Finalmente, varios meses después de haber visto la película (de la que, para mi sorpresa, me acordaba un montón) me tocó leer esta historieta de Mark Millar y Dave Gibbons, que contó con la colaboración en el argumento de Matthew Vaughn, el encargado de dirigir la versión fílmica (ver reseña del 25/02/15).
La verdad es que las diferencias entre el comic y la película son tantas que me aburriría enumerarlas a todas. Desde personajes que acá tienen chapa y en la peli no, hasta personajes que en la peli tienen un montón de desarrollo y acá no aparecen, hasta cambios radicales en los villanos, sus aspectos y su plan. El orden en que transcurren algunos hechos también está alterado, el énfasis está puesto en otras cosas… No se entiende mucho por qué Vaughn quiere aparecer como co-argumentista de una historia a la que le metió tantos cambios cuando tuvo que filmarla…
Lo bueno es que –más allá de esa otra versión a la que seguramente accedió mucha más gente- The Secret Service: Kingsman es una muy buena historieta. Millar se centra en el rito iniciático, en el camino que transita Eggsy desde ser un tarado, un perdedor que rifa su tiempo paveando con los lúmpenes, borrachines y pendencieros de su barrio, hasta convertirse en un temible agente del recontra-espionaje. Con acertado criterio, Millar se toma el tiempo para indagar en esta subcultura marginal y en asociarla a la pobreza, a la postergación, a las posibilidades que estos pibes y minas nunca tuvieron. Ese choque cultural (la gran My Fair Lady) entre la sofisticación de los agentes y la grasada, la precariedad cultural de Eggsy y su entorno, está muy bien subrayado por Millar, no sólo como disparador de situaciones cómicas, sino también como un elemento para invitarnos a pensar.
Me da la sensación de que el comic ofrece más pausas, más escenas tranqui que el blockbuster cinematográfico. Aún cuando incluye pequeñas secuencias aventureras que en la peli no están (mortal la de Colombia), creo que la balanza se inclina un poquito menos hacia la machaca y la acción que en la peli de Vaughan. Lo que está intacto es el filo, la mala leche, la falta de reparos a la hora de mostrar muertes violentas, a la hora de deshacerse de personajes de modos sumamente crueles, e incluso en los diálogos, con un importante nivel de grosería, bien complementado con citas a la cultura popular, de esas que emocionan al nerdaje.
El resultado es un comic muy dinámico, muy potente, por momentos profundo, donde pesa más lo humano que la epopeya y donde Millar se la banca con notable jerarquía en un género (el espionaje internacional a escala jamesbondesca) que creo que nunca había visitado. Entrarle al mundo de señorial elegancia de la pilcha impecable, los autos tuneados, los satélites y las misiones secretas desde la óptica de un pibe de barrio pobre es sin dudas el gran hallazgo de The Secret Service: Kingsman.
La labor de Dave Gibbons al frente de la faz gráfica es excelente. Como en Watchmen, Gibbons logra desaparecer, logra que te olvides de que hay un dibujante que traduce a imágenes un guión, para convencerte de que lo que ves es el mundo real, o por lo menos la realidad en la que transcurre la historia. El único punto flojo de Gibbons se ve cuando el guión le pide que aparezcan actores famosos… y los dibujos del maestro no se parecen mucho a las caras de los actores. Tendrían que haber llamado a Ernesto García Seijas, campeón absoluto en esto de crear personajes de historieta con indudable resemblanza con gente del mundo real. Gibbons se entinta a sí mismo sólo en el primer episodio y después se suma Andy Lanning, que hace un muy buen trabajo. Otro grosso del comic británico, el legendario Angus McKie comparte el rotulado con Gibbons y tiene a su cargo el coloreado de toda la obra, tarea lograda con mucha sobriedad, sin estridencias ni excesos.
Hayas visto o no la película, recomiendo enfáticamente la lectura de esta historieta. No es una obra maestra fundamental, pero sí te garantiza un rato de diversión en un género distinto y en una aventura a la que Millar y Gibbons supieron poblar de ideas y personajes muy bien desarrollados.
