el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Batman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Batman. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de septiembre de 2025

MIÉRCOLES DE AVENTURAS

Acá estamos de nuevo. Ayer tenía poco para hacer, así que le dediqué un rato largo a leer historietas. Veamos con qué me encontré. Empezamos en Francia, año 1968, época en la que el maestro Fred (cuyo verdadero nombre era Frédéric Othon Théodore Aristidès) la rompía todas las semanas en las páginas de la revista Pilote. Fred escribía y dibujaba las aventuras de Philémon, claramente apuntadas al punto infanto-juvenil y eran rarísimas, básicamente porque Fred era un autor de clara impronta underground, que venía de una revista hiper-salvaje como Hara-Kiri, y que -tras su etapa en Pilote- volvería a ese tipo de historietas de vanguardia, transgresoras y jodidas como enema de chimichurri. En las historietas de Philémon, Fred cuidaba a rajatabla la narrativa, para que fuera absolutamente clara, pero la línea, el dibujo en sí, es totalmente under, mucho más parecido a un Gilbert Shelton, o al Joann Sfar más sacado, que a un Albert Uderzo o un André Franquin. La colorista Evelyne Tranié se esfuerza para que el trazo casi lisérgico de Fred se vea amistoso para los chicos y la verdad es que Philémon es aún hoy una gran historieta de aventuras para todo público. El tema son los guiones. Fred estaba recontra-chapa (de hecho, estuvo internado en un neuropsiquiátrico) y las aventuras de Philémon no respetan ningún tipo de lógica. En "Philémon et le naufragé du A", seguimos a este joven campesino en una concatenación de peripecias que parece no tener fin, pero además no tener límites. Esto es fumado en serio, y realmente puede pasar cualquier cosa. Además, Fred no busca generar humor para matizar las peripecias, como lo hacían Hergé o Franquin. Es obvio que todo lo que pasa es en joda, simplemente por lo surrealista de las situaciones en las que se involucran los personajes, y si alguna vez se cuela un chiste es simplemente para darle un poquito más de relieve al personaje del burro Anatole, que está ahí para proporcionar el famoso "comic relief". Más que la sensación de peligro, las aventuras que vive Philémon en este álbum transmiten la idea de extrañeza, de abrir bien los ojos para tratar de entender qué carajo está pasando, dónde estamos, qué son estos paisajes, estos edificios, estas criaturas, estas islas con forma de letras. Una demencia muy divertida, que contrastará sobre el final con la incredulidad del papá de Philémon, que (lógicamente) se convence de que su hijo es un fabulador y un sanatero, porque -a su regreso a la granja- le narra sucesos 100% inverosímiles. Y bueno, era 1968. No había que ser un vanguardista ido al carajo para incluir a Philémon en una antología infanto-juvenil: de hecho, el director de la revista era René Goscinny, quien sería criticado por los colaboradores más jóvenes del semanario precisamente por no irse más al carajo y apostar por material más experimental. Pero en esta época tan hippie y tan loca, no era un despropósito darle a los lectores de Astérix, Valérian y Blueberry una historieta de aventuras oníricas, una alucinación sin pies ni cabeza que -reitero- aún hoy resulta atractiva por lo carismático de los personajes, el ritmo que no para nunca y un dibujo rarísimo y a la vez muy ganchero. Evidentemente, en los ´60 Fred estaba adelantado a su época. Y el reconocimento de la crítica le va a llegar muchos después, con sus obras más "maduras", ya apuntadas a un público más adulto, que espero poder conseguir algún día.
Me voy a Estados Unidos, año 2000, cuando Dark Horse recopila en TPB una miniserie co-editada con DC Comics en la que Batman comparte una aventura con Tarzan. El título "Claws of the Cat-Woman" es bastante engañoso, porque da a entender que Catwoman es la villana y no: el villano es un tipo de apellido Dent que (predeciblemente) va a llegar al final de la historia con media cara hecha concha. Ron Marz firma un guion ágil, sin mayores pretensiones, cuyo único punto flojo es la facilidad con la que un tipo sin superpoderes ni mayores habilidades mentales o físicas logra mantener a raya a los dos héroes durante casi toda la historia. Finnegan Dent es ambicioso e inescrupuloso, pero ¿alcanza eso para "domar" a Batman y Tarzan? Normalmente no, y Marz "la fuerza" un poquito para que los héroes se las vean bastante fuleras contra este garca, al que vamos a ver caer por su propio peso: no van a ser ni el Rey de los Monos ni el Detective Nocturno quienes lo saquen de circulación. Lo que más me gustó del guion es que se anima a meterse con la negación que tiene Batman/ Bruce Wayne con el tema del amor. En una de las primeras secuencias, Bruce le echa flit a una Vicky Vale que viene con el cartelito de "oferta" colgado de la chabomba, y durante el tramo principal de la aventura, vamos a ver (a modo de subplot no muy enfatizado por el guionista) cómo a Batman le empiezan a "pasar cositas" con la princesa Khefretari, que no solo le salva la vida varias veces, sino que le hace saber de manera bastante obvia que está muerta por él. Para la secuencia final, a Bruce no le queda otra que reconocer que siente algo fuerte por la princesa, pero obviamente no se puede quedar a gobernar junto a ella un reino perdido de África. Gotham lo necesita, y tiene que volver. Y el otro subplot hábilmente manejado por Marz, aparece de manera mucho más explícita: Tarzan no tiene mayor inconveniente en matar a sus oponentes (cuadrúpedos o bípedos) y a Batman le da por las bolas que su ocasional aliado no haga un esfuerzo extra para ganar los combates sin desparramar cadáveres por todos lados. De hecho, Batman va a terminar la aventura seriamente lesionado por haber tratado de salvarle la vida nada menos que a Finnegan Dent, el villano que hizo de todo para hacerlo boleta. Claramente en este punto coincido más con el hombre mono que con el hombre murciélago. Lo más notable de esta historieta, lo que me hizo comprarla sin dudar un instante, es el dibujo de Igor Kordey. Qué bestia, ma-mita... Kordey combina la elegancia de un Sergio Toppi con la polenta y la espectacularidad de un Richard Corben, y la rompe toda en esos primeros planos repletos de rayitas y detalles tipo Bernie Wrightson o Barry Windsor-Smith. Diseña la página con un sentido dinámico, de alto impacto, las secuencias están planificadas con un criterio increíble, dibuja muy bien a los animales, el trabajo en los fondos es maravilloso (y sabe cuándo omitirlos para que se destaquen las expresiones de los personajes) y se ve todo tan sólido, tan bien pulido, que si le sacás a estas páginas el color de Chris Chuckry no pierden ni un ápice de su atractivo. El excelente desempeño del astro croata nos permite redondear un gran team-up entre dos íconos de la aventura, dos hijos de familia cheta que un día abrazaron (cada uno a su manera y en junglas distintas) la lucha contra la injusticia. Lo recomiendo tanto a los fans de Batman como a los fans de Tarzan, y obviamente a los fans de Igor Kordey. Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 5 de mayo de 2025

