el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 27 de febrero de 2021

21 AL 28 DE FEBRERO

Dos meses, ya, de este año que pareciera que empezó anteayer. Y es hora de comentar el material que leí esta semana que fue predeciblemente poco, porque estoy hasta las manos con otras cosas, de las que seguramente hablaremos en unos días. Hoy tenemos reseñas cortitas, pero bueno, prometo compensar más adelante con textos más extensos. En 2017, cuando Netflix salió a robar con la serie de Iron Fist (que nunca vi, porque me dijeron que me iba a desgarrar el alma), Marvel consiguió que Kaare Andrews regresara al personaje, luego de aquellos intensos 12 episodios que dieron origen a los brolis reseñados acá el 16/10/17 y el 04/02/19. Esta vez el canadiense se encargó sólo de los guiones y el dibujo fue a las habilidosas manos de Afu Chan, que no sé si es varón o mujer, pero dibuja muy bien, con un estilo muy potente y muy personal. No me imagino a esta historia dibujada por el propio Andrews, porque el guion pide cosas que (sospecho) al canadiense no le debe gustar dibujar, como todas esas escenas de nenas de 14 años en la escuela secundaria. Por suerte Afu Chan resuelve todos esos segmentos con gran destreza, con diseños de personajes tan lindos como verosímiles, en esa línea rarísima para un comic de Marvel, que por ahí tiene más que ver con el material autobiográfico de Bob Fingerman, ponele. Y felizmente, a la hora de dibujar los combates de artes marciales y superpoderes a todo o nada, también cumple más que decorosamente. El guion de Andrews propone un ingenioso juego de inversión de roles. Hace muchos años, Daniel Rand era un nene cheto de New York que fue entrenado en K´un-Lun para convertirse en Iron Fist. Ahora Danny es el adulto que entrena a Pei, la nueva Iron Fist, y lo hace jugando de local, en su propia ciudad. Del contrapunto entre Danny y Pei deberían salir las escenas más ricas y más divertidas, pero finalmente estan surgen del choque cultural entre Pei y las otras nenas de la secundaria, para las que una chica de 14 años criada en una ciudad mística para convertirse en una guerrera perfecta, en un arma humana infalible, es un bicho completamente alienígena. Si Danny se sentía medio descolocado en K´un-Lun, el desconcierto que le produce a Pei la vida actual de los newyorkinos lo supera ampliamente. Por suerte las excusas que se le ocurren a Andrews para que Pei y Danny tengan que repartir piñas y patadas no están mal, y si bien sobran algunas peleas sumamente innecesarias, la trama se hace entretenida y llegás al final pensando “qué cagada que se terminó”. No sé si los guionistas posteriores se hicieron cargo de Pei y su preparación para ser la nueva Iron Fist, pero estas 120 páginas centradas en eso (sin ser una gema indispensable) están bastante bien.
Para festejar la nueva edición a todo color, volví a leer 78 Km/h, la saga escrita por Mauro Mantella y dibujada por Tomás Aira, cuya edición original (con grises en lugar de color) había leído unos… ¿15 años atrás, puede ser?. Puede ser, porque no acordaba una chota. Esta vez me gustó mucho el dibujo y el color de Aira: no parece que fuera uno de los primeros trabajos de este dibujante que en aquel entonces era realmente muy, muy pibe. Está bien la anatomía, bien las expresiones faclales, bien la puesta en página, muy sólida la narrativa, muy bien plasmadas en la página las sensaciones que transmiten los textos de Mantella… gran laburo, consistente y potente de punta a punta. El guion me gustó a medias. Me pareció muy atractiva la premisa, el mundo que nos describe Mantella, la situación acuciante en la que pone a los personajes, me gustaron bastante los diálogos y el desarrollo que recibe el protagonista… Lo que no me convenció es el conflicto en sí, la forma en que Mantella manipula la trama para que haya buenos, malos y combates a muerte entre ellos. No es una cagada, no está totalmente traída de los pelos, pero yo esperaba un poco más en ese rubro. Una motivación más interesante para el villano, no sé… Algo más, como para que la inevitable presencia de la aventura interesectara mejor con ese panorama tan extremo, tan rico y tan ganchero que describe el guionista en las primeras páginas. Pero bueno, tengo presente que este es un trabajo que ya tiene unos cuantos años y que hoy Mantella está mucho más curtido y afianzado en lo suyo. Probablemente no haya una horda de lectores que ponga a 78 Km/h allá arriba, al lado de El Hombre Primordial, pero entre los fans de la ciencia-ficción y la aventura, es una obra que no pasa papelones, ni hoy, ni hace 15 años cuando fue concebida por Mauro y Tomás. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

