el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta David Rubín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Rubín. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de septiembre de 2025

NOCHE DE INVESTIGACIONES

Hoy tengo para reseñar dos comics en los que pasa lo mismo: una chica investiga, averigua y busca data para entender hechos del pasado. No son muchos más los puntos en común entre ambas obras, pero para empezar, no está mal. Vuelvo al universo de Black Hammer, que lo tenía abandonado desde el 12/01/23, para leer Sherlock Frankenstein and the Legion of Evil, un arco que originalmente se publicó a modo de spin-off, pero que después nos explicaron que es el Vol.3 de la saga y que debe leerse justo después del Vol.2, que es el último que vimos en este espacio. El TPB arranca con el nº12 de Black Hammer que (al igual que el nº 9) parece medio descolgado en el contexto de la serie, y está dibujado por David Rubín. Sin embargo, ese unitario funciona perfectamente como prólogo de la miniserie de Sherlock Frankenstein, con lo cual tiene infinitamente más sentido leído como parte de este TPB que como "unitario" dentro de la serie regular que escribía Jeff Lemire. En la reseña del Vol.2 mencioné que había un plot "bastante secundario", que involucraba a la hija de Black Hammer, decidida a "llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo". Bueno, de eso se trata este tramo de la saga de Black Hammer. Todo pasa por Lucy Weber y su pesquisa, que la lleva a entrevistar a los principales villanos que componían la galería de adversarios de su padre. Lemire utiliza este argumento para -de manera magistral- tirarnos alta data acerca del pasado de este universo, pasar en limpio mucho de lo que sucedió antes de aquel fatídico combate entre los principales superhéroes y el Anti-God, y además para darle personalidad y profundidad a villanos que hasta ahora apenas se habían mencionado, e incluso a otros creados para este arco. Lucy y Sherlock Frankenstein son los personajes que Lemire más y mejor desarrolla, pero la verdad es que los hallazgos no se circunscriben ni ahí a la hija y el némesis de Black Hammer. Como todo relato que indaga en la memoria y en los sucesos del pasado, predomina un cierto clima nostálgico que le arrebata el protagonismo a la machaca que uno supone que se va a encontrar en un comic repleto de superhéroes y supervillanos. Pero ya lo dijimos en las reseñas anteriores: Black Hammer es otra cosa, va para otro lado. Es una mirada distinta a los universos "piyameros", enriquecida por el amor y la erudición que despliega Lemire en este género, pero con otra ambición. Y uno diría "qué desperdicio tener a un dibujante salvaje como David Rubín y ponerlo a dibujar una historieta en la que no abunda la machaca"... pero no. Acá se luce un Rubín más tranqui, que no necesita meter acción y violencia para generar páginas y secuencias de enorme intensidad. Con los diálogos y los silencios también se puede construir algo monumental, y Rubín lo logra ampliamente. Por supuesto que cuando aparecen personajes monstruosos, peleas estridentes o transformaciones escabrosas el trazo del gallego (y su paleta de colores, y su rotulado) pega a mucho más fuerte, pero también la rompe en las escenas más tranqui. La verdad que este es un tomo brillante, que abre muchísimas puntas, que cohesiona muchísimo a este universo cautivante y que te deja con ganas de zambullirte en el siguiente tomo, que no es el Vol.3 de Black Hammer sino uno que no tengo, protagonizado por el Doctor Andromeda. Ojalá lo consiga pronto.
Y me vengo a Argentina, año 2025, para disfrutar de una gratísima sorpresa. En general, cuando uno lee mucho Kundo Krunch, Jok, Tátum, Pablo Burman, Ángel Mosquito... siente que ya está preparado para todo, que ya tiene incorporado el hecho de que hay dibujantes muy capos y muy locos, que no se calientan por reproducir la realidad que los rodea, sino que se juegan a reimaginar, reinterpretar y rediseñar todo: el fuego, el agua, los objetos, los paisajes, la gente... Todo pasa por un prisma muy personal, que requiere un grado más de decodificación por parte del lector pero que suele gratificarlo muchísimo. Y ahora a esa línea hay que sumarle un nombre más, un dibujante originalísimo, tremendo, con un trazo hiper personal, una imaginación impresionante y un pulso narrativo totalmente hipnótico: Federico Schujman, joven autor oriundo de Mar del Plata, que parece una especie de Chantal de Spiegeleer ida al carajo, mezclada con algún autor medio salvaje del under español. Marea Roja es la primera novela gráfica de Federico Schujman y sorprende por todos lados. No solo por lo original del dibujo, el color y las texuras, no solo por lo efectivo de la puesta en página y el manejo impecable de las escenas mudas. También el guion exhibe una solidez increíble, si pensamos que es un autor novel que no tiene ni 30 años. Obviamente que no es perfecto (hay un par de personajes que amagan con tener mucho peso en la trama pero se desdibujan un poco y aún así Schujman fuerza un toque su presencia en las escenas importantes) pero es mucho mejor que guiones firmados por tipos y minas con muchísima más trayectoria. Esta vez, la chica que indaga en el pasado es Natalia, quien despierta amnésica en un puerto y necesita saber quién es, qué le pasó y por qué le falta uno de sus aros de perlas. Con esa premisa, Schujman nos va a guiar por un laberinto de corrupción que involucra trata de personas, tongo en las peleas de boxeo y una familia mafiosa que goza de total impunidad. El autor no solo nos hace empatizar con Natalia, sino que hasta los villanos tienen momentos en los que los vemos como seres de carne y hueso, sensibles y humanos. El trabajo con los personajes secundarios también es muy notable, el juego de ir para adelante y para atrás en el tiempo está muy bien logrado, y no hay un solo momento en las más de 180 páginas que dura Marea Roja en el que te aburras o te preguntes si falta mucho para el final. Mientras tanto hay superchería, vómitos, sexo, pesca, alucinaciones, piñas, asesinatos, incendios y demás condimentos para una trama de verdad, memoria y justicia que -no tengo dudas- te va a enganchar... a menos que te expulse el dibujo que -como sucede a veces cuando los autores desarrollan una estética tan extrema- no está pensado para gustarle a todo el mundo. Yo compré hook line and sinker, y ya estoy a la espera de una nueva novela gráfica de Federico Schujman. Ah, muy grosso que una editorial como Loco Rabia apueste por una propuesta así, una obra ambiciosa y zarpada de un autor al que no lo junan ni en su casa. Y nada más, por hoy. Capaz sale una entrada más antes de fin de mes, capaz no... veremos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto.

