el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 22 de febrero de 2024

DOS ES MEJOR QUE NADA

Cuatro días sin postear y hacerlo con reseñas de sólo dos libros me deja gusto a poco, pero es lo que se pudo. Empiezo en Japón, año 2018, cuando se publica Short Stories, una antología de historias cortas de Inio Asano, que Ivrea nos trajo a nuestro mercado en una muy linda edición. Acá hay historias muy raras, casi siempre basadas en los vínculos entre las personas, aunque en general Asano se las ingenia para hablar de algo más, para tirar algún palito referido a la sociedad japonesa, su dinámica laboral, las profundas diferencias entre las grandes ciudades y los pueblos periféricos y demás. Algunas de las historias son más crípticas (está bien, parte de la gracia de las historias cortas es que sirven para que los autores experimenten), otras son totalmente irónicas y otras son excelentes relatos con principio, desarrollo y fin, que alcanzan una gran profundidad en una cantidad relativamente pequeña de páginas. Los experimentos más raros son los de la trilogía de El Hombre Gentil (una historieta a la que Asano le cambia dos veces los textos, no los dibujos, para convertirla en tres relatos distintos) y la última del tomo, Kinoko Takenoko, donde vemos al autor dejar de lado todas las técnicas de grisado que maneja a la perfección y bancársela de punta a punta solo con el trazo negro sobre el espacio blanco. Acá despuntan momentos inéditos en la bibliografía de Asano, viñetas donde su estilo parece cruzarse con los de mangakas de estética más sobrecargada, tipo Hideshi Hino, Suehiro Maruo o Junji Ito, pero también hay chispazos de Nobuaki Minegishi, y hasta de Yoshiharu Tsuge. Posta, le sacás los grises a Asano y se convierte en un dibujante muy, muy extraño. Pero todo es gilada prescindible frente a las 54 páginas de Tempest, en las que Asano realmente sacude al lector, lo estremece, lo caga a cachetazos. Esto que aparece mezclado entre historias cortas de distinta calidad, podría ser tranquilamente una novela gráfica que se venda por sí sola, y que rompa todo por su contenido. No sólo el dibujo encuentra a Asano en un nivel formidable (con grises y con una variedad de recursos gráficos demoledora) sino que la temática que aborda es tremendamente incómoda y conmovedora a la vez: los ancianos. ¿Qué hacemos con estos miles y miles de ancianos y ancianas que ya no trabajan, casi no consumen y requieren una cantidad brutal de recursos por parte del Estado y/o de sus familias para seguir vivos cada vez por más tiempo? Esta es una problemática jodida en Japón, donde la gente cada vez tiene menos hijos y la vida de los ancianos se alarga cada vez más. Asano le entra al tema con los tapones de punta, con un toque de ciencia ficción tan cercano, tan probable y tan verosímil, que te pone los pelos de punta. El resultado es una obra maestra, que justifica por sí sola la compra del tomo. A todos nos copa leer al autor cuando escribe historias limadas, o boludeces de "jóvenes a la deriva" que charlan, se histeriquean o se deprimen porque sus vidas son una garcha... pero Tempest tiene el sabor de lo urgente, de lo realmente relevante, de un problema que sin dudas los japoneses tienen que poner sobre la mesa y resolver cuanto antes... en lo posible no del modo en que se resuelve en la historieta de Asano. No me imaginaba, de verdad, que me iba a encontrar con una historia tan potente, tan estremecedora. La lectura de Tempest me dejó muy mal, pero me hizo muy feliz.
