el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Tha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tha. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de septiembre de 2017

RESEÑAS PRE-VACACIONES

Sí, mañana es el día. Por fin me voy de vacaciones… obviamente a una ciudad donde este finde hay un mega-evento comiquero, pero donde me voy a quedar varios días más, a rascarme el higo como corresponde. Antes, dos reseñas.
Arranco con Momentos, un maravilloso recopilatorio de historias de una o dos páginas realizadas por los hermanos Tha y T.P Bigart entre 1980 y 1981 (plena transición democrática) para la revista española El Papus, una publicación absolutamente clave para entender aquellos años.
Allá por los albores del blog, un lejano 02/06/10, ya vimos un álbum de historias cortas de Josep y Joan Tharrats (que así se llaman los autores en el DNI) y por lo menos en lo que respecta al dibujo, no hay mucho para agregar. Este material es anterior a Absurdus Delirium, pero no se nota una mayor precariedad o inexperiencia en el trazo de Tha. Es evidente que esta bestia mostraba un talento realmente impresionante ya desde sus primeros trabajos profesionales. Lo más lindo es lo vigente que se mantiene, cómo pasan las décadas y estos dibujos conservan intacto su poder para inspirar, para emocionar y para impactar, incluso cuando están pensados para ser 100% funcionales a estos breves relatos.
Y si te gusta que el humor levante vuelo y que -además de hacerte reir- a veces te deje estupefacto por su nivel de delirio o de bizarreada, y a veces te deje pensando porque te baja una línea potente (con distintos grados de sutileza) y te invita a ver desde otra óptica aspectos de tu realidad… acá vas a encontrar un faro de referencia, un pico. En general, todo el comic humorístico de la transición democrática es rico en mensajes, en ampliación de horizontes… Pero en las páginas de Tha y Bigart me parece que es donde se encuentran los mejores momentos. Esto es magia en estado puro, de verdad.
Me vengo a Argentina, a 2016 (sí, ya estamos casi en Octubre y sigo leyendo libros de 2016), para reseñar el Vol.5 de Teatro en Viñetas, con otras dos obras clásicas del teatro argentino convertidas en historietas por Alejandro Farías.
La primera obra es Actores de Provincia, de Jorge Ricci. Acá el guionista forma equipo con Fabián Mezquita, que nos regala páginas llenas de plasticidad, dinamismo, excelentes expresiones faciales y un notable manejo del claroscuro. Es un trabajo raro, porque en general a Mezquita le encanta lucirse en los fondos, meterles muchos detalles, hacer que el lector los sienta muy reales. Y en Actores de Provincia casi no hay fondos, si no que pasa todo por los cuerpos, las caras, las luces y las sombras. La química entre Farías y Mezquita funciona a pleno y permite que esta meta-obra de teatro (que habla del mundo de los actores, los dramaturgos y las puestas teatrales) se convierta en una historieta muy entretenida.
Para la segunda obra teatral (Saverio el Cruel, nada menos que de Roberto Arlt), Farías trabaja con un autor al que no me imaginaba adaptando obras de teatro. Pedro Mancini, con su estilo más limpito, más despojado, más inexpresivo, más frío, más distante, logra que para la segunda página nos olvidemos por completo de que Saverio el Cruel alguna vez fue una obra de teatro. Enseguida te metés en el relato, como te metés en una historieta, y ahí te quedás hasta el final, atrapado en ese clima casi surrealista (a pesar de que los diálogos suenan bastante reales) que me remitió varias veces a las historietas de Jason. Si bien gráficamente es difícil emparentar al noruego con Mancini, hay algo en el ritmo del relato, en la inexpresividad de los rostros, en el estatismo de las figuras, en la escacez de decorados, que acerca este trabajo de Pedro a las obras de Jason. Lo mejor que hace Farías en este caso es desaparecer, hacerse invisible, trabajar para que no notemos que está ahí, para convencernos de que esta es una historieta de Mancini, ni siquiera una adaptación de un texto previo. Un verdadero hallazgo del prolífico autor oriundo de Bahía Blanca, que sigue acumulando logros en el difícil rubro de la transposición de historias a nuestro medio favorito.
Retomamos seguramente en algún momento del finde del 7 y 8 de Octubre. Banquen hasta entonces, que prometo volver con las pilas recargadas y las valijas repletas de comics.

