el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 6 de diciembre de 2025

SÁBADO CALUROSO

Dos reseñas (supongo que cortitas) para esta calurosa tarde de sábado. En 1982 salió el Vol.14 de los álbumes que recopilaban las historietas de Gaston Lagaffe, el famoso personaje creado por André Franquin, que solía aparecer todas las semanas en la revista Spirou. Casi siempre ocupaba una página completa, de vez en cuando dos, y de vez en cuando media. Pero Gaston siempre estaba. Este álbum rescata más de 40 planchas de aquella época y son muchas. Quiero decir: el humor de Gaston Lagaffe se disfruta mucho más en dosis más pequeñas. Una historieta por semana, dos a lo sumo. Leer cuarenta y pico de un saque les quita un poco de gracia y se hace inverosímil que ninguna de sus víctimas tome la decisión de echarlo a patadas en el orto de esa oficina (que, en un hábil juego meta, es la redacción de la revista Spirou) en la que no para de mandarse cagadas, causar desastres y apolillar en horario laboral. En esta etapa, Franquin había desarrollado un segundo escenario para las tropelías de Gaston: la calle, donde quien sufre las calamidades causadas por este energúmeno es un policía llamado Longtarin. Nunca llegamos a ponernos del lado del policía, porque Franquin nos deja en claro que no tiene buenas intenciones: su objetivo es encajarle multas a los autos (o a sus dueños) a como dé lugar, incumplan o no las normas. Y obviamente su enfrentamiento con la creatividad destructiva de Gaston va a terminar en derrota para el agente... una y otra, y otra vez. En este tramo de la serie hay un elemento recurrente, que se vuelve fundamental en el eterno combate entre Gaston y Longtarin: los parquímetros. Supongo que habrá coincidido con la época en la que, en la Bruselas del mundo real, a alguien se le ocurrió llenar las calles de parquímetros. El maestro Franquin imagina una cantidad infinita de variaciones sobre el tema "chistes con parquímetros" y unos cuantos son brillantes. Ni hace falta decir que, muy por encima de la gracia (mucha o poca) que nos causen los chistes, resalta el dibujo de Franquin y su descomunal talento para la narrativa. Imitado hasta el hartazgo por decenas de dibujantes, a principios de los ´80 Franquin estaba en un nivel formidable, afianzadísimo en su estilo hiperkinético, muy canchero para trabajar con la mancha negra (línea clara, las pelotas) y para sobrecargar la viñeta con líneas y detalles de todo tipo sin obstaculizar para nada la fluidez y el vértigo de las historias. Nunca es suficiente la cantidad de historietas de Franquin que uno quiere leer y atesorar. En el caso de Gaston Lagaffe (conocido en España como Tomás Elgafe) no recomiendo bajarse todo el álbum de un saque, sino dosificarlo para el impacto humorístico sea mayor. Si nunca leiste nada del glorioso André Franquin, cualquier álbum de Gaston es un buen punto para empezar.
Encontré en la pila de los pendientes otro libro publicado en Argentina en 2024, pero este es un manga: Ciudad de Tumbas, un masacote de 408 páginas con 11 historietas autoconclusivas de Junji Ito, sin ninguna relación entre sí, más allá de la temática de misterio sobrenatural con terror y asquerosidades. Nada, más de lo mismo. Dibujos espectaculares, imágenes escalofriantes, un nivel de detalle inhumano en paisajes, escenografías y criaturas fantásticas, con guiones MUY desparejos, muchos de los cuales hacen "la Gran Mariana Enríquez" (es decir, plantean un conflicto, pero no lo resuelven). Hay historias mejores y peores, algunas que te enganchan desde la primera página y se desinflan en el final, otras que arrancan tranqui y explotan en el final, algunas muy atrapantes de punta a punta (como "Las estatuas de bronce") y otras chotísimas de punta a punta (como las 50 páginas de "Materia flotante"). Y rarezas como "El Misterio del túnel", en la que Ito te mete... cuatro plots distintos, que transcurren en el mismo lugar y al mismo tiempo, pero no resuelve ninguno de manera satisfactoria. Un desperdicio de ideas, que podría haber dosificado (y desarrollado mejor) a lo largo de distintas historietas. Como suele suceder en las historias "cortas" del ídolo, los personajes se parecen bastante entre sí, no hay grandes hallazgos en materia de caracterización, ni siquiera en los relatos de 50 páginas. Aún así los diálogos son entretenidos (bien ahí la traducción de Martín Parle) y -salvo algún que otro clavo- las historias son llevaderas, en parte gracias al formato corto (varias historias tienen 32 páginas o menos). Obviamente para el que compra manga por los dibujos, Ciudad de Tumbas es imprescindible. Para los fans del buen comic de terror y misterio, se me ocurren opciones mejores. Nada más, por hoy. Vuelvo a la Comiqueando Digital, que está quedando un kilo y dos pancitos. Gracias y hasta pronto.

lunes, 8 de septiembre de 2025

RESEÑAS ZOMBIES

Estoy con sueño y no me puedo ir a dormir porque en cualquier momento me tocan el timbre para entregarme algo que necesito recibir hoy. Así que, para aguantar despierto, me pongo a escribir reseñas de los últimos libros que leí. Smashed es un compilado gordito, bien nutrido, de historias cortas de Junji Ito, muy bien editado por Ivrea. No hay mucha información acerca de los años en los que el mangaka dio a conocer estas historias, pero deben ser todas del Siglo XXI, porque están dibujadas a un nivel similar al de los trabajos más logrados del maestro del terror. El problema en este caso son los guiones, que están lejos de ser memorables. Hay uno realmente genial, uno que me gustaría arrancar de esta antología y meterlo en otra, en alguna de las que me gustaron más. Me refiero a "No quiero convertirme en fantasma", un unitario perverso, inquietante, perturbador, que cualquier guionista del mundo querría haber escrito. Pero una gema entre 14 historias es muy poco. Los otros 13 relatos son, básicamente, más de lo mismo. Espectros, posesiones, casas embrujadas, alucinaciones horribles... todo apenas un poquito más salvaje que en las historietas de misterio y terror que publicaba DC en los años ´70 y ´80 en revistas como House of Mystery, Ghosts o Secrets of the Sinister House. Lo cual no es mucho decir. La gracia está en el dibujo de Ito, que es extremo, y que todo el tiempo se esfuerza por subrayar lo asqueroso o lo truculento de lo que nos está contando. Pero para quien ya tiene leído bastante Junji Ito, no hay grandes sorpresas, no hay personajes gancheros, de esos que uno quiere que vuelvan, y si bien las historias no se reiteran, hay una especie de fórmula, recursos a los que el autor vuelve una y otra vez, a riesgo de que uno "le tome el pulso" y sea mucho más difícil que nos pongamos nerviosos o nos caguemos en las patas con cada nuevo unitario. Y sí, algunos (como el del valle de los espejos o el de las chicas que cuentan chistes) son realmente pedorros, más allá de que se ajusten mucho o poco a la fórmula típica de estos relatos. Esto mismo, con un dibujante más "del montón" se haría insostenible. Pero bueno, no me quiero ensañar al pedo, porque si Smashed es tu primer (o segundo) libro de historias cortas de Ito, lo vas a disfrutar a full y te va a pegar con toda. Tengo algún libro más del maestro en la pila de los pendientes, pero lo voy a dejar para MUCHO más adelante, a ver si así la experiencia de leerlo recupera algo de la frescura y la emoción perdidas. Por ahí, leyéndolo de manera más espaciada me vuelve a sorprender o a entusiasmar.
Me vengo acá cerquita, a Brasil, año 2024, para descubrir una obra del gran Wander Antunes como autor integral. Antunes se insertó en el mundo del comic europeo a mediados de la primera década del milenio, en un principio solo como guionista, y así fue que colaboró con dibujantes de la talla de Jaime Martín, Walther Taborda o Mozart Couto. Pero en algún momento, le picó el bichito de querer dibujar él mismo sus guiones y se convirtió en un autor integral que produce mucha obra, ya más pensada para el mercado brazuca que para el francófono. Como guionista, Antunes siempre fue de muy bueno para arriba, y hasta ganó premios como novelista, jugando de visitante en el palo de la literatura. Y como dibujante... la verdad que no es genial, pero tampoco es un choto. Imaginate una mezcla entre Will Eisner y Rubén Pellejero, pero que cuaja mucho mejor en los fondos que en los personajes. Un estilo fluido, dinámico, muy atento a las expresiones de los personajes, pero sin el virtuosismo de los maestros que acabo de enumerar. El color (también obra de Antunes) es espectacular y el combo completo resulta sumamente idóneo para contar una historia como la que nos espera en A Odisseia de Gonçalo Bombom. Es que, más allá del "puntaje" en cada uno de los rubros, Wander Antunes es -ante todo- un narrador supremo, un narrador del mega-carajo, que tiene perfectamente dominados todos los recursos que hacen falta para que el lector se enganche con una historia, se cope con los personajes, se divierta con los diálogos, vibre con la acción, y no quiera soltar el libro hasta el final. Si leés historietas hace muchos años, ya sabés que no hace falta ser el Dios del Dibujo para atrapar al lector en las garras de un relato gráfico, manipularlo y volverlo loco para que sienta la tensión, las emociones, o lo que sea que el autor quiere que sienta. Bueno, Antunes sabe perfectamente lo que quiere que sientas y -repito, más allá de la calidad del dibujo- te lo hace sentir en todas las putas secuencias del libro. El guion es excelente, con peripecias, mala leche, diálogos brillantes, personajes tremendos, una encrucijada que no tenés idea de cómo se va a resolver, sutiles pinceladas de un humor negro digno de Sánchez Abulí, una bajada de línea fuerte contra esa aberración que son las riñas de gallos (la aventura transcurre en los años ´50, cuando en Brasil eran legales) y mucho color local. No le quiero robar al maestro Pablo Carrozza sus chistes de "más brazuca que..." (buscalos en YouTube, son lo más) pero sí, esto es re-brazuca. Antunes encuentra en la idiosincracia de su país, más precisamente en un pueblito pesquero del Norte, en el estado de Bahía, una fauna ideal para protagonizar el conflicto que tiene en mente y le saca un jugo espectacular. Los que seguimos a Wander Antunes en redes tenemos en claro que se trata de un autor que labura mucho y a un ritmo muy rápido, y que lo que está haciendo ahora se ve mejor que A Odisseia de Gonçalo Bombom. Hay una evolución notable en el dibujo, y eso solo puede beneficiar a los trabajos futuros de este referente absoluto del comic brasileño actual, que ya la rompió en Europa en sus tiempos de guionista pero todavía no es muy conocido por los fans hispanoparlantes de nuestro continente. Nada más, por hoy. La seguimos pronto. Vamos que falta poco para mis vacaciones.

