el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 1 de noviembre de 2019

OTRA VEZ NOVIEMBRE

Una vez más arranca un mes que me gusta mucho, no sólo por el clima, sino porque se me suelen acumular muchos eventos y casi todos me llevan de viaje por distintos lugares del país o el continente. Esta noche, sin ir más lejos, estoy con todas las ganas de salir, pero me tengo que ir a dormir temprano para estar mañana al mediodía en la Pergamino Comicon. Aprovecho, entonces, para postear las reseñas de los últimos libritos que leí.
Hace no mucho, el 11/06/19, me despedía del Moon Knight de Brian Wood y Greg Smallwood con la promesa de reencontrarme con el personaje y el dibujante en la etapa donde los guiones van a manos del siempre sorprendente Jeff Lemire. Y acá estoy, con este TPB de 2016 en el que el guionista canadiense le pega otra vuelta de tuerca, extrema, de altísimo impacto, al justiciero creado en los ´70 por Doug Moench. Si hasta acá guionistas como Brian Michael Bendis, Warren Ellis o el propio Wood venían coqueteando con la posibilidad de que a Moon Knight le faltaran un par de jugadores, Lemire lleva esa idea al carajo y más allá. En esta saga (coherentemente titulada “Lunatic”), Marc Spector no es un héroe, ni un justiciero urbano, ni nada. Es un demente internado en un manicomio, en el que además están… ¡los cuatro personajes secundarios más importantes de la etapa de Moench!
Son 100 páginas llenas de sacudones impredecibles, todo el tiempo sobre la delgada cornisa que separa la cordura de la demencia, con Khonshu dejando cáscaras de banana en la cornisa, como para que no falten oportunidades de ver a Moon Knight derrapar hacia el abismo. Lemire trabaja durísimo para que vos no le creas a nadie: ni a los buenos, ni a los malos, ni a los psiquiatras, ni a personajes que cambian de alineación más de una vez durante la saguita. Esto es rarísimo: un comic de acción, con piñas y persecuciones, con climas opresivos, agobiantes, pesadillas, alucinaciones, drogas, electroshocks y varias versiones contradictorias de los mismos hechos. La deconstrucción más bestial de un personaje clásico que recuerdo haber leído en mucho, mucho tiempo.
Y el dibujo de Greg Smallwood es devastador. Casi todo está dibujado en un estilo que combina la estética dura, potente, oscura de Sean Phillips y Shawn Martinbrough con la elegancia y la plasticidad de García López. Una gloria absoluta. Pero además, en los flashbacks y las secuencias oníricas el dibujante cambia el estilo y prueba con cosas loquísimas, entre ellas homenajes al trazo de Bill Sienkiewicz, el dibujante que hiciera levantar vuelo a Moon Knight a principios de los ´80. El color de Jordie Bellaire también es magnífico, y por suerte tengo un TPB más de estos mismos autores para leer pronto.
Allá por el 26/03/11, después de leer La Ciudad de los Puentes Obsoletos, me quedé a la espera de una nueva novela de Federico Pazos en la que –en una de esas- el autor lograra combinar su descomunal talento para el dibujo, el color y el armado de las secuencias con un guión fuerte, sólido, 100% convincente. Y esperé, y esperé, y esperé, y finalmente se publicó La Resaca y ¿con qué me encontré? Con otras 120 páginas dibujadas a un nivel inhumano, con cuatro estilos distintos, mil variantes brillantes en la puesta en página, un manejo del color demasiado perfecto para ser real, mucho, muchísimo más texto que en Los Puentes Obsoletos… y de nuevo, un guión que no me terminó de cerrar.
La Resaca tiene algunos momentos absolutamente geniales. Toda la secuencia del pirata y toda la del viejo mal llevado son páginas y páginas fascinantes, muy bien escritas, repletas de hallazgos en la narrativa. Todo el tiempo (en estas secuencias y en las otras) te preguntás ¿a dónde va todo esto?, ¿cómo enganchan las cuatro historias? ¿son realmente historias, o son larguísimas escenas de gente que habla o piensa? Y sí, todas esas escenas aparentemente inconexas, todos esos diálogos interminables (algunos muy graciosos, otros muy introspectivos) van hacia un lugar. Y no, no son exactamente historias. Son… situaciones, pongamoslé. Ni siquiera situaciones límite, de esas que los autores suelen usar para definir rápidamente a los personajes. Estos personajes se definen de a poco, haciendo y diciendo boludeces, cosas de todos los días… Filosofan, cuentan anécdotas, algunos casi no se mueven. Entonces entra en escena la magia de Pazos para imaginar metáforas visuales zarpadísimas, como para no dibujar 120 páginas de tipitos conversando. Y ahí es donde La Resaca te lleva puesto y te estrola contra la pared.
De nuevo, el guión me generó unos cuantos “peros”. Y de nuevo, todo el aspecto visual de la obra, desde la portada hasta la tipografía de los textos, me lleva a pensar que Fede Pazos es un Genio del Noveno Arte, un creador de climas, universos y personajes que no intersectan fácilmente ni con la aventura ni con los otros géneros clásicos, pero que te seducen, te incluyen, te emocionan y te dejan pensando. Demasiada belleza para 120 páginas, en serio.