Me voy a Francia, a leer el libro más esperado del 2023, porque Astérix no sólo llegaba a su 40º álbum, sino que además estrenaba guionista, nada menos que Fabcaro, un célebre escritor de literatura y comics, también muy conocido como músico. No tengo idea de por qué no continuó Jean-Yves Ferri al frente de los guiones, pero el debut de Fabcaro revela que (al igual que su antecesor) tiene muy estudiados los álbumes clásicos, los de René Goscinny. L´Iris Blanc tiene muchos elementos de El Adivino y algunos de La Cizaña, además de retomar una punta argumental de Los Laureles del César y otra que se venía desarrollando en los álbumes de Ferri, que tiene que ver con el matrimonio entre Abraracurcix y Bonemine. Es un álbum raro, por dos motivos: primero por el rol tan importante que tiene Bonemine (nunca antes se le había dado tanto espacio al personaje) y segundo porque rompe la regla fundamental de la serie: se supone que un álbum transcurre en la aldea y el siguiente narra un viaje de Astérix y Obélix fuera de la misma... Bueno, esta vez tocaba un álbum ambientado en la aldea, pero para la página 25 traiciona la tradición y nos lleva de viaje una vez más... no a países muy lejanos, pero fuera del ámbito donde los galos irreductibles juegan de local. ¿Está bueno? Sí, es entretenido, hay momentos graciosos, momentos satíricos con sana mala leche, hay una aventura no tan enfatizada, hay algo que altera la dinámica de la aldea gala (que es lo que a mí en general me resulta más atractivo) y hay desarrollo de personajes, que es algo poco frecuente en la serie. Obviamente está muy lejos de los mejores álbumes, tanto de Goscinny como de Ferri, pero como primer intento por parte de Fabcaro, lo banco. Al igual que Ferri, me parece que Fabcaro está para más, en el sentido de que se le ocurren ideas que, para ser aprovechadas en toda su dimensión, requieren más páginas que las 44 reglamentarias. Por ahí, entre tantos rubicones que vienen cruzando en los últimos años las aventuras de Astérix, también empieza a ser hora de descartar esa limitación tan estricta y permitirle a los autores desarrollar los argumentos en más páginas. Y además más páginas significaría más dibujos de Didier Conrad, que está prendido fuego. Como ya vimos en álbumes anteriores, el ex asistente de Uderzo está dedicido a desandar el camino de su maestro y llevar a los personajes a como se veían en la segunda mitad de los años ´60, es decir, revertir esa estilización que le metió Uderzo a su trazo alrededor de Astérix y los Normandos. L´Iris Blanc va para ese lado. Vicevertus y Julio César están dibujados en una onda más cercana al Uderzo de los ´90 y 2000, pero el resto de los personajes se acerca más al aspecto que tenían en la época de Astérix y Cleopatra, o El Combate de los Jefes. Esta vez Conrad tiene la posibilidad de dibujar varias viñetas grandes, que ocupan media página, pero cuando no la tiene también la rompe toda al acomodar en viñetas chiquitas una cantidad imposible de elementos sin saturar ni agobiar al lector. Esa magia que identificamos con George Pérez, pero en un registro gráfico totalmente distinto. Sospecho que la edición argentina de L´Iris Blanc saldrá en Abril para la Feria del Libro, y bueno, vale la pena darle una oportunidad. Yo tuve la suerte (por primera vez en más de 40 años de fanático de Astérix) de comprar el álbum en francés y el día que salió, porque justo estaba en Burdeos. Una emoción infinita, rayana en la demencia. Y ahora a esperar hasta Octubre de 2025 a ver con qué nos sorprenden Fabcaro y Conrad en el siguiente álbum. Nada más, por hoy. Trataremos de que haya nuevas reseñas lo antes posible, acá en el blog. Y el miércoles 28 a las 22:30, están tod@s invitad@s a sintonizar el canal de YouTube de Comiqueando y acompañarme en vivo en una nueva emisión de Agenda Abierta. Nos vemos.

