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domingo, 2 de octubre de 2022
TERROR Y ABURRIMIENTO
Justo que empieza Octubre (mes asociado con el género del terror, supongo que por la celebración pagana de origen celta conocida como Halloween) me tocó leer dos historietas de monstruos y criaturas abisales, y con las dos me aburrí como una ostra.
Hacía mucho que no leía Hellboy, pero recuerdo que allá por el 12/11/12 leí aquel tomo en el que el querido personaje de Mike Mignola moría y descendía al Infierno, el lugar donde nació. Este tomo (Hellboy in Hell: The Descent) recopila la primera mitad de la breve serie en la que Mignola regresa a los lápices y las tintas para contar qué le pasa a Hellboy en esta "vida después de la muerte".
Hay alguna chance de que esto remonte en la segunda mitad, pero lo que me aburrí con este TPB no tiene nombre. Mientras el dibujo brilla con un fulgor incandescente, el guion te manda a dormir temprano, y si no te despertás, mucho mejor, porque te ahorrás un embole cósmico. Es un comic solemne, protocolar, que avanza a un ritmo exasperante, donde las poquísimas escenas de acción se ven totalmente forzadas (hay un solo momento impactante, la decapitación de uno de los hermanos de Hellboy) y donde el glorioso Anung Un Rama es el único que -de vez en cuando- tira un diálogo que no parece anquilosado o formulaico. La mayoría de los personajes secundarios no me interesaron en lo más mínimo, y el que sí me interesó (Edward Grey, el especialista en sectas satánicas que cayó al Infierno en 1916) tiene menos desarrollo del que me hubiese gustado ver.
Mirá si será choto el guion que los mejores momentos son los flashbacks, los pasajes en los que Mignola pasa en limpio algunos hechos clave del origen de Hellboy y algunas puntas de su pasado, en una de esas suponiendo que este sería el primer comic de Hellboy que comprarían algunos de sus fans. Es decir que lo que más me gustó son las partes de la historia que ya conocía. Y la secuencia del nacimiento de Hellboy, que no recuerdo haberla visto/leído en tomos anteriores, y es majestuosa.
Con la posibilidad de dibujar infinitos monstruos gigantes y poquísimos fondos, este parecía el proyecto ideal para que Mignola volviera a enamorarse del dibujo y nos diera muchos años más de su magia como autor integral. Pero evidentemente esta saga lo aburrió a él tanto como a mí, y la aguantó solo 10 números. Son 10 números en los que tanto él como el colorista Dave Stewart dejan la vida para que la faz visual sea deslumbrante... y es solo por eso que no cedo al impulso de deshacerme de este tomo y bancar a leer el segundo para ver si la historia repunta. Ni bien consiga barato el Vol.2, le entro y lo comentamos por acá.
Tampoco me fue bien con Los Primogénitos, de Emilia y Emiliano Plissken (guion) y Luca Vassallo (dibujos). Yo era bastante fan de Vassallo, gracias a su labor en Gunvara y en alguna historieta corta escrita (creo) por Damián Connelly. Pero acá se me fue al descenso. Muy flojito el dibujo, muuuuy flojito. Hay páginas que parecen de Juan Carlos Quattordio, mirá lo que te digo. El color está muy opaco, los personajes muy duros... me gustó mucho esa imagen del ciervo prendido fuego, y todo lo demás me pareció poco inspirado.
Y el guion, nada... una colección de lugares comunes, un pastiche al límite del grotesco. De nuevo, cuando terminé de leer la historieta me enteré que esto no es una obra completa, sino el Vol.1 de una serie. A lo cual digo 1) la puta madre, ¿qué te costaba advertírmelo antes?, y 2) está la esperanza de que la historia cobre sentido, o al menos algo de originalidad en una segunda entrega. Pero la verdad es que ni la trama, ni la ambientación, ni los personajes me resultaron interesantes como para querer leer un Vol.2 de Los Primogénitos. Lo que más me gustó es cómo están armadas las secuencias, los momentos que eligen los guionistas para ponerle fin a cada secuencia y empalmar con la siguiente. Así logran que, incluso cuando el argumento cuenta poco, el ritmo se haga llevadero. Y lo que menos me gustó es cómo están escritos los diálogos, que parecen sacados de una película yanki mal doblada en Centroamérica. Menos mal que hay varias escenas mudas (una de ellas bastante extensa) como para darme un respiro, y bajar un poco el hastío que me produce leer a personajes que hablan así.
Tengo para leer el año que viene otro libro de esta editorial, con los mismos guionistas y -creo- una temática similar, de nuevo con alienígenas y bichos horribles que hacen estragos en ciudades de EEUU sin identificar. Ojalá el nivel sea similar o superior al de El Recolector. Si me encuentro con algo más parecido a Los Primogénitos, le bajo la persiana a esta línea de comics, porque acá realmente veo muy poco para rescatar.
Bueno, nada más. Por ahí se da el milagro y puedo postear de nuevo antes del 13 o 14 de Octubre. Pero por ahora, supongamos que no, que recién para esas fechas habrá nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
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Luca Vassallo,
Mike Mignola
miércoles, 26 de febrero de 2020
MIERCOLES MEXICANO
Vamos a México, ¿se copan?
Arranco en 2012, cuando se
edita en el país hispanoparlante de Norteamérica la antología 12M. Se trata de
un librito muy finito, con sólo 48 páginas, de las cuales apenas 36 son de
historieta (claramente no cumple la Ratio Accorsi). Esas 36 páginas están
distribuídas de a tres para cada un@ de l@s 12 historietistas convocados,
siempre con la consigna de contar en sólo tres páginas una mini-historia
vinculada a uno de los 12 meses del año. ¿Contar historias en tres páginas? Muy
complicado, no? Como se imaginarán, la mayoría de l@s artistas involucrad@s en
12M fracasan en el intento. De todo modos, encontré algunas cosas para rescatar
(además de descubrir a 10 autor@s a los que no conocía).
Por orden de aparición, me
dejó muy frío la historieta de Carlos Bernal, me pareció falta de onda y de
imaginación. La de Beatrix de Velasco también, la nada misma, sin brillo ni en
el guión ni en el dibujo. Marzo me trajo la intención de contar algo un poco
más jugado, y muy buenos dibujos, cortesía de Thalia De la Torre. También hay
buenas intenciones (y dibujos por momentos excelentes en un contexto bastante
desparejo) en la historieta de H.G. Santarriaga. Las tres paginitas de Mayo le
corresponden al virtuoso, al genio, al ídolo. Sí, Tony Sandoval participó de
12M con una historieta que apenas cuenta el principio de algo que podría ser
copado, con un nivel de dibujo pasmoso, de una belleza rotunda incontrastable.
