Ah, bueno! ¿Lo tenías a Chelo Candia guionista? La otra vez que comenté un libro suyo, allá por 2010, me encontré con un talentoso dibujante, volcado a un humor gráfico muy interesante, con buenas ideas y mucha mala leche. Ahora me subo a El Bondi y me encuentro con un guionista de la San Puta, que se florea como los que saben en una historia fuerte, estremecedora, con más giros sorpresivos en 54 páginas que las que algunas series ofrecen en 54 episodios.
Y en contrapunto con lo que más me había gustado de Rigor Mortis, acá Candia renuncia al virtuosismo gráfico. Se propone ponerle todas las pilas al guión y a la narrativa, y opta por un dibujo más crudo, menos ganchero, no pensado para lucirse sino para acompañar al guión. Y se pasa un poquito de rosca. El dibujo, sin ser precario, no tiene vuelo, es más bien del montón. Incluso puede generarle rechazo a los más apegados al virtuosismo que generalmente relacionamos con los maestros del estilo realista. Chelo Candia se olvida en esta obra de su trazo más suelto, más lírico: sabe que se va a ensuciar hasta los codos, entonces se pone la remera más crota que tiene y arriba el overol. Y el resultado es... bastante ordinario, y además bastante injusto, porque no se nota casi nunca que detrás de esa superficie (a veces desprolija y a veces sobrecargada de detalles innecesarios) hay un tipo que la tiene clarísima. Por suerte sí se nota en la narrativa, que funciona como un relojito y resulta una gratísima sorpresa después de verlo a Candia desenvolverse o bien en breves secuencias humorísticas, o bien en historietas más fumadas, donde todo el énfasis estaba puesto en las sensaciones que transmitía el dibujo.
Y lo realmente loco, lo más, más notable de El Bondi, es la altísima calidad del guión. Posta: varios de los más encumbrados guionistas (del palo y del país que quieras) le picanearían los genitales a sus hijos con tal de poder escribir un guión con tanta jerarquía como la que exhibe Candia en esta obra. Todo gira en torno a violentos sucesos que tienen lugar arriba de un colectivo, que –nos enteramos en la quinta viñeta- va a terminar hecho mierda. La gracia es que Candia no nos revela los hechos en forma lineal, sino que los reconstruye de forma fragmentaria, primero a través de la declaración de una nena en la comisaría del pueblo y después con testimonios de otros personajes que presenciaron distintos momentos de la alocada carrera del bondi hacia el desastre. De a poco y a los tumbos, nos termina de caer la ficha de qué pasó, por qué y de qué jugaba cada uno de los personajes que viajaban en el bondi.
Cuando ya tenemos el cuadro más o menos armado, Candia pega un volantazo y le dedica las últimas 19 páginas a las consecuencias de lo que le pasó al bondi, ahora con el protagonismo más centrado en dos o tres personajes perfectamente desarrolados y con una dirección más tradicional, más para el lado del thriller urbano, con cuasi-héroes a los que los villanos tratarán de hacer desaparecer. Es un tramo final repleto de mala leche, en el que tampoco faltan la violencia al palo y las revelaciones shockeantes. Ni los buenos diálogos, que son una constante en toda la obra. Realmente son muchos los hallazgos del guión y están muy bien repartidos a lo largo de las 54 páginas e incluso de los epílogos, realizados por Candia cuando terminó de serializar la saga en un sitio web.
Hacete un favor: bancate el dibujo, esforzate por no ver el apuro con el que se lo sacó de encima el autor. Imaginate que no lo dibujó Chelo Candia con lo justo, sino... el Horacio Altuna de los ´80 dejando la vida en cada viñeta, y te vas a volver loco, vas a treparte a las paredes como un poseído, blandiendo el libro como si fuera un estandarte y al grito de “Aprendan, giles! ESTO es historieta, la puta que los parióooo!”. Posta, qué lindo sería una remake de El Bondi con un dibujo más cuidado, más prolijo, menos under... Lo que dibujó Chelo para esta historieta no es impresentable, pero al lado de la infinita chapa del guión, queda muy, muy opacado. Espero a su próxima obra con tanta impaciencia como cuando espero al 67 para ir a bolichear los viernes a la noche.
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miércoles, 6 de marzo de 2013
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