NOCHE DE LLUVIA

Llueve, es lunes, tenemos un gobierno de ultraderecha... Nada puede ser más desolador... Bueno, sí, podés ser hincha de Gimnasia... Vamos con un par de reseñas, a ver si levantamos... Siempre le tuve ganas a Del Mismo Lado y recién hace un tiempito lo pude conseguir. Esta es una antología que armó la gloriosa editorial Toutain, con trabajos de los gloriosos Igor Kordej y Mirco Ilic, cuando Croacia todavía era parte de Yugoslavia y estos dos monstruos del Noveno Arte eran casi primerizos. Toutain juntó unas cuantas historias muy breves, en las que a veces Ilic trabaja como autor integral, y a veces escribe guiones para que los dibuje Kordej. Un rejunte de material totalmente anclado en su época (primera mitad de los ´80) que hoy nos resulta en poco alienígena, pero en 1987 era una carta de presentación más que atractiva para que el público hispanoparlante descubriera a autores yugoslavos que -a diferencia del más famoso, que era Enki Bilal- se habían quedado del otro lado de la Cortina de Hierro. Para no entrar en detalles innecesarios, permítanme una generalización medio grosera: muy flojos los guiones. Salvo alguno que otro muy puntual, son de un nivel aceptable para un fanzine, para una publicación de aficionados. En general son ideas que desencadenan un despliegue visual atractivo, pero que cuentan historias medio bizarras, medio crípticas, o medio intrascendentes, todas muy marcadas por esa sensibilidad ochentosa del miedo al totalitarismo, a un futuro que pintaba funesto, a la escalada nuclear que iba a terminar con todos nosotros... Nada que no hayamos leído 50.000 veces, con la firma de guionistas muchos más afianzados que este Ilic tempranero. Y la gracia está claramente en los dibujos. Cuesta diferenciarlos, es cierto, porque en esta primera etapa Ilic y Kordej compartían un universo gráfico en común... que por supuesto no habían inventado ellos, ni lo habitaban en soledad. Visualmente, esto está muy emparentado con el Moebius más sobrecargado de los años ´70, y con la estética ochentosa de los primeros trabajos de Miguelanxo Prado, o Das Pastoras, que sobrevivió hasta el Siglo XXI de la mano de autores como Guillermo Serafín (ver reseña del 05/09/12). En la forma que utiliza para narrar historias mudas, Ilic tiene también algo de Paul Kirchner. Y en Kordej se ve algo de la magia del mejor período de Solano López, que coincide con el momento en que se realizaron estas historietas. En materia de dibujo, no se nota para nada que Ilic y Kordej eran autores incipientes. Sí hay indicios de esto en la puesta en página, porque -como suele suceder en los historietistas novatos- a veces quieren narrar mucho en poco espacio y algunas páginas quedan sobresaturadas de viñetas, a su vez sobresaturadas de información visual. No tanto de texto, porque -astutamente- los ex-yugoslavos trataban de narrar sin palabras, para no complicarle la vida a los editores extranjeros que quisieran comprarles sus historietas. Más tarde, cuando ya se habían ganado un lugar en la Heavy Metal, o en la Zona 84, se largaron a trabajar con guiones más elaborados, historietas más extensas y mucha más presencia del diálogo y el bloque de texto. Pero acá, como táctica bastante efectiva para cautivar desde lo visual al potencial lector que no entendía los idiomas que se hablaban en la ex-Yugoslavia, eligieron callarse la boca, o incluso desarrollar un "alfabeto falopa" con caracteres indescifrables, para que los personajes hablaran en un algo que visualmente se ve como un idioma, pero no tiene traducción. Del Mismo Lado, entonces, funciona como un Año Uno, una historia de origen de Mirco Ilic e Igor Kordej, ideal para conocer sus primeros trabajos y ver cómo ya con menos de 25 años se dibujaban la vida. Los motivos por los que hoy son capos consagrados a nivel global no están en este libro, pero algo se intuye.
Nos vamos a EEUU, a mediados de los ´90, para completar el repaso por Batman & Robin Adventures, la segunda serie de comics basados en la mítica serie animada del murciélago. Este tercer tomo compila los últimos siete episodios de la colección, y el segundo Annual. Veamos con qué nos encontramos. En el primer episodio (nº19), Ty Templeton hace trampa y pone en el foco a un personaje que nunca apareció en la serie animada: The Huntress. Todo el guion es un refrito del origen de la heroína, trágico y oscurísimo, pero ambientado en el mundo de BTAS. Acompañan los dibujos aceptables de Brandon Kruse, y los colores, de nuevo muy estridentes, de Linda Medley. El mismo equipo creativo vuelve con un muy buen episodio, más livianito, de nuevo centrado en Batman y Robin, con bastante humor y mucho peso en la trama para la policía de Gotham. Después tenemos un numerito bastante menor de Batgirl contra el Riddler, con muy buenos dibujos del maestro Joe Staton, que se anima a alejarse cada vez un poquito más del molde visual impuesto por la serie animada. Después, Templeton se despacha con dos buenos guiones, enfocados en los villanos y con roles menores para Batman y Robin. Primero (junto a Kruse) le dedica un buen episodio a Two-Face, y después, junto a Bo Hampton, pone el foco en Killer Croc, en otro número memorable. Llega el turno del Annual 2, donde hace su única participación en los comics Hilary Bader, una guionista que supo dejar su marca en la serie animada, donde firmó grandes episodios. Acá cuenta una historia interesante, pero un toque estirada, y se ve ampliamente beneficiada por los dibujos de un Staton al que ya le dejaban hacer cualquier cosa, sin ajustarse demasiado a la estética de los dibujos animados. Algo similar pasa con Bo Hampton, quien va a dibujar los dos números finales en un estilo que está emparentado con el de BTAS, pero un poco menos que el de otros dibujantes que pasaron por esta serie (y su antecesora). En el nº24 tenemos el breve regreso de Kelley Puckett, con un muy buen episodio centrado en Poison Ivy (de nuevo con un rol muy chiquito para Batman). Y para el cierre, Templeton y Hampton nos traen un episodio extra-large de 38 páginas, en el que el Dúo Dinámico confronta una vez más con Ra´s al Ghul. Es una aventura con pretensiones épicas, pero -si bien tiene momentos impactantes- no es una gema, ni mucho menos. Ya está: no jodemos más con comics basados en la serie animada de Batman, aunque seguramente vamos a volver a visitar Gotham en un futuro no muy lejano. Nada más, por hoy. Ya estoy en pleno descenso hacia los abismos de la fecha de cierre de la Comiqueando Digital, así que voy a poder leer cada vez menos comics... pero ni bien pueda, reaparezco por acá con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.

jueves, 24 de abril de 2025

JUEVES DE AVENTURAS

Por fin me pude hacer un rato para reseñar las últimas lecturas... Sigo descubriendo material del inverosímil Attilio Micheluzzi, y ahora cayó en mis manos una edición francesa de un comic que el maestro italiano publicó originalmente entre 1980 y 1981 en una antología de la península donde nacieron mis bisabuelos. Lo que más me sorprende es que este Marcel Labrume es muy cercano en el tiempo al Rosso Stenton que vimos hace poquito (19/03/25), pero se le parece muy poco. Aquella aventura se sentía muy prattiana, y esta conserva del glorioso Hugo una sola característica: Micheluzzi elige contar una ficción, ambientada en un momento MUY álgido de un conflicto que existió en la realidad, y para eso apela a una vasta documentación. Marcel Labrume es periodista de un diario parisino y está en Beirut, capital de Líbano, en Septiembre de 1940, plena Segunda Guerra Mundial. En la ciudad se vive un clima espeso, con la presencia de alemanes, británicos, franceses, palestinos, judíos y por supuesto los propios libaneses, todos detrás de distintos objetivos secretos, como si fuera una partida de TEG. Las distintas facciones se espían, se operan, se atacan, todos desconfían de todos y se respira una atmósfera de peligros, traiciones y muerte. Y no, Micheluzzi no era tan buen guionista como para explicar todos estos conflictos y sacarles el máximo provecho en apenas 48 páginas. Porque además tiene que desarrollar a un protagonista, a una co-protagonista (que es bastante más que un interés romántico de Marcel) y a varios personajes secundarios. No tengo dudas de que Pratt lo habría hecho mejor, pero claro, se habría tomado 100 páginas en vez de 48 y habría metido no menos de nueve o diez viñetas por página en lugar de las siete que suele emplear Micheluzzi. El resultado es un guion muy sobrecargado de elementos, en el que los personajes casi tropiezan unos con otros en la lucha por aparecer un poco más "en cámara" y explicar de qué juega cada uno. Por momentos, pareciera que el que sobra es el propio Marcel Labrume, y que la historia se desarrollaría de un modo más claro e intenso si sacáramos al periodista francés del medio. Para el final, cuando ya se cayeron unas cuantas máscaras y varios personajes se boletearon unos a otros, el argumento se encauza mejor y se hace más atractivo, pero hasta ese punto, la confusión le gana al disfrute. Por suerte está el dibujo de Micheluzzi, que es espectacular. Como vimos la vez pasada, e autor reproduce algunos yeites del maestro Sergio Toppi. Pero la principal influencia gráfica en este álbum es claramente Alex Toth. También se ven cosas que remiten a Gustavo Trigo, a Cacho Mandrafina... pero la impronta omnipresente es la de Toth, que aparece en esos claroscuros extremos, esas composiciones, esas onomatopeyas. Y obviamente Micheluzzi también suma elementos de su propia cosecha, no es un mero pastiche de recursos tomados de otros artistas. Visualmente, este álbum es una fiesta, un catálogo de hallazgos pensado para deleitar a cualquier fan del blanco y negro y los estilos más o menos realistas. Incluso aunque el guion se enrede demasiado para llegar a buen puerto, el dibujo justifica completamente la inclusión de Marcel Labrume entre las obras notables de esa bestia que fue Attilio Micheluzzi.
Sigo con mi reencuentro con los comics basados en la serie animada de Batman de los ´90, y el tomo que tendría que reseñar ahora lo reseñé el 29/01/19. Así que sin más prolegómenos, le entro al Vol.2 de Batman & Robin Adventures. Acá lo más notable es el Annual 2, porque lo escribe Paul Dini. Incluso tiene unas poquitas páginas dibujadas como los dioses por Ty Templeton, que le saca mucha diferencia al resto de los dibujantes que meten mano en el tomo. Y después hay ocho episodios de la serie mensual, todos escritos por el propio Templeton, y en general bastante dignos. El mejor es el último del tomo, contra el Joker y Harley Quinn, repleto de situaciones y diálogos muy cómicos. El resto acompaña sin descollar, no hay ninguno que digas "esto es un bofe", ni ninguno para poner en el Cuadro de Honor. El de Deadman tiene una idea muy interesante, el de Man-Bat es casi una no-aventura, una de esas en las que el rol de Batman y Robin no es el del típico justiciero que debe impedir que el villano cometa alguna tropelía... pero nada demasiado destacable. Para acompañar a Templeton en los dibujos, tenemos un solo episodio a cargo del correcto Dev Madan (a quien vimos entrar desde el banco de suplentes en la reseña del 11/04/25) y también un solo episodio dibujado por Joe Staton, en un estilo muy lindo, que no tiene tanto que ver con la estética de la serie animada pero es atractivo. El resto de las páginas quedan en manos de Brandon Kruse, otro dibujante normal, tranqui, que no molesta para nada, pero tampoco está ni cerca de Templeton, o de Mike Parobeck. La colorista de unos cuantos de estos episodios es la grossa Linda Medley, justo antes de romperla como autora integral con Castle Waiting, pero no... su trabajo en esta colección no me convence demasiado. No capta la atmósfera oscura de la serie animada, se zarpa en estridencia con rosas, amarillos y violetas muy fuertes... En el mismo libro hay otros dos coloristas, Lee Loughridge y Roberta Tewes, y ninguno me generó el ruido que me generan las paletas que elige Medley. Me queda sin leer un solo tomo de B&RA, y no sé si llego a leerlo antes de fin de mes, pero lo voy a intentar, así en Mayo ya me meto con otras series. Lógicamente, en Mayo voy a leer menos comics, porque se pone más exigente la producción del nº11 de Comiqueando Digital, pero siempre algo voy a poder reseñar, aunque sea de manera medio sucinta, acá en el blog. Gracias y nos reencontramos pronto.