En Junio la antología atraviesa su peor momento de la mano de Nomi Sad, con
tres páginas sumamente olvidables.
En Julio aparece la otra
autora a la que conocía de antes, la gran Cintia Bolio, que cuenta una especie
de chiste (no llega a ser una historia), casi como excusa para desplegar sus
magníficos dibujos. Gratísima sorpresa (sólo a nivel visual) la de Patricio Betteo,
un crack del dibujo, con un grafismo que me cautivó a primera vista. Me
gustaría leer más material suyo, a ver si encuentro el mismo impacto en los
guiones. Flojito y genérico lo de Rocío Pérez García, con un buen combo entre
la técnica del claroscuro y la aplicación de grises en el photoshop. En Octubre
me encontré con Rosalba Jáquez, dueña de un dibujo sutil, sugestivo, al que le
falta muy poquito para estar buenísimo. La “historia” que narra no me atrapó en
lo más mínimo, pero visualmente me gustó. Y cierro con dos historietas también
muy decepcionantes, tanto para Diciembre (de la mano de Fraga) como para
Noviembre. Esta última (a cargo de Raúl Montiel) arranca con un políptico
espectacular en la primera página y ni bien arranca la segunda se desploma,
ante el estupor del gil que creyó que iba a leer algo realmente grosso.
Y bueno, las antologías
son así. Urgente un buen tratamiento de rehabilitación para el que fijó en tres
páginas la extensión de estos 12 intentos de historieta.
Y me quedo en México para
recorrerlo de la mano de Hellboy, en un TPB (lógicamente llamado Hellboy in
Mexico) que reúne todas las historias del querido Anung un Rama ambientadas en
ese país, en aquellos meses de 1956 de los que dice no tener casi ningún
recuerdo.
Las primeras 28 páginas
(hijos de mil putas) ya me las habían vendido en el TPB que reseñé el 07/04/12,
pero como las leí hace mucho, me volvieron a emocionar. No voy a reiterar
conceptos, así que se puede buscar esa reseña y repasarla. Sobre el final del
TPB, Mike Mignola y Richard Corben vuelven a la carga con otra historieta
ambientada en México, esta vez de 49 páginas, que es en alguna medida secuela
de la anterior, pero también tiene su peso propio. De hecho ahí está la primera
aparición de Frankenstein Underground, un personaje al que Mignola le seguiría
sacando el jugo en futuras miniseries. El guión es aceptable, sin brillar
demasiado, y el dibujo de Corben es fastuoso, con una expresividad increíble y
un maridaje perfecto con la paleta de Dave Stewart.
Si querés ver a Hellboy
dibujado por Mignola, acá están las ocho paginitas de Hellboy versus the Aztec
Mummy, lo más flojo del tomo tanto a nivel argumental como gráfico. Otro guión
muy pobre, casi indigente, firmado por Mignola es el de Hellboy Gets Married,
por suerte dibujado con muchísima garra (y una impronta mignolesca que le
sienta muy bien) por el británico Mick McMahon, que lo salva del oprobio.
Hablando de dibujantes de
impronta mignolesca, tenemos ocho paginitas dibujadas por Gabriel Bá (uno de
los gemelos fantásticos) en la que reproduce un montón de yeites gráficos y
narrativos del creador de Hellboy, remando contra un guión que tampoco aporta
nada. Y no podía falta su hermano, Fábio Moon, que también levanta con su magia
gráfica un guión flojito, pero sin clonar para nada a Mignola, sino a fuerza de
originalidad, sutileza y una línea más para el lado de Craig Thompson.
Hellboy in Mexico tiene
algunos momentos brillantes (sobre todo en la historieta que da título al tomo)
y unos dibujantes tan pero tan buenos que el más choto es el propio Mignola.
Pero a grosso modo, los argumentos son apenas un rejunte de excusas chotas para
mostrar monstruos cagándose a palos. Sobra machaca, hay buenos climas, hay pequeños
(y acertados) toques de humor, pero falta un poco más de profundidad. Igual si
sos hardcore fan de Corben o de los gemelos brazucas o de Mignola o del propio
Hellboy, seguro ya te lo compraste y lo enchastraste con hectolitros de baba…
Nada más, por hoy. Mil
gracias y nos reencontramos pronto.
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Richard Corben
miércoles, 4 de marzo de 2015
04/ 03: HELLBOY: THE MIDNIGHT CIRCUS
En los ´80, salían los Annuals. En los ´90, los prestige. Hoy, para venderte una aventura de un personaje conocido que no engancha con lo que le está sucediendo en su serie regular, o que propone una mirada más o menos alejada de la que impuso su autor más conocido, te tiran por la cabeza un hardcover de u$ 15, con 49 páginas de historieta y 6-7-8 páginas de relleno. Te podés resistir, claro. Hasta que te dicen que el personaje es Hellboy y los autores son Mike Mignola y Duncan Fegredo. Y ahí vas al muere. ¿Qué opción te queda? Tener culo y conseguirlo en oferta, que es lo que me pasó a mí, por eso dejé las elucubraciones de lado y dije “adentro”.
¿Con qué me encontré? Con una historia bastante menor, bastante prescindible. Entretenida, con una buena dosis de cheap thrills, con menos machaca que la aventura promedio de Hellboy (porque acá nuestro demonio favorito es un pendejito de 9 o 10 años que no está ni entrenado ni desarrolado para rebolear enemigos por el aire), pero sin la fuerza de los grandes relatos que, cada tanto, pela Mignola. De hecho, si el propio Mignola se hubiese propuesto dibujar The Midnight Circus, en ves de 49 páginas tendría como mucho 16, porque es un autor que no se copa estirando, que no tiene problema en armar páginas de 10 ó 12 viñetas y que además sabe que su mejor recurso para expandir las historias es la machaca, y acá no daba.
El argumento, livianito, casi etéreo, nos muestra a este Hellboy borreguito en la senda de Pinocchio: se escapa de su “casa”, se fuma su primer pucho y se termina por meter en un lindo despelote fascinado por la magia del circo. Un circo dark, tenebroso, obviamente sobrenatural, poblado por criaturas espectrales, freaks y demonios. ¿Querías un villano un poco más complejo, o más trabajado? Olvidate. Acá hay apenitas una punta de caracterización para un par de estos monstruos y el resto está ahí sólo para garantizar el impacto. Lo más logrado por parte del guión es el constante homenaje a Pinocchio, los constantes paralelismos que traza Mignola entre su creación y la de Carlo Collodi. Con el famoso cuento como base, Mignola arma un juego entre realidad y alucinación que tiene sus momentos tensos, pero adolesce de una cierta falta de profundidad. Además, al ser una historia del pasado, sabés que (por más que Trevor Bruttenholm se asuste) a Hellboy no le va a pasar nada grave.
