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sábado, 15 de junio de 2024
SÁBADO A LA NOCHE
Bueno, acá estamos de nuevo con dos reseñas cortitas.
Prometí más antologías de comic alternativo y/o vanguardista y acá tengo para reseñar el Vol.8 de Nosotros Somos los Muertos, el que marcó en 2003 el regreso de este proyecto creado por Pere Joan y Max, ahora en el formato de álbum europeo. Conseguí todos los números que me faltaban para completar NSLM excepto uno, pero no sé si los voy a reseñar uno por uno, para no aburrir. Básicamente, a esta entrega le encuentro un problema (menor, pero problema al fin) que es que ofrece un montón de páginas de autores norteamericanos, con historietas que o ya leí en publicaciones de EEUU o Canadá, o no leí, pero prefiero tenerlas en inglés. Fuera de eso, la selección de material de España y el resto de los países europeos está bastante bien.
Descolla Miguel Brieva, con material que pertenece a su magistral serie Dinero, se luce Miguel B. Núñez con una historieta de apenas cuatro páginas demasiado buena para ser real, Paco Alcázar se dibuja todo pero la idea que desarrolla no me pareció ni tan graciosa ni tan original, me gustó muchísimo el estilo de Helge Reumann (autor alemán al que no conocía) y no me interesó para nada lo de Craig Au Yeung. Gabi Beltrán propone un ejercicio narrativo muy copado, apoyado en un dibujo simple y lindo. Darío Adanti (argento, pero radicado hace tanto tiempo en la Madre Patria, que ya lo consideramos también español) nos ofrece cuatro páginas muy raras con su personaje Cabeza de Tostadora, con ideas bizarras y unos dibujos maravillosos, y algo parecido pasa con el maestro Keko, que la rompe con los dibujos, que plantea un ritmo narrativo muy atrapante, pero que cuenta algo tan extraño, tan críptico, que no lo terminé de disfrutar.
También hay varias páginas dedicadas a trabajos de ilustradores (no me siento capacitado para opinar al respecto) y esas historietas de Dave Coooper y Kaz traducidas de revistas de Fantagraphics o Drawn & Quarterly que mencionaba al principio. Cooper se come 30 de las 100 páginas que tiene la antología, lo cual me parece un toque excesivo, sobre todo porque ya conocía ese material y no me dio para leerlo de nuevo, ahora en castellano. Veremos si en los otros números encuentro algo que me diga "ah, bueno, esto se merece sí o sí una reseña en el blog", o si simplemente los leo y los guardo, como cuando consigo algún número que me falta de El Víbora o Cimoc.
Salto a EEUU, año 2018, para zambullirme en el Vol.4 de Paper Girls (vimos el Vol.3 el 05/01/23). No quiero repetir gansadas que ya dije, sobre todo del trabajo de Cliff Chiang, así que esta vez subrayo su gran talento para diseñar personajes. En este tomo se incorporan varios al elenco (algunos duran poquito), y todos tienen diseños muy cancheros, muy originales, con una onda increíble.
Acá estamos en el corazón de la aventura, un pasaje de la serie en el que todo el tiempo se combinan sucesos espectaculares y revelaciones impactantes. Por algún motivo, Brian K. Vaughan se siente en la obligación de inventar explicaciones racionales para todo lo que sucede: viajes en el tiempo, desplazamientos entre distintas líneas temporales, aparición de mechas gigantes que se machacan entre ellos... todas cosas que podrían simplemente contribuir a la sensación de maravilla y de bolonki fuera de control, si no fuera porque el guionista dedica bastante espacio a explicarlas. La verdad, no sé si hacía falta. Y los diálogos en los que algunos personajes les explican a otros toda esta trama de guerra temporal quedan muy opacados frente a los otros diálogos, los que tienen que ver con charlas más naturales entre las chicas protagonistas, o con las reacciones espontáneas que generan en ellas las cosas impredecibles con las que les toca encontrarse en cada etapa de la epopeya.
Lo mejor que tiene el guion de Paper Girls es ese contraste permanente entre sucesos MUY zarpados, que vienen de la mejor tradición de la literatura fantástica, y esa onda MUY natural, muy real, de personajes 100% humanos y creíbles, capaces de entablar vínculos copados (y también muy reales) en medio de este despelote cósmico. Por momentos me transmite sensaciones similares a las de El Eternauta, por esto de los personajes muy humanos, enroscados en una aventura extrema que invade sus vidas cotidianas y las da vuelta como un guante. Pero después hago memoria, y recuerdo que a las... 50, 60 páginas, Juan Salvo y sus compañeros ya actúan como un comando militar, y hablan como personajes acartonados, duros, como los de cualquier historieta de aventuras de aquella época. Acá las chicas de Vaughan y Chiang no pierden nunca la frescura, la chispa, la capacidad de sorpresa... incluso cuando se ven envueltas en situaciones muy jodidas, que sacan a la luz un costado más oscuro y más violento, que uno no asocia con pibitas de 12 años.
Espero conseguir pronto y a buen precio los dos tomos que me faltan para completar Paper Girls (acepto donaciones), así me entero cómo termina esta cautivante trama y me babeo un poco más con los hermosos dibujos de Cliff Chiang.
Nada más, por hoy. Muchas gracias por leer y nos reencontramos ni bien tenga más libritos para reseñar acá en el blog.
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jueves, 5 de enero de 2023
TARDE DE JUEVES
Estoy arrancando dos nuevos proyectos, y como típico ansioso/ culo inquieto, hasta que empiecen a avanzar a la velocidad que uno desearía, estoy medio que camino por las paredes. ¿Con qué me relajo? Leyendo comics. Así que ya tengo otros dos libritos para comentar.
Empezamos en 2017, cuando sale en Estados Unidos el Vol.3 de Paper Girls, la famosa serie de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang. Lo primero que tengo para decir es ¡qué barbaridad el dibujo de Chiang!. El tipo encontró una síntesis, se despojó de un montón de detalles que metía en su época de "quiero ser Arthur Adams pero no me da el cuero" y ese aprender a dibujar menos potenció muchísimo su trazo, lo hizo más lindo, más expresivo y más funcional al rol narrativo del dibujo. Las páginas son equilibradas, transmiten una sensación de "está todo bajo control", hay una buena variedad de planos, la acción fluye de modo absolutamente natural, la puesta en página es clásica pero no aburrida, y por supuesto el color de Matt Wilson apuntala muchísimo la labor de Chiang. Por ahí sin ser tan flashera como la de Saga, la faz visual de Paper Girls tiene todo para seducir al lector que compra comics por los dibujos.
En la lectura del tomo, me pasa lo mismo que con Saga: no sé si lo que me está contando Vaughan va para algún lado o si es relleno. Me divierto, por momentos me emociono, me interesa lo que le pasa a los personajes, me copan los diálogos, logro vibrar al ritmo de las peripecias que movilizan la trama... pero desconfío un toque. ¿Todo esto tendrá un peso real en el contexto mayor de la obra? ¿O son simplemente ideas que se le ocurren al guionista para tener a las protagonistas en constante peligro, episodio tras episodio, sin más sentido que el de llenar un par de TPBs más y estirar la saga? Ya nos pasó con Y, The Last Man, donde hay arcos argumentales enteros que no aportan nada a la trama global de la obra, por eso uno duerme con un ojo abierto.
