuanto al dibujo, tenemos muchas páginas de un Steve Epting no a media máquina, pero por debajo de lo que nos mostró en Captain America y The Marvels Project. Hay páginas tan apuradas, sacadas tan “con fritas” que por momentos parece que amaga con volver el Epting de los ´90, el que dibujaba Avengers en la etapa de Bob Harras, ese que parecía un clon oscuro de John Buscema. Pero claro, en esa época no usaba fotos y acá abusa un poquito de ese recurso. Sin mirar siquiera una foto, Barry Kitson reemplaza a Epting en dos episodios muy bien dibujados, en los que el inglés pone mucho huevo y los coloristas dejan la vida. También hay una linda historia corta dibujada por Farel Darlymple y una muy breve (apenas 6 páginas) dibujadas sin demasiada onda por Leinil Francis Yu. Lo mejor del tomo a nivel visual son esas 50 páginas de Johnny en la Zona Negativa, dibujadas como la San Puta por Carmine Di Giandomenico, un talentosísimo artista italiano que, también sin tocar una foto, le pone onda y personalidad a un trabajo consagratorio para él y para el colorista Andy Troy, que también la rompe. Son 50 páginas casi sin fondos, pero con un nivel de dibujo estremecedor.
Ahora sí, ya estoy a un sólo tomo de terminar la etapa de Jonathan Hickman en Fantastic Four. Me quedan pendientes los tomos de FF, que me los voy a comprar sólo si los veo muy baratos. Prometo entrarle pronto al Vol.6, así ya paso a la (breve) etapa de Matt Fraction.

miércoles, 29 de enero de 2014

29/ 01: FANTASTIC FOUR Vol.4

Cuando cerraba la reseña del tercer tomo de esta serie, allá por el 11/09/12, decía “el año que viene, cuando lea el Vol.4...”. Y no, pasó todo el 2013 sin leer Fantastic Four de Jonathan Hickman. Ahora prometo ponerme al día rápido, para empezar en unos meses con lo de Matt Fraction.
Lo primero que hay que destacar es que no me tuve que fumar al nefasto Neil Edwards. Este tomo está casi todo dibujado por Steve Epting, bastante por debajo de lo que demostró en Captain America o The Marvels Project, pero aún así muy por encima de lo que habíamos visto en todos esos episodios estropeados por el muerto de Edwards. Hay páginas muy desparejas, donde se lo ve a Epting apurado, o sin ganas, o asistido por simios a medio amaestrar. Y páginas realmente impactantes, donde se lo ve transpirar la camiseta como si le fuera la vida en cada imagen. El epílogo lo dibuja Nick Dragotta (co-equiper de Hickman en uno de sus proyectos para Image), en un estilo raro, mitad Epting y mitad Jack Kirby. No es un laburo descollante, pero sí interesante, porque está todo narrado sin textos, en secuencias mudas muy bien planificadas, en las que guión y dibujo están sumamente compenetrados. Y hay un epílogo del epílogo, una historia cortita, de apenas ocho páginas, a cargo de un correcto Mark Brooks, mucho más emparentado con la estética noventosa de WildStorm y Top Cow.
Y lo segundo para destacar es que, por fin, en estos seis episodios pasan muchas cosas. Se acabó el chamuyo, se acabó el franeleo previo y acá Hickman le cambia el ritmo a la serie. De hecho, nos narra tres aventuras grossas en paralelo. Por un lado, Reed, el Silver Surfer y Galactus tienen un tema jodido para resolver en un planeta llamado Nu-World. Como siempre que un buen guionista involucra a Galactus en una saga, se pone en juego un dilema moral complejo, un desafío que va más allá de los rayitos y la machaca cósmica. Sue, mientras tanto, se implica demasiado en su misión subacuática, en la que debe mediar entre los atlanteanos que responden a Namor y una tribu ancestral, que habitara las profundidades oceánicas mucho antes que el príncipe anfibio eternamente enamorado de la Mujer Invisible. Tanto se implica Sue que ahora es la única garantía, la única capaz de evitar una guerra o un genocidio. Y en el edificio Baxter tenemos a Ben convertido nuevamente en humano sin poderes, a Johnny y a los chicos de la FF, que tendrán que hacerle el aguante nada menos que a una invasión de la Zona Negativa, impulsada desde las sombras por Annihilus. Esto va a terminar muy mal, con la aparente muerte de Human Torch, que por supuesto regresará luego de un año, en el Vol.5 (en el medio entre el Vol.4 y el Vol.5 van un par de tomos de FF que no tengo; mala leche).
Lo más raro de todo el tomo es el primer episodio, que casi no conecta con el resto de la saga. Acá vemos al Surfer descubrir algo que sucedió con Galactus en la etapa anterior (la de Mark Millar) y a Valeria Richards hacer gala de su super-inteligencia en secuencias gloriosas en las que interactúa con el Dr. Doom, seguramente para activar un sub-plot que crecerá en los tomos posteriores y que tiene que ver con Kristoff. Me encanta ver a Valeria pelar poderes y lo mismo va para Franklin, que acá se luce en la resistencia contra los invasores de la Zona Negativa.
Los diálogos son magníficos en todo el tomo (salvo en el epílogo mudo, obvio), pero claro, al haber taaantas secuencias con Galactus y el Surfer, y taaantas secuencias con los dignatarios de las distintas civilizaciones subacuáticas, se impone una onda ceremoniosa, solemne, un poco fría para mi gusto. Por suerte están Ben, Johnny y los chicos en las secuencias en el edificio Baxter, para ponerle onda y humanidad a la muy lograda caracterización que propone Hickman para todos los integrantes de este vasto elenco. De todos modos, la frialdad se convierte en emoción a flor de piel en el epílogo mudo, en el que Ben, Sue, Reed, Franklin y un montón de superhéroes más despiden al compañero caído en combate. Y la historia final, la más cortita, con Spider-Man y Franklin, es tan emotiva y pega tan fuerte que es casi un golpe bajo.
Un año, nomás, se bancó Hickman un cuarteto en el que... otro héroe (no lo nombro, por las dudas) ocupó el lugar de Johnny. No es mucho, pero bueno, se venía el n°600 de Fantastic Four y había que festejarlo con el equipo titular. Cuando lea el Vol.5 me voy a enterar qué tan fundamental era leer los TPBs de FF que no tengo y que me compraré el día que los vea muy baratos. Aguante Hickman, que no deja de sembrar a futuro semillas de historias MUY atractivas.