viernes, 28 de marzo de 2014

28/ 03: ABSURDUS DELIRIUM

Esta es otra de esas “reseñas redundantes” en las que me toca hablar de material ya reseñado anteriormente en el blog, simplemente porque lo conseguí en una edición más copada. Los memoriosos recordarán que Absurdus Delirium fue objeto de una reseña allá por el 02/06/10, y aquella vez todo se centraba en las... 60 páginas que traía el librito editado a principios de los ´90 por Complot. Libro hermoso (y difícil de conseguir!), pero que parece un papel de diario viejo -apenas apto para envolver las papas- cuando se lo compara con la edición de Glénat de 2004. Acá está TODO Absurdus Delirium, en un mega-broli de más de 200 páginas, con tapa dura, un pliego a color, formato grandote... casi un mueble, más que un libro. Y encima hasta hace unos meses estaba en oferta en algunas comiquerías argentas (lo que me hace suponer que en España fue saldado) y se conseguía a un precio realmente ridículo. Así que hice de tripas corazón y le regalé a un amigo mi preciado albumcito de Complot para volcarme por este lujoso mamotreto.
Acá tenemos en un sólo tomo la obra completa con la que se consagraron los hermanos Tha y Joan Tharrats. No sólo lo que publicaron en Cairo, también la etapa en El Jueves y la última, en la revista francesa Fluide Glacial. En total, el libro abarca páginas realizadas a lo largo de 20 años, entre 1981 y 2001. Y subrayo lo de “páginas”, porque la gran mayoría de estas historietas (sobre todo a partir de la llegada a El Jueves) tienen una sola página. Son ideas muy locas, muy ingeniosas, con mucho filo, plasmadas en muy pocas viñetas, que casi siempre desembocan en un remate humorístico, pero que a menudo tienen muy buenos chistes en el primer o segundo cuadro: no hace falta llegar al final para que los Tharrats nos roben una sonrisa. Y a veces se trata de ideas que podrían resolverse en una única viñeta, a la que los hermanos “estiran” un toque para darle forma de breve historieta.
La verdad es que, con el correr de los años, la serie amplió enormemente su abanico de recursos humorísticos y ya para el final, todo vale a la hora de sorprender al lector. Me quedé estupefacto con una idea magnífica, desarrollada en cuatro viñetas: un coronel se retira y, en vez de organizarle un partido de despedida como a los deportistas, le organizan una guerra para homenajearlo. Hay que ser muy cruel para que se te ocurra eso pero, sinceramente, me causó muchísima gracia. Como dije la vez pasada, más allá de cuánta gracia te pueda causar cada historia, es importante subrayar que todas parten de una observación muy aguda y hasta despiadada de la realidad. Los protagonistas son casi siempre gente común, mediocre, sin ningún rasgo llamativo hasta que llega ese quiebre en el que pintan el absurdo o el delirio y la cosa cobra otro color.
En la faz gráfica (que, inmenso mérito de los hermanos, es casi imposible disociar de las ideas y los diálogos) vemos cómo Tha explora nuevos horizontes con un éxito enorme. En las primeras páginas (las que vimos la vez pasada), todo era plumín y carbonilla. En los años posteriores, el dibujante empieza a meter grises con aguadas (furiosas, recontra expresivas) y texturas más locas, sin renunciar nunca a esos cross-hatchings electrizantes de la primera etapa. El laburo de grises es tan impresionante que, si la estética fuera un toque más dark o más grotesca, estaríamos hablando de las muchas similitudes entre Absurdus Delirium y el Perramus de Alberto Breccia. En las páginas a color, Tha mete acuarelas a lo pavote, con esa misma técnica cuasi-salvaje con la que antes incorporaba los grisados. El resultado es de una belleza plástica difícil de describir. Lo más loco es cómo un tipo que parece dibujar tan suelto, con trazos tan fluídos, tan libres, logra captar con tanta precisión los detalles en los edificios, trenes, indumentaria, personas y animales. Creo que sólo a Bill Sienkiewicz le sale tan bien ese combo. Sin dudas, Tha es un dibujante a estudiar en detalle, digno de ser puesto en un pedestal al que pueden aspirar sólo unos pocos.
Y no hay más Absurdus Delirium. Por suerte, este librazo tiene TODO y no es para nada inconseguible. Nunca es tarde para descubrir el laburo descomunal de los talentosos Tharrats, en parte porque son historias que no pasan de moda, que trascienden a su coyuntura y tienen todo para impactar incluso al lector exigente de hoy.

