el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 9 de enero de 2019

NOCHE DE MIERCOLES

Venía de unos cuantos días sin reseñar comics, y lógicamente ya tengo un par de lecturas acumuladas como para empezar a ponerme al día.
Arranco en 2011, en EEUU, cuando Beto Hernandez lanza una nueva novela gráfica basada en las películas que no existen en la realidad, pero que en el Universo Beto filmó Fritz (Rosalba Martínez), quizás la más popular de las hijas de Luba. Si seguís hace mucho este blog, recordarás otras tres novelas gráficas en esta serie, reseñadas el 15/09/10, el 03/04/11 y el 13/08/13.
Love From the Shadows nos muestra a Fritz en el rol de Dolores, la protagonista de esta trama surreal de sexo y misterio. No es la trama que más me convenció, aclaro desde el vamos. Esto es muy retorcido incluso para los standards de Beto Hernandez, que no es en absoluto un autor “fácil” ni complaciente con sus lectores. La lectura es atrapante, hay muchas escenas de alto impacto, ideas muy originales y excelentes diálogos. Pero esta vez, para mi gusto a Beto se le va la mano con eso de no explicar cosas, de dejarlas sugeridas para que el lector se imagine lo que le parezca. Nunca sabemos qué carajo hay en esa caverna, qué le pasó al padre de Dolores y Sonny, por qué aparecen tres tipos con la misma cara que dicen no ser la misma persona, de qué juegan los monitores, y lo más importante: cómo y por qué las cirugías que se hace Sonny para convertirse en un doble de Dolores se revierten en tiempo record.
En el medio hay obsesiones, traiciones, estafas, garches bastante subidos de tono, charlas muy explícitas acerca de la homosexualidad (antes de convertirse en mujer, Sonny es varón y gay) y una escena muy truculenta en la que Dolores le atraviesa la chota a un pibe a flechazos. Todo esto en un clima muy enrarecido, muy de película de David Lynch, donde cuanta más atención le prestás a los detalles, más incógnitas te quedan sin resolver. Y por supuesto está el dibujo, alucinante de punta a punta, ahí sí más cerca del cine de Clase B que de la estética lyncheana, donde Hernandez demuestra una vez más su talento para el claroscuro y su demoledor manejo de la narrativa. Si nunca leíste nada de Beto Hernandez, o si sólo conocés las historias ambientadas en Palomar, no empieces por acá. Las posibilidades de que te guste Love From the Shadows son directamente proporcionales a la cantidad de obras “raras” de Beto que ya hayas disfrutado.
Me vengo a Argentina, año 2018, cuando un arco argumental originalmente desarrollado en la tira diaria Los Canillitas (ver reseña del 04/09/12) se convierte en una novelita gráfica que se puede leer y entender perfectamente sin tener la más puta idea de lo que sucedía en la tira de Diego Agrimbau y Fernando Baldó. Con las viñetas de Los Canillitas, se armó una historieta de 85 páginas llamada Dobles, en la que los autores introducen un elemento de ciencia-ficción muy zarpado en el medio de una comedia costumbrista muy real, muy cercana al lector.
De pronto, Roberto, Lechuga y Camila tienen a su disposición durante unas horas a réplicas de sí mismos, que comparten su aspecto, sus rasgos de personalidad, sus gustos, sus memorias, todo. La única diferencia –para nada menor en términos del desarrollo del argumento- es que estas réplicas no caretean, no especulan, no se preocupan por el qué dirán, no sopesan mucho las consecuencias de sus actos, porque saben que al día siguiente no van a estar más. Entonces tratan de vivir como viviría cualquiera de nosotros si le quedara un sólo día de vida por delante. Las consecuencias (que las habrá, y serán muchas) las tendrán que afrontar los “originales”, cuyas vidas continuarán cuando ya no estén los dobles.
El atractivo de Dobles consiste en ver cómo Agrimbau le mete a una historieta costumbrista un giro inverosímil, pensado para generar enredos y situaciones graciosas, típicas de comedia, y logra trascender eso para contarnos una historia más compleja, con fuertes tintes psicológicos. Hay chistes y están buenos, pero si sacáramos –por ejemplo- todas las escenas de Lechuga, la trama sería más compacta y más potente, tendrían más impacto todas las cosas que les pasan a Camila y Roberto a raíz de la entrada en juego de sus dobles. Agrimbau retrata con agudeza la relación entre estos “amigos que se tienen ganas”, con diálogos y silencios dignos de la mejor etapa de El Loco Chávez, el gran clásico del costumbrismo porteño creado en los ´70 por Carlos Trillo y Horacio Altuna. La dinámica entre una chica piola y decidida y un varón medio nabo suele funcionar muy bien, y en ese sentido Dobles no es la excepción.
El dibujo de Baldó, acá publicado bastante más grande que en el diario donde aparecía la tira, gana muchísimo. Se lucen más los detalles, se disfruta más el afiladísimo lenguaje gestual de los personajes y por supuesto está mucho mejor impreso el color. Excelente laburo de Fernando, en un nivel que parece imposible de alcanzar si pensamos que hacía tres o cuatro de estas viñetas por día.