domingo, 7 de octubre de 2012

07/ 10: FANTASTIC FOUR: UNSTABLE MOLECULES

Hoy no pensaba postear, pero bueno, este clima del orrrto nos obligó a cancelar las actividades en Tecnópolis y acá estoy. Mucho de lo que no se pudo hacer hoy se hará mañana, así que lo más probable es que mañana no haya post.
Me falta bastante para ponerme al día con los Fantastic Four de Jonathan Hickman, pero mientras tanto me concentro en una de las versiones alternativas, una nueva incursión de Marvel por el subgénero de “superhéroes en el mundo real” y por otra vertiente que ya casi es un subgénero, la de “le damos los personajes clásicos a algún autor del palo alternativo, a ver qué hace”.
En ambos casos, hay sorpresas. Por un lado, el autor elegido no es otro que James Sturm, un creador muy raro, muy personal, “famoso” por algunas historietas muy cercanas al género documental, siempre situadas en pequeñas ciudades de EEUU a fines del Siglo XIX o principios del XX. Sturm se hace cargo de los guiones, pero no de los dibujos, en una movida muy piola, porque el estilo gráfico de Sturm difícilmente sea digerible para los lectores habituales de Marvel. Para dibujar Unstable Molecules llega un ídolo de larga trayectoria en editoriales chicas, Dark Horse y Vertigo: el maestro Guy Davis, en el que creo que es su único trabajo para Marvel.
Y por el otro lado, esto es tan del “mundo real”, que Reed, Sue, Ben y Johnny no tienen poderes. De hecho, NADIE tiene poderes. Es una historia 100% realista, ambientada en 1958, antes del fatídico viaje al espacio del famoso cuarteto. En ese sentido, el del realismo, Sturm sube la apuesta aún más: Unstable Molecules no es una historia de los Fantastic Four, sino una biografía de las personas de carne y hueso en cuyas vidas se inspiraron Stan Lee y Jack Kirby para crear a los Fantastic Four. De hecho, Sturm nos cuenta que los Johnny y Sue Storm a los que leímos durante 51 años están basados en Johnny y Sue Sturm, parientes del guionista.
Toda la historia, e incluso el prólogo, las notas y los artículos que complementan la edición en TPB, se presentan como el resultado de una rigurosa investigación por parte de Sturm. El autor conoce el paño de la historieta documental y acá juega abiertamente con eso, y obviamente con el contraste entre las vidas “reales” de estos cuatro personajes y las vidas superheroicas que les imaginaron Lee y Kirby en los ´60 y que los lectores nos sabemos de memoria. Cada giro, cada volantazo, cada cosa que les pasa a estos personajes y que los alejan cada vez más de los FF que uno conoce, provocan un impacto maravilloso, además de ser funcionales a una historia que avanza con un rumbo sumamente coherente.
Además de jugar con los mitos de los FF y demostrar que los conoce a la perfección, Sturm le suma mucho a su historia cuando explota a full el contexto socio-político de fines de los ´50: el miedo a los soviéticos, el creciente control de los milicos sobre el desarrollo científico e industrial, el repudio de buena parte de la sociedad contra los comics, los primeros replanteos del rol de la mujer, el auge de la ciencia-ficción, la irrupción de los beatniks, el impacto de novelas como On the Road o Payton Place... todo eso está en Unstable Molecules perfectamente hilvanado a la trama principal.
Podría hablar mucho más de los hallazgos del guión de Sturm, pero quiero redondear con algunas frases acerca del dibujo de Guy Davis. Este es un trabajo raro en la trayectoria de este prócer: no hay monstruos ni criaturas infernales, casi no hay secuencias que transcurren de noche, no hay elementos fantásticos y, si bien es muy importante la reconstrucción de época, se trata de un período “luminoso”, o habitualmente graficado como luminoso. Los ´50 no tienen ni la oscuridad del medioevo, ni la sordidez de los años ´30, ni los claroscuros brutales de los ´40. O sea que Davis, sin subirse al tren del realismo fotográfico, se ve limitado a contar historias 100% verosímiles de gente 100% común, en un ámbito urbano básicamente limpito y lindo. Por supuesto, lo hace muy bien.
Y aplauso también para Robert Sikoryak, otro autor que viene del indie, que aporta esas extrañas viñetas de Vapor Girl, la historieta que obsesiona a Johnny y que Sturm conecta con la trama de Unstable Molecules al mejor estilo Watchmen.
En el prólogo, Sturm afirma que este es sólo el principio de una trilogía. Esto salió en 2003 y los volúmenes siguientes no salieron jamás, con lo cual supongo que esa afirmación es parte de la gran farsa que hay detrás de este comic supuestamente biográfico y definitivamente grosso. Te lo recomiendo incluso si no sos fan de los FF, ni de Marvel, ni de los superhéroes.