Nombraba recién el juego entre realidad y alucinación y de ese contraste sale el principal atractivo de este libro: ver dibujar a Duncan Fegredo no en uno, sino en dos estilos distintos. El británico subraya desde el grafismo estas idas y vueltas entre los dos planos de “realidad” y logra un efecto absolutamente cautivante, por supuesto resaltado por la(s) paleta(s) mágica(s) del maestro Dave Stewart, que acá realiza un trabajo sublime. Además, como no tiene que dibujar al Hellboy adulto, Fregredo se anima a despegarse un poquito más de la estética de Mignola y el resultado es una obra que visualmente se parece mucho más a otros trabajos de Fegredo que a otras sagas de Hellboy. Bah… la verdad es que no recuerdo obras de Fegredo dibujadas al nivel que pela el ídolo en estas 49 páginas. Esto es magia en estado puro, una imagen alucinante atrás de otra, con muchísimo trabajo en las expresiones faciales, en los fondos, con una claridad diáfana en la narrativa, con muchos recursos para darle una identidad gráfica propia a los flashbacks… Si alguna vez pensaste que en sus episodios anteriores de Hellboy la dupla Fegredo-Stewart había alcanzado su techo, acá el techo vuelve a subir, mientras nuestras mandíbulas se caen, rebotan contra el piso, se reacomodan y se vuelven a caer.
Si comprás comics por los dibujos, esto es fundamental, de una. Si sos muy fan de Hellboy y lo seguís a todas partes, obvio que también lo tenés que tener. Si sos barrabrava de Fegredo, ni hablar. Y si no, compralo sólo si lo ves barato. The Midnight Circus es un producto digno, respetuoso, al que no dudo que los autores le pusieron amor y dedicación, pero tampoco es de esas obras que te cambian la vida, ni mucho menos.
¿Con qué me encontré? Con una historia bastante menor, bastante prescindible. Entretenida, con una buena dosis de cheap thrills, con menos machaca que la aventura promedio de Hellboy (porque acá nuestro demonio favorito es un pendejito de 9 o 10 años que no está ni entrenado ni desarrolado para rebolear enemigos por el aire), pero sin la fuerza de los grandes relatos que, cada tanto, pela Mignola. De hecho, si el propio Mignola se hubiese propuesto dibujar The Midnight Circus, en ves de 49 páginas tendría como mucho 16, porque es un autor que no se copa estirando, que no tiene problema en armar páginas de 10 ó 12 viñetas y que además sabe que su mejor recurso para expandir las historias es la machaca, y acá no daba.
El argumento, livianito, casi etéreo, nos muestra a este Hellboy borreguito en la senda de Pinocchio: se escapa de su “casa”, se fuma su primer pucho y se termina por meter en un lindo despelote fascinado por la magia del circo. Un circo dark, tenebroso, obviamente sobrenatural, poblado por criaturas espectrales, freaks y demonios. ¿Querías un villano un poco más complejo, o más trabajado? Olvidate. Acá hay apenitas una punta de caracterización para un par de estos monstruos y el resto está ahí sólo para garantizar el impacto. Lo más logrado por parte del guión es el constante homenaje a Pinocchio, los constantes paralelismos que traza Mignola entre su creación y la de Carlo Collodi. Con el famoso cuento como base, Mignola arma un juego entre realidad y alucinación que tiene sus momentos tensos, pero adolesce de una cierta falta de profundidad. Además, al ser una historia del pasado, sabés que (por más que Trevor Bruttenholm se asuste) a Hellboy no le va a pasar nada grave.
Nombraba recién el juego entre realidad y alucinación y de ese contraste sale el principal atractivo de este libro: ver dibujar a Duncan Fegredo no en uno, sino en dos estilos distintos. El británico subraya desde el grafismo estas idas y vueltas entre los dos planos de “realidad” y logra un efecto absolutamente cautivante, por supuesto resaltado por la(s) paleta(s) mágica(s) del maestro Dave Stewart, que acá realiza un trabajo sublime. Además, como no tiene que dibujar al Hellboy adulto, Fregredo se anima a despegarse un poquito más de la estética de Mignola y el resultado es una obra que visualmente se parece mucho más a otros trabajos de Fegredo que a otras sagas de Hellboy. Bah… la verdad es que no recuerdo obras de Fegredo dibujadas al nivel que pela el ídolo en estas 49 páginas. Esto es magia en estado puro, una imagen alucinante atrás de otra, con muchísimo trabajo en las expresiones faciales, en los fondos, con una claridad diáfana en la narrativa, con muchos recursos para darle una identidad gráfica propia a los flashbacks… Si alguna vez pensaste que en sus episodios anteriores de Hellboy la dupla Fegredo-Stewart había alcanzado su techo, acá el techo vuelve a subir, mientras nuestras mandíbulas se caen, rebotan contra el piso, se reacomodan y se vuelven a caer.
Si comprás comics por los dibujos, esto es fundamental, de una. Si sos muy fan de Hellboy y lo seguís a todas partes, obvio que también lo tenés que tener. Si sos barrabrava de Fegredo, ni hablar. Y si no, compralo sólo si lo ves barato. The Midnight Circus es un producto digno, respetuoso, al que no dudo que los autores le pusieron amor y dedicación, pero tampoco es de esas obras que te cambian la vida, ni mucho menos.
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viernes, 28 de noviembre de 2014
28/11: HELLBOY: THE TROLL WITCH AND OTHERS
Este libro lo leí allá por 2008, de prestado, porque no lo tenía y justo estaba trabajando en un artículo sobre los comics de Hellboy. Me acuerdo que cuando lo terminé dije “esto me lo voy a comprar de puro completista y sólo cuando lo vea en recontra-oferta”, porque la verdad es que me pareció el libro más flojo de todo lo que había leído con el carismático personaje de Mike Mignola. Efectivamente, lo encontré muy barato, lo compré y lo volví a leer anoche.
The Troll Witch and Others es el séptimo recopilatorio de la serie y reúne ocho historietas, siete de ellas ya publicadas con anterioridad entre 2003 y 2006, y una inédita. La inédita se titula The Vampire of Prague y es la primera historieta de Hellboy escrita por Mignola para otro dibujante, en este caso el correctísimo P. Craig Russell, que pobrecito, la rema contra un guión que no tiene pies ni cabeza. El propio Mignola se hace cargo de lo despelotado que es a la hora de escribir los guiones y cuenta que cuando le entregó a Russell el argumento para The Vampire of Prague, éste no aclaraba cuántas páginas debía durar la historia. Russell, acostumbrado a trabajar con guionistas meticulosos, le preguntó: “Mike, ¿cuántas páginas tengo para desarrollar el guión?”, a lo que Mignola respondió “¿Qué sé yo? ¡Las que vos quieras!”.
