Después de un par de libros muy tremendos o muy extraños, necesitaba un poquito de pochoclo, y la verdad es que esto es pochoclo de primerísima calidad. Hay machaca a rolete, genocidas a nivel planetario, más razas alienígenas y más navecitas copadas que en una peli de Star Wars y la tranquilidad esa que tiene el comic de superhéroes –por lo menos el más mainstream- de que pase lo que pase, siempre ganan los buenos.
El tema es –claro- a qué costo y ahí es donde Joss Whedon y John Cassaday sacan enormes ventajas. Ya sea que conozcas a estos personajes hace 30 años, o te hayas encariñado con ellos a lo largo de estos cuatro TPBs, los autores construyen un vínculo irrefutable entre lector y personajes. Y se aprovechan de eso para hacerte sufrir, para que se te frunza el orto veinte veces, cuando creés que tal es boleta, que tal pierde los poderes, que tal se pasa al bando de los malos, que tal se zarpa y masacra a sangre fría a los villanos que tiene enfrente... De pronto (no me preguntes cómo) Whedon logra que uno le crea que todas esas cosas terribles y extremas pueden llegar a pasar, que la victoria inevitable de los X-Men no va a ser gratis ni mucho menos, que el status quo puede ser alterado “para siempre”.
El argumento –para ser sinceros- daba para menos páginas. El tomo tiene 192 páginas y podría contarse exactamente lo mismo en 120, como mucho. Pero Whedon necesita espacio para convencernos de que esto que pasa es realmente grosso, que esto no es sólo grandilocuente, sino también monumental. Y además, ¿qué sería de Whedon sin las escenas tranqui? Esas escenas que en los ´80 duraban tres viñetas repletas de diálogos y ahora duran cuatro páginas, repletas de silencios tan elocuentes como el más inspirado Chris Claremont. Ahí, en esas secuencias, Whedon también marca la diferencia: hace que los personajes tiren frases mortales, o chistes brillantes, u observaciones tan atinadas que uno no puede creer cómo a ningún otro guionista (y por X-Men pasaron muchos) se le ocurrió ver de ese modo a ese personaje o esa situación.
La caracterización, entonces, es lo que hace realmente llevadero el exceso en la extensión de la saga y en las peripecias menores que los héroes deben sobrellevar para llegar a la resolución del conflicto. Y es, además, el punto más alto en toda la etapa de Whedon. El propio guionista se complica el laburo: arrancó el primer TPB con un grupito de cinco héroes y termina el cuarto con un elenco protagónico de nueve personajes, todos perfectamente laburados y con los momentos cruciales muy bien repartidos. Al final, serán Kitty Pryde y Colossus los que asuman los roles más destacados, pero todos los demás tienen su momento de gloria.
Hablando de gloria, es hora de babearnos una vez más con los dibujos de John “el Facha” Cassaday. Acá el ídolo afloja un poquito en las últimas páginas, las del Giant-Size donde termina la saga. Ese es el único tramo donde se le nota un poco el apuro, las ganas de sacarse este laburo de encima y agarrar otro que lo desafíe todavía más (Je Suis Legion, Planetary... proyectos no le faltaron nunca). En todo el resto del tomo, vemos al Facha en un gran nivel, magistral en los climas más tranquis y desbocado cuando estalla el bolonki. Buen timing en la entrada y salida de escena de todos esos personajes, gran laburo en los fondos, excelentes diseños para naves, armas, palacios, etc., y por supuesto, el color de Laura Martin que se acopla perfectamente con el dibujo y lo potencia muchísimo.
Impactos grossos, volantazos impredecibles y un final estremecedor para una saga un poco estirada pero realmente atrapante. Los X-Men de Whedon y Cassaday entraron, sin dudas, al panteón de las grandes etapas de esta serie, junto a la de Roy Thomas y Neal Adams, la de Claremont y John Byrne y la de Grant Morrison y sus seis o siete dibujantes. La verdad es que lo que viene después no me llama mucho la atención (por más que lo escriba Warren Ellis), así que hasta acá llego. Pero me voy feliz, con muchos libros de X-Men para recomendar tanto a los fans clásicos como a los que todavía no se engancharon en el vicio mutante.
