el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 28 de marzo de 2014

28/ 03: ABSURDUS DELIRIUM

Esta es otra de esas “reseñas redundantes” en las que me toca hablar de material ya reseñado anteriormente en el blog, simplemente porque lo conseguí en una edición más copada. Los memoriosos recordarán que Absurdus Delirium fue objeto de una reseña allá por el 02/06/10, y aquella vez todo se centraba en las... 60 páginas que traía el librito editado a principios de los ´90 por Complot. Libro hermoso (y difícil de conseguir!), pero que parece un papel de diario viejo -apenas apto para envolver las papas- cuando se lo compara con la edición de Glénat de 2004. Acá está TODO Absurdus Delirium, en un mega-broli de más de 200 páginas, con tapa dura, un pliego a color, formato grandote... casi un mueble, más que un libro. Y encima hasta hace unos meses estaba en oferta en algunas comiquerías argentas (lo que me hace suponer que en España fue saldado) y se conseguía a un precio realmente ridículo. Así que hice de tripas corazón y le regalé a un amigo mi preciado albumcito de Complot para volcarme por este lujoso mamotreto.
Acá tenemos en un sólo tomo la obra completa con la que se consagraron los hermanos Tha y Joan Tharrats. No sólo lo que publicaron en Cairo, también la etapa en El Jueves y la última, en la revista francesa Fluide Glacial. En total, el libro abarca páginas realizadas a lo largo de 20 años, entre 1981 y 2001. Y subrayo lo de “páginas”, porque la gran mayoría de estas historietas (sobre todo a partir de la llegada a El Jueves) tienen una sola página. Son ideas muy locas, muy ingeniosas, con mucho filo, plasmadas en muy pocas viñetas, que casi siempre desembocan en un remate humorístico, pero que a menudo tienen muy buenos chistes en el primer o segundo cuadro: no hace falta llegar al final para que los Tharrats nos roben una sonrisa. Y a veces se trata de ideas que podrían resolverse en una única viñeta, a la que los hermanos “estiran” un toque para darle forma de breve historieta.
La verdad es que, con el correr de los años, la serie amplió enormemente su abanico de recursos humorísticos y ya para el final, todo vale a la hora de sorprender al lector. Me quedé estupefacto con una idea magnífica, desarrollada en cuatro viñetas: un coronel se retira y, en vez de organizarle un partido de despedida como a los deportistas, le organizan una guerra para homenajearlo. Hay que ser muy cruel para que se te ocurra eso pero, sinceramente, me causó muchísima gracia. Como dije la vez pasada, más allá de cuánta gracia te pueda causar cada historia, es importante subrayar que todas parten de una observación muy aguda y hasta despiadada de la realidad. Los protagonistas son casi siempre gente común, mediocre, sin ningún rasgo llamativo hasta que llega ese quiebre en el que pintan el absurdo o el delirio y la cosa cobra otro color.
En la faz gráfica (que, inmenso mérito de los hermanos, es casi imposible disociar de las ideas y los diálogos) vemos cómo Tha explora nuevos horizontes con un éxito enorme. En las primeras páginas (las que vimos la vez pasada), todo era plumín y carbonilla. En los años posteriores, el dibujante empieza a meter grises con aguadas (furiosas, recontra expresivas) y texturas más locas, sin renunciar nunca a esos cross-hatchings electrizantes de la primera etapa. El laburo de grises es tan impresionante que, si la estética fuera un toque más dark o más grotesca, estaríamos hablando de las muchas similitudes entre Absurdus Delirium y el Perramus de Alberto Breccia. En las páginas a color, Tha mete acuarelas a lo pavote, con esa misma técnica cuasi-salvaje con la que antes incorporaba los grisados. El resultado es de una belleza plástica difícil de describir. Lo más loco es cómo un tipo que parece dibujar tan suelto, con trazos tan fluídos, tan libres, logra captar con tanta precisión los detalles en los edificios, trenes, indumentaria, personas y animales. Creo que sólo a Bill Sienkiewicz le sale tan bien ese combo. Sin dudas, Tha es un dibujante a estudiar en detalle, digno de ser puesto en un pedestal al que pueden aspirar sólo unos pocos.
Y no hay más Absurdus Delirium. Por suerte, este librazo tiene TODO y no es para nada inconseguible. Nunca es tarde para descubrir el laburo descomunal de los talentosos Tharrats, en parte porque son historias que no pasan de moda, que trascienden a su coyuntura y tienen todo para impactar incluso al lector exigente de hoy.

