el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 26 de diciembre de 2024

MAGIA EN BLANCO Y NEGRO

Bueno, después de un paréntesis muy largo para mi gusto, tengo el placer de contarles que ya está lista la Comiqueando Digital nº10 (se puede descargar por muy poquita plata en www.comiqueandoshop.blogspot.com). Eso significa que vuelvo a tener tiempo para leer comics y reseñarlos en este espacio, volver a participar en el canal Disfuncionales y Vehementes y demás actividades que tenía suspendidas. Hoy terminé de leer El Espíritu de Mascarín, una historieta realizada por el genial Oswal a partir de 1974 en una revista quincenal, ahora recopilada en un libro muy cheto por Deux. Por suerte lo único que hizo Deux fue llevarlo a la imprenta: del armado y el diseño del libro se encargó Silvina Viola, la hija de Oswal, que cuidó con pasión el trabajo de su padre. Originalmente, las aventuras de Mascarín ocupaban dos páginas en la revista Chaupinela, y eran páginas repletas de viñetas muy chiquitas. A veces llegaban a ser más de 40 viñetas por página, una demencia. En 2001, cuando Oswal le vendió este material a la Eura, lo rearmó en episodios de 10 páginas, con muchos menos cuadros por página, y eso es lo que podemos apreciar en este libro. Los guiones... son de 1974. No esperes genialidades, aunque tampoco vas a encontrar ninguno que te falte el respeto. Tampoco esperes que Oswal explique categóricamente qué o quién es Mascarín. Va a quedar todo en el terreno de la especulación, o de la interpretación de cada uno. Mascarín es -ante todo- un concepto muy loco, que le permite al autor contar las típicas historias de sustitución de identidades (como esos episodios de Spider-Man contra el Chamaleon, o Batman contra Clayface), pero a una velocidad supersónica. Mascarín cambia de identidad seis, siete, ocho veces en 10 páginas, y eso acelera y potencia el ritmo de las aventuras... y la frustración del inspector de policía que se propone capturarlo. Como en las historietas de The Spirit, hay episodios más aventureros y otros más profundos, más centrados en la vida (generalmente chota) de algún personaje al que Oswal desarrolla mucho más que al protagonista mismo. Yo creo que a la serie el falta eso: explicar, o por lo menos darle desarrollo y profundidad, a Mascarín. El resto funciona, porque las ideas son buenas, los diálogos no descollan pero acompañan, y las resoluciones son siempre sorprendentes. Y lo que realmente convierte a este libro en una pieza fundamental en la biblioteca de cualquier fan del comic es -sin dudas- el dibujo. No sé cuánto de esto redibujó Oswal en 2001, pero se ve todo demasiado bien. El claroscuro ágil, vertiginoso, del maestro se complementa a la perfección con las tramas mecánicas y el resultado es un kilombo nuclear que detona la página. Es como una vorágine, que rara vez da tregua, en la que Oswal te tira una imagen perfecta atrás de otra, sin descuidar nunca la fluidez del relato. Acción, emociones, personajes hiper-expresivos, siluetas, contornos, pinceladas cargadas de sutileza... Una belleza realmente inexplicable. El maestro Oswal nos dejó en 2015, pero por suerte todavía queda su obra, y ojalá se siga reeditando con esta calidad, así llega a un público que la pueda valorar y atesorar. Y estudiarla, porque leyendo a Oswal se aprende un montón.