miércoles, 18 de octubre de 2023

GRAN HOTEL ABISMO

Tengo un sólo libro leído, pero no quiero dejar la reseña para cuando vuelva de mi viaje, porque falta mucho y no me voy a acordar un carajo. Prefiero dejar hoy un texto más breve que los habituales y chau, me voy estando al día entre lo que tengo leído y lo que tengo reseñado en este espacio. Gran Hotel Abismo es un libro de 2016, al que le tenía ganas hace mucho, pero recién ahora pude leer. El guion le pertenece a Marcos Prior, un autor que antiguamente firmaba como "Kosinski" y trabajaba en dupla con Artur Laperla. Y el dibujo y el color son obra del siempre impactante David Rubín, gallego de Galicia consagrado a nivel global. No tenía mucha idea de con qué me iba a encontrar, porque durante años esquivé a propósito las críticas y reseñas, precisamente para que el comic me sorprendiera cuando finalmente lo tuviera en mis manos. Lo primero que me sorprendió es lo bien que funciona esta historia en el formato apaisado. Yo no soy fan de ese formato, prefiero mil veces el vertical, entre otras cosas porque las bibliotecas no están pensadas para guardar libros apaisados. Pero me cuesta imaginarme Gran Hotel Abismo en formato vertical. Así como está planeado, tenemos un relato que fluye de modo muy natural, y que deja mucho espacio para el lucimiento de la pirotecnia gráfica de Rubín que es -por sí sola- motivo más que suficiente para gastarse los mangos que te pidan por el libro. En seguida volveremos sobre la faz visual de la obra, pero me parece que lo más importante es establecer de qué se trata. Gran Hotel Abismo es un comic que nos invita a pensar en lo que pasa cuando la gente se harta de un sistema que la exprime y la excluye. ¿Te acordás de lo que pasó en Chile hace cuatro años? Bueno, en la obra de Prior y Rubín pasa algo parecido, pero tres años antes. El famoso "se viene el estallido", contado en forma de ficción apenitas futurística. Por momentos te puede parecer que los niveles de violencia son excesivos, pero después estudiás un poco lo que fue la represión policial frente al levantamiento popular que se vivió en Santiago de Chile en 2019, y te queda claro que los autores de este comic se quedaron cortos. Es que cuando el experimento se pasa de rosca, cuando se aprieta demasiado (o durante demasiado tiempo) el cogote de la gente de a pie, la violencia resulta inevitable. Esa es la línea que baja Prior a lo largo de estas páginas: déjense de joder, porque esto termina mal. Y en el caso de Gran Hotel Abismo el final es -de alguna manera- esperanzador, pero para llegar hasta ahí, Marcos y David nos llevan a través de una hecatombe en la que la vida, la libertad, la democracia y varios de los derechos humanos más básicos son pulverizados. Prior arriesga fuerte al desarrollar poco y nada a lo que vendría a ser el protagonista de la obra. En realidad, más que un protagonista es un catalizador. No sé si para despegarlo un poco del protagonista de V for Vendetta (otro comic que explora una temática similar) o simplemente para que esto se lea menos como una aventura épica y más como lo que es: la crónica anunciada de una revolución. Y en un comic con claro mensaje revolucionario, el dibujo no se puede quedar atrás. Rubín sala al vacío mil veces con la puesta en página, con las paletas que elige para colorear sus dibujos, con la iluminación, con las angulaciones. Esto es una locura, hipnótica e incandescente, y a la vez es una narración clara, no clásica, pero fácil de comprender. Así como en El Héroe abundaban las referencias y los homenajes a la obra de Jack Kirby, esta vez Rubín recupera el juego de las pantallitas de TV del Dark Knight de Frank Miller, mientras cita a Lynn Varley como su principal influencia a la hora de plantear la impronta cromática de Gran Hotel Abismo. La era de la posverdad, de la abundancia mal repartida, del estado de bienestar que se retiró en silencio, del imperio de un capitalismo salvaje y un mercado inhumano que se imponen frente a la sociedad solo de la mano de la represión, acá se hace añicos ante nuestros ojos en un despliegue de creatividad y talento por parte de dos grandes autores españoles. A pocos días de un nuevo proceso electoral en Argentina, es imposible no conectar los puntitos y pensar cuánto más nos pueden sacar sin que explotemos. Pasó en 2001 y fue heavy. Hoy está todo dado para que sea mucho peor. Por eso es importante que no lleguen al poder los que prometen el exterminio de los pocos vestigios que quedan de esa sociedad solidaria, de esos vínculos comunitarios, fraternos, igualitarios. La ley de la selva beneficia a muy pocos. Y cuando los que se quedan sin nada son muchos, sutilezas como "el equilibrio de poder" o "el respeto por las instituciones" dejan de importar y se va todo a la mierda. Gran Hotel Abismo nos invita a reflexionar sobre estos temas desde un país donde se da por sobreentendido que lo que imaginan Prior y Rubín no va a pasar nunca. Leído en Latinoamérica, el comic cobra otra dimensión, otro espesor dramático. Porque acá esto ya lo vivimos, y nadie nos garantiza que no lo vamos a volver a vivir. Recomiendo mucho esta obra, por su belleza estética, por su intensidad narrativa, por los riesgos que asume, pero sobre todo por los debates que abre. Ahora sí, vamos a la pausa y nos reencontramos a fines de Noviembre, acá en el blog.

