Del backstage de esta historieta se escribió más que de la historieta misma: los cambios que le hicieron al argumento esbozado en 1988, la magia que hubo que hacer para no desaprovechar las sesenta y pico de páginas dibujadas en aquel primer arranque, ese semáforo esquizofrénico que funcionó todos esos años en DC, que un día frenaba, otro día re-evaluaba y otro día exigía para ayer la finalización de la novela... En fin, avatares del mundo editorial yanki, del que no zafaron ni siquiera dos de los exponentes más incuestionables del comic superheroico “moderno”. Si te comprás (o bajás) la novela gráfica, vas a encontrar muchas páginas en las que los maestros Marv Wolfman y George Pérez cuentan este larguísimo proceso, comparan el plan original con el resultado final, etc. Pero sobre todo te vas a encontrar con 120 páginas de historieta, y en una de esas querés saber si vale la pena leerlas.
La verdad que es una historia divertida, con lindas vueltas de tuerca. Lo dice alguien que no siente nostalgia por los Titans de Wolfman y Pérez, que se cebó mal con ellos a los 16-17 años y cinco años después ya no tenía ni compraba las revistas que en algún momento atesoró. Creo que no leía un comic de los Titans desde... no me acuerdo... De Zero Hour para acá, si leí los Secret Files & Origins, es mucho. O sea que mi vínculo afectivo con los personajes es tenue, no altera para nada mi visión de esta obra.
Me parece que si no comprás el humo de “la hiper-epopeya que tardó casi 25 años en concretarse y que representa la despedida definitiva de la mejor dupla que metió mano en la serie”, se disfruta bastante. Hay una intriga grossa, muchas escenas de alto impacto, mucha acción, muy buenos diálogos (Wolfman dialogó TODA la novela en 2011) y se respira esa sensación icónica de “ESTOS son los Titans y ESTA es su aventura definitiva en las que los vas a ver desplegar TODO su potencial”. Por ahí al estar desligada de la continuidad de una serie mensual, la novela gráfica gana en libertad, y a la vez pierde un poquito de impacto: acá hay cambios grossos en el status quo de los Titans, que al que leía la revista en 1988 le hubiesen roto la cabeza y a los que leemos hoy la novela gráfica nos parecen bastante menos relevantes.
Creo que si tengo que rescatar algo por encima del resto es el amor por los personajes. Se nota a ocho cuadras que Wolfman y Pérez, además de conocerse de memoria entre ellos, conocen A FULL a los Titans. Para ellos no son dibujitos, son pibes y minas de verdad, a los que les deben respeto, lealtad y cariño, como a cualquier amigo de hace mil años. Esto se nota en todos los miembros del grupo, pero especialmente en Nightwing, que es el que tiene más apariciones no escritas por Wolfman. No hay vuelta que darle: pasan las décadas y NADIE entiende a Dick Grayson mejor que Wolfman.
El dibujo de George Pérez está a un nivel muy alto. No es el Pérez Perfecto, pero se le acerca mucho. Seguramente se luciría más si él mismo hubiese entintado todas las páginas, lo cual es –sin dudas- mucho pedir. El maestro la rompe (como siempre) en el armado de la página y la secuencia, algo que se disfruta enormemente en una publicación bastante más grande que el típico comic-book. Las páginas de Games están llenas de viñetas, grandes, chiquitas, horizontales, verticales, divididas por zanjas, sin zanjas, con todo tipo de transiciones y sobre todo con un gran dinamismo. Las páginas nunca transmiten la sensación de “acá no pasa nada”, ni siquiera cuando los héroes paran para hablar entre ellos o tratar de deducir las retorcidas movidas de sus adversarios. Hay una muy buena simbiosis con los coloristas, excelentes fondos (que escasean poco, en pocas viñetas) y unos recursos estilísticos alucinantes cada vez que Pérez muestra a Raven en la dimensión espiritual de Azarath.
Games encaja perfecto justo después de A Lonely Place of Dying. Y se lee como un final, como la despedida de “los Titans de Wolfman y Pérez”. Como si te dijeran “olvidémonos de todo lo que viene después de esto y salimos ganando todos”. Y está bien, es un pacto al que suscribo. Principalmente porque si la etapa de la dupla se terminara en ese n°61 de la segunda serie y de ahí pasáramos a Games, nos ahorraríamos muchas horas de lecturas sosas y decepcionantes, que hicieron que más de uno (me incluyo) pasara de hadcore fan a ex-fan de los Titans: páginas y páginas de un Marv Wolfman poco inspirado, tratando de remar en el océano de polenta junto a dibujantes que no le llegan ni a la suela del zapato a George Pérez. Tarde pero seguro, los maestros se reconciliaron con todos los (ya viejos) fans que vibramos con los Titans en los ´80. Bien por ellos!
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domingo, 18 de agosto de 2013
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