el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 30 de agosto de 2026

CERRAME LA OCHO

Última entrada de este mes de Agosto y retomamos el segmento denominado Un Poco de Humor Francés. Esta vez tengo en mis manos el Vol.1 de Rhâ-Gnagna, un álbum de 1979 que reúne historietas cortas del inconmensurable Marcel Gotlib, originalmente publicadas durante los años ´70 en la revista satírica Fluide Glacial. Poco conocido en Latinoamérica, Gotlib es un genio absoluto de la historieta humorística, una especie de Jack Davis más zarpado, con un estilo extremo, un trazo preciso y rasgos sumamente personales que después veríamos en autores que estudiaron minuciosamente al maestro como Enrique Ventura y Miguel Ángel Nieto, e incluso en autores que NO leyeron a Gotlib como Peter Bagge o Gustavo Sala. El trazo versátil, expresivo y revulsivo de Gotlib es ideal para la parodia, y en las historietas que reúne este álbum lo vemos cagarse de risa de Superman, Papá Noel, King Kong (en el chiste más zarpado del libro), Arzak, Napoleón, los mitos artúricos, Los Miserables, Groucho Marx y un largo etcétera. De hecho, la historieta más extensa del álbum (16 páginas) se titula Barbaralice y es un mash-up satírico entre Alice in Wonderland de Lewis Carroll y Barbarella de Jean-Claude Forest. Estas dos mitologías le permiten a Gotlib combinar humor absurdo con erotismo y guarangadas extremas, en un contexto de fantasía e imaginación fuera de control. El resultado es una pequeña obra maestra que me arrancó varios carcajadas y varios "¡no podéees!". Este álbum es un delirio, una ametralladora descontrolada de humor limado, grosero, políticamente incorrectísimo. Hay una historieta 100% basada en eso, en la que distintos personajes cuentan chistes jodidos de belgas (que son los mismos que nosotros contamos con los gallegos), de judíos, de árabes, de negros, donde además la ligan de rebote los escoceses, el papa, los australianos... Es una historieta muy difícil de traducir, porque Gotlib parodia la forma de hablar (en francés) de los distintos grupos a los que menciona en los chistes y además desarrolla para cada personaje un rotulado distinto. Un exceso absoluto, muy gracioso, con mucha mala leche y dibujado del modo más deforme y más zarpado que te puedas imaginar. No conocía mucho de la obra de Gotlib, más allá de alguna historia corta y de Les Dingodossiers, la historieta que hacía en los ´60 con guiones de René Goscinny. Esto es mil veces más gracioso y se va mucho más a la mierda que lo que yo había visto hasta hoy, con lo cual mi concepto acerca de este maestro del Noveno Arte creció enormemente, y ya es poco probable que la próxima vez que me pase cerca un álbum suyo no me arroje sobre él. Hay varios tomos más de Rhâ-Gnagna, supongo que con más historias cortas de los ´70 y ´80, y obviamente quiero todo. En estas páginas disfruté a lo guanaco de un humor sin límites, en manos de una bestia que la rompe en el dibujo, en el armado de las secuencias y hasta en detalles menores como las onomatopeyas y las líneas cinéticas. Gloria y loor a Marcel Gotlib, repito, injustamente poco reconocido (y creo que completamente inédito) en esta parte del mundo.
Y salto 10 años a 1989 para encontrarme con otro Marcel, un cura francés en plena guerra de Indochina (antes de que se llamara Vietnam), que será el protagonista (ponele) de Capellán, una serie escrita por Ricardo Ferrari y dibujada por Carlos Gómez que salía en la revista Nippur Magnum en la época en la que yo no tocaba una revista de Columba ni con un chumbo en la cabeza. El libro editado por Loco Rabia rescata los primeros 18 episodios, y lamentablemente los reproduce a partir de materiales que están bastante lejos de lo ideal. Hay un trabajo de digitalización y retoque de las páginas, pero no alcanza para que esto se vea realmente bien. Sobre todo en los primeros episodios, el trazo de Gómez se empasta, la línea se rompe, está todo medio prendido con alfileres. Después mejora un poco, pero no esperes esa reproducción perfecta que nos ofrecen los libros que recuperan historietas clásicas cuando trabajan con los originales de los dibujantes porque -como explica Alejandro Farías en la introducción- los originales se perdieron en ese agujero negro que era Columba. Pero bueno, por lo menos le pudieron sacar esos colores vomitivos y ese rotulado espantoso con el que aparecieron originalmente estas historietas. Tampoco es que el Gómez de esta época fuera sublime. Sí, claro, comparado con el 95% de los dibujantes que aparecían en Columba en la bisagra entre los ´80 y los ´90, Gómez era Michelangelo Buonarroti. Pero después va a mejorar tanto, que esto va a quedar como un trabajo menor, embrionario, dentro de la impactante carrera de esta bestia del dibujo realista. Acá el trazo de Gómez muestra cositas de Neal Adams, de Lito Fernández, algo del Leopoldo Durañona de los ´80, algo de Sergio Toppi... y con eso más su talento para la composición de las viñetas, le recontra-alcanzaba para destacarse sobradamente en el contexto de una Columba muy venida a menos. Me imagino estas páginas dibujadas por el Gómez del Siglo XXI y me explota la cabeza. Capellán es una serie bélica en la línea del Ernie Pike de Héctor Oesterheld, también con muchos puntos en común con Aquí la Legión de Robin Wood y Hombres de la Legión de Alfredo Grassi. Marcel, más que un protagonista, es un testigo de las distintas historias, casi siempre centradas en otros personajes que aparecen en un único episodio. No sabemos nada de él, y rara vez está en el centro de la acción. De hecho, a veces Ferrari nos lo pone como narrador de la historia, y a veces el cura es narrado por una voz en off omnisciente que se refiere a él en primera persona. La gracia de Capellán (como te imaginarás) es leer aventuras en una ambientación extrema en las que tienen lugar todo tipo de atrocidades, contrapuestas a actos de valentía, de solidaridad, de dignidad, de piedad, de respeto por el enemigo, en una palabra... de humanidad. Los memoriosos recordarán "La Flor", otra historia de Ferrari ambientada en la Guerra de Vietnam, que vimos allá por el 10/09/12. Es una historieta de los ´90, posterior a Capellán, pero donde una vez más el guionista se anima a mostrar situaciones más jodidas, más al límite, de las que no solían aparecer en las revistas de Columba. En Capellán no solo hay una mirada desangelada de la guerra, sino también hay gente que se suicida, gente que se droga, milicos de alto rango que se corrompen, mujeres que ejercen abiertamente la prostitución... todas cosas poco frecuentes en la editorial más conservadora del mercado. Estas son historietas que podrían haber aparecido tranquilamente en las revistas de Frontera, y eso es el elogio más grande que les puedo dedicar. En fin, se viene un segundo tomo de esta colección, con Gómez dibujando mejor que en estas páginas (o sea, un montón) y con más historias desgarradoras, impredecibles y muchas veces conmovedoras de un Ferrari con muchísimas pilas y muchísimo compromiso. Si no te ahuyenta el género bélico, ni las historietas con muchos bloques de texto, enrolate en la tropa de Marcel y cagate a tiros contra los malditos amarillos por tu ejemplar de Capellán. Nada más, por hoy. Me voy a dormir, que se me hizo tardísimo.

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