lunes, 4 de febrero de 2019

NOCHE DE LUNES

O trasnoche, en realidad, porque se me hizo tarde grabando un podcast con mis amigos de Tierra-X. Vamos rapidísimo con las reseñas de los últimos libritos que me bajé.
Desde un ya lejano 16/10/17 tenía colgada Iron Fist: The Living Weapon esa serie de 12 episodios recopilada en dos tomos. Por fin le pude entrar al Vol.2 y bueno, recomiendo repasar la reseña del Vol.1 porque coincido mucho con lo que escribí en aquella ocasión.
Esta es una aventura grandilocuente, estridente, hiper-pasada de rosca, en la que Kaare Andrews nos bombardea sin tregua con una sucesión interminable de peleas contra ninjas, androides, monjes, demonios y un largo etcétera. Y no sólo está todo dibujado como la hiper-concha de Dios (en un estilo a caballito entre Frank Miller y Fernando De Felipe), si no que además está todo perfectamente articulado con la larga historia previa de Iron Fist. Muchos elementos que me encontré hace poco en el Essential (ver reseña del 18/12/18) acá aparecen resignificados por Andrews, que nunca deja de nutrir a su epopeya con toques de continuidad tomados de distintos momentos de la historia de Danny Rand.
Y aunque la historia fuera infinitamente más básica y más cabeza de lo que ya es, igual habría que recomendar The Living Weapon sólo por lo que hace Andrews en materia de dibujo, color y narrativa. En esos rubros, acá tenemos una orgia, un bacanal, un canto a todo los excesos que están bien. Andrews llega a armar una sola viñeta repartida en SEIS PAGINAS, una séxtuple splash-page en la que vemos a Iron Fist destrozándole la cabeza a un villano de una ñapi. Son excentricidades rayanas en la demencia, de un autor que se anima a todo menos a pasar desapercibido.
Me encantó verlo a Andrews decido a hacer en este comic un montón de cosas que nunca habíamos visto en apectos como el tratamiento del color, las onomatopeyas, la puesta en página, la violencia a niveles desorbitados, la forma de mostrar las escenas oníricas y los flashbacks… Sin dudas este segundo TPB es lo mejor que leí de este autor, del cual ya me hice hardcore fan. Lo único flojo es un detalle del argumento del último episodio: la hija de Howard Meachum que busca vengar la muerte de su padre es una muy buena idea… que ya habia tenido Doug Moench en los ´70. El resto está muy bien y creo que cualquier fan de Iron Fist va a coincidir conmigo en que es lo mejor que le sucedió al personaje desde la etapa de Matt Fraction y Ed Brubaker.
Me vengo a 2018, cuando se publica en Argentina el nuevo trabajo de Nahuel Sagárnaga, el autor que la rompiera con ¡Corré, Wachín!. Ahora es el turno de Mirina (café y tortas robot), una combinación muy lograda entre aventura y comedia. Mirina es una androide poderosísima, con cuerpo de chica de unos 20 años, que lucha contra robots malignos y contra delincuentes en general. Pero además es camarera en una especie de Starbucks, tiene un grupito de amigos y trata (sin ningún éxito) de levantarse a las chicas que le gustan. De todo esto, incluso de la orientación sexual del personaje, Sagárnaga saca situaciones muy cómicas, que mantienen muy alto el nivel de la comedia. En los dos últimos episodios se suma como co-guionista Martín Renard, que hace gala de un oído para los diálogos afiladísimo, perfectamente sintonizado con el habla de los jóvenes de la Buenos Aires actual. O sea que si a este comic le sacáramos la machaca y las explosiones, igual sería divertidísimo de leer como una especie de Friends más actual y 100% porteño.
Pero además la faceta aventurera está muy bien trabajada, no es un relleno ni un fan service berreta, si no un muy buen intento de contar las andanzas de una chica superpoderosa insertada en nuestra realidad cotidiana. El dibujo de Sagárnaga es espectacular, al nivel de cualquier autor grosso de cualquier país. Y claro, se luciría muchísimo más en un formato más libre. Acá, encapsulado en tiras de tres o cuatro viñetas, el dibujo no termina de explotar nunca, no va nunca a la par de la estridencia y el impacto que proponen un montón de pasajes del guión. Me encantaría releer Mirina en otro formato, remontado como comic-book o como álbum europeo, con no más de seis o siete viñetas por página y con la posibilidad de que Sagárnaga se vaya al carajo en alguna splash-page, o en viñetas bien zarpadas, que subrayen y/o apuntalen lo grosso de los combates. Así se ve muy lindo todo, pero me parece que en otro formato se vería mucho mejor, más power.
Machaca, robots, explosiones, chistes, romance, rock, guiños a mangas y videojuegos, sexualidades alternativas y bares chetos donde un café de mierda vale una fortuna en un comic fresco, canchero, entrador, pensado para que sientas que estos personajes son amigos tuyos de toda la vida. Ojalá haya pronto nuevas aventuras de “la mujer lesbiónica”. O nuevas recopilaciones de las tiras de Wachín. O cualquier otra cosa que lleve la firma de Nahuel Sagárnaga, un autor clave para disfrutar la historieta argentina actual.

