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viernes, 24 de marzo de 2023
SHOWCASE PRESENTS: CHALLENGERS OF THE UNKNOWN Vol.2
Ma-mita, qué valiente hay que ser para bancarse estas 528 páginas. Este masacote ofrece los nºs 18 al 37 de la revista de los Challengers of the Unknown, publicados con periodicidad bimestral entre 1961 y 1964. Cada número trae dos historias completas, una de 13 páginas y una de 12, todas dibujadas por Bob Brown, a quien ya vimos llegar a la serie como reemplazo de Jack Kirby en el tomo anterior (ver reseña del 06/02/23). En cuanto a los guiones, se supone que todos son obra de Ed Herron o de Arnold Drake, pero por lo menos cuando se editó el libro (2008) esto todavía no estaba muy claro, por aquel viejo y espantoso hábito de no incluir en las historietas los créditos a los autores.
Este libro continúa exactamente la fórmula del anterior. Las historias son perfectamente autoconclusivas, casi todas se pueden leer en cualquier orden porque ninguna "constituye pasado" para los personajes, y casi siempre los conflictos se resuelven con un truco ingenioso con el que los héroes derrotan a villanos, mafiosos, robots, criaturas monstruosas, gente que sufrió mutaciones bizarras, invasores de otros planetas, hechiceros, científicos locos y cosas por el estilo. Los argumentos se parecen mucho entre sí, los personajes son perfectamente intercambiables, rara vez sentimos que los peligros son realmente mortales, hay cero contacto con el mundo real, cero pistas de que estas aventuras transcurren en el mismo universo que las de Superman, Batman, etc. (y acá clavo paréntesis para pensar en voz alta que con la cantidad de razas alienígenas que meten Herron y Drake en esta serie, te armás cinco Legions of Super-Heroes y dos Green Lantern Corps) y esta vez tenemos como gran novedad el regreso de un villano que se volverá recurrente: Multi-Man volverá más de una vez a buscar revancha y será el único que (al rememorar sus derrotas a manos de los Challengers) haga referencia a las historias anteriores.
Entre tantas aventuras tan reiterativas, se destaca una en la que aparece un playboy llamado Clayburn, un tipo fachero, forrado en guita, que para matar un poco el aburrimiento y la rutina, decide convertirse él también en un Challenger of the Unknown y meterse en estos casos extremos en los que suelen intervenir Prof, Ace, Rocky y Red. Por supuesto, nada de lo que hace o deja de hacer Clayburn tendrá consecuencias más allá de esas 13 páginas, pero es una historia distinta, coherente, con un buen giro sobre el final.
En la primera aventura del tomo, los Challengers adoptan a un bichito extraterrestre como mascota, pero resulta tan poderoso que en un momento los guionistas lo dejan de usar, porque las habilidades de la criaturita eclipsan por completo a las de los héroes. Esta vez, además de June Robbins (que tiene roles dignos en una buena cantidad de aventuras) hablan tres mujeres. Sí, en 528 páginas, solo cuatro mujeres abren la boca para soltar globitos: June, una villana que aparece una sola vez, una actriz de Hollywood a la que los héroes deben proteger en un episodio, y una enfermera que aparece en una sola viñeta. Y lo más loco: ¡habla un negro!. En todo el tomo hay solo dos viñetas en las que aparecen personas de raza negra: en una son los típicos pobladores cuasi-salvajes de la selva africana, y en la otra vemos hablar a un líder de un país africano en una secuencia que transcurre en una asamblea de las Naciones Unidas. De todos los militares, policías, científicos y criminales con los que interactúan los Challengers en todas estas aventuras, ninguno es negro.
Como ya vimos, al dibujo de Bob Brown le falta onda. No es malo, pero no tiene magia, no tiene personalidad. Cuando trata de entintar a lo Joe Kubert, o cuando copia sin piedad alguna composición de Milton Caniff (claramente su principal influencia), Brown nos ofrece sus mejores viñetas. Este estilo tan sobrio, tan clásico, contrasta con esos torpes intentos de los guionistas por hacer un poquito más cool a los personajes y hacerles decir cosas como "Wowee", "Zowie", o "Daddy-O".
En general, toda esta etapa de los Challengers of the Unknown envejeció muy mal. Si además comparás estas historietas con las que publicaba Marvel en esos mismos años, te querés pegar un corchazo. Solo le puedo recomendar este material a los MUY fanáticos de este grupo, o a quienes desarrollaron una tolerancia extrema hacia la aventura clásica, sin matices, apoyada en una fórmula que se repite hasta el infinito y más allá. Si suponés que no te va a dar el aguante para leer casi 40 historietas muy parecidas entre sí, donde apenas se modifica el peligro al que los héroes van a vencer casi sin despeinarse, yo que vos sigo de largo. Incluso para los apasionados de la Silver Age de DC, acostumbrados a consumir esas historias de manera totalmente acrítica, incluso teniendo en cuenta que fueron pensadas para los chicos que tenían 10-11 años hace 60 años, hay mejores opciones que esta.
