Segunda parte de esta saga, cuya primera mitad reseñamos allá por el 24/09/12.
Básicamente, lo mismo que señalé cuando leí el Vol.1 se aplica a esta segunda mitad. Es una lectura entretenida, pero muy rebuscada. Acá hay muchísimas peripecias prescindibles, que aportan poco y nada a la trama global, y que (al tratarse de una adaptación) el guionista Leonardo Kuntscher podría haber omitido tranquilamente sin que a nadie se le moviera un pelo. Lamentablemente, hay menos desarrollo de personajes que en el Vol.1, y se repite el que quizás sea el defecto más notable de la versión que hizo Kuntscher del relato de Eduardo Holmberg: cuadros con unos diálogos gigantescos, interminables soliloquios que nadie en su sano juicio se animaría a leer. Ni a escribir, porque es obvio que están tomados con “copy-paste” de la novela original.
Para destacar está el ritmo de la aventura, bien sostenido a lo largo de casi 100 páginas, y el acierto a la hora incorporar algunas pinceladas humorísticas en una historia compleja, animada principalmente por guerras, revoluciones, sublevaciones y rosca política a escala interplanetaria. No mucho más, realmente. Si no “picaste” con el Vol.1 no hay nada en el Vol.2 que te haga decir “ah, no… esto es mucho mejor de lo que yo pensaba, le tengo que dar otra oportunidad”.
Por suerte, entre esas escenas en las que los personajes se zarpan lanzando monólogos apabullantes, hay algunas secuencias mudas, que es donde el dibujante, Santiago Miret, demuestra que se puede poner al hombro la tarea de contar la historia (o al menos parte de ella) desde lo visual. Excepto cuando tiene que dibujar gente vista de lejos, en todo lo demás Miret está mucho más cómodo que en el Vol.1, más canchero, más sólido en el manejo de una línea muy dinámica, muy suelta, que por momentos me recordó a Oswal o a Dante Ginevra. Y una vez más, el punto más alto del dibujante es su gran manejo del claroscuro.
Y ya está. Dudo que esta versión en historieta de El Maravilloso Viaje del Señor Nic-Nac quede en la historia como un clásico, pero por lo menos nos permitió ver muchas páginas de dos autores que la remaron decorosamente contra un texto complicado, y que seguramente encararán sus próximas obras habiendo asimilado un aprendizaje más que promisorio.
Mostrando entradas con la etiqueta El Maravilloso Viaje del Señor Nic-Nac. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Maravilloso Viaje del Señor Nic-Nac. Mostrar todas las entradas
miércoles, 20 de mayo de 2015
lunes, 24 de septiembre de 2012
24/ 09: EL MARAVILLOSO VIAJE DEL SEÑOR NIC-NAC Vol.1
¿Sabías este dato? El pionero de nuestra literatura de ciencia-ficción, el científico, docente, literato, poeta, traductor, filósofo y director del Jardín Zoológico de Buenos Aires, el infinito Eduardo Holmberg, fue además el autor de la primera novela en la que alguien viaja a Marte. Y de la primera en la que aparecen robots. La del viaje a Marte es El Maravilloso Viaje del Señor Nic-Nac, una novela de 1875 que ahora reaparece convertida en historieta por Leonardo Kuntscher y Santiago Miret.
Estas 96 páginas de historieta no cubren la totalidad de la novela de Holmberg. Habrá que esperar al Vol.2 a ver si ahí termina, o si hay un Vol.3. Por ahora, es una lectura entretenida. Rara, obviamente, porque Kuntscher respeta el estilo de un escritor que ya era atípico en el Siglo XIX. El guionista le agregó a su adaptación pequeños guiños a otras obras de Holmberg y conservó la impronta fantástica, casi al borde del delirio, que tenía la novela original. El plot de la novela se centra en una conspiración con sede en la Tierra, orquestada por siniestros poderes vinculados a la por entonces naciente industria farmacéutica. Por algún motivo muy rebuscado, a los marciales (no marcianos) les interesa este tema y rápidamente se vinculan esa trama con la de una guerra civil en Marte, entre los Theopolitas y los sophopolitas. Y allí cae el “Señor Nic-Nac”, quien en realidad es Ladislao Kallitz (una especie de alter ego de Eduardo Holmberg), cuya Buenos Aires también se ve atormentada por una cuasi-guerra civil, cuando se produce la sublevación de Carlos Tejedor, quien se oponía a la integración de nuestra ciudad al resto de las provincias argentinas.