domingo, 10 de octubre de 2021

4 al 10 de OCTUBRE

Bastante escasa la lectura de esta semana, porque me enganché con un libro muy power SOBRE comics, que me absorbió muchas de mis pocas horas libres. Nunca había intentado la locura de empezar a leer una serie en el cuarto TPB, pero con Rumble hice la excepción. Esta creación de John Arcudi para Image tiene tres tomos dibujados por James Harren que nunca leí (ni siquiera vi) y que probablemente no lea nunca. Pero en el Vol.4 (de 2017) llega como dibujante David Rubín y ahí sobran los motivos para sumarse a la lectura de esta serie. Me da la sensación que Arcudi sabía muy bien que Rubín le iba a traer un nuevo flujo de público a Rumble, porque a lo largo de los episodios que recopila este TPB se esfuerza por brindarnos a los recién llegados la información indispensable para entender lo que había pasado en los primeros tomos. Y lo hace de manera muy piola, con la data bien dosificada como para no aburrir ni entorpecer el ritmo de la aventura. La faceta más épica de Rumble realmente me interesó poco. Las luchas ancestrales entre guerreros infinitamente poderosos, la intriga palaciega en esa especie de infierno… no me encontré con nada que me llamara demasiado la atención. Pero me enganchó mucho la faceta más mundana, la forma en que Rathraq (el protagonista) se vincula con sus aliados humanos y cómo estos se vinculan entre sí y con la comunidad en donde viven. Y si bien el dibujo de Rubín explota mucho más cuando dibuja batallas a todo o nada entre dioses y guerreros antiquísimos, también brilla y deslumbra cuando la acción se sitúa en un contexto actual y urbano. Ahí las batallas que se libran son otras, más chiquitas, más íntimas, y ahí emergen los momentos que más me gustaron del guion de Arcudi. Por supuesto, esto hay que tenerlo porque lo dibuja Rubín, un tipo cuyo talento para la narración gráfica pulveriza todos los límites, obra tras obra, sin importar para qué mercado trabaja. Apuntalado por la magia cromática de Dave Stewart, el gallego de Galicia arma un kilombo visual fascinante cuando el guion va para el lado del impacto, y la rompe en las expresiones faciales y corporales del vasto elenco de personajes cuando la historia avanza a través de las conversaciones, negociaciones y enrosques por vía oral. Si sos fan de David Rubín, no lo dejes pasar. El ídolo se queda hasta el final de la serie (el Vol.6), así que hay muchas páginas maravillosas por descubrir. Lo único choto es que, una vez terminada la historieta, el TPB se extiende más de 30 páginas, rellenadas con bocetos, portadas alternativas, pin-ups y demás boludeces que visualmente son muy lindas pero no aportan nada a nivel de la narración.
Y me queda por mencionar brevemente a Carolo, un librito con chistes escritos por Alejandro Farías y dibujados por Leo Sandler (ya vimos varios trabajos anteriores de esta dupa), publicados en blanco y negro y de a uno por página. Todos los chistes giran en torno al mundo de los insectos y sus particularidades, y algunos encuentran la vueltita graciosa en el juego de palabras. No recuerdo haberme reido mucho de ninguno, y el dibujo tampoco me generó lo mismo que otros trabajos previos de Sandler. A lo largo de los 64 chistes que ofrece el librito, Farías amplía todo el tiempo el elenco de la tira, sin la intención de desarrollar a los personajes ni indagar en las relaciones entre ellos. Simplemente están ahí porque las arañas, hormigas,moscas o lombrices habilitan chistes que no se podían hacer con los caracoles, que son los únicos protagonistas de las primeras tiras. Al tener un único dibujo por entrega, las tiras de Carolo no ofrecen ningún tipo de juego narrativo y tampoco está la intención de compensar este déficit con un laburo a destajo en fondos, o en texturas o juegos de iluminación que adornen un poquito a los dibujos. Estamos ante una tira cómica casi minimalista, en la que Farías y Sandler tratan de reducir todo a su mínima expresión. No digo que no esté bien hecha, pero a mí no me cautivó. Nada más, por ahora. Si quieren leer más, ya saben. Entran al sitio web de Comiqueando o se bajan la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com . Gracias y hasta pronto.

