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martes, 11 de septiembre de 2012

11/ 09: FANTASTIC FOUR Vol.3

Uh, cómo me cagaron... No sólo acá no pasa absolutamente nada de lo que parecía que iba a pasar cuando uno leía el tomo anterior. Eso no sería grave, a lo sumo sería una señal de que es tanto y tan grosso lo que tiene para contar Jonathan Hickman, que necesita más de cuatro episodios para armar el set-up. Ponele. Lo que ya se pasa de castaño oscuro es que TODO el tomo, los cuatro numeritos que se recopilan, están dibujados por Neil Edwards, el verdulero irredento que reemplazó a Dale Eaglesham en algunos episodios del Vol.1. A ver... Edwards no es 100% excecrable, pero lo que dibuja mal (las caras de los seres humanos) lo dibuja muy, muy mal. Asquerosamente mal. Si todo el tomo fueran The Thing, el Impossible Man, Artie, Leech y los Moloids, por ahí no me quejaría. Ahora, cuando tienen muchísimo protagonismo Reed, Johnny, Nathaniel Richards, Valeria y Franklin, y tienen tanto peso las emociones y –por ende- las expresiones faciales, no se explica cómo ponen al frente de la faz gráfica a un tipo que no tiene la menor idea de cómo se dibuja una cara. Posta, me cuesta creer que no hubiera un dibujante más... digno en el banco de suplentes, listo para reemplazar a Eaglesham cuando este se atrasara o se bajara de la revista.
De todo lo que vimos en el tomo anterior, apenas una escenita del primer episodio parece intentar retomar alguna punta. Todo lo demás, va para otro lado. Así como en el Vol.2 Hickman amagaba con la guerra entre las cuatro ciudades, ahora amaga con el colapso de las realidades alternativas. Nathaniel Richards (el padre de Reed y protagonista de la magnífica SHIELD) es el primer personaje en experimentar el fin de las múltiples realidades y eso desemboca en un arquito de dos episodios con un muy joven Reed y sus amigos de la escuela, Ben Grimm y Victor Von Doom. No sé si eso tendrá mucha relevancia a futuro, o si fue un mero engaña-pichanga de Hickman para que no parezca que está escribiendo un comic de superhéroes sin peleas. O para que se luciera Alan Davis con esa portada majestuosa (reutilizada para el TPB) que es definitivamente un engaña-pichanga, porque nada sucede como nos lo muestra el imbatible co-creador de Miracleman.
Los otros episodios transcurren prácticamente sin que vuele una trompada. En el primero lo importante son los diálogos de Reed, en el segundo hay una aventurita muy menor protagonizada por Johnny y el último es todo un ominoso anticipo de lo que puede llegar a pasar, protagonizado por las versiones adultas de Franklin y Val (y con Sue en el medio, poniendo cara de “no cazo un fulbo”). Queda clarísimo que a Hickman le sobran las ideas para detonar sagas de enorme alcance, movidas ambiciosas de verdad. Esta etapa de Fantastic Four tiene un elenco vasto y complejo, es riquísima en conceptos muy jugados y en pistas de que van a pasar cosas muy impactantes. El tema es cómo y cuándo van a pasar, porque hasta ahora van como ocho episodios de prólogos, precuelas y prolegómenos. El año que viene, cuando me siente a leer el Vol. 4, si me encuentro con más amagues, premoniciones y teasers, mando la serie a la mierda, de una.
Por ahora, y a pesar de la paupérrima labor de Neil Edwards, banco a Hickman y a los FF. “Algo está por pasar, algo está por venir”, cantaba Beto Quantró. Que venga rápido, antes de que a Hickman lo haga mierda un tren o un bondi.