domingo, 1 de mayo de 2022

AVENTURAS + HUMOR = MAGIA

Qué garcha que el 1º de Mayo caiga domingo... Uno de los feriados más feriados, justo se festeja un día que ya de por sí es feriado. En fin, vamos a las reseñas. Empezamos en EEUU, año 2016, cuando Image publica el segundo recopilatorio de I Hate Fairyland, la maravillosa creación de Skottie Young. La reseña del Vol.1 estuvo acá el 16/03/20 y es un tsunami de elogios para con esta historieta... que me veo obligado a repetir en esta ocasión, porque la verdad que Young no baja un milímetro la vara y nos ofrece, una vez más, cinco episodios de una calidad superlativa, desbordantes de aventuras disparatadas, humor grosero, violencia desmedida y una mala leche quintaesencial. Hay un episodio (el nº8) en el que Young dibuja poquitas páginas, pero lo reemplaza Jeffrey "Chamba" Cruz, y no solo este muchacho hace un trabajo exquisito, sino que además el guion propone una excusa más que lógica para que la estética de la serie cambie radicalmente a lo largo de esas páginas. Si Skottie Young es grosso cuando le dicen lo que tiene que dibujar, descontrolado es un prodigio del Noveno Arte. Los diálogos son geniales, la acción no para un minuto, la narrativa es perfecta, el color de Jean-François Beaulieu es de una belleza inverosímil, y cada vez que aparece un personaje nuevo, Young se sube la apuesta a sí mismo con unos diseños gloriosos, con criaturas de una expresividad y una onda que pocos autores de historietas pueden plasmar en un papel. I Hate Fairyland es un comic en el que puede pasar literalmente cualquier cosa, un torbellino de creatividad, furia y talento que te vuelve loco a fuerza de impactos uno más tremendo que el otro. No me canso de recomendarlo. Y sí, confieso que me hubiese gustado que la historia de Gertrude en Fairyland se terminara en este segundo tomo, porque tengo miedo de que se estire innecesariamente y el chiste pierda la gracia. Pero le tengo fe a Young, no creo que pierda la brújula a mitad de camino. Y además, el hecho de que la serie tenga por lo menos dos tomos más dibujados por este asesino serial me parece motivo suficiente para festejar en vez de putear o fruncir el ceño. No tengo los tomos posteriores, pero ni bien los consiga, volveremos a visitar Fairyland de la mano de Skottie Young.
Nos vamos a Francia, año 2021, para leer (traducido al castellano por una editorial argentina) Astérix y el Grifo, la más reciente entrega de esta serie, y el álbum más vendido en Francia (y algunos países más) el año pasado. A mí, en general, me gustan más las aventuras de Astérix en la aldea que aquellas en las que un puñado de galos emprenden viajes a tierras lejanas. Y la verdad que los dos álbumes de la dupla hoy a cargo de la serie (Jean-Yves Ferri y Didier Conrad) que narran aventuras lejos de la aldea, son tirando a flojos. No horribles como la mayoría de los álbumes de Uderzo "solista", pero bastante poco convincentes. Esta vez, Ferri y Conrad aplastaron mis prejuicios contra las aventuras "de viajes", con un álbum realmente muy, muy bueno. Y muy raro. Los autores se toman MUY a pecho el tema de "nos toca desarrollar una aventura fuera de la aldea": en todo el álbum hay UNA SOLA viñeta ambientada en la