De las ocho historietas, la única extensa (48 páginas) es Makoma, en la que Mignola dibuja apenas el prólogo y el epílogo, mientras que el grueso de la narración recae en otro dibujante invitado, el legendario Richard Corben. Esta historia, ambientada en Africa, hace agua por todos lados y sólo zafa por el gran trabajo de ambos dibujantes en la faz gráfica. En algunas viñetas, Corben dibuja a Hellboy tan parecido a como lo dibuja Mignola que parece un copy-paste de una viñeta de un tomo anterior. Pero en el clima, en las composiciones, en el color, en los escenarios y en los secundarios, se aprecia a full la impronta del gigante de Kansas. El guión, mejor olvidarlo rápido.
Como en otros tomos de los que ya repasamos en el blog, todas las historias que componen este libro están ambientadas en el pasado, en la época en que Hellboy trabajaba para el B.P.R.D. La más lograda es casualmente The Troll Witch, la que da título al tomo, apenas diez páginas en las que Mignola demuestra que no hace falta revolear trompadas para contar una historia bella y profunda. A la inversa, con poquísimo texto y muchas trompadas, también funciona muy bien Dr. Carp’s Experiment, una de 13 páginas.
El resto deambula entre lo predecible y lo catastrófico, con un Mignola afiladísimo para dibujar, con ese trazo oscuro y sintético, con hermosas pausas en la narración (incluso en las escenas de machaca) y con el invaluable aporte del colorista Dave Stewart, que entiende perfectamente qué es lo que trata de hacer Mignola con su grafismo. O sea que el atractivo principal del tomo está casi totalmente en manos de los dibujantes.
Y para que la reseña no me quede tan cortita, una reflexión. ¿No es medio raro que en TODOS esos años de investigar fenómenos paranormales, el B.P.R.D. no falle nunca? Digo, en TODAS las historias, cada vez que Hellboy y sus compañeros se internan en una casa abandonada, un templo, un bosque o un vestuario de un club de la B Metropolitana, TODO lo que investigan resulta ser posta. Momias, brujas, fantasmas, criaturas inclasificables… ¿Nunca les tocó UNA aventura onda Scooby-Doo, donde el sasquatch/ monstruo/ alienígena/ fantasma era un viejo garca disfrazado? ¿No estaría bueno mechar una de esas, de vez en cuando? Lo tiro como una inquietud…
Bueno, ahora que llené el huequito en mi biblioteca con el tomo que me faltaba, prometo avanzar con los nuevos, que seguro tengo uno o dos sin leer. El año que viene, habrá más Hellboy acá en el blog.
The Troll Witch and Others es el séptimo recopilatorio de la serie y reúne ocho historietas, siete de ellas ya publicadas con anterioridad entre 2003 y 2006, y una inédita. La inédita se titula The Vampire of Prague y es la primera historieta de Hellboy escrita por Mignola para otro dibujante, en este caso el correctísimo P. Craig Russell, que pobrecito, la rema contra un guión que no tiene pies ni cabeza. El propio Mignola se hace cargo de lo despelotado que es a la hora de escribir los guiones y cuenta que cuando le entregó a Russell el argumento para The Vampire of Prague, éste no aclaraba cuántas páginas debía durar la historia. Russell, acostumbrado a trabajar con guionistas meticulosos, le preguntó: “Mike, ¿cuántas páginas tengo para desarrollar el guión?”, a lo que Mignola respondió “¿Qué sé yo? ¡Las que vos quieras!”.
De las ocho historietas, la única extensa (48 páginas) es Makoma, en la que Mignola dibuja apenas el prólogo y el epílogo, mientras que el grueso de la narración recae en otro dibujante invitado, el legendario Richard Corben. Esta historia, ambientada en Africa, hace agua por todos lados y sólo zafa por el gran trabajo de ambos dibujantes en la faz gráfica. En algunas viñetas, Corben dibuja a Hellboy tan parecido a como lo dibuja Mignola que parece un copy-paste de una viñeta de un tomo anterior. Pero en el clima, en las composiciones, en el color, en los escenarios y en los secundarios, se aprecia a full la impronta del gigante de Kansas. El guión, mejor olvidarlo rápido.
Como en otros tomos de los que ya repasamos en el blog, todas las historias que componen este libro están ambientadas en el pasado, en la época en que Hellboy trabajaba para el B.P.R.D. La más lograda es casualmente The Troll Witch, la que da título al tomo, apenas diez páginas en las que Mignola demuestra que no hace falta revolear trompadas para contar una historia bella y profunda. A la inversa, con poquísimo texto y muchas trompadas, también funciona muy bien Dr. Carp’s Experiment, una de 13 páginas.
El resto deambula entre lo predecible y lo catastrófico, con un Mignola afiladísimo para dibujar, con ese trazo oscuro y sintético, con hermosas pausas en la narración (incluso en las escenas de machaca) y con el invaluable aporte del colorista Dave Stewart, que entiende perfectamente qué es lo que trata de hacer Mignola con su grafismo. O sea que el atractivo principal del tomo está casi totalmente en manos de los dibujantes.
Y para que la reseña no me quede tan cortita, una reflexión. ¿No es medio raro que en TODOS esos años de investigar fenómenos paranormales, el B.P.R.D. no falle nunca? Digo, en TODAS las historias, cada vez que Hellboy y sus compañeros se internan en una casa abandonada, un templo, un bosque o un vestuario de un club de la B Metropolitana, TODO lo que investigan resulta ser posta. Momias, brujas, fantasmas, criaturas inclasificables… ¿Nunca les tocó UNA aventura onda Scooby-Doo, donde el sasquatch/ monstruo/ alienígena/ fantasma era un viejo garca disfrazado? ¿No estaría bueno mechar una de esas, de vez en cuando? Lo tiro como una inquietud…
Bueno, ahora que llené el huequito en mi biblioteca con el tomo que me faltaba, prometo avanzar con los nuevos, que seguro tengo uno o dos sin leer. El año que viene, habrá más Hellboy acá en el blog.
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lunes, 12 de noviembre de 2012
12/ 11: HELLBOY: THE STORM AND THE FURY
Hubo un leve cambio de planes: la mega-epopeya con la que Mike Mignola y Duncan Fegredo se propusieron revolucionara Hellboy allá por 2007, se pensó para cuatro tomos y finalmente fueron tres. Lo malo: menos páginas dibujadas por este Fegredo mignolizado e insuperable, que deja la vida en cada viñeta. Lo bueno: ya no hace falta seguir esperando para saber cómo termina esta saga absolutamente fundamental.
