el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 26 de septiembre de 2023

LA MAGIA DEL DIBUJO

A veces aparecen en los comics dibujantes tan brutales, tan categóricos, tan definitivos, que uno tira esa ya gastada frase de "esto podría no tener guion y aún así habría que comprarlo". Y algo muy loco es que estoy tentado de usar la frase para hablar de los dos comics que tengo para reseñar en el día de hoy. El Vol.4 de Innocent tiene un argumento tan chiquito, que cualquiera capaz de estirarlo para que abarque 200 páginas es un genio, o un delincuente. Básicamente tenemos el final del plot que había quedado inconcluso en el tomo anterior (la truculenta ejecución de Robert-François Damiens) y las consecuencia de algo que sucede durante la ejecución y que potencia enormemente al personaje secundario más atractivo de la saga: Marie-Josephe Sanson. Con eso solito, Shin´ichi Sakamoto te tiene hipnotizado 200 páginas, gracias a la magia del dibujo. La calidad gráfica que alcanza Innocent en este tomo es lisa y llanamente sobrenatural. No puede haber seres humanos en el numeroso equipo que secunda a Sakamoto. Son todos ángeles, djinns, duendes, hadas, marcianos... no sé qué corno son, pero el trabajo que ofrecen está a años luz de lo que se ve en el manga promedio. Acá vemos, ni más ni menos, a la atrocidad más abyecta convertirse en la belleza más sublime. Sólo un genio (o un equipo de genios) pueden hacer eso. La forma en que Sakamoto nos muestra el desmembramiento del pobre Damiens, seguido de la escena en la que Anne-Marthe tortura a su nieta, es algo que ningún fan de la narrativa gráfica puede olvidar jamás. Es sangriento, es truculento, es escabroso, sí, obvio. Pero es hermoso, es poético, es emotivo, te desarma todo por dentro y te deja pidiendo más. Se ve que el material que quería meter Sakamoto en este tomito era poco, por eso al final vienen 20 páginas de texto, repletas de información. El autor y su equipo (tiene gente especializada en investigar el aspecto histórico de la época en la que transcurre el manga) nos brindan un montón de datos acerca de la vida real, perfectamente documentada, de la familia Sanson, y de cómo funcionaba a grandes rasgos esa justicia francesa que tenía a los verdugos como principales ejecutores de las sentencias que requerían la muerte de los acusados. Son más o menos los mismos datos que nos ofrece el manga a lo largo de la lectura de estos primeros cuatro tomos, pero presentados de manera más lineal, más compacta y más clara, como para que nadie diga "no entendí bien el contexto en el que está ambientada la saga". La verdad que no quiero contar mucho más del argumento, y -como ya dije- el tomo consiste básicamente de dos secuencias muy extensas, a las que nada de lo que yo diga les puede hacer justicia. Recomiendo cada vez más Innocent y me alegra mucho que Ivrea haya confirmado la edición en Argentina de su secuela.