viernes, 11 de abril de 2025

VIERNES ATP

Después de la última incursión en el porno, hoy tengo para reseñar dos libros aptos para todo público en los que no se ve ni una teta. Empezamos con el cuarto y último tomo recopilatorio de The Batman Adventures, un masacote de casi 300 páginas donde tenemos los últimos ocho episodios de la primera serie regular (esos nunca los llegué a traducir para Perfil), más el Annual 2 y el glorioso Holiday Special. El Holiday Special es un verdadera delicia. Una antología con cinco historias cortas, todas escritas por Paul Dini y ambientadas entre el 1º de Diciembre y el 1º de Enero. Esta vez, en vez de ir a buscar a grandes figuras del comic para que dibujaran sus guiones, Dini trajo a los directores de la serie animada. Ya tenía clarísimo que con Bruce Timm formaba una dupla insumergible, y lo trae de vuelta para aventura de Batgirl contra Clayface muy divertida, con un ritmo infernal. También trae a Ronnie Del Carmen para una disparatada comedia de acción centrada en Harley Quinn, Poison Ivy y Bruce Wayne, en la que Batman aparece recién al final. Glen Murakami tiene a su cargo la historia más seria, más triste incluso, en la que Batman confronta con Mr. Freeze. En la serie animada, los episodios con Mr. Freeze solían tener un tinte más dramático, y estas 13 páginas van en esa misma línea. Timm y Dini co-escriben la infaltable aventura de Batman contra el Joker, que cuenta con los dibujos de Butch Lukic y Kevin Altieri, otros dos tremendos directores de animación. Y para el epílogo, Dini consigue a otro prócer de BTAS: Dan Riba. Esto no tiene desperdicio, realmente, y vale lo que pagues por todo el libro. Después tenemos más números de la serie mensual: el nº28 es un regreso muy divertido para el Joker y Harley Quinn, gran guion de Kelley Puckett dibujado con la habitual categoría de Mike Parobeck. En el nº29 tenemos al correcto Dev Madan como dibujante suplente, y lo vamos a ver en todos los números impares que nos quedan hasta llegar al 36. Puckett se manda un unitario intenso y sorprendente con Talia y Ra´s al Ghul. Ahora con Rick Burchett de dibujante suplente, el nº30 es un episodio centrado en Mastermind, mr. Nice y The Perfesser, en el que no aparecen los justicieros de Gotham. Otro hallazgo de Puckett, que se va a tomar unas vacaciones para volver más cerca del final de la serie. El nº31 es un unitario de Robin contra Anarky, un personaje que (lógicamente) nunca apareció en los dibujos animados. Tiene la particularidad de estar escrito por el creador de Anarky, el querido Alan Grant, y lleno de frases que ningún otro guionista se animaría a poner en boca de un superhéroe. En el nº32 vuelve Parobeck para dibujar un guion bastante menor de otro guionista invitado, Dan Raspler, al que le fue mucho mejor como coordinador o director de colecciones. El 33 es un excelente unitario, en el que pela chapa quien va a quedar como guionista titular en la siguiente serie mensual basada en BTAS: el canadiense Ty Templeton, otrora dibujante, en aquellos primeros números que vimos el 20/02/25. Y en el nº34 arranca una trilogía (la primera y única en esta serie) en la que se reúnen Puckett y Parobeck, más Templeton que colabora en algunos guiones. Los villanos son Hugo Strange y Catwoman, y pasan cosas tan locas que no se pueden creer. Pero es todo en serio, y está narrado de una manera muy emotiva. Gran cierre para una serie mensual que sostuvo una calidad notable entre 1992 y 1995, años poco felices para el mainstream superheroico. Pero al libro le queda una gema más. El Annual 2, con un plot obra de Paul Dini, Bruce Timm y Glen Murakami, guion del primero y dibujo y color de los otros dos. Podría ser tranquilamente un unitario de 22 páginas pero lo estiran a 44 y está bien, porque los dibujos son majestuosos. Es todo un gigantesco tributo a Jack Kirby, con Demon y Ra´s al Ghul en roles que eclipsan al propio Batman, con momentos muy oscuros, muy violentos, que en una de esas no podrían haber tenido cabida en una serie animada. Creo que este Annual y el Holiday Special es lo único que en esta lectura ya de cuasi-anciano me gustaron más que cuando las leí originalmente, con veintipico de años.
Y me voy a España, año 2008, cuando Dib-buks recopila en un hermoso álbum 44 planchas de Zorgo, la historieta que Luis Bustos publicaba todas las semanas en la recordada revista infanto-juvenil Mister K. Esto es brillante. Los guiones son ingeniosos, los personajes son queribles, los chistes son tremendos, hay diálogos bastante zarpados, las tramas no se repiten, Bustos nunca llega a la última viñeta obligado a rematar "en una baldosa" porque se le terminó el espacio de golpe, ni tampoco estira una idea mínima para llenar las (por lo menos) ocho viñetas que dibuja en cada entrega. El protagonista es un genio del crimen, un supervillano irredimible que quiere sojuzgar a la humanidad con sus máquinas diabólicas y sus mega-robots destructores. Sí, te va a hacer acordar todo el tiempo a los protagonistas de las películas Megamind y Despicable Me (o "Mi Villano Favorito")... pero ambas son de 2010, y esto es bastante anterior. Las aventuras (y a veces desventuras) de Zorgo dialogan con el comic clásico de superhéroes, de cuando los villanos eran genios científicos que construían artefactos imposibles para destruir ciudades, pero también con las pelis de agentes secretos tipo James Bond (rara vez en esta serie salen bien parados los agentes secretos) e incuso con las de monstruos gigantes, kaijus y demás bichos bizarros. Y Bustos juega además con el Lado B del supervillano: la vida cotidiana de Zorgo cuando no está tripulando mega-robots ni lanzando ultimatums contra los gobiernos del planeta. De acá también salen grandes momentos. Recomiendo mucho Zorgo a lectores de todas las edades y tengo entendido que hay más tomitos recopilatorios, así que intentaré conseguirlos. Bustos me parece un autor fenomenal, y ahora que descubrí la magia que tira en su vertiente infanto-juvenil, lo admiro más que antes. Hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

miércoles, 19 de marzo de 2025

MÁS AVENTURAS

Allá por 1981, el glorioso Atilio Micheluzzi estaba en busca de su Corto Maltés. Tenía muy dominado el estilo gráfico de Hugo Pratt, podía clonar a la perfección su tempo narrativo, y hasta se daba el lujo de florearse un poco más en el dibujo, con angulaciones más arriesgadas y texturas más complejas, que remiten enseguida a las de otro capo de esta época como era Sergio Toppi. En este álbum de Rosso Stenton no hay el menor indicio del salto mortal que va a pegar Micheluzzi pocos años después, cuando se ponga la camiseta de la línea clara y adopte los yeites del Moebius más elegante. Por el contrario, todo permite suponer que el viraje de Micheluzzi iba a ser hacia el lado de un claroscuro más extremo, más hacia el estilo de José Muñoz. La ambientación de la aventura (Shanghai, mediados de la década del ´30) nos remite de inmediato a Corto Maltés, la página dividida en cuatro tiras también (aunque Micheluzzi no la va a bancar durante todo el álbum) y el ritmo al que avanza la trama durante las primeras... 20 páginas también, es muy de Corto Maltés. Pero después, Rosso Stenton impone su propia impronta, su propio ritmo. La trama se vuelca hacia una dinámica más de "palo y palo", con mayor énfasis en la acción y un vértigo en el que no hay lugar para esos silencios, esas pausas y esas reflexiones filosófico/ existenciales que caracterizan al personaje de Hugo Pratt. Se suceden, entonces, 30 páginas finales en las que hay saltos temporales de meses entre escena y escena, y en las que los protagonistas acumulan peripecias extremas, condimentadas con algunas pinceladas de humor y de romance. De a poco, Rosso Stanton pasa de ser un personaje prattiano a ser un personaje que le hubiese gustado imaginar a Robin Wood. Este álbum (titulado "Shanghai") tiene varias ediciones y la que conseguí yo (L´Isola Trovata, 1984) presenta la historieta a todo color, coloreada por el propio autor. Sospecho que alguna otra edición habrá conservado las planchas de Micheluzzi en blanco y negro, pero no lo puedo afirmar. No suma demasiado, el color. Son pocos los momentos en los que molesta, pero me parece que Micheluzzi no supo potenciar el dibujo con el color, sino -como mucho- acompañarlo decorosamente. Excepto en la portada, claro, donde la técnica utilizada es otra, y el resultado es mucho más atractivo. No conocía a Rosso Stenton. Caí en este álbum simplemente porque vi la firma de Atilio Micheluzzi y porque estaba muy barato. Pero me gustó el personaje, y el día que encuentre alguna otra de sus aventuras, trataré de sumarla a mi biblioteca. Esto es tan accesible, tan clásico y tan ganchero que además funciona como un inmejorable punto de entrada al universo de Micheluzzi para aquellos que todavía no descubrieron la obra de este increíble autor italiano.
Sigo adelante con los tomos recopilatorios de The Batman Adventures y me toca repasar el Vol.3, que empieza con el Annual 1. Este annual es muy importante, porque es la primera vez que se involucran con el comic los Padres Fundadores de la serie animada: Paul Dini y Bruce Timm. Dini aporta un puñado de historias muy centradas en los villanos, donde además se presenta a Roxy Rocket. Esa secuencia, la más extensa del annual, es la que dibuja Timm en un nivel superlativo. Pero además entran en escena otros dibujantes. Mike Parobeck, que ya demostró que podía generar un gran combo entre su propio estilo y la estética de BTAS, dibuja la historia del Ventriloquist, que no es gran cosa. Dan DeCarlo, legendario dibujante de los comics de Archie, tiene a su cargo la historia centrada en Harley Quinn, que está muy buena. El glorioso John Byrne modifica apenitas su icónico estilo para dibujar la mejor historia del annual, que es la que protagoniza el Joker. Y el que menos tiene que ver con la onda de BTAS, y que encima se fuma un guion medio pelo, es el enorme Klaus Janson, acá desubicado como chupete en el orto, porque lo meten en una publicación que claramente va para un lugar muy distinto al que uno asocia con este artista. Y después tenemos siete episodios autoconclusivos de los que aparecieron en la revista mensual de Batman Adventures, todos a cargo de Kelley Puckett y Mike Parobeck. El primero (nº21) es el más flojo, un kilombo sin pies ni cabeza, al que le meten una cantidad de personajes que no se pueden aprovechar ni a palos en las 22 páginas que dura la historia. El nº22 (como no podía ser de otra manera) tiene como protagonista a Two-Face, y es brillante. Probablemente lo mejor del tomo. Pero el 23 (con Poison Ivy) tampoco está nada mal. Es un muy lindo unitario, con un mensaje muy interesante, y que le da mucha chapa a la villana invitada. El nº24 está MUY bien dibujado, pero el guion es poco atractivo, una secuela muy predecible de un episodio menor de la serie animada. El nº25 trae el encuentro de Batman con Superman y Lex Luthor, en un episodio de 30 páginas. Más allá de algún que otro diálogo copado, el argumento es la nada misma, me despertó cero interés. El nº26 es una de misterio bien planteada y bien resuelta, con Batgirl y Robin en los roles protagónicos. Y el nº27 es un episodio raro, muy intenso, que nos invita a reflexionar acerca de la venganza, o en realidad acerca del rol que cumple la venganza en la identidad y en la vida de Batman. Y lo hace de un modo tan interesante, que el rol del propio Batman en la trama es muy menor, casi accesorio. Me falta un solo tomo para completar el repaso por esta serie que -de nuevo- creo que me gustaba más en los ´90, cuando descubría estas historias por primera vez, que ahora. Ojo, ahora me gustan. Pero antes me volaban la cabeza todos los meses, y cada relectura (sobre todo cuando me tenía que meter a fondo con cada diálogo y traducirlo para la edición argentina) era un placer inconmensurable. Hoy es un entretenimiento, no mucho más. Pero claro, me ponés dibujantes como Timm, Byrne o el propio Parobeck, y no me puedo resistir. Hasta acá llegamos. Nos reencontramos por acá ni bien tenga más libros para reseñar, o el sábado y domingo en Vuela el Pez, para compartir el evento de los Premios Cinder.