aldea, que es justamente la última. O sea que los únicos galos que llegan a meter un bocadillo de diálogo son los tres que participan del viaje: Astérix, Obélix y Panoramix que, pobre, tiene un rol bastante menor. Pero este no es el único salto al vacío: acá por primera vez el barco de los piratas NO es atacado, también por primera vez Idefix tiene un rol destacadísimo en la resolución del conflicto, por primera vez NO vemos el viaje, sino que la acción empieza cuando los galos entran en contacto con quienes serán sus anfitriones, y también por primera vez, NADIE toma ni un sorbo de poción mágica. No sé si Ferry y Conrad estaban esperando que se muriera Uderzo para cometer todas estas "herejías", pero lo cierto es que las aplaudo de pie. Los chistes que complementan la aventura son muy buenos, y (como en los buenos álbumes de Astérix) se nutren bastante de la realidad de nuestro presente. Ferri se ríe de los terraplanistas, mete gags relacionados con las fake news y el poder de la desinformación, con la distancia social y el confinamiento (este álbum está íntegramente realizado durante la pandemia), con los abusos monopólicos de Amazon que perjudican a las librerías, con el empoderamiento de las mujeres... y por supuesto hay buenos chistes atemporales, como el del traductor que le hace decir lo que le conviene a la prisionera sármata cuya lengua no entienden los romanos. Y en el rubro "embocándola de pedo", quiso la casualidad que el álbum publicado apenas cuatro meses antes del estallido de la guerra en Ucrania, esté ambientado precisamente en las estepas del noreste europeo que hoy conocemos como Ucrania. El dibujo de Conrad es excelente, y lo único que se puede decir en su contra es lo que ya dijimos varias veces: en vez de mostrar su propio estilo, se esfuerza por ocultarlo, como si nos quisiera convencer de que el dibujante en realidad es Uderzo. Yo encontré apenas dos puntitas como para distinguirlo del maestro: de a poquito, Conrad va llevando a Astérix a su aspecto más de fines de los ´60, a como lo dibujaba Uderzo no sobre el final de su etapa, sino en álbumes como El Escudo Arverno o Los Juegos Olímpicos. Y además cuando Uderzo tenía que meter más de tres o cuatro personajes en una viñeta, esta era generalmente más grande que las normales. Conrad, en cambio, hace la Gran George Pérez, y en una viñeta de tamaño normal, o incluso pequeña, hace entrar a cinco, seis o más personajes sin que se le enkilomben ni la composición ni la claridad del relato. Muy notable. Recomiendo mucho este álbum de Astérix. Está muy cerca del excelente trabajo que hicieron Ferri y Conrad en El Papiro del César y no tiene casi nada que envidiarle a los buenos "álbumes de viajes" de René Goscinny. Y lo más importante: me divertí, me sacó varias risas y la pasé muy bien, incluso jugando de visitante y "extrañando" a todo ese maravilloso elenco de galos secundarios a los que solo nos muestran (y desarrollan) álbum por medio. Ah, un lujo tener este material editado en Argentina en Abril de 2022, apenas seis meses después de su aparición en Francia. El martes temprano voy a ver la peli nueva de Dr. Strange, así que después se vendrá reseña acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

