el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Mike Grell. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mike Grell. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de julio de 2016

22/07: SHOWCASE PRESENTS LEGION OF SUPERHEROES Vol.5

Hoy, otra reseña “de las de antes” para comentar este mega-masacote de 520 páginas que me bajé de a puchitos durante esa semana que pasé en España.
Allá por un lejano 26 de Enero de 2011, con el tomo anterior enfrente, yo decía que había que “bancar mínimo un tomo más para que las historias y los dibujos dejen de oler a naftalina”. Ahora lo confirmo, con más convicción. Esta es la etapa de clara transición entre un Vol.4 anticuado y bastante pavote y un Vol.6 que, el día que salga, le va a dejar claro a más de uno por qué la Legion of Super-Heroes de los ´70 era un título más que interesante. Este tomo arranca con las últimas historias en las que la Legion ocupa los back-ups de la revista de Superboy, que a partir de su n°197 pasa a llamarse Superboy and the Legion of Super-Heroes. Y ya está, se acaban (por unos cuantos años) las aventuras solistas del único personaje realmente detestable que tiene esta serie, que es esa absurda versión juvenil del Hombre de Acero, seguramente la peor idea en las extensas carreras de Jerry Siegel y Joe Shuster.
El guionista principal de esta etapa es Cary Bates, quien muy de a poquito empieza a plantear historias más intrincadas, con giros menos predecibles. Para el n°209, Bates comenzará a alternarse con Jim Shooter, que regresa más maduro, con ganas de contar historias distintas a las que vimos en el Vol.4. El gigante de Pittsburgh será quien aporte las mejores historias del tomo al introducir dilemas éticos más jodidos, temas vinculados a la realidad de los lectores (la discriminación racial, por ejemplo) y toques de personalidad un poquito más marcados en algunos legionarios. No te digo que todo sea genial, ni siquiera que todo sea legible, pero se notan las intenciones tanto de Bates como de Shooter de ir llevando de a poco a esta serie hacia algo que pudiera emocionar ya no a los pibes de 10 años de 1968, sino a los adolescentes de 1976.
Un gran impulsor de esta transición es el maestro Dave Cockrum, quien aportó a la serie un dibujo más moderno, sin la estridencia de un Jack Kirby o un John Buscema, pero con una cierta sensibilidad marveliana que ayudó muchísimo a sacudirle la herrumbe a la Legion. Después de rediseñar el cuartel, las naves, los trajes de casi todos los miembros y participar en la creación de uno de los más grossos (Wildfire), Cockrum dejó la serie tras el n°203. Era el momento de un dibujante todavía más radical, más extremo, el primero en dejar de dibujar a los legionarios con caras de nene y meterles patillas o pelo largo a los varones y trajes todavía más escuetos a las chicas: Mike Grell venía a romperla y se quedará en el Siglo XXX muchos números, para beneplácito de los fans de la acción más extrema, los ceños fruncidos y los dientes apretados. Por momentos, esta impronta más violenta y más oscura de Grell va a contrastar con el tinte más ingenuo de los guiones, pero en general el aporte de “Iron Mike” será fundamental para terminar de lavarle la cara a la Legion y salir a conquistar nuevos fans.
Este Showcase llega hasta el n°220 de SATLOSH y si sos fan de la serie es importantísimo, porque acá vas a ver hitos como la boda de Bouncing Boy y Duo Damsel, la muerte de Invisible Kid, la aparición de Wildfire, la renuncia de Matter Eater Lad y el viaje de Karate Kid al Siglo XX, donde protagonizaría una serie “solista” pensada para colgarse de las tetas del boom de las artes marciales que sacudió a EEUU a mediados de los ´70. Obviamente falta mucho en materia de desarrollo de personajes y hay muchos argumentos que se tiran literalmente a la marchanta para cumplir la imposición de que cada número ofrezca una o dos historias completas. Pero comparado con el material de los ´60, esto es jugadísimo. Long Live the Legion!