martes, 29 de julio de 2025

MARTES SOLEADO

Todavía no terminó Julio y ya clavé 12 entradas en el blog. ¿Qué me contursi? La verdad que entre películas y lecturas, salió un mes ultra-comiquero. Vamos con las reseñas de un par de libros más. Por esas cosas de los japoneses y la extraña forma que tienen de vender las licencias de los mangas a las editoriales extranjeras, Ivrea metió en un mismo tomo dos obras de Junji Ito que no tienen un choto que ver una con la otra. El tomo argentino se titula "Frankenstein" y tiene más de 400 páginas. La primera mitad, está compuesta por historias de terror/ misterio/ suspenso/ bizarreadas varias, casi todas protagonizadas por Oshikiri, un pibe que vive solo en una extraña mansión en la que pasan cosas muy locas. Hay fantasmas, muertos en las paredes, un vórtice que da a otra dimensión... y algunas cosas son reales y otras son alucinaciones de Oshikiri. Lo que hace acá Ito es tirar una idea fuerte, desarrollarla hasta donde se le da la gana, y terminar la historia donde a él le parece, no necesariamente cuando el conflicto que plantea llega a una resolución. Algunas son buenas ideas, desperdiciadas en malas historias. Y otras ni eso. Son imágenes de alto impacto, enigmáticas, perturbadoras o simplemente asquerosas, alrededor de las cuales el autor trata de armar un argumento, con distintos niveles de éxito. La verdad que si fuera por este primer tramo, ni se me ocurriría conservar este libro, porque ni siquiera el dibujo de Ito está en un nivel cercano a los de sus momentos más gloriosos. Las tramas son un poco rudimentarias, el capricho de que los protagonistas sean siempre chicos y chicas de escuela secundaria me seca los huevos sobremanera, y en todos los casos, lo que Ito cuenta en 30 ó 35 páginas se podía contar en 10 ó 12. Felizmente, después de esta primera mitad medio "más de lo mismo", tenemos la adaptación de Frankenstein, sorprendentemente fiel a la versión original con la que la genial Mary Shelley inauguró eso que hoy llamamos "ciencia ficción" allá por 1818. Como cuando le tocó adaptar "Indigno de ser humano", acá Ito se pone la 10 y la cinta de capitán. Su Frankenstein, además de MUY respetuoso de la versión literaria, es un manga atrapante, narrado de manera magistral, sin abusar de los bloques de texto (vicio muy habitual en las adaptaciones), repleto de imágenes impactantes, aunque esta vez perfectamente integradas a un argumento sólido. Como en la novela de Shelley, acá no pasa todo por las tropelías que comete el monstruo sino más bien por las oscuras obsesiones que atormentan a Victor Frankenstein, su creador. El personaje central es Victor, y su criatura tiene un rol importante, pero no le roba el protagonismo. Por supuesto que, con la adaptación en manos de Ito, el terror se va a hacer presente en la narración. Pero es un elemento más, al igual que el drama. También hay una trama romántica (una y media, podríamos decir) y momentos (el principio y el final) donde se impone una aventura en paisajes exóticos, todo maravillosamente dibujado por el astro japonés. No hace falta que lo subraye, pero sin dudas estas casi 200 páginas (originalmente realizadas por Ito a mediados de los ´90) son las que hacen que valga la pena comprar y atesorar el libro, sobre todo si sos fan de Frankenstein o de los orígenes de la ciencia ficción.
Vamos a Estados Unidos, fines de 2018, cuando DC publica la antología Nuclear Winter Special, un librito con 10 historias cortas de ocho páginas cada una, hilvanadas por una secuencia medio en joda, en la que el protagonista es Rip Hunter. Lo que más me sorprendió es la calidad de los dibujantes: el italiano Giuseppe Camuncoli, Brad Walker, el rosarino Cristian Duce, Yasmine Putri, Dexter Soy, el prócer Jerry Ordway, el maestro Phil Hester, el chileno Amancay Nahuelpan y Scott Kolins. No hay uno flojo, de verdad. Visualmente, es una antología muy pareja, y con un nivel altísimo. Veamos qué onda los guiones. La historia de Damian Wayne contra Ra´s al Ghul (a cargo de Colin Kelly y Jackson Lanzing) no está mal, es correcta y poco pretensiosa. La de Superman y Martian Manhunter ambientada en el futuro del One Million es excelente, sorprendente y emotiva. La de Flash (a cargo de Jeff Loveness) no me pareció gran cosa. La de Supergirl (de Tom Taylor) me intrigó porque está ambientada en un futuro en el que Kara es bastante mayor, y tiene una hijita. No sé si está conectada a una saga más extensa que nunca leí, o si es un invento fumanchero de Taylor, pero funciona. Mairghread Scott firma el unitario protagonizado por Aquaman, también muy poco ambicioso, bastante entretenido. La de Firestorm está a cargo del maestro Paul Dini, que se zarpa un poquito en la cantidad de texto y la cantidad de cuadros que le hace dibujar a Ordway, pero está muy bien, es una linda vuelta de tuerca a un concepto bastante ramplón como era el de la Nuclear Family (creada por Mike W. Barr como antagonistas de los Outsiders). El propio Hester escribe el guion de la historieta de Kamandi, que está muy buena y te deja con ganas de más. La más flojita tal vez sea la de Catwoman (escrita por Cecil Castelucci) y el librito cierra con una de Green Arrow, a cargo de un guionista al que nunca había oído nombrar: Dave Wielgosz. Una muy grata sorpresa, porque -si bien prácticamente no hay acción- nos presenta a un Oliver Queen crepuscular muy interesante, muy consistente con lo que fue toda la trayectoria de Green Arrow como superhéroe, y con una exploración de sus vínculos muy intensa y muy profunda, sobre todo si pensamos que está todo contado en apenas ocho páginas. Como siempre, por sobre el frío del invierno y por sobre la desolación de los escenarios de futuros distópicos, en los que la Tierra está hecha mierda o los superhéroes están viejos o derrotados, se impone la luz, la esperanza. No importa cuándo, no importa cómo, los íconos de la justicia, la bondad y el altruismo van a aportar su granito de arena para que el universo, la ciudad, una familia, o un amigo, sean un poquito más felices. Casi todos los guionistas que colaboran en el Nuclear Winter Special captaron esa consigna y la convirtieron en historias cortas que tal vez no tengan tanta prensa ni tanta repercusión como las series mensuales o las miniseries de Black Label, pero que se disfrutan sin mayores inconvenientes y además inspiraron a los dibujantes para que se pongan las pilas y realicen trabajos muy, muy notables. Hasta acá llegamos, por hoy. Capaz que hay una entrada más antes de fin de mes (lo dudo), pero lo que es seguro es que nos vemos mañana a las 22:30, en vivo en el canal de YouTube de Comiqueando, en una nueva emisión de Agenda Abierta. ¡Gracias y hasta entonces!