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lunes, 13 de febrero de 2012
martes, 22 de noviembre de 2011
22/ 11: I AM LEGION

Vuelvo a un clásico de este blog: comic francés traducido al inglés. Pero esta vez hay una excusa casi convincente: el dibujante es yanki! Sí, ya sé... eso no hace que la historieta sea menos francesa, pero bueno, la verdad es que los yankis sacaron los tres tomos juntos en un libro que conseguí a muy buen precio y nada, no me iba a perder la oportunidad de leer completa esta saga de la que había leído sólo el primer tomo.
La verdad es que el guonista Fabien Nury apostó fuerte: metió terror, policial, espionaje y bélico, más un toque romántico, en una misma historieta, en sólo 170 páginas. Y además ambientó la historia en la Segunda Guerra Mundial, o sea que tuvo que investigar todo un contexto histórico. Un desafío colosal, del cual Nury salió recontra-victorioso, en andas de una hinchada que lo ovacionó de pie.
La trama tiene la complejidad justa: si se enroscaba más, nos perdíamos entre tantos personajes, tantos cambios de locación, de identidad y de lealtades. Si la diluía un toque, quedaba algo estirado, o excesivamente centrado en el gore, los asesinatos y las torturas. No quiero ser muy específico para no spoilear, pero digamos que todo gira en torno a un experimento de los nazis para utilizar en su favor los oscuros poderes de los “strigoi”, unos seres sobrenaturales a los que generalmente llamamos por otro nombre. Los buenos vendrían a ser los ingleses, que van a tratar de desmantelar la movida de los nazis, por supuesto sin saber que se enfrentan a algo sobrenatural.
Los personajes son muchos y muy variados, pero si tengo que elegir a un protagonista y bancarlo en todas, creo que me quedo con Stanley Pilgrim, el policía inglés a cargo de la investigación, que arranca con un asesinato medio extraño y termina con una conjura global, con millones de vidas en juego. Pilgrim demuestra todo el tiempo estar a la altura de unas apuestas que no paran nunca de subir, pero además no es el clásico héroe. No es el tipo atlético, copado, o que se las sabe todas. Nury se esfuerza para que lo veamos como a un tipo común metido en un kilombo muy, muy poco común. No quiero ahondar, realmente, porque toda la trama está atravesada por un montón de misterios, de personajes que juegan a dos puntas, de situaciones que se resuelven de modos tan impactantes, que si agarrás el libro manejando cierta data, sin duda va a perder emoción.
De todos modos, supongo que la mayoría de los lectores argentinos que le entren a I am Legion no lo harán por los méritos (sobrados) del guión, sino por el hecho de que lo dibuja el impresionante John “el Facha” Cassaday, otro que hizo méritos de sobra para ganarse el aliento incondicional de una hinchada gigantesca. Cassaday va por la figurita difícil del álbum para cualquier dibujante yanki, que es el libro para Francia, y va por triplicado. No prueba a ver qué onda con un tomito de 46 páginas, se juega la vida en una epopeya de 170, complicada por donde se la mire. Por la ambientación, porque requiere un equilibro sutil para no irse a la mierda con la sangre y el gore, por la cantidad de personajes y obviamente por la cantidad de viñetas por página que exige el guión de Nury. Por momentos, sobre todo en el primer tramo de la saga, el espacio para el lucimiento del Facha es ínfimo y su dibujo se ve apretujado entre miles de viñetas repletas de diálogos. Y aún así, el co-creador de Planetary pela y brilla como pocas veces, como para dejarle en claro también a los franceses que estamos frente a uno de los mejores dibujantes de estilo académico-realista que tiene hoy el Noveno Arte. Los colores de Laura Martin son fundamentales para sostener y potenciar los climas y para redondear un paquete que, desde lo visual, es absolutamente demoledor.
Vértigo, truculencia y volantazos impredecibles, en un guión formidable que cruzó el Atlántico para aterrizar en el tablero de una bestia asesina que la rompió de punta a punta. Los fans del comic europeo y los del comic yanki tienen un maravilloso motivo para encontrarse, para converger en una historieta que –me juego la chota- les va a encantar a ambos.
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sábado, 7 de mayo de 2011
07/ 05: ASTONISHING X-MEN Vol.3

Después de un segundo tomo algo dubitativo, Joss Whedon pegó un zarpazo impresionante y logró superar sus logros de aquel primer tomo que me convirtió en fiel (aunque tardío) fan de su etapa al frente de esta serie.
