el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 29 de octubre de 2022

SÁBADO DE SUPER CIENCIA FICCIÓN

Para hoy se me juntaron dos obras de un mismo género, la ciencia ficción. Y las dos me gustaron mucho. Empiezo en la bisagra entre los ´70 y los ´80, con Ricardo Barreiro y Juan Giménez en plena aventura europea. A veces coincidían en el mismo país, a veces no, pero durante unos cuantos años trabajaron juntos en historias cortas de ciencia ficción (o "machine fiction", como le gustaba decir a Juan) que finalmente aparecen todas recopiladas en un único libro, War III, al que realmente no le falta nada. Creo que lo más impactante de War III es cómo nos invita a redescubrir y revalorizar los trabajos de Giménez en blanco y negro. Tanto acá como en Ciudad (ver reseña del 03/12/15) queda muy claro que el maestro mendocino no solo era un capo a nivel mundial cuando le ponía color a sus historietas, sino que también cuando trabajaba en blanco y negro hacía gala de un trazo exquisito y de una cantidad de recursos expresivos francamente pasmosa. En algunas historietas se vuelca a las rayitas de rotring típicas de Moebius de los ´70, pero en general, en esta época de Giménez vemos a un autor versátil, sólido, que no solo deja la vida en cada máquina y en cada nave espacial, sino que además le sabe poner a los personajes unas expresiones faciales que poco tienen para envidiarles a las del mejor Solano López. Además, el armado de las secuencias siempre funciona, no hay tropiezos sino aciertos en la elección de los ángulos, las escenas mudas son apoteóticas y las páginas en las que Barreiro se excede un toque con la cantidad de texto también se ven bien. Este libro se puede comprar tranquilamente para flashear con los dibujos de Giménez, aunque los guiones no te interesen en lo más mínimo. ¿Y qué onda los guiones? Desparejos, como en cualquier compilado. La última aventura, por ejemplo (la extensa Puesto Avanzado), se toma 30 páginas para llegar a un remate irónico que se parece mucho a un chiste malo. El argumento es una excusa para que Giménez dibuje muchas páginas de batalla entre naves espaciales, y no mucho más. En cambio, en Adiós, Soldado y Nosotros los Héroes, tenemos al Loco Barreiro mucho más inspirado, con relatos muy eficaces, que además de la inevitable dosis de violencia, explosiones, armas y drogas, tienen una bajada de línea dura, desoladora, por momentos conmovedora, acerca del tema de la guerra. Y después hay tres historias que no son ni gemas ni choreo: guiones cortos, correctos, que cumplen sus dos funciones primarias: 1) llenar un puñado de páginas en una antología donde aparecían 10 ó 12 historietas distintas; y 2) permitir el lucimiento del dibujo de Juan Giménez. Me da la sensación de que en ninguno de estos trabajos Barreiro buscó crear una obra maestra, ni establecer un hito en su carrera como guionista. Por el contrario, me lo imagino muy distendido, dispuesto a pasarla bien junto a su amigo "el Pelado" que se cebaba tanto como él con el tema de las guerras ambientadas en el futuro. Siempre el mejor de los recuerdos para ambos.
Salto a Estados Unidos, año 2019, cuando la ignota editorial TKO publica Sentient, una saga de ciencia ficción originalmente serializada en seis comic books, con guion del maestro Jeff Lemire y dibujos de Gabriel Hernández Walta. Sentient tiene la complejidad suficiente como para que te la puedan vender de dos formas totalmente distintas. Por un lado, te la puedo recomendar como una obra que transmite unos valores lindísimos de solidaridad, de coraje, de responsabilidad, de jugarse todo para proteger a los seres queridos. Desde ese lado, vas a encontrar una obra muy emotiva, en la que Lemire logra que nos encariñemos con una inteligencia artificial tanto como si fuera un ser humano, lo cual no es poco. El hecho de que casi todos los protagonistas sean niños también refuerza esa mirada familiera, tierna, de "caricia al alma". Pero también podemos hacer énfasis en la otra faceta de Sentient, una obra con un nivel de violencia tremendo, en la que los niños terminan más de una vez salpicados de sangre, envueltos en una runfla política de la que no entienden nada, pero que hace aflorar en los adultos una mala leche atroz. La obra hace equilibrio todo el tiempo entre esos dos polos opuestos. Para hacerla apta para todo público o "family-friendly" habría que limpiarle toda esa faceta más extrema y más sangrienta, y para profundizar un poco más en la faceta más oscura y ominosa los protagonistas tendrían que tener 10 o 15 años más. Lo realmente notable es que, así como está, apoyada en esa ambigüedad que la convierte en un bicho rarísimo dentro del comic yanki reciente, Sentient funciona perfecto. Está apenitas estirada (seguramente con 20-30 páginas menos pegaría más fuerte) pero logra sorprender incluso al lector más curtido, porque nunca te ves venir las guachadas que Lemire tiene bajo la manga para sacudir a la tripulación (humana y no tanto) del U.S.S. Montgomery. La lectura de este comic me retrotrajo a la semana pasada, cuando el maestro Gipi me hizo emocionar con esos adolescentes desamparados, librados a su suerte en un mundo devastado, precario y extremo. Sentient va medio por ese lado, es un poco un El Último Recreo en el espacio, pero con un personaje que modifica de lleno la ecuación como es Valarie. Un guion muy fuerte, muy impactante, donde Jeff Lemire demuestra una vez más que, sin salir de los géneros más transitados, es una usina inagotable de ideas novedosas y arriesgadas. El dibujo de Gabriel Hernández Walta es excelente, bien expresivo, dinámico, con gran atención por los climas opresivos, de altísima tensión, que se viven a bordo de la nave, y perfectamente realzado por un trabajo sublime en el color. De aca en más, cada vez que vea una historieta de Walta donde no lo dejan colorearse a sí mismo, voy a putear en no menos de 15 idiomas. Tengo sin leer otro libro (sí, ese libro) dibujado por este gran autor nacido en Melilla, así que no falta demasiado para que se venga una reseña por acá. El ensamblaje entre Walta y Lemire en estas páginas es tan potente que ojalá se reúnan pronto para una nueva colaboración. Si sos fan de cualquiera de ellos, o de la ciencia ficción, o del buen comic en general, no tengo dudas de que Sentient te va a encantar. Y hasta acá llegamos, por hoy. En una de esas hay nuevas reseñas el lunes, y si no, nos reencontramos el mes que viene, acá en el blog.