Vuelvo con Gou Tanabe, casi un fetiche de este blog, y me interno en las casi 300 páginas que componen la primera parte de su adaptación de Las Montañas de la Locura, el extenso relato de H.P. Lovecraft, escrito en 1931 y publicado originalmente en 1936. La historia está protagonizada por un grupo de científicos y aventureros (todos varones) de la Universidad de Miskatonic, que parten rumbo a la Antártida para descubrir los secretos del continente blanco. Lo primero que me viene a la mente es... che, para escribir esto hay que saber un montón. No sé si Lovecraft estudiaba a fondo todas estas disciplinas, o si mandaba fruta, pero acá nos habla de geografía, de geología, de biología, de meteorología, de física, de química, de espeleología... y si es fruta, la verdad que no se nota para nada. Es todo muy convincente. Lovecraft pone sobre la mesa una cantidad brutal de nociones científicas para construir el verosímil de una trama en la que -obviamente- en algún momento van a irrumpir los elementos fantásticos que le va a agregar peligro y horror a la epopeya de los protagonistas. Lo que más me gusta, por lo menos de esta primera parte, es que los protagonistas nunca están ahí cuando se desencadena la acción. Cuando la expedición liderada por Lake descubre los cuerpos de "los antiguos", estos llevan ahí millones de años inactivos. Y cuando el grupo de Dyer encuentra a la malograda expedición de Lake, los vemos descubrir los restos, los vestigios, de una masacre espantosa que nunca nos muestran, y que cada lector se la imagina de una manera distinta, con distintos niveles de crueldad y violencia. Tanabe elige con mucho criterio qué textos de Lovecraft conservar en su versión y cuáles no, y logra un clima de suspenso y tensión muy similar al de los relatos del mítico escritor. Y cuando le suma los dibujos, la locura se hace más palpable, el horror se hace más horrendo y el suspenso crea más tensión. Tanabe narra pausado, como Lovecraft, y se toma su tiempo para crear climas ominosos y para mostrar en dibujos con muchísimo detalle lo que el texto describe con palabras. Paisajes, animales, criaturas... todo cobra relieve y belleza gracias al trazo de Tanabe, que complementa su línea elegante con un excelente trabajo de aplicación de grisados mediante tramas. Lo único que le falta es variar un poquito más los enfoques cuando muestra primeros planos de los personajes hablando. Las viñetas de "talking heads" se parecen mucho unas a otras, y hay páginas en las que abundan bastante. Este es un manga ideal para gente que nunca leyó manga. Fans de Lovecraft hay en todas partes, y yo supongo que la mayoría no conoce a Gou Tanabe, pero se puede dejar subyugar tranquilamente por la lograda combinación entre la prosa del ídolo yanki y el trazo y la narrativa del ídolo ponja. Tengo el Vol.2 en la pila de los pendientes y prometo entrarle a la brevedad. Nada más, por hoy. Ojalá tengamos otro posteo antes de fin de año, ya en la cuenta regresiva hacia el 15º aniversario del blog, y el post número 3000. Y obviamente, si te gusta leer sobre historietas, no te pierdas la Comiqueando Digital, que es una bomba atómica de 426 páginas, con 15 notas inéditas, colaboradores de primer nivel y contenidos audiovisuales exclusivos.