Gracias por estar ahí y nos reencontramos con nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog.  

martes, 18 de diciembre de 2018

ESSENTIAL IRON FIST

Otro viaje largo, otro Essential al buche.
Este maravilloso masacote de casi 600 páginas recupera todas las apariciones solistas de Iron Fist desde su debut en el nº15 de Marvel Premiere hasta el punto en que se forma la dupla con Power Man, en el nº50 de la revista de este último. En total son 31 episodios, una animalada.
Al principio, la serie de Iron Fist en Marvel Premiere es tan errática como cualquier otro comic de superhéroes publicado por Marvel a mediados de los ´70. En las primeras ocho apariciones meten mano cuatro guionistas y tres dibujantes, en un desfile bastante caótico. Sin embargo, esos ocho episodios iniciales narran en profundidad el origen de Iron Fist, delinean una misión, un sentido para el personaje y llegan a un final (en el nº 22, escrito por Tony Isabella) que bien podría haber sido definitivo. Si nunca más volvía a aparecer Daniel Rand después de ese cierre, estaba todo bien, nadie se podía sentir defraudado. Y además, los tres guionistas que suceden a Roy Thomas (autor de la primera aparición de Iron Fist) conservan el principal hallazgo del guionista inicial: los bloques de texto escritos en segunda persona, en los que el narrador omnisciente le habla no al lector, sino al propio Iron Fist. Un recurso narrativo de inmenso potencial y sumamente efectivo… que ya había puesto en práctica unos años antes nada menos que Héctor G. Oesterheld en las aventuras de Argón, uno de los personajes que le tocó escribir en su paso por Columba.
Lo cierto es que en el nº22 de Marvel Premiere la saga de Iron Fist no se terminó, sino que encontró a partir del número siguiente a quien sería su guionista definitivo, a cargo del personaje durante varios años: el maestro Chris Claremont, que en ese mismo momento la estaba rompiendo en X-Men. Los dos primeros episodios de Claremont son flojitos, poco trascendentes, pero a partir del tercero, justo cuando forma equipo por primera vez con un joven John Byrne, empieza a levantar vuelo, a tomar lo mejor que le dejaron los guionistas anteriores y combinarlo con ideas nuevas. Siempre habilidoso para escribir personajes femeninos, Claremont le da mucha bola a Coleen Wing y Misty Knight, reformula villanos tomados de otras series y de los back issues de Marvel Premiere y crea a algunos nuevos, entre ellos al celebérrimo Sabretooth. 