lunes, 17 de febrero de 2020

LUNES UN POCO MENOS GLORIOSO

Hice el intento de leer dos libros bastante similares a los que se combinaron el martes pasado, en aquel Martes de Gloria, pero no. No llegamos a esos niveles de disfrute, ni cerca.
El torpedo que me hundió el barco fue, básicamente, el guión de El Mago, esta serie escrita por Ricardo Barreiro a fines de los ´80, que luego tendría una secuela en los ´90 y que recién en 2019 se publicara toda junta en un sólo tomo. La primera parte de El Mago parece una falta de respeto: a lo largo de 48 páginas vemos a Jalib preparándose para enfrentar a los tres Magos Negros, unos hechiceros malísimos, recontra-poderosos, a los que el joven protagonista destruye uno atrás del otro, sin tomarse un respiro siquiera, en las últimas 12 páginas. Termina de vencer al tercero, y dos viñetas después… FIN, se terminó la serie. Posta, un guionista profesional (y capo) como Barreiro podía entregar eso y alguien se lo publicaba.
Cuando ves que hay una secuela, decís “ah, bueno, ahora sí, Jalib va a poder reflexionar sobre lo que pasó, buscar un nuevo propósito para su vida ahora que ya mató a los asesinos de su familia, incluso puede ser que alguno de los Magos Negros resucite y vuelva por la revancha…”.  Nada de eso sucede. La “segunda parte” de El Mago son en realidad tres aventuras autoconclusivas y una narrada en dos episodios, que no tienen ninguna relación con el primer arco. Tampoco tienen personajes secundarios copados, ni villanos jodidos, ni desarrollo para Jalib, ni el más mínimo toque de humor, ni bloques de texto con una prosa más sofisticada, ni nada. Son eso, la nada. Aventuras neutras de un personaje anodino, con menos onda que Inés Pertiné. Lo único que rescato es que el último episodio (que de último no tiene nada, porque no ensaya siquiera un cierre para la saga de Jalib) prácticamente no tiene violencia: es una aventura resuelta en términos menos convencionales, más originales. Una grata sorpresa (sobre todo para los que leímos muchas obras de Barreiro), que obviamente llega tarde.
Y la primera parte de El Mago tiene un gran atractivo, que se entiende en el contexto de su época: acá el dibujo de Quique Alcatena pega un gran salto de calidad respecto de sus series anteriores (La Fortaleza Móvil y El Mundo Subterráneo) porque se vuelve menos ornamental y más narrativo. Alcatena juega más en equipo con Barreiro, pone su dibujo (majestuoso, como siempre) más en función del relato que de “el artbook con globitos y bloques de texto”. La segunda parte ya nos muestra al Alcatena más canchero, a un nivel muy similar al que despliega en sus obras junto a Eduardo Mazzitelli. O sea que a nivel visual esto es impresionante, fundamental para los alcatenófilos que siguen al prócer desde los ´80 y para los que se fueron sumando en los últimos años.
Vamos a EEUU, año 2016, cuando después de un paréntesis no muy extenso Dan Slott y Michael Allred se reencuentran para contar nuevas aventuras del querido Norrin Radd, más conocido como el Silver Surfer. Las chances de que en este Vol.4 lograran superar lo que vimos el martes eran muy bajas, como las de IndeBendiente de ganar la Superliga, más o menos. Y claro, no fue el caso.
Pero ojo, que este Vol.4 tiene muchas ideas brillantes (la obliteración de la cultura de Zenn-La, la reconfiguración de Shalla Bal en… algo muy zarpado), unos diálogos increíbles y muchísimo desarrollo para Dawn Greenwood, su hermana, su papá, su mamá… Las escenas con Alicia Masters, la escena con Nick Fury en la luna, la escena con el borreguito fanático de los Fantastic Four (sí, Slott baja línea acerca de esa movida excecrable que fue esconder durante años a los Fantastic Four porque Disney no tenía los derechos para hacer películas o merchandising de Reed Richards y los suyos)… la verdad que hay muchísimos momentos memorables, que funcionan en varios niveles. Lo más flojo está en el sexto episodio, esa pelea medio absuda con unos bichos alienígenas, pero está claro que es el relleno: lo importante de ese número pasa por Dawn y su familia, no por la machaca entre buenos y malos.
Por el lado del dibujo, Mike Allred y su esposa (y colorista) Laura no se guardan nada. La magia explota en todas las viñetas, está todo lleno de detalles hermosos, con unas puestas en página alucinantes, siempre variadas, primeros planos llenos de emotividad, paisajes maravillosos y hasta un homenaje a Madman. Posta, en el improbable caso de que los guiones de Slott te parezcan una gansada cósmica, igual vas a flashear con lo que hace Allred en la faz gráfica. Hay un Vol.5 de esta serie que no tengo, y que me muero por conseguir. Por supuesto acepto donaciones.

Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 30 de abril de 2019

CLASICOS PARA CERRAR EL MES

Despedimos a Abril con las reseñas de dos clásicos.
Primero, The Birth of Kitaro, un tomito en el que Drawn & Quarterly reunió siete historietas de GeGeGe no Kitaro originalmente realizadas por el mítico Shigeru Mizuki entre 1966 y 1968. Ya vimos en el blog un libro bien power, con mucho material de Kitaro de esta misma época, allá por el 10/04/14. La verdad es que no hay mucho más para agregar a aquellos comentarios.
Los guiones… ninguno me volvió muy loco, todos se resuelven de maneras excesivamente simples. Creo que lo que más me gustó es cómo Mizuki se da cuenta de que Nezumi Otoko da para mucho más que para ser el villano de una aventura de 16 páginas y rápidamente lo reformula como un personaje secundario que se integra de modo estable al elenco de la serie, y que le provee un montón de situaciones atractivas en el contrapunto con el protagonista y su padre.
El dibujo mejora notablemente entre la primera historia (la única de 1966) y la segunda. Entre ambas pasa un año y medio, en el que Mizuki incorpora nuevos recursos, abandona las páginas con 10 ó 12 viñetas microscópicas y renuncia a ciertos rasgos “realistas” en los personajes humanos para hacerse más caricaturesco y más expresivo. Y seguramente acá está lo más atractivo de Kitaro: la magia que tira Mizuki para mantener fresco, sencillo y hasta bonito el trazo que usa para los personajes, mientras se va al carajo y más allá cuando dibuja paisajes, fondos y unos monstruos que por momentos parecen de Quique Alcatena… en 1967, cuando Quique Alcatena estaba en la escuela primaria. Drawn & Quarterly llegó a publicar varios tomitos más como este, con historias cortas de Kitaro, pero a menos que los vea a precios ridículos, me bajo acá. El personaje me gusta, la química con los secundarios también, la temática de los yokai también, el dibujo de Shigeru Mizuki obviamente también, pero para mi gusto le falta un poco más de trabajo a los guiones.
Y ya que mencionaba a Alcatena, me voy con otro cuasi-clásico al que le faltan cinco p´al peso, sobre todo en materia de guiones. El año pasado se editó en Chile un lujoso broli que recopila las dos primeras series que realizaron Ricardo Barreiro y Quique Alcatena para la revista Skorpio, allá por 1987-88: La Fortaleza Móvil y el Mundo Subterráneo. Y está bien que se las edite juntas porque son sagas cortas (entre las dos apenas superan las 120 páginas), que además de autores comparten protagonista. En las dos aventuras ese rol lo ocupa Bass de Avregaut, un personaje que lamentablemente no tiene historia, ni profundidad, ni personalidad. Es apenas “el bueno”, el tipo valiente que zafa de todos los peligros y al final le gana al “malo”. El enésimo Juan Carlos Nadie, bah.
Hace muchos años, cuando yo trabajaba para Ediciones Record y peinaba una abultada cabellera, me tocó traducir al inglés los textos de Barreiro de ambas aventuras, para la edición de EEUU (textos que después fueron retocados por el maestro Chuck Dixon). O sea que me sumergí a nivel cuasi-molecular en la prosa del guionista… y en aquel entonces me pareció bastante mejor que ahora. A ver, no es que las tramas sean chotas. Las tramas zafan dignamente, sobre todo la de El Mundo Subterráneo. El tema es que son aventuras muy básicas, donde lo más importante parece ser la creación de mundos extraños, cuyos secretos terminan revelados al final, con extensas parrafadas de texto, un vicio bastante frecuente en la bibliografía del recordado Loco Barreiro.
Esta vez, además, Barreiro se choca con un obstáculo extra: el dibujo de Alcatena. Para este entonces, el virtuoso artista oriundo de Caballito todavía no dominaba esa magia que despliega hoy en día cuando logra meter esas imágenes barrocas, deslumbrantes, recontra-cargadas de detalles fabulosos, en medio de una página de historieta y sin entorpecer el flujo del relato. El Alcatena de fines de los ´80 todavía te clavaba un dibujo digno de cualquier artbook de ilustración fantástica en cualquier parte, y te pateaba al carajo la narrativa, porque de inmediato esas ilustraciones eclipsaban al guión hasta hacerlo desaparecer. Por momentos, La Fortaleza Móvil y el Mundo Subterráneo parecen dos libros fusionados medio a las patadas: en un sector de la página (a veces en las márgenes), tratan de avanzar como pueden las aventuras de Bass de Avregaut; y en el resto de la página vemos un festival de la ilustración fantástica, y nos babeamos con un Alcatena desbocado, cuyas imágenes impactan y fascinan, pero muchas veces no conectan ni remotamente con lo que nos está tratando de contar Barreiro. Como contrapartida, las viñetas en las que avanza la trama nos ofrecen dibujos de Quique chiquitos, muy contenidos, apretados para dejar espacio para los inmensos bloques de texto a los que recurría Barreiro para contar lo que el dibujo no contaba. Ahí también Alcatena muestra algunas virtudes, pero muchas menos que en las ilustraciones más grandes con las que adorna estas páginas.
Después de estas dos historias, vendrá Ulrick el Negro (nunca reeditada en libro, por lo menos en nuestro idioma) y más tarde El Mago, donde la dupla Barreiro-Alcatena ya mucho más afianzada, alcanza su pico. Pero no nos adelantemos, porque parece que este año se va a reeditar en libro TODO El Mago (o sea, las dos sagas). Lo espero ansioso, porque recuerdo haberme cebado mucho con esa historieta cuando salió en la Skorpio.

