Al igual que ayer, tenemos una historieta autobiográfica en la que un autor convierte en viñetas recuerdos de su juventud y, en este caso, de su infancia. Mark Kalesniko retoma a su alter ego, Alex Kalienka, para repasar momentos clave de su niñez y adolescencia en 20 relatos muy cortitos, casi todos con muy poco texto, o simplemente mudos.
El título es un engaña-pichanga totalmente vendehumo. Parece escrito por Durán Barba. Te comés el amague de que Kalesniko se propone investigar el aparente suicidio del actor fallecido en 1971, y la verdad es que nada que ver. Lo que sucede es que la muerte de Peter Duel lo agarra a “Kalienka” con 16 ó 17 años y ese hecho imprevisto y desafortunado lo lleva a pensar en todas las injusticias de las que fue víctima (y en algún caso, partícipe) durante su niñez y su pubertad.
A través de estas secuencias, Kalesniko desarrolla conflictos chiquititos, a muy pequeña escala, que ilustran lo mal que la pasó de chico en la escuela, lo mucho que le costó adaptarse a casi todo, lo poco que le interesaba todo lo que no fuera dibujar, leer comics o mirar televisión. Son escenas en las que suele haber niveles importantes de violencia física o psicológica (sobre todo si pensamos que hay niños involucrados), y que Kalesniko resuelve a veces con ternura, a veces con mala leche y a veces con el sabor agridulce de la resignación.
Yo sostengo hace mucho mi posición en contra de que los historietistas malgasten su talento narrando anécdotas mayoritariamente inocuas de su infancia y adolescencia. Me parece que para que valga la pena contarle tu vida a alguien que no sea tu amigo (o tu terapeuta), como mínimo te tienen que haber violado cuatro chabones disfrazados de Tortugas Ninja, o tenés que haber sobrevivido a un accidente aéreo en el Triángulo de las Bermudas para caer en una jungla centroamericana infectada de guerrilleros y/o narcotraficantes. Todo lo demás es el “Efecto Panadería” del que hablábamos ayer.
Dicho todo esto, banco a Why Did Pete Duel Kill Himself?, porque está obscenamente bien dibujado y porque –una vez más- Mark Kalesniko demuestra que en materia de narrativa la tiene infinitamente clara. En todas esas secuencias mudas, el canadiense pela una cantidad de recursos apabullantes, por supuesto en algunos casos tributarios de los de su coterráneo Dave Sim. Ahí, en esa diversidad de recursos narrativos, y en la habilidad para manejarlos, reside la genialidad de esta obra. Que además, como lógica consecuencia de tener tantas secuencias mudas, se lee MUY rápido.
Si, como yo, sos fan a muerte de Mark Kalesniko, no dejes de buscar este libro, editado por Fantagraphics en 1997. Si no, hay obras de este autor más recomendables para internarse en su mundo.
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miércoles, 11 de noviembre de 2015
miércoles, 21 de noviembre de 2012
21/ 11: ALEX
Entre Mail Order Bride y Freeway, me cebé tanto con Mark Kalesniko que empecé a buscar las obras anteriores. Así caí en Alex, que tiene el atractivo extra de tener como protagonista a Alex Kalienka, el mismo de Freeway, que es una especie de alter ego de Kalesniko.
Se supone que Freeway es una continuación de Alex, pero ¿es tan así? Yo diría que no, que son dos historias alternativas. En una (Freeway), Kalienka se casa y se queda en California y en la otra, manda todo a la mierda y se vuelve a su pueblito de Canadá. También está la posibilidad de que, después de lo que sucede en Alex, decida volver a Hollywood a vivir lo que sucede en Freeway, pero lo veo poco factible. En ambos casos (y obviamente también en la vida real de Kalesniko) el pibe al que le encantaba dibujar cumple su sueño de entrar a trabajar en un enorme estudio de animación (que cambia de nombre de un libro a otro, pero claramente es Disney) y se choca con una picadora de carne que lo explota, lo maltrata y finalmente le hace perder el amor por el dibujo.
En el libro que lleva su nombre (escrito y dibujado en 1994 y recopilado recién en 2006), Alex sale de esa experiencia convertido en una especie de energúmeno inaguantable. No labura, no se divierte, no la pone. Canaliza su frustración, sus angustias y sus inseguridades a través del escabio, lo cual lo hace estallar en ampulosos berrinches, con nefastas consecuencias para sus muebles, sus botellas y sus materiales de dibujo. Tanto su paso por el secundario (bastante traumático, porque era un nerd que casi no socializaba) como su experiencia en Los Angeles lo convirtieron en un tipo tenso, nervioso, resentido y cagón. Una basura, bah. El principal problema para disfrutar de Alex (la obra) es Alex (el personaje). Decí que le gusta Depeche Mode. Si no, no tiene UNA a favor.