Los primeros tres episodios (de seis) se podrían haber contado tranquilamente en 30 páginas. Acá, Mignola aprovecha el espacio que le sobra para recapitular bastante de lo sucedido en los tomos anteriores, para avanzar lentamente algunos sub-plots, para desarrollar un poquito más a un personaje riquísimo (Alice) y –por supuesto- para meter a personajes y lectores en el clima que requiere esta saga. El clima es ese de “un mundo fascinante, de salvaje belleza e infinitas posibilidades, que está a punto de irse a la mierda, pero muy, muy mal”. Algo así como lo que sentís cuando estás en un boliche repleto de minas espectaculares y el DJ pone un tema de Ricky Martin o Chayanne. Efectivamente, se viene el apocalipsis.
Y la verdad es que desde que empezó Hellboy que las profecías del apocalipsis se vienen acumulando como las copas en las vitrinas del Barça. La diferencia es que, esta vez, es todo posta. La segunda mitad de The Storm and the Fury es el verdadero final, el combate definitivo contra… no te lo puedo decir, pero es muy grosso. El sitio elegido para la batalla final es Inglaterra, la machaca desafía todos los límites de la machaca y el resultado es… desolador. Si venís leyendo las noticias, o el Previews, sabés que la próxima saga de Hellboy es en el Infierno. Creeme, te va a gustar mucho saber cómo llega hasta ahí el querido Anung Un Rama. Vas a sufrir, no lo vas a poder creer, te vas a emocionar al ver cómo el bicho de la mano indestructible aguanta hasta el final, y el final, cruel y perverso como Rodríguez Larreta, te va a cerrar a full.
A esta altura, ya es bastante obvio que Mignola se convirtió en un excelente guionista: su plan a largo plazo, su desarrollo de los conflictos y los personajes, los diálogos, los bloques de texto y hasta las secuencias mudas nos hablan de un autor que aprendió a ponerle magia y poesía al festival de los monstruos que se cagan a trompadas. ¿Por qué no es más reconocido en este aspecto? Quizás porque eligió como compañeros de aventuras a unos dibujantes tan bestialmente grossos que logran eclipsarlo. Con Fegredo pasa eso. El dibujo es tan, pero tan bueno, que los bloques de texto parecen molestar, ocupar centímetros en los que uno quiere ver más dibujitos de Fegredo. Los logros del dibujante inglés son demasiados, aunque tal vez el más notable sea cómo logró ensamblar su estilo con el del creador de la serie. Incluso la puesta en página, los enfoques, la composición de las viñetas nos recuerda en el acto a las de Mignola. Y cuando ves las páginas de cerca, aparece Fegredo, con sus detallitos sutiles, con la expresividad de los rostros (sobre todo femeninos) que Mignola no podría lograr. El combo , ese estilo en el que se mezclan los dos maestros, y al que tan bien entiende, complementa y realza el glorioso Dave Stewart con su paleta, se termina al final de este libro pero se queda a vivir para siempre en mis retinas y -me parece- en el corazón de todos los que amamos a Hellboy.
Se termina una saga que amenazaba con cambiar a Hellboy para siempre y cumplió con creces. Ahora se vienen los festejos de los 20 años del personaje y una nueva dirección, bajo las manos de un Mignola que se reconcilió con el tablero de dibujo. Gloria eterna a esta serie, un ejemplo de coherencia, creatividad y huevos para bancar un proyecto personal que al principio podía parecer medio ladri y hoy es un emblema del comic norteamericano actual.
Los primeros tres episodios (de seis) se podrían haber contado tranquilamente en 30 páginas. Acá, Mignola aprovecha el espacio que le sobra para recapitular bastante de lo sucedido en los tomos anteriores, para avanzar lentamente algunos sub-plots, para desarrollar un poquito más a un personaje riquísimo (Alice) y –por supuesto- para meter a personajes y lectores en el clima que requiere esta saga. El clima es ese de “un mundo fascinante, de salvaje belleza e infinitas posibilidades, que está a punto de irse a la mierda, pero muy, muy mal”. Algo así como lo que sentís cuando estás en un boliche repleto de minas espectaculares y el DJ pone un tema de Ricky Martin o Chayanne. Efectivamente, se viene el apocalipsis.
Y la verdad es que desde que empezó Hellboy que las profecías del apocalipsis se vienen acumulando como las copas en las vitrinas del Barça. La diferencia es que, esta vez, es todo posta. La segunda mitad de The Storm and the Fury es el verdadero final, el combate definitivo contra… no te lo puedo decir, pero es muy grosso. El sitio elegido para la batalla final es Inglaterra, la machaca desafía todos los límites de la machaca y el resultado es… desolador. Si venís leyendo las noticias, o el Previews, sabés que la próxima saga de Hellboy es en el Infierno. Creeme, te va a gustar mucho saber cómo llega hasta ahí el querido Anung Un Rama. Vas a sufrir, no lo vas a poder creer, te vas a emocionar al ver cómo el bicho de la mano indestructible aguanta hasta el final, y el final, cruel y perverso como Rodríguez Larreta, te va a cerrar a full.
A esta altura, ya es bastante obvio que Mignola se convirtió en un excelente guionista: su plan a largo plazo, su desarrollo de los conflictos y los personajes, los diálogos, los bloques de texto y hasta las secuencias mudas nos hablan de un autor que aprendió a ponerle magia y poesía al festival de los monstruos que se cagan a trompadas. ¿Por qué no es más reconocido en este aspecto? Quizás porque eligió como compañeros de aventuras a unos dibujantes tan bestialmente grossos que logran eclipsarlo. Con Fegredo pasa eso. El dibujo es tan, pero tan bueno, que los bloques de texto parecen molestar, ocupar centímetros en los que uno quiere ver más dibujitos de Fegredo. Los logros del dibujante inglés son demasiados, aunque tal vez el más notable sea cómo logró ensamblar su estilo con el del creador de la serie. Incluso la puesta en página, los enfoques, la composición de las viñetas nos recuerda en el acto a las de Mignola. Y cuando ves las páginas de cerca, aparece Fegredo, con sus detallitos sutiles, con la expresividad de los rostros (sobre todo femeninos) que Mignola no podría lograr. El combo , ese estilo en el que se mezclan los dos maestros, y al que tan bien entiende, complementa y realza el glorioso Dave Stewart con su paleta, se termina al final de este libro pero se queda a vivir para siempre en mis retinas y -me parece- en el corazón de todos los que amamos a Hellboy.
Se termina una saga que amenazaba con cambiar a Hellboy para siempre y cumplió con creces. Ahora se vienen los festejos de los 20 años del personaje y una nueva dirección, bajo las manos de un Mignola que se reconcilió con el tablero de dibujo. Gloria eterna a esta serie, un ejemplo de coherencia, creatividad y huevos para bancar un proyecto personal que al principio podía parecer medio ladri y hoy es un emblema del comic norteamericano actual.