Nada más, por hoy. Aprovechen para salir de joda esta noche, que mañana es feriado. Y nos vemos el sábado en la fiesta de los 25 años de Comiqueando.

viernes, 1 de julio de 2016

¡LLEGO EL SEGUNDO SEMESTRE!

Se viene una ola de magia, alegría y prosperidad, con lluvia de inversiones, dólares y medallas en los Juegos Olímpicos de Río. Para festejarlo, comparto estas tres reseñas, las últimas por un tiempito porque el miércoles me voy de viaje y no sé si voy a tener tiempo para escribir y subir material al blog. Por las dudas me llevo la tablet, pero no prometo nada.
Arranco con el Vol.3 de Bárbara, con el que completamos la mítica saga de Ricardo Barreiro y Juan Zanotto. Este es el tramo más aventurero, en el que Barreiro deja de lado la faceta más política y la trama se concentra en la aventura. La ambientación post-apocalíptica cede su lugar a la space opera, y todo pasa por las naves espaciales, los planetas y las criaturas con las que Bárbara y sus amigos se encontrarán una vez que se lancen al espacio exterior. Barreiro era muy fan de la ciencia-ficción y para cada cosa tenía una explicación compleja y sesuda, que a veces empantana un poco el ritmo de los relatos. Pero, aún con esa liviandad que antes no tenía, este tramo de Bárbara está muy bien. Una pena que se acabara sin antes desarrollar más a los nenes mutantes, una idea magnífica que termina por dejarnos un sabor a deus ex machina. El dibujo de Zanotto, magistral como siempre, con un laburo monumental en fondos, trajes, armas, naves, etc.. Si podés conseguirla, no dejes de darle una posibilidad a esta gran epopeya de la historieta argentina de aventuras.
Me voy a Bélgica, donde en 2012 se estrenó una película del Marsupilami con actores, escrita y dirigida por Alain Chabat. Con el mismo guión, Batem y Colman realizaron el comic, publicado como Vol.25 de las aventuras del Marsupilami. Sur la Piste du Marsupilami es un álbum más extenso que los normales, con 60 páginas de historieta. El argumento tiene varios puntos de contacto con el de Le Nid des Marsupilamis, el clásico álbum de Spirou y Fantasio (obra de André Franquin) lanzado en 1960. Pero al estar apuntado a un público más amplio (no sólo infanto-juvenil) el largometraje –y por ende el comic en cuestión- ofrecen una trama más compleja, con más personajes, más peripecias y obviamente sin Spirou ni sus amigos. Los autores exploran a fondo el aspecto sociopolítico de Palombia y satirizan duro a su dictador. También se llevan palos tremendos las grandes cadenas de televisión. Obviamente, al lado de los dibujos de Franquin, a los de Batem y Colman les falta muchísima onda, pero en general están bien, respetan la consigna de que los personajes humanos se parezcan a los actores sin que eso desentone con la estética icónica del Marsupilami. No creo que me siente nunca a ver la peli, así que para mí Sur la Piste du Marsupilami será siempre un comic bastante entretenido, un toque más ambicioso que el típico álbum infanto-juvenil franco-belga, con el que pasé un buen rato.
Cierro con Crypto Zoo el tercero (y último) de los libros en los que Rick Veitch convierte sus sueños en historietas. Claramente se trata de ese tipo de bizarreadas que uno sólo compra cuando las ve a un precio ridículo. Ni drogado pago los u$ 18 que vale esto según su precio de tapa. Los argumentos son… sueños que tuvo Veitch en los ´70. El maestro los anotó y casi 25 años después los convirtió en comics que siguen la lógica de los sueños. Me imagino que un psicólogo la pasará bomba descubriendo signos, elementos que deschavan ciertas facetas de la psiquis del autor, pulsiones primales, atávicas… Yo me limité a no tratar de entender ni interpretar nada. Me dejé llevar por el vértigo de los relatos y me encantaron los dibujos, llenos de homenajes al Rey Kirby. El principal acierto de Veitch fue optar por una grilla única, la más clásica, la más accesible, la de tres tiras de dos viñetas. Y no sólo para homenajear a Kirby, sino para no agregarle extrañeza ni complejidad a historias que son, ya desde su origen onírico, bastante incomprensibles. El libro termina con una breve historieta a todo color donde Veitch sube grosso la apuesta en el dibujo, la narrativa y la prosa que nos ofrece en los bloques de texto. Broche de oro para un libro rarísimo, que recomiendo si te interesa particularmente la temática de los sueños, o si sos hardcore fan de este hiper-capo del Noveno Arte, nunca valorado en toda su dimensión.
Gracias por el aguante y la seguimos pronto!