martes, 3 de marzo de 2020

MARTES CALUROSO

Por fin tengo un rato para sentarme a escribir las reseñas de los últimos libritos que leí.
Empezamos en 1993, cuando yo era joven y leía más comics de superhéroes de los humanamente digeribles. Así fue como le di escasa bola a algunas historietas argentinas muy buenas que se publicaban en ese entonces (yo leía la Skorpio, Puertitas, de vez en cuando Cazador y gracias). Una de las obras más que dignas que en su momento pasaron bajo mi radar fue Max Calzone, de dos uruguayos radicados en argentina: los maestros Julio Parissi (guión) y Tabaré (dibujos). El álbum (editado en formato grandote, 24 x 32) trae 13 historias cortas de 5 páginas cada una, que supongo fueron hechas para las antologías italianas o para El Jueves (de España) y –en una de esas- publicadas también en Hum® o SexHum®.
Lo mejor que tiene Max Calzone es el dibujo de Tabaré, que en tamaño grande se aprecia muchísimo. Este es el momento de mayor perfección del dibujante de Diógenes y el Linyera, cuando combina la fuerza icónica y la gracia de un Angeli con la elegancia y la plasticidad de un Sergio Izquierdo Brown. Además los gloriosos primeros planos a los que nos acostumbró a lo largo de décadas, acá Tabaré se mata en los fondos, repletos de detalles maravillosos, con ratas, gatos, perritos, pajaritos… Esos excesos alucinantes que tanto se disfrutan en las viñetas de Francisco Ibáñez, por ejemplo, acá están y suman un montón. Y por supuesto hay todas esas cosas que Tabaré dibuja mejor que nadie: tugurios de mala muerte, gente siniestra e inescrupulosa, escupitajos, vómitos, eructos…
Max Calzone es un comic que aborda en son de joda el mundo de la mafia, y la misión de Parissi es crear en cada entrega una pequeña comedia de enredos donde vemos ganar, perder y empatar a una excecrable organización de extorsionadores, secuestradores, chorros, narcotraficantes, proxenetas y capos de la timba clandestina. Los tanos son venales y violentos, los negros son traicioneros y violentos, los mexicanos son machistas y violentos, los sudamericanos son coimeros y violentos, son las mujeres son lascivas y violentas… En este submundo de la abyección moral que nos muestra Parissi no se salva nadie.
Obviamente no se ve el mismo nivel en las 13 historias, y hay un par bastante flojas. Pero también hay un par muy buenas, con giros impredecibles y que cumplen ampliamente la consigna de arrancarnos una sonrisa. Y como el dibujo y la narrativa son  excelentes, me animo a recomendarlo sin sumar un delito más a mi prontuario.
Salto a España, año 2008, cuando se publica (la primera edición de) Cuaderno de Tormentas, una obra semi-oculta del inmenso David Rubín, que se ubica entre sus trabajos cuasi-underground (La Tetería del Oso Malayo y El Circo del Desaliento) y el trabajo con el que explotó a nivel repercusión (El Héroe). Acá vemos al gallego de Galicia incursionar en el color (sus obras anteriores eran en blanco y negro) y en el formato de un único relato extenso (sus libros anteriores jugaban a hilvanar varias historias cortas).
Y no, Cuaderno de Tormentas no se acerca al nivel de El Héroe ni en el color ni en el guión. Sí en el dibujo, que no está tan lejos. Pero en los otros rubros, se nota que el Rubín de 2008 todavía no manejaba el volumen de magia, de riesgo, de genialidad que va a desplegar en su magnum opus de 2011 (ver reseñas del 24/11/13 y 27/04/14). Acá hay una gran dosis de sutileza, una impronta casi gaimanesca aplicada a un relato de fantasía oscura, donde la prosa tiene mucho más peso que en las otras obras de David, con bastante margen para la introspección y muy poco para la machaca. Cuaderno de Tormentas es una versión adulta de The Wizard of Oz o Alice in Wonderland, con algunos puntos en común también con Las Calles de Arena, de Paco Roca.
En vez de jugar al world-building, Rubín juega al city-building y le da todo el protagonismo a una ciudad crepuscular en la que lo imposible es lo cotidiano. Por eso por momentos el tono de la obra es más descriptivo que narrativo, y por eso se da este contraste entre un dibujo vibrante, impactante, que no para de sorprenderte un segundo, y una trama más pachorra, más reflexiva, más de viaje al interior de uno mismo. ¿La recomiendo? Sí, obvio. A esta altura, cualquier cosa dibujada por David Rubín tiene ganado un lugar en las bibliotecas de cualquier comiquer@ al que le guste la narración secuencial. Y en ese sentido, acá lo vamos a ver al ídolo imaginar unas puestas en página absolutamente novedosas, rupturistas y alejadas del “más de lo mismo”. Motivo más que suficiente para jugarse el alma en las ominosas calles de Ciudad Espanto.

Y esto es todo, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos se vienen nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 15 de diciembre de 2016

TRES Y A SALTA

Tres reseñitas más y paramos hasta el martes.
Debía un comentario acerca del segundo libro de Aurora West, el spin-off de Battling Boy co-escrito por Paul Pope y JT Petty y dibujado por David Rubín. Bueno, me gustó más que el Vol.1. Tiene un poco menos de introspección y un poco más de machaca, pero las escenas tranqui son realmente brillantes. Y las de la machaca son impresionantes, no tienen el más mínimo desperdicio. Esta segunda parte está tan buena que hace que el Vol.1 parezca prescindible… o por lo menos resumible en –como mucho- 30 páginas. El dibujo es espectacular, con Rubín prendido fuego, siempre dispuesto a probar cosas nuevas en la puesta en página y la narrativa y con un gran manejo del blanco, el negro y la escala de grises. Por ahí si en vez de dos libros de casi 160 páginas esta precuela de Battling Boy fuera un sólo tomo de 200 páginas, estaríamos hablando de una obra maestra, de un hito en dos carreras tan gloriosas como son las de Pope y Rubín. Pero bueno, en el momento de leer cada uno de los tomitos, se disfrutan muchísimo. No da para quejarse, ni ahí. Sólo para mirar el calendario de 2017 y subrayar con resaltador luminoso el día en que sale el segundo libro de Battling Boy.
Sigo avanzando con la lectura en TPBs de la etapa de Wonder Woman capitaneada por el maestro George Pérez. Este tercer TPB trae sólo cinco episodios de la serie regular, porque incluye aquella historieta del nº600 de Action Comics, la del team-up entre Superman y Wonder Woman, con John Byrne como guionista y dibujante y Pérez como entintador. Suena a gloria, es cierto, pero no es gran cosa. Páginas y páginas de piñas y destrucción (dibujadas como los mega-dioses), un final muy prolijo, a contramano del fan service y no mucho más para rescatar.
En los números de Wonder Woman, tenemos primero una lucha contra la nueva versión de Silver Swan (que no está nada mal) y después un arco de tres episodios que arranca MUY tranqui (en las primeras 38 páginas no vuela ni un sopapo) y que desemboca en el enfrentamiento con Circe, quizás la villana más interesante en los 75 años de esta serie. Pérez acierta en esto de postergar lo más posible la machaca para darle más bola a los climas (y a su fuerte, que es el desarrollo de personajes), pero en un momento se le acaba el espacio y tiene que resolver la pelea más grossa de un modo abrupto, apretado, sin margen ni siquiera para una explicación coherente de lo que pasó. El dibujo de este tomo no se ve tan bien como en los anteriores, no porque Pérez se tire a chanta, sino porque le cambian los entintadores: en lugar del muy respetuoso Bruce Patterson, acá tenemos a Dick Giordano y su vil esbirro Frank McLaughlin, que se llevan puesto a Pérez con esas tintas pesadas, en las que se ve más el estilo de los entintadores que el del dibujante. Es una lucha…
¿Alguna vez te preguntaste cómo se hace el humor gráfico? ¿Cómo aparecen las ideas, cómo se decide si el chiste es mudo o con diálogos, si tiene remate o no, cómo se da cuenta el autor si lo que quiere mostrar/contar se va a entender o no? Bueno, el que se hizo todas esas preguntas fue uno de los capos del humor gráfico actual: Gustavo Sala. Y las respuestas están todas en Tumor Gráfico. El “problema” es que… son en joda. Tumor Gráfico es como el Understanding Comics del humor gráfico: un libro que pretende plantear temas teóricos, pero que en realidad usa a la teoría como marco para detonarnos la cabeza con una cantidad infernal de chistes y textos graciosísimos. Si lo querés tomar como un libro para aprender a crear humor gráfico, seguro que algún concepto copado te va a tirar. Pero si lo tomás como un libro 100% de humor, donde Sala se disfraza de docente para hacernos hiper-cagar de risa, Tumor Gráfico te va a sorprender por su estructura atípica, y sobre todo por la calidad de los chistes, tanto los dibujados como los que Sala mete en los textos supuestamente explicativos.
El formato grande y el blanco y negro son un combo ideal para que el dibujo de Sala se luzca en todo su esplendor. O sea que si no sintonizás mucho con la onda humorística del ídolo marplatense pero apreciás su talento para dibujar, acá también vas a encontrar un despliegue gráfico monumental, muy lejos de esas tiras abigarradas, en las que el dibujo de Sala se ve chiquito, apretadito, como si fueran estampillitas microscópicas.
Y bueno, mañana temprano nos vamos a Salta con Gustavo Sala y un montón de autores más de todo el país para participar de Dimensión Comics, en la hermosa ciudad de Salta. Si andás por ahí, buscá mi stand (como siempre, con gemas del infinito a precios cuidados) y acercate a saludar. Volvemos la semana que viene con más reseñas.