viernes, 7 de marzo de 2025

VIERNES DE AVENTURAS

Para comentar hoy tengo dos libros bien aventureros. En primer lugar, el Vol.2 de The Batman Adventures, con otros 10 episodios de la serie que alguna vez traduje para Perfil, esta vez todos a cargo del mismo equipo creativo: guiones de Kelley Puckett, dibujos de Mike Parobeck. Al igual que me pasó cuando leí el Vol.1, las historias me gustaron un toque menos que cuando las descubrí en los ´90. Veamos... El primer episodio es contra Man-Bat, y la idea de Puckett es buenísima. El problema es que es muy ambiciosa para presentarla, desarrollarla y rematarla en 22 páginas, entonces tiene que sacrificar algo, y elige sacrificar la machaca. El combate entre Batman y Man-Bat se resuelve en poquísimas viñetas, de manera casi absurda y totalmente inverosímil. El segundo episodio está centrado en las chicas: Batgirl, Catwoman, Poison Ivy y Harley Quinn, que acá hacía su primera aparición en un comic. De nuevo, todo pasa muy rápido, pero esta vez Puckett cumple con creces su objetivo principal, que es que el lector se cope con Barbara Gordon y quiera verla más seguido en estas páginas. Ah, glorioso el cameo de las protagonistas de Love & Rockets... No sé cuánta gente lo habrá pescado, porque esta era una serie masiva y para todo público, y L&R era de culto y para adultos, pero ver a las chicas de Jaime Hernandez en un comic de Batman fue un nerdgasmo de aquellos. El nº13 (y tercero del tomo) explora el vínculo entre Batman y Talia, de manera muy inteligente y hasta se permite ponerle emoción a un personaje siempre imperturbable como es el justiciero de Gotham City. Probablemente lo mejor del libro. Mientras Batman pelotudea por el mundo con Talia, Robin defiende a Gotham de una ola de crímenes orquestada por Scarface (y el Ventriloquist), en un episodio gracioso, pero menor. El 15 es contra la mafia de Rupert Thorne, y reparte el protagonismo entre Batman y un Jim Gordon muy bien trabajado. Es un episodio muy violento, con mucha acción. El siguiente trae de regreso al Joker, esta vez con un plan que involucra a un autor de comics, como para meter un par de chistes meta, que no están mal. Después tenemos a Batman y Robin en el desierto, en algún lugar de Asia, donde intentan (sin éxito) capturar a Ra´s al Ghul. Es una linda historia, dinámica, con sorpresas y grandes diálogos. En el nº18 Batman está de nuevo fuera de circulación y los protagonistas son Robin y Batgirl, con su primer team-up y mucho desarrollo de personajes. Otro episodio muy destacable. Para el final tenemos el guion más flojo del tomo (contra el Scarecrow) y cerramos esta tanda con el regreso de Mastermind, Mister Nice y The Perfesser, en otra historia más bien cómica en la que el rol de Batman es irrelevante. Obviamente cualquier crítica empalidece frente a la felicidad que produce tener frente a mis ojos 220 páginas de historieta dibujadas por Mike Parobeck. Acá vemos al malogrado genio (entintado siempre por Rick Burchett) ya MUY canchero, muy suelto, no tan pendiente del estilo gráfico de la serie animada, mucho más concentrado en el ritmo de la narrativa, en esas secuencias mudas espectaculares, en esos rostros recontra-expresivos, y en hacer a este comic sumamente accesible para los nuevos lectores que se sumaban a partir del cebamiento infinito que generaba el dibujo animado en la tele. Tengo más libros de esta serie, así que volvemos pronto a Gotham.
Pero ahora acompáñenme a Argentina, año 2024, cuando se recopilan en libro los 22 episodios (de 10 páginas cada uno) de Jeny y el Post-Mundo, una serie que Hor Lang había presentado en la plataforma virtual Webcomic Mutante. La construcción de este escenario post-apocalíptico por parte de Hor Lang está tan bien lograda, que se hubiese bancado tranquilamente ser el marco de una serie sin ningún tipo de evolución. Una especie de Judge Dredd, donde todas las aventuras son perfectamente intercambiables y pueden ser leídas en cualquier orden. Sin embargo, el autor se sube la apuesta a sí mismo, y desde temprano empieza a meterle mucha evolución a la saga de Jeny. A veces avanza muy rápido, a veces más lento, pero es obvio que Hor Lang está yendo hacia algún lugar, que lo suyo no es simplemente tirar una peripecia sobre la mesa, resolverla en 10 páginas y hacer pasar a la que sigue. De hecho, la propuesta es tan ambiciosa, que la saga de Jeny de vincula con otras dos: primero, la de El Pequeño Timy (la otra obra de este autor, que vimos el 20/10/22) y después con la epopeya argentina en ¡el Mundial de México ´86!. ¿Qué carajo tiene que ver el Mundial ´86 con una aventura post-apocalíptica? Hay que leer el libro para enterarse. Lo único que no me copó de Jeny y el Post-Mundo es que le falta profundidad a la protagonista. Es una piba joven, fanática de los videojuegos de acción y violencia, que tiene la posibilidad de vivir en carne y hueso en un mundo donde matar monstruos, alienígenas y villanos es algo de todos los días. Jeny es dura, valiente, infalible en el manejo de las armas y muy grossa en el combate cuerpo a cuerpo. ¿Por qué? ¿Quién le enseñó, cuánto tiempo entrenó, cómo llegó a ese nivel? ¿Jugando videojuegos? Hor Lang no lo explica y eso hace que Jeny por momentos sea más un deus ex machina (como Judge Dredd) que un personaje con el que nos podamos identificar. Fuera de eso, las historias son ágiles, tienen sorpresas interesantes, diálogos copados y un humor negro (también muy de la 2000 AD) sumamente efectivo. El dibujo de Hor Lang me pareció excelente. Muy clásico, sin estridencias, como si quisiera ocultar su virtuosismo para que este no interfiera en el fluir del relato. Es un dibujo ideal para una serie como esta, que se propone como una aventura sin mayores pretensiones, en la que lo importante es la acción, los personajes y el mundo que habitan. Jeny y el Post-Mundo habita una frontera entre la ciencia ficción, el terror, la machaca cuasi-superheroica y los toques de comedia, y el dibujo de Hor Lang plasma todo eso a la perfección. Hay un gran manejo de las tramas mecánicas para aplicar grises, sutiles toques de aguadas y muchísimos recursos que tienen que ver con el blanco y negro de toda la vida. La planificación de las páginas es excelente, nunca faltan ni sobran fondos, no hay viñetas sepultadas bajo cantidades zarpadas de texto... Evidentemente estamos frente a un trabajo muy logrado de un autor con talento, creatividad y criterio por encima de la media. No te digo que Jeny y el Post-Mundo es la máxima gema del infinito, ni la obra que te va a hacer fan para siempre de la historieta argentina, pero la verdad es que se disfruta mucho y te garantiza un buen rato de diversión. Nada más, por hoy. Disfruten el finde y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