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sábado, 7 de abril de 2012
07/ 04: HELLBOY Vol.11
Otro tomo de Hellboy dedicado a recopilar historias cortas ambientadas en el pasado, cuando nuestro demonio favorito militaba en las filas del B.P.R.D., y otra vez con un elenco de dibujantes invitados que te hiela la sangre.
El que más participa es el maestro Richard Corben, con cuatro historietas. La primera en la que le da vida a un guión de Mike Mignola es la maravillosa Hellboy in Mexico: un guionazo de Mignola, dibujado como la hiper-concha de Dios por Corben, para lograr una historia realmente distinta, lejos de la media, con una intensidad y una onda que la despegan muchísimo de la típica historia del pasado de Hellboy. Como sucede muy de vez en cuando, estas 28 páginas valen lo que pagues por todo el tomo.
Hay más Corben en la inquietante Sullivan´s Reward, una historieta un poquito más “normal”, incluso con más puntos en común con lo que hacía Corben en los ´70, cuando la rompía dibujando breves unitarios de terror en los magazines de la editorial Warren. El guión no es la gloria, pero está muy bien. The House of Sebek tiene apenas seis paginitas, o sea que no hay lugar para mucho más que un poquito de machaca y un remate casi humorístico. Corben igual le pone todo al dibujo.
El gigante de Kansas dibuja también las 24 páginas de la historieta que le da nombre al libro, The Bride of Hell. Y acá sí, el guión es bastante remanido, bastante similar a varias aventuras de Hellboy que ya nos sabemos de memoria: leyendas europeas que tienen que ver con las Cruzadas, un monstruo que mata gente, un templo... La historia tiene mucho ritmo pero le falta sorpresa. Lo más grosso es que en esta historia Corben encuentra –aunque sea de a ratos- la forma de dibujar a Hellboy sin que parezca copiado de los comics de Mignola. Impresionante cómo el ídolo hace suyo al personaje prestado aunque claro, en un mundo perfecto, la infartante minita que está a punto de ser sacrificada en el altar tendría que estar en pelotas. Mientras las minas estén vestidas, nunca vamos a disfrutar de un comic 100% Corben.
Otro invitado de lujo es el gran Scott Hampton, a cargo del dibujo de la historia más extensa, una historia de vampiros que arranca muy jugada a los climas, pero termina demasiado jugada a la machaca, como si Mignola no supiera cómo aprovechar la sutileza y la maligna depravación de lo que plantea en las primeras páginas. Hampton cumple con las imágenes crepusculares, ofrece una puesta en página totalmente distinta a la que le gusta a Corben y a Mignola, peca –como tantos- de dibujar un Hellboy demasiado parecido al de su creador (casi parece un copy-paste) y si bien labura mucho con referencias fotográficas, encuentra la forma de integrarlas muy bien a la página, para que no parezca la Gran Juan Carlos Flicker.
El otro invitado grosso es Kevin Nowlan, dibujante del mega-carajo aunque con poca producción, que acá se fuma 24 páginas de uno de los guiones más flojos de la historia de Hellboy. Igual lo dibuja muy bien y le pone bastante de su propio estilo al protagonista. Además se copó y pidió colorearla y rotularla él mismo.
Y me queda una cortita, de 8 páginas, escrita y dibujada por el propio Mike Mignola. The Whittier Legacy tampoco tiene un guión demasiado inspirado ni demasiado original (tampoco se podía esperar un milagro en tan poquitas páginas) y su único atractivo es ver a Mignola dibujar de nuevo a Hellboy (cosa que hace varios años que hace poco) y dar nuevos testimonios de su imparable evolución gráfica, cada vez más orientada a la síntesis.
Y bueno, ya está. Suficientes historias cortas del pasado. El próximo tomo sí o sí tiene que retomar la epopeya actual, la que dibuja Duncan Fegredo y me tiene agarrado de las pelotas hace años. Es absolutamente imprescindible.
El que más participa es el maestro Richard Corben, con cuatro historietas. La primera en la que le da vida a un guión de Mike Mignola es la maravillosa Hellboy in Mexico: un guionazo de Mignola, dibujado como la hiper-concha de Dios por Corben, para lograr una historia realmente distinta, lejos de la media, con una intensidad y una onda que la despegan muchísimo de la típica historia del pasado de Hellboy. Como sucede muy de vez en cuando, estas 28 páginas valen lo que pagues por todo el tomo.
Hay más Corben en la inquietante Sullivan´s Reward, una historieta un poquito más “normal”, incluso con más puntos en común con lo que hacía Corben en los ´70, cuando la rompía dibujando breves unitarios de terror en los magazines de la editorial Warren. El guión no es la gloria, pero está muy bien. The House of Sebek tiene apenas seis paginitas, o sea que no hay lugar para mucho más que un poquito de machaca y un remate casi humorístico. Corben igual le pone todo al dibujo.
El gigante de Kansas dibuja también las 24 páginas de la historieta que le da nombre al libro, The Bride of Hell. Y acá sí, el guión es bastante remanido, bastante similar a varias aventuras de Hellboy que ya nos sabemos de memoria: leyendas europeas que tienen que ver con las Cruzadas, un monstruo que mata gente, un templo... La historia tiene mucho ritmo pero le falta sorpresa. Lo más grosso es que en esta historia Corben encuentra –aunque sea de a ratos- la forma de dibujar a Hellboy sin que parezca copiado de los comics de Mignola. Impresionante cómo el ídolo hace suyo al personaje prestado aunque claro, en un mundo perfecto, la infartante minita que está a punto de ser sacrificada en el altar tendría que estar en pelotas. Mientras las minas estén vestidas, nunca vamos a disfrutar de un comic 100% Corben.
Otro invitado de lujo es el gran Scott Hampton, a cargo del dibujo de la historia más extensa, una historia de vampiros que arranca muy jugada a los climas, pero termina demasiado jugada a la machaca, como si Mignola no supiera cómo aprovechar la sutileza y la maligna depravación de lo que plantea en las primeras páginas. Hampton cumple con las imágenes crepusculares, ofrece una puesta en página totalmente distinta a la que le gusta a Corben y a Mignola, peca –como tantos- de dibujar un Hellboy demasiado parecido al de su creador (casi parece un copy-paste) y si bien labura mucho con referencias fotográficas, encuentra la forma de integrarlas muy bien a la página, para que no parezca la Gran Juan Carlos Flicker.
El otro invitado grosso es Kevin Nowlan, dibujante del mega-carajo aunque con poca producción, que acá se fuma 24 páginas de uno de los guiones más flojos de la historia de Hellboy. Igual lo dibuja muy bien y le pone bastante de su propio estilo al protagonista. Además se copó y pidió colorearla y rotularla él mismo.