¿En qué falla Claremont, o por qué Iron Fist nunca levanta la temperatura que levantaron sus X-Men? Porque lo mantiene siempre a un nivel urbano, con alguna aventura más internacional, pero sin esa dimensión épica que –en sus mejores momentos- va a cobrar Danny Rand una vez formada la dupla con Luke Cage. Estas son aventuras de barrio, con fuerza dramática, con un héroe de apenas 19-20 años que tiene mucho que aprender y mucho que replantearse, pero sin mayores consecuencias y sin siquiera meterse en temas relevantes a nivel socio-político. Apenas hay una referencia no demasiado explícita a la guerrilla irlandesa en Inglaterra y no mucho más.
Los dibujantes anteriores a Byrne son el maestro Gil Kane (a un nivel demoledor), Larry Hama (por entonces asistente de Neal Adams, encima entintado por Dick Giordano, que también compartía estudio con Adams y colaboraba con él en varios proyectos), un muy tosco Arvell Jones y un Pat Broderick con mejores intenciones que resultados. Y después tenemos el privilegio de ver evolucionar episodio a episodio a John Byrne, quien -en las páginas de Iron Fist- pasará de dibujante primerizo recién llegado a las “ligas mayores” a monstruo legendario.
Al principio lo entinta un tal Al McWilliams, que lo achata, lo hace parecer un dibujante mucho más clásico, una especie de Russ Manning con menos onda. Le va a ir un poco mejor cuando lo entinte Frank Chiaramonte y va a llegar a su mejor momento al final de la serie de Iron Fist, cuando las tintas estén a cargo del veterano maestro Dan Adkins, al que le sobra oficio para tapar las ya poquísimas cagadas que se mandaba Byrne. En el número final de Iron Fist y en la trilogía que desemboca en la Power Man & Iron Fist nº50, el gran Dan Green se caga bastante en Byrne, lo tapa considerablemente al poner su sello personal. Pero nada te prepara para los dos numeritos de Marvel Team-Up, en los que Claremont cierra los plots que le quedan colgados cuando se cancela Iron Fist: acá a Byrne lo masacra ese asesino serial de dibujantes, ese verdadero criminal de la tinta llamado Dave Hunt. Incluso con los lápices del prócer anglo-canadiense, esas páginas precipitan la calidad gráfica del tomo al nivel del peor episodio de Arvell Jones (el que entinta otro muerto, Vince Colletta).
Si sos fan de Iron Fist, de las Daughters of the Dragon, de los Heroes for Hire, o de Chris Claremont, o de John Byrne, y querés conocer los inicios de estas leyendas, acá tenés muchas páginas muy disfrutables. En cambio, si lo que te atrae de Iron Fist es el costado de las artes marciales, la verdad que no, que acá le dan mínima bola a ese tema. Creo que sólo en los episodios de Doug Moench y Larry Hama se lo toman más o menos en serio. El resto, lo sarasea bastante.

Tengo sin leer material más reciente de Iron Fist, así que prometo reencontrarme con él en un futuro cercano. Gracias a todos los que se acercaron a saludar en la Colossus Com de Catamarca y volvemos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 16 de octubre de 2017