lunes, 5 de diciembre de 2016

SIGO AVANZANDO

Sigo avanzando con las lecturas, a ver hasta dónde llego.
The Rise of Aurora West es un spin-off de Battling Boy, la gran novela gráfica de Paul Pope reseñada el 15/09/14. Esta vez, Pope participa sólo en el guión, co-escrito con JT Petty, mientras que el dibujante es el ídolo gallego David Rubín. Se trata de la clásica historia de rito iniciático, en la que vamos a ver cómo Aurora West saca chapa de heroína grossa, en una situación límite que tiene que ver por un lado con lo que pasa en Battling Boy (la ciudad infestada de monstruos) y por el otro lado con la muerte de la mamá de Aurora, sucedida 10 u 11 años antes de la historia que está narrada en tiempo presente.
La aventura es entretenida, el misterio avanza a buen ritmo, pero lo que más me atrapó fue la construcción de los personajes, lograda a través de diálogos extraordinarios y de escenas tranqui, más viradas hacia el costumbrismo que hacia la machaca, que son las que más disfruté. Aurora y Haggard West son arquetipos clásicos, personajes “de molde”, pero están tan bien trabajados, hay tanto esfuerzo por darles carnadura y onda, que terminan por volverse tridimensionales. Uno los siente ahí, humanos, cercanos, reales, queribles con sus defectos y virtudes. Si no hubiera peleas ni persecuciones, creo que también me habría divertido muchísimo con este libro, sólo por la magnífica interacción entre los personajes que nos brindan Pope y Petty.
El dibujo de Rubín es excelente (como siempre), con un manejo notable de los efectos gráficos a los que se puede apelar cuando sólo tenés blanco, negro y escala de grises. El autor de El Héroe se las ingenia para conservar intacta su identidad gráfica y aún así, lograr que su estética nos remita todo el tiempo a la que propuso Pope en Battling Boy. Gran trabajo de Rubín, que obviamente se luciría más si se editara en un formato más grande. Hay un segundo librito de Aurora West, a cargo de los mismos autores, al que prometo entrarle muy pronto.
Me voy a Chile, donde me encuentro con una historieta muy rara, editada a todo culo en un hermoso libro con tapa dura. Líneas de Fuga es una novela gráfica en la que la ciudad de Concepción tiene casi tanto protagonismo como Carlos, el personaje central. Los autores, Oscar Gutiérrez y Cristian Toro, narran una historia totalmente descomprimida, inscripta en el género “jóvenes a la deriva”. Noches de escabio, excesos y garche se mezclan con frustraciones y angustias típicas de los jóvenes a los que el capitalismo salvaje les reserva el lugar de “último orejón del tarro”, todo en el marco de esta ciudad que –por lo que transmite el libro- es más chata y opresiva que la ciudad chilena promedio. La trama es básicamente eso: transitar una vida chota, buscarse a uno mismo en un laberinto de amor, dolor y arruine, y tratar de llegar lo más entero posible hasta el otro lado de la ciudad-túnel. Nada demasiado original, o que no hayamos escuchado en las letras de cualquier tema de la Beriso o Callejeros.
Lo original es la forma en que está contada la historia, mezclada con poesía, con fotografías, con un nivel de experimentación gráfica muy osado, con un Cristian Toro que despliega una diversidad de recursos visuales muy, muy notable… pero que no juega necesariamente a favor del relato. Se da un contraste también muy raro entre los diálogos, bien prosaicos, bien “de la yeca”, y ese clima más onírico, más lírico, más sugestivo que tienen la narrativa, el dibujo y algunos textos adicionales. El resultado es una historieta difícil, no sólo por el mensaje bajonero, sino porque desde lo formal resulta confusa (te marea sólo con la cantidad de técnicas gráficas), no se aprecia esa simbiosis entre guión y dibujo, esa coordinación entre texto e imagen en la que suele residir la magia del Noveno Arte. Como experimento, me parece que es atractivo, y me imagino que si vivís en Concepción te debe tocar una fibra que a mí (lógicamente) no me tocó. Ahora como historieta en sí, Líneas de Fuga tiene cosas rescatables, pero se queda en la buena intención de impactar al lector desde lo formal. Ojalá en su próximos trabajos Gutiérrez y Toro demuestren que tienen ideas como para ir más allá.
Y cierro con una breve mención a otro libro de Chanti, esta vez apuntado más claramente a los chicos, pero que tranquilamente puede resultarle entretenido a los grandes: Historias Delirantes es un recopilatorio de dos series breves, ambas muy cómicas. Reality Comic juega con el backstage de la historieta y ofrece un muestreo de personajes muy graciosos, en un salpicado de chistes que nunca llega a aburrir. Es un trabajo bastante antiguo (2009) o sea que el nivel del dibujo de Chanti no es el actual. Y el libro se completa con
Clases de Lirantes, una serie demoledora, con Chanti dibujando a un nivel altísimo, con personajes entrañables y con un verdadero desborde de humor. Acá la historia no avanza hacia un remate, Chanti no trata de cerrar cada plancha con un chiste final, sino que a lo largo de cada viñeta tenemos un montón de chistes y juegos de palabras, a un ritmo incesante. De hecho, en algún momento tuve que cerrar el librito, parar y retomar más tarde, porque ya era demasiado. Pero me reí mucho y maravillé con la inteligencia y la fineza con la que Chanti le baja línea a sus lectores más jóvenes. Recomiendo mucho este libro como regalo de Navidad, o fin de año, para cualquier pibe o piba al que estés tratando de inocularle el vicio de leer historietas.
Grazie per tutti y la seguimos pronto.