jueves, 20 de febrero de 2025

JUEVES A PLENO

Esta noche juega Racing por la Recopa y mañana es mi cumpleaños. Ojalá los gladiadores de Gustavo Costas me regalen un triunfo. Pero vamos a repasar las últimas lecturas... Un lejano 30/10/17 me tocó comentar la adaptación de Romeo y Julieta realizada por el maestro italiano Gianni De Luca, que me había parecido una maravilla absoluta. Por ende, le entré con altas expectativas a otra obra de William Shakespeare llevada al comic por el mismo titán de la tinta. El Hamlet de Gianni De Luca es apenas un año anterior a su Romeo y Julieta, pero la verdad es que el resultado no se le acerca. Es cierto, es en Hamlet donde De Luca inventa los fascinantes trucos narrativos que me deslumbraron en Romeo y Julieta, pero en esta obra casi nada funciona tan bien como en la siguiente. El dibujo sí, es fastuoso. De Luca ensaya una actualización de la línea académica elegante y sólida de próceres como Alex Raymond y le sale perfecto. Las figuras son dinámicas, los rostros son expresivos (a veces se parecen más a los de Paul Gillon que a los de Raymond) y el trabajo en decorados, paisajes y vestuario es realmente descomunal. Pero la narrativa por momentos es torpe (en la última página es directamente catastrófica) y -lo más importante- la adaptación no está bien hecha. De Luca no le encuentra la vuelta a la obra de Shakespeare. No presenta bien a los personajes ni a los conflictos, narra con bloques de texto (bastante extensos) secuencias clave que hubiese estado bueno dibujar, subplots enteros se esbozan pero no se desarrollan... Si uno no conoce la obra de Shakespeare, se va de la adaptación sin haber entendido demasiado qué catzo está pasando en esa Dinamarca medieval gobernada por gente que se vincula con sus familiares de manera muy retorcida y obra de manera totalmente irracional (pero no promociona criptomonedas truchas). Me quedo con la indescriptible calidad del dibujo, y por supuesto con las ganas de innovar, porque -fallida y todo- Hamlet ofrece una puesta en página que en 1975 no se le había ocurrido a nadie. Y me quedo también con el libro de Romeo y Julieta, que -repito- es muy superior. Este va a la pila del material para largar, porque realmente lo único que me interesa conservar es el notable prólogo del colega y referente Álvaro Pons.
Los memoriosos recordarán que el 29/01/19 hablamos en este espacio del primer tomo recopilatorio de Batman & Robin Adventures, la segunda serie de comics basada en la gloriosa serie animada de Batman estrenada en 1992. Ahora me voy para atrás, a releer (en libros, ya no en revistas) aquella primera colección, la que tuve el placer de traducir casi en su totalidad para la edición argentina de Perfil. Lo primero que me llamó la atención es que no me acordaba prácticamente de NADA de lo que sucede en estos 10 primeros números. Recordaba -y me copaba- esa pátina de sofisticación que los guionistas le daban al Penguin, en grotesco contrapunto con su accionar violento... y no mucho más. Lo segundo que me llamó la atención es que las historias me gustaron menos que la primera vez. Vamos a repasarlas. La primera (la del Penguin) está bien, pero es menor. La segunda (con Catwoman) levanta un poquito, pero también es bastante olvidable. Y este primer arco, escrito por Kelley Puckett, termina con un episodio contra el Joker muy pegado a la típica fórmula de los años ´40/ ´50, incluso con un final en el que el payaso parece morir. Nada del otro mundo. En los nºs 4 y 5 se desarrolla una saguita contra el Scarecrow, que parte de un planteo bastante perturbador por parte del guionista Martin Pasko. Pero la resolución no está a la altura del planteo, lamentablemente, y la aparición de Robin no suma ni resta. En el nº6 vuelve Puckett, con un episodio bastante oscuro, una de misterio policial sin villanos, a tono con los capítulos más densos de la recordada serie animada. Y a partir del nº7, con la llegada del inolvidable Mike Parobeck a los lápices, la estética del comic se despega un poquito de la de la serie animada, y los guiones (y sobre todo el ritmo de los relatos) mejoran bastante. Puckett y Parobeck presentan primero un excelente unitario en el que el protagonista indiscutido es Killer Croc y -como pasaba a menudo en la serie de TV- Batman es un personaje menor en la trama, apenas un obstáculo para el verdadero protagonista, que es el villano. En el nº8 el protagonismo está mejor repartido entre Batman y Clayface, al que los autores desarrollan bastante, de manera muy atractiva. El nº 9 es otro episodio bastante menor, en el que el paladín de Gotham humilla a Rupert Thorne y sus matones a sueldo. Y el nº 10 parece ser un episodio centrado en el Riddler, a quien Puckett le da bastante chapa... pero lo importante resulta ser el debut de tres villanos creados para estos comics, que van a volver varias veces: Mastermind (basado en Mike Carlin), Mister Nice (una caricatura de Archie Goodwin) y The Perfesser (con los rasgos de Denny O´Neil). Con cuatro villanos en acción, el rol de Batman es mínimo, pero la aventura está muy buena (en parte porque Puckett y Parobeck logran inyectarle una sana dosis de comedia) y hubiese sido genial poder desarrollarla en 8 ó 10 páginas más. Los tres primeros números están dibujados a un nivel superlativo por Ty Templeton, que eventualmente va a volver. Y del 4 al 6 tenemos los dibujos de Brad Rader, con un trazo muy oscuro y un protagonismo de la mancha negra que no es 100% incompatible con la estética de la serie, pero que en un comic que supuestamente iban a comprar los pibes, es medio piantavotos. Obviamente aparecer entre Templeton y Parobeck no favorece en lo más mínimo a Rader que -sin ser choto- pierde por escándalo en la comparación. Esperaba un poquito más de este Vol.1, pero estoy seguro que en los siguientes (que están ahí, pidiendo pista junto a los que me faltaban de Batman & Robin Adventures) la vamos a ver levantar y tirar magia a un nivel cercano al de la mejor serie animada que tuvo Batman en su historia. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 23 de octubre de 2024

RECUPERANDO RITMO

De a poco voy entrando en la sintonía de leer más y a mejor ritmo. Hoy empiezo con un libro de 2018, el team-up entre Batman y The Shadow, dos justicieros nocturnos con muchas décadas de trayectoria que -inevitablemente- en algún momento tenían que tener su aventura conjunta. Esta la co-escriben Scott Snyder y Steve Orlando, y la dibuja Riley Rossmo. A lo largo de estas... 132 páginas de historieta, me cayó la ficha de que Rossmo es mejor en dosis más pequeñas. Una historia corta en una antología, un numerito unitario, a lo sumo un annual o un prestige. En una dosis tan grande, no solo pierde impacto su particular estilo, sino que además le noto inconsistencias. Me gusta mucho su puesta en página, pero por momentos al dibujo le falta fuerza, parece hecho así nomás, y hasta te preguntás qué pasaría si le sacaras los colores de Ivan Plascencia. Probablemente varias de estas páginas quedarían al límite de lo impublicable. ¿Y tiene sentido que la historia se extienda a lo largo de todas esas páginas? No, ni a palos. Todo está jugado al contrapunto entre Batman y The Shadow: uno banca hasta las últimas consecuencias ese dogma de no matar a los villanos (ni siquiera a un psicópata pasado de rosca e irredimible como el Joker) y el otro los quiere hacer boleta a todos. Esa diferencia es la que los guionistas mejor explotan a lo largo de todo el comic. También hay una idea fascinante: The Shadow vigila a Bruce desde que quedó huérfano, y muchos de los maestros que entrenaron al joven Wayne para convertirlo en el justiciero perfecto... ¡eran identidades que asumió The Shadow para estar cerca suyo y guiarlo en su camino!. Eso solo garpa todo. Pero... así como abundan los aciertos en el rubro "interacción entre los personajes", escasean en el aspecto aventurero de la trama. El rol de Joker es patético, el de Jim Gordon también, los clásicos adláteres de The Shadow aparecen metidos con forceps y no aportan nada... y en general todas las peripecias, luchas contra los villanos, etc., son poco atrapantes. Hay excelentes diálogos (para variar, muchos los dice Alfred), está muy bien la caracterización de Renée Montoya (la única policía que parece tener un nivel intelectual superior al de un crustáceo), pero falla la acción, falla el misterio, la amenaza es chota, poco creíble... y ya para cuando aparece todo ese ejército de villanos de Gotham (donde conviven los más grossos con malhechores de cuarta y quinta categoría, algunos con tres o cuatro apariciones, con suerte), cualquier clase de verosímil que hayan construido Orlando y Snyder se va por el inodoro. Básicamente, toda la historia (guion y dibujo) tendría mucha más fuerza si la hubieran resuelto en menos páginas. En 64, por ejemplo, con estas mismas ideas se podría haber hecho casi una obra maestra. Y por ahí nos ahorrábamos momentos bochornosos como esa batalla contra 20 villanos, o esa secuencia en la que Bruce queda a un milímetro de la muerte y al rato sale de nuevo a jugarse la vida, metido adentro de una bati-armadura que le permite moverse como si tres páginas atrás no lo hubiésemos visto hecho mierda, con más agujeros que ventana de bosnio. Siempre quise ver a estos dos personajes juntos, hacía tiempo que quería leer este team-up, y bueno... el resultado final me pareció bastante mejorable, más allá de algunos buenos momentos que me ofrecieron Orlando, Snyder y Rossmo. Es lo que hay.
Hace un tiempito (05/09/24) reseñé por acá el Vol.1 de Gorgona, la antología colombiana en la que distintos dibujantes trabajan sobre guiones de Rodrigo Lucio, y ahora voy por el Vol.2. Esta vez tenemos una entrega más voluminosa, de 88 páginas, que arranca con una portada magistral de nuestro compatriota Carlos Dearmas. Adentro, al haber más historietas, hay también más diversidad de dibujantes, entre ellos la muy correcta Luisa Rojas, la interesante Andrea Lucio y el más que digno Andrés Cruz. Pero claro, ninguno se acerca siquiera al nivel descomunal de los dibujos de Dearmas. Las dos historietas en las que mete mano el entrerriano son, lejos, lo más memorable de la antología. En el resto del tomo, cada tanto aparece la puntita de una idea... que en cuatro páginas no se llega a desarrollar y mucho menos a resolver de manera satisfactoria. No entiendo bien la decisión arbitraria por parte de Rodrigo Lucio de que todas las historietas sean tan breves, porque es obvio que varias de ellas mejorarían mucho si tuvieran más espacio. La única de seis páginas (En el principio existió el vacío, una de las que dibuja Dearmas) es -para mi gusto- la que está mejor escrita, y en parte es porque Lucio tiene más páginas para desarrollar la idea y desplegar la prosa, ambas muy logradas. Lucio es un guionista raro, atípico, que plantea relatos cortos, pero además alejados de las fórmulas tradicionales. Por ahí aparecen géneros de "los de siempre" (ciencia ficción, terror, fantasía épica, peplum) pero Lucio los aborda de un modo muy peculiar, menos aventurero, a veces con más introspección, a veces con un tono más épico, pero siempre extraño, nunca fácil de clasificar. En sus historias no hay chistes, no hay estridencias, no hay conflictos entre malos y buenos... y a veces ni siquiera hay conflictos. Hay ideas, o puntitas de ideas, que la mayoría de las veces no se llegan a desarrollar. Tengo para leer también el Vol.3 de Gorgona (creo que hasta ahora es el último), así que pronto habrá más historieta colombiana acá en el blog. Estoy en medio de la lectura de dos libros extensos, que prometo reseñar a la brevedad. Y para el miércoles 30, les prometo también una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando. En la de Septiembre me cubrió Diego porque yo estaba lejos, pero esta no me la pierdo. Gracias y hasta pronto.

