¿Cómo resistirse a Jason Pearson?, es la pregunta que me hago y que me voy a hacer (creo) a lo largo de toda la reseña. Jason Pearson es un dibujante completísimo, el verdadero heredero del inmenso Michael Golden, el que entendió todas las lecciones del maestro que no entendieron Jim Lee y sus clones, un tipo al que el encanta matarse en los fondos y en los detalles como si fuera Travis Charest, pero que a la vez se juega con expresiones faciales extremas, hiper-expresivas, casi grotescas, que por momentos parecen de Carlos Giménez. Un tipo que se vuelve loco cuidando aspectos mínimos del diseño de los personajes, armas, etc., y hasta mete mano en el diseño de sus publicaciones, y al mismo tiempo cuenta historias re-cabeza, de marginales al recontra-límite, en las que el hilo conductor muchas veces es la machaca más brutal. Por supuesto, Pearson es un dibujante de muy escasa producción en historieta; de hecho este es el segundo tomo de Body Bags, editado a fines de 2012, y el primero salió en 1997. ¿Cómo no le vas a comprar los libros a un tipo que tiene el decoro de sacar uno cada 15 años?
Acá tenemos cuatro historietas. Una que es un chiste largo, apenas seis páginas en las que Pearson nos muestra lo que podría ser el gen de una idea para una aventura; otra de 12 páginas, otra de 24 y la más extensa, de 44. Felizmente la mejor, la que tiene la trama menos predecible y mejor armada, es la más larga (One Shot). La de 24 es una aventura graciosa pero menor y la de 12 tiene dos problemas: por un lado, pasan demasiadas cosas y Pearson mete demasiados personajes para 12 páginas, con lo cual arma un kilombo narrativo difícil de leer. Y además parece ser una historia más antigua, dibujada por el ídolo en el estilo de los ´90, con muchos más puntos en común con el material recopilado en el Vol.1.
¿Qué es Body Bags? Imaginate que Cazador se hace cazador, pero de recompensas, y sale a boletear o capturar gangsters peligrosos, con implantes cibernéticos, armas mega-pulenta y artefactos que en las manos incorrectas podrían significar la destrucción de países enteros. ¿Te cerró? Bueno, ahora ponele una hija adolescente con un par de gomas infernales, igual de grosera y de violenta que él, que lo acompaña en las misiones y, cada tanto, se manda un moco de esos que ponen en riesgo toda la operación. El planteo de la serie está pensado para que Clownface y su hija Panda pasen casi todas las páginas de cada episodio envueltos en impactantes tiroteos contra mafias, traficantes, ninjas, u otros mercenarios igual de heavies que ellos, con un nivel de violencia muy zarpado, pero con el guiño cómplice al lector de que ellos dos nunca van a morir. La comedia está muy presente y define el tono de toda la serie. Pero como Pearson no tiene el talento para los chistes sutiles y efectivos de un Peter David, opta por los chistes brutales y efectistas que leíamos en Cazador: tsunamis de puteadas y guarangadas (una más innecesaria que la otra), que en boca de una chica de 16 años shockean un poco más. No está mal, la verdad que uno se divierte y pasa un rato entretenido. Y hasta ahí llegamos, eso es todo lo que le podemos pedir a Body Bags. Machaca, groserías, estridencia y algún mínimo sustento para todo esto desde los guiones.
Claro que, al estar todo dibujado con tantas pilas y tanto talento por Pearson, el combo cierra con facilidad. El tipo es una bestia descontrolada que no se priva de nada y –además de detonar autos y edificios- nos detona las retinas con unas secuencias del carajo y un dibujo ganchero y virtuoso como pocos. En la historieta más corta (o el chiste largo) además prueba con un estilo distinto, con línea clara, sin masas negras, y coqueteos con la estética que desarrollara Bruce Timm para la inolvidable Batman: The Animated Series. Para que la magia visual de Pearson se luzca y pegue aún más, tenemos en las cuatro historias al maestro Dave Stewart a cargo del color, y vos sabés que Stewart no falla nunca.
Por ahí, si el próximo tomo de Body Bags sale en 2027, para ese entonces me olvidé del leve escozor que me produjo la sobrecarga de puteadas y chistes fáciles, y de que de las cuatro historias una sóla tiene un guión presentable, y cebado por la posibilidad de descubrir nuevos trabajos de Pearson, le entro al Vol.3. Si lo saca el año que viene o el otro, me parece que no. No soy TAN fan de los Body Bags y 86 páginas de Jason Pearson mandando fruta cada 15 años, me parece una dosis adecuada.
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domingo, 27 de octubre de 2013
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