jueves, 28 de enero de 2010

28/ 01: SHOWCASE PRESENTS WARLORD Vol.1


Hoy nos vamos de picnic a mediados de los ´70, cuando DC asume que lo suyo es pelear el segundo puesto y se propone copiar las movidas que a Marvel (caótica y enkilombada, pero Número Uno al fin) le salen de taquito. Puestos a colgarse de las tetas de Conan, DC lanza toda una línea de comics de espada y brujería, pero un sólo título pega entre los lectores y llega a traspasar sobradamente el umbral de los ´80: Warlord.
Obviamente, el gancho de la serie era el dibujo del por entonces consagradísimo Mike Grell (ya hablaremos de eso), pero lo cierto es que la serie es bastante más que un clon de Conan. Hay dinosaurios, tecnología futurista, chumbos, y sobre todo, hay una explicación coherente para el marco fantástico en el que se mueven los personajes. Además, Grell es un hombre de fuertes convicciones socialistas, así que entre machaca y machaca, le pega palos a la CIA, critica la carrera armamentista entre EEUU y la ex-Unión Soviética y habla de la Justicia en términos más afines a los del Che Guevara que a los de la Liga de la Idem. O sea, nada que ver con Conan, donde el trasfondo ideológico es más bien derechoso.
La epopeya de Warlord es bastante columbera, en el sentido de que avanza lento y rara vez hay episodios clave, en los cuales pasan cosas tan importantes que perdérselos significa no entender una goma de lo que viene después. El numero 6 es de esos, al igual que la saguita en la que Deimos le roba el bebé a Travis Morgan, lo convierte en adulto y fuerza un combate entre padre e hijo cuyo final es realmente fuerte y cambia por completo el rumbo de la serie. El resto, sigue una fórmula bastante básica, en la que Morgan y alguno de sus compañeros (Tara, Mariah, Machiste o Ashir) viajan por Skartaris y se enfrentan a un monstruo, un brujo maligno, un dinosaurio, ladrones, esclavistas, tribus de hombres-bestias o barrabravas de Almirante Brown. Todo se resuelve a espadazos o tiros y los viajeros siguen su camino, hasta el próximo enfrentamiento grosso contra Deimos que, pobre pibe, al ser el único villano pulenta de la serie, resucita demasiadas veces.
A diferencia del Showcase promedio, este se lee muy rápido. Se lo tenemos que agradecer al hecho de que a Grell le dejaban dibujar muchas páginas de cuatro cuadros o menos, muchas splash-pages e incluso una doble splash por número (las páginas 2 y 3). Eso hace que cada episodio de 17 páginas se haga ágil y llevadero. Aunque claro, hay que tomarse un rato para mirar el dibujo de Grell, que es la vedette de la revista.
En ningún lado nadie se hace cargo, pero la verdad, yo no creo ni a palos que un sólo tipo haya hecho guión, lápiz y tinta de los primeros 15 episodios de Warlord. Es demasiado laburo. Además, ves las portadas (donde se nota que hay una sóla mano, que es la de Grell) y el arte interno, y se perciben diferencias marcadas en el entintado, que adentro parece obra de los artistas de Continuity (el estudio que tenían Neal Adams y Dick Giordano). Pero igual la pulenta es el dibujo y la puesta en página, que es 100% Grell. Acá “Iron Mike” pela enfoques complicados a la Neal Adams e infinitos escorzos impactantes y elegantes a la vez que recuerdan a su otro ídolo, Burne Hogarth. Casi siempre sale bien parado, pero a veces fuerza todo tanto, que se manda unos mocos antológicos. Cuando Grell deja de entintar sus lápices, viene la peste: Vince Colletta, nuestro verdulero de cabecera, que arruina a Warlord un poco menos que a otras series que le tocó entintar. Se ve que acá le pedían que imitara el estilo de Giordano y casi siempre, Colletta cumple y zafa. Por supuesto hay viñetas tan brutalmente estropeadas que te dan ganas de ir a buscar su cadáver, trozarlo con la mismísima espada de Travis Morgan y tirarle los cachos de carne semi-podrida a las hienas, o a los fans de Naruto.
Típico producto de la Verdul Age (en la que los comics más legibles eran los que estaban por afuera del género superheroico), Warlord es un comic de acción y aventura con varios elementos interesantes, de los cuales el principal es un creador prendido fuego, que juega 100% de local en un mundo exótico en el que reina la fantasía, y que leído 35 años después de su creación, te puede entretener un buen rato sin faltarte el respeto, e incluso dejarte cebado como para comprar un segundo Showcase. No está mal.