LUNES FERIADO

Ahora que liquidé el pilón de los libros argentinos publicados en 2016, tengo para leer algunas cositas más viejas, antes de arrancar con la ingente producción de 2017.
Taca tac salió en 2003 en Francia y en 2004 en España, en una edición majestuosa a cargo de Ivrea. El guionista es Andrés Goldestein (o Goldstein, según dónde mires), a quien no conocía, y el dibujante es un amigo/ídolo: Feliciano García Zecchin. No sé cómo le habrá ido en Francia, pero en España evidentemente el álbum no vendió bien y se convirtió en un clásico de las mesas de saldos (creo que lo pagué dos euros, contra los 22 del precio de tapa).
Ya desde la portada, estamos ante un comic muy raro. ¿Eso lo dibujó Feliciano? No se parece en NADA a sus otros trabajos. Acá el co-creador de 4 Segundos agarra para el lado de José Muñoz y el Viejo Breccia: apuesta a un pincel bien cargado de tinta, a crear climas con la mancha negra, a buscar una síntesis basada en el claroscuro extremo… excepto en algunas secuencias donde trabaja las tonalidades de gris con un lápiz apabullante, con el que logra unos efectos espectaculares de volúmen y de iluminación. La narrativa también es rarísima, la puesta en página, la fluctuación en el tamaño de las viñetas (de la doble splash page a las páginas de 16 mini-viñetitas), la decisión de no usar globos de diálogo, la decompresión total del relato… La verdad es que Taca tac es una obra gráficamente bellísima, pero en un punto pareciera que los autores se esforzaran para que sea difícil de leer.
La trama que urde Goldestein es interesante: básicamente cuenta la historia de un padre que reaparece en escena para buscar a su hija, en un país latinoamericano envuelto en un clima de violencia política. O sea que hay lazos familiares, intriga política y algo de margen para tiros y persecuciones. Pero esto último no está enfatizado. Goldestein mantiene hasta el final un tono mucho más cercano a la introspección y un ritmo parsimonioso, nunca derrapa hacia “una de acción”. Además narra con poquísimo texto y con muchísimo espacio para el lucimiento de Feliciano, lo cual explica por qué en casi 100 páginas Taca tac desarrolla un argumento que bien podría haberse contado en 16 páginas… o 20, siendo muy generosos.
Esto es, sin dudas, una rareza dentro de la historieta argentina, y la recomiendo sobre todo a los hardcore fans de Feliciano García Zecchin que quieran ver al ídolo explorando una estética que no tiene nada que ver con la de sus obras más populares.
Iron Fist: The Living Weapon Vol.1 recopila la primera mitad de la maxi-serie de 12 episodios que realizara íntegramente el canadiense Kaare Andrews allá por 2014-15. De nuevo, llama la atención lo descomprimido del relato, lo poco que llega a contar Andrews en estas primeras 120 páginas de historieta. Por supuesto que está todo jugado a la espectacularidad, al impacto de las peleas y las revelaciones shockeantes… y eso hace que uno se entretenga aunque pase poco. Y además hay bastante texto, desarrollo de personajes, un compromiso muy bienvenido con la mitología previa de Iron Fist… todo eso suma, le agrega espesor a una saga que, en una de esas (lo determinaré cuando lea la segunda mitad) resulta realmente importante para la historia del personaje.
Hasta acá, lo más lindo es la sensación de salvajada. Andrews tiene total control sobre esta historieta, y nos lo hace notar todo el tiempo. La estructura, los climas, el nivel de violencia, todo está exagerado por el autor para que nos demos cuenta de que él está ahí, poniendo su sello y arriesgando su chapa, de que esto no lo podría haber hecho ningún otro coñemu del mainstream yanki. O sea que si comprás la onda de Andrews, difícil no engancharte y alentarlo desde la tribuna.
A mí el dibujo de Andrews me fascina. Me encanta como afana/ actualiza al Frank Miller de los ´80 (el que nos gustaba a todos), cómo le mete cositas de John Romita Jr. y Fernando De Felipe, cómo trabaja el color (sí, Andrews se entinta y se colorea a sí mismo), cómo se zarpa en la puesta en página, cómo y dónde mete los bloques de texto y las onomatopeyas… Me doy cuenta de que no es un genio, ni un revolucionario que vino a dar vuelta como un guante la historia del comic, pero me copa esa cosa visceral, hiper-explosiva, por momentos manierista, por momentos al filo del grotesco, pero siempre sumamente efectiva. Y encima soy fan de Iron Fist, así que imaginate si habré quedado manija. Tengo comprado el Vol.2, espero leerlo durante el 2018.
Volvemos pronto con nuevas reseñas. Y nos vemos este miércoles y jueves en las Jornadas de Historieta en la Universidad de Palermo.