Pero lo importante es que, como decía recién, la lectura es ágil y ganchera y los personajes tienen un carisma innegable. Entonces, aunque nada de todo esto conduzca a ningún punto cercano a la resolución de los conflictos centrales, se disfruta un montón. Ya veremos, cuando llegue al final, cuánto de todo este tramo "del medio" era relleno y cuánto era un sembradío de elementos dramáticos que van a resultar importantes para darle un cierre a Paper Girls. Por ahora la onda es relajarse y gozar de las locas aventuras de Mac, KJ, Tiffany y Erin, verlas crecer, tomar decisiones jodidas, sufrir, ganar, perder y buscarle la vuelta a este extraño laberinto espacio-temporal en el que están atrapadas. Me falta leer toda la segunda mitad de la obra, así que tranqui, hay Paper Girls para rato y en los tres TPBs que se vienen me esperan otros 15 episodios dibujados como los dioses por Cliff Chiang. El único detalle es que no tengo los tres libros que me faltan y no sé cuándo los voy a comprar, pero eventualmente llegarán...
Me voy a Chile, al año 2018, cuando se publica 1959, la esperada secuela de 1899. Francisco Ortega y Nelson Dániel regresan al universo que imaginaron para aquella impactante novela gráfica (ver reseña del 19/12/12) y sí, con el correr de las páginas me di cuenta de que convenía tener fresca esa "primera parte" que yo había leído más de 10 años atrás... y de la que obviamente me acordaba muy poco.
De todos modos, 1959 explica bastante el contexto en el que transcurre la aventura, e incluso termina con un glosario en el que Ortega brinda muchísima información acerca de cada uno de los personajes y conceptos que aparecen en la obra. Al igual que 1899, esta secuela juega con personas que existieron en nuestra realidad, y les da nuevos roles en este universo imaginario. Esta vez los protagonistas son el Che Guevara, Salvador Allende y Augusto Pinochet, y en los roles secundarios tenemos a John F. Kennedy y a Eva Perón. Pero como esto no le alcanza, Ortega nutre a la trama con personajes y conceptos tomados de ficciones de Edgar Rice Burroughs, H.P. Lovecraft, H. Rider Haggard, e incluso de sus propias ficciones, porque tenemos varias citas a Mocha Dick (la famosa novela gráfica de Ortega y Gonzalo Martínez) y a Disfrazados, una de las tantas obras 100% literarias del autor.
El relato logra inquitar con su clima de permanente conspiración, donde nunca sabés quién dice la verdad y quién miente, donde todos pueden ser traidores o impostores, y eso, sumado a lo ambicioso de los conceptios fantacientíficos que pone en juego Ortega, hace que la tensión se mantenga hasta el final. Esta vez veo muy poco probable que se venga un tercer arco argumental ambientado en el "universo metahulla", porque el final de 1959 es bastante más definitivo que el de 1899. Pero cuando tenemos enfrente a un autor con la imaginación y la erudición de Ortega, es difícil descartar cualquie hipótesis.
El dibujo de Nelson Dániel, sin ser demasiado original, está muy bien. El guion le exige proezas inverosímiles, decorados, criaturas, armas, naves, razas enteras, páginas bastante cargadas de texto, y Dániel sale muy bien parado de cada uno de estos desafíos. La narrativa es clara (solo se enreda cuando arma esa doble página repleta de cuadritos en la que muere Evita), la aplicación de los grises es magnífica, la acción y las expresiones faciales están bien retratadas, los monstruos y los villanos logran meter miedo y la resemblanza con las personas reales está muy bien lograda en todos los casos salvo el de Kennedy, que podría ser tranquilamente... Mel Gibson. O Sam Neill. Recomiendo esta novela gráfica sobre todo a los que la pasaron bomba con 1899, pero también a quienes se interesen por una ucronía compleja y ambiciosa, narrada en clave de aventura extrema por dos autores chilenos de primera línea.
Nada más, por hoy. Muchas gracias a los que descargaron la nueva Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y a quienes todavía no lo hicieron, les pido que se copen, porque con menos de lo que vale una docena de facturas, nos ayudan un montón y se llevan 212 páginas de material 100% inédito, y excelentes contenidos audiovisuales que no son los que están al alcance de todos en el sitio web o el canal de YouTube de Comiqueando. Será hasta muy pronto (creo).
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viernes, 1 de mayo de 2020
VIERNES FERIADISIMO
Hoy tampoco pisé la calle
en todo el día. Ya no me acuerdo cómo eran los bondis por adentro, ni para qué
servía esa tarjeta que dice “SUBE”. Pero aprovecho para escribir y para avanzar
con las lecturas.
Después de aquella panzada
de Gil Jourdan (o Gil Pupila, como le pusieron en España) que me di aquel
28/10/14, no había vuelto a conseguir material de esta excelente serie de
Maurice Tillieux, y tampoco otras obras del malogrado maestro belga. Pero
eventualmente cayó en mis manos un tomito que no estaba incluído en el
integral. De hecho, es el que viene justo después del álbum con el que cerraba
aquel imponente masacote.
Este Vol.6, llamado en
España “Festival sobre 4 ruedas” me atrapó desde el vamos con un guión muy
potente, un verdadero mecanismo de relojería. Sin estridencias, con menos
chistes que en tomos anteriores, a lo largo de estas 44 páginas pasan lo que en
cualquier otra historieta pasaría en 60 ó 64. Lo más notable, o lo que a mí más
me cerró es el plan de los villanos, realmente ingenioso, con todo
milimétricamente pensado para llevarlo a cabo sin sobresaltos. Será un detalle
pequeñísimo el que le servirá a Gil (que de gil tiene sólo el nombre) para
desentrañar el misterio y armar un contra-plan (otra vez, casi digno de Los Simuladores)
para capturar a los delincuentes y evitar el robo del banco. Tillieux se da el
lujo de hacerte sospechar de personajes que no tienen nada que ver con el
crimen, y casi logra convencerme de la inocencia de personajes que me
despertaban desconfianza, y a la larga estaban sucios hasta la pera.
Una aventura pausada,
tranquila, muy hablada, muy razonada, pero con su cuota de acción y peligros
que se sienten reales. Sobra el personaje de Libélula (que apenas calza un par
de momentos humorísticos bastante poco logrados) y se siente mucho la ausencia
de personajes femeninos. Pero Gil Jourdan brilla como pocas veces y en cada
interacción con otro personaje, el autor le pega una pincelada más a una
personalidad sumamente interesante.
El dibujo, como siempre,
muy tributario de la línea de André Franquin, pero más pulcro, más ordenado,
muy idóneo para el tipo de historias que contaba Tillieux en esta serie. Un
lujo, sobre todo si pensamos que son historietas de 1963. Ojalá hoy hubiese
historietas de detectives para el público infanto-juvenil escritas y dibujadas
a este nivel.
Retomo la lectura de Paper
Girls, cuyo Vol.1 vimos el 25/03/19. Venía con una expectativa alta, porque el
primer tomo me había gustado mucho, pero este me pareció incluso mejor. Es más,
todavía no llegué ni a la mitad de la serie, pero ya me animo a postularla como
la mejor obra en la ilustre carrera de Brian K. Vaughan. Tendría que decaer
bastante en los próximos tomos (no los tengo, pero acepto donaciones) para que
quede relegada en el pilón de “series que arrancan bien y después derrapan”.
Vaughan me sorprendió una
vez más con la calidad de los diálogos, con el ritmo, la acción, la
introspección, el manejo hiper-ajustado de las escenas, que nunca se estiran más
de la cuenta. Todo muy bien ensamblado, muy consistente, con peligros muy
reales, reacciones muy verosímiles por parte de todas las protagonistas… Un
excelente guión, de punta a punta. Y así como en las historietas en las que los
protagonistas son todos varones se extraña la presencia femenina, acá también,
en algún punto decís “che, ¿no hay varones? ¿Qué es esto? ¿Y the Last Man pero
sin Y?”. Me imagino que más adelante, cuando ya estemos más encariñados con las
chicas, Vaughan va a meter algunos pibes en la mezcla, aunque sea en roles de
villanos. Bah, digo yo. Por ahí me equivoco.