La historieta se trata básicamente de eso: un tipo que llegó a cumplir un sueño, se dio cuenta de que detrás del sueño había una empresa muy hija de puta que le robó las ilusiones, y se convirtió en un tipo de mierda, un inmaduro crónico, un borracho irascible como el Capitán Haddock, pero sin su carisma. Tan insufrible se hace este personaje, que la novela levanta muchísimo cada vez que aparece algún secundario. Por suerte, Kalesniko trata a estos mejor que a sí mismo. El resto, parece la obra de un tipo superado por sus demonios internos, que busca en la historieta autobiográfica la posibilidad de exorcizarlos.
Por millones de motivos (no sólo porque el Kalienka de Freeway es más creíble y está mejor trabajado), me quedo con el Kalesniko más maduro, el de su obra más reciente. En Alex se ve a un autor con un talento indiscutible, una bestia del dibujo capaz de hacer cualquier cosa, pero le falta esa frialdad en el buen sentido de la palabra; esa sensación de “tranqui, muchachos, tengo todo bajo control”. Al Kalesniko de los ´90 le gana la furia, la urgencia. Se nota mucho cuánto lo afecta todo lo que nos quiere contar. De todos modos se nota también su mano maestra para componer las viñetas, para mostrar la acción, para darle expresión a los rostros, para tirar diálogos brillantes, para meter tramas mecánicas, para darle fuerza e intensidad incluso a escenas pachorras en las que nadie mueve un dedo. Evidentemente, estamos ante un genio de la narrativa gráfica, con méritos más que suficientes como para tener el mismo reconocimiento que otros autores de su generación, tipo Daniel Clowes o Peter Bagge.
Si leés Alex antes que Freeway, no te dejes vencer por este personaje patético y repulsivo. Seguí adelante, que en Freeway te espera un Alex Kalienka más copado. Si ya leíste Freeway (o Mail Order Bride), esto está buenísimo, aunque el argumento tiene bastante menos power que los de esas dos joyas, porque Alex se conforma con regodearse en las miserias de un “joven a la deriva” y las otras no. En ambos casos, preparate para sumergirte en el mundo (por momentos bastante perturbador) de un creador superdotado para el dibujo, que se lanzó con honestidad brutal al terreno de la historieta confesional en una época en la que esta no estaba de moda.
Se supone que Freeway es una continuación de Alex, pero ¿es tan así? Yo diría que no, que son dos historias alternativas. En una (Freeway), Kalienka se casa y se queda en California y en la otra, manda todo a la mierda y se vuelve a su pueblito de Canadá. También está la posibilidad de que, después de lo que sucede en Alex, decida volver a Hollywood a vivir lo que sucede en Freeway, pero lo veo poco factible. En ambos casos (y obviamente también en la vida real de Kalesniko) el pibe al que le encantaba dibujar cumple su sueño de entrar a trabajar en un enorme estudio de animación (que cambia de nombre de un libro a otro, pero claramente es Disney) y se choca con una picadora de carne que lo explota, lo maltrata y finalmente le hace perder el amor por el dibujo.
En el libro que lleva su nombre (escrito y dibujado en 1994 y recopilado recién en 2006), Alex sale de esa experiencia convertido en una especie de energúmeno inaguantable. No labura, no se divierte, no la pone. Canaliza su frustración, sus angustias y sus inseguridades a través del escabio, lo cual lo hace estallar en ampulosos berrinches, con nefastas consecuencias para sus muebles, sus botellas y sus materiales de dibujo. Tanto su paso por el secundario (bastante traumático, porque era un nerd que casi no socializaba) como su experiencia en Los Angeles lo convirtieron en un tipo tenso, nervioso, resentido y cagón. Una basura, bah. El principal problema para disfrutar de Alex (la obra) es Alex (el personaje). Decí que le gusta Depeche Mode. Si no, no tiene UNA a favor.
La historieta se trata básicamente de eso: un tipo que llegó a cumplir un sueño, se dio cuenta de que detrás del sueño había una empresa muy hija de puta que le robó las ilusiones, y se convirtió en un tipo de mierda, un inmaduro crónico, un borracho irascible como el Capitán Haddock, pero sin su carisma. Tan insufrible se hace este personaje, que la novela levanta muchísimo cada vez que aparece algún secundario. Por suerte, Kalesniko trata a estos mejor que a sí mismo. El resto, parece la obra de un tipo superado por sus demonios internos, que busca en la historieta autobiográfica la posibilidad de exorcizarlos.