domingo, 16 de marzo de 2025

SE TERMINA EL DOMINGO

Empató Racing, empieza a anochecer más temprano, porque al verano ya le queda menos de una semana, y yo tengo un rato para reseñar un par de los libros que tengo leídos. Allá por 2012, la editorial IDW le dio luz verde a un proyecto raro: un revival de Popeye que apuntó a recuperar el estilo de la etapa clásica del personaje, es decir, de las tiras de Elzie Segar que se publicaron en los diarios de EEUU bajo el nombre de Thimble Theatre, allá por los años ´30. Algo hablamos de eso hace muchos años, en la reseña del 03/01/14, y mucho más a fondo en el artículo que escribió Roberto Barreiro para la Comiqueando Digital nº2. Al frente del proyecto se puso nada menos que Roger Langridge, el prócer neozelandés, fanático de Segar, quien escribe los guiones de la serie, o por lo menos de los cuatro episodios que integran este primer tomo recopilatorio. Los dibujantes son varios y yo no conocía a ninguno, excepto a Vince Musacchia, quien moriría en 2015, con solo 63 años. El resto, no me suena ni remotamente. Pero son todos clones más que correctos de Segar, tipos super-capacitados para narrar en cuatro tiras por página, para dibujar chiquito y claro, en un estilo sintético, expresivo, dinámico. Claro, Segar estaba tan adelantado a su época, que hoy ves a otros autores trabajar en su estilo y no suena tan retro. Es obvio el intento de estos dibujantes por "anclarse" a la estética de los años ´30, pero en ningún momento huele a naftalina, y con el correr de las páginas uno naturaliza la impostura. Las aventuras que escribe Langridge son muy entretenidas y bastante distintas entre sí. Hay chistes, momentos disparatados, peripecias y diálogos muy graciosos. El neozelandés capta perfecto el grado del deformación del inglés que hace tan cómico a Popeye, y al mismo tiempo lo hace casi tan intraducible como Inodoro Pereyra. Además, siempre está bueno ver reaparecer a los personajes que Segar desarrolló durante años, pero que quedaron relegados al olvido simplemente porque no aparecían en los dibujos animados. Langridge quiere que te olvides del Popeye de los dibujos animados: no usa el gorrito de marinero, come espinacas pero no para recibir superpoderes, y Bluto es un enemigo más, no está constantemente en el centro de la escena. En esta versión tienen más peso el Jeep, Castor Oyl, la Bruja del Mar... hasta Sappo y Wotasnozzle, que protagonizaban la tira chiquita que aparecía como complemento a las planchas dominicales de Popeye. Un toque muy fino, y muy bienvenido, es que aparecen en roles muy chiquitos personajes de otras tiras de los años ´30, no necesariamente creados por Segar, que -si te gusta esa onda- podés jugar a reconocer. Lo único que no entiendo es cómo alguien puede soportar a un personaje tan de mierda como Wimpy. Cómo en la primera aventura no le pegan un voleo en el orto como para ponerlo en órbita y que no aparezca nunca más. En la anteúltima del tomo (Good-Night, Blozo!) hay un intento por reivindicarlo y darle un rol menos repulsivo en la trama. Pero para ese entonces yo ya lo quería ver muerto, sepultado y comido por los gusanos. En fin, conozco a fans de Popeye que aman a Wimpy, pero a mí no me puede caer peor. Disfruté mucho de este tomo, no sé si como para comprarme todos los que siguen, pero sí como para prestarle atención a la versión de Roger Langridge de este clásico del Noveno Arte que en cualquier momento sopla las 100 velitas.
Nos vamos a Japón, año 2021, para leer nuevas historias de misterio, terror y bizarreada creadas durante la pandemia por el maestro Junji Ito. Ya vimos el primer libro de La Zona Liminal el 29/10/24, y este es una especie de continuación, si bien todas las historias son autoconclusivas. Esta vez tenemos cuatro relatos, de diversas extensiones: uno de 66 páginas, uno de 68, uno de 46 y uno de 34. Vamos a repasarlos. La primera historia me hipnotizó. Le falta, como suele suceder en las historias cortas de Ito, un poco más de profundidad al personaje protagónico. Pero la trama es original, tiene el grado justo de complejidad, de enrosque, de sorpresas, de mala leche... y un final bien pasado de rosca, bien ido a la mierda, en el que la bizarreada está perfectamente justificada. La segunda historia tiene un problema, y es que le sobran unas 20 páginas. Es de esas ideas que en los ´70, te las ponían en una antología de misterio de DC, desarrolladas (y desperdiciadas) en ocho páginas. Acá, Ito se toma todo el tiempo del mundo para llegar a donde era evidente que iba a llegar, y si bien condimenta ese recorrido con unas cuantas sorpresas impactantes, no deja de ser predecible. Probablemente sean las páginas mejor dibujadas del tomo, y eso ya de por sí justifica cualquier cosa. La tercera mezcla de manera muy ingeniosa los zombies con los espíritus de los fantasmas que buscan cuerpos en los que reencarnar. Tiene un elenco amplio, en el que no todos los personajes aportan algo a la trama, pero también tiene un ritmo espectacular y unas 10 páginas finales dibujadas a un nivel colosal. Finalmente, la última tiene el argumento más enigmático, con las mejores ideas y el planteo más retorcido y más original. Ito arma una espiral ascendente de tensión y suspenso, en una historia que sabés que va a terminar mal, pero no te imaginás cómo. El final es entre macabro y poético, satisfactorio por donde se lo mire. La verdad que cerré el libro muy contento, porque Ito me ofreció un buen rato de entretenimiento, con muchas ideas copadas, giros imprevisibles, momentos en los que el terror se va tan al carajo que te causa gracia, y unos dibujos superlativos, a años luz de los mangakas casi sin estilo que llenan todas las semanas páginas y páginas de shonens de peleas. Por si faltara algo, magnífica la edición de Ivrea para este material, con muy buenas traducciones de Martín Parle. Tengo más libros de Junji Ito en el pilón de los pendientes, así que nos reencontraremos con él, más temprano que tarde. Nada más, por hoy. Gracias por pasar por el blog a leer las boludeces que uno escribe y volvemos pronto con nuevas reseñas.

sábado, 15 de febrero de 2025

HERMOSO SÁBADO

Podría haber escrito estas reseñas ayer, pero me dio fiaca y las dejé para hoy, que por suerte tengo menos cosas para hacer. Empiezo con Gemidos en las Cañerías, otro compilado de historias cortas de Junji Ito editado por Ivrea. Este tiene una novedad y es que, de los ocho relatos incluidos en el tomo, seis son historias de 60 páginas. Me parece que 60 páginas es un gran formato para este tipo de historias, de misterio sobrenatural, porque obliga al autor a que pasen más cosas, a llevar el conflicto no sé si al límite, pero por lo menos a algo más que mostrar la puntita. En 20 páginas, cualquier mangaka experimentado se puede dar el lujo de tirar una idea al voleo, y rellenar todo ese espacio sin desarrollar nada, o por lo menos sin profundizar. Acá en 60 páginas Ito nos cuenta más o menos lo mismo que un comic yanki de los ´60 o ´70 te contaba en 12 páginas. Muchas de historias me hicieron recordar enseguida a las de misterio/ terror de DC, que aparecían en revistas tipo Tales of the Unexpected, Ghosts, House of Secrets y demás títulos hoy poco recordados por la muchachada. Por supuesto que casi siempre aparece ese toque tan personal de Ito, que eleva los niveles de asco a lugares donde los atildados guionistas de DC de los ´60 no se hubieran metido jamás. Pero las historias van para el mismo lado, a veces más oscuras, a veces más bizarras. La primera es re de DC de los ´60. Está bien, es tan rara que te engancha. La segunda (la que le da el título a la antología) está un toque estirada, pero la idea es excelente, oscura, violenta, cruel, con una hermosa mala leche. La tercera triunfa a la hora de establecer el clima, el misterio, ese espiral de intriga que se va tensando, pero es medio chota la explicación de por qué pasa lo que pasa. La cuarta, Los Globos Colgantes, es una bizarreada fascinante, que empieza con una trama medio de thriller y en un momento se va al carajo y más allá. Es una historia que le hubiese encantado poder publicar a los editores de DC de los ´60 y ´70, un disparate macabro, sumamente ganchero, donde ni hace falta ninguna explicación para los fenómenos paranormales que nos muestra Ito. La mejor historia, la más compleja, la que tiene más desarrollo de personajes, la mejor dibujada incluso, es la quinta: La Mansión de los Títeres. Podría ser una novela gráfica, tranquilamente, si no fuera por un detalle: en la página 20 ya sabés cómo va a terminar, o por lo menos quién va a ser el responsable de todos los horrores que vamos a presenciar en las siguientes 40 páginas. Igual se disfruta muchísimo. Y la última novelita de 60 páginas está buena, es jodida y truculenta, pero esta muuuuy estirada. Me hizo acordar mucho a un unitario de Charles Burns que remata una idea parecida en... menos de 10 páginas. Y como complemento, el libro trae dos historias cortitas, de 10 páginas cada una, que están bien, se apoyan en ideas copadas, y podrían haber aparecido tranquilamente en las clásicas antologías de misterio de DC. El dibujo de Ito, siempre muy parejo y muy arriba (pareciera que todas estas historias son de la primera década de este siglo), y la traducción de Martín Parle, muy eficaz, muy sólida. Hay mucho más Junji Ito para este año, acá en el blog.
Hace poquito más de cinco años, el 04/02/20, cerraba la reseña del Vol.1 de Monstress con la frase "espero conseguir pronto los tomos siguientes para enterarme cómo avanza la estremecedora epopeya de Maika Halfwolf". Bueno, lo de "pronto" no se pudo concretar, pero finalmente pude conseguir dos tomos más de esta serie de Marjorie Liu y Sana Takeda y retomar la saga. Me va a quedar breve la reseña, porque no voy a hablar de nuevo del dibujo de Sana Takeda (SanaTa, para los amigos). Vale repasar lo que escribí en la reseña del Vol.1, que se aplica sin ningún inconveniente a lo que muestra la dibujante en este segundo tomo. Este es un tomo relativamente tranquilo, pausado, con menos de una escena de acción por episodio. Liu se hace cargo de que en el Vol.1 abrió un montón de puntas, nos generó un montón de preguntas, y ahora es hora de empezar a responderlas. Para eso aparecen en escena varios personajes cuya función es básicamente "pasar en limpio" cosas que se mencionaron al pasar en el primer tomo, y poner sobre la mesa el complejo entramado de poder y de intereses que rige al mundo en el que se mueve Maika. Felizmente todo esto se resuelve en diálogos que no aburren en ningún momento, donde siempre llaman la atención las guarangadas que dice Maika, que no se come ni la punta cuando alguno de estos personajes "sabios" le quiere bajar línea. Hay conspiraciones, hay viajes, hay secretos, y de vez en cuando hay machaca. En esos momentos, aparece el costado del horror, encarado de un modo bastante lovecraftiano por las autoras. Parte de lo que hace irresistible a Monstress es que acá conviven personajes bonitos y tiernos que parecen de una peli de Disney con criaturas espantosas que parecen sacadas del Necronomicon. El mundo que crearon Liu y Takeda da para todo, y está bueno que cada tanto aparezcan tomos como este, donde la idea parece ser explorarlo y explicarlo un poco más, para darle más sentido y más solidez a la trama de aventura. Tengo el Vol.3 en la pila de los pendientes, así que seguramente no van a pasar otros cinco años para que vuelva a reseñar un tomo de Monstress. Es cuestión de bancar unos días, nomás. Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontarmos pronto con nuevas reseñas.