jueves, 23 de junio de 2016

23/06: POWER MAN AND IRON FIST ESSENTIAL Vol.2

Hoy, una reseña como las de antaño. Me tomé varios días para bajarme este masacote de 624 páginas que retoma la historia de los Héroes de Alquiler justo donde deja el tomo reseñado aquel lejano 12/10/10. Acá tenemos todos los números entre el 76 y el 100 de esta serie decididamente menor dentro de lo que es la producción de Marvel de la primera mitad de los ´80. Aún así, sin chances ni pretensiones de jugar en Primera, hay varias cosas para rescatar, más allá de mi cariño por Luke Cage y Daniel Rand, quienes seguramente cosecharán millones de nuevos fans ahora que son parte del Universo Marvel de Netflix.
En la reseña del Vol.1 yo postulaba que si esta serie tiene algo así como una “etapa clásica”, tendría que ser la que cuenta con Mary Jo Duffy en los guiones, Kerry Gammil en los lápices y Ricardo Villamonte en las tintas. De esa papa bastante fina, este libro nos ofrece cinco episodios, los últimos cinco, porque Gammil se despide en el n°79. Villamonte se va en el n°81 y Duffy en el 84. Las historias en sí no son gran cosa, son aventuras menores de justicieros urbanos que operan al “nivel de la calle”. Hay un crossover con Daredevil (que estaba en las gloriosas manos de Frank Miller y Klaus Janson) que busca traerle nuevos lectores a la serie y después, peleas menores contra matones y villanos de la B que no suman ni restan. Lo atractivo pasa por el desarrollo de personajes, que es algo en lo que Duffy no defrauda en lo más mínimo. La guionista le abre el juego a varios secundarios interesantes, entre los que se destacan Misty Knight, Colleen Wing, Bob Diamond, D.W., y un personaje que yo creía que había sido creado para las series de Netflix y sin embargo ahora me entero que aparece en los comics de Power Man desde los ´70: la doctora Claire Temple, interpretada en la pantalla chica por Rosario Dawson.
Seguimos adelante y cuando no le queda más remedio, el coordinador de la serie, el maestro Denny O´Neil, se hace cargo de los guiones. Poquitos números, apenas cinco, entre los cuales hay un excelente unitario en el que Luke y Danny se cruzan con Moon Knight, otro paladín de tercera línea que en esa época operaba en New York. Está bueno también eso, que los guionistas hagan tanto énfasis en la ciudad. Este es un comic bien urbano, donde los héroes rara vez salen de New York, y tantos los textos como los dibujos reflejan (y a veces satirizan) muchos detalles de lo que era la vida en la Gran Manzana de los ´80.
Pero estamos en el n°90 y de nuevo nos quedamos sin guionista. Es la hora de que haga su debut un pibe de las inferiores, un tal Kurt Busiek. Estos primeros números de Busiek no están mal, pero son comics del montón, no hay grandes ideas, no le pega sacudones grossos a ningún personaje y dedica cuatro números a avanzar a ritmo muy tranqui hasta el n°100, que es un poco más grandilocuente que lo que veníamos viendo.
En materia de dibujantes, una vez que se va el exquisito Kerry Gammil entra otro pibe con poca experiencia: Denys Cowan, al que vemos mejorar de a poco, y al que le tocan entintadores muy disímiles, desde un interesantísimo Carl Potts hasta verduleros impresentables que merecen prisión perpetua. Los últimos siete episodios del tomo los dibuja el veterano Ernie Chan, en un estilo que ya para 1982-83 se veía anticuado. A veces lo dejan entintarse a sí mismo, pero en varios episodios lo entinta otro pibe que hacía su debut en Primera: Mike Mignola. Al principio, el combo Chan-Mignola hace agua por todos lados, porque los estilos chocan groseramente. Para los… dos últimos números, ya hay una mejor comunión gráfica entre el filipino que la descosía en Conan y el futuro creador de Hellboy.
Y no hay más. La revista de Power Man & Iron Fist llegó hasta el n°125 y esos 25 episodios finales no están recopilados en libro. La verdad que los Essentials no me dejaron tan cebado como para ponerme a juntar las revistitas. Pero después de Busiek toma los guiones Christopher Priest (cuando todavía se llamaba Jim Owsley) y eso es un gran punto a favor, así que quién te dice…