Cliff Chiang también se
supera a sí mismo en este tomo, y ya está en un nivel mucho mejor que el de
Wonder Woman. Más suelto, más plástico, más sintético… Por momentos parece
Gonzalo Martínez entintado por Rick Leonardi. Increíble cómo semejante bestia
del dibujo te mete adentro de la historia, cómo te convence de que todo lo que
está pasando es real, la atención que le pone a cada detalle, a cada gesto. El
color de Matt Wilson también es un deleite.
Altísima recomendación
para esta serie, que tiene sumamente merecidos todos los premios que ganó. Si flasheás
con esas aventuras tipo El Eternauta, que te traen a la esquina de tu casa viajes
en el tiempo, tecnologías locas y batallas con monstruos y pterodáctilos, Paper
Girls te va a fascinar. Y si creías que ya habías visto lo mejor que podían
ofrecer tanto Brian Vaughan como Cliff Chiang, preparate para llevarte una gratísima
sorpresa.
Nada más, por hoy. Como siempre,
ni bien tenga algunas cositas más leídas nos reencontramos con nuevas reseñas
acá en el blog. ¡Será hasta entonces!
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Paper Girls
lunes, 25 de marzo de 2019
DOS DE 2016
Hoy me toca reseñar dos
libros aparecidos el mismo año, el ya bastante lejano 2016.
Arranco con el Vol.3 de
Varua Rapa Nui (los Vol.1 y 2 tuvieron sus reseñas los días 09/04/13 y
27/03/14, respectivamente), esta vez con una novedad llamativa: la galardonada
serie que escribe Bernardita Labourdette cambia de dibujante y en lugar de
Ismael Hernández tenemos al frente de la faz gráfica a Fernando Pinto, el
dibujante de Fumetsu (serie de la cual también reseñé dos tomos acá en el
blog). La verdad es que no son muchas las innovaciones que propone Pinto, quien
sigue los lineamientos de Hernández en materia de puesta en página y
tratamiento del color, aunque sin alcanzar los niveles de belleza plástica, de
destreza en el dibujo de la figura humana y expresividad en los rostros que
lograba su antecesor. Me quedo mil veces con Hernández y pongo el trabajo de
Pinto en Fumetsu bastante por encima de su labor en Varua Rapa Nui.
En cuanto al guión, me
pasó lo mismo que cuando leí el Vol.2: sentí que le costaba arrancar. Para
cuando los conflictos cobran verdadero espesor, ya se me habían ido 32 páginas
de un comic de 50. Y hasta llegar a ese punto, la cocción se me hizo lenta, el
franeleo previo se me hizo largo. Después la historia se pone picante, y los
conflictos que en las entregas anteriores tenían que ver con eventos más
mitológicos que históricos, ahora sí se convierten en testimonios truculentos
de hechos reales (y aberrantes) que exigen verdad, memoria y justicia. El
cambio de registro, la forma en que Labourdette decide aferrarse a la aventura
pero cambiar el foco para irse de la leyenda a la historia, es lo que más me
gustó de este tercer tomo, acertadamente titulado “El Ocaso”. También se ve el
esfuerzo de la guionista por darle onda y personalidad a tres personajes
destacados, pero a mí me enganchó más lo otro, la trama de violencia, crueldad,
desazón y lucha contra viento y marea que protagonizan estos entrañables nativos
de la Isla de Pascua.
Y no mucho más. Tengo
entendido que la serie termina en el cuarto tomo, cuya aparición viene bastante
demorada. Ojalá luego de esta experiencia podamos disfrutar a Bernardita
Labourdette enfocada en otro tipo de relatos, como para terminar de afianzarse
como una de las muy buenas plumas que tiene hoy el comic chileno.
Tarde como siempre, empecé
a leer Paper Girls, la serie de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang que se termina
ahora, a mitad de año. Me la habían vendido como La Mismísima Gloria, y la
verdad es que me encantó. Son cinco episodios (uno de 40 páginas) en los que
pasan un montón de cosas: Vaughan nos presenta a cuatro personajes muy bien
elaborados, con matices, con aristas atractivas para explorar, y además nos
bombardea con un verdadero aluvión de sucesos inexplicables, de tremendo
impacto en estos suburbios de Cleveland, Ohio de 1988 en los que normalmente
pasaba poco y nada.
Como en El Eternauta, de
pronto las vidas de cuatro chicas comunes y corrientes se ven alteradas por
elementos extremos que tienen que ver con la ciencia-ficción. Viajes en el
tiempo, quizás incluso en el espacio, tecnología de avanzada junto a animales
que no se veían desde la Prehistoria… Acá pasan cosas rarísimas y seguro está
en juego mucho más de lo que Vaughan nos mostró hasta ahora. La acumulación de
misterios y situaciones bravísimas, combinada con unos diálogos
extraordinarios, hacen que uno no pueda dejar de pasar las páginas hasta que se
termina el libro. Lo cual sucede (obviamente) en un momento de absoluta
tensión, como para que el suspenso te estrangule… o salgas corriendo a buscar
el Vol.2.
Cliff Chiang, brillante,
fascinante, mucho mejor que en Wonder Woman, donde ya la descosía. Para la
cuarta página, cuando mete ese poster de Depeche Mode en la habitación de Erin,
ya me tenía rendido a sus pies. La paleta de Matt Wilson lo complementa a la
perfección, con un despliegue de engamados logradísimo, muy al servicio de los
climas de la historia. Y cuando hay que matarse en los detalles, ni el
dibujante ni el colorista mezquinan nada.
Acabo de descubrir una
serie realmente sólida, tanto en guión como en dibujo, que sólo puede ahuyentar
lectores si se estira más de la cuenta. Pero con el final confirmado para el
nº30, estimo que eso no sucederá, que con lo que sembró en estos cinco
episodios, Vaughan puede cosechar tranquilamente durante otros 25 sin que
decaiga el interés. Me da la sensación de que cuando llegue al final de Paper
Girls voy a extrañar a estas chicas tanto como extraño a Mitchell Hundred y a
Yorick Brown…
Y nada más, por hoy.
Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en
el blog.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
23/12: WONDER WOMAN Vol.4
Bueno, por fin se dio la lógica, que era reseñar más de un tomo por año de esta serie que me tiene cebadísimo. Este es el tomo ladri de la colección, porque incluye sólo cinco episodios de 20 páginas, y para arrimar a un libro de 144 páginas te meten carátulas, un guión tal como lo entregó Brian Azzarello y TODO el quinto episodio a lápiz sin entintar, tal como se lo entregó Cliff Chiang al letrista para que le pusiera los textos. Sí, maestro. Hay portadas repetidas (puede suceder) y VEINTE PAGINAS que están dos veces: una vez en la versión final y una en la que está sólo el dibujo a lápiz. Un disparate.
Pero vamos a la aventura propiamente dicha. Para esta altura del partido, Azzarello ya tenía acumulado un elenco importante, al que había presentado con categoría en los tomos anteriores. La trama (ver reseñas de los Vol.1-3, así no la explico de nuevo) estaba a punto caramelo y era un excelente momento para dedicarle una buena cantidad de páginas a la machaca. Mientras terminaban de cerrar su rosca el First Born (que apareció en el Vol.3 y rápidamente se posicionó como EL villano pulenta de la serie) y un par de dioses más, a Diana le toca pelear con Artemis, que no es la amazona que la reemplazó brevemente en los ´90, sino la diosa griega de la luna. Y después sí, veremos a Diana, Orion, War (que vendría a ser Ares) y varios aliados más darse como en bolsa con First Born, el primer y más peligroso vástago de Zeus.