jueves, 23 de enero de 2025

HOY, TRES RESEÑAS

Hacía mucho que no clavaba tres reseñas en un mismo posteo, pero bueno, dos de ellas van a ser muy breves. La militancia kirchnerista me llevó a comprar Awaiting the Collapse, una notable antología con lo mejor del maestro Paul Kirchner... que incluye prácticamente todo el material que ya vimos en el libro reseñado el 12/04/19. Menos mal que al momento de hojear este libro no me acordaba nada del anterior... si no, capaz que no lo compraba. No me voy a poner a hablar de nuevo de Kirchner, ni de cómo planteaba sus historietas de corte fantástico, porque eso ya está en la reseña de Realms. Este libro suma, además, ilustraciones (varias de ellas de tono erótico), algunas historietas breves también bastante zarpadas en materia sexual (de las cuales una, Dolls at Midnite, es una gema que merece gloria y loor, honra sin par), un extenso texto en el que el propio autor repasa su vida y su trayectoria (también imprescindible), una excelente historieta de acción y fantasía llamada Arena (siete páginas dibujadas como los dioses), y lo más loco: una selección de las mejores historietas de Dope Rider, el personaje más emblemático de Kirchner, que apareció durante años en revistas vinculadas a la contracultura y el consumo de estupefacientes. Las historias de Dope Rider rara vez superan las cuatro páginas y hacen gala de unos argumentos lisérgicos, indescifrables, donde no importa mucho qué pasa ni por qué. Lo que te detona la cabeza es el dibujo, la puesta en página y las sensaciones que Kirchner transmite desde el dibujo y el color. A veces hay una intención de satirizar los tropos del western clásico, y a veces no. En general, son ideas fumancheras, a las que es mejor no buscarles una lógica ni un sentido. Paradójicamente, Awaiting the Collapse es una antología gestada en Francia, por un editor que tuvo el acierto de publicarla tanto en inglés como en francés. Y sí, es una selección brillante de lo mejor que produjo Paul Kirchner entre 1974 y 2014. Es un libro grandote, pesado, cheto (como casi toda edición francesa), pero trae TODO lo que vas a querer tener de este increíble autor, excepto The Bus, su tira "apta para todo público", que está recopilada en otro libro, donde no hay violencia, ni drogas, ni sexo.
Me voy a Japón a visitar a otro autor de culto, un toque más popular y más prolífico que Paul Kirchner. El Callejón compila 11 historias cortas de Junji Ito, todas en plan mistero sobrenatural y todas publicadas originalmente en los primeros años de este siglo. Del dibujo solo voy a decir que no está tan pulido como en las obras más recientes del ídolo, pero aún así es muy bueno, y muy funcional a las historias que Ito quiere contar y a los climas que quiere evocar. Y en cuanto los guiones, son bastante desparejos. La primera historieta es excelente. Parece un cuento de Mariana Enríquez, de esos que no querés que se terminen nunca. La segunda, en cambio, es cualquier cosa: casualidades imposibles, situaciones predecibles... ni genera miedo, ni causa gracia. La tercera es otra gran historia. Ito nunca explica por qué pasa lo que pasa, pero cuenta todo de una manera tan atrapante que en un punto, es mejoe no explicar nada. La quinta también tiene una onda Mariana Enríquez, no tan lograda, pero efectiva a la hora de crear tensión y tener al lector en vilo hasta un final... que tampoco explica gran cosa. Llegamos a Ryokan, la sexta historia del libro, que no está mal, pero tampoco es brillante. Probablemente sea la mejor dibujada del tomo. La séptima historieta se apoya en una idea muy buena, pero se licúa un poco la fuerza de la idea al contar en 32 páginas algo que se podía contar tranquilamente en 12 ó 14. La octava es sumamente menor y olvidable, y la novena es tremenda: parece de Hideshi Hino de lo asquerosa, turbia y angustiante. El libro cierra con otro unitario brillante, El Recuerdo, donde Ito conjuga un gran guion con unos dibujos preciosos. Y me guardé para el final la décima historia, La Ciudad sin Calles, porque es la más extensa (70 páginas) y la más rara. Las primeras 30 páginas parecen ir en una dirección, pero después Ito pega un volantazo y lleva la historia hacia un rumbo totalmente distinto, tan dsitinto que no se me ocurren muchos motivos para que todo esto sea parte de un mismo relato. En el segundo tramo, para mi sorpresa y mi beneplácito, pareciera que Ito descubre a la editorial Fantagraphics: de golpe empiezan a aparecer dibujos que parecen de Daniel Clowes, imágenes y situaciones típicas de las historietas de Richard Sala, un personaje (la tía) que parece de Jaime Hernandez... ¿qué es esto? No sé, es todo un delirio que se diluye con el correr de las páginas hasta terminar en cualquier lado, con todos los misterios sin resolver. El promedio de las 11 historias de El Callejón es bastante satisfactorio, así que bien por Ivrea. Tengo más Junji Ito en el pilón de los pendientes.
Y cierro con una breve reseña de El Otro Lago, obra de Dani Ruggeri apuntada al público infanto-juvenil. Nada, la típica historieta con lindísimos dibujos y un guion que no me atrapó ni me interesó en lo más mínimo. Me doy cuenta de que no soy el público al que busca seducir la autora, obviamente, pero tenía ganas de que me gustara el guion, sobre todo porque el dibujo está buenísimo. No sucedió. No sé si este problema se evidenciará en toda la tirada del libro, pero por lo menos en el ejemplar que me tocó a mí, las masas negras no se ven negras, prácticamente en ninguna de las casi 100 páginas del libro. Tanto los negros plenos como los marrones más oscuros se empastan y se ven feísimos -repito- en la mayoría de las páginas. Una pena, porque visualmente es un trabajo muy sólido de una autora que encontró una veta (la de las historias fantásticas protagonizadas por una pandilla de chicos de Villa Lugano) que debería funcionar. No tengo dudas de que si hoy existieran Billiken o Anteojito, Dani Ruggeri estaría ahí, todas las semanas, con dos o tres páginas de estas aventuras. A mí, lamentablemente, las peripecias de Juan y sus amiguitos no me llegaron ni cerca. Nada más, por hoy. El miércoles 29 a las 22:30 tenemos una emisión en vivo de Agenda Abierta muy especial en el canal de YouTube de Comiqueando, un crossover con Sonido Bragueta, en el que participarán -lógicamente- Gustavo Sala y Nacho Alcuri. Va a ser una bomba total. Espero volver a postear antes del miércoles en el blog, pero por las dudas, aviso...