viernes, 17 de junio de 2016

LECTURAS DE ESTA SEMANA

¿Ya es viernes de nuevo? Cómo pasa el tiempo, ma-mita… Bueno, esta semana leí poco, tres libritos, nomás, que es más o menos la media de este último tiempo. A este ritmo, voy a terminar de bajar los pilones de material que tengo sin leer para el 2025, más o menos…
Arranco con el Vol.2 de Bárbara, que lo único choto que tiene es el prólogo ;). Este es el tramo de la saga en el que Ricardo Barreiro mete más bajada de línea política. Obviamente la aventura sigue al palo, hay explosiones, persecuciones, muertes truculentas de buenos y malos, una escena en la estación Plaza Italia del subte pensada como homenaje a El Eternauta, algún garchecito, sesudas explicaciones con más ciencia que ficción para algunos de los elementos de tinte más fantástico que Barreiro incorpora a las historias, y además queda espacio para jugar cartas fuertes a la hora de transmitir un mensaje político claramente revolucionario. ¿En 1980, plena dictadura militar? ¿Estaba loco ese tipo? Y, un poco sí. El apodo no se lo ganó gratis. Y además vivía en Europa, donde estaba mejor visto jugarla de Che Guevara desde una labor artística. Lo cierto es que las historias están buenísimas, la trama central avanza un montón, el desarrollo de Bárbara como personaje está muy logrado, e incluso el Loco se da el lujo de proponer juegos de narrativa bastante arriesgados para lo que era la historieta argentina de esa época. Los dibujos del maestro Juan Zanotto, bellísimos y potentes como nunca. Una auténtica maravilla.
Vamos con Crumple, una novela gráfica del ídolo Dave Cooper publicada por Fantagraphics allá por el 2000. Al igual que otros trabajos de Cooper, acá tenemos una historia salpicada de bizarreadas, inmundicias, groserías e incorrección política. De hecho (y mirá lo que te digo) no sé si hoy alguien se animaría a publicar una obra como esta, en la que lo más parecido a un villano es un grupo de minas feministas, a las que Cooper retrata como una patota de marimachos intolerantes. Por supuesto, el “héroe” tampoco es tal cosa: Knuckle es un perdedor nato, un pajero, mentiroso, cagón, insensible y con menos luces que la lancha del contrabandista. Y su amigo Zev es otra rata ventajera a la que sólo le interesa divertirse y ponerla. Con todo esto, Cooper arma una trama muy extraña y a la vez muy ganchera, que lleva inevitablemente a situaciones extremas, incómodas, en las que te cagás de risa incluso a pesar tuyo. Lo único que no me terminó de convencer es que Crumple se haya hecho en blanco y negro, porque (no hace falta que lo diga yo) el laburo de Cooper a color suele ser majestuoso. Igual en blanco y negro el dibujo se re-disfruta.
Y cierro con All-New Doop, esta extrañísima gema que nos regalara hace un par de años el maestro Peter Milligan, junto al español David Lafuente. Esto es rarísimo, de verdad. La historia sucede en paralelo con el intrincado crossover Battle of the Atom, que involucró a varios títulos de los X-Men allá por 2014. Milligan toma un motón de escenas de esa saga y nos las muestra desde otro lado, desde atrás, desde las márgenes, desde la óptica alienígena de Doop. Pero además se anima a indagar en Doop, y por fin sabemos quién es, de qué juega, de dónde viene y por qué hace lo que hace este personaje creado por el guionista inglés y Mike Allred en las páginas de X-Force. All-New Doop es poesía meta-comiquera pasada de rosca, con un montón de referencias cinéfilas (Ingmar Bergman, Humphrey Bogart, Alfred Hitchcock, etc.), con diálogos desopilantes y una libertad inverosímil que Milligan aprovecha a full. El dibujo de Lafuente está muy bien, obviamente no es Mike Allred, pero se banca con mucho decoro el contraste entre personajes más “realistas” (las versiones pasadas, presentes y futuras de los X-Men y sus enemigos) y personajes totalmente caricaturescos, como el propio Doop. Si te cebaste con X-Force y X-Statix, acá está el broche de oro a esa farsa inolvidable e insuperable pergeñada por Peter Milligan.
Hasta acá llegamos. Ni bien acumule algunas lecturas más, nos reencontramos por acá. Gracias y hasta la próxima!

viernes, 10 de junio de 2016

SEGUIMOS LEYENDO

Esta semana vengo leyendo a buen ritmo, así que ya tengo tres libros más para reseñar.
Empiezo con lo más antiguo, el Plastic Man Archives Vol.5. El Vol.3 lo reseñé el 19/07/13 y las diferencias básicas respecto de aquel tomo no son tantas: Plas no se disfraza tanto de mina, hay muchas más páginas de 6 viñetas que páginas de 8, hay algún que otro criminal con superpoderes (aunque ninguno luce trajes colorinches y estrambóticos) y no hay ninguna idea de esas que decís “ah, bueno, Jack Cole era un fuckin´genio”. Y sin embargo, las historias son invariablemente divertidas, redonditas, con algún giro impredecible, personajes atrapantes, chistes de humor verbal, mezclados con otros de humor físico y otros al filo del absurdo, todo dibujado con creciente soltura por un Cole inspiradísimo, más alguna aventura menor en la que lo reemplazan esbirros que copian milimétricamente su estilo. ¿Qué se le puede criticar a estas historias? Lo mismo que a todas las otras aventuras de superhéroes y/o justicieros enmascarados de los años ´40: casi no hay desarrollo de personajes y no existe la continuidad, no hay un orden obvio en el que es necesario leer estas 13 historietas, ni ninguna otra. Todo lo que sucede en una aventura es inmediatamente olvidado en la siguiente y cada punto final es un volver a empezar siempre desde el mismo lugar, como en Los Simpsons. Pero está todo bien, el Plastic Man de Cole es entretenido, estaba claramente adelantado a su época y eventualmente me compraré los tres Archives que me faltan para completar la colección.
¿Te acordás que un muy lejano 27/02/12 publiqué acá en el blog un prólogo que escribí para la edición española de Bárbara? Bueno, muchos años después me llegaron los tres tomos en los que 001 Ediciones recopiló la epopeya creada por Ricardo Barreiro y Juan Zanotto. Así que me bajé el Vol.1, del que me acordaba bastante, a pesar de haber leído este material por última vez hace más de 25 años. La edición española, si bien tiene un formato y unas portadas más lindas que las de Record, le resta un poco de lucimiento al dibujo de Zanotto, que se ve un tanto empastado. De todos modos, son páginas de 1979-80, cuando el maestro estaba atravesando una etapa mágica, en la que de su pluma brotaban una maravilla atrás de otra. Viñeta tras viñeta, te vas a hacer un festín con el trabajo de Zanotto en cuerpos, rostros, paisajes, naves, monstruos, escenas de acción, secuencias mudas, garches… todo está increíblemente bien dibujado. Y los guiones de Barreiro conservan buena parte de su filo, de su magia, y sobre todo la solidez con la que construye el mundo en el que se mueve Bárbara. Así que aún hoy esto puede ser recomendado e incluso venerado como se venera a los auténticos clásicos de la historieta argentina.
Y cierro con una verdadera joya: Isle of the 100,000 Graves, una obra de 2010 firmada por el genio noruego Jason, su habitual colorista Hubert, y una rareza: la presencia en este equipo de un guionista, nada menos que el inmenso Fabien Vehlmann. Es muy loco, porque si no te dicen que Jason trabajó sobre un guión de Vehlmann, no hay forma de darse cuenta. La historia tiene toda la onda, todo el clima, todo el ritmo, todo el capricho y todo el respeto por un género clásico de la aventura como cualquier otra obra “solista” del noruego, con lo cual uno se pregunta si Vehlmann demostró ser un genio adaptándose perfectamente al estilo de Jason, o si simplemente le tiró una idea recontra-básica y le dijo “desarrollá esto en tu estilo, como más te guste”. En cualquier caso, lo importante es que en Isle of the 100,000 Graves guión, dibujo y color se conjugan con maestría para una historia atractiva de punta a punta, con chistes boludos, sutiles toques de mala leche, personajes entrañables, peripecias extrañas y una trama que requiere de mucha acción, narrada con millones de trucos para desenfatizar la machaca. Una auténtica genialidad de estos dos ídolos europeos, que no pierde nada leída en la edición yanki de Fantagraphics. En España la editó Astiberri, pero acá en Argentina ese librito de 56 páginas vale una fortuna incalculable, por eso recomiendo la edición yanki, que sale mucho más barata.
Volveremos pronto con más reseñas. Gracias por el aguante.

