el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 30 de marzo de 2015

30/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.3

Y bueno, tal como yo suponía, acá la cosa se pone muy grossa. Ya está, ya no hay más tiempo. Ryu Mitsuse y Keiko Takemiya se dan cuenta de eso y se termina el curro de sumar nuevos personajes, nuevos conflictos y nuevos elementos a la trama central. Ahora hay que resolver todo con lo que hay, en 200 páginas que son las mejores 200 páginas de Andromeda Stories.
Acá el guión hace un sólo sacrificio con el que no termino de acordar: se saca de encima medio rápido, sin explorar mucho las consecuencias, a la reina Lilia y el rey Ithaca. De nuevo hay un papel chiquito para Balga y el príncipe Milan ni aparece. El resto, son todos golazos. La guerrera cyborg que tuvo mucha chapa en el Vol.1 y no apareció en el Vol.2 acá vuelve con todo, a hacer un aporte enorme. El veterano y enigmático Elder pone las cartas arriba de la mesa y se convierte en otro personaje fundamental. Y lo más importante: ahora el protagonismo se reparte entre el príncipe Jimsa y Affle, su hermano gemelo, que resulta ser… su hermana. En un giro notable, todo lo que sabíamos sobre este supuesto hermano de Jimsa se da vuelta y las sorpresas motorizan al argumento hacia una resolución impactante.
Esta vez no queda mucho margen para las intrigas. Hay que prepararse para el combate final contra las máquinas, y el clima ahora es el de una historia bélica, en la que cada pequeña batalla puede ayudar a ganar la guerra. El único elemento nuevo que se suma en este tomo es el de los superpoderes: Affle tiene dones extrasensoriales y es una poderosísima telekinética. Y por si faltara algo, la proximidad de Jimsa amplía aún más sus poderes. Cuando los hermanos se deciden a trabajar juntos, se vuelve realmente difícil hacerles frente. Pero claro, no es fácil lograr que estos dos chicos criados en ámbitos tan distintos se acepten como hermanos y aprendan a complementarse.
Ahí los autores encuentran un conflicto muy interesante para meterle presión a la trama bélica. Y cuando lo tienen que resolver, de nuevo la sorpresa, el impacto, lo impredecible: Jimsa y Affle, hermanos mellizos, casi idénticos entre sí… se enamoran. Y garchan. Posta, no es una fantasía perversa mía. 500 y pico de páginas sin meter ni el menor atisbo de una trama romántica y, cuando aparece, termina en incesto. Y ahí ya te importa todo una mierda… Si le ganan o no a las máquinas, si se destruye o no el planeta… ya fue, hay un garche entre mellizos casi idénticos. Cuando vi eso en Bolita (la obra de Carlos Trillo y Eduardo Risso, reseñada el 17/04/14) no me impactó tanto, porque el clima de la historieta iba para ese lado, la gracia era acumular situaciones turbias, sórdidas, y Trillo nunca ahorró recursos a la hora de mostrar a sus villanos como gente retorcida y repulsiva. Pero acá, en una epopeya de ciencia-ficción con aventuras, rosca política y dibujo “cute”, fue un garrotazo en el medio de los genitales.
El bizarro giro en la relación entre los hermanos pone las emociones que faltaban para que el final fuera realmente estremecedor. El epílogo hasta se anima a ensayar un moñito, un broche de oro con un cierto vuelo poético que incluso sugiere que Jimsa y Affle fueron los primeros humanos en pisar la Tierra. Un lindo detalle después de tanta devastación, explosiones, traiciones y sacrificios.
El dibujo de Takemiya, por su parte, acompaña estas movidas tan extremas y retrata con jerarquía y con intensidad todas las luchas, la destrucción y el romance. Esta vez hay menos secuencias mudas, pero igual Takemiya se las ingenia para que ciertos cuadros, ciertas imágenes, cobren peso por encima de los textos y funcionen como signos de puntuación, como un mecanismo más para realzar los misterios, el in crescendo en la tensión o la fuerza de las escenas más impactantes. Un excelente trabajo de la mina que mejor entendió cómo funciona la ciencia-ficción en el universo de las viñetas.
Más allá del irrefutable prestigio de sus autores, no sé si Andromeda Stories está considerado un clásico en Japón. Para nosotros va a ser siempre más una rareza que un clásico, eso me queda muy claro. Dentro de esa categoría, la considero una muy buena historieta, a la que seguramente le sobran no menos de 150 páginas (el Vol.2 podría omitirse casi por completo), pero que entre emociones fuertes, conceptos jugados, acción al palo y dibujos formidables arrima a un nivel realmente notable. Voy por más Keiko Takemiya, auqnue no sé si tiene más obras editadas fuera de Japón…