Como en el segundo tomo, esta vez la amenaza viene de adentro, de las entrañas mismas de la Mansión. Como en los dos tomos anteriores, avanza a ritmo lento pero seguro el sub-plot del Breakworld, que sin duda va a ser central en el cuarto (y último) tomo. Y mucho más que en los tomos anteriores, Whedon logra resultados increíbles cuando se mete adentro de la psiquis de los personajes, cuando los deconstruye desde adentro, desde la esencia misma de Wolverine, Cyclops, Kitty Pryde, Colossus, Beast o Emma Frost. El creador de Buffy demuestra conocer perfectamente a cada uno de ellos y para todos tiene toquecitos magistrales e impredecibles, de esos que los redefinen, o mejor todavía, que los explican coherente y exhaustivamente por primera vez en décadas. Una vez más, Cyclops y Kitty se llevan las mejores escenas, pero todos los personajes tienen grandes momentos en este retorcido mindgame que propone Whedon.
En su delicado equilibrio entre el estilo Chris Claremont y el estilo Grant Morrison, esta vez el guionista va para el lado de Morrison. No sólo porque retoma a una villana creada por el escocés, sino porque acá es muy relevante el tema de los poderes, de cómo estos pueden usarse de modo sorprendente (astonishing ;) y original, para hacer cosas que ningún superhéroe había hecho antes. En este sentido, Whedon pela unas vueltas de tuerca al poder de Kitty que te dejan boquiabierto. Y no una, varias veces. También ahonda en los poderes de un par de alumnos de la escuela, a los que construye como si fueran a ser los protagonistas de la siguiente saga, o de un nuevo título mutante, cosa que me parece que nunca sucedió. Pero el esfuerzo de Whedon está y se agradece.
El truquito de que mucho de lo que sucede es un combate mental, no físico, le permite al guionista contar la historia de un modo “raro”, con secuencias que no cierran, cosas que hacen ruido, y que obviamente te generan intriga, te hacen meterte a fondo en la lectura y no querer soltar el libro hasta no saber qué carajo está pasando y por qué. Por supuesto, todo tiene explicación y todo (menos lo del Breakworld) llega a un final más que satisfactorio, especialmente el plot de la dudosa lealtad de Emma Frost y las crecientes sospechas de Kitty. Pero lo que menos importa es la resolución, porque a lo largo de la saga pasan cosas tan zarpadas que el final podría ser un sueño fumado de Lockheed (el dragoncito de Kitty) y estaría todo bien igual. O no, pero se entiende a dónde voy, no?
Como siempre, Whedon tiene un compañero fiel, que lo acompaña en absolutamente todos los episodios de Astonishing y que deja todo en cada página. John “el Facha” Cassaday seguro quiere a estos personajes menos que a los de Planetary, pero no te vas a dar cuenta al leer las historietas, porque el tipo pone todo, siempre. Como en los tomos anteriores, la acción y la machaca escasean bastante y muchas de las secuencias más importantes consisten en gente que habla (o transa). Poco le importa a Cassaday. Cuando pinta la acción se luce, y cuando pinta la onda tranqui, también. Y además no se deja seducir por el impacto barato: el tomo tiene escenas de asesinatos brutales, tiros, garches, torturas y hasta canibalismo entre compañeros de equipo. Pero el Facha se las ingenia para mostrar todo con elegancia, para que nada de esto (que es bastante extremo) derrape hacia el grotesco o provoque revulsión.
Con desafíos muy jodidos para “los buenos”, replanteos y redefiniciones, con toques memorables a las personalidades y los poderes de cada uno, con buenas tramas, buenas sub-tramas, buen desarrollo de secundarios y diálogos de inmejorable calidad, a la etapa de Whedon sólo se le puede criticar que le falta un poquito más de machaca. Ahora, si (como yo) sos de los que no se ceban con la machaca sino con los buenos guiones, lo tenés que ovacionar de pie, porque la verdad que sale recontra-airoso de una parada complicada como era suceder a Morrison al frente de la principal serie mutante. Sumale la infernal calidad del laburo de John Cassaday (y de la colorista Laura Martin) y tenemos un comic que –sin renegar ni diez segundos de su condición de mainstream- se supo ganar el aplauso de los que nos pasamos buena parte de los ´90 escapándole a los comics de X-Men como si transmitieran enfermedades venéreas. Ojalá el final esté al nivel de lo visto hasta ahora.