Y nada más, por ahora. Ah, el miércoles a las 19hs voy a estar en la Casa de la Cultura de Vicente López, como moderador de un panel de guionistas. La entrada es gratis y los guionistas son capos, así que si están al pedo, vengan. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 11 de junio de 2019

MEDIODIA DE MARTES

Estos libritos los liquidé entre viernes y sábado, pero recién hoy tengo un rato para reseñarlos.
Empiezo con el Vol.3 de Oyasumi Punpun, del maestro Inio Asano. Lejos, el mejor de los tres tomos que leí hasta ahora. Al autor no le tiembla el pulso a la hora de dejar completamente de lado los elementos de misterio o de thriller para centrar el relato 100% en los vínculos afectivos entre los personajes. Y sí, todavía tenemos detalles limadísimos como el hecho de que Punpun y su familia estén dibujados como pajaritos-fantasmas, o esas contorsiones grotescas que Asano dibuja en los rostros de los adultos, o el famoso conjuro para que aparezca Dios y los diálogos entre los humanos y el susodicho. Pero este tercer tomo se abraza a un nivel de realismo donde el verosímil no se daña prácticamente nunca y donde las tramas que tienen que ver con los sentimientos ganan en profundidad.
En la primera mitad del tomo, Asano arma un clásico triángulo de amor bizarro, que se enriquece a medida que se fortalece el vínculo entre dos pibes que están enamorados de una misma minita. Todo esto contado de un modo casi tragicómico, pero absolutamente realista. Para la segunda mitad del tomo, Punpun prácticamente desaparece y Asano pone el foco en Yuichi, el tío del protagonista, que acá pasa de ser un secundario más a tener un rol destacadísimo, y a ser el personaje con el que claramente nos vamos a identificar los solteros mayores de 30 que entremos al mundo de Oyasumi Punpun. Este tramo centrado en Yuichi es brillante, es el lado B de la clásica comedia romántica de ambientación urbana, con unos flashbacks, unos diálogos y unos silencios absolutamente memorables. Ojalá en los próximos tomos tengamos siempre 100 páginas en las que todo pase por la vida sentimental del tío Yuichi.
En cuanto al dibujo, Asano y su legión de asistentes nos sepultan bajo un alud de talento, onda, poder de observación y capacidad para generar climas cautivantes. Realmente es obsceno lo bien dibujado que está Oyasumi Punpun. Prometo entrarle pronto al Vol.4 y felicito a Ivrea por haber completado la publicación de esta serie.
Me voy a EEUU, a 2015, cuando el gran Brian Wood se pone al hombro la serie de Moon Knight que habían lanzado nada menos que Warren Ellis y Declan Shalvey (ver reseña del 19/06/17). Wood forma equipo con Greg Smallwood (sí, es en serio, Wood y Smallwood) para seis numeritos que, para mi propia sorpresa, me gustaron más que los de Ellis y Shalvey. El dibujo de Smallwood, si bien no es tan original como el de Shalvey, está buenísimo, con mucho riesgo y muchos aciertos en materia de planificación del relato gráfico y un ensamblaje muy logrado con la paleta de la siempre eficaz Jordie Bellaire. Creo que nunca había leído historietas de Greg Smallwood, pero lo que despliega en Moon Knight me alcanzó para hacerme fan.
De Brian Wood (como puede dar fe cualquiera que siga hace un tiempo este blog) ya era fan desde hace mil años, así que no me sorprendió para nada la cancha con la que el maestro toma los nuevos conceptos que introdujo Ellis en el TPB anterior y los eleva un par de escalones más. El primer episodio da la sensación de ser un unitario, cuando leés el segundo notás que hay algo más, algo que avanza por atrás de la trama central sin resolverse, y cuando te querés dar cuenta, Wood te atrapó en las redes de un arco argumental extenso, complejo, repleto de sorpresas impactantes y dilemas morales espesos. Lo único que no tiene este tramo es desarrollo de personajes secundarios. El resto está y es impecable, pero sobre todo atípico. Tan atípico que en la resolución final del conflicto (perdón por no dar muchos detalles) casi no hay lugar para la violencia.
Gran saguita de Moon Knight, muy autoconclusiva, muy recomendable incluso para el lector que no suele visitar el Universo Marvel, porque Wood la ambienta en una New York rara, en la que a nadie se le ocurre siquiera mencionar a otros superhéroes, como si se tratara de un comic de otra editorial, de un título creator-owned de Image o Dark Horse. A la serie le queda un sólo TPB más, en el que el personaje pasa a manos de Cullen Bunn, así que yo cuelgo acá. Y eventualmente le entraré a la serie que arrancó en 2016, de nuevo con Smallwood como dibujante, pero ahora con Jeff Lemire (otro fetiche de este blog) al frente de los guiones.

Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.