martes, 12 de octubre de 2010

12/ 10: ESSENTIAL POWER MAN AND IRON FIST Vol.1


Bienvenidos a otro Essential que de esencial tiene bastante poco. Parece que no, pero en la segunda Era de Oro de Marvel (1980-85) también había títulos flojos, algo que queda bastante claro al leer Power Man & Iron Fist, que no era una serie exactamente chota, pero sí bastante tercerona respecto de las glorias que nos dio Marvel en la Era Shooter.
De todos modos, la segunda mitad del Essential, la que arranca en 1980, es la más digna. Acá es donde vemos lo más parecido a una “etapa clásica” que puede mostrar esta serie, con Mary Jo Duffy en guiones, Kerry Gammil en lápices, Ricardo Villamonte en tintas y portadas de Frank Miller. Lo anterior, realmente es impresentable, principalmente porque no tiene dirección, nadie sabe a dónde va la serie. Por supuesto, tampoco ayuda la incesante rotación de autores. Por PM&IF pasan un montón de guionistas y dibujantes que apenas se esfuerzan por llenar unas poquitas páginas (porque era una serie bimestral y a veces tenía sólo 17 páginas de historieta por número) sin comprometerse en lo más mínimo. Tan frenética e impredecible es la rotación de artistas, que hasta llega a dibujar un par de números Lee Elias, veterano dibujante autor de muchísimas aventuras de Aquaman de la década del ’50.
Por suerte, el que más dibuja es Kerry Gammil, dignísimo dibujante, mezcla de John Byrne y John Buscema, al que casi siempre le ponen buenos entintadores. También hay un par de numeritos en los que vemos al siempre interesante Trevor Von Eeden, pero con un desempeño irregular, que incluye tiradas a chanta y grandes momentos en dosis similares. El resto de los dibujantes (el ya mencionado Byrne, Mike Zeck, Alan Weiss, etc.) o vinieron directamente a chorear, o se encontraron con horrendos entintadores que les estropearon los trabajos.
La trama general (cuando la hay) es más bien anodina. Se supone que esta es una serie urbana, callejera, y por ende más “realista”. Bueno, no tanto. Hay narcotraficantes, gangsters, espías y menos villanos disfrazados que en otras series, pero casi no hay énfasis en la temática social. No hay dilemas morales, no se toca el tema racial, ni de la pobreza… ni siquiera le sacan jugo al marco histórico, ya que esto sucede en New York y arranca en 1978, cuando empieza la reconstrucción luego de que la ciudad se convirtiera en un infierno, con la bancarrota fiscal, los incendios, la ola delictiva, el estallido del porno y la prostitución y el asesino serial conocido como “el hijo de Sam”, todos eventos que sacudieron (y devastaron) a la Gran Manzana en 1977. No sé si les daba paja explicar lo que sucedió, o si daban por sentado que todo el mundo conocía la situación por la que pasó New York en ese entonces.
La química entre los personajes (el bruto, pobre e impulsivo Luke Cage y el más espiritual, disciplinado y potentado Daniel Rand) empieza a funcionar también a partir de que Jo Duffy acumula varios episodios consecutivos al frente de la serie. Se nota el esfuerzo de la autora por lograr que los personajes empalicen entre sí, y con los secundarios, que vinieron heredados en su mayoría de la serie de Iron Fist. De la de Power Man debe haber sido muuuuy jodido rescatar personajes, villanos o conceptos copados, porque realmente era una serie desgarradoramente chota, que no se entiende cómo duró 50 números. Pero de Iron Fist se puede reciclar bastante más, a tal punto que la mejor saguita del Essential es la última, la que transcurre en K’un Lun y se mete a fondo con el trasfondo de Danny Rand.
Hoy, que tanto Fist como Cage tienen bastante chapa en el Universo Marvel, no está mal revisitar estas viejas historias, pero más por curiosidad arqueológica que por placer, porque ni siquiera el cariño a los personajes las eleva al rango de indispensables.