Por millones de motivos (no sólo porque el Kalienka de Freeway es más creíble y está mejor trabajado), me quedo con el Kalesniko más maduro, el de su obra más reciente. En Alex se ve a un autor con un talento indiscutible, una bestia del dibujo capaz de hacer cualquier cosa, pero le falta esa frialdad en el buen sentido de la palabra; esa sensación de “tranqui, muchachos, tengo todo bajo control”. Al Kalesniko de los ´90 le gana la furia, la urgencia. Se nota mucho cuánto lo afecta todo lo que nos quiere contar. De todos modos se nota también su mano maestra para componer las viñetas, para mostrar la acción, para darle expresión a los rostros, para tirar diálogos brillantes, para meter tramas mecánicas, para darle fuerza e intensidad incluso a escenas pachorras en las que nadie mueve un dedo. Evidentemente, estamos ante un genio de la narrativa gráfica, con méritos más que suficientes como para tener el mismo reconocimiento que otros autores de su generación, tipo Daniel Clowes o Peter Bagge.
Si leés Alex antes que Freeway, no te dejes vencer por este personaje patético y repulsivo. Seguí adelante, que en Freeway te espera un Alex Kalienka más copado. Si ya leíste Freeway (o Mail Order Bride), esto está buenísimo, aunque el argumento tiene bastante menos power que los de esas dos joyas, porque Alex se conforma con regodearse en las miserias de un “joven a la deriva” y las otras no. En ambos casos, preparate para sumergirte en el mundo (por momentos bastante perturbador) de un creador superdotado para el dibujo, que se lanzó con honestidad brutal al terreno de la historieta confesional en una época en la que esta no estaba de moda.
jueves, 30 de junio de 2011
30/ 06: FREEWAY

Diez años! Diez larguísimos años tardó el genio canadiense Mark Kalesniko en terminar esta impresionante novela gráfica. Son 410 páginas, o sea que es lógico que lleven su tiempo… pero 10 años es una monstruosidad! Sobre todo con lo cebados que nos dejó con su obra anterior, la fundamental Mail Order Bride. Pero bueno, ahora que salió Freeway, seremos pocos los que nos acordemos de Mail Order Bride, porque Freeway es mejor.
Me acuerdo que, cuando reseñé Mail Order…, dije “Kalesniko es cualquier cosa menos intrascendente, y eso se debe a que el tipo PONE TODO. Hasta su propia vida, que no tiene reparos en exponer, mínimamente camuflada detrás de sus personajes”. Esta vez el camuflaje es mínimo. El protagonista se llama Alex Kalienka, pero la vida del personaje ES la de Kalesniko, tal cual. Freeway no es exactamente autobiografía, porque tiene elementos fantásticos, pero sin dudas se sostiene en las experiencias vividas por el autor, tanto en su vida laboral como de pareja.
El elemento más destacado en la trama es un embotellamiento, el clásico kilombo de tránsito que se vive todos los días en las alucinantes autopistas que recorren todo el Gran Los Angeles, que se llaman “freeway” y no “highway” porque –como su nombre lo indica- son gratis, no tienen puestos de peaje. Kalesniko usa al embotellamiento como metáfora de una vida estancada, que parece no avanzar, que te pone tenso al pedo, en ese limbo extraño en el que no estás laburando, pero tampoco estás en tu casa haciendo lo que se te da la gana. En realidad, como en Mail Order Bride, el tema central de Freeway es el abismo entre las expectativas del joven Alex (que se viene desde Canadá a trabajar en la industria de la animación) y la realidad con la que se encuentra una vez que empieza a trabajar en los estudios Disney (aunque acá no se llaman Disney).
Un personaje lo define en una sóla frase, brillante: “la animación es como el chorizo: se disfruta más si no sabés cómo se hace”. Como ya lo hiciera Guy Delisle en la increíble Pyongyang, Kalesniko le saca un jugo impresionante (por momentos escalofriante) al backstage de un largo de dibujos animados, con las internas, los puteríos, los mediocres que ascienden a costas de los talentosos, los jefes miopes, la infinita cantidad de boludeces que –en la práctica- importan más que la calidad artística del producto en el que trabajan esos tipos, que alguna vez fueron artistas, pero a los que el sistema terminó por convertir en engranajes.
El elemento fantástico es excelente: en muchos tramos del relato, la imagen se difumina y saltamos hacia atrás dos generaciones, a ver la vida de un Alex Kalienka que no existió, pero que podría haber sido el abuelo del actual. En esa Los Angeles de los años ´30 y ´40 (magistralmente dibujada por Kalesniko, que se documentó a full), el sueño del artista que quiere volcar su talento en la industria de la animación, ser justamente reconocido y vivir con dignidad y felicidad (sin manejar una hora y media de casa al trabajo y del trabajo a casa) era real, y el contraste con el Alex del presente, a veces te conmueve y otras te indigna.