martes, 7 de diciembre de 2021

29 de NOVIEMBRE al 6 de DICIEMBRE

Tarde pero seguro, repasamos algunas lecturas de la semana pasada.
¡Terminé Cybersix! Llegué al Vol.44 de las novelitas de 96 páginas, y tengo entendido que el Vol.45, que se llegó a anunciar, nunca salió. Otra vez, este es un tomo raro. Las primeras 20-22 páginas parecen estar dibujadas por Carlos Meglia y son un festival, una maravilla hiperkinética, que explota de emoción en cada viñeta. El resto del libro parece dibujado por clones muy esmerados del ídolo, sin la magia irrepetible de Meglia, pero con gran solidez. El guion aparece firmado por Carlos Trillo, pero sospecho que metió mano otra gente. No está mal, es una idea que no daba ni a palos para 96 páginas, pero es interesante y el desarrollo tiene algún giro copado, buenos diálogos y una mirada novedosa al tema de las criaturas artificiales creadas por el Dr. Von Reichter. El problema es que… es un flashback. TODA la novelita está ambientada en el pasado, antes de que Cybersix conociera a Lucas Amato. Esto de por sí no está mal, si no fuera porque se trata del último tomo de la extensa serie, con lo cual quedan sin resolverse TODAS las tramas que venían avanzando en las historias ambientadas en el “presente”. O sea que cualquier cosa que uno pueda decir a favor o en contra de esta última entrega, empalidece frente a lo más brutal, lo más inaudito de todo: a pesar de algunas declaraciones en sentido contrario formuladas por Trillo a la prensa especializada de Italia, Cybersix no tiene final. Es una telenovela que se corta por la mitad y te deja en bolas, con varios conflictos que no se resuelven jamás. Y ni siquiera le podemos preguntar a los autores cómo pensaban terminarla, porque ya no están entre nosotros. Y después hay gente que pregunta cómo puede ser que nadie haya publicado la serie completa en nuestro idioma… Entre los tomos decididamente flojos, los tomos a cargo de autores que no son ni Trillo ni Meglia, y el build-up infinito hacia un conflicto final que nunca llega, es muy lógico que nadie quiera publicar Cybersix de punta a punta. En un punto es lamentable, pero más que nada es muy lógico. Leer la obra completa es algo que solo le puede cerrar al fanático a ultranza, y a esos fanáticos no me tiembla el pulso a la hora de decirles “cúrtanse y léanla en francés o en italiano”.
También leí el segundo y último tomo de Tomie, que tiene un par de historietas que no estaban en la edición yanki (reseñada por acá un lejano 25/02/11). Buenísima la edición de Ivrea, ingeniosa la traducción, maravillosos los dibujos de Junji Ito, y –como me pasó con la relectura de la primera mitad- las historias me impactaron un poco menos que la primera vez. Pero están muy bien, me encanta la truculencia pasada de rosca, la historia que cierra el tomo es excelente, me copa que todo el tiempo haya insinuaciones sexuales y no se vea ni media teta (excepto en la portada, claro)… Los relatos son dinámicos, Ito no se cuelga en limaduras ni en pelotudeces que no hacen avanzar las tramas, y se sube la apuesta a sí mismo todo el tiempo en materia de dibujo, de narrativa y de llevar al extremo la idea que motoriza la serie. Esto se puede recomendar sin asco a los fans del terror ido a la mierda, e incluso a los fans del buen manga, en general. Tengo más material de Ito en el pilón de las lecturas pendientes, por suerte.
Tarde pero seguro leí La hija de Vercingetorix, el álbum de Astérix aparecido en 2019, a cargo de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Del dibujo, la verdad que no hay mucho para opinar: Conrad es un clon milimétrico de Uderzo, que no propone mucho más que la mímesis del estilo del maestro, y le sale igual. Los expertos nos damos cuenta de que no dibuja Uderzo, pero para el lector normal, esto se ve como cualquier otro álbum de Astérix, o sea, MUY bien. En cuanto al guion, me parece que le pegaron un poco de más. Sí, es cierto: la idea es muy grossa y rematarla en 44 páginas obliga a Ferri a desaprovechar algunas aristas que no se llegan a explorar. Re daba para romper el esquema tradicional de la serie y desarrollar la trama en dos álbumes, y bueno, primó una línea más conservadora y quedó todo contenido en una única entrega en la que todo queda tan ajustado que Asuranceturix no llega a entonar ni una mísera nota. Pero es un álbum atractivo, muy disfrutable, que me causó bastante gracia. Lo menos interesante es la aventura, el aspecto más “físico” del conflicto, las peleas, su causa y su resultado. Pero el conflicto en sí está muy bueno, y le sirve a Ferri para explorar puntas que nunca se habían explorado en la serie. Hay nuevos personajes, hay un rol muy destacado para los queridos piratas, se retoma por primera vez en 60 años el argumento de la batalla de Alesia, hay afilados apuntes acerca de la sociedad y la política (de la época de Astérix y de la nuestra) y –como en todos los álbumes ambientados en la aldea gala- hay pequeños toques que le agregan carnadura y onda a secundarios de larga data como Geriatrix, Esautomatix y Ordenalfabetix. La traducción argentina es muy buena y en general podemos hablar de un álbum muy digno. No al nivel de lo mejor de la dupla Ferri-Conrad (El Papiro del César), no al nivel de los grandes clásicos escritos por René Goscinny, pero sí muy por encima de aquellos engendros que nos comimos durante la etapa solista de Albert Uderzo. Ya hay un nuevo álbum de Astérix publicado en un montón de países, así que espero ansioso la edición argentina, para leerlo y ver qué onda. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y los espero el viernes a las 19 hs en el pabellón de historieta y humor gráfico de la Biblioteca Nacional, donde vamos a estar presentando ¿Quién quiere ser superhéroe?