Y me voy a EEUU, año 2022, cuando se recopila en TPB la maravillosa Step by Bloody Step, la serie de Simon Spurrier, Matías Bergara y Matheus Lopes que antes se había publicado en simultáneo en ese país y en Francia. Acá el tema de "comprarla por el dibujo" está acentuado por un detalle bastante conspicuo: se trata de una saga de unas 160 páginas sin texto, donde todo lo que sucede está narrado con las imágenes. ¿Qué onda Spurrier? ¿Es un ñoqui que cobra por no trabajar? No, el británico imaginó a los personajes y trazó la historia, además de entregar un guion detallado, que explica cuadro a cuadro qué es lo que se va a ver. Y es una historia atrapante, con machaca, misterio, ternura, cierto vuelo poético... En general uno supone que las historias sin texto son bastante más básicas y sencillas que la que se propone contar Spurrier en Step by Bloody Step. Acá hay una trama ambiciosa, un world-building zarpado y un vínculo entre los protagonistas de la saga que no necesita palabras para ser profundo, creíble y vital. Para contar una historia de 160 páginas sin palabras, necesitás que tu dibujante sea un maestro ninja del arte secuencial. Alguien que maneje perfectamente el armado de la página, el flujo de las secuencias, la elección de las angulaciones, la composición de las viñetas, las expresiones de los personajes... Y bueno, Spurrier ya se había sacado la lotería en Coda, cuando formó equipo con Matías Bergara, y acá una vez más el crack uruguayo demuestra por qué es uno de los historietistas más completos y talentosos que tiene el arte que más nos gusta. Potenciado como si fueran una sola persona por la paleta mágica y majestuosa de Matheus Lopes, Bergara se lanza a darle vida a este mundo fantástico y carnadura a estos dos personajes (la nena y el guerrero) a los que descubriremos a través de aventuras y ordalías clásicas, pero no obvias ni predecibles. Al no tener texto, se supone que uno va a prestarle muchísima atención a cada viñeta de Step by Bloody Step... y cómo no hacerlo cuando la faz gráfica alcanza estas cotas de belleza, este despliegue de magia, imaginación y talento. Me encontré con imágenes que me remitieron a Moebius, a Philippe Druillet, personajes secundarios que me hicieron flashear Alfonso Font, secuencias que me hicieron sentir que estaba viendo una película de animación... La conjunción entre Bergara y Lopes me transportó por completo a este mundo, me hizo sentir en carne propia esos climas, vibrar con esas batallas, emocionarme con esas miradas, esos gestos... Realmente era el pedo ponerle palabras a este relato: en las imágenes está todo, y se disfruta enormemente, como cada vez que guion, dibujo y color se ensamblan de un modo tan increíble. Si no leíste Step by Bloody Step te estás perdiendo una gema del Noveno Arte, de verdad. Bueno, nada más. Perdón por postear tan espaciado, pero estoy con muy poco tiempo libre. De acá a fin de año voy a poder postear realmente muy poco, así que también pido disculpas por adelantado, por lo que (no) va a suceder en los próximos meses. Nos vemos mañana a las 22:30 en vivo en el canal de YouTube de Comiqueando, y en persona los días viernes, sábado y domingo en el FIC de Santiago de Chile. Y ni bien pueda, reaparezco con nuevas reseñas acá en el blog.