sábado, 21 de marzo de 2015

21/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.2

Vuelvo a internarme en el extraño mundo de Ryu Mitsuse y Keiko Takemiya, la gran autora de shojo que un día se aventuró en el terreno de la ciencia-ficción y se impuso como ninguna autora se había impuesto antes.
Este segundo tomo de Andromeda Stories me deja una sensación muy chota: no me aburrí para nada, pero estoy convencido de que, en el contexto global de la saga, la trascendencia de estas 200 páginas debe ser mínima. Lo que pasa acá es entretenido y se sostiene al ritmo de una acción que no decae nunca, condimentada con un poco de intriga palaciega y sustentada en conceptos de ci-fi muy locos, que se van haciendo cada vez más complejos. El tema es que lo que Mitsuse y Takemiya eligen narrar en 200 páginas se podría haber narrado tranquilamente en menos de 40.
De los personajes importantes del tomo anterior, sólo la reina Lilia y el príncipe Jimsa conservan el protagonismo. El príncipe Milan aparece poco, el portentoso guerrero Balga tiene un papel muy chiquito, el rey Ithaca entra en escena recién para la última (y crucial) escena, y la ninja-samurai misteriosa sin nombre ni siquiera pasa a saludar. El plot del hermano gemelo de Jimsa que crece lejos de la familia real de Cosmoralia avanza muy poco: apenas 10 de estas 200 páginas se hacen cargo de esa movida, y si en algún momento Affle tiene peso en la saga, será en el tercer tomo. Y tenemos un par de personajes bastante interesantes que cobran importancia o se suman al elenco: uno es Elder, el anciano sabio que aconseja (¿o manipula?) a Jimsa en su búsqueda de las bases rebeldes de su planeta que todavía no cayeron en manos del Enemigo. Y el otro es Arc, un androide bueno, que rápidamente se convierte en sidekick y amigo de Jimsa y gana protagonismo en el tercio final de este tomo.
Entre una cosa y otra, la lectura se hace llevadera. El guión, sin embargo, muestra algunos tropiezos: ciertos momentos en los que los autores dan por sentadas cosas que nunca se terminaron de explicar o especificar, algunas luchas absurdas contra amenazas pedorras, cosas que suceden por capricho del príncipe… Está claro que hay que llenar muchas páginas con peripecias menores y ahí es donde concentran sus esfuerzos Mitsuse y Takemiya. Por suerte nunca pierden de vista las dimensiones de la saga, la magnitud de lo que está en juego, y eso los ayuda a volver a encauzar al relato en la senda correcta cada vez que están por derrapar hacia más combates innecesarios y escenas que no aportan nada.
Tanto se nota que esas escenas son relleno, que es ahí donde Keiko Takemiya se tira a menos incluso en lo que mejor hace, que es diseñar personajes. Para estos tramos en los que Jimsa, Lilia y sus aliados combaten con bichos humanoides o criaturas tan monstruosas como irrelevantes, la autora ni se calienta en dibujar bien a estas amenazas, que parecen diseñadas así nomás. Por suerte, en todo lo demás Takemiya deja la vida y nos regala naves, trajes y rostros dibujados a un nivel muy notable. Lo que más me llamó la atención en este tomo son los escenarios, muy variados y con una increíble cantidad de hallazgos. Paisajes de montaña, océanos, cavernas, desiertos, una ciudad hiper-tecnificada dominada por las máquinas, el suntuoso palacio de Ithaca y Lilia… no hay desafío del que Takemiya no salga bien parada a la hora de dotar a Andromeda Stories de locaciones únicas e inolvidables.
Veremos cómo termina la historia en el tercer y último tomo al que prometo entrarle pronto. Por ahora, mi principal disconformidad pasa por la innecesaria extensión, la cantidad de vueltas que dan los autores para ir al grano. A sólo 200 páginas del final, sospecho que el tercer tomo no se va a dar ese lujo, sino que va a avanzar a un paso más firme hacia la resolución de los conflictos, que son lo más atractivo que tiene Andromeda Stories. Junto con el dibujo de Keiko Takemiya, obvio.