Y me queda una cortita, de 8 páginas, escrita y dibujada por el propio Mike Mignola. The Whittier Legacy tampoco tiene un guión demasiado inspirado ni demasiado original (tampoco se podía esperar un milagro en tan poquitas páginas) y su único atractivo es ver a Mignola dibujar de nuevo a Hellboy (cosa que hace varios años que hace poco) y dar nuevos testimonios de su imparable evolución gráfica, cada vez más orientada a la síntesis.
Y bueno, ya está. Suficientes historias cortas del pasado. El próximo tomo sí o sí tiene que retomar la epopeya actual, la que dibuja Duncan Fegredo y me tiene agarrado de las pelotas hace años. Es absolutamente imprescindible.
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viernes, 17 de diciembre de 2010
17/ 12: HELLBOY: WEIRD TALES Vol.1

Esto es el “vale todo” de Hellboy. Acá viene cualquiera y tiene la oportunidad de contarnos una historia corta del mostro mignolesco o de alguno de sus personajes secundarios. Nada está en continuidad, ni cambia nada. Simplemente son nuevas miradas acerca de la maravillosa mitología que desde 1994 construye Mike Mignola en torno a este personaje de inagotable encanto. Algunos hacen la Gran Bizarro Comics: historias 100% en joda, irreverentes, para cagarse de risa un rato. Y otros se meten a fondo con los personajes y demuestran que los entienden y los quieren casi tanto como su creador. El cóctel es variado y –sobre todo- satisfactorio, no sólo como tributo a la chapa de Hellboy (y si no, traeme el Spawn Weird Tales), sino además porque hay buenas historietas para leer y grandes dibujantes para deleitarnos con imágenes de alto impacto.
La única historia realmente floja del tomo es la segunda, la de Tom Sniegoski (verdulero irredento) y Ovi Nedelcu (grosso en la animación, pero del montonardo en la historieta). El resto, va casi todo para adelante. Eric Powell (el maestro que hace The Goon) es, sin dudas, el autor mejor dotado para hacerse cargo de Hellboy el día que Mignola no lo haga más. La de Sara Ryan y Steve Lieber (el de Underground, ¿te acordás?) es la mejor historieta del libro, con un guión perfecto y muy buenos dibujos. Es tan rica, tan compleja, se disfruta tanto, que cuando la terminé volví a contar las páginas, porque no podía creer que en tan sólo ocho me hubiesen contado una historia tan copada. Con ese mismo argumento, cualquiera (Mignola, sin ir más lejos) te hace un episodio de 24 páginas.
En “Hot” vemos el primer trabajo en comics de Seung Kim, un monstruo del lápiz, realmente virtuoso, que se la banca a la hora de la narrativa. El guión (de Randy Stradley) es flojo y previsible, pero el dibujo la rompe, mal. Fabián Nicieza y Stefano Raffaele cuentan una historia de Baba Yaga que no está nada mal. La de John Cassaday también hace agua por el lado del guión, pero el dibujo te parte el cráneo en 18.000 fragmentos, después te los derrite, te los fisiona y te los vuelve a juntar formando las estructuras de cristal que creó el Dr. Manhattan en Marte cuando se fue de la Tierra. Impresionante. La de Joe Casey y Steve Parkhouse tampoco está mal, pero sobra Hellboy. Podría estar en cualquier otra antología de relatos extraños.
El Sector Joda está copado por las historietas de Bob Fingerman y por la de John Arcudi (el de B.P.R.D.) y el glorioso neozelandés Roger Langridge, con quien ya nos hemos cruzado en varias antologías. Además de Seung Kim, el otro dibujante al que no junaba y que me encantó es Eric Wight, que resuelve con gran cancha el guión de Mark Ricketts. La historieta más extensa del tomo (12 páginas) está protagonizada por Liz, y escrita y dibujada por Jason Pearson, en un laburo realmente notable, donde Pearson se mata por encontrarle una vuelta más a un personaje muy laburado por Mignola. La de Alex Maleev es como la de Cassaday: está dibujada como la hiper-concha de Dios, pero el guión no va a ningún lado. Y cerramos con la del capo canadiense Andi Watson, que tiene un dibujo sencillo, casi aniñado, y un tono que parece de comedia, pero que leída con atención tiene una enorme profundidad. Como la de Pearson, la historieta de Watson nos muestra a un invitado que demuestra un conocimiento y una comprensión de estos personajes que seguramente conmovieron al impasible e inmisericorde Mignola.
Ya para el postre, pin-ups, bocetos, textos de agradecimiento y demás giladas de rigor, que nos dan ese “algo más” a los que nos compramos los TPBs en vez de las revistitas. A los que se compran las revistitas les dan avisos de películas, videogames, golosinas, series de TV, o de otros comics que no nos interesan en lo más mínimo. Calenchu!
viernes, 1 de octubre de 2010
01/ 10: HELLBOY Vol.10

Vuelvo a visitar a este entrañable amigo y no, no podíamos pretender tres tomos seguidos de la majestuosa epopeya con la que Mike Mignola y Duncan Fegredo están redefiniendo al personaje y, de paso, produciendo los mejores trabajos de sus respectivas carreras. Nos toca un interludio, un tomo de historias más cortas, con material no de relleno, pero tampoco de primera necesidad.
La aventura más larga, The Crooked Man, le da título al libro y a una miniserie de 2008 que ganó el Eisner en esa categoría en 2009. La verdad es que acá Mignola se reivindica de la berretada que escribió la primera vez que consiguió que Richard Corben dibujara un guión de Hellboy. Esa saguita en Africa era bastante patética (a pesar de estar dibujada como los mega-dioses), pero esta (la primera en la que Hellboy se mete con los relatos folklóricos de EEUU) tiene un guión a prueba de balas, inquietante, coherente, con los puntos álgidos bien distribuídos a lo largo de sus 72 páginas, con excelentes caracterizaciones (personajón el cura ciego!) y un villano que mete miedo de verdad.
El dibujo de Corben es espectacular. El gigante de Kansas entiende como pocos los climas ominosos, la decadencia, la podredumbre física y moral, y hasta maneja esos códigos de “violencia pasada de rosca, pero medio en joda” que tan claros tiene Mignola. Hay dos peros: Corben dibuja a Hellboy demasiado parecido a como lo dibuja Mignola, o sea que en algunas viñetas parece como si el mostro estuviera dibujado por su creador y superpuesto en un comic de Corben. Obviamente estoy exagerando, pero de verdad, parece más de Mignola que de Corben. La otra cagada (menor, claro) es que no hay sexo. Y poner a Corben a dibujar un comic sin sexo… es casi desaprovecharlo, es como ir a una heladería cheta y pedir helado de vainilla, o tener DirecTV y mirar Canal 9. The Crooked Man con un par de garches bien explícitos se elevaría a obra maestra, perturbaría y excitaría mucho más. Pero el laburo de Corben –repito- es maravilloso y Dave Stewart, mago del color, lo apuntala con su habitual (y pasmosa) eficacia.
