el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 14 de marzo de 2013

14/ 03: GROO: MIGHTIER THAN THE SWORD

Esta es la tercera vez que me toca comentar un libro de Groo, y las dos veces anteriores me morfé sendos Cero Comments. Sinceramente, me chupa un huevo. Como Groo, yo no aprendo más. Soy fan de esta serie, amo a esta serie y me hace tan feliz conseguir uno de los tomos que me faltaban para completarla, que nada más me importa.
Mightier than the Sword es de 2002 y creo que de todas las miniseries editadas por Dark Horse es la que más me gustó. Tiene un sólo punto flojo: Sergio Aragonés y Mark Evanier no le abren el juego a ninguno de los maravillosos personajes que componen el elenco de secundarios de Groo. Está todo jugado al guerrero subnormal, obviamente acompañado por su perro Rufferto, y –acá sí, puntazo a favor- hay un rol importante para Pipil Khan, tal vez el más atractivo de los villanos recurrentes que Groo supo amasar en 30 años de errática trayectoria. El resto, son todos hallazgos por parte de Aragonés y Evanier, todas decisiones acertadas que logran que Mighty than the Sword cumpla los dos objetivos que la dupla se plantea para todas las sagas de Groo de esta etapa: hacernos reir (mucho) y dejarnos pensando en un tema delicado.
Esta vez el tema en cuestión es fascinante y especialmente picante en la Argentina de hoy. Los autores nos invitan a pensar –obviamente en tren de joda- en el desfasaje bestial que se da entre lo que sucede en la realidad y lo que muestran los medios periodísticos. Aragonés y Evanier introducen en este universo pseudo-medieval una imprenta, medio precaria, pero imprenta al fin, que –hábilmente manipulada por el principal villano de la historia- se convertirá en un poderoso instrumento de desinformación y en la principal aliada de este avechucho inescrupuloso, capaz de todo con tal de quedarse con el imperio de Pipil Khan. ¿Qué pasa cuando la información que recibe el pueblo es falsa? ¿Qué pasa cuando el periodismo deja de ser un vehículo de información y se transforma en una gigantesca trampa para manipular boludos? ¿Hasta dónde existe la prensa como expresión de la libertad y cuándo se corrompe para convertirse en una empresa cuyo fin principal es el lucro? Entre muchísimos chistes excelentes y muchísimas escenas desopilantes en las que Groo masacra a ejércitos enteros, Aragonés y Evanier responden todas estas preguntas.
En apenas 96 páginas, tenemos desarrollada toda esta afiladísima bajada de línea acerca del rol del periodismo, y además una aventura compleja, con cuatro villanos, un final sorprendente, muchas peripecias delirantes, escenas que se centran en la intriga palaciega, en la vida de la gente común bajo el régimen de de Pipil Khan, y los clásicos enredos y malos entendidos que siempre terminan con desastres a gran escala obviamente desencadenados por Groo. Acá el argumento saca provecho de dos elementos tomados del pilón de los back issues: por un lado, el hecho de que Pipil Khan, acérrimo enemigo de Groo, nunca se haya visto cara a cara con nuestro mentecato favorito. Y por el otro, aquel episodio fundacional (creo que el 100 de la etapa en Epic), en el que el anciano Abecedario le enseña a leer a Groo, resulta importantísimo para que avance una trama en la que el texto impreso cobra una especial relevancia.
Y mientras comparte todas estas genialidades con Mark Evanier, el maestro Aragonés se arremanga y la rompe él solito a la hora de dibujar páginas y páginas repletas de detallitos microscópicos, en ese estilo que lo caracteriza hace décadas y que lo puso allá arriba, entre los referentes fundamentales de la historieta humorística a nivel mundial. Por supuesto lo ayuda el incombustible Tom Luth, el tipo que con enorme criterio y paciencia santa colorea viñeta tras viñeta para realzar y hasta en un punto organizar la “verborragia gráfica” de un Aragonés ya setentón que parece no cansarse nunca de dibujar. El resultado no deja de asombrarnos ni siquiera a los que seguimos a Groo casi desde el principio.
Sí, extraño con nostalgia los gloriosos tiempos en los que todos los meses salía un comic nuevo de Groo. Ahora cada saga nueva es un “Ohhh! Sale una nueva mini de Groo!”, esa sensación de suceso único e irrepetible que en los ´80 y ´90 se produjo, por ejemplo, cuando además de bancar una serie mensual durante más de 10 años, Aragonés y Evanier se mandaron dos novelas gráficas del mega-carajo. Pero no está mal, esto de esperar un año (o a veces más) para leer una nueva saga que nunca llega a las 100 páginas. Es una forma de subrayar que Groo no es un comic más, no es un producto del montón, salido de la máquina de hacer chorizos. Es una historieta única, guiada de principio a fin por una dupla creativa que sobrevive a las décadas, a las modas y a las editoriales. Un clásico contemporáneo con todas las letras, una joya que –por suerte- sigue vigente para los que la bancamos hace mil años y accesible para todos los que se quieran sumar. Hoy, mañana, cuando pinte. Por siempre Groo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