domingo, 9 de agosto de 2015

09/ 08: LA NIEVE Y EL BARRO

No lo puedo afirmar categóricamente, pero creo que esta novela gráfica de 2013 marcó la última colaboración entre Enrique Sánchez Abulí y Oswal. De ser así, su último trabajo conjunto pasará a la historia, además, por ser el más ambicioso: 137 páginas de historieta a todo color es algo que nunca había surgido de la intensa colaboración de estos dos maestros.
Abulí ensaya en este trabajo algo muy difícil de hacer, pero que para un guionista de su jerarquía resulta casi una boludez: narrar varias tramas que avanzan en paralelo y lograr hilvanarlas sobre el final sin que parezca forzado ni artificial. Todo sucede en la campiña francesa en plena Edad Media (fines del Siglo XIV), durante el período conocido como la Guerra de los 100 Años. Allí, el guionista moverá los piolines de varias marionetas para componer un tapiz potente, definitivo y a la vez diverso de lo que fue esa época. Un cura, un herrero, un conde, un caballero, una doncella, soldados, bandidos, una nena cuasi-salvaje que vive en el bosque… para todos habrá escenas de lucimiento y de sufrimiento.
Como es costumbre en las obras de este catalán nacido en Francia, la violencia será terrible, despiadada, tan atroz que habrá que matizarla con un poco de humor negro para que la sonrisa aliviane el estupor. Así, entre remates irónicos, veremos una larga sucesión de muertes, mutilaciones, violaciones y golpes de todo tipo. Otro clásico de Abulí es la fuerte presencia de elementos vinculados con el sexo: acá aparecen unos cuantos, pero sin tanto protagonismo, y siempre cubiertos de un velo de humor picaresco para –de nuevo- morigerar la sordidez o la lascivia involucradas en esas escenas.
Los principales hallazgos están en la construcción de los personajes y en la forma en que estos se empiezan a cruzar entre sí, a interactuar en este frondoso bosque del que nadie parece poder salir del todo. Cuando faltan 14 páginas para el final, Abulí ya logró reunir a todos los personajes importantes (al menos los que quedaron vivos) en una misma locación. ¿Todos? No. Las 14 páginas finales se centran en un único personaje, el caballero inglés que quiere morir, cuya historia se roza con la de otros personajes de la obra, pero no termina de encajar con ese final que Abulí le da a casi todos los demás. El resultado es una secuencia de acción maravillosa, muy impactante, pero en la que se impone la lógica de los unitarios, no la de la novela gráfica. Ese final desentona un poquito con el resto de la obra por eso, porque no encaja con la consigna de terminar el libro con todos los personajes juntos. Pero no es un tropiezo, es simplemente una decisión autoral pensada para no complacer a los que pretendíamos que TODOS los personajes participaran de la secuencia final.
El dibujo de Oswal no se puede creer. El prócer quilmeño desata la magia de su pincel para brindarnos imágenes realmente gloriosas. La reconstrucción de época, los paisajes y sobre todo el lenguaje gestual y corporal de este vasto elenco son los puntos más fuertes de este gran trabajo de Oswal. Y claro, cuando la cantidad de viñetas por página se lo permite, el maestro arriesga con secuencias más raras, o con viñetas más grandes, en las que la composición te detona los ojos y la mente. Cuando se trata de artistas tan dotados para el claroscuro, con un trazo tan suelto, tan dinámico, yo soy talibán del blanco y negro, no me cabe ni ahí que se le incorpore el color. Esta vez, sin embargo, el trabajo de colorear estas páginas (a cargo del propio Oswal y un tal Luengo) me cerró bastante. O por lo menos no me resultó un obstáculo para disfrutar de los dibujos del maestro. Lo que sí empantana bastante la faz gráfica es la tipografía elegida para los diálogos. A veces estos son abundantes y los globos ocupan un porcentaje importante de las viñetas. En esos casos, esos masacotes de texto, con una tipografía tan chata, tan del montón, deslucen un poco las páginas de Oswal.
Y bueno, uno de los integrantes de la dupla no está más, así que acá se terminan las creaciones conjuntas de Abulí y Oswal. Es una despedida muy notable, muy contundente, una historia muy atractiva, compleja, dinámica, por momentos graciosa, por momentos escabrosa, que logró meternos de lleno en una época y una geografía que –por lo menos yo- desconocía bastante. No es una hiper-gloria insuperable, pero sí una excelente historieta, testimonio de lo afianzada que estaba en esta última etapa esa dupla de inmensos maestros.