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sábado, 25 de julio de 2015
miércoles, 25 de febrero de 2015
25/ 02: KINGSMAN: THE SECRET SERVICE
Ayer fui al cine después de muchos meses, a ver una peli que me llamaba la atención por ser una adaptación de un comic de Mark Millar y Dave Gibbons. Tengo el libro, pero todavía no lo leí, así que no sé si me va a gustar más o menos que la película. Por ahora, lo que tengo para opinar sobre Secret Service son estos 129 minutos dirigidos por Matthew Vaughn. Un dato curioso es que este muchacho ya gritó “¡acción!” en otras tres películas basadas en comics (Stardust, Kick-Ass y X-Men: First Class), de las cuales yo no vi ninguna.
Así, en bolas, sin haber leído nada, sin tener la menor idea del argumento que ideó Millar para el comic (seguramente especulando con que se podría convertir también en largometraje), Kingsman: TSS me gustó mucho. Me pareció un entretenimiento muy logrado, con mucho ritmo, mucha intensidad, con una mirada irónica muy bien puesta sobre las convenciones de las típicas películas de espías, y sobre todo con un excelente desarrollo del personaje principal, Eggsy, muy bien encarnado por Taron Egerton.
Por supuesto hay momentos en los que el guión (obra de Vaughn y Jane Goldman) se va un poquito al carajo y abandona toda pretensión de verosimilitud. Los excesos pochoclísticos tan propios de los blockbusters se imponen en algunos pasajes por sobre una atmósfera bastante realista, construída sobre todo a través de los diálogos. Ojo, no es que pasen cosas más fumadas que en una peli típica de James Bond o del Capitán América. Pero, en un contexto más “verídico” como el que plantea Kingsman:TSS, hace un poco más de ruido ver –por ejemplo- a 50 tipos cagando a tiros a uno sólo sin acertarle un mísero disparo. O a un pibe sin ningún tipo de entrenamiento aguantando casi un minuto abajo del agua. En fin, deslices habituales en este tipo de relatos basados en la acción incesante y espectacular.
Acá, además de tiroteos, peleas alucinantes y explosiones, hay una trama muy atractiva, con un villano muy carismático cuyo plan no tiene nada que envidiarle a los de los mejores films de James Bond. La conspiración que urde este excéntrico personaje va más allá de lo que uno sospecha al principio y mucho antes del final de la peli ya genera consecuencias muy grossas, de las que alteran radicalmente el desarrollo de la historia. Esto habla de lo impredecible del argumento, que es algo que hay que valorar. Y también está muy presente la mala leche típica de Mark Millar. No sólo las puteadas (que abundan como pocas veces), sino esa crueldad, ese humor negro, ese tinte maligno para mostrar desde un simple choque de autos a un intento de genocidio a nivel global.
Los diálogos, además de la superpoblación de puteadas, ofrecen pinceladas que sirven para delinear al menos dos conflictos de menor escala: el de los aristócratas acomodados vs. la gente humilde que subsiste con lo justo, y el de los ingleses protocolares y atildados vs. los yankis relajados y barderos. Esas son cositas que enriquecen mucho al guión, y andá a saber si están tan logradas en el comic.
Y, sin spoilear (porque capaz que alguno se decide a ir a ver Kingsman: TSS después de leer esto), hay una secuencia que no creo que esté en el comic (la de Eggsy al volante del auto robado a los muchachones del pub), y una que, si está, debe haber sido graficada y orquestada por Gibbons de un modo muy distinto a lo que nos muestra Vaughn: la de la detonación de los implantes que tienen en el cogote todos los que rosquearon con el villano. Ya me voy a enterar cómo se resuelve eso sin movimiento y sin música. En la pantalla grande, la resolución que ofrece Vaughn me pareció brillante, un contraste exquisito con lo tremendo de la escena.
En cuanto a las actuaciones, además de la de Taron Egerton destaco la de Colin Firth, a quien había oído nombrar pero no recordaba de otras películas (obviamente debido a mi escasa cultura cinematográfica). Y generalmente me encanta verlo actuar al maestro Samuel Jackson, pero acá me irritó con la manía de hablar zezeando, algo que no creo que Millar haya imaginado cuando creó al personaje de Richmond Valentine. Otro punto muy a favor de la película es que no tiene una historia de amor, si bien hay una chica de la misma edad de Eggsy que gana bastante protagonismo, interpretada por una hermosa Sophie Cookson, a quien tampoco conocía.