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lunes, 28 de febrero de 2011
28/ 02: PLANETARY Vol.4

Este comic tiene un sólo problema, bastante menor por cierto: Todo el protagonismo recae en un tipo extremadamente frío y calculador, el típico “yo me las sé todas y cuando vos te compraste el jean, yo ya lo hice bermudas”. Elijah Snow es grosso al estilo del Batman más grosso. El tipo siempre tiene el Plan B, C, D, E y varias estaciones del H. No hay forma de sorprenderlo ni de ganarle de mano, porque siempre va tres pasos adelante de todos los demás. Y bueno, por ahí esa clase de personajes te caen mal, o no te los aguantás 200 páginas. Pero si no te molesta leer acerca cómo el Guacho Estrategia le pasa el trapo a sus enemigos y eclipsa casi por completo a sus amigos, preparate porque este último tomo de Planetary es devastador.
Tal vez lo más notable de esta serie sea la generosidad de Warren Ellis a la hora de tirar ideas. Planetary siempre le escapó a la “Regla Preacher” de una idea por TPB. Al igual que en Global Frequency, el guionista desparramó (y hasta dilapidó) ideas espectaculares en todos los episodios, sin mezquinar ni estirar hasta el infinito para llenarte un TPB entero con cualquier huevada. Y esa consigna se mantiene hasta el final. Cada episodio es decisivo. Y si en alguno pasa poco, es porque Ellis lo usa para explicar mucho. Porque además, este es un comic que habla de la ficción que todos consumimos (no sólo superhéroes, también pulps, Matrix, Vertigo y hasta monstruos bizarros onda Godzilla) y como los protagonistas son arqueólogos, a todo le encuentran una explicación científica. Hasta tienen la sospecha de ser ellos mismos personajes de una ficción, pero la sostienen en términos científicos, no con visiones inducidas por el peyote como Animal Man.
Y lo que termina por primar es eso: una visión fría, seria si se quiere, de todo aquello que –cuando se nos aparece en una obra de ficción- rápidamente catalogamos como imposible o irreal. Para Snow y los suyos, todo es posible y todo tiene explicación. Como complemento (ganchero y atractivo como pocos) tenemos este enfrentamiento a muerte entre Snow, Jakita y Drummer por un lado y una versión brillantemente corrupta de los Fantastic Four por el otro. Sí, leíste bien. Acá los villanos son los Fantastic Four. O por lo menos los Fantastic Four de una de las tantas realidades posibles. La lucha contra The Four (como los llama Ellis) es el hilo conductor de toda la serie, lo que va más allá de cada aventura particular que viven “los buenos”. Que, como queda muy claro en este tomo, tampoco son tan buenos. Nadie duda de las buenas intenciones de Snow, pero los métodos… ma-mita! El tipo le miente a sus amigos, tortura a sus enemigos, rosquea con Dios y con el Diablo, manipula sin parar con tal de lograr lo que se propone y –como de última este no es un comic de héroes- todo le sale bien y Ellis lo “premia” con un final sumamente feliz.
¿Por qué esta serie de apenas 27 episodios (y un par de especiales) tardó 11 años en llegar a su fin? Porque la dibujó íntegra el impresionante John Cassaday. Y claro, la tuvo que interrumpir mil veces, cada vez que le caían laburos más rentables como Astonishing X-Men, Je Suis Legion, los diseños para la peli de Watchmen, o el capítulo de Dollhouse en el que debutó como director de televisión, entre muchos otros. Y siempre el que se fue al banco de suplentes fue Planetary. Pero la espera garpó con creces. El trabajo del “Facha” Cassaday en Planetary es demasiado bueno para ser real. El tipo tiene que dibujar varios géneros, un montón de locaciones (una más limada que la otra), muchísimos flashbacks a otras épocas, rediseñar a miles de personajes que todo el mundo conoce para que se note quiénes son sin infrigir los copyrights, comerse infinitas páginas de cabecitas que hablan… Multiplicá por diez los elogios que le prodigué cuando comentamos Astonishing X-Men y te vas a dar una idea de hasta qué punto lo que hizo acá el Facha te tira de ojete.