Grazie per tutti y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
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viernes, 5 de noviembre de 2010
05/ 11: SHOWCASE PRESENTS DOOM PATROL Vol.2

Ah, la Silver Age! Cuánta gente limada junta, en apenas dos editoriales… Acá tenemos el mítico final de la Doom Patrol clásica, que en ningún momento se ve venir. Arnold Drake y Bruno Premiani (creadores y autores de TODOS los números de la serie) venían rumbeando para un cierto punto, y de la nada, un volantazo (relativamente justificado) los lleva a esa secuencia final, en la que Larry, Cliff, Rita y el Jefe se sacrifican por un pueblo y mueren. Unos años, nomás, porque esto es DC. Pero mueren posta y me imagino el impacto que habrá producido leer eso en los chicos que para 1968 seguían con fervor a estos héroes. Inverosímil y todo, aún con sus ribetes trágicos no del todo subrayados, ese final es el que le da visos míticos a esta serie. Si al final los héroes no morían, no hay mucha explicación para la pasión con la que años más tarde otros tipos como Paul Kuppeberg o Marv Wolfman se esforzarían para volver a insertar en el Universo DC a esta bandita de freaks.
El resto de las aventuras son demasiado predecibles: monstruos gigantes (porque le tenían que hacer el aguante a Elasti-Girl, que se hacía gigante), conquistadores alienígenas por docenas (sacaban número, los chabones, a ver a quién le tocaba invadir la Tierra ese mes) y cada tanto alguna saguita contra el clásico rival, la Brotherhood of Evil (sin Mutants). Ahí están generalmente las mejores aventuras, y se pone lindo también el sub-plot en el que Drake desarrolla el romance entre el Jefe y Madame Rouge, con la posibilidad de redención para la villana. Y el otro muy buen sub-plot es el de la disputa legal por la tenencia de Gar Logan (Beast Boy, o Changeling) y los intentos de Rita y su marido (Steve Dayton) por exponer los chanchullos de Nicholas Galtry, el inescrupuloso tutor del joven (y verde) millonario.
Todo esto complementado con buenos diálogos (cada vez que hablan Beast Boy o Robotman se te dibuja una sonrisa) y plots en los que pasaban miles de cosas por episodio. Lo que Drake ponía en cualquier aventura de 24 páginas de la Doom Patrol, hoy es –por lo menos- una saga de seis episodios. Pero claro, los villanos tenían poquísima onda, las luchas se hacían largas y reiterativas y la serie tenía poca dirección, más allá de cómo carajo se las ingeniarían los buenos para ganarle a los malos de turno. En esas luchas anodinas, en esos villanos con escasa onda, Drake también mandaba conceptos bizarros y estrambóticos, de modo que –si tratás de analizar la dinámica de la serie con alguna lógica- terminás como Grant Morrison, encontrándole el lado totalmente surreal, aunque sin peleas con entidades conceptuales choreadas de cuentos de Borges.
Por el lado del dibujo tenemos a Bruno Premiani, italiano radicado en Argentina, un tipo demasiado correcto para un comic que pretendía impactar por lo bizarro y lo grandilocuente de sus historias. Premiani era un clon correcto de Alex Raymond, fino, elegante, especialmente dotado para las adaptaciones de clásicos de la literatura (eso hizo muchos años para editoriales argentas antes de pasarse a DC) y para la historieta romántica. Pero se nota que le costaba la machaca, que no se sentía cómodo dibujando batallas entre freaks con poderes y robots o aliens gigantes. En esas secuencias, la sobriedad y la falta de estridencia se vuelven un handicap, un impedimento a la hora de emocionar al lector. Recién en los últimos episodios, empieza a dibujar más suelto, con un trazo menos académico y más dinámico, y con menos cuadros por página. Pero durante casi todo el tomo, lo vemos brillar en las escenas intimistas y más “reales” y remar muy de atrás cuando los guiones le pedían grandilocuencia y explosión. O sea, Premiani era el Jack Kirby de la Tierra Bizarro.
Este Showcase, entonces, se suma a los que se puede tener como pieza arqueológica, para estudiarlo más que para disfrutarlo. No es una bosta ni mucho menos, pero no se parece casi nada a ningún buen comic de superhéroes contemporáneo, ni de los ´80, ni de los ´70. Esto era “uncanny” de verdad.
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