¿Lo peor ya pasó? Una mentira más del felino doméstico. Lo peor se viene ahora. Agarrate fuerte, porque va a doler. Por suerte tengo un buen canuto de comics para que no falte lectura en los tiempos aciagos que se avecinan.
Arranco con el Vol.2 (jamás vi el Vol.1) de Orgasmos Cotidianos, una serie humorística escrita por Xavier Costa y dibujada por Alfonso López que se publicaba en El Jueves, supongo que a fines de los ´80 porque el recopilatorio es de 1991. Casi todas las historietas tienen dos o tres páginas (hay también de una y de cuatro, pero son poquitas) y giran en torno a situaciones casi verosímiles de la vida cotidiana, en las que el sexo tiene un rol preponderante. Cuernos, orgasmos, disfunciones eréctiles, perversiones bizarras, confusiones típicas de comedia en las que alguien se termina empomando a la persona incorrecta… Distintos recursos con los que juega Costa para generar comicidad, casi siempre con buenos resultados.
Pero la verdad es que los argumentos quedan relegados a un irrelevante cuarto o quinto plano, porque Alfonso López pela en estas páginas un virtuosismo gráfico devastador. Son comedias de tetas, pija y culo, podrías tirarte un poco a chanta, total la gilada se va a divertir igual… No, olvidate. López va al frente como una topadora, hace subir a los laterales, manda a cabecear al arquero, te tira con toda su artillería y logra que esta colección de historietas menores, de tono pasatista, se vuelva indispensable para todos los que somos fans de este increíble artista. Dibujo, color, narrativa, TODO es perfecto en Orgasmos Cotidianos. Una cátedra de buen gusto, de criterio estético, de expresividad, de plasticidad, de generosidad gráfica, a cargo de un genio del lápiz y el pincel, que además se supera a sí mismo en lo que tiene que ver con la observación de los detalles: ropa, peinados, autos, calles, muebles… López logra que todos estos elementos que vemos todos los días en la realidad, cobren en sus páginas una dimensión nueva, absolutamente fascinante. Un exceso de talento, posta.
Salto a Chile, donde en 2016 se publica la segunda aventura de Celeste Buenaventura (la primera la vimos el 21/04/14). Esta vez la novedad es que el guión de Marco Rauch no lo dibuja Gonzalo Martínez sino otro virtuoso fuera de serie (y seguidor de este blog) de apellido López: Rodrigo López, de quien también vimos varios trabajos en reseñas anteriores. No me parece copado comparar el trabajo de Rodrigo con el de Gonzalo, sino más bien subrayar su gran calidad gráfica, su pasmosa solvencia narrativa y la facilidad con la que López simplifica un poco su trazo para hacerlo más accesible a los lectores y lectoras más jóvenes, que son el público al que apunta Celeste Buenaventura.
En la reseña del Vol.1, yo decía que Rauch ponía en juego una cantidad increíble de personajes tomados de la mitología trasandina, sin guardarse nada para la secuela. Y claramente me equivoqué, porque en esta segunda entrega, el elenco de personajes de raíz mítica o tomado de leyendas populares chilenas, se vuelve a engrosar. Se nota que a Rauch lo apasiona el tema de los mitos y leyendas de su país, y felizmente encontró la forma de integrar todos esos elementos a una aventura simple, lineal, con la complejidad justa para cautivar al público adolescente que se copa con Harry Potter, por ejemplo. Para mi gusto, le falta un poquito más de chispa a los diálogos, aunque probablemente eso se deba a que lo estoy leyendo en un país que está al lado de Chile, pero donde se habla muy, muy distinto. Ojalá haya más aventuras de Celeste Buenaventura, y ojalá las dibuje todas Rodrigo López, que está en un momento extraordinario.
Y termino en Argentina, en 2017, con otro virtuoso del dibujo, Pedro Mancini. El nuevo trabajo de Mancini (titulado Detrás del Ruido) nos propone internarnos en la infancia de William S. Burroughs, mítico escritor del cual confieso no haber leído un puto párrafo. Pedro, en cambio, demuestra ser un fan exhaustivo del autor y haber consumido no sólo sus obras, sino incluso una buena cantidad de entrevistas, en las que Burroughs revela detalles de su niñez.