lunes, 9 de marzo de 2015

09/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.1

Hace un par de años me embarqué en la odisea de To Terra, y ahora vuelvo a encarar una obra de Keiko Takemiya publicada en tres tomos, esta vez con el agregado de un guionista: el prestigioso novelista Ryu Mitsuse, fallecido en 1999. Andromeda Stories se publicó originalmente en Japón entre 1980 y 1982, es decir, justo después de To Terra, y nos muestra a Takemiya decidida a seguir por la senda de la ciencia-ficción a escala épica, inmensa, pero sin descuidar el desarrollo y la tridimensionalidad de los personajes.
Andromeda Stories arranca en un mundo idílico, donde la princesa Lilia celebra su fastuosa boda con el príncipe Ithaca. Los augurios son tan buenos, las conjunciones de los astros los favorecen tanto, que Ithaca, además de ascender al trono como rey de Cosmoralia, se pone al frente de un nuevo papado, una especie de reinado sacrosanto con influencia en buena parte de la galaxia. Todo parece ser maravilloso hasta que, despacito, de keruza, los invade una raza de seres mecánicos que mandan a unas cyber-arañitas a implantarse en los cerebros del rey y sus ministros para dominarlos y empujarlos hacia el abismo. Durante muchas páginas, nadie tiene la menor idea de lo que está pasando, y la que deduce la maniobra de las máquinas malignas es una joven y habilidosa guerrera, una especie de minita hiper-samurai-ninja-acróbata con implantes mecánicos que no tiene nombre pero sí mucho protagonismo.
Más cerca del final del tomo, la amenaza se va a manifestar con un poco más de claridad y serán varios los allegados a Lilia e Ithaca los que empiecen a creer que realmente el rey está bajo el influjo de un poder externo que le controla la voluntad. Entre ellos está Milan, el otro príncipe, el hermano de Lilia, quien orquestará un arriesgado plan para poner a salvo a uno de los hermanos gemelos a los que dará a luz la reina. El borreguito que queda en el palacio real se convertirá con los años en el Príncipe Jimsa, llamado por ancestrales profecías a liderar a su pueblo en la lucha para conquistar todo el cosmos.
Y habrá qué ver cuál de las dos tramas priorizan Mitsuse y Takemiya en el segundo tercio de la saga. Si la del príncipe destinado a conquistar el cosmos, o la del despelote interno que se arma en la corte de Ithaca y Lilia cuando salta a la luz (por lo menos puertas adentro) que el rey y varios de sus ministros fueron implantados con las cyber-arañitas para que respondan a los intereses de las máquinas, que –según nos revela un flashback- ya hicieron mierda a otro planeta, en un holocausto del que sobrevivió la minita guerrera super-power.
Esta primera parte de Andromeda Stories tiene el mismo problema que To Terra: un argumento muy interesante, conflictos muy fuertes, personajes muy lindos, muy humanos… y un guión por momentos bastante torpe. Los diálogos son intrascendentes, algunas escenas se estiran mucho más de lo necesario, hay que ser clarividente para darte cuenta cuándo empiezan y cuándo terminan los flashbacks y cuando a Takemiya se le ocurre narrar dos acciones en paralelo, se mete en un berenjenal en el que se mueve con la destreza de un pingüino empetrolado. Por suerte no hay grandes baches, la historia no cae en pozos de esos que con tres paladas de tierra se convierten en tumbas. Se puede no coincidir con cómo están mostrados algunos sucesos, pero hay sucesos. Todo el tiempo pasan cosas atractivas, que hacen avanzar a la trama o que le dan complejidad a los personajes. Eso, y lo ambicioso del planteo, hace que uno no se enfurezca cuando nota algún tropiezo en el guión.
Y muy por encima de los logros en materia argumental, brilla con fulgor incandescente el dibujo de Keiko Takemiya en más de 200 páginas pensadas para devastarte las retinas. El final de To Terra estaba mucho mejor dibujado que el principio y acá la autora sube un escalón más para deleitarnos con un grafismo demasiado perfecto para ser real, una combinación exquisita entre lo mejor del shojo (que la tiene a Takemiya como pionera) y lo mejor de Osamu Tezuka, Shotaro Ishinomori y Leiji Matsumoto, los autores que más se habían lucido en la ciencia-ficción hasta 1980. Lo único que no me gusta es cómo dibuja a los hombres-máquina. El resto es todo fascinante y está armado en unas páginas con una planificación impactante, arriesgada, decidida a enfatizar el dramatismo o el vértigo de lo que sucede en la trama.
Prometo entrarle pronto al Vol.2, porque –si bien no es perfecto- este primer tomo de Andromeda Stories me dejó bastante manija.