El único tramo realmente tranqui del tomo llega cuando Azzarello nos lleva a conocer New Genesis… y la verdad es que a mí mucho no me escandalizó, pero si sos hardcore fan del Cuarto Mundo de Jack Kirby, quizás te rompa un poco las pelotas que la nueva versión se aparte tanto de la original. Y cuando se termina la machaca, tenemos la muy emotiva y poco esperada muerte de un personaje grosso, que sirve para ponerle fin a casi todo. De todo lo que abrió en estos cuatro tomos, lo único que Azzarello no cierra acá es el subplot de la profecía acerca del hijito de Zola, el último descendiente de Zeus. Todo lo demás llega a un desenlace fuerte, impactante y te deja dudando… ¿para dónde va a agarrar el guionista en el próximo tomo?
¿Tendremos revancha contra el First Born, se resolverá el tema de la profecía, habrá una intriga palaciega para destronar a Apolo, reaparecerá Zeus? Y ya puestos a frutear, ¿propondrá Azzarello alguna conexión entre los dioses griegos y los New Gods? La verdad es que esta serie mantiene muy arriba el interés, incluso cuando derrapa un poco (como esta vez) para el lado de los hiper-combates a todo o nada.
En materia de dibujo, tenemos una mejora grossa: el mediocrón Tony Akins, que era el suplente nato de Cliff Chiang, esta vez dibuja muy poquitas páginas. Casi todo lo que no dibuja Chiang va a parar a manos de Goran Sudzuka, que me gusta mucho más. La verdad que pasar de Akins a Sudzuka es como bajarse del 42 repleto y subirse a un BMW manejado por Marcela Kloosterboer en pelotas. Y bueno, los tres últimos capítulos están íntegramente dibujados por Chiang, que además se entinta a sí mismo. Ya hablé bastante del estilo de Chiang en las reseñas anteriores, así que no me quiero repetir. Pero sí subrayar que, con la posibilidad de leer un guión tal como lo entregó Azzarello, acá queda claro hasta dónde llega el aporte del dibujante. Prácticamente TODAS las decisiones en materia de narrativa, desde el armado de las secuencias hasta la composición de las viñetas, están libradas al criterio del dibujante, y acá Chiang no falla nunca. Por el contrario, ese texto que escribió Azzarello leído así, en crudo, no transmite ni un 10% del power que tienen las páginas una vez que Chiang hace su trabajo. Eso es un enorme acierto del dibujante y también del guionista, que sabe “correrse del medio” y dejar que el aspecto visual de la obra sea controlado lo más posible por el especialista en imágenes.
Tengo ya encanutados los dos tomos que faltan para completar esta fascinante etapa de Wonder Woman, a ver si banca hasta el final el rótulo de “la mejor serie de los New 52”.
Pero vamos a la aventura propiamente dicha. Para esta altura del partido, Azzarello ya tenía acumulado un elenco importante, al que había presentado con categoría en los tomos anteriores. La trama (ver reseñas de los Vol.1-3, así no la explico de nuevo) estaba a punto caramelo y era un excelente momento para dedicarle una buena cantidad de páginas a la machaca. Mientras terminaban de cerrar su rosca el First Born (que apareció en el Vol.3 y rápidamente se posicionó como EL villano pulenta de la serie) y un par de dioses más, a Diana le toca pelear con Artemis, que no es la amazona que la reemplazó brevemente en los ´90, sino la diosa griega de la luna. Y después sí, veremos a Diana, Orion, War (que vendría a ser Ares) y varios aliados más darse como en bolsa con First Born, el primer y más peligroso vástago de Zeus.
El único tramo realmente tranqui del tomo llega cuando Azzarello nos lleva a conocer New Genesis… y la verdad es que a mí mucho no me escandalizó, pero si sos hardcore fan del Cuarto Mundo de Jack Kirby, quizás te rompa un poco las pelotas que la nueva versión se aparte tanto de la original. Y cuando se termina la machaca, tenemos la muy emotiva y poco esperada muerte de un personaje grosso, que sirve para ponerle fin a casi todo. De todo lo que abrió en estos cuatro tomos, lo único que Azzarello no cierra acá es el subplot de la profecía acerca del hijito de Zola, el último descendiente de Zeus. Todo lo demás llega a un desenlace fuerte, impactante y te deja dudando… ¿para dónde va a agarrar el guionista en el próximo tomo?
¿Tendremos revancha contra el First Born, se resolverá el tema de la profecía, habrá una intriga palaciega para destronar a Apolo, reaparecerá Zeus? Y ya puestos a frutear, ¿propondrá Azzarello alguna conexión entre los dioses griegos y los New Gods? La verdad es que esta serie mantiene muy arriba el interés, incluso cuando derrapa un poco (como esta vez) para el lado de los hiper-combates a todo o nada.
En materia de dibujo, tenemos una mejora grossa: el mediocrón Tony Akins, que era el suplente nato de Cliff Chiang, esta vez dibuja muy poquitas páginas. Casi todo lo que no dibuja Chiang va a parar a manos de Goran Sudzuka, que me gusta mucho más. La verdad que pasar de Akins a Sudzuka es como bajarse del 42 repleto y subirse a un BMW manejado por Marcela Kloosterboer en pelotas. Y bueno, los tres últimos capítulos están íntegramente dibujados por Chiang, que además se entinta a sí mismo. Ya hablé bastante del estilo de Chiang en las reseñas anteriores, así que no me quiero repetir. Pero sí subrayar que, con la posibilidad de leer un guión tal como lo entregó Azzarello, acá queda claro hasta dónde llega el aporte del dibujante. Prácticamente TODAS las decisiones en materia de narrativa, desde el armado de las secuencias hasta la composición de las viñetas, están libradas al criterio del dibujante, y acá Chiang no falla nunca. Por el contrario, ese texto que escribió Azzarello leído así, en crudo, no transmite ni un 10% del power que tienen las páginas una vez que Chiang hace su trabajo. Eso es un enorme acierto del dibujante y también del guionista, que sabe “correrse del medio” y dejar que el aspecto visual de la obra sea controlado lo más posible por el especialista en imágenes.
Tengo ya encanutados los dos tomos que faltan para completar esta fascinante etapa de Wonder Woman, a ver si banca hasta el final el rótulo de “la mejor serie de los New 52”.
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jueves, 2 de abril de 2015
02/ 04: WONDER WOMAN Vol.3
No puedo volver a colgar a esta serie casi un año entre tomo y tomo, y menos cuando ya terminó y está toda editada en TPBs. Así que me lanzo de cabeza sobre el Vol.3, no si antes recomendar un repasito por las reseñas de los tomos anteriores (15/11/13 y 29/10/14).
De los conceptos ya vertidos, me parece que hay que volver a subrayar uno: Esto no tiene nada que ver con ningún otro comic de Wonder Woman que hayas leído. De verdad, con ninguno. Ni siquiera con comics que se publicaban en simultáneo con este, como Justice League o Superman/ Wonder Woman. Esta es una obra 100% de autor, en la que a Brian Azzarello le dieron la posibilidad única de reimaginar de cero a la famosa heroína, a su entorno y a su historia, sin la menor interferencia por parte del resto del Universo DC, que acá parece no existir. Recién sobre la segunda mitad de este tomo, Azzarello suma al siempre expansivo elenco de la serie a Orion, el más pulenta de los New Gods. Supongo que en el Vol.4 quedará claro cuál será su función en la saga, porque hasta ahora no tiene mucho más efecto más allá del impacto de volver a ver en la etapa New 52 a nuevas versiones de los personajes creados hace casi 45 años por Jack Kirby.