sábado, 20 de febrero de 2021

14 al 20 de FEBRERO

Nueva tanda de reseñas, y esta vez se me juntaron historietas de tres personajes icónicos del Noveno Arte. Me regalaron el Vol.30 del coleccionable de Nippur, ese que yo leía de prestado, gracias a mi hermano que había comprado hasta el Vol.28. Con un mínimo saltito en el medio, retomé la lectura de este clásico de Robin Wood, ahora con episodios del año 1980, todos muy tristes, muy bajoneros, en los que Nippur pierde hasta cuando gana. Los guiones transmiten una sensación de derrota, de desolación, de gran oscuridad. Y eso se refleja muy bien en la prosa de Wood que, como siempre, cobra vuelo en los bloques de texto. Al respecto de esto, dos curiosidades: la sexta aventura empieza con bloques narrados en off por Netpaht, por supuesto en primera persona, pero para la última página, el texto pasa a manos de un narrador omnisciente que relata en tercera persona. Y en la séptima historia, pasa algo similar, pero al revés: en las primeras dos páginas leemos textos a cargo de un narrador omnisciente, y de golpe empieza a narrar el propio Nippur en primera persona. Nada, me llamó mucho la atención, por eso lo comento. En cuanto a las tramas, creo que las mejores son la cuarta, la quinta y la séptima, la historia con la que cierra el tomo, en la que Robin parece urdir el inicio de una saga ambiciosa. La cuarta recordaba haberla leído de pibe, y me había impactado el mensaje, pero sobre todo el nivel de violencia. Es la única historieta de este tomo dibujada por Jorge Zaffino, y acá ya se ve un poquito más de lo que años más tarde va a ser el estilo definitivo de este monstruo sagrado, acá todavía muy pegado a la línea de Ricardo Villagrán. El propio Villagrán dibuja los seis episodios restantes, con su trazo elegante, con la influencia siempre presente de Harold Foster y una generosa variedad de enfoques. Por supuesto, tanto Villagrán como Zaffino se fuman muchas páginas de nueve y diez viñetas, a veces muy cargadas de texto, pero las pilotean con bastante decoro y además el color no les clava ninguna puñalada trapera. En ese rubro, este tomo es bastante mejor que los anteriores. No estoy como para retomar en serio la colección de Nippur donde la dejó mi hermano, pero si aparece el Vol.29 por ahí, seguro lo compro para completar el huequito que quedó.
Me voy a EEUU, a leer un voluminoso TPB de 320 páginas, que recopila unos cuantos números (y un Annual) de Shadow of the Bat, todo escrito por Alan Grant. Algo de esto había leído en su momento, y me acuerdo lo mucho que odié toda esa etapa de KnightQuest y demás secuelas de KnightFall, con Azrael disfrazado de Batman, en esas historias ultraviolentas y amargas al extremo del vómito. Esta vez las volví a padecer, pero algo pude rescatar. El episodio autoconclusivo que dibuja Vince Giarrano, en el que la Bruja Grant se mete con el tema recontra-áspero de la compra-venta de bebés, me pareció muy logrado. Hasta me gustó el dibujo de Giarrano, que habitualmente me resulta detestable. Los dos numeritos con la historia de los Clayface que forman una familia tienen un pibe, giran en torno a una idea interesante, pero el conflicto, lo que inventa Grant para que haya acción y peleas, es medio pelotudo. El número que engancha con Zero Hour es un bochorno, el número cero sólo zafa por algunos apuntes copados que tira Grant en los flashbacks, y el tomo cierra con una obra maestra, el Annual de Elseworlds. No te digo que esas 56 páginas rediman todo el dolor y la desolación que te inglige el resto del libro, pero The Tyrant es de esas historias definitivas de Alan Grant, repleta de bajada ideológica, ideas osadas, la posibilidad que dan los Elseworlds de llevar la trama hacia un final para nada obvio, y además la cuota habitual de machaca y buenos diálogos. El dibujo es desparejo, pero todo el tramo dibujado por Joe Staton y entintado por nuestro compatriota Horacio Ottolini se ve realmente MUY bien. El dibujante de casi todo el tomo es Bret Blevins, acá bastante alejado de ese trazo sutil (y por momentos incluso emotivo) que nos mostrara en sus primeros años en Marvel. Este es un Blevins que no resigna su plasticidad ni su dinamismo, pero que exagera al punto del grotesco la violencia, la acción y cualquier recurso que le sirva para sugerir que los personajes son todos muy heavies, muy jodidos y están muy enojados. No puedo decir que esté mal dibujado, ni mucho menos, pero obviamente me gusta mil veces más el Blevins de New Mutants, o de la graphic novel de los Inhumans. En síntesis, me parece que Alan Grant es, fue y será un gran guionista para Batman, pero justo esta etapa, lastrada por sagas grandilocuentes como las secuelas de KnightFall y Zero Hour, no es el mejor momento para disfrutar del talento del otro gran guionista escocés. Me guardo el Annual (tengo la revistita desde 1994) y el TPB lo regalo.
Finalmente, le di otra oportunidad a Astérix y los Pictos, un álbum que leí en digital en 2013, ni bien se publicó, y nunca reseñé acá en el blog, porque en el blog no hablo de las cosas que leo en digital. En aquel momento, este primer intento de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad por recuperar la magia de esta serie emblemática me había parecido un fracaso, mucho más cercano a los álbumes chotos de Albert Uderzo como solista que a la época dorada de René Goscinny. Esta vez me pareció lo mismo. Por ahí valoré un poco más el esfuerzo de Ferri por remar desde el guion las falencias del argumento. Chistes, guiños, juegos de palabras, todas esas sutiles referencias al rock & roll de las islas británicas… Eso me causó una cierta gracia, en medio del embole soso y predecible que me resultó la trama. Por suerte Ferri se iba a reivindicar con su segundo álbum, que hasta ahora es el mejor de los creados por esta nueva dupla autoral. Del dibujo de Conrad no voy a hablar, porque no tengo nada para agregar a lo ya expresado en la reseña de El Papiro del César (publicada acá el 22/08/17). La conclusión es que se tacha a Astérix y los Pictos de la lista de álbumes del héroe galo que cada tanto ameritan una relectura. Y así se termina este encuentro semanal. Retomamos el finde que viene, con nuevas reseñas, acá en el blog. Gracias por el aguante y a estar atent@s, que se vienen novedades grossas.