lunes, 6 de agosto de 2018

LINDO LUNES

Hoy el invierno se copó y nos trató bien, así que llega la noche y me agarra con buen humor para comentar un par de libros que tenía leídos.
Arranco en España, en 2005, cuando la editorial Recerca decide reunir en un tomo de más de 120 páginas la obra dispersa que (hasta ese momento) había acumulado J.M. Ken Niimura, hoy muy conocido por haber sido el dibujante de la gloriosa I Kill Giants (ver reseña del 01/09/10). El libro tiene un título bastante carente de imaginación: se llama Historietas, así, a secas. Y –como toda antología- ofrece un recorrido sinuoso, con algunos picos muy altos mezclados con trabajos que hubiese sido mejor obviar. Hay que aclarar que en el libro hay material realizado por Niimura para fanzines, para presentar en concursos para aficionados, y hasta ejercicios que realizó a pedido de sus profesores cuando estudiaba Historieta. O sea que sería de muy mala leche masacrarlo por esos trabajos. Y también hay que poner en la balanza el hecho de que muchas historietas tienen apenas dos o tres páginas. Como siempre señalo, es muy difícil contar una buena historia en ese espacio, y menos cuando uno es un autor primerizo.
Aún así, con todas estas restricciones, Niimura experimenta, prueba con distintas técnicas pictóricas y narrativas, busca una voz propia y hay momentos en los que da en el blanco. “Amanecer Distinto” o “NOSE” son breves joyitas que se la bancarían aún hoy en las páginas de cualquier antología. “Como la Pólvora” es muy arriesgada en términos narrativos, pero el dibujo es una maravilla. “Trag3d1a” es otra pequeña obra maestra y “Raíces” visualmente es brillante, pero al guión le falta una vueltita más. El mejor guión es el de “La Ultima Sonrisa” (que no está para nada mal dibujada) y entre los experimentos de narrativa, el que mejor le sale al autor es “Historias de dos Ascensores”, excelente pieza de relojería comiquera en la que poco importa que no se luzca mucho el dibujo.
Si descubriste a Niimura en I Kill Giants, o si todavía no tenés la menor idea de quién es este notable autor español, este recopilatorio te puede dar un lindo pantallazo de lo que fueron sus años formativos, donde ya se notaba la pasta de crack. Lo vi hace poco saldado a $ 90 en una librería de la avenida Corrientes, como para que ningún interesado se quede afuera.
Me vengo a 2017, cuando Image publica el primer TPB de Cannibal, la serie escrita por Brian Buccellato y Jennifer Young, con dibujos de mi amigo e ídolo, el uruguayo Matías Bergara. Esta serie terminó de modo medio abrupto, con un nº8 en el que se cerraron algunas puntas argumentales (como para que los compradores del segundo TPB no los cagaran a puteadas), mientras la trama central nunca se terminó de redondear. Es una pena, porque en estos primeros cuatro episodios había ideas como para sostener por lo menos tres TPBs sin estirar groseramente ni tratar de idiota al lector.
Cannibal es un thriller ambientado en los pantanos de Florida, en un pueblo bastante aislado, donde todos se conocen y hay varias historias espesas subyacentes. Por supuesto que la aparición de un virus que convierte a la gente en caníbal acelera el estallido de varios conflictos y le permite a los guionistas empezar bien arriba. Ya habrá tiempo (o no) para explicar un poco más acerca de esta epidemia, y para desarrollar más a los protagonistas, que son los hermanos Cash y Grady Hansen. En este primer tramo, Cash eclipsa ampliamente al resto del elenco y apunta a ser el personaje mejor trabajado de la efímera serie.
El guión no es ni glorioso ni una garcha, ni tampoco un clon berreta de The Walking Dead. Se deja leer, tiene buenos diálogos, situaciones interesantes, momentos de alto impacto y un esfuerzo bastante encomiable por no hacer añicos el verosímil. Pero todos esos méritos empalidecen frente al dibujo de Bergara, en el que era (hasta que salió Coda) su mejor trabajo. Acá vemos a Bergara tirar magia en las expresiones faciales, en el lenguaje corporal de los personajes, en los fondos, en el armado de las secuencias, en la combinación (digna de un maestro onda Alfonso Font) entre una línea finita y unas masas de negro fuertes, pesadas. El propio Buccellato se encarga de colorear a Matías y lo hace bastante bien, sin descuidar los climas y sin disputarle el protagonismo al dibujo. Quiero el Vol.2 para ver cómo sigue la historia, hasta dónde se la puede considerar una obra inconclusa. Y para leer 80 páginas más dibujadas a un gran nivel por un autor que -con menos de 35 años- ya acumula un montón de obras increíbles muy distintas entre sí, esparcidas entre varios mercados.
Vuelvo a postear ni bien tenga un par de libros leídos. Gracias y hasta entonces.