Creo que el mayor logro de Azzarello es la forma en que logra pilotear la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie. Esta vez, además de Orion, aparece un portentoso guerrero inmortal que pinta para convertirse en el villano más power de la saga, y otros dos hijos bastardos de Zeus nacidos en la Tierra durante el Siglo XX. First Born (el guerrero machacoso) tiene sus propias secuencias y hasta sus propios personajes secundarios. Los otros hijos de Zeus, en cambio, aportan un poco menos, y pareciera que Azzarello no los va a integrar definitivamente al elenco, sino que sus apariciones fueron pensadas para hacer avanzar puntos concretos de la trama, o para que Diana tuviera contra quién pelear en un episodio que, de otro modo, hubiese sido 100% diálogo. Realmente la trama de First Born resulta un gran hallazgo, porque habilita un montón de escenas de pelea lejos de donde están Wonder Woman y el resto del elenco, que siguen enroscados en una historia que –ya lo dije en las reseñas anteriores- no pasa por la machaca sino por la rosca en el seno de una familia disfuncional.
Otro punto destacadísimo son los diálogos. Un rubro en el que Azzarello pela una magia asombrosa para darle voz e identidad a cada uno de estos personajes, a los que nos muestra como cercanos, casi reales, a pesar de ser dioses mitológicos de la antigüedad y –ante todo- personajes de historieta. Sin cagarse en las raíces mitológicas, Azzarello actualiza estos dramas famiiares, estas alianzas, estos odios, y los hace increíblemente contemporáneos. Y la única historia en la que cambia totalmente el registro (la del n°0, protagonizada por una Diana de 11 ó 12 años) lo hace para adoptar ciertos tics típicos de los comics de la Silver Age. Claro, el espesor dramático del relato es mucho mayor, pero si sabés verlos, están los guiños a Stan Lee, Bob Haney y demás.
En materia de dibujantes, esta vez no alcanzó con un titular y un suplente. Cliff Chiang (el titular) dibuja tres de los siete episodios. Tony Akins (el suplente) dibuja un episodio entero, la mitad de otro, 16 páginas de un tercero y entrega apenas un plantado a lápiz de un cuarto, para que se lo terminen los entintadores. Para cubrir los baches, tenemos a un ignoto (y no muy presentable) Amilcar Pinna, al glorioso Goran Sudzuka y a varios entintadores, entre ellos el notable Dan Green (que logra que los dibujos de Akins se vean cada vez mejor) y el infalible Rick Burchett. Y pese a mi amor incondicional por Sudzuka, tengo que reconocer que Chiang se ganó en buena ley la chapa de ser EL dibujante de esta versión de Wonder Woman. Desde el diseño de los personajes hasta los recursos narrativos que tiene que poner en juego para darle onda a las escenas en las que sólo vemos gente hablando (un clásico de Azzarello, a esta altura), Chiang muestra solidez, compromiso y talento. Cada vez más afianzado en su estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas”, Chiang pone todo lo que hay que poner, se entinta a sí mismo y se complementa mejor que ningún otro con el colorista Matthew Wilson. Muy grosso.
No sé qué me espera en la segunda mitad de esta serie, pero la primera me pareció excelente, me sorprendió y me emocionó muchas más veces de las que yo me imaginaba. Sobre el final de mi adolescencia fui muy fan de la Wonder Woman de George Perez y ya en este siglo me volví loco cuando Greg Rucka llevó a su máximo apogeo a esa versión. Y sin embargo, estos tres TPBs me dejan picando la idea de que tal vez (por ahora es un tal vez) la Wonder Woman definitiva sea esta, la de Azzarello y Chiang, parida con el “pecado original” de ser parte del New 52, pero satisfactoria y apasionante por donde se la mire.
De los conceptos ya vertidos, me parece que hay que volver a subrayar uno: Esto no tiene nada que ver con ningún otro comic de Wonder Woman que hayas leído. De verdad, con ninguno. Ni siquiera con comics que se publicaban en simultáneo con este, como Justice League o Superman/ Wonder Woman. Esta es una obra 100% de autor, en la que a Brian Azzarello le dieron la posibilidad única de reimaginar de cero a la famosa heroína, a su entorno y a su historia, sin la menor interferencia por parte del resto del Universo DC, que acá parece no existir. Recién sobre la segunda mitad de este tomo, Azzarello suma al siempre expansivo elenco de la serie a Orion, el más pulenta de los New Gods. Supongo que en el Vol.4 quedará claro cuál será su función en la saga, porque hasta ahora no tiene mucho más efecto más allá del impacto de volver a ver en la etapa New 52 a nuevas versiones de los personajes creados hace casi 45 años por Jack Kirby.
Creo que el mayor logro de Azzarello es la forma en que logra pilotear la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie. Esta vez, además de Orion, aparece un portentoso guerrero inmortal que pinta para convertirse en el villano más power de la saga, y otros dos hijos bastardos de Zeus nacidos en la Tierra durante el Siglo XX. First Born (el guerrero machacoso) tiene sus propias secuencias y hasta sus propios personajes secundarios. Los otros hijos de Zeus, en cambio, aportan un poco menos, y pareciera que Azzarello no los va a integrar definitivamente al elenco, sino que sus apariciones fueron pensadas para hacer avanzar puntos concretos de la trama, o para que Diana tuviera contra quién pelear en un episodio que, de otro modo, hubiese sido 100% diálogo. Realmente la trama de First Born resulta un gran hallazgo, porque habilita un montón de escenas de pelea lejos de donde están Wonder Woman y el resto del elenco, que siguen enroscados en una historia que –ya lo dije en las reseñas anteriores- no pasa por la machaca sino por la rosca en el seno de una familia disfuncional.
Otro punto destacadísimo son los diálogos. Un rubro en el que Azzarello pela una magia asombrosa para darle voz e identidad a cada uno de estos personajes, a los que nos muestra como cercanos, casi reales, a pesar de ser dioses mitológicos de la antigüedad y –ante todo- personajes de historieta. Sin cagarse en las raíces mitológicas, Azzarello actualiza estos dramas famiiares, estas alianzas, estos odios, y los hace increíblemente contemporáneos. Y la única historia en la que cambia totalmente el registro (la del n°0, protagonizada por una Diana de 11 ó 12 años) lo hace para adoptar ciertos tics típicos de los comics de la Silver Age. Claro, el espesor dramático del relato es mucho mayor, pero si sabés verlos, están los guiños a Stan Lee, Bob Haney y demás.
En materia de dibujantes, esta vez no alcanzó con un titular y un suplente. Cliff Chiang (el titular) dibuja tres de los siete episodios. Tony Akins (el suplente) dibuja un episodio entero, la mitad de otro, 16 páginas de un tercero y entrega apenas un plantado a lápiz de un cuarto, para que se lo terminen los entintadores. Para cubrir los baches, tenemos a un ignoto (y no muy presentable) Amilcar Pinna, al glorioso Goran Sudzuka y a varios entintadores, entre ellos el notable Dan Green (que logra que los dibujos de Akins se vean cada vez mejor) y el infalible Rick Burchett. Y pese a mi amor incondicional por Sudzuka, tengo que reconocer que Chiang se ganó en buena ley la chapa de ser EL dibujante de esta versión de Wonder Woman. Desde el diseño de los personajes hasta los recursos narrativos que tiene que poner en juego para darle onda a las escenas en las que sólo vemos gente hablando (un clásico de Azzarello, a esta altura), Chiang muestra solidez, compromiso y talento. Cada vez más afianzado en su estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas”, Chiang pone todo lo que hay que poner, se entinta a sí mismo y se complementa mejor que ningún otro con el colorista Matthew Wilson. Muy grosso.