12/ 12: GROO: DEATH & TAXES


Parece una joda, pero el año que viene Groo cumple 30 años! Tres décadas de excelencia pura, en las que el guerrero subnormal repartió espadazos por cinco editoriales distintas y Sergio Aragonés cosechó toneladas de premios a ambos lados del Atlántico. No es poco para una serie que empezó como una parodia de Conan...
Y lo otro que parece una joda son las propias historietas de Groo. Uno hojea el libro, ve los dibujos, y enseguida supone que va a leer una historieta cómica, que se va a cagar de risa un rato. Es así, por supuesto. Con este tomo (que recopila una saga de 2002 que yo nunca había leído) me reí mucho y en voz alta (en un bondi, encima). Death & Taxes tiene momentos muy, pero muy cómicos, orquestados con un timing y unos diálogos brillantes. Pero detrás de esa apariencia ingenua, el humor con el que nos convidan Aragonés y su eterno cómplice Mark Evanier es más negro que el ojete de Mike Tyson. Cuando te querés dar cuenta, te estás riendo de los pobres tipos que van a morir en una guerra absurda mientras los ricos y poderosos se llenan aún más los bolsillos.
Death & Taxes, en los papeles, responde la pregunta “¿qué pasa si Groo jura no volver a matar y cumple con su juramento?”. Obviamente la respuesta es graciosísima. Groo sin matar sería algo así como Macri sin mentir, algo a esta altura impensable. Pero eso es el plot, la consigna que guía la trama. El tema del que habla la historia es la guerra: cómo se financia, qué efectos tiene, a quiénes beneficia. Y da la casualidad de que esto se escribió a fines de 2001, justo cuando el “ataque terrorista” a las Torres Gemelas le dio al borracho-genocida-retrasado mental de George W. Bush la perfecta excusa para llevar adelante una nueva guerra, en la que miles de chicos murieron y en la que unos pocos avechuchos la levantaron en pala.
O sea que el atractivo es doble: hay una historia divertidísima de Groo, que sabés que va a terminar muy mal, y hay una bajada de línea inteligente, atrevida, punzante, que nos invita a reflexionar acerca de uno de los temas candentes de nuestros días. La última vez que visitamos a Groo (Octubre de 2010) nos encontramos con un manual que nos explicaba las crisis cíclicas del capitalismo, en Hell on Earth el tema es el medio ambiente y acá, los mecanismos económicos y financieros de la guerra. Parece una joda (repito mil veces) pero una historieta humorística de ambientación fantástica puede tocar esos temas y además lo puede hacer con altura, con clase, y sin resignar su comicidad.
Con casi 30 años a sus espaldas, el equipo de Groo está aceitadísimo: Evanier, además de asistir a Aragonés en el armado de los guiones, la descose en los diálogos. Tom Luth se luce a la hora de colorear los complejísimos y laburadísimos dibujos de Sergio, y el sensei Stan Sakai (al que conocimos este año en Mendoza) rotula todo a mano con una calidad con la que sueñan varios de los rotulistas digitales.
Por supuesto, por encima de todos está la sombra del Más Grande, de un Sergio Aragonés gigantesco que domina el dibujo humorístico con una solvencia cada día más impresionante. Lo más impactante son los detalles: esas escenas con cientos de soldados, cada uno con su uniforme, sus armas, sus cascos y escudos llenos de dibujitos, calaveritas, joyas incrustadas, detalles microscópicos que Sergio conserva y cuida viñeta a viñeta y que podrían tranquilamente no estar. Hace ya muchos años que el estilo de Aragonés no cambia, ni evoluciona, pero es que ya no hay nada por mejorar. Ya el universo de Groo es eso, se ve así y está perfecto. Así lo queremos, así lo sentimos, así nos parece creíble.
Death & Taxes no es Historieta Perfecta por un sólo motivo: si nunca antes leiste comics de Groo, no entendés un par de cosas importantes en la trama. Pero para los fans del errante, esta es una saga absolutamente imprescindible, gloriosa de punta a punta.