miércoles, 2 de junio de 2010

02/ 06: ABSURDUS DELIRIUM


Vamos con otra rareza de los ´80. Absurdus Delirium es una serie de historietas sin ninguna conexión entre sí, realizada por Josep Tharrats, más conocido como Tha, y su hermano y guionista Joan Tharrats, que en los ´80 se hacía llamar Bigart. La serie empezó en la revista Cairo en 1982, un par de años después recaló en El Jueves (un medio mucho más afín a la propuesta de los hermanos Tharrats) y de ahí saltó a la fama mundial, cuando se empezó a publicar también en la revista francesa Fluide Glacial.
Como su nombre lo indica, Absurdus Delirium se trata de jugar con el absurdo y el delirio. Excepto por un par de historietas, todas son secuencias breves, de una o dos páginas, donde –en unas pocas viñetas- Tha y Bigart plantean una historia a partir de una ambientación realista y costumbrista y se permiten inyectarle una dosis de surrealidad para que esta despegue hacia un delirio, o hacia un remate cómico. Muchas veces el “chiste” está en lo que se nos muestra: un súbito cambio de enfoque por parte del dibujante revela de pronto un detalle de alguno de los personajes se nos ocultó hasta el final y que le da sentido y gracia a la historieta. O sea que además del esfuerzo por plantear y rematar una historia en pocas viñetas, está el esfuerzo de sorprender también mediante trucos narrativos.
La mejor historieta es, además, la más extensa: siete páginas en las que seguimos a José Alberto en un delirio místico que lo lleva a creerse Dios, y además en su relación con su esposa Esther y su amigo y psicólogo Andrés, que además tienen una historia entre ellos. Acá es donde se ve más clara la influencia del realismo mágico: ya no todo apunta al absurdo, o al efecto cómico, sino que también se explora la veta dramática del elemento fantástico o sobrenatural que ofrece la trama. De hecho, esta historieta NO es graciosa, sino en un punto perturbadora.
Pero también hay grandes ideas muy bien ejecutadas en las historias de una o dos páginas. Algunas ni siquiera rozan el tema de la locura o el delirio, sino que se vuelcan por un humor absurdo, con planteos que recuerdan a lo mejor de los Monty Phyton, aunque a veces con un poquito más de mala leche. Más allá de cuánta gracia te pueda causar cada historia, es importante subrayar que todas parten de una observación muy aguda y hasta despiadada de la realidad. Los protagonistas son casi siempre gente común, mediocre, sin ningún rasgo llamativo hasta que llega ese quiebre en el que pintan el absurdo o el delirio y la cosa cobra otro color.
Un color imaginario, claro, porque en esta primera etapa las historietas están dibujadas en un magnífico blanco y negro. Tha la rompe con el plumín y la carbonilla. Tiene unos cross-hatchings en los fondos que te electrizan la piel, y una soltura en el trazo que parece una cruza entre Oswal y Carlos Giménez (mirá a qué nivel lo estoy poniendo). También cositas de Fred y de Jean-Claude Mézieres, dos ídolos del público francés (lo cual explica en parte la excelente repercusión de la serie en el país galo) y bastantes rasgos en común con otro de los genios cuasi-ocultos de esa generación de historietistas españoles, el alucinante Alfonso López.
Por suerte, y gracias a la chapa que cobró esta serie en su paso por El Jueves y Fluide Glacial, cada tanto salen reediciones de este material que en su momento fue bastante eclipsado por otras obras más populares, pero que tiene todo para ser disfrutado de modo atemporal, más allá de las épocas y las modas. Los hermanos Tharrats rara vez figuran en el atlas de los grossos indiscutidos del comic de los ´80, pero el aporte para figurar lo hicieron, y está bueno que, aunque sea tarde, el público se los reconozca.