No sé qué me espera en la segunda mitad de esta serie, pero la primera me pareció excelente, me sorprendió y me emocionó muchas más veces de las que yo me imaginaba. Sobre el final de mi adolescencia fui muy fan de la Wonder Woman de George Perez y ya en este siglo me volví loco cuando Greg Rucka llevó a su máximo apogeo a esa versión. Y sin embargo, estos tres TPBs me dejan picando la idea de que tal vez (por ahora es un tal vez) la Wonder Woman definitiva sea esta, la de Azzarello y Chiang, parida con el “pecado original” de ser parte del New 52, pero satisfactoria y apasionante por donde se la mire.
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miércoles, 29 de octubre de 2014
29/ 10: WONDER WOMAN Vol.2
Voy muy atrasado con esta serie, ya lo sé. Reseñé el Vol.1 el 15/11/13 y aguanté casi un año para entrarle al Vol.2, y eso que el primero me había recontra-cebado. Pero bueno, son problemas lindos, causados por el hecho de que uno lee mucho y muy variado.
Lo que tengo para decir sobre este tomo se parece bastante a lo que dije cuando reseñé el Vol.1, pero reitero estos conceptos:
Brian Azzarello está haciendo comic de autor adentro del mainstream. Esto es un laburo 100% personal que responde a una única visión, a un único criterio lírico-genital y es el del glorioso creador de 100 Bullets.
Esto no se parece en nada a ningún otro comic de Wonder Woman que hayas visto o leído. Es más: a duras penas se parece a otros comics de superhéroes. Acá Diana no actúa como una típica superheroína, sino que su rol es el de proteger a una chica mortal que se pegó una revolcada con Zeus y ahora está por dar a luz al enésimo hijo bastardo del capo del Olimpo.
La trama pasa por ahí, por la runfla constante entre estas esposas, amantes, hijos e hijas de un Zeus que lleva un tiempo desaparecido, a ver quién se queda con el trono del barbeta. Y la inminente aparición de un nuevo heredero con quien repartir la torta incomoda bastante a estos seres tan poderosos como venales. Diana (también hija de Zeus) deambula entre estos fuyeros de la inmortalidad, pelea lo menos posible, le escapa a un dios que la quiere “de novia” y -en uno de los mejores giros argumentales que leí en la historia del personaje- se entera por qué carajo en la Isla Paraíso no hay varones. Esta explicación es tan grossa que no creo que ningún guionista de los que vengan después se animen a hacerse cargo.
Azzarello se auto-impone un obstáculo que es la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie, y que en este tomo es aún más numeroso que en el anterior. Pero lo sobrelleva con mucha clase. La entrada y salida de los personajes es ordenada, para cada uno hay grandes momentos de lucimiento, el nivel de los diálogos está afiladísimo, y sirve además para marcar con onda y fuerza los rasgos de caracterización de cada protagonista.
Con mucha más rosca que violencia, la serie logra un ritmo muy ganchero, muy intenso, supongo que similar al de Game of Thrones (digo “supongo” porque nunca vi la serie ni leí las novelas), muy bien condimentado con el impacto que produce este desfile incesante de personajes de inmenso poder, todos enredados en una compleja tramoya de promesas, traiciones, rencores y oscuras ambiciones, como en las mejores telenovelas.
El dibujo de Cliff Chiang está muy bien, siempre en ese estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas” y además con su propio entintado, lo cual transmite la grata sensación de “tranqui, muchachos, tengo todo bajo control”. Su interpretación visual de los distintos dioses, del Hades, de la forja de Hephaestus y del Olimpo mismo es invariablemente original y acertada y la sintonía con Azzarello se ve cada vez más afianzada. Y no, Chiang no te dibuja 20 páginas por mes ni recibiendo cocaína por vía intravenosa, por eso dos de los seis episodios van a parar a las garras de Tony Akins, dibujante que a mí no me gusta para nada. De todos modos, debo reconocer que en este tomo está mejor que en el anterior, donde también entró a jugar de suplente cuando Chiang dijo “no llego”. Atribuyo esta mejora a las tintas del mítico Dan Green, vigente desde los ´80 con su trazo finito, prolijo y vibrante. Además el guión juega a favor de Akins, porque le tocan capítulos donde la ausencia de fondos (rasgo clásico de este mediocre) choca poco o nada.
Y bueno, el bebé de Zola nace en la anteúltima página, así que se acaba ese franeleo previo tan atractivo. En el próximo tomo veremos qué tenía planeado Azzarello para este nuevo vástago de Zeus y cómo cambia el status quo de la serie, que hasta ahora es impecable. Creo que el mes pasado salió en EEUU el último episodio de Wonder Woman de la dupla Azzarello-Chiang, así que esta magnífica versión de la princesa amazona ya tiene un final. Ahora, a prenderle unas velas a los dioses de la religión que más te cope para que guionista y dibujante sigan juntos, en lo posible en un proyecto creator-owned, sin la imposición ridícula de las 20 páginas por mes, así puede dibujar todo Chiang.
Lo que tengo para decir sobre este tomo se parece bastante a lo que dije cuando reseñé el Vol.1, pero reitero estos conceptos:
Brian Azzarello está haciendo comic de autor adentro del mainstream. Esto es un laburo 100% personal que responde a una única visión, a un único criterio lírico-genital y es el del glorioso creador de 100 Bullets.
Esto no se parece en nada a ningún otro comic de Wonder Woman que hayas visto o leído. Es más: a duras penas se parece a otros comics de superhéroes. Acá Diana no actúa como una típica superheroína, sino que su rol es el de proteger a una chica mortal que se pegó una revolcada con Zeus y ahora está por dar a luz al enésimo hijo bastardo del capo del Olimpo.
La trama pasa por ahí, por la runfla constante entre estas esposas, amantes, hijos e hijas de un Zeus que lleva un tiempo desaparecido, a ver quién se queda con el trono del barbeta. Y la inminente aparición de un nuevo heredero con quien repartir la torta incomoda bastante a estos seres tan poderosos como venales. Diana (también hija de Zeus) deambula entre estos fuyeros de la inmortalidad, pelea lo menos posible, le escapa a un dios que la quiere “de novia” y -en uno de los mejores giros argumentales que leí en la historia del personaje- se entera por qué carajo en la Isla Paraíso no hay varones. Esta explicación es tan grossa que no creo que ningún guionista de los que vengan después se animen a hacerse cargo.
Azzarello se auto-impone un obstáculo que es la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie, y que en este tomo es aún más numeroso que en el anterior. Pero lo sobrelleva con mucha clase. La entrada y salida de los personajes es ordenada, para cada uno hay grandes momentos de lucimiento, el nivel de los diálogos está afiladísimo, y sirve además para marcar con onda y fuerza los rasgos de caracterización de cada protagonista.
Con mucha más rosca que violencia, la serie logra un ritmo muy ganchero, muy intenso, supongo que similar al de Game of Thrones (digo “supongo” porque nunca vi la serie ni leí las novelas), muy bien condimentado con el impacto que produce este desfile incesante de personajes de inmenso poder, todos enredados en una compleja tramoya de promesas, traiciones, rencores y oscuras ambiciones, como en las mejores telenovelas.