martes, 22 de agosto de 2017

MAS VALE TARDE

Sigo en esta temporada compilcada, en la que los tiempos libres me son esquivos y bueno… la están pagando el blog y el canal de YouTube, donde estoy subiendo menos contenidos de los que me gustaría.
Arranco las reseñas de hoy con un repaso por el Vol.12 de Términus, el que marcó la despedida de la notable antología publicada en Rosario desde 2012. Me sorprendió gratamente Tomás Wortley, un guionista del que no recuerdo haber leído otros trabajos, que aporta una historia atípica e inquietante, muy bien dibujada por Renzo Podestá en un estilo muy atractivo. Tampoco recuerdo haber leído otras obras de Vicente Navarro y Pedro Villarejo, los autores españoles a cargo de otra historia extraña y un toque perturbadora, muy beneficiada por el uso de una narrativa bien tradicional, bien clarita.
Hablando de narrativa, impresionante lo que propone Fernando Baldó en sus seis páginas. La de Gastón Flores y Sergio Tarquini no es una idea super-original, pero está bien llevada. Gonzalo Duarte también juega a psicopatear al lector con otra historia bastante al límite, basada en la tensión, dibujada por un Tomás Aira muy correcto, aunque no tan potente como en los trabajos que hace para EEUU. Y si de perturbar al lector se trata, el que se lleva la medalla dorada es Nicolás Brondo, con cuatro páginas sin texto devastadoras.
Ya casi sobre el final, Iñaki Aragón forma equipo con Rodrigo Luján para una historia fuerte, conmovedora y a la vez sutil, dibujada como los dioses. Y cierra Bruno Chiroleu, el emblema de la Términus, con una de terror más clásica, muy redondita, con un dibujo exquisito y una cantidad de texto un poquito zarpada. Gran final para esta publicación que se ganó a fuerza de laburo, seriedad y calidad un lugar en la historia de la historieta argentina.
Me voy a Francia a 2015, cuando sale Astérix: El Papiro del César, el segundo álbum a cargo de la dupla integrada por Jean-Yves Ferri (que en unos días va a estar acá, en Comicópolis) y Didier Conrad. El primero tuvo críticas tan tibias que lo leí online y no lo reseñé. Este me lo compré (en oferta) y la verdad es que me gustó bastante.
El argumento gira en torno al manejo de la información. Cómo circula, quién la controla, qué pasa cuando al poderoso no le conviene que cierta información cobre estado público. Ferri habla (sin nombrarlas) de las redes sociales, de la internet, del rol del periodismo y sobre todo del famoso caso de los WikiLeaks. De hecho, un personaje central en la trama (Doblepolémix) tiene los rasgos de Julian Assange. Hay una vasta tradición de álbumes franco-belgas supuestamente apuntados al público infanto-juvenil pero con la astucia como para tocar temas contemporáneos y jodidos (tradición que comparte también Groo the Wanderer, en otro continente) y con El Papiro del César, Ferri demostró que puede hacerle honor a esa tradición. Sumale una buena dosis de acción, varios chistes muy graciosos (hay un romano llamado Antivirus al que lo mandan a “instalarse” en un puesto de vigilancia, por nombrar uno sólo) y hasta algunas pinceladas de desarrollo de personajes que realzan los roles de Abraracurcix y Karabella. Así llegamos a un resultado más que satisfactorio, muy por encima de los álbumes que tuvimos que padecer durante la época “solista” de Albert Uderzo.
Conrad, por su parte, es un imitador correcto de quien fuera su maestro. Nunca lo va a igualar, nunca va a pasar de ser una copia aceptable, nunca va a tener esa magia del mejor Uderzo, ni la originalidad de proponer un estilo propio. Y la verdad es que yo iría por ese lado: a despegarme de Uderzo y a dejar que aparezca el Conrad más puro, más genuino… que quizás sea esto que vemos acá, andá a saber… Que no es choto, pero es derivativo, es un esfuerzo demasiado denodado por engañar al lector, por que nadie note que el que dibuja ya no es Uderzo. Dejémonos de joder: si hace 40 años que vienen reemplazando a René Goscinny, no veo cuál es el problema en que se note que también Uderzo pidió el cambio y habilitó el ingreso de un suplente…
Para Octubre se viene el tercer álbum de esta nueva etapa de Astérix, y la verdad es que El Papiro del César nos permite darle crédito a Ferri y Conrad para que sigan adelante con esta versión que nunca va a ser la definitiva, pero que es más que respetuosa del inmenso legado de Albert y René.
Este finde, mi gira interminable me lleva a la Pergamino ComiCon, así que los que anden por esa zona, están más que invitados a acercarse a saludar. Y como siempre, ni bien tenga un par de libros leídos, trato de hacerme un ratito para postear nuevas reseñas.