domingo, 6 de abril de 2014

06/ 04: LAS ANDANZAS DE VLAD TEPES

Ultima etapa en esta recorrida por la historieta latinoamericana actual (la próxima será en unas semanitas) y vuelvo a Uruguay, a encontrarme con una historieta bastante atípica. No atípica en un sentido formal, porque no se trata de una historieta que se juegue a innovar o plantear el relato desde lugares (o con mecanismos) nunca antes explorados. De hecho, cuenta con los dibujos de uno de los nombres más activos de la historieta uruguaya, el prolífico Matías Bergara.
Lo raro de Las Andanzas... pasa por el guionista y por los guiones. Vlad Tepes es –como todos sabemos- el verdadero nombre del Conde Drácula, eterno capo del vampiraje. Acá, Tepes es vampiro, vive en Montevideo y tiene los rasgos de Silvio Galizzi, el guionista del comic, quien además es un conocido abogado, periodista, coleccionista y actor. De hecho, la primera parte del libro, las 52 páginas que componen el relato titulado “Erase una Vez en La Mondiola”, es una adaptación al comic de un film titulado Banfield Killer: Sangre en La Mondiola, en el cual Galizzi actuó en el rol del vampiro uruguayo. Es decir que la identificación entre Galizzi y Tepes no es un invento de Bergara, sino que ya viene impuesto por aquel largometraje y un segundo, La Balada de Vlad Tepes, en el que el actor principal también se hizo cargo del guión cinematográfico.
Lo otro muy loco de los guiones de Vlad Tepes es la profunda incorrección política. En estos tiempos en que los autores (incluso los de vanguardia) se esfuerzan tanto por no generar ni una pizca de polémica, por no crear nada que pueda resultar mínimamente ofensivo para nadie, Galizzi pone cuarta y se manda a 150 km/h por la banquina del lado contrario. En estas historietas hay chistes muy crueles, profundamente discriminadores, hacia los negros, los discapacitados, los putos, los chinos, los murgueros, las feministas, Papá Noel y los pibes que piden monedas en la calle, entre otros. Por si faltara algo, tenemos como protagonista a un hijo de puta que, además de chupar sangre, viola y mata sin ningún prurito, y sin ninguna consecuencia visible. De hecho, los guiones nos invitan a FESTEJAR cada una de las atrocidades que comete Tepes, lo cual es bastante heavy. Felizmente, estas masacres, vejámenes y traiciones vienen sazonadas con diálogos irónicos y muy efectivos, en la línea de los que escribía hace 30 años el maestro Enrique Sánchez Abulí en las historietas de Torpedo.
Nada de lo antedicho nos aclara si los guiones son buenos o no. Por lo menos para mi gusto, funciona mucho mejor el relato largo que las historias cortas (siete “andanzas” de cuatro páginas cada una), que muchas veces se quedan en el “chiste largo” y no tienen mucho más sustento que verlo a Tepes hacer maldades y “oirlo” tirar frases tremendamente ofensivas sin que se le mueva un pelo. La historia larga, la que adapta la película, está mucho mejor, con climas y situaciones más elaboradas y mejor resueltas.
Por el lado del dibujo, lo raro es verlo a Bergara alterar un poco su estilo habitual para ganar en velocidad y agilidad. Estas páginas no existen en papel y nunca vieron la tinta. Están dibujadas íntegramente en una tableta digital y retocadas en el photoshop por un Bergara que por momentos se vuelve irreconocible. De nuevo, en la historieta más extensa brilla mucho más el dibujo, se lo ve más comprometido, con la puesta en página más trabajada. No está toda dibujada al nivel de Dengue o El Viejo, pero queda bastante claro que hay un tipo muy talentoso detrás del lápiz (óptico). En las historias más cortas, el “sale con fritas” muchas veces le gana la partida al oficio y la calidad que uno asocia normalmente con la firma de Matías Bergara. El cuidado está puesto en que los personajes sean muy expresivos (a nivel corporal y de los rasgos faciales), y el resto está todo resuelto muy a los pedos, muy con lo justo.
Si querés descubrir a un Bergara que juega en el límite entre el no-virtuosismo y el “me chupa un huevo todo”, este libro es realmente revelador. Y si te querés reir con un humor negro, sórdido, del que hace que te avergüences por haberte reído de semejantes animaladas, este macabro alter ego de Silvio Galizzi te va a entretener un buen rato.