lunes, 10 de junio de 2013

10/ 06: TO TERRA... Vol.3

Ultimo tomo de esta ambiciosa serie de Keiko Takemiya, motorizada por buenas ideas y un conflicto duro, fuerte, a todo o nada, como es el de humanos vs. mutantes enfrentados por la posesión de un planeta Tierra ya muy baqueteado, cuyos recursos naturales no alcanzan para bancar a todos los que quisieran vivir en él.
La vez pasada vimos cómo los humanos masacraban a buena parte de los Mu (esta sub-especie humana con poderes psiónicos) y cómo a su vez estos planeaban un contragolpe, con el planeta educativo Ataraxia como primer objetivo. Las primeras 200 páginas de este tomo final se pueden resumir en... tres páginas: los Mu, liderados por Jomy Marcus Shin ganan cada vez más posiciones al derrotar a los humanos en varias batallas espaciales. Cuando ya están cerca de copar Plutón (punto clave para dominar el sistema solar en el que se ubica la Tierra), la Gran Madre, la computadora que rige la vida en la Tierra, convoca a Shin al viejo planeta para parlamentar. No te digo que en las 197 páginas que sobran te quieras pegar un tiro, porque la verdad que se sobrellevan bastante bien. Takemiya se esfuerza por rellenar con escenas intimistas y combates épicos que, en el momento en el que los estás leyendo, no parecen relleno, sino sucesos que van a aportarle cosas grossas a la trama. Y te cae la ficha de que no, de que todo se podría haber sintetizado en tres páginas, cuando a partir de la página 200, con la llegada de Shin a Terra, la historia cambia de dirección para dirigirse hacia un final apoteótico, cuyo tremendo impacto NO es consecuencia de NADA de lo que Takemiya nos narró en las 200 páginas previas.
Y a partir de ahí, quedan casi 130 páginas devastadoras en las que pasa de todo. Keith Anyan se hace cargo de su pasado, confronta finalmente con Shin, este a su vez va hasta las últimas consecuencias en su intento por liberar a los humanos de los designios de la Gran Madre, los chicos psiónicos Mu (liderados por Tony) hacen su movida, aparece la hiper-computadora que controlaba a la Gran Madre... Todo esto en un despliegue de machaca, psicopateadas, dilemas morales y diálogos MUY filosos, que llevan a To Terra... hacia un desenlace totalmente impredecible y definitivo... que obviamente no voy a contar. La tensión sube página a página hasta asfixiarte y todo desemboca en algo de increíble magnitud.
El dibujo está mejor que en los tomos anteriores: Keith ya no parece un pendejito de 15, las escenas que transcurren en paralelo están mejor ensambladas, todo se ve muy, muy bien, especialmente los combates, que te ponen la piel de gallina. Esto es manga clásico de los ´70, muy influenciado por Osamu Tezuka, Shotaro Ishinomori y las pioneras del shojo, pero se ve muy moderno, muy vivo, muy fresco. Hay un laburo colosal en los detalles de las naves, la arquitectura futurista, hasta en las tomas donde sólo se ve el espacio, y Takemiya, en un gesto que la eleva y la distingue, permite que en la última página de la serie aparezcan las firmas de sus NUEVE asistentes. Justicia absoluta, porque acá hay todo un equipo que transpiró la camiseta y dejó la vida para que To Terra... ostente esta infrecuente calidad en su faceta visual, que le debe haber volatilizado el cerebro a los chicos de 1979-80 y que se la recontra-banca aún hoy. Bah, me parece que hoy ya no hay mangas así... ¿Hay space opera en los mangas actuales? ¿Y habrá alguno con esta fuerza, con esta combinación tan impactante entre desarrollo de personajes, conflictos a escala mundial, y machaca épica con naves que explotan en el espacio? Tengo la sensación de que no, de que el género se terminó con Macross y sus secuelas. Ojalá me equivoque.
A pesar de lo bien que la pasé con To Terra..., me encantaría tener estos tres tomos de más de 300 páginas en digital, para hacer una nueva versión, un “director´s cut” de este manga que en vez de 1000 páginas tenga... 350. Hay tanto para sacar y para resumir sin dañar la esencia de lo que quiso contar Keiko Takemiya, que me parece que quedaría algo mucho más potente. Por ahora está esto, estirado como la San Puta, pero con la jerarquía de los clásicos, de los mangas a los que siempre está bueno descubrir, por más décadas que hayan pasado desde que To Terra... era una obra nueva y rupturista.