lunes, 6 de junio de 2016

ALGUNAS LECTURAS MAS

¿Y, cómo va todo? ¿Cómo los trata la Revolución de la Alegría? Yo acá, resistiendo con aguante y leyendo poco, porque como el bondi está muy caro, trato de ir a todos lados caminando.
Arranco con el Vol.2 de Fairy Quest, de los maestros Paul Jenkins y Humberto Ramos, con los majestuosos colores de Leonardo Olea (la reseña del Vol.1 apareció el 22/08/14). La verdad es que, una vez presentados los personajes y el universo en el que se van a mover, Fairy Quest empieza a avanzar a un ritmo más sostenido que en el primer tomo. Jenkins convierte a la aventura en una road trip, la historia de un viaje, lo cual le permite presentar una atractiva sucesión de personajes y peligros para que enfrenten Red y Mr. Woof. Este segundo tramo ofrece una linda combinación entre acción, desarrollo de personajes y exploración de universo (el universo de los cuentos de hadas, Wonderland, Oz, su ruta) y el único problema que tiene es que es mucho menos autoconclusivo que el Vol.1. Es un tramo de la historia claramente puesto en función de un plan más grande, más ambicioso, que por sí solo no me satisfizo demasiado. Para peor, salió en 2015 y desde entonces no se han publicado ni anunciado nuevas entregas de Fairy Quest, o sea que, si la saga queda trunca, este segundo álbum perderá el poco sentido que tiene. Ojalá eso no suceda porque es una gran idea para una serie creator-owned. Y además, aunque se vaya todo a la mierda, siempre nos quedarán los dibujos de Ramos y los colores de Olea, que son una belleza. Olvidate de los dibujos y los colores que vemos en los típicos comic-books mensuales. Esto tiene el vuelo, la complejidad, la belleza, el cuidado por los climas y hasta me animo a decir la poesía de los buenos álbumes europeos, de esos que tienen 56 páginas pero requieren un año de laburo. Si sos fan de Humberto, esto lo tenés que tener SI O SI.
Pour en finir avec le cinéma, el muy galardonado libro de Blutch, se editó en EEUU con el nombre de “So Long, Silver Screen” y como lo vi muy barato, me lo compré. Nada, un embole. Los dibujos son increíbles, como no podía ser de otra manera. Y hay secuencias grandiosas, donde Blutch da cátedra de narrativa, de armado de las secuencias y creación de los climas. Pero las historias en sí rara vez me atraparon. En general son como mini-ensayos de Blutch acerca de películas, cineastas o actores que le gustan, le llaman la atención o lo obsesionan. Y en el medio, la historia de una pareja en la que el tipo es un cinéfilo pasado de rosca y la mina no está demasiado bien definida. Hay muchas proezas gráficas, hay data que seguro no sabías acerca de películas clásicas (tanto de Hollywood como francesas e italianas), pero el conjunto no me terminó de cerrar. Disfrazámela como quieras, pero sigue siendo un francés hablando de cine, o sea… un moplo pretencioso, que te manda a dormir temprano. Si sos hiper-fan de Blutch, y estás decidido a comprarte TODAS sus obras aunque más no sea para gozar a lo bestia con sus dibujos, entrale. Si no, seguí de largo.
Una serie que en su momento se publicó en Skorpio y pasó bastante desapercibida fue Nuevo Mundo, de los inmensos Ricardo Barreiro y Enrique Breccia. Ahora conseguí la edición española y aproveché para releer esta saga protagonizada por la diezmada tripulación de una carabela que sigue a las de Colón y termina en tragedia. Como en Avrack (reseñada el 06/04/12), los sobrevivientes se ven perdidos en una tierra extraña, llena de razas y criaturas fantásticas, pero a diferencia de esa otra saga, esta no tiene final, ni ninguna explicación para ninguna de las bizarras peripecias que vive el capitán Vallejos, que es el único que llega vivo al último episodio. O por lo menos al último episodio publicado, porque dudo que los autores hayan planeado terminar la serie ahí. Acá (además de las dosis de violencia y sexo tan típicas de la producción de Barreiro de la segunda mitad de los ´80), hay bastante poesía, y -como siempre- el dibujo del Churrique asombra, emociona, cumple y dignifica. Si te quieren vender Nuevo Mundo como la gema fundamental de la historieta argentina, obviamente te están tomando por boludo. Pero –si bien es menor en el contexto de la obra global de sus dos autores- no es una mala historieta, en absoluto.
Tengo leído un broli más, pero lo guardo para la próxima. Nos vemos pronto.


jueves, 3 de diciembre de 2015

03/12: CIUDAD

El clásico de Ricardo Barreiro y Juan Giménez por fin tiene una edición nacional presentable, bien impresa, en un buen tamaño y hasta con las pocas páginas que Giménez llegó a colorear cuando imaginó un proyecto de “versión a todo color” que obviamente no prosperó. Yo tengo la edición de Toutain en dos tomos (excelente, la amo con el alma y no sé si me voy a desprender de ella ahora que tengo la argentina), y me acordaba bastante de la trama, a pesar de haberla leído hace mil años.
No revelo ningún spoiler grosso si cuento que Ciudad está bastante emparentada con Parque Chas. En ambos casos, “el Loco” Barreiro encuentra un mecanismo que le permite contar en cada episodio historias bastante distintas entre sí, incluso abordar distintos géneros. Ciudad tiene esa estructura: episodios en los que las tramas abren, se desarrollan y cierran, mientras por atrás avanza la trama central, que es “¿cómo carajo se sale de esta ciudad?”. Durante esta incansable búsqueda de la salida, Jean y Karen van a vivir aventuras más de “acción, tiros, persecuciones y explosiones”, otras más de “sobreviviendo al post-holocausto”, otras con un tinte más sobrenatural, otras más cercanas a la ciencia-ficción y otras con una arista más política.
¿Y están buenas las aventuras? Algunas envejecieron demasiado (sobre todo “En la oscuridad de las cloacas”) y otras tienen ideas que seguramente funcionaron bien a fines de los ´70 y siguen siendo efectivas aún hoy: la del subte que viaja en el tiempo, por ejemplo, tiene un vuelo y un impacto asombrosos. “El jardín de las delicias” parte de una idea más trillada, pero el desarrollo está tan bien, el clima te atrapa tanto, que se disfruta a pleno. Y destaco también a “Barrio-Castillo” donde –a través de un dilema ético para los protagonistas- Barreiro se anima a bajar una línea más jugada en términos políticos.
La historia más rara es la última, “La salida final”, donde Barreiro introduce a un nuevo personaje que rápidamente se gana el protagonismo del episodio. Todo lo que vemos en las páginas finales es lo que narra o lo que hace este náufrago de la eternidad, este hombre que perdió todo lo que amaba a manos de una invasión extraterrestre y que dice llamarse Juan Salvo. Si no fuera porque esta aparición eclipsa mucho a Jean y Karen y le resta mucho impacto al hecho de que estamos ante el final de la saga de Ciudad, estaríamos hablando del mejor homenaje a El Eternauta jamás planteado por uno de los que se dicen discípulos de H.G. Oesterheld. Y no es el único homenaje. El Loco Barreiro se las ingenia para poblar la serie de muchísimas referencias a películas y sobre todo a íconos de la literatura fantástica, desde H.P. Lovecraft hasta Jorge Luis Borges, pasando por Philp K. Dick e Isaac Asimov.
Este trabajo, además, marca la despedida de Juan Giménez del blanco y negro, al que prácticamente no volverá nunca desde aquel entonces. Y es una despedida incandescente, como cuando dos amantes se echan el último polvo antes de separarse para siempre. Me encanta lo que hace Giménez cuando se planta “en el medio”, pero lo que realmente me emocionó fue verlo jugar en los extremos. En una punta, acá tenemos esas viñetas recontra-sobrecargadas, repletas de detalles, con iluminaciones increíbles, logradas con texturas, rayitas y cross-hatchings enfermizos, que avergonzarían a Moebius y Bilal. Y de golpe, el mago mendocino se va al otro extremo y resuelve viñetas sólo con la línea, un trazo finito, como de rotring, muy prolijo, sin sombras ni manchas. La verdad que todo se ve espectacular, desde los fondos (donde Giménez deja la vida) hasta los detalles en ropa, armas y vehículos. Lo único mínimamente criticable es que le cuesta dibujar a Karen siempre con la misma cara, y a veces se notan las “mutaciones” de una viñeta a la otra. Pero son caras siempre expresivas, que transmiten toda la emoción que requiere este guión de Barreiro.
Si nunca habías leído Ciudad (o habías leído episodios sueltos) aprovechá que existe esta edición y tirate de cabeza. Y si ya la conocías, sabés que se trata de una obra de una polenta impresionante, con mucha pasión, mucha experimentación y además grandes ideas y secuencias memorables.