domingo, 29 de diciembre de 2013

29/ 12: EL VIEJO

Una vez más, el blog le abre sus puertas a la producción de los otros países de Latinoamérica, esta vez con un comic uruguayo de particular interés porque está co-editado por un sello charrúa y uno argento, lo que lo hace fácil de conseguir de este lado del charco.
El libro reúne 30 historietas muy breves (la más larga tiene cuatro páginas), originalmente publicadas en Freeway, una revista de tendencias, moda y cultura que se distribuye en forma gratuita en bares, centros culturales y boliches de Montevideo. En ese espacio, apuntado básicamente a jóvenes con buen nivel de educación y de ingresos, el guionista Alceo dio vida a El Viejo, junto al dibujante Matías Bergara (a esta altura, un fetiche de este blog). El Viejo es un tipo que físicamente parece un sesentón, pero a partir de los años en los que ubica las anécdotas que narra, podemos deducir que en realidad anda por los cuarentaipico (como yo). También es un crítico inmisericorde, sin reparos a la hora de masacrar las obras de los artistas, aunque sean amigos suyos (como yo); prefiere escuchar música en su casa, a oscuras y poniendo discos, en lugar de padecer las incomodidades y la estupidez colectiva de los conciertos masivos (como yo); no conoce la nostalgia (como yo) y considera que el amor de pareja es un chamuyo insostenible (como yo). O sea que me identifiqué bastante con el personaje, a pesar de que Alceo se esfuerza para que nos caiga mal.
La gracia de la serie es esa: ver al Viejo hacer atrocidades, demostrar su total falta de códigos, su soberbia, su desprecio por los gustos y pasiones de los demás, su mala leche a prueba de balas... y que nos resulte divertido y hasta querible. Se trata de un comic de alta incorrección política, en la que este tipo extravagante, distante, elitista y cínico, es el héroe, es el capo, es el personaje al que casi todo le sale bien y al que los hechos (que obviamente responden a una lógica farsesca y no realista) le dan la razón. Además del humor cáustico, Alceo despliega un notable manejo del absurdo y un amplio abanico de referencias a la música, el futbol, el cine, la tele y los hábitos de consumo del presente y de los ´80, que es la época a la que volvemos cada vez que el Viejo protagoniza algún flashback. También hay guiños comiqueros limados (de Larguirucho y Condorito a Jean Grey y la fauna de las comiquerías) muy bien puestos.
Lo mejor que tiene Alceo (que logra los mejores resultados en las dos historietas que en vez de dos páginas tienen cuatro) es que es un guionista impredecible. Cuando ya leiste más de 20 historias de El Viejo, creés que ya tenés decodificada la fórmula, que ya no hay más sorpresas, y de algún modo Alceo te vuelve a sorprender y a descolocar, siempre desde su talento para el humor. Quiero leer más obras suyas. Ah, y además de las historias de El Viejo, el libro trae otras seis historias muy cortitas (también de dos páginas) en las que Alceo trabaja sin personajes fijos, y con referencias (y chistes muy crueles) más centrados en la temática cinéfila. Ahí también hay hallazgos, dibujados por Richard Ortiz, un muy correcto seguidor de los lineamientos estéticos del mainstream yanki.
En el resto del tomo (es decir, en todo el tramo protagonizado por el Viejo) tenemos a Bergara en un gran nivel. A veces, se lo ve trenzado en una dura lucha contra la cantidad de cuadros y la cantidad de texto que tiene que meter, pero casi siempre se disfruta de un Bergara a sus anchas, al que se le nota que la está pasando bien mientras dibuja las animaladas que escribe Alceo. El estilo del dibujante muta hacia la caricatura y se aleja bastante de lo que vimos en Dengue, Acto de Guerra o El Graf Spee. Acá hay más primeros planos y en cada uno de ellos Bergara sube mucho la apuesta en materia de expresividad, para acentuar los rasgos y la comicidad de los personajes y las situaciones. Cuando se le ocurren buenas ideas para zafar de dibujar fondos, las pone en práctica, y uno nunca siente que le están mezquinando algo en materia de dibujo. En parte porque hay un muy buen trabajo en el color, que es casualmente lo que a mí menos me cerraba de Dengue. Acá no sólo Matías colorea mucho mejor que en aquella novela gráfica (reseñada el 25/10/12) sino que en algunas historietas le habilita la paleta digital a su hermano Ismael, que es un verdadero virtuoso en este tema. No estaría mal que el próximo trabajo de Bergara a color estuviera 100% coloreado por su hermano.
Desde la siempre copada Montevideo, Alceo y Bergara me hicieron reir y hasta identificarme con un personaje nefasto, amargo, jodido, irredimible e irreivindicable. Si te gusta esa vertiente del humor sin barreras, o si seguís fielmente a este joven y talentoso dibujante uruguayo, no dejes de visitar a El Viejo. El año que viene, más Matías Bergara en el blog.