lunes, 27 de julio de 2015

27/ 07: BEOWULF

No, no tuve suficiente con una adaptación al comic de Beowulf. Ya vimos la de Jerry Bingham allá por el 14/06/13 y ahora me cruzo el Atlántico para descubrir una nueva versión, a cargo de Santiago García y David Rubín, dos destacadísimos autores españoles. Como ya comentamos alguna vez, el proyecto original tenía como dibujante a Javier Olivares, quien un día se bajó. Cuando parecía que todo se prendía fuego, apareció Rubín con la manguera, se cargó a Beowulf al hombro y rescató del freezer al guión de García. Pero claro, semejante nivel de bombero no sale gratis. Rubín convirtió a esta versión del legendario poema sajón en un comic 100% suyo. No importa el origen ancestral del relato, no tiene mayor peso la pluma de García… este es el Beowulf de Rubín, una obra mucho más emparentada con cualquiera de los dos tomos de El Héroe que con cualquier otra referencia que podamos tomar.
Y claro, sin desmerecer al anónimo autor de Beowulf ni a Santiago García, lo mejor que nos podía suceder a los lectores de historietas era eso: que Rubín, el rápido y furioso, el prolífico y virtuoso, le pasara por encima a todos y a todos con sus potentes rasgos de identidad gráfica y narrativa. El gran atractivo de este tremendo álbum (en extensión y en tamaño) es -para qué disimularlo- el dibujo de Rubín, la forma en que el gallego de Galicia hizo suya la historia y la incorporó sin ninguna dificultad aparente a su propio universo estético y temático.
Una sola cosa para criticar: el exceso de escenas mudas. Entiendo que hoy en día ya no resultan normales ni verosímiles esas escenas de pelea de los comics de los ´80, en las que los personajes se despachaban extensos soliloquios mientras luchaban. Pero en un comic tan centrado en la machaca como este, hacer que los personajes peleen en absoluto silencio significa lograr que estas 196 páginas se lean demasiado rápido. Falta texto y no es algo terriblemente grave: obviamente sería peor si faltara sustancia, o si faltara calidad gráfica o literaria. Pero la carencia está, se siente.
El resto es todo ganancia. La epopeya tiene un ritmo increíble, una dimensión humana lograda desde lo gestual a la que el nivel de los conflictos no logra eclipsar. Las escenas de acción son alucinantes, las planificaciones de página (y doble página) que nos obsequia Rubín son joyas de la arquitectura viñetil, los recursos a los que echa mano el dibujante para omitir toneladas de fondos son más que válidos, el tratamiento del color es vibrante y original… La verdad que es increíble cómo un relato tan antiguo puede verse tan moderno, tan actual, imbuído de un espíritu tan pujante, tan fresco, por momentos tan experimental.
No tengo mucho más para decir, porque el argumento es el mismo de siempre…. Los monstruos, el héroe, los combates… Si te interesa la fantasía épica, o el género de espada y brujería, o si alguna vez indagaste en los orígenes de la literatura sajona, seguro sabés de memoria la historia de Beowulf. Esto es simplemente una nueva versión de eso mismo, una forma nueva de contarte (y mostrarte) lo que ya conocés. Obviamente, si te gustan esas cosas y nunca leíste Beowulf, este comic es una puerta de entrada devastadora, que te va a fulminar el bocho y calcinar las retinas. Y si ya conocés la historia de Beowulf, te recomiendo entrarle a esta versión por el lado de “una nueva novela gráfica de David Rubín”, en la que vas a ver al ídolo brillar con ese fulgor incandescente que ya vimos en El Héroe. Acá vas a ver y a disfrutar todo lo que convierte a Rubín en un historietista único, irrepetible, en un autor con todas las letras, incluso cuando participa en un proyecto que él no generó, que no escribió y que se centra en personajes y situaciones que no imaginó. Era obvio que Beowulf, especialista en derrotar a monstruos mitológicos, contra David no iba a poder.