lunes, 1 de enero de 2024

DECIMOQUINTA TEMPORADA

Hoy se cumplen 14 años (casi una vida) desde el día en que empecé con este blog. Desde entonces cambió prácticamente todo, excepto que yo sigo adelante con este blog. Ya casi no hay espacios de este tipo, y si hay, a nadie le importan en lo más mínimo. Por eso lo primero que se me ocurre (antes de cualquier tipo de festejo) es preguntarme si tiene sentido seguir con este proyecto a lo largo de una decimoquinta temporada. Podría tranquilamente no hacerlo más, porque la verdad que no le debo nada a nadie. Las novedades que con enorme generosidad me hacen llegar editores y autores, las podría reseñar en el sitio de Comiqueando, o en el Podcast, que son espacios mucho más visitados, de mayor visibilidad dentro del medio. Y encima el blog ya no funciona tanto como un registro personal de qué leí y qué no leí, porque estoy leyendo bastante en digital, y acá sólo hablo de lo que leo en físico. También estoy leyendo muchas revistas de comics (básicamente antologías europeas de los ´80), de las que tampoco hablo en este espacio, y revistas y libros SOBRE comics, que tampoco da para reseñar acá en el blog. Hace AÑOS (literalmente) que no miro cuánta gente lee lo que yo posteo. El único número que tengo a mano es el de la cantidad de suscriptores, y se mantiene bastante estable hace mucho tiempo. O sea que la repercusión de lo uno publica en este espacio me tiene MUY sin cuidado. Escribo acá básicamente para hinchar las bolas, porque me parece estimulante ordenar en la cabeza el kilombo que se me arma cada vez que leo un comic (o veo una película) y transmitirlo de la manera más coherente posible. No hay otra explicación. De vez en cuando, echo mano a algún párrafo que escribí acá y lo integro a algún artículo para la Comiqueando, o para algún otro medio, pero es algo bastante infrecuente, con una incidencia ínfima sobre el total de párrafos que llevo escritos para este blog. Así que la única función real que cumplen estas reseñas es el placer que me causa tomarme un rato un par de veces por semana para sentarme a escribir. Y, a veces, ver que editores y autores que encuentran reseñadas acá sus obras, comparten los links en las redes, como el pibe que viene orgulloso a mostrarle el boletín a los padres, porque "se sacaron buenas notas". Ese es todo el sentido que le encuentro a esta tarea. No creo que nadie vaya a comprar o no un comic porque yo lo recomiendo, no creo que nadie diga "che, este limado nos regala hace siglos sus reseñas, comprémosle dos veces por año la revista digital que publica", no espero que en los comentarios surjan debates que me enriquezcan ni a mí ni a nadie... es más una cuestión personal que cualquier otra cosa. Como hacerse la paja, pero más higiénico y menos placentero. Esto es algo que está, que se da por sentado, y que si hasta ahora no dejó de existir es porque probablemente nunca lo haga... o en realidad que se corte cuando yo me muera y no pueda tipear más.
Dicho todo esto, anoche terminé de leer (por segunda vez, lo había leído de prestado como 20 años atrás) Superman & Batman: Generations 2, del maesto John Byrne. Muy sintéticamente, el dibujo está un poquito por debajo de lo que mostró Byrne en la primera serie y bastante por debajo de lo que va a pelar en la tercera, que es -lejos- la mejor dibujada. Las aventuras en sí, tampoco son gran cosa. Están bien, cumplen, no mezquinan escenas potentes, pero tienen sentido en función de otra cosa, que es lo que hizo imprescindible a Generations: la construcción de un Universo DC alternativo, en muchísimos aspectos más atractivo que el Universo DC oficial. El concepto de Generations (contar historias de Superman y Batman que arrancan en 1939 y avanzan de a 10 u 11 años para mostrarlos en distintos momentos de los Siglos XX y XXI, con la posibilidad de verlos envejecer en tiempo real) es excelente, y está ejecutado de manera brillante. Esta segunda serie (lanzada en 2001) amplía el foco aún más, y además de Clark, Bruce, sus hijos, hijas, nietos, etc., tenemos bastante protagonismo para la Justice Society y distintos superhéroes que -en distintas épocas- pueblan de a poco este universo. Así, Byrne nos invita a armar un rompecabezas en el que cada pieza por sí sola difícilmente te parezca una maravilla, pero a medida que se completa el mosaico, no quedan más opciones que la ovación de pie, sostenida y sentida desde el alma de cualquier fan de los superhéroes. Cuanto más sabés de la historia del DCU (y de sus autores y sus contextos de producción) más te ceba Generations y más niveles discursivos le encontrás. Recomiendo mucho esta serie a los fans de Byrne y de DC, y me quedo con muchas ganas de volver a leer la tercera parte, de la que me acuerdo poquísimo. Nada más, por hoy. Me quedan algunas historietas argentinas del 2023 para leer, así que pronto vuelvo con eso. Gracias, feliz 2024 para tod@s, y acuérdense de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital.

jueves, 10 de marzo de 2022

THE BATMAN

A ver si logro organizar todo lo que se me ocurrió a lo largo de los interminables 176 minutos que pasé en el cine viendo The Batman. Guarda que va CON spoilers. .La película está muy bien filmada y el nivel de las actuaciones es sobresaliente. Conocía a muy pocos de los acores involucrados, y todos me resultaron muy sólidos, cada uno en su papel. .Me encantó el Riddler. Y me sorprendió que lograra llevar adelante el… 80% de su plan. Le faltó solo que se ahogara la gente que se hacinó en esa especie de Madison Square Garden y que Batman se quedara con él en Arkham. El resto, se cumplió al pie de la letra. .¿Otra vez la guarida de los villanos es una discoteca/ cabarulo? Ya lo hicieron hace poco en la serie de Luke Cage y en la funesta película de las Birds of Prey y Harley Quinn. ¿No hay otro lugar donde los malos puedan jugar de locales? .Al igual que Christopher Nolan, Matt Reeves se va al mazo y en vez de mostrarnos una Gotham fantástica y deslumbrante nos muestra un clon un toque más venido abajo de New York. ¿Nadie se anima a cantarle “quiero retruco” a Tim Burton, ni siquiera 30 años después? .Banco mucho que la película sea apta para mayores de 16, con puteadas, y con escasa intención de vender muñequitos, pero… ¿otra vez el Batman oscuro, amargo, sin colores, sin humor, sin onda, que no se copa actuando ni cinco minutos como Bruce Wayne? Este por lo menos no mata gente, pero dale, cópense y hagan un Batman menos depresivo. .La película, además de solemne, es amarrrrrga como la hinchada de Independiente. Esta vez no tenemos ni siquiera las afiladas ironías de Alfred para robarnos una sonrisa. Un bajón lo chato que es acá el personaje del mayordomo/ consejero de Batman. .En la lotería de “a ver a quién le toca ser negro” que se juega en cada adaptación hollywoodense de nuestros personajes favoritos, esta vez ganaron Catwoman y James Gordon. .Horrible que el Penguin sea una especie de mafioso de película de Martin Scorsese y hable como un marginal. Oswald Cobblepot es el representante quintaesencial de la más rancia oligarquía de Gotham, no puede ser un rústico. Y una garcha también verlo usar chumbos y metras comunes en vez de armas basadas en paraguas. .¿Alguien me explica para qué mierda está esa persecución de autos? Sin dudas, lo más aburrido e innecesario de la película. .Poco antes de esa escena, cuando Batman y Gordon van a apretar por segunda vez al Penguin, la película cae en un pozo ciego de oprobio y sopor del que sale recién en la confrontación entre Selina y Falcone, que está muy buena. .Y grosso que hayan tomado de los comics el vínculo secreto entre estos dos personajes. .Me hubiese gustado que al final se revelara que el Riddler en realidad laburaba para Bella Real, la mina que gana las elecciones para la alcaldía de Gotham. No pudo ser. .La película es larguísima y, si bien pretende bancar una estética y un ritmo tipo David Fincher, tiene un montón de escenas y diálogos que sobre-explican hasta el infinito lo que cualquier nabo ya había entendido. Matt Reeves se debe haber convencido de que la iba a ver el público de Rápido y Furioso, no el de Seven. .Durante buena parte del metraje, me pareció que estaba viendo una remake con más guita del Daredevil de Netflix. La oscuridad, las peleas, los escenarios sórdidos, la acción que transcurre siempre de noche, la trama centrada en las runflas entre políticos, canas corruptos y mafiosos, el periodista que investiga y termina para el orto, el conflicto de “la minita que no es buena ni mala quiere matar a los garcas y el héroe no quiere que mate a nadie”… Recién al final, cuando la peli deja de ser policial y se hace del género catástrofe dejé de flashear Daredevil de Netflix. .Me gustó ver a Batman más detective y menos “ninja con chiches tecno”. Pero sobre-explican demasiado el proceso por el cual deducen las pistas. Incluso en un momento te dibujan el plan del Riddler en el piso, por si alguien no lo había entendido. .También me pareció copado ese manto de sospecha, esas máculas en la impoluta memoria de Thomas y Martha Wayne. Pero después viene esa escena larga y densa al pedo en la que Alfred convence a Bruce de que en realidad su papá era buen tipo, y su mamá una mina un toque desequilibrada, y la ambigüedad se va por el inodoro. .Esa banda de sonido y esa música incidental, depresivas y excesivas, no contribuyeron demasiado a hacerme llevaderos todos esos minutos frente a la pantalla. .Me gustó la idea de que, como Bruce no le da bola a las empresas que heredó de su padre, las mismas se están yendo a la quiebra. Creo que es la puntita argumental más fértil para una potencial secuela: ver a Bruce Wayne quedarse sin un sope puede ser interesante… y le daría motivos posta para ser el emo amargo que es en esta peli. .Por suerte la historia de amor no está enfatizada. Batman es tan amargo que no puede disfrutar ni los besos que le encaja una Catwoman que derrocha sensualidad en cada fotograma en el que aparece. .Entre los pliegues de la aventura (que avanza a un ritmo muy raro) hay bastantes pinceladas de cierta denuncia, o de cierta preocupación por los temas sociales, desde los fachos trastornados que se agrupan en la web detrás de cualquier cruzada delirante, hasta las profundas carencias que sufren los pobres y los que se cayeron del sistema. Eso también está bueno. En fin, sensaciones encontradas… No puedo decir “es un desastre” y tampoco la pasé bien. Creo que las críticas que leí antes de ir al cine me la inflaron tanto, que fui esperando una maravilla. Y no, no me encontré con una maravilla ni mucho menos. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas de comics, acá en el blog.