jueves, 25 de octubre de 2012

25/ 10: DENGUE

El post de hoy, destinado a ser recordado por siempre por ser el número 1000 de este blog, engancha en cierto modo con la saga de Nueva York. En una de las tantas charlas con el maestro uruguayo Matías Bergara, le comenté que era inminente la aparición del milésimo post, a lo cual me respondió de una “Tiene que ser la reseña de Dengue”. Y bueno, no le puedo fallar a un amigo...
Dengue no se parece en nada a las otras historietas de Rodolfo Santullo y Bergara que leímos antes. Al igual que El Graf Spee y Acto de Guerra está ambientada en Montevideo, y hasta ahí llegan las similitudes. Si Acto... pretendía funcionar como testimonio y El Graf Spee jugaba a rodear de un cierto contexto aventurero un célebre hecho histórico, Dengue opta por el camino opuesto: el de irse a la mierda, el de usar a la ciudad real como marco para una aventura totalmente sacada, osada, grandilocuente y entregada sin condiciones a los brazos de lo fantástico, de la imaginación sin límites. Algo así como lo que hizo Oesterheld con El Eternauta.
Dengue es, además, la obra menos dark de la dupla. Al desconectarse de los trágicos episodios reales en los que se basaban sus antecesores, Dengue crea un clima un poco menos opresivo y sobre todo menos solemne. Tiene sus momentos truculentos, hay corrupción, violencia y escenas que te estrujan el corazón con la crueldad de un verdugo del medioevo en un mal día, pero no es una historieta demasiado reflexiva ni mucho menos depresiva. Al final, cuando la terminás, queda la aventura. Una especie de thriller policial en el que “el cana imperfecto pero bueno” se juega la vida una y mil veces para desentrañar una trama muy espesa de corrupción, negocios sucios y muerte y ni siquiera se queda con la minita. ¿Creés haber leído muchos de esos? Te aseguro que ninguno se parece a Dengue, porque en ese contexto ya bastante transitado, Santullo mete un elemento de ciencia-ficción que detona en la página 8 y propulsa a la historieta en una dirección totalmente distinta.
Hay varios aciertos más en el guión, pero me quedo con uno sólo: el primer tramo de Dengue no se lee como una novela gráfica, sino como un mosaico de historias cortas, unidas por un contexto y un personaje (el Sargento Pronzini) en común. De hecho, el segundo episodio, el de los jugadores de futbol, cierra tan perfecto en sí mismo, que publicado por afuera de Dengue también sería una joyita. Después, los hallazgos típicos de Santullo: buena construcción de personajes, excelentes diálogos, hábil manejo de las convenciones de los géneros con los que coquetea y un gran criterio para dosificar la información, para que la historia nunca se empantane entre complejas explicaciones pseudo-científicas, de las cuales acá hay unas cuantas.
Por el lado de la faz gráfica, tengo un problema jodido: No me gustó para nada el color. Vi los originales en blanco y negro en el estudio de Bergara y me gustaron mucho más que la versión publicada. Entiendo por qué se optó por esa paleta y demás, pero no me gusta. Ahora, si hago el esfuerzo de no ver el color (me hago daltónico, como John Byrne y Raúl Fortín) y me concentro en el dibujo en sí, en la línea, las manchas y los espacios “blancos”, me encuentro con un Bergara muy superior al de sus trabajos anteriores. Cada vez que aparecen “el Príncipe” o Kaneda, sentí que estaba leyendo a Katsuhiro Otomo, o a Moebius. Hay primeros planos perfectos, notables planificaciones de página, mucha variedad de ángulos, un gran trabajo en el lenguaje gestual de los personajes, en los cuerpos en movimiento, en la acción (y hay MUCHA acción), los monstruos son realmente horrendos, sin nada que envidiarle a los de Berni Wrightson, y los fondos son muy básicos, muy esquemáticos, pensados para desaparecer a la primera de cambio sin disputarle jamás el protagonsimo a la figura humana. Un salto cualitativo impresionante en la labor de este joven artista (todavía no tiene ni 30 años), lamentablemente un poco opacado por el color.
Aparecida hace menos de seis meses, Dengue ya es la historieta uruguaya más vendida en la historia del país vecino. Y muy merecidamente, porque realmente –y más allá de que uno sea amigo de los autores- es una lectura atrapante, consistente, impactante e inteligente, que se disfruta de principio a fin. Eso sí, después de leerla, doble pasada de Off, Raid a toda hora y espirales hasta en los calzoncillos...