jueves, 5 de junio de 2014

05/ 06: SONOMAN Vol.2

Este tomo de Sónoman me gustó bastante menos que el anterior, reseñado un lejano 26/11/10. Creo que, pasada la novedad, pasada la alegría de que por fin se reeditara este clásico del glorioso Oswal, llegó la hora de leer las historias con más frialdad. Y me encontré con historias... no chatas, ni mediocres, pero tampoco brillantes.
Creo que el principal lastre en las aventuras clásicas (las realizadas para Anteojito a fines de los ´60) es que se nota mucho el formato serial. Y como las entregas eran de dos o tres páginas, cada dos o tres páginas Oswal nos reitera información que ya manejamos y que estaba ahí para no dejar de garpe a los chicos que no compraban Anteojito todas las semanas. Y después, boludeces menores, típicas de los comics de DC de la Silver Age: personajes que explican sus poderes mientras los usan, bloques de texto que relatan lo mismo que la imagen a la que acompañan, villanos que en vez de liquidar al héroe hablan media hora sobre lo grossos que son y lo bien que salieron sus planes, finales medio precipitados, a veces rematados medio a la fuerza... En fin, cosas de los superhéroes sesentosos clásicos, de las que sólo Marvel se esforzaba por gambetear en esa época.
Otra cosa que no entendí bien es por qué la primera aventura tiene dos formatos distintos: arranca con páginas de siete viñetas grandes, vistosas, y enseguida muta hacia una grilla de cuatro tiras, en las que se acumulan 15 ó 16 viñetas microscópicas por página. El dibujo de Oswal es tan grosso que no pierde fuerza ni magia en los cuadritos chiquitos, pero... ¿cuál es el criterio para cambiar de formato sobre la marcha?. La última aventura, la muy breve Ju-Dás también está toda planteada en páginas de cuatro tiras con viñetas muy chiquitas, y ahí sí, el dibujo de Oswal se desluce un poco, pero porque es una historieta con demasiado texto. Eso mismo, contado en dos o tres páginas más, funcionaría mucho mejor, sobre todo para evitar los masacotes de texto que eclipsan mucho al dibujo.
Y después hay tres aventuras largas, todas presentadas en una grilla de tres tiras, con viñetas más grandes, donde el dibujo de Oswal resulta absolutamente hipnótico y devastador. A veces el prócer se zarpa un poco con la cantidad de texto, pero hay que entender que son historietas de los años ´60, cuando esto no era infrecuente, ni mucho menos mal visto por los lectores. Dentro de su ingenuidad (que nunca llega a ser pavota) las historias tienen buen ritmo, sorpresas, momentos tensos, momentos más relajados, bizarreadas, excusas para tirarle a los pibes data sobre historia, física y astronomía de un modo sutil... No sé, de alguna manera sentís que estás leyendo algo más que la lucha de Sónoman con un villano medio ridículo. La historia más floja quizás sea la más extensa, Un Tiro Hechizado, porque se basa en casualidades muy traídas de los pelos y, al tener más de 30 páginas, en un punto deja de ser graciosa y se torna un poco ennervante. Y las que más me cerraron fueron las dos últimas, la ya mencionada Ju-Dás (bien planteada y mejor resuelta) y Silencio Espectral, quizás porque fue donde más sentí la tensión y el peligro, donde vi a Sónoman transpirar la camiseta a full para llevarse un empate.
La vez pasada, maravillado (como siempre) con el dibujo de Oswal, no comenté nada acerca del color. Ahora sí, me meto con ese rubro y digo que no, que no me gusta cómo están coloreadas estas historietas, que el color no le hace justicia en absoluto al dibujo del maestro y que preferiría mil veces que las reediciones fueran en blanco y negro. Entiendo que a color deberían venderse más, pero bueno, pongan a un colorista que entienda mejor el dibujo de Oswal, que no caiga en los efectos más burdos del photoshop, o en la Gran Columba de pintar a un personaje todo de azul, o todo de violeta. No te digo que el coloreado le reste impacto o belleza al dibujo, pero sí que aporta tan poco, que bien podría no estar.
Banco un tomo más (que ojalá salga pronto) a ver si mejoran un poco los guiones. Y espero ansioso ediciones locales de las muchas obras de Oswal que están inéditas en el país, o que salieron hace 40.000 años en revistas que hoy son inconseguibles.