sábado, 20 de febrero de 2021

14 al 20 de FEBRERO

Nueva tanda de reseñas, y esta vez se me juntaron historietas de tres personajes icónicos del Noveno Arte. Me regalaron el Vol.30 del coleccionable de Nippur, ese que yo leía de prestado, gracias a mi hermano que había comprado hasta el Vol.28. Con un mínimo saltito en el medio, retomé la lectura de este clásico de Robin Wood, ahora con episodios del año 1980, todos muy tristes, muy bajoneros, en los que Nippur pierde hasta cuando gana. Los guiones transmiten una sensación de derrota, de desolación, de gran oscuridad. Y eso se refleja muy bien en la prosa de Wood que, como siempre, cobra vuelo en los bloques de texto. Al respecto de esto, dos curiosidades: la sexta aventura empieza con bloques narrados en off por Netpaht, por supuesto en primera persona, pero para la última página, el texto pasa a manos de un narrador omnisciente que relata en tercera persona. Y en la séptima historia, pasa algo similar, pero al revés: en las primeras dos páginas leemos textos a cargo de un narrador omnisciente, y de golpe empieza a narrar el propio Nippur en primera persona. Nada, me llamó mucho la atención, por eso lo comento. En cuanto a las tramas, creo que las mejores son la cuarta, la quinta y la séptima, la historia con la que cierra el tomo, en la que Robin parece urdir el inicio de una saga ambiciosa. La cuarta recordaba haberla leído de pibe, y me había impactado el mensaje, pero sobre todo el nivel de violencia. Es la única historieta de este tomo dibujada por Jorge Zaffino, y acá ya se ve un poquito más de lo que años más tarde va a ser el estilo definitivo de este monstruo sagrado, acá todavía muy pegado a la línea de Ricardo Villagrán. El propio Villagrán dibuja los seis episodios restantes, con su trazo elegante, con la influencia siempre presente de Harold Foster y una generosa variedad de enfoques. Por supuesto, tanto Villagrán como Zaffino se fuman muchas páginas de nueve y diez viñetas, a veces muy cargadas de texto, pero las pilotean con bastante decoro y además el color no les clava ninguna puñalada trapera. En ese rubro, este tomo es bastante mejor que los anteriores. No estoy como para retomar en serio la colección de Nippur donde la dejó mi hermano, pero si aparece el Vol.29 por ahí, seguro lo compro para completar el huequito que quedó.
Me voy a EEUU, a leer un voluminoso TPB de 320 páginas, que recopila unos cuantos números (y un Annual) de Shadow of the Bat, todo escrito por Alan Grant. Algo de esto había leído en su momento, y me acuerdo lo mucho que odié toda esa etapa de KnightQuest y demás secuelas de KnightFall, con Azrael disfrazado de Batman, en esas historias ultraviolentas y amargas al extremo del vómito. Esta vez las volví a padecer, pero algo pude rescatar. El episodio autoconclusivo que dibuja Vince Giarrano, en el que la Bruja Grant se mete con el tema recontra-áspero de la compra-venta de bebés, me pareció muy logrado. Hasta me gustó el dibujo de Giarrano, que habitualmente me resulta detestable. Los dos numeritos con la historia de los Clayface que forman una familia tienen un pibe, giran en torno a una idea interesante, pero el conflicto, lo que inventa Grant para que haya acción y peleas, es medio pelotudo. El número que engancha con Zero Hour es un bochorno, el número cero sólo zafa por algunos apuntes copados que tira Grant en los flashbacks, y el tomo cierra con una obra maestra, el Annual de Elseworlds. No te digo que esas 56 páginas rediman todo el dolor y la desolación que te inglige el resto del libro, pero The Tyrant es de esas historias definitivas de Alan Grant, repleta de bajada ideológica, ideas osadas, la posibilidad que dan los Elseworlds de llevar la trama hacia un final para nada obvio, y además la cuota habitual de machaca y buenos diálogos. El dibujo es desparejo, pero todo el tramo dibujado por Joe Staton y entintado por nuestro compatriota Horacio Ottolini se ve realmente MUY bien. El dibujante de casi todo el tomo es Bret Blevins, acá bastante alejado de ese trazo sutil (y por momentos incluso emotivo) que nos mostrara en sus primeros años en Marvel. Este es un Blevins que no resigna su plasticidad ni su dinamismo, pero que exagera al punto del grotesco la violencia, la acción y cualquier recurso que le sirva para sugerir que los personajes son todos muy heavies, muy jodidos y están muy enojados. No puedo decir que esté mal dibujado, ni mucho menos, pero obviamente me gusta mil veces más el Blevins de New Mutants, o de la graphic novel de los Inhumans. En síntesis, me parece que Alan Grant es, fue y será un gran guionista para Batman, pero justo esta etapa, lastrada por sagas grandilocuentes como las secuelas de KnightFall y Zero Hour, no es el mejor momento para disfrutar del talento del otro gran guionista escocés. Me guardo el Annual (tengo la revistita desde 1994) y el TPB lo regalo.
Finalmente, le di otra oportunidad a Astérix y los Pictos, un álbum que leí en digital en 2013, ni bien se publicó, y nunca reseñé acá en el blog, porque en el blog no hablo de las cosas que leo en digital. En aquel momento, este primer intento de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad por recuperar la magia de esta serie emblemática me había parecido un fracaso, mucho más cercano a los álbumes chotos de Albert Uderzo como solista que a la época dorada de René Goscinny. Esta vez me pareció lo mismo. Por ahí valoré un poco más el esfuerzo de Ferri por remar desde el guion las falencias del argumento. Chistes, guiños, juegos de palabras, todas esas sutiles referencias al rock & roll de las islas británicas… Eso me causó una cierta gracia, en medio del embole soso y predecible que me resultó la trama. Por suerte Ferri se iba a reivindicar con su segundo álbum, que hasta ahora es el mejor de los creados por esta nueva dupla autoral. Del dibujo de Conrad no voy a hablar, porque no tengo nada para agregar a lo ya expresado en la reseña de El Papiro del César (publicada acá el 22/08/17). La conclusión es que se tacha a Astérix y los Pictos de la lista de álbumes del héroe galo que cada tanto ameritan una relectura. Y así se termina este encuentro semanal. Retomamos el finde que viene, con nuevas reseñas, acá en el blog. Gracias por el aguante y a estar atent@s, que se vienen novedades grossas.