A todo esto, me olvidé de mencionar un detalle no menor: este es un comic ambientado en el universo WildStorm, o sea, parte del Multiverso DC. Y sí, tiene sutiles referencias a personajes y conceptos de Authority, WildCATs y otras series basadas en las creaciones de Jim Lee y sus esbirros. Por suerte son tan sutiles que si no las pescás, se disfruta todo igual. Brillante por donde se lo mire, Planetary es un comic que tenés que tener YA en tu biblioteca.
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viernes, 31 de diciembre de 2010
31/ 12: ASTONISHING X-MEN Vol.2

Cumplo la promesa de revisitar la recordada etapa de Joss Whedon y John Cassaday en Astonishing X-Men y me encuentro con la típica historieta en la que se enfrentan Guión vs. Argumento en una lucha absolutamente desigual.
El Argumento propone lo siguiente: La Sala del Peligro (de aquí en más Peligro, a secas) resulta estar viva. Se le retoba a los X-Men, de quienes sabe absolutamente todo, y se propone boletear a su “padre”, al hombre que la diseñó y la programó: el mismísimo Profesor Xavier. Se enfrentan y obviamente gana el Profe, ayudado por sus X-Men. Fin.
Como planteo no está mal, pero no se sostiene ni en pedo seis episodios. Esto daba, como mucho, para una mini de cuatro capítulos con el Profe como protagonista, Peligro como villana y cameos para los X-Men. Pero veamos cómo un buen guionista hace magia con un argumento apenas competente.
Whedon (ya lo dijimos) la rompe con los diálogos. Acá hay unos cuantos realmente brillantes. Otro punto fuerte, sin duda la caracterización, con grandes momentos sobre todo para Cyclops, Kitty Pryde y el Profe. Otro hallazgo: el misterio, las dudas que se siguen sembrando acerca de la lealtad de Emma Frost. El subplot que avanza: si bien tiene cero peso en esta trama, sigue latente la amenaza del Breakworld. La machaca: si te divierten las peleas de los héroes (con villanos, con monstruos, entre ellos), Astonishing tiene muchas. Casi todas están al pedo (de hecho, la única lucha decisiva es la última contra Peligro), y se nota que Whedon las pone porque no puede omitirlas, pero tienen ritmo y entretienen. Y por último, lo más interesante: el dilema moral, que siempre le da sustancia y matices a los conflictos entre buenos y malos.
Whedon hace hincapié en la faceta más sombría del Profe X. Como tantas otras sagas de X-Men, esta sería imposible si el Profe no se hubiera mandado una flor de cagada en el pasado. Pero además Xavier SIEMPRE la va a pilotear para que todo parezca ser un dilema ético en el que él optó por el mal menor, o sea, hizo lo correcto. Y encima va a lograr que nadie lo cuestione, o que si lo cuestionás, te sientas mal por hacerlo. Posta, si yo fuera Cyclops, ya le habría quitado el saludo… o la cabeza de arriba de los hombros. De todos modos, es un placer ver al Profe en acción, en la machaca a todo o nada, y –como ya dije- Whedon le regala algunos diálogos realmente magníficos.
Tanto en los combates inconducentes como en las escenas tranqui que exploran aristas interesantísimas de los personajes, se luce el colosal dibujo de John Cassaday. Por suerte el Facha maneja de taquito los dos registros: el del relato chiquito, lento, ajustado, y el de la montaña rusa descontrolada, a toda grandilocuencia y espectacularidad. En ambos logra secuencias potentes, emotivas, que te meten en la historia, que te atrapan y te maravillan. La colorista Laura Martin, además, lo complementa a la perfección a la hora de los climas y de los efectos más jugados. Si te gusta el dibujo académico/realista, lo que hace Cassaday en esta serie es una cátedra absolutamente fundamental.
Este tomo de Astonishing X-Men no está ni cerca del nivel del primero pero, si no te aburren las peleas, seguro te va a enganchar. Y se complica que te aburran las peleas cuando están tan pero tan bien coreografiadas y dibujadas por un Cassaday prendido fuego. Con más oficio que ideas grossas, Whedon llevó a esta saga a buen puerto, o por lo menos a la instancia de que me juegue a leer los dos que faltan.
Gracias por estar ahí, y la seguimos el año que viene!
