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sábado, 27 de septiembre de 2014

27/09: WIMBLEDON GREEN

Otro historietista importantísimo hasta ahora ausente de este blog es el canadiense Gregory Gallant, mucho más conocido como Seth. Claro, se trata de un autor con muy poca producción en historieta, de esos que sacan una novela gráfica cada 8000 años.
Wimbledon Green no es exactamente una novela gráfica, sino un complejo tapiz de anécdotas, testimonios y datos que conforman (o intentan conformar) una especie de documental acerca de la vida, los hábitos y la leyenda de Wimbledon Green, apodado “el coleccionista de comics más grande del mundo”. Aclaro de antemano que se trata de un personaje ficticio, algo que Seth también blanquea de forma temprana, en lugar de conservar esa cautivante ambigüedad que teñía a su célebre opus noventoso It´s A Good Life If You Don´t Weaken. Eliminado el misterio de si Green existió o no, Seth sube la apuesta por el lado del humor. Rápidamente todo se transforma en una gigantesca caricatura, cariñosa y afilada a la vez, de los coleccionistas de comics clásicos, cuyos tics, manías y obsesiones Seth parece conocer a la perfección. Esto lo ayuda a construir una complicidad muy piola con el lector, que se siente incluído, y que acompaña al autor en este paseo por las excentricidades de estos señores de inquebrantable pasión comiquera, gigantescas colecciones y dudosos códigos éticos.
Dentro de este contexto sumamente ganchero, lo que menos me cerró es el tramo “aventurero”, ese segmento en el que Seth parece recrear una de esas historias de Carl Barks en las que Uncle Scrooge y alguno de sus rivales salen a la caza de algún tesoro exótico y viven peripecias al límite del disparate. Casualmente es el segmento en el que más se luce la narrativa gráfica de Seth, donde más se despega de la hegemonía de las “talking heads” que está muy presente en los tramos más “documentales”. Y lo que más me gustó fue el segmento final, esas 10 páginas narradas en primera persona por Wimbledon Green, en las que rememora su infancia y repasa los años de sus primeras grandes adquisiciones. De todos modos, todo el libro está plagado de hallazgos, de grandes momentos en los que Seth decora esta sátira con datos desopilantes acerca de historietas y autores que nunca existieron, en los que da cátedra de erudición comiquera y de genuino cariño por ese material oscuro, anclado en el pasado, que sólo unos pocos saben valorar en la actualidad.
El dibujo es mucho más sintético, más básico que en otras obras de Seth. Se nota el trazo grueso, la pincelada rápida, que te hace sospechar si abajo de eso hubo o no un boceto a lápiz. Incluso el rotulado parece hecho en tiempo record. Pero no parecen ser 125 páginas sacadas con fritas por el autor. El libro arranca con unas ilustraciones fastuosas, ninguna página baja de las 12 viñetas (y hay muchísimas páginas de 16), cuando se decide a dibujar los fondos Seth deja la vida, y además cada una de estas viñetas minúsculas está realzada con la aplicación (sospecho que digital) de uno o dos colores muy bien elegidos. Esta paleta intencionalmente acotada que usa Seth le permite resaltar este clima cercano a la nostalgia, a algo que sucede mayormente en el presente pero que está inevitablemente anclado al pasado. ¿Juegan muy en contra toooodas esas páginas de cabecitas diminutas casi iguales entre sí? La verdad que no, porque el grafismo que pela Seth en esta obra está pensado para eso, para ponerle expresión a estos rostros en espacios muy chiquitos.
Obviamente no puedo poner a Wimbledon Green al nivel de la gloriosa It´s A Good Life If You Don´t Weaken, pero como ese libro me hizo fan a muerte de Seth y hacía muchísimo que no leía otro trabajo suyo, este me hizo muy feliz durante un buen rato.