El libro tiene un solo problema: se lee demasiado rápido. Lo empezás en la estación Juramento y lo terminás antes de llegar a Scalabrini Ortiz. Esto es producto de la decisión del autor de narrar con la mínima cantidad de texto posible, con diálogos muy escuetos y silencios muy extensos, que obviamente resultan fundamentales para la atmósfera que quiere conjurar Mancini. Los cuatro primeros relatos son una especia de Little Nemo in Slumberland versión freak, retorcida y bizarra. El pequeño Bill recorre parajes surreales (magníficamente dibujados), a veces dormido, a veces drogado y a veces simplemente fruto de su cuelgue natural. Y en algún momento, el trip se termina y vuelve al plano de la realidad, a interactuar con familiares a los que Mancini no les da mayor relieve.
A partir de la quinta historia, se terminan esos paseos oníricos pero la bizarreada continúa, y se hace más psicológica, en un punto más perturbadora. La máscara (elemento muy frecuente en las historias iniciáticas como esta) le agrega una capa de profundidad a la desconexión del personaje con el mundo que lo rodea; una desconexión que Mancini exacerba a tal punto que uno ya considera al joven Bill un ser humano totalmente anormal, incapaz de insertarse en la sociedad ni como escritor rupturista ni en ninguna otra función.
Me imagino que a los fans de Burroughs esto les debe parecer fascinante. Yo, en cambio, hice lo mismo que hago cada vez que no logro conectar con los guiones: me dejé llevar por el clima y disfruté a lo bestia de la faz gráfica, en la que Mancini no se guarda nada de su impronta ni de su magia.
Volvemos pronto, con nuevas reseñas, no sé si de comics o de Deadpool 2, cuya función de prensa tengo agendada para el lunes.
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viernes, 11 de mayo de 2018
lunes, 21 de abril de 2014
21/ 04: CELESTE BUENAVENTURA
Hoy me encontré con que la biblioteca pública de acá cerca, donde el otro día pude subir textos e imágenes no abre los lunes. Nada, mañana cuando vaya, subo la imagen de hoy, que es importante.
¿Por qué ? Porque es un libro que compré al ver la portada y quiero que la veas vos también . Boludeando en la FIC de Santiago de Chile, de pronto veo esa imagen y digo "No puede ser! Editaron en Chile un libro de Andre Juillard!". No, no era Juillard, era el prolífico Gonzalo Martínez , uno de los dibujantes con más presencia en estos últimos años en el mercado trasandino. Pero... no me digas que no tiene una onda Juillard! La pose, el gesto, la composición, hasta el color me remitió al maestro francés .
Una vez adentro, me encontré con el Martínez de siempre. Muy correcto, con mucha atención a la narrativa, pero siempre dentro de una tradición mas cercana a la yanki que a la francesa, con muchos primeros planos (logradísimos, por cierto) y pocas de esas tomas en las que los fondos les disputan el protagonismo a los personajes. La puesta en página es muy dinámica , la acción (que abunda) está muy bien plasmada y el color de Juan Moraga se complementa muy bien con el dibujo de Martínez , para conjurar climas y criaturas muy originales.
El guión de Rauch está claramente apuntado a un público amplio, se le nota que pretende seducir por un lado a las chicas jóvenes y por el otro a gente que nunca antes leyó historietas. Para lograr el primer objetivo, crea a una chica protagonista muy interesante, con una historia atractiva, una personalidad fuerte, y a la que durante estas 61 páginas le sucederán cosas y le revelarán secretos que la dejarán muy bien posicionada para convertirse en el centro de futuras epopeyas... que nunca llegaron. Este libro es de 2009 y desde entonces, Celeste Buenaventura no volvió a aparecer. Para captar a los lectores nuevo, el truco que despliega Rauch es el de meter en la trama en roles importantes a un montón de criaturas fantásticas que pertenecen al universo de las leyendas y los mitos de la tradición oral de Chile: el trauko, el Caleuche, el Millalobo, la pincoya, la fiura... Todos juntos y sin guardarse nada para la secuela, Rauch presenta a todas estas criaturas fantásticas y algunas más, pero no de modo enciclopédico ni didáctico (de hecho, si este es tu primer contacto con ellas, vas a quedar garpando varias veces) sino siempre en función de la aventura, como si fuera una película onda Labyrinth o The Neverending Story.