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domingo, 19 de diciembre de 2010
19/ 12: ASTONISHING X-MEN Vol.1

El otro día hablabámos de lo grosso que fue el aporte de Grant Morrison a los X-Men, todo lo que abrió, lo que renovó, lo que replanteó. Pero también todo lo que cerró. Y la fuerza, la magnitud, la clase que le dio a cada cierre. Con lo cual el laburo de suceder a Morrison al frente de la serie era de altísimo perfil y a la vez de altísimo riesgo, algo así como dirigir a Boca cuando se fue Carlos Bianchi. Marvel hizo una piola: convirtió a New X-Men en otra cosa y lanzó una nueva serie, Astonishing X-Men, que va a ser secuela de lo de Morrison, pero al empezar de un nuevo número uno, no se va a notar tanto. Te das cuenta por el equipo de héroes, que excepto por el cambio de Kitty Pryde por Jean Grey, es exactamente el mismo que jugaba de titular en la Era Morrison. No está el Profe, okey, pero intuyo que va a volver pronto. Y cerca del final del tomo reaparece Colossus, al que habíamos visto morir tres o cuatro años antes y supuestamente no iba a resucitar jamás, o por lo menos no mientras Joe Quesada fuera el capo de la editorial.
La explicación de cómo carajo está vivo Colossus es patética, como si a nadie le importara, como si fuera un mero detalle burocrático para ir a lo realmente interesante, que es tenerlo al grandote ruso de nuevo en las filas de los X-Men. Hoy es así. ¿Hacemos mierda cualquier interés dramático (o incluso cualquier valor especulativo) que pudiera tener la saguita en la que murió Colossus? No calienta. Lo grosso es lo que está por pasar, no lo que pasó hace años (y es obra de otro equipo creativo). Tenés una serie pensada para ser mega-hot, tenés la responsabilidad de continuar (de alguna manera) lo que hizo Morrison, y bueno, se te perdona escaparte para adelante…
Astonishing X-Men –me lo estaba guardando- tiene como guionista a Joss Whedon, el creador de Buffy The Vampire Hunter, serie de TV icónica de fines de los ´90, famosa por su alto contenido comiquero. De hecho, cuando la serie bajó del aire continuó en comics escritos por el propio Whedon. Yo jamás habia visto Buffy (ni Angel, ni ninguno de los spin-offs) ni había leído otros comics de Whedon. Pero me convenció. El tipo obviamente hizo los deberes. Se nota que leyó mucho (y bien) la Era Chris Claremont, la más gloriosa en la historia de los mutantes, que conoce de memoria a los personajes y que además tiene unos diálogos magistrales. Whedon conserva cierto sabor morrisoneano en el planteo de la serie, y a la vez se esfuerza por recuperar cierta impronta claremonteana sin que huela a retro, ni a refrito, ni a naftalina, lo cual es grosso.
Por supuesto, esto está escrito en el Siglo XXI, o sea que en comparación con la etapa de Claremont, acá pasa poco. En los ´80, todo este tomo podría haber sido tranquilamente una novela gráfica de –como mucho- 64 páginas. Pero Whedon la rema con clase, con muy buen desarrollo de personajes y –ya lo dije- con diálogos excelentes. Hay muchas escenas brillantes, pero me quedo con la de Nick Fury y Cyclops en el helicarrier de SHIELD, una cátedra de mala leche, cinismo y erudición geek.
Y por el lado del dibujo, tenemos al “Facha” John Cassaday prendido fuego, sin ratearse ningún número, mezquinando un poquito los fondos, es cierto, pero con muchísimas pilas en todo lo demás. A Cassaday le sienta muy bien la narrativa descomprimida, tranqui, pausada, que propone el guión de Whedon, pero cuando estalla la machaca, sabe poner cuarta y salir a matar con secuencias llenas de vértigo, acción y grandilocuencia. La temporada de Cassaday en Astonishing X-Men nos salió carísima a los fans de Planetary, porque la serie se fue virtualmente al limbo durante años, mientras el Facha le ponía todo a los mutantes y a Je Suis Legion, su imprescindible saga para el mercado francés. Pero todo bien. En su momento lo puteamos más que a Macri y ahora, con Astonishing, Je Suis Legion y el tomo final de Planetary en la biblioteca, es hora de hacer las paces y de ovacionarlo por la gran calidad que nos brindó en cada uno de estos trabajos.
Astonishing X-Men arrancó linda, atractiva, bien planteada y muy bien dibujada. Antes de fin de año, prometo entrarle al Vol.2.
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