miércoles, 2 de junio de 2010

02/ 06: ABSURDUS DELIRIUM


Vamos con otra rareza de los ´80. Absurdus Delirium es una serie de historietas sin ninguna conexión entre sí, realizada por Josep Tharrats, más conocido como Tha, y su hermano y guionista Joan Tharrats, que en los ´80 se hacía llamar Bigart. La serie empezó en la revista Cairo en 1982, un par de años después recaló en El Jueves (un medio mucho más afín a la propuesta de los hermanos Tharrats) y de ahí saltó a la fama mundial, cuando se empezó a publicar también en la revista francesa Fluide Glacial.
Como su nombre lo indica, Absurdus Delirium se trata de jugar con el absurdo y el delirio. Excepto por un par de historietas, todas son secuencias breves, de una o dos páginas, donde –en unas pocas viñetas- Tha y Bigart plantean una historia a partir de una ambientación realista y costumbrista y se permiten inyectarle una dosis de surrealidad para que esta despegue hacia un delirio, o hacia un remate cómico. Muchas veces el “chiste” está en lo que se nos muestra: un súbito cambio de enfoque por parte del dibujante revela de pronto un detalle de alguno de los personajes se nos ocultó hasta el final y que le da sentido y gracia a la historieta. O sea que además del esfuerzo por plantear y rematar una historia en pocas viñetas, está el esfuerzo de sorprender también mediante trucos narrativos.
La mejor historieta es, además, la más extensa: siete páginas en las que seguimos a José Alberto en un delirio místico que lo lleva a creerse Dios, y además en su relación con su esposa Esther y su amigo y psicólogo Andrés, que además tienen una historia entre ellos. Acá es donde se ve más clara la influencia del realismo mágico: ya no todo apunta al absurdo, o al efecto cómico, sino que también se explora la veta dramática del elemento fantástico o sobrenatural que ofrece la trama. De hecho, esta historieta NO es graciosa, sino en un punto perturbadora.
Pero también hay grandes ideas muy bien ejecutadas en las historias de una o dos páginas. Algunas ni siquiera rozan el tema de la locura o el delirio, sino que se vuelcan por un humor absurdo, con planteos que recuerdan a lo mejor de los Monty Phyton, aunque a veces con un poquito más de mala leche. Más allá de cuánta gracia te pueda causar cada historia, es importante subrayar que todas parten de una observación muy aguda y hasta despiadada de la realidad. Los protagonistas son casi siempre gente común, mediocre, sin ningún rasgo llamativo hasta que llega ese quiebre en el que pintan el absurdo o el delirio y la cosa cobra otro color.
Un color imaginario, claro, porque en esta primera etapa las historietas están dibujadas en un magnífico blanco y negro. Tha la rompe con el plumín y la carbonilla. Tiene unos cross-hatchings en los fondos que te electrizan la piel, y una soltura en el trazo que parece una cruza entre Oswal y Carlos Giménez (mirá a qué nivel lo estoy poniendo). También cositas de Fred y de Jean-Claude Mézieres, dos ídolos del público francés (lo cual explica en parte la excelente repercusión de la serie en el país galo) y bastantes rasgos en común con otro de los genios cuasi-ocultos de esa generación de historietistas españoles, el alucinante Alfonso López.
Por suerte, y gracias a la chapa que cobró esta serie en su paso por El Jueves y Fluide Glacial, cada tanto salen reediciones de este material que en su momento fue bastante eclipsado por otras obras más populares, pero que tiene todo para ser disfrutado de modo atemporal, más allá de las épocas y las modas. Los hermanos Tharrats rara vez figuran en el atlas de los grossos indiscutidos del comic de los ´80, pero el aporte para figurar lo hicieron, y está bueno que, aunque sea tarde, el público se los reconozca.