sábado, 6 de noviembre de 2010

06/ 11: ACTO DE GUERRA


Volvemos a repasar grandes obras de la historieta latinoamericana reciente y, como resulta casi inevitable, el paso por Uruguay nos lleva a hablar de la increíble dupla integrada por el guionista Rodolfo Santullo y el dibujante Matías Bergara. Como sucede algunas veces, estamos ante una dupla que se entiende tan, pero tan bien, que hay que esforzarse para pensar que acá hay dos autores y no uno.
Como en Los Ultimos Días del Graf Spee, Santullo toma elementos de la realidad histórica del país hermano, los condimenta con acertados toques de ficción y convierte hechos reales o anécdotas en buenas historias, en materia fértil para contar historietas potentes, importantes. Esta vez deja afuera de la coctelera un elemento que en …el Graf Spee funcionaba muy bien, que son los toques de comedia. Esta vez las cuatro historias transcurren durante la oscura dictadura militar que azotó a Uruguay en los ´70 y el tono es –lógicamente- mucho más dark. No hay femme fatales, ni espías tipo James Bond, ni nada que aliviane un cachito el tono opresivo de las historias. La tercera tiene un par de personajes más raros, más impredecibles, y por ahí se cuela un rayito de joda. Pero el resto es heavy en serio, y por momentos hasta puede resultar depresivo.
La mejor de las cuatro historias es, por lejos, la primera, que ya se había publicado en la notable antología Traición (Loco Rabia, 2008). Ahí se conjugan personajes perfectamente construidos, machaca sanguinolienta y giros argumentales impactantes que nunca te ves venir. La segunda historia es intensa, te logra poner nervioso de verdad, pero el final… no sé, por ahí yo esperaba una vueltita de tuerca más que no llegó. La tercera es la menos dark (repito) y un alivio más que bienvenido. Está repleta de diálogos excelentes y de situaciones muy bien resueltas. No es perfecta como la primera, pero le sobra calidad. Y la cuarta es más descriptiva, o informativa que narrativa. Hay un conflicto fuerte, pero se resuelve ala mitad de la historieta. La segunda mitad se limita a mostrarnos cómo el protagonista se acomoda a un nuevo status quo que emerge como resultado de la resolución del conflicto. Una especie de salida negociada, en la que la aventura y el slice of life se reparten miti-miti el contenido propuesto por Santullo.
Fijate que no cuento nada de las tramas, pero la verdad es que, si leíste el Nunca Más, o si viste cine argentino de los ´80, o leíste la Fierro clásica, ya conocés a los jugadores: milicos fachos represores y torturadores, militantes de una izquierda que en un momento deja de ser idealista y se vuelve violenta, y en el medio gente común, laburantes e intelectuales (más cerca de los “revolucionarios”) y policías y pequeñoburgueses (más cerca de los fascistas). Incluso te imaginarás la mecánica del juego: exilio forzado para unos, persecución ideológica para otros, secuestro y tortura para unos cuantos, cacería urbana a sangre y fuego para otros, represalias, delaciones, traiciones, mentiras y un incesante despliegue de crímenes de lesa humanidad. Santullo no lo vivió, pero sus padres sí (de hecho Rodolfo nació en México, donde se exiliaron sus padres) y sus historias (y las de muchos otros) nutrieron estos relatos.
Que uno no se imagina dibujados por nadie que no sea Matías Bergara, este animalito que –como ya vimos la vez pasada- mezcla cosas maravillosas de Juan Sáenz Valiente y Alberto Breccia. El pincel de Bergara debe tener vida propia, o estar poseído por alguna entidad demoníaca. El uruguayo lo mueve con soltura, con maestría, con una espontaneidad típica del que está jugando o fruteando, sin esperar que le salga nada mirable, ni mucho menos funcional a un relato, ni mucho menos bello. Pero lo que sale de esas pinceladas y esas manchas alucinantes es 100% mirable, es perfectamente funcional a lo que quiere contarnos y además tiene una enorme belleza plástica. Hay climas conmovedores, hay un gran laburo en las secuencias mudas… hay talento.
Si te bancás el bajón de sumergirte en una temática áspera, espesa y dolorosa, Acto de Guerra te va a emocionar. Y te va a demostrar que, también en los horrores de la dictadura, Argentina no es tan distinta como creemos de nuestros vecinos de Latinoamérica.