Por si faltara algo para que esta novela gráfica vaya a la lista de las mejores publicaciones de lo que va de 2011, tenemos a Kalesniko dibujando en todo su esplendor. Con su trazo engañosamente simple, su formidable destreza narrativa, su laburo meticuloso en fondos, detalles… y embotellamientos! Con secuencias cinematográficas, con splash pages y páginas de 15 ó 16 viñetas, con un dibujo dinámico, expresivo, con un gran cuidado en el lenguaje corporal, excelentes trucos para las transiciones entre secuencias… Todo el ritmo del relato está perfectamente controlado por un maestro del timing, que construye personajes y escribe diálogos como los grandes guionistas y dibuja como los grandes dibujantes.
La próxima vez que te morfes un embotellamiento en la General Paz, en la Panamericana o en la 25 de Mayo, tomátelo con calma: seguro que vas a tardar menos de los 10 años que tardó Mark Kalesniko en recorrer su inolvidable Freeway.
martes, 15 de junio de 2010
15/ 06: MAIL ORDER BRIDE

Mark Kalesniko nació y creció en Trail, una ciudad de la región canadiense conocida como Columbia Británica. Cebado mal con los comics desde chico, en 1981 se mudó a las afueras de Los Angeles, para inscribirse en el California Institute of Art. Ahí obtuvo su diploma en Animación de Personajes y empezó a trabajar como dibujante en distintas producciones, principalmente para Disney, donde durante años trabaja como diseñador y animador en películas como La Sirenita, El Rey León, Mulan y Atlantis. Pero desde 1990, Kalesniko alterna su producción entre la animación y los comics, hasta publicar en 2000 la que –por ahora- es su obra maestra. Y subrayo el “por ahora”, porque en Agosto saldrá Freeway, una nueva y ambiciosa novela gráfica en la que lleva años trabajando.
Pero centrémonos en Mail Order Bride, la obra con la que el canadiense ganó prestigio y premios en todo el mundo, la que le permitió abandonar definitivamente la animación y ponerse a trabajar full time en historietas. Estamos frente a 260 páginas de historieta, o sea que lleva un rato. Pero es sencillamente GENIAL (por algo ganó todos esos premios).
Mail Order Bride es la historia de Monty Wheeler, un geek patético que tiene un negocio de comics y juguetes en un pueblo de Canadá, y que llega virgen a los 39 años. Al tipo no se le ocurre mejor idea que comprar una novia por correo a una empresa coreana que les ofrece a los norteamericanos una vida de lujuria junto a sensuales y sumisas geishas orientales. Pero claro, Kyung no es una action figure, sino una persona, y ahí es donde empiezan los problemas.
Acá Kalesniko se revela como un narrador completo, que sabe perfectamente cómo meterte en su historia, cómo enroscarte, como llevarte de la nariz y hacerte sentir lo que él quiere que sientas. Hay secuencias pensadas para DESESPERARTE (así, con mayúsculas), para dejarte pensando, para amargarte, para shockearte, para que te quede BIEN CLARO que no leíste “un comic más”. Kalesniko es cualquier cosa menos intrascendente, y eso se debe a que el tipo PONE TODO. Hasta su propia vida, que no tiene reparos en exponer, mínimamente camuflada detrás de sus personajes.
Como todos los artistas que vienen de la animación, Kalesniko tiene un manejo supremo del timing, de la secuencia muda, de cómo usar el tamaño de la viñeta para manipular el clima del relato. Como también es típico en la animación, elabora muchísimo los fondos (mucho más que a los personajes) y conoce el verdadero valor de las expresiones faciales. Pero dos de sus máximos logros poco tienen que ver con su trabajo en la industria del dibujo animado: Por un lado, su espectacular dominio del blanco y negro y por el otro, la temática 100% adulta, jodida y arriesgada que aborda. Como guionista, Kalesniko tampoco falla: Kyung y Monty se nos presentan al toque como personajes creíbles, a los que el autor deja evolucionar, dota de millones de herramientas para gambetear las obviedades (y los finales felices!) y aún así, no tiene reparos en faltarles el respeto, en desnudar frente a nuestros ojos sus miserias y sus contradicciones.
Mail Order Bride es una historia profunda, vibrante, sofisticada y visceral a la vez, en la que los estereotipos se caen a pedazos y el choque entre las expectativas de los protagonistas produce esquirlas de esas que se te clavan en el bocho para siempre. Historieta Perfecta, sin duda alguna, dibujada meticulosa, sutil y hasta irreverentemente por un maestro de la narrativa, la secuencia, el diálogo, la ambientación, el lenguaje corporal y el compromiso con historias fuertes, creíbles y “de hondo contenido humano”, como dicen los críticos-de-cine-a-sueldo-de-las- distribuidoras cuando les encajan por el orto esos bodrios con Meryl Streep y Susan Sarandon.
Sigo contando los días que faltan para leer Freeway…
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