lunes, 20 de agosto de 2012

20/ 08: ASTERIX Y LO NUNCA VISTO

Este libro es raro. No es excelente, pero es fundamental. ¿Cómo es eso? Me parece fundamental por un motivo no menor: siempre quise ver cómo planteaban y cómo definían René Goscinny y Albert Uderzo una historieta de Astérix que no tuviera 46 páginas, sino muchas más, o muchas menos. Este libro reúne 14 historietas que tienen muchas menos. De hecho, la más larga tiene cinco páginas. O sea que parte de esa incógnita que siempre me desveló, finalmente fue resulta. Y no del mejor modo, claro, por eso digo que el libro no es excelente. Veamos en qué la descose y en qué falla.
Muchas de las historietas son chistes largos, chistes de dos, tres o cuatro páginas. El argumento no llega a ser tal cosa, se queda en el planteo de un chiste (“entra un gaucho a la farmacia”, diría el maestro Dolina). Ojo, un par de estos chistes son realmente efectivos y graciosos. El que abre el libro, Vuelta al Cole Gala, tiene un timing de comedia exquisito, al nivel de las grandes obras de Goscinny. Latinomanía tiene una sóla página y jamás pretende ser otra cosa más que un chiste, y es un GRAN chiste, con un remate impredecible y brillante. El Nacimiento de una Idea, la historieta que cierra el tomo, también tiene una sóla página y una única intención: arrancarnos una sonrisa. Y obviamente lo logra.
En cambio, cuando Goscinny o Uderzo (que escribe apenas tres de las historietas) buscan por el lado de la aventura, caen invariablemente en la pavada. La de Uderzo de Lutecia Olímpica es una gansada cósmica, en la que no cierran ni el planteo, ni el desarrollo ni la resolución. La Mascota, escrita por Goscinny, también peca de una excesiva sencillez, de reducir una aventura de Astérix y Obélix a su mínima expresión, tan mínima que apenas tiene sentido. Quizás el intento menos fallido sea Quiriquix el Gallo Galo, también escrita por Uderzo, que si bien en todo momento es predecible, se aleja de las convenciones de la serie lo suficiente como para hacernos creer que estamos leyendo algo distinto, no la versión para subnormales de lo que ya conocíamos.
La otra historia escrita por Uderzo es la que narra el nacimiento de Astérix y Obélix, realizada en 1994 en ocasión del 35° del debut de la serie en las páginas de Pilote. No es exactamente chota, pero la idea tenía muchísimo más potencial que el que se ve plasmado en estas cuatro páginas. Lo que más me interesó debe haber sido ese trailer de tres páginas que realizaron Goscinny y Uderzo para la revista National Geographic, cuando intentaron (sin éxito) lanzar a Astérix como una tira para los diarios yankis. Ahí está la esencia de la serie muy bien destilada, sin la necesidad de narrar una aventura (que en tres páginas habría sido una boludez tan simple como insulsa) y sin quedarse en el chiste que avanza hacia un remate.
Dicho todo esto, lo que hace que todo el libro pase de soportable a disfrutable es el dibujo de Uderzo. Como guionista, el ítalo-francés demostró ser un queso absoluto, pero a la hora de dibujar pela una genialidad atrás de otra. Estas historietas van de mediados de los ´60 a mediados de los ´90, un período en el que el dibujo de Uderzo muta bastante, no se queda siempre en el molde. A mí me gusta siempre, no me defrauda nunca. Por ahí en los últimos álbumes que dibujó (que no me animé a leer porque las críticas fueron lapidarias) se notaba demasiado la mano de los asistentes. En estas historias hay algunas joyitas en las que el dibujo llega a un nivel inmejorable (Año Nuevo, Beso Nuevo, de 1967) y otras en las que simplemente está muy bien. Por supuesto, si sos fan de Uderzo te vas a caer de culo al verlo experimentar con distintos estilos en las graciosísimas viñetas de 1969 tituladas “Astérix Como Jamás lo Habéis Visto”. Grosso es poco...
Y bueno, estoy seguro de que hay más historias cortas de Astérix. No sé cuántas, pero seguro hay más. En una de esas están en el libro llamado “El Aniversario de Astérix y Obélix”, que salió en esta misma colección (la que lanzó Salvat en los kioscos argentos en año pasado). Y por ahí no, realmente no tengo la más puta idea de qué trae ese libro. Si alguno lo tiene, please comente, a ver si vale la pena salirlo a buscar. Mientras tanto, sólo queda rezarle a Tutatis para que los nuevos autores que se hicieron cargo de Astérix (Jean-Yves Ferri y Thierry Mébarki) logren un relanzamiento de la serie que recupere aunque sea algo de la magia que se desvaneció en 1977 (35 años ya, qué lo parió) cuando falleció el irremplazable René Goscinny. Este clásico de clásicos se lo recontra-merece.