jueves, 15 de septiembre de 2011

15/ 09: HISTORIAS TREMENDAS


La consigna para este mes era no reseñar comic europeo, para ponerme al día con el material argentino. Y bueno, se coló este libro, que tiene guionista español y dos dibujantes: uno croata y uno argentino. Así que casi vale.
El guionista es un lujo de aquellos: el maestro Enrique Sánchez Abulí, maestro de la historieta, magnífico traductor y uno de los mejores ajedrecistas que dio España. Me niego a nombrar las obras que, desde los ´80, convirtieron a Abulí en uno de los guionistas fundamentales del habla hispana. Si nunca leíste ninguna, te llevaste Comic Europeo a Marzo. De los dos dibujantes, al croata no lo conocía. Se llama Darko Perovic y tiene un estilo bien europeo, cercano al de Giancarlo Alessandrini y al de un montón de autores menores que tratan con distintos niveles de éxito de seguir la línea de Jean Giraud. A Darko le sale muy bien el estilo Giraud, a tal punto que hasta reproduce milimétricamente la tipografía, el rotulado de los comics de Giraud. De todos modos, las mejores historietas de Darko son aquellas en las que mecha también cositas de Jordi Bernet y Hugo Pratt. La narrativa de Darko es muy cambiante, no se ajusta ni a la típica puesta de Giraud, ni a la de Bernet, ni a ninguna otra. Va probando nuevas soluciones frente a cada desafío que le proponen los guiones de Abulí. De los 11 relatos que le toca dibujar, hay dos perfectas: En Pos del Coño Desbocado (con varios yeites clásicos de Bernet) y Lazos de Sangre, donde Darko mejor combina todo su abanico de influencias.
Los 13 relatos restantes son los que dibuja Oswal, el prócer quilmeño, y ahí no tiene sentido hablar de influencias, porque es al revés: Oswal inventa todos los días cosas nuevas, y en vez de mirar a sus colegas, los influencia, les sirve de faro. Es muy, muy difícil señalar una o dos mejor dibujados que el resto, porque el nivel es altísimo y muy, pero muy parejo. Si me tengo que quedar con una, creo que elijo El Flirt del Guerrero, por esa extensa secuencia muda, dificilísima de plasmar en imágenes, y que el glorioso creador de Sónoman resuelve con un virtuosismo que te hiela la sangre. Si el libro tuviera sólo las páginas de Oswal, también habría que comprarlo sin chistar.
Ahora, ¿qué onda los guiones? La verdad, bastante desparejos. Hay algunos realmente brillantes, como el de En Pos del Coño Desbocado, Lazos de Sangre, o La Muerte en Decúbito Supino. Pero también hay varios muy boludos, apenas chistes largos, o muy raros, que arrancan para un lado y terminan para otro. También varios que se quedan en la mala leche, en mostrar una atrocidad, regodearse en los pantanos de la miseria humana y hasta ahí llega. Pocos muestran la crueldad humana como Abulí, y no voy a ser yo quien censure a un autor por zarparse con la mala leche y las atrocidades. Pero en otros trabajos, Abulí se las ingeniaba para integrar su sello de desesperanza, sordidez y escepticismo frente al patetismo humano en el contexto de historias más redonditas.
O sea que faltan un par de historias mejor rematadas, pero hay un par increíblemente grossas y los dos dibujantes dejan la vida, así que esto hay que tenerlo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