martes, 29 de octubre de 2024

FELIZ MARTES

Hoy tengo para reseñar dos libros que me gustaron muchísimo, ambos publicados este año en Argentina. Empiezo con La Zona Liminal, un recopilatorio de cuatro historietas de misterio sobrenatural firmadas por el maestro japonés Junji Ito, y muy bien traducidas al castellano por Martín Parle. No leía mangas de Ito desde Febrero, y por ahí eso explica lo mucho que disfruté estas historias. Me parece que si leés mucho Ito todo el tiempo, te empieza a cansar, se te empieza a hacer repetitivo o predecible, te deja de sorprender la calidad del dibujo y se hace medio un embole. Pero si le ponés una pausa larga entre obra y obra, la experiencia mejora notablemente. O no, por ahí es simplemente que en este libro el maestro metió cuatro historias realmente buenas, en las que se va a la mierda lo justo y necesario, donde las tramas no están estiradas groseramente, donde los personajes te caen bien, donde los misterios están bien llevados y bien resueltos, donde la bizarreada está ahí con un fin narrativo claro y no por la bizarreada misma. Lo cierto es que leí cuatro historietas muy atractivas, que mantuvieron mi interés desde la primera viñeta hasta la última. Creo que la que más me impactó fue la de La Madonna, porque ahí Junji Ito se anima a ponerle perversión, morbo y terror desenfrenado a la imaginería católica, que por ahí en Japón es medio exótica, pero acá en Argentina nos resulta absolutamente familiar, incluso a los que no fuimos a colegios religiosos. De hecho, en la época de la dictadura cívico-militar (alevosamente entongada con la Iglesia), esa historieta no se podría haber publicado en Argentina bajo ningún concepto. No quiero ahondar en los argumentos de las historias, porque parte de lo que genera suspenso y tensión es la sensación de estar frente a lo desconocido, acompañar a personajes en situaciones que nunca vivimos ni vamos a vivir jamás. Por ahí la del asesino serial que acuchilla gente es una situación que sentimos más cercana, por la cantidad de veces que aparece ese tropo en la ficción contemporánea, pero creeme que la resolución no es la obvia. Mejor no saber nada acerca de las tramas y dejar que Ito nos envuelva en esa vorágine de locura y descontrol. Tampoco me quiero extender en las ya muy reiteradas loas al dibujo del ídolo, que en estos trabajos muestra un nivel superlativo. En este libro me encontré con páginas realmente hermosas, con un trabajo magnífico en la aplicación de grises, en las líneas cinéticas, con las viñetas enormes (o las splash pages) puestas en los momentos precisos y unos primeros planos espectaculares, totalmente a la altura del vasto abanico de expresiones que el guion le pide que transmitan a los personajes. Este es un Ito reciente, son historietas dibujadas en 2020, y se nota la mano de un artista ya muy consolidado, que no ofrece flancos débiles porque su control sobre lo que llega a la página es total. No solo recomiendo mucho La Zona Liminal a quienes ya son adictos a este paco fascinante llamado Junji Ito, sino que incluso me animo a señalarlo como un excelente punto de entrada para los fans del comic de terror que, por algún motivo, todavía no le dieron una posibilidad a los mangas de este monstruo.
Lo mejor de Tute es un libro de 336 páginas a todo color, un ladrillazo editado por Sudamericana, gordo, pesado, sustancioso. Me da la sensación de que es todo material muy reciente, de los últimos dos o tres años (en los que Tute publicó mucho y muy buen material, principalmente en el diario La Nación), pero por ahí me equivoco y el tomo incluye también material más antiguo. El libro no detalla de dónde toma cada uno de los chistes e historietas, pero aclara que algunos de los contenidos estaban inéditos hasta ahora. Buena parte del material incluído son chistes de una sola viñeta, muchos de ellos de la etapa "Mabel y Rubén". Acá vemos a un Tute mordaz, afilado, con una mirada cínica y desangelada de las relaciones de pareja, pero que se mete también con el psicoanálisis, con el mundo de los chicos chiquitos, con las desigualdades sociales y económicas, etc.. Por el otro lado, en las páginas que publicaba los domingos en la revista de La Nación, a veces hay chistes que ocupan toda esta pagina y a veces hay historietas. En ambos casos, el dibujo es bastate distinto del que vemos en las viñetas, y hasta por momentos cuesta creer que todo haya sido obra de un mismo autor. Incluso en estas páginas Tute baja bastante el nivel de mala leche y aborda la temática del amor y las relaciones sentimentales de un modo más poético, menos ácido. A veces se juega por una poesía más surrealista, y otras por una más nostálgica, más tanguera. A veces respeta a rajatabla el blanco y negro, a veces incorpora sutiles y muy bellos toques de color. Claramente el formato de página completa le permite experimentar, y desarrollar ideas gráficas y narrativas que no se pueden desarrollar en un chiste de una sola viñeta. No me animo a postular cuál de los dos Tutes es el más genuino, porque implicaría suponer que en uno de los dos formatos hay un cierto nivel de impostura, y me parece que no, que no es así. Tute es el Tute poético y el Tute prosaico, que conviven dentro de un mismo autor. El del dibujo conciso, claro, y el del trazo errático, cercano al garabato, y las tachaduras en los diálogos. El que remata todo en un solo bocadillo y el que te arma una sucesión de retruques que se van apilando a un ritmo teatral que me hace acordar mucho a lo mejor de Copi. Y lo más importante es que el humor funciona: a lo largo del libro me reí muchas veces, incluso de chistes que ya conocía por seguir a Tute en las redes sociales. El único problema que le encuentro a este libro son las historietas con muchas viñetas, dibujadas a los santos pedos, con ese rotulado desprolijo. Si alguien no se toma el trabajo de leer los textos (porque no sabe castellano, o porque se olvidó los anteojos en algún lado, ponele) se puede desilusionar. "¿Este es el capo del humor gráfico? Si no puede ni dibujar líneas rectas en los cuadritos de las historietas...". Por ahí cuesta un toque entender que eso es parte del estilo de Tute, y que no lo va a cambiar después de tantos años de ilustre trayectoria. Este es un gran libro, lleno de ideas alucinantes, atravesadas casi siempre por el humor, pero que también se animan a llevarnos por los caminos de la emoción y de la reflexión. Si no sos hardcore fan de Tute, incluso puede ser el único libro de este autor en tu biblioteca, porque es realmente representativo del período de madurez del autor, en el que la rompe en varios estilos distintos. Y si te hiciste adicto a Tute, o te estás tratando de armar una biblioteca con lo más notable del humor gráfico argentino, me imagino que ya lo tenés y no hace falta que te lo recomiende. Nada más, por hoy. Nos vemos mañana en la emisión en vivo de Agenda Abierta, y muy pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 8 de febrero de 2024

LECTURAS ACUMULADAS

Estoy leyendo poco y tengo poquísimo tiempo para redactar las reseñas de lo que leo, pero desde la última vez que subí un texto al blog (creo que fue el viernes 2) hasta hoy, se me juntaron algunas lecturas sobre las que quería hablar un poquito. Peter Petrake fue una historieta (probablemente la primera) del maestro valenciano Miguel Calatayud, que debutó en 1970 en las páginas de la revista española Trinca. Irónica, transgresora, posmoderna antes de que se inventara el término, Peter Petrake jugaba con los tropos de los clásicos relatos de super-espías que desarticulaban los funestos planes de científicos malignos que amenazaban a la frágil paz mundial durante la Guerra Fría. Los guiones están al filo de la sátira (aunque no sé si el público infanto-juvenil que leía Trinca entendía que eran en joda) y son una colección de clichés y lugares comunes a los que Calatayud revisita -como ya dije- en clave irónica. Y el dibujo es fastuoso. Es la entrada de la historieta española en la era moderna, el primer contacto con las vanguardias graficas que habían surgido en los ´60 en Europa y Estados Unidos. Mucho de la estética de Peter Petrake nos remite a la del largometraje animado de Yellow Submarine, pero también acá hay miles de cosas que inventa el valenciano y que otros autores (incluso otros genios que no tienen nada que ver con la línea clara valenciana, como Alberto Breccia) incorporarían diez años más tarde. En su segundo intento por contar una historia más larga (la inconclusa Pop Carrusel), el propio Calatayud suma recursos a su impronta visual (las texturas logradas con plumín) y el resultado es un comic un poquito menos alienígena que los primeros episodios, aunque sea desde lo visual. Amo incondicionalmente a Calatayud, creo que con este libro ya tengo toda la obra del ídolo que se publicó en este formato, y me animo a recomendarle Peter Petrake a cualquiera que quiera descubrir la magia infinita de este genio vanguardista... siempre y cuando esté dispuesto a entender que los guiones son medio pavotes a propósito. En su momento había salido una recopilación parcial de Peter Petrake en la editorial Doncel (la que publicaba Trinca), pero la pulenta es esta de 2009, a cargo de la ignota editorial El Patito, mucho más completa y con el atractivo extra de incluir dos excelentes textos: uno a cargo del propio Calatayud y otro escrito por el maestro Pedro Porcel, el especialista español que más sabe sobre el fascinante mundo de la historieta valenciana.
En 2022, se publicó Arsenal: Historietas Santiagueñas, una antología gestada en Santiago del Estero (provincia donde no hay editoriales, ni comiquerías, ni eventos de historieta) y financiada por el gobierno provincial. Se trata de un álbum de 138 páginas, con gran cantidad de fallas técnicas y resultados artísticos bastante decepcionantes. No quiero ahondar en la enumeración de las historietas que no me gustaron (que son casi todas), sino simplemente rescatar lo poco que me satisfizo. Por un lado, dos dibujantes con bastante trayectoria a sus espaldas: Pablo "el Dogo" Álvarez y el catamarqueño Pablo Martinena, jerarquizan con sus dibujos tres de las historietas del álbum. En proporciones muy distintas, porque el Dogo dibuja solo una de cuatro páginas y Martinena se pone al hombro una de cuatro páginas y una de 18 (la más larga del tomo). En los tres casos, los guiones son cualquier cosa. El único combo entre buen dibujo y buen guion lo encontré en las 10 páginas de "¿Brujas?", del santiagueño Roberto Eberlé. Gran historieta, con buen ritmo, buenos diálogos (pésima rotulación, eso sí), un tema heavy, una ambientación histórica muy lograda y un grafismo notable, que por momentos me remitió a monstruos del dibujo como Quique Alcatena o Eleuteri Serpieri. El resto, todo material muy precario firmado por chicos y chicas a los que les falta mucho por aprender... y ojalá lo hagan. Este libro tuvo tan poca difusión que ni siquiera encontré la portada digitalizada: le tuve que sacar una foto para que aparezca una imagen encabezando el texto.
También en 2022, pero en Japón, se publicó Mimi y sus Historias de Ultratrumba, del maestro Junji Ito, un libro que en 2023 llegó por estos lares de la mano de Ivrea. Como vimos en Indigno de Ser Humano, acá también Ito toma como punto de partida una obra literaria pre-existente, en este caso la novela "Shin Mimibukuro", de Hirokatsu Kihara e Ichiro Nakayama. Y una vez más logra añadirle su propia impronta, para crear una obra visualmente muy atractiva, y con historias de misterio sobrenatural ido al carajo, pero no tanto. Las historias de ultratumba que protagoniza Mimi me hicieron acordar mucho a los cuentos de Mariana Enríquez que incluyen apariciones espectrales en un contexto de realismo cotidiano. La onda es muy parecida, el punto que los autores japoneses deciden terminar los relatos también... Lo único distinto es que acá la misma chica es testigo de nueve o diez manifestaciones sobrenaturales, lo cual estira demasiado el verosímil. Si (como en los cuentos de Enríquez) cada experiencia estuviera narrada por un personaje distinto, todo tendría más impacto y más veracidad. Si la idea de que todo esto le pasara a a Mimi era construirla como una protagonista fuerte, compleja, a la que veamos evolucionar o cambiar su actitud frente a estas situaciones, la verdad que no se logró: Mimi es la típica chica joven y linda de tantas historietas de Ito, y nunca sale de ese estereotipo, por poco que le crean los demás o por mal que la pase en algunos episodios. ¿Por qué esto es más flashero que sentarse a releer Cuando hablábamos con los muertos o Las cosas que perdimos en el fuego? Porque acá brilla (en realidad, encandila) el trazo de un Junji Ito prendido fuego. El dibujo y la puesta en página son magníficos, las dos paginitas a todo color son exquisitas, los climas que conjura el autor (con su manejo sobrenatural del blanco y negro, más la aplicación infalible de los grises) te sumergen en las tramas y te las hacen vivir con una intensidad estremecedora. Si sos fan de Ito, o de los cuentos macabros de Mariana Enríquez, entrale a Mimi y sus historias de ultratumba, que seguro te van a poner muy nervioso y la vas a pasar muy bien. Y tengo leídos un par de libritos más, pero se pueden dejar para mañana, no? Sí, mejor, así no aburro hablando giladas. Nos reencontramos muy pronto, posta. Gracias por el aguante.