Kingsman: TSS ofrece rito iniciático, acción y espionaje en una muy buena historia que funciona como una especie de lado B de Wanted (el comic, la peli jamás la vi), esta vez centrada en el bando de los buenos. No la puedo comparar con otras adaptaciones al cine de las obras de Mark Millar, porque no vi ninguna. Pero para pasar un lindo rato, la recomiendo a full. Y prometo entrarle pronto a la historieta.
Así, en bolas, sin haber leído nada, sin tener la menor idea del argumento que ideó Millar para el comic (seguramente especulando con que se podría convertir también en largometraje), Kingsman: TSS me gustó mucho. Me pareció un entretenimiento muy logrado, con mucho ritmo, mucha intensidad, con una mirada irónica muy bien puesta sobre las convenciones de las típicas películas de espías, y sobre todo con un excelente desarrollo del personaje principal, Eggsy, muy bien encarnado por Taron Egerton.
Por supuesto hay momentos en los que el guión (obra de Vaughn y Jane Goldman) se va un poquito al carajo y abandona toda pretensión de verosimilitud. Los excesos pochoclísticos tan propios de los blockbusters se imponen en algunos pasajes por sobre una atmósfera bastante realista, construída sobre todo a través de los diálogos. Ojo, no es que pasen cosas más fumadas que en una peli típica de James Bond o del Capitán América. Pero, en un contexto más “verídico” como el que plantea Kingsman:TSS, hace un poco más de ruido ver –por ejemplo- a 50 tipos cagando a tiros a uno sólo sin acertarle un mísero disparo. O a un pibe sin ningún tipo de entrenamiento aguantando casi un minuto abajo del agua. En fin, deslices habituales en este tipo de relatos basados en la acción incesante y espectacular.
Acá, además de tiroteos, peleas alucinantes y explosiones, hay una trama muy atractiva, con un villano muy carismático cuyo plan no tiene nada que envidiarle a los de los mejores films de James Bond. La conspiración que urde este excéntrico personaje va más allá de lo que uno sospecha al principio y mucho antes del final de la peli ya genera consecuencias muy grossas, de las que alteran radicalmente el desarrollo de la historia. Esto habla de lo impredecible del argumento, que es algo que hay que valorar. Y también está muy presente la mala leche típica de Mark Millar. No sólo las puteadas (que abundan como pocas veces), sino esa crueldad, ese humor negro, ese tinte maligno para mostrar desde un simple choque de autos a un intento de genocidio a nivel global.
Los diálogos, además de la superpoblación de puteadas, ofrecen pinceladas que sirven para delinear al menos dos conflictos de menor escala: el de los aristócratas acomodados vs. la gente humilde que subsiste con lo justo, y el de los ingleses protocolares y atildados vs. los yankis relajados y barderos. Esas son cositas que enriquecen mucho al guión, y andá a saber si están tan logradas en el comic.
Y, sin spoilear (porque capaz que alguno se decide a ir a ver Kingsman: TSS después de leer esto), hay una secuencia que no creo que esté en el comic (la de Eggsy al volante del auto robado a los muchachones del pub), y una que, si está, debe haber sido graficada y orquestada por Gibbons de un modo muy distinto a lo que nos muestra Vaughn: la de la detonación de los implantes que tienen en el cogote todos los que rosquearon con el villano. Ya me voy a enterar cómo se resuelve eso sin movimiento y sin música. En la pantalla grande, la resolución que ofrece Vaughn me pareció brillante, un contraste exquisito con lo tremendo de la escena.
En cuanto a las actuaciones, además de la de Taron Egerton destaco la de Colin Firth, a quien había oído nombrar pero no recordaba de otras películas (obviamente debido a mi escasa cultura cinematográfica). Y generalmente me encanta verlo actuar al maestro Samuel Jackson, pero acá me irritó con la manía de hablar zezeando, algo que no creo que Millar haya imaginado cuando creó al personaje de Richmond Valentine. Otro punto muy a favor de la película es que no tiene una historia de amor, si bien hay una chica de la misma edad de Eggsy que gana bastante protagonismo, interpretada por una hermosa Sophie Cookson, a quien tampoco conocía.
Kingsman: TSS ofrece rito iniciático, acción y espionaje en una muy buena historia que funciona como una especie de lado B de Wanted (el comic, la peli jamás la vi), esta vez centrada en el bando de los buenos. No la puedo comparar con otras adaptaciones al cine de las obras de Mark Millar, porque no vi ninguna. Pero para pasar un lindo rato, la recomiendo a full. Y prometo entrarle pronto a la historieta.
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