viernes, 20 de mayo de 2011

20/ 05: FANBOY


Esta es una miniserie del milenio pasado, que yo como buen salame leí recién hoy. Depende por dónde le entres, Fanboy puede ser varias cosas distintas, y eso habla de su riqueza y su complejidad.
Por ahí lo querés leer como un meta-comic, como una historieta que habla de historietas. Ahí te vas a volver loco, porque Mark Evanier y Sergio Aragonés no sólo hablan de historieta: también bajan una línea muy grossa respecto de un montón de temas relacionados con cómo se lee la historieta, cómo se consume, cómo se produce y cómo es vista fuera del ghetto. De la caza de brujas de los años ´50 a la fiebre del coleccionismo hueco y ridículo de los ´90, los autores exploran cada tópico con aguda y con certera mala leche.
También le podés entrar como si fuera una versión yanki de Kingyo Used Books (reseñamos el Vol.2 hace poquito): un slice of life que transcurre en buena medida dentro de una comiquería, a la que Aragonés y Evanier pueblan con la típica fauna comiquera yanki, a través de estereotipos bastante obvios, pero no por eso poco atractivos, o poco logrados. El protagonista, Finster, es un personaje perfectamente construído, con quien el lector rápidamente se identifica (incluso a pesar suyo), para vivir junto con él sus “aventuras”, pero sobre todo sus sueños y anhelos (crear tu propia historieta y que sea un hitazo, levantarte a la minita más linda del curso, en fin…). Claro que Finster hace trampa: es el único que sabe que es un personaje de historieta y, por ende, rompe a menudo la cuarta pared para hablarle directamente al lector. Ahí ya nos alejamos años luz de la consigna de Kingyo Used Books, pero creeme que igual el recurso garpa a full.
Otra forma de engancharte con esta obra es encararla como un tributo de Aragonés y Evanier a la historia y la chapa de la DC, o incluso al revés, como un tributo de los grandes historietistas de fines del milenio pasado a los autores de Groo. Lo cierto es que, en muchas secuencias del libro, los personajes de Aragonés comparten viñetas con dibujos de grandes próceres de todas las épocas, como Dick Sprang, Russ Heath, Gil Kane, Neal Adams, Mike Grell, Frank Miller (que vuelve a dibujar al Dark Knight!), Dave Gibbons, Jerry Ordway, Steve Rude, Jordi Bernet, Bill Sienkiewicz, Wendy Pini, Phil Jimenez y varios más. Los invitados dibujan secuencias que suceden casi siempre en la fértil imaginación de Finster, que obviamente leyó más comics de DC de los recomendables para su salud mental. Imaginate lo grosso que hay que ser para crear una historieta en joda acerca de un geek comiquero y que todos estos tipos acepten dibujarla, y hasta te dejen que tus personajes se superpongan sobre sus dibujos. Bueno, Aragonés en EEUU es así de grosso. Y obviamente hay que ovacionar también a Tony Bedard, que fue el coordinador que hizo posible que todas estas bestias ensamblaran su trabajo a la perfección.
Hay dos cositas mínimas para criticarle. Primero, está un poco forzada la interacción entre Finster y los personajes de DC, especialmente en los primeros episodios. Uno viene cebado con el slice of life y de pronto te lo interrumpen para una pelea cósmica con Green Lantern que, por más que la dibuje Gil Kane, desentona un poquito. Igual la aparición más al pedo de héroes de DC es la de la JLA, dibujada sin ganas por Brent Anderson. Para el final, los episodios con Batman y Wonder Woman están mejor planteados.
Y lo otro: es un comic MUY pro-DC. No sólo porque hay palos bastante duros a Marvel y a Image (muchos justificadísimos), también porque transmite la sensación de que todo lo importante, todo lo definitivo en la industria del comic de los años ´30 para acá, pasó en torno a los comics de DC. Está también el tributo a William Gaines (de la E.C.), pero claro, lo identifican sobre todo con la revista MAD, que hace ya muchos años es parte de DC.
El resto, excelente. Una gran comedia protagonizada por un geek del comic, con buenos personajes secundarios, temas más que interesantes para los que nos cebamos con cualquier cosa que tenga viñetas, humor, sociología, algo de machaca, misterio, romance y la participación especial de una legión de Monstruos Sagrados del dibujo, por si fuera poco con Sergio Aragonés, que –como siempre- se dibuja la vida. No te lo pongo en la lista de los comics imprescindibles, pero sí de los que se disfrutan a full.