domingo, 14 de enero de 2024

DOMINGO VARIADITO

Hoy tengo para reseñar publicaciones muy distintas entre sí. Veamos con qué nos encontramos. Empieza en Estados Unidos, año 1983, cuando la ignota editorial Nautilus Dreams publica una ambiciosa antología llamada Voyages en un formato de álbum europeo, con 90 páginas y portadas en cartulina. Ya desde la portada de Frank Brunner nos llama la atención el diseño de una guerrera tan parecida a Angela, que si la ilustración fuera mía, le habría metido un juicio (otro) a Todd McFarlane. En el interior del álbum brilla el imposible Alex Toth con 21 páginas del que probablemente sea el trabajo más raro de su larga y gloriosa historia. Un delirio en el que su personaje emblemático de los ´80 (Bravo for Adventure) es una excusa para dibujar lo que al prócer se le da la gana, experimentar con la línea y dar cátedra de recursos narrativos. Después de eso, todo lo demás deja gusto a poco. Hasta unas paginitas a todo color de Howard Chaykin realizadas con técnicas pictóricas muy avanzadas para la época. Hay historias cortitas de Charles Vess, una de Rick Geary bastante bien escrita, están también Lela Dowling y Trina Robbins (con historias bastante del montón), hay un artículo acerca de la obra y las técnicas de P. Craig Russell, y lo que más me gustó (fuera de lo de Toth) es una historieta mucho más poética que narrativa a cargo de Jay Muth, apenas tres páginas en las que las imágenes me remitieron a los videoclips de Fleetwood Mac protagonizados por Stevie Nicks. No mucho más. No sé si hubo más entregas de Voyages, o si esta fue debut y despedida. Pero es una rareza en el panorama del comic yanki de los ´80, y la atesoro como tal.
Por fin le entré al tercer y último tomo de Indigno de Ser Humano, el mejor manga que leí en 2023 (y estas semanitas de 2024). En esta adaptación de una famosa novela de Osamu Dazai me encontré con el mejor Junji Ito que vi en mi vida, un autor que -sin resignar su impronta gráfica personal- vuelca toda su capacidad narrativa para ponerse al servicio de un relato que le es ajeno. Este último tomo también tiene sacudones imprevistos, escenas de un nivel estremecedor de crueldad y sordidez, momentos en los que estos turros te hacen sentir empatía y compasión por personajes abyectos y despreciables, grandes diálogos y garches subidos de tono. El dibujo de Ito es realmente exquisito, por momentos más adusto, pero cuando encuentra la ocasión, se hace suntuoso, barroco, sobrecargado de una magia imposible para los detalles y las texturas. Acá el horror y la demencia son tan importantes como en las otras obras de este autor, pero pasan por otro lado, y felizmente Ito lo entiende y encuentra nuevas formas de graficar y transmitir esas sensaciones. Recomiendo enfáticamente este manga, porque es realmente una gema, jugada, adulta, conmovedora y muy bien editada por Ivrea.
Y me queda para comentar la antología Match (20 historias de citas) que arranca desde el inframundo, en -10, por estar publicada con el logo de Dunken, la editorial más horrible y trucha del universo, el peor ejemplo de lo que se llama "vanity press", garantía de pésima distribución, pésima difusión, un curro liso y llano pensado para esquilmar a autores que están hartos de rebotar con sus obras por otras editoriales más serias y prestigiosas. Esta antología coordinada por Leila Kovacs (colorista del libro reseñado el 12/03/22) tiene una consigna ganchera, y dos problemas muy notorios: 1) el nivel MUY desparejo de los dibujantes, y 2) la decisión ilógica de meter 20 historietas en 110 páginas, lo cual hace que todas sean excesivamente cortas (la más larga tiene seis páginas). Es imposible pretender que autores en su mayoría nóveles (o muy jóvenes) narren una buena historia en cuatro o cinco páginas, con lo cual hay muy poquito para rescatar en materia de guiones. Apenas uno de los guiones de Kovacs (Amantes Invisibles), el de Lenm y el de Pablo Turambar se destacan en un contexto de una pobreza tan alarmante como inevitable. Por suerte en el rubro dibujos hay un nivel bastante más interesante. Hay un muy buen trabajo de El Toreh, cuatro páginas muy logradas de Enri Santana, tres paginitas de Dolores Alcatena en las que el color ayuda muchísimo, un interesante Gonzalo Aquino (muy influenciado por Salvador Sanz, pero con gran potencial), un impactante laburo de Ignacio Vega (mas ilustrador que historietista, pero de innegable talento), y otros tres autores a los que no conocía y me parece que van muy bien encaminados: Pablo Murias, Daviana Saavedra y Pahito. Ya había destacado la labor de Lenm (Luisina Módica) como guionista, y además sus cuatro páginas están muy bien a nivel dibujo, narrativa y color. Gran trabajo de esta joven revelación que este año surgió con todo. Ojalá muchos de estos chicos y chicas logren continuidad en el medio y muy pocos tengan que volver a publicar a través de Dunken. Nada más, por hoy. Muchas gracias a tod@s l@s que descargaron la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/, y quienes no lo hicieron, todavía están a tiempo de llevarse un contenido realmente premium por muy poca plata. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 5 de septiembre de 2023

SEIS AÑOS TARDE

Hoy tengo para reseñar dos libros que comparten la misma fecha de publicación original: el año 2017. A fines de Junio había arrancado con Indigno de Ser Humano, un manga de Junji Ito en el que el ídolo adapta una novela de Osamu Dazai, y el Vol.1 (ver reseña del 29/06/23) me había parecido una maravilla. El segundo me pareció todavía mejor: esta vez la trama deja un poco de lado la política para meterse mucho más en el mundo del arte, ya que el protagonista, Yozo Oba, incursionará tanto en las artes plásticas como en la historieta... mientras continúa su descenso a los abismos de la desolación. Junji Ito encuentra a fuerza de ingenio y talento un montón de oportunidades para recordarnos que, aunque encare una obra seria, dramática, de corte existencialista, mantiene intacta su habilidad para conjurar imágenes pesadillescas, dibujadas a un nivel devastador. Indigno de Ser Humano es un viaje al fondo de la psiquis de un tipo arruinado por la vida, por su propia venalidad. Un espiral (como los de Uzumaki) hacia el infierno del alcoholismo, que suma elementos de sexo, traiciones entre amigos, fantasmas del pasado, familias destruidas, sueños pisoteados y la salud de Yozo, que ya para el final del tomo es lastimosa. Repito: todo esto contado en serio, en un tono muy dramático, muy realista, con alguna mínima pincelada de comedia y una onda cruda, descarnada, ideal para contar una historia en la que la esperanza, el amor, la integridad y la felicidad tienen cada vez menos cabida a medida que pasan las páginas. Es un verdadero placer acompañar a estos personajes en su viaje hacia el horror, ver cómo se retuercen sus vínculos, como se corrompen sus sueños, cómo la frustración se los come crudos y cómo el escabio incumple la promesa de apagar por un rato ese fuego infernal que los consume. Este es un manga adulto en serio, jodido como enema de chimichurri, que te deja en un estado entre reflexivo y triste, pero que sin dudas te altera, te cambia, te pone en un lugar donde seguro nunca estuviste antes... a menos que tu vida haya sido tan conflictiva y zigzagueante como la de Yozo Oba, en cuyo caso te hago llegar mi compasión y mi solidaridad. ¿Recomiendo este manga? Lo recontra-recomiendo. De hecho ya se convirtió en mi obra favorita en toda la bibliografía de Junji Ito. Posta, es un orgullo que en Argentina se publiquen historietas de esta calidad. Y encima la edición de Ivrea es excelente, con una traducción brillante de Damián Gaggero. Entrale con todo, no te vas a arrepentir.
Salto a Croacia, donde los maestros Darko Macan e Igor Kordey producen para el mercado francés el primer álbum de Marshal Bass, una serie ambientada en el Oeste de los EEUU en el año 1875, poco después de la abolición de la esclavitud. La trama del álbum gira un poco sobre eso: ¿qué hacen los negros ahora que no son más esclavos? El protagonista, River Bass, va a aceptar una oferta para ponerse la camiseta de la ley y el orden, y su primera misión va a consistir en desarticular una peligrosa banda de criminales, integrada por ex-esclavos. Un negro se va a jugar la vida para que otros negros no aterroricen a todo el estado de Arizona, en una aventura repleta de acción, giros inesperados y diálogos espectaculares. Se nota mucho que Macan y Kordey pensaron esta serie a largo plazo, para hacerla durar un montón de álbumes (en Francia sale mañana el Vol.10): el protagonista está muy bien trabajado, y entre los secundarios se destaca su esposa, que si bien tiene un rol menor, se lleva varios de los mejores diálogos del tomo. Macan además maneja muy bien el formato: tiene 56 páginas para trabajar y la historia que presenta calza perfecto en esa extensión, sin estirar y sin comprimir. Toda la narración fluye a un ritmo alucinante, que te cautiva, te engancha y te impide soltar el libro hasta el momento en el que llegás a la última viñeta. Buena parte del mérito le corresponde también a un Kordey en estado de gracia, un dibujante sublime, que está en su mejor momento. Kordey logra ponerle al clásico dibujo de aventura realista ese filo al borde del grotesco que caracterizaba, por ejemplo, a Richard Corben. Sus personajes son hiper-expresivos y sus escenas de violencia realmente estremecedoras. Cuando dibuja multitudes, cuando dibuja paisajes, cuando dibuja combates, prácticamente no hay una sola página de Marshal Bass en la que el dibujo del croata no te quite el aliento, no te haga que te agarres la cabeza y digas "no puedo creer lo que estoy viendo". Kordey te bombardea con cátedras de virtuosisimo en cada rostro, en cada detalle, en esas texturas que parecen de Andreas, en esas angulaciones que -de nuevo- nos remiten a Corben. No tengo dudas de que incluso si no te interesa el guion, o incluso si no te gusta el western, Marshal Bass te puede atrapar simplemente con la fuerza del trazo de un Kordey demoledor, muy por encima de la media de lo que se ve habitualmente en este tipo de BD de aventura más o menos clásica. Y bueno, ahora a tratar de conseguir los otros álbumes de esta serie, de la que ya me hice hardcore fan. Nada más, por hoy. Nos vemos en Córdoba, en Docta Comics, entre el jueves 7 y el sábado 9, y si no, seguro nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 29 de junio de 2023