26/ 11: SONOMAN Vol.1


Reencontrarse con Sónoman después de chotocientos mil años sin leerlo es un trip mágico. Y loco, porque uno tenía recuerdos muy vívidos de esas historietas. O no, por ahí me mezclo los recuerdos con los textos SOBRE Sónoman que leí hace mucho menos tiempo, y en todo caso eso habla muy bien de los textos.
Este libro, magníficamente editado, incluye tres aventuras largas y una cortita, una especie de presentación. Esta intro está realizada en 1993, cuando Oswal llevaba muuuchos años sin dibujar a Sónoman, y tiene un planteo gráfico mucho más moderno que el resto del libro. Se nota que ahí Oswal ya era mucho más que un buen historietista. Pero son poquitas páginas.
La pulenta es la primera aventura extensa, una remake de 1983 de la tercera aventura de Sónoman, cuya primera versión es de 1967. Yo ni había nacido, así que jamás vi esa primera versión. Pero la del ´83 es demoledora, así, de una. Acá un Oswal ya maduro y muy, muy canchero, se ciñe a una grilla muy ajustada, de 16 viñetas por página, para meter mucho en poco espacio: caracterización, humor, revelaciones impactantes acerca de Sónoman y sus poderes, y además la acción, que cuando estalla rompe el esquema de 16 cuadros y nos regala imágenes hermosas y de altísimo impacto visual. En apenas 19 páginas Oswal pone más contenido que el que hoy solemos ver en 64 páginas y todo está dibujado como los dioses, en ese estilo de síntesis, con manchas perfectas, con pinceladas sutiles y un dominio molecular de la narrativa, de los climas, de las expresiones faciales… Esas 19 páginas garpan todo el libro.
Las otras dos historias largas son la cuarta y la décima, y datan de 1967 y 1968, respectivamente. Y están buenas sobre todo para ver cómo dibujaba Oswal en aquel entonces y cómo mejora con el correr de las páginas. Entre el ´67 y el ´68, la gimnasia de dibujar a Sónoman todas las semanas da resultado, y para la última saga del libro (contra Dómina), ya se ve asomar al Oswal imparable, al maestro de los maestros, a ese que le voló el cráneo a Meglia, a Capristo, a Taborda, a Dani the O, a Lucas, a Mosquito, a Dupleich y tantos otros destacadísimos discípulos. Lo más flojo, entonces, es la aventura del ´67, porque el dibujo todavía está apenitas “duro”, más pegado a los clásicos yankis tipo Alex Raymond, y porque la propia temática de la saga, la exploración de nuevos poderes para el héroe y una lucha menor contra el Hombre Museo, no tiene ni a palos el peso dramático de los otros arcos argumentales. Para los hinchas de Racing, ese episodio tiene un bonus especial: Sónoman rescata al legendario equipo de José!
El resto, es muy, muy notable, al nivel de lo mejorcito que produjo en materia de superhéroes la Silver Age yanki. Sónoman no escapa para nada a ese proceso. Si bien la narrativa no se parece en nada a la norteamericana (porque al publicar dos o tres páginas semanales, hay MUCHOS más cuadros por página que en cualquier comic-book), las similitudes sobran: Sónoman explica los poderes que usa, como los Legionarios del Siglo XXX, y los activa moviendo los deditos como Spider-Man y el Dr. Strange. Oswal mecha data científica sobre flora, fauna, astronomía y física en medio de las aventuras, como los guionistas sesentosos de DC. Y salvo por la última saga –que es más “heavy”- las otras están bastantes conscientes de lo alucinante y lo bizarro que nos están narrando, y tienen unos cuantos toques de humor, al estilo los Metal Men, Metamorpho o los team-ups de Batman de Bob Haney.
Hasta hace un tiempito, de Sónoman se hablaba mucho y se lo leía poco. Ahora está la posibilidad de descubrirlo en serio, de meterse, de indagar y de averiguar uno mismo cómo y por qué esta historieta que salía en Anteojito hace 1000 años, un día se convirtió en uno de esos clásicos imposibles de olvidar. Ojalá pronto se editen nuevos tomos!