Y nada más, por ahora. Sigo avanzando con las lecturas y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 12 de julio de 2017

OTRA NOCHE DE MIERCOLES

Pasan los días, la vida sigue y ya tengo un par de libritos más listos para ser reseñados en este espacio.
Arranco con una obra maestra, una de esas historietas que tiene que leer todo el mundo, incluso los que jamás se interesaron por el Noveno Arte. Las Meninas, escrita por Santiago García y dibujada por Javier Olivares, es una joya, un hito, un pico. Sin dudas, marca un antes y un después en la historia del comic español y merece trascender ampiamente las fronteras de ese país.
Santiago García despliega un arsenal de recursos vastísimo, repleto de sorpresas y de riesgos bien asumidos, para que nos adentremos en la vida, la obra y la época de Diego de Velázquez, el más renombrado pintor de la esplendorosa España del Siglo XVII. Pero va mucho más allá de eso, del mero backstage de Las Meninas, el cuadro más famoso de Velázquez. La obra de García y Olivares atraviesa como una flecha incendiaria toda la historia de las artes plásticas, de la antigua Grecia hasta la actualidad. El núcleo de la trama pasa por la vida de Velázquez, pero también están Picasso, Rubens, el Españoleto, Goya, Tiziano, Apeles, Dalí… La novela encuentra argumentos más que convincentes para vincular en torno a Las Meninas a decenas de pintores, y también a figuras históricas, en un relato que traspasa fronteras y épocas a fuerza de ingenio narrativo en estado puro.
El dibujo de Olivares es poderosísimo, su dominio del claroscuro es apabullante y cuando le pone fichas al color estalla con una fuerza realmente inverosímil. Los distintos climas, las distintas épocas, los trazos de los distintos pintores… Olivares le pone su sello personal a todo, y todo se ve magnífico. La verdad que no alcanzan las palabras para recomendar esta historieta. ¿Está un poquito estirada? Sí. Hay imágenes que podrían ocupar una viñeta en una página y sin embargo ocupan una página entera. Pero son unas imágenes bellísimas, con una potencia expresiva fuera de esta realidad.
Y me vengo, como ya es costumbre, a Argentina, de la mano de la enésima publicación aparecida en el segundo semestre de 2016. Hostil y Abyecto es el único trabajo extenso que le conozco a Fernando Baldó en el rol de autor integral, y la verdad que es una gratísima sorpresa. Además del dibujo prolijo, elegante, muy realista y a la vez muy expresivo que uno espera normalmente en una historieta de Baldó, acá tenemos a un autor en estado de ebullición, dispuesto a volcar en la página lo más oscuro, lo más jodido, lo más urgente de su mundo interior.
No quiero contar nada del argumento, pero sí advertir que Hostil y Abyecto cruza un montón de límites. Es un comic transgresor y provocativo en un montón de aspectos, revulsivo en otros y hasta revolucionario, si se quiere. Tiene ese final perfecto, que le canta "quiero retruco" al final de la etapa de Grant Morrison en Animal Man, pero hasta que llegás ahí te pega tantos sopapos y tantas patadas en la entrepierna, que ya creés que estás preparado para cualquier cosa. Hay que estar muy jugado para animarse a escribir una historia como esta.
Como detalle anecdótico, Baldó usa las caras de un montón de gente del medio de la historieta argentina para los personajes secundarios e incidentales. Podríamos estar tres párrafos enumerando a dibujantes, guionistas y periodistas especializados cuyos rasgos se pueden detectar entre el elenco de Hostil y Abyecto. A mí me toca aparecer en esa secuencia del fulbito (páginas 55 a 57), incluso con diálogos en los que Baldó me hace decir varias boludeces de las que digo habitualmente en la vida real. Supongo que este, y un montón de otros “chistes internos”, no le suman absolutamente nada al lector “de a pie” que no conoce a los “referentes” del ámbito de la historieta, pero a mí me causó mucha gracia, sobre todo la aparición de Javi Hildebrandt como modelo de ropa interior.
Si creés que ya leíste todo y que ya nada te puede sorprender, probá con Hostil y Abyecto. Te vas a encontrar con una historieta de altísimo impacto, profunda, perturbadora y con grandes chances de generar adicción, y un deseo irrefrenable de volverla a leer varias veces.
Gracias por estar ahí y nos reencontramos pronto.