El dibujo de Cliff Chiang está muy bien, siempre en ese estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas” y además con su propio entintado, lo cual transmite la grata sensación de “tranqui, muchachos, tengo todo bajo control”. Su interpretación visual de los distintos dioses, del Hades, de la forja de Hephaestus y del Olimpo mismo es invariablemente original y acertada y la sintonía con Azzarello se ve cada vez más afianzada. Y no, Chiang no te dibuja 20 páginas por mes ni recibiendo cocaína por vía intravenosa, por eso dos de los seis episodios van a parar a las garras de Tony Akins, dibujante que a mí no me gusta para nada. De todos modos, debo reconocer que en este tomo está mejor que en el anterior, donde también entró a jugar de suplente cuando Chiang dijo “no llego”. Atribuyo esta mejora a las tintas del mítico Dan Green, vigente desde los ´80 con su trazo finito, prolijo y vibrante. Además el guión juega a favor de Akins, porque le tocan capítulos donde la ausencia de fondos (rasgo clásico de este mediocre) choca poco o nada.
Y bueno, el bebé de Zola nace en la anteúltima página, así que se acaba ese franeleo previo tan atractivo. En el próximo tomo veremos qué tenía planeado Azzarello para este nuevo vástago de Zeus y cómo cambia el status quo de la serie, que hasta ahora es impecable. Creo que el mes pasado salió en EEUU el último episodio de Wonder Woman de la dupla Azzarello-Chiang, así que esta magnífica versión de la princesa amazona ya tiene un final. Ahora, a prenderle unas velas a los dioses de la religión que más te cope para que guionista y dibujante sigan juntos, en lo posible en un proyecto creator-owned, sin la imposición ridícula de las 20 páginas por mes, así puede dibujar todo Chiang.
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viernes, 15 de noviembre de 2013
15/ 11: WONDER WOMAN Vol.1
Muy de a poquito, sigo con mi exploración del nuevo Universo DC, el que se presentó hace ya más de dos años. El reboot de Wonder Woman me interesó básicamente porque el guionista a cargo era Brian Azzarello, un tipo que –a priori- no tenía absolutamente nada que ver con el personaje y su mitología. La apuesta garpó con creces: no sólo Azzarello logra imponer su sello, la calidad de sus diálogos, el espesor de sus tramas y la profundidad de sus personajes, sino que además la nueva versión del ícono cierra por todas partes. Y lo más loco: le va bien. Contra todos los pronósticos, Azzarello no se tuvo que ir de la serie tras un puñado de episodios porque no vendía una chota, o porque cada 15 minutos alguien de arriba le decía “No, capo, esto no se puede hacer en un comic mainstream de superhéroes, y menos en uno protagonizado por un personaje cuya película estamos intentando poner en marcha”.
Y la verdad es que eso es muy notable, porque la versión de Azzarello es radicalmente distinta a las anteriores. De la WW de George Pérez, toma dos elementos: la fuerte presencia de los dioses de la mitología griega y la figura de una chica humana (en este caso embarazada nada menos que de Zeus) como compañera de aventuras para Diana. Todo lo demás, no lo habíamos visto nunca. El clima de la serie, por lo menos en el arranque, no es tan superheroico. Hay machaca en todos los episodios, pero porque no puede faltar, no porque sea demasiado importante. La atmósfera imperante es la de un drama familiar… con la salvedad de que se trata de la familia de Zeus, el más pulenta de los dioses griegos, a quien Azzarello le da un rol nuevo y muy interesante en el origen de Diana. La esposa, las amantes, los hermanos y los hijos (reconocidos y bastardos) del rey del Olimpo rosquearán, se amenazarán, se manipularán, conspirarán los unos contra los otros y armarán complejas estrategias para quedarse con el trono, porque –acá está lo más jugoso- Zeus desapareció y nadie sabe dónde está. Mi corazonada: Zeus está en el vientre de Zola y piensa resucitar en forma de bebé cuando esta dé a luz.
Además de Zola, el único personaje que por ahora no blanquea ningún vínculo con la mitología es el enigmático Lennox, que seguro oculta algo grosso. Entre todos estos personajes se tejen diálogos y situaciones muy atractivas, con conflictos fuertes (e impredecibles) siempre a flor de piel. Si tengo que criticar algo, me parece que Azzarello se zarpa con al cantidad de personajes que presenta en este tomo. Obvio: es el primero de una nueva era y es lógico tener que presentar a un nuevo elenco. La cagada es que no llega a desarrollarlos a todos y algunos (especialmente los centauros y Strife) están un poquito desaprovechados, como si sólo sirvieran para generar UN impacto grosso en el lector.
Por el lado del dibujo, sale a la cancha como titular Cliff Chiang (a quien ya vimos colaborar con Azzarello en un lejano 20/06/10), muchísimo mejor que en aquel tomo de Dr. Thirteen. Salvo alguna pifia menor en las expresiones faciales, Chiang está en un gran nivel, sólido en la narrativa, generoso a la hora de dibujar fondos, afilado para las secuencias de acción (que no eran su fuerte) y canchero en una estética que pareciera ser una simplificación del trazo de Arthur Adams, con la misma plasticidad, pero sin todas esas rayitas microscópicas que hacen que el ídolo dibuje un comic cada 8.500 años. Lamentablemente, los dos últimos episodios del tomo caen en manos de Tony Akins, ese dibujante mediocre y sin alma al que ya nos fumamos un par de veces en comics de Vertigo. Hay que reconocer que Akins se esfuerza por no dar lástima, y pone más que en los otros trabajos que le vimos. Pero se nota que trata de imitar a Chiang, se notan mucho los yeites que pela para no dibujar fondos, y en general el nivel gráfico baja mucho, justo en dos episodios en los que pasan cosas grossas y Azzarello introduce a varios personajes importantes. Ojalá en los próximos tomos haya muy poco o nada de Tony Akins, porque la química entre Azzarello y Chiang funciona demasiado bien y es una lástima ver cómo se desactiva para que entre un suplente que no está a la altura.
Esto, por ahora, tiene todo para ascender a una categoría por la que yo siento una insuperable debilidad: comic de autor adentro del mainstream. Wonder Woman es un comic sin crossovers, donde Azzarello ni siquiera se hace cargo de que Diana es parte de la Justice League, ni del romance con Superman, ni de nada. Repito: por ahora. El rol de Wonder Woman como superheroína está totalmente desenfatizado y todo gira en torno a su alcurnia, a las funestas consecuencias del accionar irresponsable de Zeus, que sembró más vientres que Maradona y dejó vacante una herencia incluso más jugosa que la que va a dejar el Diego cuando culmine su estadía entre los mortales. Si no sos fan de Wonder Woman, porque lo que conocías del personaje no te gustaba o no te interesaba, este es EL momento para meterte los prejuicios en el orto y darle una posibilidad. Azzarello y Chiang hacen méritos más que suficientes como para que quieras apostar por SU versión de este septuagenario concepto, al que ya muchas veces le cantaron “no va mássss”.
Y la verdad es que eso es muy notable, porque la versión de Azzarello es radicalmente distinta a las anteriores. De la WW de George Pérez, toma dos elementos: la fuerte presencia de los dioses de la mitología griega y la figura de una chica humana (en este caso embarazada nada menos que de Zeus) como compañera de aventuras para Diana. Todo lo demás, no lo habíamos visto nunca. El clima de la serie, por lo menos en el arranque, no es tan superheroico. Hay machaca en todos los episodios, pero porque no puede faltar, no porque sea demasiado importante. La atmósfera imperante es la de un drama familiar… con la salvedad de que se trata de la familia de Zeus, el más pulenta de los dioses griegos, a quien Azzarello le da un rol nuevo y muy interesante en el origen de Diana. La esposa, las amantes, los hermanos y los hijos (reconocidos y bastardos) del rey del Olimpo rosquearán, se amenazarán, se manipularán, conspirarán los unos contra los otros y armarán complejas estrategias para quedarse con el trono, porque –acá está lo más jugoso- Zeus desapareció y nadie sabe dónde está. Mi corazonada: Zeus está en el vientre de Zola y piensa resucitar en forma de bebé cuando esta dé a luz.