lunes, 23 de agosto de 2010

23/ 08: CONSUMMATUM EST


Uno de los lugares comunes frecuentemente visitados por los que escribimos sobre historieta en Argentina es la comparación entre Oswal y Will Eisner. Andá a saber por qué carajo Argentina necesitaba un “Will Eisner argentino” y el elegido fue el maestro quilmeño. Con bastante buen tino, claro: los dos crearon justicieros enmascarados que pueden ser disfrutados por quienes no son fans de ese género, los dos incursionaron en las adaptaciones literarias y en las novelas gráficas, los dos son monstruos del claroscuro, los dos se jugaron a innovar en materia de enfoques e iluminación, sumado al salto en la narrativa que supone no dibujarle marcos a las viñetas y demás. Pero es hora de detonar una bomba atómica, amigo viñetófilo, y ahí va: Oswal le rompe el culo a Will Eisner, MAL. Como dibujante y como narrador Oswal es mil veces mejor que Eisner. Al creador del Spirit –seamos justos- hay que reconocerle dos cosas: que llegó primero y que es mejor como autor integral, ya que siempre trabajó con guiones propios y la mayoría son buenísimos.
Ahí Oswal da una cierta ventaja, porque sus obras con guiones propios no son todas cátedras: Sónoman o Mascarín por ahí sí, pero Tango en Florencia por ahí no. Pero por otro lado, Oswal cosechó toneladas de laureles en sus obras con guionista, lo cual no es ilógico si pensamos que colaboró con animales de la talla de Oesterheld, Albiac, Barreiro y Sánchez Abulí. También con guionistas hoy medio olvidados, como Ray Collins o Linton Howard, y con otros que siempre fueron más capos fuera que dentro del campo de la historieta, como Dalmiro Sáenz o Yaqui, guionista de la obra que hoy nos ocupa. Con su verdadero nombre (Patricio McGough), Yaqui fue un famoso compositor folklórico, novelista, ensayista y poeta, dirigió Radio Belgrano, Radio América y hasta Canal 9, y escribió y dibujó durante más de 10 años una tira diaria en La Nación, Figuras de Nuestra Tierra, injustamente olvidada. Este libro es el único que recopila historietas suyas.
El hecho de que Consummatum Est sea virtualmente desconocida en Argentina (apenas salieron un par de episodios en la revista Trix) es un disparate y una deshonra sólo comparable al rating de ShowMatch. Estamos ante una verdadera Obra Maestra, una joya exquisita, en la que guionista y dibujante se conjugan en una danza perfecta, peligrosa, cautivante, con momentos tremendos (un tipo castra a otro y le hace tragar los huevos, unos muchachones se violan a una embarazada…) y con momentos desbordantes de poesía. Consummatum Est nos presenta historias cortas, de hombres y mujeres en situaciones límite, ambientadas en distintas épocas que van desde el antiguo Egipto hasta fines del Siglo XV. Cada período histórico está perfectamente reproducido no sólo en los trajes, vehículos, armas y edificios, sino incluso en las costumbres cotidianas y los usos del habla. El trabajo de documentación de Yaqui y Oswal es digno de los mejores literatos, y el nivel de los textos (que son muchos) es pasmoso. Estas son historietas que a Borges le gustaría haber escrito.
Y eso sin mencionar las genialidades que hace Oswal a la hora de dibujarlas. El pincel del maestro recrea épocas, climas, estados de ánimo, y amores trágicos con magia y lirismo, pero también con crudeza y venalidad. El libro está lleno de secuencias impactantes, emotivas, realmente fuertes, y no tiene ningún pozo ni punto bajo. Tal vez la historieta mejor dibujada de punta a punta, la que ya se pasa de todo elogio que podamos ofrendarle, sea la de Jean Armand, el campesino condenado a la horca que lanza su maldición sobre el avechuchesco duque que lo mandó ejecutar. El guión es una fábula moral punzante y perturbadora y el dibujo de Oswal es desaforado, no da tregua ni en una sóla viñeta. Posta, para pasar a la historia. El episodio del matrimonio chino bajo el reinado de Shin Huang-Ti (en el que Oswal coquetea un par de viñetas con Hugo Pratt) es otra maravilla indescriptible.
Pero todo el libro, los 12 relatos dejan testimonio de una conjunción entre dos autores que pusieron todo: pasión, talento y poesía para una serie de historietas que –en un mundo más justo- sería texto obligatorio en cualquier cátedra de Historia o de Literatura de cualquier facultad. Consummatum Est excedió todas mis expectativas, y eso que cuando leí las historias sueltas en la Cimoc (hace mil años) ya me había parecido brillante. Will Eisner, seguí participando…