martes, 2 de junio de 2015

02/ 06: LOS AUTOMATAS DEL DESIERTO

Y ya me van quedando sin leer pocas historietas de autores argentinos editadas en 2014.
Esta novela gráfica de Diego Agrimbau y Fernando Baldó (la afianzadísima dupla de Los Canillitas) resultó ganadora de un concurso organizado por una institución española y se suponía que se iba a publicar primero allá. Pero a la editorial involucrada se la comió la crisis y la obra terminó por salir a la luz en Argentina, a fines del año pasado.
Los Autómatas del Desierto es bastante más extensa que las novelas a las que nos tiene habituados Agrimbau (La Burbuja de Bertold, El Gran Lienzo, Fergus, Edén Hotel, Cieloalto, etc.) pero conserva un rasgo identitario que engloba a varias de ellas: lo que más le interesa al guionista es la exploración del mundo, la explicación de cómo y por qué existe un elemento fantástico en un mundo que se parece mucho al nuestro. Esta vez es una ciudad mecánica, poblada por autómatas, que existe en el desierto del norte de Africa en plena Segunda Guerra Mundial. ¿Quién la creó? ¿Cómo se pobló? ¿Cómo se mueve, cómo se abastece, quién la gobierna, qué rol juega en el conflicto bélico? Las respuestas a esas (y otras preguntas) constituyen lo más interesante de la obra.
El conflicto, en cambio, es menor. Hay una tensión, hay una curva dramática, hay un problema a resolver, pero no es lo más relevante. Los personajes que supuestamente son los protagonistas están ahí básicamente para hacerse las preguntas que nos hacemos los lectores y poner cara de “wow, qué grosso“ cuando escuchan las respuestas. Hay también una leve historia de amor y un volantazo cerca del final que redefine a uno de los protagonistas, pero los roles que les reserva Agrimbau tanto a Onur como a Helmut pasan a un segundo plano comparados con las maravillas y los secretos que esconde la ciudad de Axedra.
El guión, si bien puede parecer una mezcla entre una aventura de tono bélico y una de ciencia-ficción, se anima a ir más allá. Acá hay historia, filosofía, metafísica, ciencia dura, política, religión... Toda la fascinación que podés llegar a sentir cuando descubrís una cultura nueva, condensada en 100 páginas de historieta. También en segundo plano, perceptible para el lector que se proponga hilar más fino, Agrimbau ensaya (no sé si a propósito) un catálogo de las obsesiones de Jorge Luis Borges: acá tienen su importancia los laberintos, los espejos, el tiempo, el ajedrez... todos elementos muy presentes en la obra del genio máximo de nuestra literatura fantástica. Incluso Agrimbau ensaya un recurso típico de Borges (y más tarde de Neil Gaiman): un tramo del relato consiste en una historia que un personaje le narra a otros, en este caso una ingeniosa reversión de la famosa anécdota del tipo que inventó el ajedrez y la recompensa que le pidió al emperador chino que lo “sponsoreaba“.
Fernando Baldó aprovecha a fondo una posibilidad mágica que le da este guión y que los dibujantes argentinos que no laburan para EEUU rara vez tienen: pocos cuadros por página. Una narrativa descomprimida, la posibilidad de armar splash pages, algunas incluso dobles, de pensar la puesta en página de un modo atípico, de jugar, de incluir esas guardas ornamentales que parecían propiedad privada de Quique Alcatena... Baldó se ve muy sólido en su estilo realista, se mata en los fondos y en las máquinas, se luce en las expresiones faciales, no falla en la documentación histórica y nos muestra a muchísimos personajes distintos, todos con rasgos propios que no se repiten. Lo que más me gustó de la faceta gráfica es cómo Baldó combina blancos, negros y varias tonalidades de grises, logradas con el Photoshop. Ese recurso, perfectamente manejado, le da al dibujo una sensación de profundidad y resulta fundamental tanto a la hora de separar bien los planos como cuando hay que pelar efectos de iluminación. Un gran laburo de Baldó, de punta a punta.
Y sí, a Los Autómatas del Desierto le falta un poco de emoción y de machaca para ser una “clásica aventura pasatista” y le sobra un poquito de pochoclo para pasar por historieta “artísticamente comprometida y profunda”. Está ahí, en esa zona gris. Pero lo importante es que está buena, es entretenida, tiene muy buenas ideas, muy buenos textos y muy buenos dibujos. Y a diferencia de otras obras de Agrimbau, tiene una portada muy linda y muy ganchera. Si sos fan de este notable e inagotable guionista, dale una posibilidad, que la vas a disfrutar.