Y la aventura funciona bien. No está estirada, no se precipita hacia un final, resuelve todo de modo satisfactorio, tiene cosas predecibles y unas cuantas sorpresas y está bien salpimentada con escenas más tranquilas, en las que Rauch encuentra el espacio para que Celeste reflexione un toque acerca de todo lo que le está pasando, y además para desarrollar muy bien al principal villano, que es algo que suele descuidarse en este tipo de relatos.
Parece que, así como acá demostro una ponderable solvencia como guionista, Marco Rauch tiene más problemas que Medio Oriente a la hora de relacionarse con sus colegas y con el palo comiquero en general y hoy es un nombre prácticamente estigmatizado del otro lado de la cordillera. "Algo habrán hecho", diría un facho en los '70, pero la verdad que es una lástima que problemas personales hayan impedido la continuidad de esta serie que tenía un potencial enorme.
Iba a contar alguna boludez sobre una comiquería en la que estuve hoy, pero me quedó larga la reseña. Por ahi mechamos ese comentario con la reseña de mañana ..
¿Por qué ? Porque es un libro que compré al ver la portada y quiero que la veas vos también . Boludeando en la FIC de Santiago de Chile, de pronto veo esa imagen y digo "No puede ser! Editaron en Chile un libro de Andre Juillard!". No, no era Juillard, era el prolífico Gonzalo Martínez , uno de los dibujantes con más presencia en estos últimos años en el mercado trasandino. Pero... no me digas que no tiene una onda Juillard! La pose, el gesto, la composición, hasta el color me remitió al maestro francés .
Una vez adentro, me encontré con el Martínez de siempre. Muy correcto, con mucha atención a la narrativa, pero siempre dentro de una tradición mas cercana a la yanki que a la francesa, con muchos primeros planos (logradísimos, por cierto) y pocas de esas tomas en las que los fondos les disputan el protagonismo a los personajes. La puesta en página es muy dinámica , la acción (que abunda) está muy bien plasmada y el color de Juan Moraga se complementa muy bien con el dibujo de Martínez , para conjurar climas y criaturas muy originales.
El guión de Rauch está claramente apuntado a un público amplio, se le nota que pretende seducir por un lado a las chicas jóvenes y por el otro a gente que nunca antes leyó historietas. Para lograr el primer objetivo, crea a una chica protagonista muy interesante, con una historia atractiva, una personalidad fuerte, y a la que durante estas 61 páginas le sucederán cosas y le revelarán secretos que la dejarán muy bien posicionada para convertirse en el centro de futuras epopeyas... que nunca llegaron. Este libro es de 2009 y desde entonces, Celeste Buenaventura no volvió a aparecer. Para captar a los lectores nuevo, el truco que despliega Rauch es el de meter en la trama en roles importantes a un montón de criaturas fantásticas que pertenecen al universo de las leyendas y los mitos de la tradición oral de Chile: el trauko, el Caleuche, el Millalobo, la pincoya, la fiura... Todos juntos y sin guardarse nada para la secuela, Rauch presenta a todas estas criaturas fantásticas y algunas más, pero no de modo enciclopédico ni didáctico (de hecho, si este es tu primer contacto con ellas, vas a quedar garpando varias veces) sino siempre en función de la aventura, como si fuera una película onda Labyrinth o The Neverending Story.
Y la aventura funciona bien. No está estirada, no se precipita hacia un final, resuelve todo de modo satisfactorio, tiene cosas predecibles y unas cuantas sorpresas y está bien salpimentada con escenas más tranquilas, en las que Rauch encuentra el espacio para que Celeste reflexione un toque acerca de todo lo que le está pasando, y además para desarrollar muy bien al principal villano, que es algo que suele descuidarse en este tipo de relatos.
Parece que, así como acá demostro una ponderable solvencia como guionista, Marco Rauch tiene más problemas que Medio Oriente a la hora de relacionarse con sus colegas y con el palo comiquero en general y hoy es un nombre prácticamente estigmatizado del otro lado de la cordillera. "Algo habrán hecho", diría un facho en los '70, pero la verdad que es una lástima que problemas personales hayan impedido la continuidad de esta serie que tenía un potencial enorme.
Iba a contar alguna boludez sobre una comiquería en la que estuve hoy, pero me quedó larga la reseña. Por ahi mechamos ese comentario con la reseña de mañana ..
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Gonzalo Martínez,
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