lunes, 2 de noviembre de 2015

02/11: PARQUE CHAS INTEGRAL

Este libro reúne las dos sagas de Parque Chas, el clásico ochentoso de Ricardo Barreiro y Eduardo Risso que apareció primero en Fierro y después en revistas de historietas de todo el mundo.
La primera parte consta de 11 episodios breves, de unas 8 ó 9 páginas, que al principio son muy autoconclusivos. No te digo que se pueden leer en cualquier orden, pero básicamente Barreiro remata cada capítulo como si fuera una historia unitaria y rara vez queda algo pendiente para resolver en el próximo, más allá de que hay un hilo conductor para toda la serie. Sin embargo, cuando faltan tres episodios para el final, los ingeniosos relatos de Barreiro no le pueden seguir esquivando el bulto a ese hilo conductor, y –como en un final de temporada de una serie yanki- llega la hora de meterse a fondo con la trama central, con la madre de todos los pequeños misterios con los que el anónimo protagonista se topó a lo largo de los episodios.
En esta breves historias aparecen ideas muy atractivas, como el auto asesino (un Falcon verde, nada menos) o el subte secreto que comunica a la Casa Rosada con Parque Chas. Y otras menores, claro. Y otras repetidas, como el truco (que Barreiro ya había utilizado en Ciudad) de mezclar no sólo distintas dimensiones espacio-temporales sino incluso distintos niveles de realidad. El gran problema que tiene esta serie (y su continuación, obvio) es que todo está ambientado en una Buenos Aires muy real, muy verídica a pesar de los elementos fantásticos, con calles, personas y hasta diarios reconocibles por cualquier porteño, y sin embargo hay un montón de diálogos en que los personajes se tratan de tú. El único que habla 100% porteño, con modismos lunfardos y expresiones bien argentas es el General Perón, co-protagonista de uno de los relatos.
La segunda parte no estaba en los planes de nadie, pero los editores franceses presionaron para que se hiciera (léase “pusieron un buen billete”) y así fue. Las diferencias con la primera parte son varias. El protagonista ahora tiene nombre (Ricardo, como el guionista), la enigmática Aitana ya no parece tan enigmática (aunque se guarda una sorpresa heavy para el final) y mucho de lo que antes no tenía mucha explicación ahora sí la tiene. Sin embargo, la diferencia más notable es que Barreiro ya no escribe en formato de episodios, sino que se trata de una novela gráfica de 56 páginas que va palo y palo hacia una única y definitiva resolución. Por supuesto cambia mucho el ritmo: Ricardo ya no es más un curioso que escucha relatos en un bar sino un héroe improvisado que debe adaptarse a una increíble vorágine de peligros, y en general, lo que en la primera parte era más sutil, en esta es más explícito. Cerca del final, Barreiro se da el lujo de bajar línea política y de acertar con la precisión de un francotirador: antes de que asumiera la presidencia Carlos Menem, él ya vaticinaba que se iba a limpiar el orto con sus promesas de campaña y a ponerse al servicio de intereses contrarios a los de la mayoría de sus votantes.
En cuanto a la faz gráfica, este es el trabajo que puso en el mapa a Eduardo Risso, que hasta este punto era un promisorio dibujante de aventuras de Columba. Risso se reinventa a sí mismo con un estilo 100% nuevo, pensado para blanco y negro y basado en no sólo en el claroscuro (que ya manejaba como los dioses) sino también en las texturas, logradas con técnicas muy variadas. Esto le insumía mucho tiempo, pero le daba al dibujo una profundidad alucinante y además contribuía al realismo, que Risso cuidaba mucho y que apuntalaba incorporando a los fondos mucha referencia fotográfica. Cualquier historia de bolonki espacio-temporal es difícil de dibujar, porque exige constantes cambios de climas y de ambientaciones. En una página estás dibujando naves espaciales y en la siguiente (de pronto, diría Barreiro) tenés que dibujar guerreros vikingos o mongoles. Bueno, Risso se bancó todo eso con una solvencia demoledora.
Con una primera parte originalísima y una segunda que resigna parte de esa magia para adquirir un perfil más típicamente aventurero, Parque Chas es una excelente historieta, un ícono de nuestro comic para adultos de los ´80 y un hito importantísimo en la carrera de estos dos grandes como son el inolvidable Loco Barreiro y el cada vez más consagrado Eduardo Risso. Animate a recorrerla.