sábado, 10 de julio de 2010

10/ 07: LOS ULTIMOS DIAS DEL GRAF SPEE


Hoy mato dos pájaros de un tiro: por un lado retomo mi recorrida por el comic de los países hermanos, y por el otro tengo una excusa para desear en voz alta que la selección uruguaya le rompa bien en orto a la alemana en el partido de esta tarde.
En Uruguay, como en Chile, el estado otorga fondos concursables a los proyectos de mejor nivel artístico. Desde que existen los fondos, los ganan sistemáticamente los miembros del Grupo Belerofonte, que son básicamente el guionista/ editor Rodolfo Santullo y el dibujante Matías Bergara. En 2008, los fondos les permitieron convertir en un hermoso álbum esta excelente novela gráfica que es Los Ultimos Días del Graf Spee.
Tal como el título nos permite suponerlo, se trata de un relato ambientado en 1939, cuando el buque alemán Graf Spee llega al Río de la Plata y echa anclas en Montevideo, hostigado por los cañonazos de la armada británica. Eso ya de por sí reviste el suficiente interés como para bancar un buen relato, pero Santullo va más allá y lo sazona con elementos de ficción, para lograr lo que mejor le sale: una aventura en la que la imaginación va a fondo, pero 100% verosímil. La trama que propone Santullo envuelve a los verdaderos marinos alemanes y los verdaderos políticos uruguayos con espías, diplomáticos, femme fatales y hasta un arquitecto que termina por convertirse en el protagonista de la novela. Los personajes de José Arenales y Claire están perfectamente construídos, al igual que el del capitán Hans Langsdorff, máximo oficial a bordo del buque alemán, que se debate entre la obediencia al Reich y sus deberes para con sus tripulantes. Lo de Santullo se parece mucho a lo que hacía Osvaldo Soriano en sus mejores novelas. Incluso, como Soriano, se anima a quebrar la notable tensión dramática con momentos más distendidos, casi con aire de comedia, y logra que el guión se mantenga agazapado, siempre listo para que estalle el conflicto final, que el lector uruguayo conoce de memoria, ya que el hundimiento del Graf Spee en las costas de Montevideo es uno de los hechos más destacados en la historia del país vecino, acerca del cual se han escrito toneladas de textos.
Otro acierto de Santullo es que sus personajes no cuentan la historia: la viven. No los llena de diálogos en los que explican lo que pasa, ni por qué cada uno hace lo que hace. Un texto previo a la historieta nos presenta el marco histórico y a los protagonistas de la historia, y después, ya fue: cada uno interpreta su rol con total naturalidad y sin dar demasiadas explicaciones.
Esta economía en los textos es uno de los tantos elementos que juegan a favor del lucimiento del dibujo, al igual que la poca cantidad de cuadros por página. Y Matías Bergara no desaprovecha en lo más mínimo las posibilidades de lucirse. Acá lo vemos en plena consolidación de su estilo, al que podríamos definir como una mezcla entre Jacques Tardi y Juan Sáenz Valiente, pero con los grises trabajados como Alberto Breccia en Perramus: con aguadas, esfumados, la línea negra convertida en gris y muchas veces ausente, reemplazada por masas de distintas tonalidades aplicadas con el pincel. La narrativa es clara y potente, como en Sáenz Valiente y Tardi, y sobre el final los primeros planos se van haciendo cada vez más expresivos, hasta llegar a niveles dignos de José Muñoz. El resultado es sencillamente delicioso.
Los Ultimos Días del Graf Spee combina rigor histórico con vuelo creativo y una gran belleza plástica. Y pone allá arriba a una obra gestada en un país que llevaba muchos años sin producir historietas de primer nivel. Por suerte, con Santullo, Bergara, Renzo Vayra y algunos nombres más, el comic uruguayo atraviesa un muy buen momento a nivel calidad, que ojalá se traduzca en un crecimiento genuino del mercado editorial y del consumo del propio público uruguayo, cuyos gustos parecen conectar más y mejor con el comic japonés o norteamericano. Aguante la Celeste!