domingo, 27 de abril de 2014

27/ 04: EL HEROE Vol.2

Y sí, una vez leída la segunda mitad, corresponde colgarle a El Héroe la chapa de Historieta Perfecta. Estas páginas me dejaron atónito, anonadado, balbuceando boludeces como un subnormal invertebrado. Sin dudas, David Rubín sube la apuesta entre un tomo y otro y en esta segunda mitad todo es mejor: los conflictos son más espesos, la acción es más trepidante, los riesgos en materia de puesta en página son más, la indagación en la psiquis del protagonista (Heracles, también conocido como Hércules, hijo bastardo de Zeus y héroe fundamental de la mitología griega) va más a fondo... Creo que no hay una sola viñeta en 300 páginas en la que no se luzca el virtuosismo de Rubín, el criterio inmejorable del gallego para armar las secuencias, para componer, para colorear, para meter efectos locos. El Héroe es un tren blindado que viene a 300 kilómetros por hora y te lleva puesto, desde que arranca hasta que termina.
Recién releía mi reseña del Vol.1 (del 24/11/13) y me llamaba la atención la cantidad de artistas a los que hacía referencia. Lo mismo me sucedió cuando leí el prólogo que Craig Thompson escribió para el Vol.2. El autor de Blankets no para un minuto de relacionar el trabajo de Rubín con el de otros autores. Y la verdad es que es algo inevitable. David es un animal gráfico, uno de esos tipos que no dibujan, sino que viven el dibujo, que tienen las venas llenas de tinta y las retinas inundadas de imágenes bidimensionales. En este libro, Rubín refrenda su compromiso con el dibujo y se anima a graficar sin pelos en la lengua las escenas más bestiales de su carrera: la machaca más sangrienta, la violación más tremenda, los destripamientos más escabrosos, esas escenas jodidas en las que vemos a Heracles descender a los infiernos de la merca, el escabio y la lujuria, esa doble página (que seguro le debe algo a una de Frank Miller de Elektra Lives Again) en la que Heracles descubre que los monstruos a los que masacró en realidad eran su familia, la secuencia en la que lucha contra Meleagro al estilo Titanes en el Ring, el efecto que inventa para mostrarnos que los personajes están poseídos por la villana... posta, esto hay que verlo para creerlo.
Una vez más, me encantó ese jueguito ucrónico en el que Rubín le agrega a la Hélade clásica toda esa parafernalia moderna, con máquinas zarpadas, celulares, publicidades, comics, motos y un montón de cosas más que no existían en los tiempos de Heracles. Y lo que más me gustó es la profundidad del personaje principal. Heracles no es sólo “el bueno”, es un tipo muy complejo, que se debate entre la incomodidad de su origen bastardo, su lealtad a una rata miserable como Euristeo, su amor por su familia y por Yolae, su sed de aventuras y la felicidad que le produce hacer el Bien, ayudar al prójimo, derrotar a las fuerzas oscuras. En ese sentido, Rubín le pone a su protagonista mucha más sustancia de la que yo esperaba encontrar.
Y hablar del dibujo en sí ya es medio redundante. De nuevo, acá está todo lo grosso que habíamos visto en el Vol.1, llevado un paso más allá por una bestia prendida fuego. Me mató el color, los efectos limados en los fondos, y sobre todo me mató ver cómo toda las decisiones que toma Rubín y que parecen ser estéticas, a la larga son decisiones narrativas. Todo ese despliegue desaforado de figuras recontra-expresivas, ese festival de viñetas y onomatopeyas de todas las formas y tamaños imaginables no están ahí para cancherear, para que uno diga “coño, qué bien dibuja este hijoputa”, sino para acentuar una intención narrativa, para darle al relato la impronta poderosa, vibrante, adictiva, que Rubín le quería dar.
No me alcanzan las palabras para recomendar El Héroe a los fans de cualquier tipo de historieta. Esto es maravilloso de verdad.