ACÁ ESTOY DE VUELTA

Parecía que no, pero encontré un ratito para avanzar con las lecturas que tenía colgadas por falta de tiempo, así que ya tengo luz verde para robarle unos minutos a la Comiqueando Digital y escribir unas reseñas. Empezamos en Italia, año 1991, cuando se publica por primera vez L´Uomo di Mosca (el hombre de Moscú), un policial de la inmensa dupla integrada por Roberto Dal Prá y Giancarlo Alessandrini. Este es el típico thriller en el que muere una minita y es obvio que a alguien desde alguna turbia "esfera de poder" no le conviene que se investigue quién la mató. Y claro, hay un policía honesto y testarudo, dispuesto a jugársela para llegar a la verdad caiga quien caiga. Y aprietes, y traiciones y revelaciones shockeantes. No sé si en 1991 esto era novedoso, pero hoy seguro que no lo es, con lo cual cualquier lector más o menos avezado se da cuenta al toque cómo y para qué lado se va a resolver la trama que plantea Dal Prá. Lo atractivo es que el policía se llama Alexander Ivanovic Kolda y la historia está ambientada en Moscú, en los albores de la era post-Muro de Berlín. Entonces, además de los elementos típicos de estos relatos, tenemos sutiles pinceladas acerca del poder de las fuerzas armadas sobre la policía y la justicia y los rápidos cambios sociales y económicos que experimentaba la ex-Unión Soviética en esos años. Por lejos que nos quede Moscú (no así la corrupción de los poderosos o las mafias judiciales que Dal Prá muestra en la historieta), los personajes se sienten cercanos, humanos y creíbles. No son meros estereotipos, sino que todos tienen sus matices. Y lo más lindo: el dibujo de Alessandrini, que acá salta al vacío para extremar su amor por la línea clara. Acá hay un predominio absoluto del blanco, prácticamente no hay masas negras, y el trazo del creador gráfico de Martin Mystére se reduce a una línea muy finita, como si fuera un alambre, de una prolijidad pasmosa y claro, muy cerca de lo que hacía en esa misma época Moebius. De hecho, hay páginas enteras que si te dicen que las dibujó Moebius, te lo creés. Como la gran mayoría de los autores italianos que incursionan en la aventura más o menos realista, Alessandrini es un narrador impecable, naturalmente dotado para organizar la información tanto dentro de la página como dentro de la viñeta, de modo que todo su despliegue de virtuosismo y la magia de su trazo están puestos al servicio del relato, que -más allá de algún diálogo demasiado farragoso- avanza con notable fluidez. En Argentina, algo de Dal Prá y Alessandrini se publicó hace muchos años en Puertitas, pero me doy cuenta de que estoy hablando de autores que son (injustamente) desconocidos por la inmensa mayoría de los comiqueros de habla hispana. Una pena.
Me voy a EEUU, año 2017, cuando el músico Jonathan Coulton empieza a sospechar que las canciones que compone tienen ciertos temas en común y que, ordenadas de cierto modo, pueden "leerse" como una especie de narración. Coulton se contacta nada menos que con Matt Fraction y le dice "tratá de armar una novela gráfica con estos conceptos". Fraction consigue que Albert Monteys se sume como dibujante y así se publica Solid State, un libro con formato cuadrado, similar al del disco de vinilo (incómodo como tampón de virulana), donde las ideas de Coulton toman forma de historieta. Me costó un huevo terminarlo. Son 128 páginas con poco texto, pero se me hicieron infinitas. No por el dibujo de Monteys, obviamente, que es glorioso, al nivel de lo que vimos en ¡Universo!. El problema es el argumento, la forma en la que Fraction amalgama conceptos y fuerza la conexión entre ellos para formar un único relato y no... tres, ponele. Desde el momento en que la obra pretende ser consistente de punta a punta, y presentarnos todo esto como una única historia, se vuelve entre críptica y absurda. Lo cual no quita que tenga (sobre todo en el tramo del medio) momentos excelentes, como cuando indaga en "la trampa" de las redes sociales, y cómo se usan para manipular a la gente, orientar sus intereses y robarle información sobre sus vidas privadas. Y así como hay momentos brillantes, hay otros infumables, que sólo resultan tolerables por el dibujo de Monteys. Y otros que no se entienden, o que por lo menos yo no entendí. Hay sueños, recuerdos, realidades paralelas... por momentos se hace todo un poco confuso al pedo. Para la próxima, Fraction, jugate por tus propias ideas, que suelen ser muy buenas. Y si te llama Coulton, o cualquier otro músico, decile "no, gracias".
También en 2017, pero en Japón, el maestro Junji Ito se puso a adaptar al manga Indigno de Ser Humano, una novela de Osamu Dazai. El resultado fue una serie relativamente corta (creo que son tres tomos, nomás), que arranca con un Vol.1 fascinante. Los últimos mangas de Ito que leí me habían parecido medio falopa, pero esto es definitivamente otra cosa. hay margen para esa imaginería retorcida, fantasmagórica, exagerada y truculenta que caracteriza al maestro, pero la trama va para otro lado y me cerró mucho más que otras obras en las que Ito juega a ser más Ito que nunca. Indigno de Ser Humano es un manga existencialista, que indaga en las profundidades de la psiquis del ser humano, en los vínculos, en los anhelos, las pulsiones, las penas, las frustraciones de no tener un mango, el sufrimiento que causa el amor, los placeres del sexo con y sin amor, los vaivenes y la runfla constante que empañan las causas políticas... Todos temas muy adultos, abordados con una profundidad casi agobiante por Ito (y supongo que por Dazai). Este es un manga que te hace mal, que te tortura psicológicamente, porque querés que Yozo Oba sea mucho más feliz de lo que es, y sabés que las cosas están dadas para que pase todo lo contrario. Un trabajo de una calidad realmente apabullante por parte de Junji Ito, que no se cuelga en boludeces, sino que avanza a muy buen ritmo y jamás deja de impactar con la perfección y la originalidad de su trazo. Entre tanta porquería adocenada de pibes del secundario con poderes locos que combaten con demonios y bizarreadas varias, Indigno de Ser Humano levanta otras banderas, las de un comic realmente adulto, jugado, pesado, tremendo en el mejor de los sentidos. Si en los tomos posteriores esto no se cae a pedazos, estaremos hablando del mejor manga publicado en Argentina en 2023. Y nada más, por hoy. Ni bien pueda, vuelvo a la carga con nuevas reseñas. Y si todo sale según lo planeado, para el lunes 17 tendremos disponible el nº7 de la Comiqueando Digital y mi vida volverá a algo así como la """normalidad""". Gracias por el aguante.