lunes, 18 de agosto de 2014

18/08: CAIN

Me estoy por terminar un mega-broli de más de 500 páginas, que supongo que me liquidaré mañana a la tarde, durante el viaje de vuelta a Buenos Aires. Mientras tanto, para zafar hoy, me leí un comic que ya había leído dos veces: cuando se serializó en la Fierro y cuando lo recopiló Ediciones de la Urraca. ¿Por qué Caín, y no otra cosa? Porque lo dibuja Eduardo Risso, el prócer de nuestra historieta gracias al cual existe (y explota) Crack Bang Boom.
La portada es engañosa. Parece un dibujo de Sin City y está hecho por Risso en la época en la que el cordobés devenido rosarino ya dominaba todos los yeites inventados y/o reciclados por Frank Miller. Sin embargo, las casi 90 páginas de Caín están dibujadas por el Risso de los ´80, el que nunca había leído a Miller y sólo compartía con el creador de Sin City una sana admiración por el claroscuro de Alberto Breccia o José Muñoz. Este es el segundo trabajo de Risso junto a Ricardo Barreiro, y visualmente se parece mucho más a Fulú (la primera serie de Risso con guiones de Carlos Trillo) que a Parque Chas, su anterior colaboración con “el Loco”. Para esta serie, Risso elimina los puntitos y las rayitas microscópicas y se juega todo al claroscuro. Tiene páginas con más cuadros que en Parque Chas y en muy pocas la cantidad de texto que manda Barreiro conspira contra el lucimiento del dibujo. Hay fondos muy laburados y un gran despliegue de imaginación a la hora de crear una Buenos Aires del futuro marcada sobre todo por las groseras desigualdades entre ricos y pobres. Y lo mejor: hay muchas secuencias mudas y muchas escenas basadas en los mil y un trucos narrativos que Risso ya dominaba a la perfección hace más de 25 años.
La historia que nos propone Barreiro es sórdida, dolorosa, dura de tragar, como un caño de escape envuelto en papel de lija. Hay lazos de sangre rotos por la crueldad más atroz, hay identidades silenciadas y recuperadas tras años de lucha, pero no esperes un final feliz al estilo Estela de Carlotto y su nieto. Desechado por sus padres biológicos, a Caín lo crían y educan la mugre, la violencia, la mala leche, la falta de cualquier clase de escrúpulos. Al ser una historia ambientada en el futuro, hay también elementos de ciencia-ficción, a los que Barreiro dosifica con gran criterio, para que nunca se pierda el foco de lo más importante: la sangre que debe correr para que Caín logre reestablecer algún tipo de equilibrio, algo que lo deje más o menos en paz con la vida de mierda que le tocó vivir.
El elenco de secundarios está compuesto por una fauna de personajes abyectos, grotescas caricaturas de lo que nos traería (un par de años después de la publicación de Caín) la década de Carlos Menem y sus secuaces. Merca, corrupción, represión, hipocresía, la política entendida como herramienta de los negocios entre mega-corporaciones, gente con poder pero sin lealtades, militantes de la venalidad, la superficialidad y la runfla. En medio de esa fosa séptica, un sólo personaje tendrá la complejidad los matices suficientes para escaparle a la caricatura y a la bidimensionalidad: Cristina, la hermana ciega de Caín, que lamentablemente aparece poco y termina muy mal. Yo la hubiese dejado viva para protagonizar una secuela. ¿Por qué la falta de sustancia, o de complejidad en casi todos los personajes no empaña la labor de Barreiro en esta novela? Porque está todo jugado a la acción y al ritmo, dos rubros en los que la dupla autoral realmente deja la vida. Si Parque Chas era un poquito parsimoniosa, acá pintó la montaña rusa de tiros, kilombo y explosiones, muy bien compensada con escenas de diálogo en las que el Loco Barreiro define a sus personajes y su universo. Y además, si bien Caín no es un personaje tan impredecible ni tan bien redondeado como Cristina, su motivación es muy potente y su evolución a lo largo de la historia es muy notable.
En síntesis, una historia vibrante, con secuencias de alto impacto, que no decae en ningún momento, que no deja cabos sueltos, que nos muestra a Eduardo Risso en un nivel altísimo y a un Ricardo Barreiro prendido fuego, con ganas de armar una vez más ese combo que era una sus especialidades: acción, violencia, mala leche, distopía, un toque de sexo y un trasfondo espeso, contaminado por una crítica socio-política afilada y letal. Tratá de conseguir la edición de La Urraca y si no, casi seguro vas a encontrar a buen precio la de Norma, que me gusta menos por el formato elegido (más tipo comic-book), pero le gana a la original en calidad de papel y encuadernación.

martes, 29 de julio de 2014

29/ 07: NAVARRITO

Bue… tanto como “clásico de la historieta nacional”, no sé. Pero me queda claro que Navarrito es una muy linda novela gráfica, sólida, para nada estirada ni comprimida, y perfectamente enrolada en su género, que es el policial noir.
En estas 64 páginas, Ricardo Barreiro nos propone una intriga clásica: hay que desenmascarar a un asesino serial de prostitutas antes de que siga acumulando víctimas. Es una trama que leímos mil veces, desde Jack el Destripador en adelante, e incluso tiene varios puntos de contacto con una historieta mucho más reciente, que vimos acá en el blog: La Française, de Carlos Trillo y Pablo Túnica, que –al igual que Navarrito- traía la historia a la Buenos Aires de principios del Siglo XX. Los tranvías, los palacetes de la alta sociedad, las penosas condiciones en las que trabajaban las meretrices, el diario Crítica… todo eso que vimos en La Française estaba también en esta historieta, 25 años anterior.
Como en todo policial noir tenemos una red de corrupción muy vinculada al poder político, un “héroe” que mete la nariz donde no debe y termina muy cagado a palos, una mujer enigmática y seductora que sabe mucho más de lo que dice, policías que preferirían que el caso no se esclareciera jamás, etc. Por esos senderos tan transitados se mete otra vez “el Loco” Barreiro a ver hasta dónde llega. Y le va bien, en parte porque se aferra a una herramienta que el policial yanki no nos puede ofrecer, que es la de la identificación. En Navarrito todo es 100% porteño, todo remite a lugares y sucesos reales de la Buenos Aires de 1930, con cero margen para el chamuyo y para los elementos fantásticos que tan bien manejaba Barreiro.
Y quizás el logro más importante de Navarrito: no es una historieta pretensiosa. No quiere ser ni el antes ni el después de nada. Es una historia compacta, que va para adelante, que cierra sin dejar cabos sueltos y de modo poco predecible, con tres o cuatro personajes muy bien trabajados y con un contexto histórico muy bien investigado, que en ningún momento opaca a la trama ni se manifiesta en forma de un alud de información que nos cae encima y nos agobia (el famoso fromhellismo). Hay buenos diálogos, bastante acción, una conspiración espesa, bien pensada, y un garche por ahí un poquito sobreactuado. No sé si hacían falta tantas viñetas de cama para darnos cuenta de lo que había pasado entre Ema y Navarrito.
Al frente del dibujo lo tenemos al maestro Alberto Dose, un autor cuasi-olvidado, que en los ´80 trabajó mucho en muchas revistas argentinas y a fines de esa década se fue a vivir primero a Italia y después a EEUU, donde realizó un montón de trabajos que acá no se publicaron nunca. Me acuerdo que en su momento Sticker Design publicó la saga de Flash que hizo Dose junto a Geoff Johns, pero en el medio hay más de 10 años del maestro inéditos en Argentina. Lo cierto es que Dose siempre se caracterizó por su versatilidad, por moverse con mucha soltura en varios registros distintos. En esta obra lo vemos muy afianzado en un estilo que combina la línea clara y recontra-expresiva de Sanyú con un tratamiento de la mancha negra también recontra-expresivo y más cercano al de José Muñoz. En la primera mitad de la obra, la amalgama cuaja perfecto. Dose logra que sus sombras espesas integren a la viñeta a esos fondos super-elaborados, que obviamente están copiados de fotos. Y todo se ve sombrío, sucio y muy atractivo. En la segunda mitad, la línea se hace más clara, los fondos excesivamente prolijos y, si bien no se resiente el equilibrio entre blancos y negros, todo se vuelve más limpito y menos dark. De todos modos es un excelente laburo de Dose, quizás el más personal de los que recuerdo haber visto en las antologías argentas, y lo único realmente criticable es el rotulado manual con letra cursiva, que por momentos bordea lo indescifrable.
Muy buena edición de La Duendes, con buenos textos complementarios y sobre todo muy bien impresa, que es algo fundamental cuando se trabaja con una historieta estéticamente jugada al claroscuro. Hay un montón de trabajos más, tanto de Barreiro como de Dose, que quisiera ver rescatados en ediciones como esta. La recopilación de Navarrito es un gran primer paso en este sentido.