miércoles, 17 de marzo de 2010

17/ 03: IMMORTAL IRON FIST Vol.2


Hasta que lo agarraron Ed Brubaker y Matt Fraction en 2006, Iron Fist era un personaje decididamente menor, con una hinchada chiquita pero fiel y las suficientes limitaciones como para que eso fuera así, forever. Pero los muchachos le encontraron una vuelta muy piola, que fue convertir a Danny Rand en un legacy hero, como The Phantom, o decenas de héroes de DC. Así, Danny dejó de ser Iron Fist y pasó a ser el Iron Fist de la época actual, lo cual habilitó una catarata de revelaciones shockeantes acerca de los antecesores de Danny y de los sacudones que le pegó cada uno de ellos al status quo de la legendaria ciudad mística de K’un Lun. Con esto, el maestro Brubaker y el pulpo Fraction llenaron un muy lindo primer arco, donde además conocimos a David Ajá, un dibujante español de trazo oscuro, adusto, militante de la anti- grandilocuencia y con gran manejo de los climas.
El segundo arco arranca con otra revelación escalofriante: K’un Lun es una de las siete ciudades capitales del Cielo. Una vez cada 88 años, las siete ciudades se intersectan en el plano místico para formar una única ciudad. Entre distintos festejos, se celebra un Torneo de Artes Marciales donde los campeones de las siete ciudades se enfrentan entre sí. “La puta madre –dije yo- En el tomo anterior me convirtieron a Iron Fist en un comic de DC y ahora me lo quieren convertir en Dragon Ball!”. Encima los luchadores tiran golpes especiales… con nombres, como los de los Caballeros del Zodíaco! Por suerte, el torneo no es lo fundamental, sino que sirve apenas para presentarnos a las Armas Inmortales, los campeones de las siete ciudades, a los que Brubaker y Fraction tendrán la gentileza de dejar sueltos por el Universo Marvel al final de este tomo (y de su etapa en la serie, que también termina acá), como para que otros autores los puedan volver a usar.
Los plots centrales son básicamente dos: un plan de HYDRA para hacer mierda a las siete ciudades de un saque, y una runfla política que termina en revolución y que va a cambiar para siempre la relación entre los distintos Iron Fist y la ciudad de K’un Lun. En el medio encaja un Annual (con majestuosos dibujos de Howard Chaykin y Dan Brereton) en el que Danny se escapa de los festejos para viajar a Francia, donde conseguirá más data sobre los Iron Fist anteriores y sobre las otras Armas Inmortales, e intercalado con la saga central, tenemos un extenso flashback a la juventud (y entrenamiento) de Wendell Rand, el padre de Danny.
Las dos líneas argumentales son lo suficientemente ambiciosas como para que los autores metan no menos de seis personajes nuevos, no menos de tres villanos a los que Danny ya había enfrentado antes, y de colados en la fiesta, el elenco completo de la clásica Power Man & Iron Fist: Luke Cage, Misty Knight y Coleen Wing. Y como si esto fuera poco, todo se resuelve coherentemente, sin soluciones mágicas ni finales precipitados. Sumémosle algunos diálogos muy ingeniosos, y vamos a tener algo que no es una obra maestra, pero sí está muy por encima de la bóñiga por kilo con la que se suelen llenar hoy en día las series mensuales de Marvel y DC.
El capricho pelotudo de pre-publicar esta saga en formato de revista mensual es el responsable de que una porción considerable del tomo no cuente con los dibujos de Ajá, sistemáticamente reemplazado por una amplia rotación de suplentes (algunos muy buenos, como Javier Pulido). Artes marciales, intrigas palaciegas, batallas multitudinarias a todo o nada, personajes carismáticos, malos infinitamente turros y legados teñidos de misterio se combinan en estas 236 páginas para darle un cierre memorable al paso de Brubaker por la vida de Iron Fist. Fraction se quedará un par de episodios más y luego la serie decaerá en manos de otros autores hasta desaparecer a mediados de 2009. Pero este tomo y el anterior quedan, y quedan allá arriba, entre las sagas que vale la pena releer varias veces.