lunes, 14 de marzo de 2022

TRES DE UN SAQUE

Tengo tres libritos leídos, pero hay dos a los que voy a reseñar muy brevemente, por distintos motivos. Por un lado, el Vol.2 de la colección que recopila toda la etapa de Walt Simonson al frente de Thor. Acá, a nivel gráfico tenemos notables mejoras respecto del tomo anterior, con un Simonson más jugado, más atrevido, y más en sintonía con el letrista, John Workman, que tira magia en las onomatopeyas, a las que les otorga un peso gráfico poco frecuente. El argumento banca los trapos, resuelve plots pendientes, continúa subplots heredados del Vol.1 y agrega algunos nuevos y garantiza un nivel de epopeya y fantasía de una ambición y una potencia dignas de Jack Kirby. Pero hay algunos problemas (menores, por suerte): páginas hiper-cargadas de texto al punto de resultar virtualmente ilegibles, y un par de personajes que el autor incorpora al canon de Thor (un señor estadounidense ya maduro y un nene asgardiano de unos 9 años) que no me despertaron el menor interés, aunque Simonson insiste en tratar de darles chapa. Por el lado del dibujo, el tomo cierra con un episodio en el que el Gran Walt se toma un respiro y lo reemplaza Sal Buscema, algo así como que en un partido de la Selección se lesione Messi y lo reemplace yo. En años posteriores, Buscema va a sintonizar mucho mejor la onda que Simonson le quería dar a esta serie, y hasta va a ser el dibujante titular de los últimos números, donde nos dará las mejores páginas de su extensa carrera. Pero acá no lo salvan ni las onomatopeyas de Workman, ni el color de Steve Oliff ni la posibilidad de entintarse a sí mismo.
Otro que me decepcionó profundamente es Junji Ito, que me cagó como de arriba de un puente con Soichi y sus Maldiciones Caprichosas, un tomo de muchísimas páginas con historietas de 2011 que me parecieron pésimas. Si la idea era que las historias de Soichi me dieran miedo, no sucedió. Si era que me causaran gracia, tampoco. Si buscaba que me identificara con algún personaje, tampoco. La única historia que me generó algo mínimamente cercano a la sensación que uno asocia con un buen relato de terror fue “El ataúd”. Todo el resto es un naufragio absoluto, repleto de situaciones muy forzadas, sin onda, sin sorpresa. Con dibujos que oscilan entre buenos y excelentes, y con algún que otro diálogo ingenioso, pero muy lejos de lo que uno espera de un capo como Junji Ito. Una pena, porque Ivrea le puso el alma a la edición.
Bastante más rico para el análisis me resultó Me Prometiste Oscuridad, el nuevo trabajo de Damián Connelly, ahora como artista integral. El comic venía con la chapa de haber vendido cantidades impresionantes en EEUU, y la verdad es que no me defraudó. Hay un momento de la trama, cerca del final, en el que Connelly parece acelerar y resumir en pocas páginas un montón de escenas que, narradas al ritmo de los dos primeros tercios del libro, podrían haber abarcado no menos de 40 o 50 páginas más. Como si originalmente hubiese planificado una saga de seis episodios y luego la hubiese comprimido en cuatro. De hecho, el cuarto episodio es bastante más extenso que los tres primeros, así que por ahí es el resultado de haber metido en esa última entrega material originalmente pensado para desarrollarse en varias más. Irónicamente (o no) esa acelerada le viene muy bien al relato, le sacude la modorra, lo obliga a no colgarse en detalles menores y centrarse en el conflicto principal. Connelly, además, consigue meter ese cambio de ritmo sin sacrificar lo que (creo yo) más le interesa, que es el desarrollo de estos personajes, una versión dark y apenas kinky de los mutantes de Marvel. Reducido a su esencia, Me Prometiste Oscuridad es la enésima batalla entre los mutantes buenos y los mutantes malos. Pero (como en La Extraña Desaparición de Barnabás Jones), Connelly logra revestir esa trama tan trillada con varias capas interesantes de desarrollo de personajes, ideas ingeniosas en materia de narrativa, buenos diálogos, poderes locos, algún subplot atractivo, pinceladas de sexo explícito y una impronta oscura que los comics de superhéroes de Marvel no nos van a mostrar jamás. ¿”Los X-Men de Vertigo”, dijo alguien por ahí? Ponele. No es una mala definición. Y después está el tema gráfico. Connelly vuelve a dibujar, ya mejor de la lesión en el brazo que lo alejó de los lápices y lo llevó a convertirse en guionista, y la verdad que lo hace muy de a poco. Me Prometiste Oscuridad se apoya muchísimo en el trabajo sobre fotos, más que cualquier otra historieta de los últimos años. Los fondos son fotos retocadas, los personajes son fotos retocadas (la profusión de masas de negro hace maravillas para integrar al dibujo imágenes tomadas de distintas fuentes) y en todo caso la imaginación de Connelly aparece cuando nos muestra alguna que otra criatura monstruosa que no se puede fotografiar porque no existe en la realidad. En el contexto de la trama, nada de esto hace demasiado ruido ni llega a provocar rechazo, porque de alguna manera, Connelly logra darle a estas imágenes tan estáticas cierta fluidez. “De alguna manera” no: manipulando de forma inteligente la puesta en página y el tempo narrativo. El final está bien, no cierra todo pero resuelve lo más importante. Y shockea al lector, que no se imagina nunca que va a pasar… algo que pasa al final. O sea que es un relato sólido, que toma cierta distancia del lector, que trata de ocultar la estridencia que le es intrínseca, y que lo hace muy bien, de manera llevadera y por momentos realmente atrapante. Ya hay una secuela de Me Prometiste Oscuridad, publicándose en EEUU. Ojalá le sirva a Damián para recuperar la práctica, la gimnasia del dibujo y eventualmente volver a una línea más personal, con expresiones faciales y corporales propias, diseños de vestuario y decorados propios y menos dependencia de la masa negra para amalgamar imágenes que vienen de fotos. Nada más, por hoy. Seguramente antes del finde haya más reseñas, acá en el blog. Gracias y hasta pronto.

sábado, 29 de enero de 2022

LECTURAS ACUMULADAS

De a poco se va calmando el mega-bolonki de la mudanza y también de a poco, estoy trayendo de mi antiguo domicilio el material que tenía sin leer, ya sin miedo a que se pierda o se mezcle con todo lo demás. Así que estoy retomando un ritmo bastante saludable de lecturas y creo que voy a poder postear reseñas una vez por semana. No sé qué días, porque en Febrero retomo la gira de presentación de ¿Quién quiere ser superhéroe? Y habrá muchos findes en los que estaré lejos de mi casa y de mi computadora. Pero vamos a tratar de tener unas cuantas reseñas publicadas durante los próximos meses. Me liquidé en poco minutos el cuarto y último librito de Ryuko, el manga de Eldo Yoshimizu publicado por el sello cordobés Buen Gusto. Una vez más, me impactó lo desparejo del dibujo: acá hay imágenes gloriosas, que te detonan las retinas, y viñetas que parecen dibujadas en tres minutos por un perro catatónico, expulsado del más croto de los talleres de dibujo de historieta. Este registro gráfico tan, tan amplio que propone Yoshimizu, hace que la narrativa a veces se complique un poco. Y no es el único lastre que tiene en ese rubro. El abuso grotesco de las páginas de una sola viñeta también da la sensación de ¿estoy leyendo un manga o mirando un artbook?, incluso cuando en general los dibujos que ocupan toda una página son fastuosos. En cuanto al guion, en estas últimas páginas se resuelve todo, y se resuelve de manera bastante simple. El cierre que elige Yoshimizu para Ryuko le da infinita chapa a un personaje que en los tres primeros tomos no parecía aspirar a un rol protagónico, mientras desluce y reduce casi al mínimo los roles de otros personajes, a los que les había dado mucha más bola y más desarrollo en los tomos anteriores. Lo mejor que tiene este final es que se entiende el 95% de la trama sin haber leído nada de lo anterior. Es casi una mini-novela gráfica en sí misma. De todos modps, recomiendo NO leer Ryuko en este extraño formato de cuatro fetas de 110 páginas, sino todo de un saque. Vas a encontrar algunas inconsistencias menores en los diálogos (idas y vueltas entre el usted, el tú y el vos), pero lo vas a sentir más poderoso, más intenso, más parecido (creo yo) a lo que quiso transmitir el autor cuando ideó este thriller de violencia, rosca política, crimen y venganza.
Voy con otro manga, la antología de historias cortas de Junji Ito titulada Fragmentos del Horror. Acá tenemos otros ocho relatos dibujados como los fuckin´dioses por Ito, y si bien no todos son igual de atrapantes, siempre está esa sensación inquietante, ese escozor que te genera el autor con poquitas viñetas, cuando ya empezás a sentir que te está metiendo en una trama enroscada, en la que puede pasar literalmente cualquier cosa. Hay un par de historias menores, que no van más allá del desarrollo lento y retorcido de una idea escabrosa, hay un par muy interesantes, y hay una que se destaca por sobre el resto y que se merece el rótulo de Gema del Infinito: las 30 páginas de Despedida Lenta son una maravilla que justifican por sí solas la compra del tomo. Una idea original, un desarrollo brillante, un final imprevisible, un montón de emociones, un personaje central que evoluciona muchísimo… Alta magia de la mano de este autor que aún hoy sorprende a los que lo seguimos hace 15 años, o más. La edición de Ivrea, impecable, realmente de lujo.
Y me clavé dos libritos más de la edición italiana de Chicanos, una de las obras menos difundidas de la gran dupla integrada por Carlos Trillo y Eduardo Risso. Lo mejor de esta etapa de la extensa serie (realizada para Italia a mediados de los ´90) lo encontré en los episodios en los que aparece Mel, el interés romántico de Alejandrina Yolanda Jalisco. Los dos primeros conforman una única aventura que está muy bien, y cuando reaparece (en el arco de dos episodios centrados en el caso de James Marisco), Trillo nos ofrece los mejores guiones de lo que va de la serie. Y acá está el que los autores pensaron como final de A.Y. Jalisco (o Chicanos, o Tabasco Blues, o como la quieran llamar): el episodio 20 termina con la protagonista atropellada por un colectivo y los malignos Carlos y Eduardo pensaron en cerrar ahí la serie, con esa ironía brutal de ponerle fin a la vida de Jalisco justo cuando, por una vez, las cosas le salen bien. Por suerte, como la repercusión de la historieta era muy buena, los editores tanos convencieron a los autores argentinos para que continuara la saga, y los últimos dos episodios del Vol.4 son desventuras de Alejandrina en el hospital donde se encuentra postrada, enyesada de pies a cabeza y –de nuevo- cruelmente maltratada por un Trillo que no tiene piedad. El dibujo de Risso no afloja nunca. Ese nivel sublime que vimos en los primeros dos libritos se mantiene intacto en estos dos y nos muestra al León de Leones afianzado a la perfección en esta ambientación urbana 100% realista, combinada con grotesco, violencia y romance. Y gloriosa esa aparición de Marv, el personaje creado por Frank Miller para la primera saga de Sin City. Nada, ojalá algún día una editorial argentina publique esta serie de manera integral, en uno o varios tomos, como para completar el panorama de la abultada e interesantísima producción de Trillo y Risso para las antologías de la editorial Eura. Esto es todo por hoy. Gracias por el aguante, perdón por la extensión de los baches entre entrada y entrada, y nos reencontramos pronto acá, en el blog.