lunes, 27 de mayo de 2013

27/ 05: TO TERRA... Vol.2

Ah, bueno, se puso densa la cosa. Al lado de lo que pasa en este tomo, todas las escenas de acción del Vol.1 (que no eran tantas) parecen una gilada, un engaña-pichanga para que no creyéramos que nos estábamos fumando un manga de más de 300 páginas sin acción. Este tomo mantiene esa onda de poca acción, de conflictos más psicológicos que físicos, unas... 50 ó 60 páginas. Y de ahí en más, pasa de todo.
Por supuesto, recomiendo releer la reseña del Vol.1 (salió hace un par de semanas, el 12/05) para entender un poco más de qué va esta epopeya espacial con la que Keiko Takemiya redefinió el manga de ciencia-ficción en la segunda mitad de los ´70. Aquella vez, yo decía que para el final del tomo no me quedaba claro quiénes eran los malos y quiénes los buenos. Con otras 300 páginas más en el buche, ahora sí, creo que los malos son los terrícolas y los buenos los Mu, humanos mutantes con cuerpos más débiles y zarpados poderes mentales. En este tomo, los humanos (liderados por Keith Anyan) no tendrán reparos en destruir un planeta entero para tratar de exterminar a los Mu, y cuando estos traten de escapar en sus naves, serán misileados sin piedad por la flota terrestre, que logrará masacrar a un tercio de los Mu. El propio Keith Anyan bajará al planeta donde se refugian los telépatas a tratar de matar a su líder, Jomy Marcus Shin, y se irá con un empate: no logra matar a Jomy, pero sí secuestrar a Physis, la pitonisa, la mujer-oráculo cuya sabiduría y habilidad de ver el futuro orientan y contienen al impulsivo Jomy.
Había un tercer personaje importante en el primer tramo, Seki Ray Shiroe, que en este morfa banco de suplentes a lo pavote. Lo reemplaza un nuevo personaje mucho más atractivo, pero del bando contrario: Tony es el primer niño Mu nacido de un vientre materno en cientos de años, durante esa “primavera” en la que los telépatas logran asentarse en el planeta Naska. Una bizarra transformación lo convertirá de un día para el otro en un muchachito de 12 años, con una inteligencia y unos poderes sobrehumanos, una especie de ancho de espadas para el mazo de los Mu... si Jomy supiera cómo jugar al truco. Lo cierto es que la presencia de Tony desequilibra más de lo que ayuda al líder de los mutantes en fuga, que para el final del tomo irán por la revancha contra los terrícolas. Ya en esas últimas páginas, la misión que hasta entonces motivaba a ambos bandos (regresar a Terra y repoblarla) ya importa poco y nada. Ahora es más atractivo vengar un genocidio con otro.
Lo que antes era medio Matrix y medio saga de la Fundación de Asimov, ahora es mucho más Star Wars, o sea, más obvio, menos sutil, más virado a la machaca. Desde que Keith Anyan pisa el suelo de Naska, Takemiya nos bombardea con larguísimas escenas de acción, muy complicadas de dibujar, además, porque los telépatas combaten a distancia, y porque pasan muchas cosas al mismo tiempo. Ahí la autora se enreda un poco en la narrativa, al tratar de mostrar tantos sucesos paralelos. Hay que prestar mucha atención para no perderse, y eso nos distrae un toque de la magnitud de lo que está narrando Takemiya. Una vez que Keith deje Naska, se reestablecerá (más o menos) el status quo, con conflictos menos físicos, la retorcida intriga palaciega entre gente que se lee la mente, y el misterio de Tony, sumado a las consecuencias de la muerte de su madre y las pistas que tira el borrego acerca de Physis. Y después, la destrucción de Naska, des-enfatizada, casi desaprovechada por la autora, que elige no mostrar en detalle cómo se hace mierda el planeta que albergaba a los Mu.
Por suerte, todos estos golpes de efecto hacen que la trama, si bien pierde sutileza, no pierda interés. Acá también hay algunas escenas de sobra, que aportan poco y nada, pero son menos que en el Vol.1. La decompresión del relato es mucho menor. Y en cuanto al dibujo, el principal logro de Takemiya siguen siendo los espectaculares trucos expresionistas a los que recurre cuando decide meterse en la mente de sus personajes y mostrarnos sus miedos, sus angustias, sus inseguridades, los fantasmas que los atormentan. Esa secuencia en la que la flota de los Mu abandona Naska y empiezan a llover los misiles también es majestuosa. Y lo más flojo también se repite del Vol.1: los protagonistas masculinos tienen cara de nena de 15 años, excepto Tony, que tiene cara de nena de 12. Hay personajes “viejos” sin cara de nene, pero para mostrar que los grossos son muchachos jóvenes, Takemiya los apendeja y los aputaza demasiado, como si esto fuera un shojo o –peor todavía- un yaoi, el género que inventó la propia Takemiya. Aún así, estamos ante un excelente trabajo de una dignísima heredera de Osamu Tezuka y Shotaro Ishinomori, a años luz de las pelotudeces que les vemos hacer a tantas chicas que hoy brillan en el shojo.
Prometo entrarle pronto al Vol.3, a ver cómo cierra la saga.