martes, 4 de septiembre de 2012

04/ 09: LOS CANILLITAS

Hoy los argentinos festejamos el Día de la Historieta y, como su-
pongo que casi todos saben, la fecha tiene que ver con la primera aparición de El Eternau-
ta. Bueno, abajo de El Eternauta, en la última página del diario Tiempo Argentino, sale todos los días esta tira de Diego Agrimbau y Fernando Baldó que sospecho que mucha gente desconoce porque es un diario que vende poco y que andá a saber si se consigue fácilmente fuera de Capital y Gran Buenos Aires.
Lo cierto es que Los Canillitas, leída así, en libro, de a 200 tiras de un saque, me pareció una maravilla. Una sorpresa gratísima, de verdad. Yo venía de El Negro Blanco, otra muy buena comedia costumbrista, con enredos, problemas de polleras, personajes carismáticos y dibujos realistas de gran nivel. Imaginate mi sonrisa al descubrir que Los Canillitas está tranquilamente a ese nivel, o incluso mejor.
El dibujo no. Fernando Baldó es un capo, pero García Seijas es un totem. Igual esto se ve MUY bien. Hay un registro realista, un laburo increíble en los fondos, excelentes expresiones faciales y un detalle no menor: las tiras se publicaron originalmente a color, y acá están reeditadas en blanco y negro. Esto en general se traduce en una aberración de la naturaleza, un empaste inmundo, un cachivache de grises que desluce al dibujo donde antes la paleta del colorista lo apuntalaba. Bueno, acá nada que ver. La traducción a blanco, negro y grises de Los Canillitas es impecable y el dibujo de Baldó no pierde ni un gramo de su solvencia ni de su carisma.
El guión de Agrimbau tiene muchísimos hallazgos. Los más conspicuos están en los diálogos, que son muy, muy reales y a la vez muy cómicos. La tira le escapa al remate en la última viñeta, pero a veces el remate aparece y la tira explota en un chispazo de humor sumamente efectivo. Otra cosa muy notable es la estructura. Estas tiras (cerca de 200) son una saga, de punta a punta. Un relato con principio, desarrollo y fin que cierra por todos lados. No sólo la tira podría terminar ahí. También se podría tomar este libro y convertirlo en un excelente largometraje, una gran comedia de barrio, al estilo de Esperando la Carroza. Los personajes están muy bien trabajados y, a diferencia de los de El Negro Blanco, no pertenecen todos a un mismo entorno (el periodismo), ni siquiera a una misma clase social. Algunas de las mejores secuencias surgen cuando Agrimbau plantea el contrapunto entre Colores y Sonia, es decir, cuando se encuentran el universo de los pibes a la deriva que fuman faso y toman birra en la plaza con el de la chica que va al secundario privado, estudia y recibe la contención de sus padres.
Otro obstáculo que Agrimbau gambetea con maradoniana destreza es el tema de que los protagonistas sean canillitas: si Rodolfo y Chelo se pasaran 200 tiras clavados en el kiosco de diarios, esto sería un bajón. Los chistes serían ellos dos comentando una noticia del diario, lo cual ya vimos muchas veces cómo hunde a una tira en la intrascendencia. Por suerte, los protagonistas extienden su radio de acción por otros lugares del barrio, otras locaciones, y en ese vagabundear por otros decorados aparece el elemento más atractivo de Los Canillitas, que es la aventura. Una aventura lo-fi obviamente, bien chiquita, pero no por eso carente de emociones.
A veces, la comedia de enredos se alimenta de alguna coincidencia medio forzada, o del hecho medio inverosímil de que todos los personajes se conocen, o se van vinculando de un modo u otro. El Colores es hermano de la China, que es la mina de la que gusta Chelo, que es el socio de Rodolfo, que es el papá de Sonia, que pega onda con el Colores, y así. Esto sucede también en todas las comedias diarias de la tele, no es un problema propio de Agrimbau. Por otro lado, el guionista aprovecha muy bien otra de las posibilidades del laburo serial y a largo plazo: armar un personaje ausente, para usarlo cuando haga falta. En este caso, la mamá de Sonia y ex-esposa de Rodolfo, a la que acá se menciona un par de veces, pero de la que todavía no sabemos nada. Seguramente cuando aparezca, el impacto va a ser mayor que si nunca la hubiesen mencionado antes.
No debe ser fácil crear todos los días una tira en la que no podés delirar, ni cambiar brutalmente de personajes, ni colgarte a hablar de lo que pasa en el mundo real, ni jugarle todas las fichas al chiste que desemboca en la última viñeta. Agrimbau y Baldó lo hacen todos los días y me parece que, sin darse cuenta, están creando un nuevo clásico de nuestra centenaria historieta. Los Canillitas puede parecer una tira medio burda, populachera o tinellista, porque tiene fulbito, tetra brik, choripanes y minones infernales con esacasísima vestimenta. Pero la verdad es que no apela en absoluto al mínimo denominador común. Bien leída, no tiene nada que envidiarle a las grandes tiras de comedia costumbrista que supo ofrecernos Carlos Trillo en la contratapa del Clarín. Y eso es mucho decir. Feliz Día de la Historieta para todos!