domingo, 24 de noviembre de 2013

24/ 11: EL HEROE Vol.1

A esta altura de la vida,hablar bien de David Rubín es bastante redundante. Está clarísimo -me parece- que estamos frente a un creador consumado, a una bestia del relato gráfico, un historietista quintaesencial más que calificado para convertir en fans devotos de su obra a los lectores de comics de todos los palos, sin distinción. Vengas del comic europeo más fino, del comic de superhéroes más cabeza o de la militancia otaku más cerrada,es casi imposible que leas un par de páginas de Rubín y no te dejes seducir por el talento avasallador de este inconmensurable gallego de Galicia.
En esta, su obra más extensa hasta la fecha, Rubín se embarca en una reversión del mito griego de Heracles, en dos tomos de más de 300 páginas cada uno. Es la obra con la que el autor decidió "casarse" con la historieta, abandonar sus laburos en el campo de la animación y ponerle toda la pasión a la realización de novelas gráficas. Esta primera parte de El Héroe refleja ese momento, en el que Rubín se libera, se entrega de lleno a la historieta y detona como nunca antes. A cargo del guión, el dibujo, el color y las letras, sin restriciones de espacio y con un argumento básico heredado de uno de los mitos más famosos de Occidente, el gallego deja en el tablero varios años de su vida (y eso que trabaja asombrosamente rápido) para obsequiarnos una obra maestra, un clásico inmediato.
Rubín reimagina la Grecia clásica para incorporarle elementos de nuestro presente: motos,celulares, maquinaria, publicidad y programas de mierda que se jactan de invadir la intimidad de las celebridades. Son meros adornos, porque Heracles termina por resolver cada desafío del modo que ya conocemos por la mitología griega, pero le dan a la historieta un toque de modernidad, de riesgo, de bizarreada bien entendida. Por supuesto, las proezas de Heracles dan pie a un sinfín de situaciones que el héroe resolverá por la vía de la machaca, y si te gustan los comics de chabones musculosos que se cagan a trompadas con monstruos indecibles, esto te va a volar la cabeza, mal. Por suerte también hay secuencias (y hasta episodios enteros) en los que Rubín deconstruye la figura del héroe, lo obliga a pensar por qué hace lo que hace, a qué intereses sirve, que hay detrás de esa figura noble, altruista, amada por las masas y temida por los villanos. Como te imaginarás, son reflexiones que se aplican no sólo a la vida de este hijo bastardo de Zeus, sino también a los superhéroes creados en el Siglo XX, a los que Rubín tiene estudiadisimos, porque vienen de las historietas que él consume, las que le dieron el impulso para hacerse historietista.
No quiero ahondar mucho en el argumento porque -repito- en su esencia es el que todos conocemos, el de las 12 pruebas de Heracles, complementado con algunas indagaciones más profundas en la psiquis del personaje y con momentos un poquito más zarpados. Y no sé cómo empezar a describir la faz gráfica de El Héroe. Esto es... demasiado. El dibujo, la puesta en página, el color... todo es belleza, todo es potencia expresiva fuera de control, en todo se ve la mano de un tipo que mamó hectolitros de historieta, toneladas de artes plásticas, hectáreas de celuloide. Rubín se va al carajo muchas veces, en muchas direcciones distintas. Para el lado de Jack Kirby, para el de Bruce Timm, para el de Jeff Smith, para el de Paul Pope, por momentos pela recursos de la historieta humorística, resoluciones gráficas de los dibujantes de la escuela valenciana (la de Miguel Calatayud y Daniel Torres), por algún lado se cuela Pablo Picasso, por otro David B, o Charles Burns, el color no tiene nada que ver con cómo pintan ninguno de los mencionados... Esto es deleite, impacto, emoción en estado puro. No tiene sentido describirlo. Hay que verlo y enloquecer.
Recién voy a leer el Vol.2 bien entrado el 2014, pero sinceramente no creo que vaya a derrapar. Por eso, desde ya voy desempolvando la chapita de Historieta Perfecta para colgársela a El Héroe, una verdadera joya del Noveno Arte que la está rompiendo en todos los países donde se edita, un poco para darnos la razón a los que llevamos años predicando a David Rubín como un nuevo genio del arte que más nos gusta.

lunes, 21 de junio de 2010

21/ 06: LA TETERIA DEL OSO MALAYO


David Rubín es gallego de Galicia, más precisamente de Ourense, donde nació hace 33 años, en Octubre de 1977. Sus primeras historietas publicadas son muy difíciles de rastrear, porque aparecen en revistas y fanzines editadas en galego, el dialecto de su región. Muchas de ellas se reeditaron más tarde en portugués, pero no en castellano. Algunas revistas (todas de este siglo) en las que hay material suyo en castellano son Humo, Barsowia, BdBanda, Tos y, fundamentalmente, Dos Veces Breve. También tiene historietas en álbumes colectivos como Capital, Barsowia en Llamas y Nuestra Guerra Civil.
Pero lo grosso empieza en 2005, cuando Astiberri le publica El Circo del Desaliento, su primer álbum “solista”, que incluye una historia extensa (de 56 páginas) y varias más breves. La misma editorial publica en 2006 La Tetería del Oso Malayo, un compilado de historias cortas entrelazadas por personajes en común, algunas inéditas y otras ya publicadas en Dos Veces Breve. Ya desde 2005, empieza a arrasar en todas las entregas de premios y hoy es un autor indiscutido, al que veneran capos de la jerarquía de Max, Miguelanxo Prado, Carlos Portela y Enrique Ventura (si no conocés a ninguno, te llevaste Comic Español a marzo).
David Rubín dibuja como los dioses. Y mirá qué dioses: Bruce Timm, Fernando Calvi, Igort, José Muñoz, Teddy Kristiansen, Lorenzo Mattotti y Craig Thompson son apenas algunas de las deidades a las que Rubín les rinde tributo en sus dibujos. Pero además se le nota el amor por el Lone Wolf & Cub de Koike y Kojima, y por los dramas humanísimos de Tatsumi, y por las sagas superheroicas que se atreven a tratar a los héroes como gente, al estilo Astro City.
El resultado es Historieta Perfecta. Guiones ajustados donde no sobra nada; climas logrados a base de silencios, pausas y sutilezas varias; personajes creíbles y queribles (aunque para mi gusto, todos sufren demasiado), llenos de expresividad; un grafismo virtuoso que cada vez que estalla rompe todo; un manejo alucinante de las tramas y los grises; y como si todo fuera poco, la posibilidad de entrelazar historias con personajes recurrentes, para que el lector que las quiera consumir todas juntas pueda disfrutar también de la sensación de “universo” que tanto ceba a los fans de los superhéroes. Pocos autores jóvenes pueden mostrar una obra y un talento comparables a lo que ha mostrado Rubín en estos últimos años.
La Tetería del Oso Malayo recopila varias historietas cortas ya conocidas y además tiene un montón de material inédito. Todas las historias se entrelazan en torno a la tetería de Sigfrido, el oso malayo, una especie de asesor espiritual de los apesadumbrados personajes que desfilan por las ocho historietas del libro. La edición de Astiberri es MARAVILLOSA, con prólogos, dibujos adicionales, datos biográficos... son 184 páginas sin el más mínimo desperdicio. Sólo la secuencia de inicio (cuatro páginas que nos muestran al autor desde que se despierta hasta que empieza a trabajar) ya vale comprarse el libro. Está trabajada con complejos polípticos dignos del mejor Dave Sim, además de dibujada como la San Puta. Y de ahí en más, nos espera todo lo grosso que ya enumeré. El dibujante genial, el guionista infalible, el narrador hipnótico, el fan que no puede parar de rendirle tributo a sus ídolos, el universo donde hasta lo más limado parece coherente.
Si leés La Tetería del Oso Malayo y no te hacés fanático incondicional de Rubín, tal vez la historieta no sea lo tuyo.