Además de Zola, el único personaje que por ahora no blanquea ningún vínculo con la mitología es el enigmático Lennox, que seguro oculta algo grosso. Entre todos estos personajes se tejen diálogos y situaciones muy atractivas, con conflictos fuertes (e impredecibles) siempre a flor de piel. Si tengo que criticar algo, me parece que Azzarello se zarpa con al cantidad de personajes que presenta en este tomo. Obvio: es el primero de una nueva era y es lógico tener que presentar a un nuevo elenco. La cagada es que no llega a desarrollarlos a todos y algunos (especialmente los centauros y Strife) están un poquito desaprovechados, como si sólo sirvieran para generar UN impacto grosso en el lector.
Por el lado del dibujo, sale a la cancha como titular Cliff Chiang (a quien ya vimos colaborar con Azzarello en un lejano 20/06/10), muchísimo mejor que en aquel tomo de Dr. Thirteen. Salvo alguna pifia menor en las expresiones faciales, Chiang está en un gran nivel, sólido en la narrativa, generoso a la hora de dibujar fondos, afilado para las secuencias de acción (que no eran su fuerte) y canchero en una estética que pareciera ser una simplificación del trazo de Arthur Adams, con la misma plasticidad, pero sin todas esas rayitas microscópicas que hacen que el ídolo dibuje un comic cada 8.500 años. Lamentablemente, los dos últimos episodios del tomo caen en manos de Tony Akins, ese dibujante mediocre y sin alma al que ya nos fumamos un par de veces en comics de Vertigo. Hay que reconocer que Akins se esfuerza por no dar lástima, y pone más que en los otros trabajos que le vimos. Pero se nota que trata de imitar a Chiang, se notan mucho los yeites que pela para no dibujar fondos, y en general el nivel gráfico baja mucho, justo en dos episodios en los que pasan cosas grossas y Azzarello introduce a varios personajes importantes. Ojalá en los próximos tomos haya muy poco o nada de Tony Akins, porque la química entre Azzarello y Chiang funciona demasiado bien y es una lástima ver cómo se desactiva para que entre un suplente que no está a la altura.
Esto, por ahora, tiene todo para ascender a una categoría por la que yo siento una insuperable debilidad: comic de autor adentro del mainstream. Wonder Woman es un comic sin crossovers, donde Azzarello ni siquiera se hace cargo de que Diana es parte de la Justice League, ni del romance con Superman, ni de nada. Repito: por ahora. El rol de Wonder Woman como superheroína está totalmente desenfatizado y todo gira en torno a su alcurnia, a las funestas consecuencias del accionar irresponsable de Zeus, que sembró más vientres que Maradona y dejó vacante una herencia incluso más jugosa que la que va a dejar el Diego cuando culmine su estadía entre los mortales. Si no sos fan de Wonder Woman, porque lo que conocías del personaje no te gustaba o no te interesaba, este es EL momento para meterte los prejuicios en el orto y darle una posibilidad. Azzarello y Chiang hacen méritos más que suficientes como para que quieras apostar por SU versión de este septuagenario concepto, al que ya muchas veces le cantaron “no va mássss”.
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domingo, 20 de junio de 2010
20/ 06: DOCTOR 13: ARCHITECTURE AND MORTALITY
Y sí, a este siglo le faltaba un buen comic que hablara del comic. No, no me refiero a un texto teórico en formato de historieta, tipo Understanding Comics, sino a una buena metaficción, una aventura en la que uno de los elementos centrales pase por el hecho de que los personajes son eso: personajes ficticios, partícipes de una ficción pergeñada por un escritor. Como el Giuseppe Bergman de Milo Manara, la She-Hulk de John Byrne, o –el más notable de todos- el Animal Man de Grant Morrison.
Paradójicamente, esta excelente historieta se publicó en 2007 como complemento de otra espantosa: la saga del Spectre que encabezaba la miniserie Tales of the Unexpected. Por suerte después salió el TPB, como para no tener que comerse el garrón de tener esas revistas, ocupadas en un 60% por un comic pedorrísimo. Architecture and Mortality toma su nombre de Architecture and Morality, un disco de 1981 que puso a Orchestral Manouvres in the Dark (O.M.D., para los amigos) a la vanguardia de la corriente synth-pop del movimiento new wave. De hecho, los títulos de cada uno de los capítulos hacen referencia a nombres de canciones del rock/pop ochentoso.
Acá me encontré con el primer trabajo de Cliff Chiang que no me pareció desastroso. Era un dibujante que no me gustaba para nada, pero –sin dejar de ser un Michael Allred del Nacional B- acá lo descubrí más sólido, con más onda y a la altura de un desafío bastante importante, porque estamos hablando de un comic difícil de dibujar.
Racional y escéptico al mango, el Doctor Terrance Thirteen es un personaje de los años ´50 (ocasional contrafigura del Phantom Stranger) que desconfiaba sistemáticamente de los supustos fenómenos paranormales que involucraban a fantasmas y seres etéreos. Luego de miles de años en el freezer, regresó para esta saga, ahora rodeado de su hija Traci (una adolescente que, paradójicamente, tiene poderes sobrenaturales) y todo un rejunte de desclasados y marginetas cuasi-olvidados, como Infectious Lass (de la vieja Legión de Superhéroes), Captain Fear (de un comic de piratas), Anthro (el chico cavernícola), JEB Stuart (del Haunted Tank), un gorila nazi de la Primate Patrol, Genious Jones (un chiquilín de una historieta cómica de los ´40) y el vampiro Andrew Bennett, que tuvo su serial en House of Mystery a principios de los ´80.
Con el correr de las páginas, los personajes se dan cuenta de que son parte de un complejo universo ficcional, que está a punto de ser re-escrito por Los Arquitectos (que –oh, casualidad- tienen las caras de Geoff Johns, Greg Rucka, Mark Waid y Grant Morrison, los guionistas al frente de 52 y sus secuelas que desembocarían en Final Crisis). Y no tardan en deducir otra obviedad: en la nueva “realidad”no hay lugar para ninguno de ellos, excepto para Traci, porque “está buena”. Thirteen y sus rejuntados intentarán torcer su destino de olvido y oprobio retroactivo, en una aventura intensa, con mucha y muy buena interacción y con muchísima bajada de línea acerca de cómo las grandes editoriales manejan el tema de la continuidad, para un lado y para el otro, siempre tomándose a sí mismas demasiado en serio.
Y me guardé para el final el dato más bizarro, dentro de toda esta gran bola de bizarrez: el guionista es Brian Azzarello! De verdad! Azzarello, el as de la mala leche, el señor de la sordidez, cambia completamente de registro (aunque sin resignar su característica inteligencia) para hablar de cómo DC manosea, ningunea y viola a los personajes que él leía en su infancia. El guionista cruel, heavy y jodido, de pronto pide limosna, ruega piedad, para con estos personajes de cuarta, cuyo único pecado es estar enrolados en géneros a los que la editorial ya no les da bola. Es muy loco ver a Azzarello en ese lugar, como también es muy loco que esto se haya publicado, porque es un alegato contra los manejos de DC. Pero en vez de burlarse de lo bizarro, lo pasado de moda y lo que no encaja ni a ganchos con la reescritura “adulta” del DCU (como hacía Keith Giffen en los ´80 en las páginas de Ambush Bug), Azzarello propone buscar la posibilidad de reivindicar a estos personajes y estos géneros, simplemente porque de chico lo hicieron feliz. Y, coincidas o no con la postura del guionista, si te gusta el DCU, Architecture and Mortality te va a conmover, o por lo menos a entretener y a dejarte pensando un rato. No es poco.
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