domingo, 12 de mayo de 2013

12/ 05: TO TERRA... Vol.1

Hoy trataré de no extenderme demasiado, porque tengo poco tiempo. Igual es el primer tomo de una trilogía, con lo cual me podré zarpar más cuando reseñe los próximos volúmenes.
To Terra... se publicó en Japón como Tera he..., entre 1977 y 1980. Es una obra considerada seminal en el manga de ciencia-ficción, nacida de la imaginación de Keiko Takemiya, una autora muy famosa, principalmente por haber sido la pionera absoluta del género yaoi (mangas románticos en los que ambos protagonistas son varones) con su Kaze to Ki No Uta (La Balada del Viento y los Arboles), publicada entre 1976 y 1984.
Como resulta obvio al mirar las fechas, To Terra... fue realizada en simultáneo con el manga más conocido de la autora. Y tiene algún tenue atisbo de historia de amor entre varones, en la segunda mitad de este primer tomo. Hay una onda rara entre Keith Anyan y Seki Ray Shiroe, pero apenas insinuada, no manifiesta. Estos dos personajes junto a Jomy Marcus Shin son los protagonistas más fuertes que tiene hasta ahora esta ambiciosa saga.
Qué flashero debe haber sido leer esto a los 14 ó 15 años. To Terra... es una mezcla muy osada entre The Matrix, X-Men y la saga de la Fundación de Isaac Asimov, con unos conceptos alucinantes y con protagonistas que tienen 14 ó 15 años, o tienen un poco más, pero parecen pendejos. Sin duda, lo más grosso son las ideas, las premisas sobre las cuales Takemiya construye este universo futurista y este relato de manipulación, persecución y promesas que –uno sospecha- jamás se van a cumplir. Y lo menos ganchero es el ritmo del relato, sumamente descomprimido, al punto de “perder tiempo” en escenas que no aportan nada, ni a la caracterización ni al desarrollo del argumento. Las escenas no están mal construídas, pero te das cuenta de que están ahí para subrayar cosas que la autora ya nos explicó, o cosas que –en el big scope de la saga- son sumamente irrelevantes.
El dibujo tiene un sólo problema: los varones se ven todos como nenes muy afeminados. Esto no lo inventó Takemiya, es una constante en casi todas las autoras japonesas, desde tiempos inmemoriales. Si eso no te jode, To Terra... te va a parecer visualmente maravillosa. Me imagino este guión dibujado por Yukinobu Hoshino y me gusta más, claro, pero Hoshino es unos años menor y no se jugaría tanto en las secuencias en las que las emociones de los personajes explotan y rompen la frialdad típica de la ci-fi futurista, de naves que recorren billones de años luz y computadoras que lo controlan todo. Takemiya, en cambio, le pone todo a esas escenas, y recurre a un montón de trucos expresionistas impactantes para que su dibujo refleje sensaciones, emociones y trastornos psicológicos jodidos del modo más eficaz que te puedas imaginar.
Sin demasiada violencia, sin sexo, sin irse muy al carajo, este primer tramo de To Terra... te mete de lleno en una historia compleja, muy bien elaborada, que avanza un poco lento, pero que se apoya en conceptos demasiado interesantes como para tirarlos a la marchanta y no indagar a fondo en lo que implican para la vida de estos muchachos. Ah, y tras casi 350 páginas, uno no tiene ni la más puta idea de quiénes son los buenos y quiénes los malos. Prometo entrarle pronto al Vol.2, a ver si me entero.