viernes, 6 de abril de 2012

06/ 04: AVRACK, EL SEÑOR DE LOS HALCONES

A veces, uno quiere ser bueno, perdonar, olvidar... pasar por alto el dato de que este libro está editado por Wallsen, una empresa dirigida por gente que en un país más justo estaría en cana, que en 2003 publicó cuatro libros sin pagarle a los autores, a tal punto que se comieron varios juicios y la intervención de la justicia española impidió que circularan por ese territorio... Uno trata, pero cuando abre este libro, lo priimero que se encuentra, antes de la primera página, es una solapa con un texto dedicado a repasar la trayectoria de Ricardo Barreiro, el guionista de Avrack. Está a cargo de un escriba anónimo, que se ceba tanto con la obra de Barreiro, que le adjudica la autoría de Borderline, una creación de Carlos Trillo. Increíble pero real. Una bestia capaz de escribir semejante burrada (que es como si dijéramos que Robin Wood escribió Alvar Mayor, más o menos), y una editorial donde nadie sabe de historietas lo suficiente como para detectar y corregir un moco de esa magnitud, hacen que uno no olvide, no perdone y siga bregando para exterminar a estos impresentables de la faz de la tierra.
Pero vamos a la historieta en sí. Avrack, el Señor de los Halcones es una saga extensa (144 páginas) realizada por “el Loco” Barreiro y Enrique Breccia entre 1983 y 1984 y publicada varios años después en Skorpio. El argumento gira en torno a Jorge Pinedo, un profesor argentino, mediocre y fracasado, que –justo cuando decide suicidarse-es misteriosamente extrapolado a otra realidad. Allí asume el rol del legendario guerrero Avrack, y se ve obligado a adaptarse a un mundo de fantasía y aventura sin tregua, lleno de portentosos ejércitos, bestias monstruosas, tecnologías extrañas y minones infernales. Allí vivirá las peripecias que requiere el formato episódico que usaba Skorpio para sus series: cada capítulo de 16 páginas tiene su obligatorio combate y su obligatorio escarceo soft-porno con uno de estos minones infernales.
Hay un sub-plot que recorre la saga, que es el de los personajes responsables de la extrapolación de Pinedo, dos voces cuyos rostros conoceremos recién en el noveno y último episodio. Pero el Loco no siempre le presta atención a esta sub-trama: hay capítulos enteros en los que la desactiva, para concentrarse en las andanzas de este guerrero con mucha más reputación que experiencia. En los últimos tres episodios, el rol de “los observadores” es más notorio y finalmente, en el último, Barreiro renuncia a la aventura y la machaca para brindarnos las respuestas y explicaciones a todos los misterios de la saga. Lo cual está bueno, pero al ser tantas páginas tan sobrecargadas de diálogo, con tanta data tan comprimida y tan cerca del final, le quita algo de fuerza dramática a lo grosso que pasa en las últimas dos o tres viñetas.
Breccia encara este trabajo justo cuando “se corta” Alvar Mayor, y nos ofrece un dibujo glorioso (al nivel de sus mejores trabajos para Fierro), en el que cada viñeta se disfruta a full. La referencia a Alvar Mayor es ineludible porque además, físicamente, los personajes se parecen muchísimo. De hecho, el principal problema que tiene esta obra de Enrique es el mismo que veíamos en su obra más extensa para Skorpio: el brete narrativo en el que se mete para no dibujar los combates físicos, de los que siempre vemos -con suerte- una mano con una espada, una boca con medio puño que la impacta, o a veces incluso un pie. De todos modos, está todo tan bien dibujado, que esto resulta un detalle menor. Así como mezquina cuerpos en combate, Breccia se brinda con generosidad a la hora de dibujar paisajes, criaturas, castillos, naves y –como siempre- te parte la cabeza de un hachazo en los flashbacks, cuando cambia su característico (y poderosísimo) claroscuro por esa estética en la que predomina el blanco, acompañado por un plumín de exquisita sutileza.
En síntesis, la de Avrack es una epopeya no muy original, con un desarrollo un poco estirado y un final un poco apretado, pero entretenida, con algunos momentos fuertes y un dibujante prendido fuego que deja la vida en cada página. Y textos a cargo de un “especialista” que cree que Borderline la escribió Barreiro...

lunes, 27 de febrero de 2012

27/ 02: BARBARA

Hoy no tengo tiempo para leer comics ni para escribir reseñas, porque estoy a full con un montón de cosas, entre ellas un número de Comiqueando que estamos preparando para Abril.
Para zafar, tengo un prólogo que escribí hace poquito para el Vol.2 de Bárbara, la clásica serie de Barreiro y Zanotto que está siendo reeditada en España, en lujosos tomos, por 001 Ediciones. Esto está inédito, todavía no se publicó en España. La portada que acompaña al texto es la del Vol.1. Mañana, otra reseña.

BARBARA, HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE
por Andrés Accorsi
Alguna vez Borges escribió que a él se le hacía cuento que empezó Buenos Aires, porque la juzgaba eterna. A Ricardo Barreiro le pasaba algo parecido: se le hacía cuento que Buenos Aires pudiera terminar. Por eso, tras la devastación y la inundación, en esta saga Buenos Aires está ahí –como decimos los porteños- haciendo el aguante.
Disfrazar a Buenos Aires de ciudad post-apocalíptica es uno más de los tantos recursos a los que echa mano Barreiro para hacer un poquito menos obvio el mensaje que quería transmitir. Gestada entre 1979 y 1983 (en plena dictadura militar), Bárbara hablaba con total claridad de los tiempos oscuros por los que atravesaba nuestro país. Y lo hacía de un modo frontal, casi sin disimulos. Increíblemente, los organismos censores de aquella época no detectaban pistas tan elocuentes como que un planeta se llamara Ara-Guevar, o que uno de los líderes de la rebelión se llamara Ernesto.
Bárbara es, además de una ambiciosa epopeya, un gigantesco canto a la rebelión y la resistencia contra los abusos del totalitarismo. A pesar de la durísima coyuntura, la serie albergó por un lado una ideología revolucionaria (que aparece en muchas de las obras de Barreiro), y por el otro un grado de erotismo infrecuente en la historieta argentina (y americana) de aquella época. El episodio titulado “Viajero Estelar” es bastante elocuente en ese sentido. Al habitual festival de las chicas esculturales con escasa vestimenta se suman una viñeta en la que Bárbara se aferra a una especie de pene gigante, y en la siguiente viñeta, cuando Zanotto cambia el plano, las chicas parecen estar sujetas a los pezones de tres senos que flotan en el aire. Las ventajas de trabajar en una publicación como Skorpio, que estaba claramente bajo el radar de los censores...
Para 1979, Juan Zanotto ya era un dibujante absolutamente consagrado en Argentina, y con muchos trabajos realizados para Europa. Barreiro ya no era un novato, pero todavía no había creado ninguna historieta realmente exitosa (su As de Pique obtuvo el merecido reconocimiento en Europa, no tanto en Argentina). En estas páginas, que marcan la primera de varias colaboraciones entre Barreiro y Zanotto, ambos lograron una inmensa conjunción de talento, que puso a Bárbara entre las mejores obras en la vasta trayectoria de ambos maestros.
Bárbara consta de más de 500 páginas, un desafío colosal si pensamos que durante todo el tiempo en que se realizó, los autores vivieron en distintos países. Hay tramos (en especial en el último tercio de la obra) en que los guiones de Barreiro no llegaban a la redacción de Record y Zanotto debía hacerse cargo también de escribir la saga, pero siempre fiel a los lineamientos que habían trazado en forma conjunta. Paradójicamente, las obras posteriores de la dupla serían realizadas con Ricardo ya establecido permanentemente en Buenos Aires, pero no alcanzarían el asombrosos nivel (ni el éxito) de Bárbara.
Los paralelismos con El Eternauta son muchos y bastante evidentes. Una vez más, vemos cómo una invasión alienígena a Buenos Aires puede convertir en héroe a una persona común y corriente y parte del atractivo de Bárbara reside en cómo Barreiro nos muestra el pasaje de la protagonista de nena vulnerable a aguerrida líder de una revuelta interestelar. La gran diferencia está en el final: en El Eternauta los heroicos esfuerzos de Juan Salvo fracasan, mientras que aquí los valores de la solidaridad, la compasión y la valentía ganan una lucha que, en el mundo real, estaba perdida. Lo cual hace que la victoria valga mucho más.