O sea que hay runflas políticas, guerras, acción, conflictos en los que se debaten temas científicos y hasta metafísicos y rendijas por las que se cuelan momentos más livianos, casi jocosos. Además de Ladislao Kallitz, hay varios personajes bastante bien desarrollados y lo único realmente negativo a destacar en cuanto al guión es que hay algunas páginas (por suerte no muchas) demasiado sobrecargadas de globos de diálogo y bloques de texto. Después, la trama te puede interesar más o menos, la tonalidad elegida te puede entusiasmar o no, pero no hay mayores tropiezos.
En la faz gráfica, en cambio, sí se evidencian algunos problemas. En los trabajos anteriores que le había visto, descubrí en Santiago Miret a un dibujante sólido, versátil, en el camino correcto hacia un estilo personal. Acá más que los recursos, se le ven las limitaciones, probablemente por una cuestión de tiempos de entrega que no le resultaron cómodos. Algunos primeros planos de Nic-Nac y todos los de los personajes femeninos están perfectos, nos muestran con claridad al mejor Miret. En otras secuencias, sobre todo en la segunda mitad del tomo, se ve un dibujo casi crudo, esquemático, con poca onda, incluso con algún error en la anatomía, cosa que nunca antes había visto en una historieta de este joven autor. Ojalá la segunda parte la pueda producir con un cronograma de entregas más distendido, que le permita generar todas esas páginas con el nivel de sus mejores trabajos. Acá se ven unos cuantos aciertos (el tratamiento del claroscuro, por ejemplo, es inobjetable, al igual que la integración de las referencias fotográficas) pero también se ven viñetas y hasta páginas completas por debajo de lo que Miret demostró que sabe hacer.
Hasta ahora, esto pinta interesante. Cuando salga el Vol.2 veremos cómo sigue.
Estas 96 páginas de historieta no cubren la totalidad de la novela de Holmberg. Habrá que esperar al Vol.2 a ver si ahí termina, o si hay un Vol.3. Por ahora, es una lectura entretenida. Rara, obviamente, porque Kuntscher respeta el estilo de un escritor que ya era atípico en el Siglo XIX. El guionista le agregó a su adaptación pequeños guiños a otras obras de Holmberg y conservó la impronta fantástica, casi al borde del delirio, que tenía la novela original. El plot de la novela se centra en una conspiración con sede en la Tierra, orquestada por siniestros poderes vinculados a la por entonces naciente industria farmacéutica. Por algún motivo muy rebuscado, a los marciales (no marcianos) les interesa este tema y rápidamente se vinculan esa trama con la de una guerra civil en Marte, entre los Theopolitas y los sophopolitas. Y allí cae el “Señor Nic-Nac”, quien en realidad es Ladislao Kallitz (una especie de alter ego de Eduardo Holmberg), cuya Buenos Aires también se ve atormentada por una cuasi-guerra civil, cuando se produce la sublevación de Carlos Tejedor, quien se oponía a la integración de nuestra ciudad al resto de las provincias argentinas.
O sea que hay runflas políticas, guerras, acción, conflictos en los que se debaten temas científicos y hasta metafísicos y rendijas por las que se cuelan momentos más livianos, casi jocosos. Además de Ladislao Kallitz, hay varios personajes bastante bien desarrollados y lo único realmente negativo a destacar en cuanto al guión es que hay algunas páginas (por suerte no muchas) demasiado sobrecargadas de globos de diálogo y bloques de texto. Después, la trama te puede interesar más o menos, la tonalidad elegida te puede entusiasmar o no, pero no hay mayores tropiezos.
En la faz gráfica, en cambio, sí se evidencian algunos problemas. En los trabajos anteriores que le había visto, descubrí en Santiago Miret a un dibujante sólido, versátil, en el camino correcto hacia un estilo personal. Acá más que los recursos, se le ven las limitaciones, probablemente por una cuestión de tiempos de entrega que no le resultaron cómodos. Algunos primeros planos de Nic-Nac y todos los de los personajes femeninos están perfectos, nos muestran con claridad al mejor Miret. En otras secuencias, sobre todo en la segunda mitad del tomo, se ve un dibujo casi crudo, esquemático, con poca onda, incluso con algún error en la anatomía, cosa que nunca antes había visto en una historieta de este joven autor. Ojalá la segunda parte la pueda producir con un cronograma de entregas más distendido, que le permita generar todas esas páginas con el nivel de sus mejores trabajos. Acá se ven unos cuantos aciertos (el tratamiento del claroscuro, por ejemplo, es inobjetable, al igual que la integración de las referencias fotográficas) pero también se ven viñetas y hasta páginas completas por debajo de lo que Miret demostró que sabe hacer.
Hasta ahora, esto pinta interesante. Cuando salga el Vol.2 veremos cómo sigue.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