Entre los complementos tenemos una de la dupla definitiva (Mignola y Fegredo, claro), que está obscenamente bien dibujada, pero el guión es una falta de respeto. También una de 24 páginas, co-escrita por Mignola y Joshua Dysart y dibujada por Jason Shawn Alexander. El guión, si no fuera por el final choto y anticlimático, se la re-bancaría, y el dibujo es realmente muy, muy notable. Alexander viene de una escuela radicalmente distinta a la de Mignola, y no esfuerza en lo más mínimo para clonar al Hellboy o al Abe Sapien a los que nos acostumbró el ídolo. El pibe viene, hace la suya, reinterpreta todo lo que se le canta y se luce sin repetir y sin soplar (y sin mandar fotos al voleo, sin retoques ni manoseos) en un estilo mucho más vertiguesco y más realista que el del resto de los artistas involucrados.
También en 2008, justo cuando se estrenaba la segunda peli de Hellboy, Mignola lanzó un one-shot escrito y dibujado por él mismo, después de bastante tiempo sin dibujar comics. El resultado son 24 páginas dibujadas medio de taquito, en las que Mignola mezquina un poco los fondos, va un poco a lo seguro (machaca y talking heads) para sacárselas de encima en un tiempo razonable. Pero igual está buena, porque el guión da perfectamente para hacer eso: una seguidilla de secuencias bien de clima, tranquis, intimistas, minimalistas, que en un punto dan lugar a cinco o seis páginas de machaca elegante, potente, pero sin mayor estridencia. No es LA historia de Hellboy, ni rivaliza con casi nada de lo que realizó Mignola en solitario, pero tampoco está nada mal.
Y bueno, ahora a esperar el Vol.11, que seguro continuará con la mega-saga que empezó en el Vol.8 y que elevó a Hellboy al status de Serie Fundamental del Siglo XXI. Recorrió un largo camino, el pibe del infierno. Y la verdad que, salvo alguna que otra vez donde se va un poco al carajo, acompañarlo resulta una experiencia religiosa, de las buenas.
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miércoles, 28 de julio de 2010
28/ 07: HELLBOY Vol.9

El noveno libro de Hellboy se titula The Wild Hunt, y retoma la historia casi donde la dejó Darkness Calls. Una vez más, se trata de un único relato extenso y ambicioso, de alto impacto para el status quo de la serie. Darkness Calls, serializada en 2007, fue un auténtico “nuevo punto de partida” para la serie, un punto de inflexión en el que Mike Mignola profundiza la movida de separar a Hellboy del mundo de los humanos y afianzarlo en su rol de criatura legendaria y mitológica. Mignola afirmó en su momento que Darkness Calls era apenas el primero de una serie de cuatro libros que cambiarían a Hellboy “para siempre” y una vez que leés The Wild Hunt, te queda clarísimo que el autor cumplió con su palabra. Después de este tomo, Hellboy jamás puede volver a ser lo que fue.
Este es un libro de revelaciones. No importa tanto lo que Hellboy hace como las verdades de las que se entera. Muchas tienen que ver con su origen, con su linaje. De pronto se descorren velos que ocultaban datos fundamentales acerca de la madre del bicho rojo y todo cobra otro sentido, perfecto y coherente, y a la vez abre infinitas posibilidades a futuro. Pero lo principal es el pasado. Como en Darkness Calls, Mignola cosecha mucho de lo sembrado en los años previos. Reaparecen villanos, personajes secundarios, profecías y visiones mencionados en sagas y unitarios anteriores. Hasta encuentra la forma de darle más sentido, coherencia e importancia a las dos historias que componen Strange Places, que era el tomo más aburrido, inexplicable y descolgado de la serie. Ahora resulta que no, que Mignola no se había fumado un churro, no se había tirado a chanta y no estaba tratando de hacer su Mu, o su Elvetiche: Rosa Alchemica, convencido de ser el Hugo Pratt yanki. Todas esas anécdotas mínimamente hilvanadas, de dudosa trascendencia y difícil comprensión eran también un sembrado de plots para esta saga que, ahora que llegó a su primera mitad, promete convertirse en uno de los máximos clásicos del comic yanki contemporáneo.
Posta, no quiero contarles nada del argumento para no spoilear, pero lo que pasa en este tomo, y lo que parece avecinarse para el próximo es indescriptible. Gruagach consiguió la caja, la abre y sale la nueva reina de todas las brujas (no puedo nombrarla para no dar datos acerca de otras puntas importantes de la trama), quien decide que, además de la reina de las brujas quiere ser la diosa de la guerra, y para eso se decide a derramar TODA la sangre del universo. La nueva y depravada villana empieza a amasar un mega-ejército de criaturas fantásticas malignas para arrasar con todo y alguien (tal vez Hellboy) tendrá que hacer lo mismo, pero con las fuerzas del Bien para hacerle el aguante.
Como en Darkness Calls, acá Mignola cuenta con el magistral dibujante británico Duncan Fegredo (Enigma, Kid Eternity, Jay & Silent Bob y un larguísimo etcétera), el socio ideal para esta epopeya de Hellboy. Y Fegredo, fanático de Hellboy de la primera hora, cumple con creces. Hay viñetas que parecen dibujadas por Mignola, otras en las que se ve el trazo distintivo de Fegredo y otras que parecen obra de un tercer autor, que reúne las virtudes de ambos. El Hellboy de Fegredo se parece al de los primeros álbumes de Mignola, con más líneas y menos manchas, aunque casi sin hombros, como el Hellboy más actual. Fegredo además se mata en los decorados, castillos, cuevas, criaturas, armas y trajes de combate. Como el propio Mignola, pilotea con idéntica cancha las escenas introspectivas, las oníricas y los estallidos de violencia donde pela unos combates electrizantes. No sé cómo hace, pero Fegredo le pone poesía a la machaca entre dos monos pulentosos. La paleta del maestro Dave Stewart se luce como pocas veces, y se adapta con holgura no sólo a los distintos climas que propone el guión, sino también al grafismo de Fegredo, que se basa menos en la mancha negra y más en la línea a la que luego realzará el color.
The Wild Hunt es un comic demoledor. Tiene pasión, tragedia, misterio, runflas espurias, profecías, revelaciones shockeantes, peleas monumentales, personajes logradísimos, y aún así, más grosso que lo que nos muestra es lo que se guarda para el próximo. El Vol.10 acaba de salir y recopila varias historias cortas (entre ellas una con Fegredo y una con Richard Corben) que no conectan (creo) con esta saga. O sea que hay que seguir esperando para saber a dónde va esta epopeya, cuyos primeros dos tomos son gloriosos de verdad.
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