domingo, 10 de octubre de 2010

10/ 10: GROO: THE HOGS OF HORDER


Después de varios días de leer comics sombríos, circunspectos o directamente truculentos, dije “Bueno, vamo´arriba! Groo es sinónimo de risa y diversión!”. Y, coherentemente con el mismísimo Groo, me equivoqué. Esta es una saga de Groo que –como todas- tiene muchísimos momentos muy cómicos, pero la verdadera intención de Sergio Aragonés va mucho más allá de arrancarnos la eventual carcajada. The Hogs of Horder es un comic prácticamente didáctico, donde la idea es explicarnos de modo sencillo y gracioso un tema muy complejo, el de las crisis cíclicas del capitalismo, y además aportarnos elementos para la reflexión. Pará… ¿Groo nos explica la crisis del capitalismo? ¿Y encima se supone que nos tenemos que reir? ¿Qué se fumó Aragonés? ¿Estamos todos locos?
No. Aragonés es un genio y si hay dibujos de por medio, el tipo SIEMPRE logra lo que se propone. Y además lo tiene a Mark Evanier para ayudarlo con las palabras, que no son su fuerte (porque además es mimo). O sea que The Hogs of Horder funciona perfectamente en los dos niveles: el de la historieta cómica para entretenernos, y el del “tratado” muy introductorio y simplista, pero con inmejorable intención, acerca de las crisis cíclicas del capitalismo y la forma en que estas afectan a la gente y a los gobiernos. Groo está casi metido a presión: Aragonés se las ingenia para que el rol del errante sea definitivo, pero es obvio que lo que más le interesa es lo otro: el comercio internacional, los países donde se explota a los laburantes y se exportan masivamente manufacturas baratas a otros mercados, el círculo vicioso de los bancos y demás matufias de índole financiera, las guerras por recursos económicos disfrazadas de gestas por la libertad, los obscenos ingresos de los gerentes y directores de las grandes empresas, la miseria que acompaña al desempleo, que a su vez acompaña a la destrucción de la industria nacional para favorecer las importaciones, la pérdida de la soberanía nacional como consecuencia del excesivo endeudamiento externo… todas cosas que en Argentina nos sabemos de memoria, porque las sufrimos en carne propia.
Acerca de todos esos temas, Aragonés y Evanier nos invitan a reflexionar, desde una serie protagonizada por un guerrero tosco y prácticamente subnormal, con talento sólo para la machaca. Por suerte cuentan con un gran personaje secundario, el Sage, el tipo que representa el conocimiento y la racionalidad en la longeva serie. Sage tiene algunos de los mejores diálogos del libro y la escena final, en la que le cuenta a Groo que soñó con algo muy parecido a lo que hoy conocemos como la internet, es sencillamente brillante. Momentos como ese hacen que aquel que compró el comic para reirse un rato le perdone a los autores la bajada de línea y el gusto amargo que deja esta inyección de “realidad” en una historieta de corte cómico-fantástico.
A mí, particularmente, no me molesta en lo más mínimo. Por el contrario, me parece un mérito que Aragonés haya logrado convertir a Groo en una serie desde la que se satiriza la realidad socio-política de nuestro presente. Y la bajada de línea… tampoco es tan extrema. The Hogs of Horder no es un panfleto trotskitsa, ni mucho menos. Simplemente nos señala cómo las prácticas del capitalismo salvaje se llevan a las patadas ya no con la solidaridad o la justicia, sino con valores más básicos como la supervivencia y el sentido común. Y además lo hace de modo muy gracioso, original y –por consiguiente- efectivo.
De la labor de Aragonés a nivel dibujo no hay mucho para decir. Estamos ante uno de los grandes maestros del dibujo humorístico a nivel global, que además es un narrador de la mega-San Puta. Puestos a criticarle algo, por ahí da para señalar que su estilo dejó de evolucionar hace 20 años. En el ´88-´89, dibujaba mil veces mejor que en el ´81-´82. Hoy no dibuja mejor que en los ´90, sino exactamente igual. Pero bueno, lo mismo le pasó a Fontanarrosa y a un montón más. Cuando producís cada mes la cantidad de páginas que produce Aragonés no debe ser fácil ponerte a buscar nuevas variantes y menos cuando alcanzaste un nivel tan alto. El colorista de Groo, el ya legendario Tom Luth, es el responsable de que toda esa verborragia visual que propone Aragonés cobre orden y se vea linda, prolija y fácil de entender incluso por los lectores menos curtidos en el estilo del maestro. Un capo, Luth.
A casi 30 años de su creación, lo que empezó como una parodia de Conan hoy sigue vigente y establecida como una serie en la que, sin arriar las banderas del humor, se puede hablar de temas ásperos y complejos. Hace añares que Groo es la obra cumbre de un genio del Noveno Arte, y esta saga de 2009 nos lo vuelve a confirmar. The Hogs of Horder vale cada kopin que te pidan por ella.