martes, 29 de enero de 2019

TRIPLETE DE MARTES

Mientras nos derretimos de calor y le pedimos a Thor que nos mande unos truenos acompañados de lluvia, me tomo un ratito para reseñar los últimos libros que tuve oportunidad de leer.
Batman & Robin Adventures Vol.1 recopila los diez primeros números de la serie homónima, la segunda basada en los gloriosos dibujos animados de Batman de los ´90. Hay cuatro dibujantes, de los cuales uno es decididamente flojo (el ignoto Tim Harkins). El mejor de los cuatro es el que menos páginas dibuja, el notable Ty Templeton. Y el que más dibuja es el siempre efectivo Rick Burchett, un prócer poco valorado del mainstream yanki. Por supuesto todos siguen a pies juntillas la estética de la serie animada, que (no hace falta que lo aclare yo veintipico de años tarde) es sencillamente perfecta. Los dibujantes ponen algún mínimo rasgo de estilo, como para que si les prestás mucha atención puedas diferenciarlos, y claro: ninguno es Bruce Timm. Pero Tempelton y Burchett captan sin ningún inconveniente la atmósfera oscura y el dinamismo elegante y potente de aquellos míticos dibujos animados y cada tanto hasta asumen algún riesgo en la narrativa, con vueltas de tuerca que en animación no se pueden hacer.
Templeton dibuja poco, pero escribe unos cuantos de estos diez episodios. Como en la serie animada, son guiones simples pero que incluyen momento cruciales, dilemas éticos que los héroes deben resolver y que van más allá de llenarle la cara de dedos al villano de turno. Y como en la serie animada, cada vez que aparece Paul Dini te clava esos episodios inolvidables, repletos de espesor dramático, mala leche, conflictos a todo o nada y pinceladas de un humor muy eficaz. Son esos episodios en los que Batman no llega a ser el héroe, si no que es entre un testigo y un obstáculo en historias que giran en torno a las mejores versiones de personajes clásicos como Two-Face, el Riddler y el Joker y a la única versión que me resulta interesante de Harley Quinn. Los guiones de Templeton no son para nada chotos (el de los chicos que quieren reemplazar a Robin es brillante), pero al lado de las gemas que pergeña Dini quedan un poco opacados. Amo al Batman Animated de los ´90 y ni bien pueda, le entraré a los tomos que me faltan para completar esta colección, que en su momento compré en revistitas que después vendí.
Allá por el 04/11/17 me tocó reseñar el Vol.1 de Daily Life of Sefora, un comic realizado por el catalán A.C. Puig y publicado en nuestro país por el sello Módena. Recomiendo repasar aquel texto para no tener que repetir los conceptos allí vertidos, que se aplican perfectamente al Vol.2. El único cambio que percibo es una mejora en la calidad del dibujo, siempre en esa línea tomada del maestro Akira Toriyama. El resto sigue igual. Y banco mucho la decisión editorial de reemplazar los localismos e informalismos españoles por localismos e informalismos porteños. El hecho de que se haya podido editar un segundo tomo me hace pensar que el Vol.1 encontró un público, y la verdad es que es una idea reconfortante, porque está bueno que se editen comics (o mangas, ponele) para chicas de 13-14 años, que intuyo es el segmento al que apunta A.C. Puig con esta serie.


Y también en 2018 se publicó en Argentina el libro Historias Cortas, que reúne los trabajos realizados para el recordado Suplemento de Historietas Nacionales de Télam por una dupla de lujo: Luciano Saracino y Carlos Gómez. Estamos (por enésima vez) ante una cantidad de páginas de historieta demasiado exigua como para armar un libro sustancioso. Así es como nos terminan por vender una publicación repleta de relleno: carátulas y páginas en blanco que no aportan absolutamente nada y textos que están buenos, pero no son lo que uno paga cuando compra un libro de Saracino y/o Gómez. En total, sobre 96 páginas, sólo 58 son de historieta y muchas tienen tres viñetas o menos. Un disparate.
Felizmente, entre esas 58 páginas de historieta hay algunas joyitas que merecían ampliamente ser republicadas en papel y atesoradas en las bibliotecas de miles de lectores. La que más me atrapó es (paradójicamente) Kuntur, una saga que Saracino y Gómez iniciaron a fines de 2014 para discontinuarla poco después, luego de un puñado de páginas (sí, el libro tiene pocas historietas y una de ellas es apenas el inicio de una historia que quedó inconclusa). También me parecieon logradísimas La Playa, Se Llama Justicia y la emotiva Dictadura. Son historietas en las que Saracino más que narrar una aventura, se juega a bajar línea en forma poética o irónica, y le sale realmente muy bien.
Claro, tener de dibujante a Carlos Gómez es como jugar con 40 ases de espada en el mazo. No podés perder nunca. El proyecto de Télam le permitió a Gómez volver a producir material para el mercado argentino después de muchos años, y el cordobés se aferró con todo a esa posibilidad. Acá se lo ve comprometido, jugado, dispuesto a detonar todo su talento en estos breves relatos imaginados por Saracino. Y además encontré a un Gómez propenso a explorar cosas nuevas desde la estética, como ese estilo deformado, grotesco, perfectamente idóneo para acompañar al guión, que pela en La Playa.
Si sos fan de Saracino o de Gómez, tenés que tener este libro sí o sí. Y si recordás con nostalgia la época en la que el Estado apostaba a la historieta como vehículo cultural, que podía entretener, emocionar o hablar de temas profundos, de relevancia política o social, también te recomiendo Historias Cortas. 

Perdón por la extensión infinita del texto, y nos reencontramos pronto, acá en el blog. (¡Ahí se largó-ya! ¡Gracias, Odinson querido!)

lunes, 10 de diciembre de 2018

UN LUNES MAS

Bueno, la gente de Warner nos pidió que no publicáramos críticas de Aquaman hasta mañana martes a la tarde, así que queda pendiente para mañana. Hoy me concentro en las reseñas de otras cosas que estuve leyendo durante el finde.
Arranco con el Vol.4 de Batman Black & White, un recopilatorio de 30 historias cortas a cargo de un elenco muy zarpado de autores. Por supuesto, son historias chiquitas, con mini-conflictos que se pueden desarrollar y resolver en ocho páginas. Y sí, hay historietas que necesitaban más espacio para cobrar espesor dramático y otras sostenidas en premisas tan mínimas que también se podían rematar en cinco o seis páginas. No me va a dar el espacio para mencionarlas a todas, pero hay algunos puntos salientes (para arriba y para abajo) que quisiera destacar:
La portada de Marc Silvestri es vomitiva, no se me ocurre cómo empeorarla. Quizás imprimiéndola en el dorso de una boleta de Cambiemos…
Michael Cho, gran dibujante. No lo tenía en el radar, pero lo que hizo me resultó exquisito.
A Neal Adams lo dejaron entregar la historieta a lápiz, sin entintar, y la verdad que se ve buenísima, se aprecia muchísimo el trabajo del veterano autor. Lástima el guión, que es paupérrimo.
John Arcudi, Sean Murphy, Rubén Pellejero… algunos de los ídolos de los que esperaba más. Michael Allred, no sé si sufrió la falta de los colores de su esposa Laura o si se tiró un toque a chanta. Igual a media máquina también la descose.
Chris Samnee, cada día más genial, más cerca de convertirse en el único heredero legítimo del glorioso Alex Toth.
Sean Galloway me impactó con ese estilo alucinante… que no encaja ni a palos con el blanco y negro. Quiero una graphic novel suya, pero a color.
J.G. Jones, Joe Quiñones, Rafael Albuquerque, Alex Niño, Lee Bermejo, Stephane Roux, Dustin Nguyen, Paolo Rivera, Dave Johnson, Javier Pulido, Becky Cloonan… todos tremendos dibujantes.
Algunos dibujantes que se animaron a escribir sus propios guiones y les fue muy bien: Rafael Grampá, Adam Hughes y Cliff Chiang.
Genio absoluto Rian Hughes, autor de la mejor historia del tomo.
Y dignísima labor de Keith Giffen, Jimmy Palmiotti y el inolvidable Len Wein, todos guionistas que obviamente pueden dar más, pero que acá cumplieron con la consigna de que se tienen que lucir los dibujantes.
Nada, imposible hacerle el aguante a la lista de autores del Vol.1, pero sirve como muestrario de dibujantes y para ver cómo se desenvuelven ciertos autores en el escarpado terreno de las historias cortas.
Dar Todo es una novela gráfica escrita por Sebastián Rizzo y dibujada por Raúl Vila, que se propone contarnos en 75 páginas tres años en la vida de Gabriel Batistuta: desde los 18 años (cuando lo descubre Jorge Griffa y lo lleva a jugar a las inferiores de Newell´s) hasta los 21, cuando sale campéon y goleador del torneo con la camiseta de Boca, a las órdenes del Maestro Tabárez.
La verdad que, como biografía, se parece mucho a una hagiografía. Rizzo nos narra una especie de transformación milagrosa, en la que en pocos meses el Bati pasa de ser un tronco excedido de peso a ser el crack que tantas gargantas hizo vibrar con sus goles. La segunda mitad de la historia es la que más abunda en elementos propios de la gesta heroica, a tal punto que Rizzo construye un villano recurrente, un némesis para el Bati que será nada menos que Daniel Passarella. Las últimas 15 páginas se concentran en el partido entre River y Boca de Julio de 1991, y acá es donde el relato de Rizzo y Vila alcanza esas dimensiones épicas. Todo está narrado de un modo tan dramático, tan jugado a la espectacularidad, que si ese partido no hubiese existido en el mundo real, nadie dudaría que es una invención del guionista.
La historieta tiene muy buen ritmo, la entrada y salida de los personajes está muy bien orquestada y la verdad es que uno quisiera que la historia siguiera otras 75 páginas, para ver al Bati romperla en Italia y en la Selección. Pero claro, en términos de tensión dramática, no hay otro punto tan crucial en la carrera del ídolo como ese superclásico con el que cierra Dar Todo.
El dibujo va a lo seguro, se ve que a Vila no le copa asumir muchos riesgos. Se mantiene en una línea muy clásica, casi retro, con un trazo bastante fluído, bastante plástico, muy bien complementado con la paleta del gran Maco Pacheco. La narrativa también está muy lograda, apenas empantanada por alguna secuencia en la que a Rizzo se le va la mano con la cantidad de texto. Donde se hacen más conspicuos los altibajos es en las resemblanzas. Algunos personajes (Settimio Aloisio, Coco Basile) están muy bien plasmados, otros son sólo para expertos (Marcelo Tinelli, Passarella, Carlos Heller, el Loco Bielsa) y otros se parecen tan poco a los personajes reales que si el texto no especifica quiénes son, no te enterás jamás. Lamentablemente el del protagonista, el propio Gabriel Batistuta, es uno de los rostros que Vila no logra reproducir con la precisión necesaria como para que cualquiera lo logre identificar a simple vista. Fuera de ese detalle (no menor, pero no demasiado relevante a la hora de engancharse con la trama), la faz gráfica de Dar Todo aprueba con holgura. Si sos fan del asesino serial de redes nacido en Reconquista, seguro esta historieta te va a emocionar.

Mañana sí, lo prometido es deuda. Se viene la reseña de la peli de Aquaman, acá en el blog. Gracias por el aguante.