el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 7 de febrero de 2011

07/ 02: FILTHY RICH


Dos de mis autores fetiche se reunieron para crear una novela gráfica 100% nueva, justo en el sello editorial con cuya propuesta más me identifico. ¿Estamos frente a una obra maestra definitiva, que marca un antes y un después y cuya lectura es tan imprescindible como que arranque el Clausura para no aburrirnos los domingos a la tarde? No, pero sí estamos frente a una excelente historieta, con todos los ingredientes para satisfacer de sobra a los fans del género noir.
Tenemos un protagonista medio loser, bastante fachero pero no muy difícil de manipular; tenemos un millonario jodido, al que querés ver muerto desde que aparece en escena; tenemos una femme fatale; hay varios asesinatos bastante truculentos, garches muy hot, engaños, verdades a medias y esperanzas de tener una vida mejor hechas añicos contra el piso enchastrado de sangre y alcohol barato. Y todo funciona.
Pero claro, el guionista no es otro que Brian Azzarello, maestro del mal, amo y señor de los climas sórdidos, las perversiones a oscuras y las traiciones a quemarropa. Azzarello reproduce perfectamente el ritmo de la buena novela negra americana. Construye con paciencia y buen tino a los personajes, aguanta los estallidos de violencia para los momentos justos y te acribilla con unos diálogos absolutamente inolvidables. Así te lleva por el descenso del pobre Rich Junkin hacia el abismo de la abyección moral, la lujuria y el asesinato a sangre fría. Como ex-futbolista, “Junk” trata de parar la pelota, de leer la posición de los jugadores en el campo, de planificar jugadas en equipo. Pero no puede. Le gana el vértigo en el que se ve envuelto, el huracán de pasiones y traiciones, las piernas que se le abren, las oportunidades que se le cierran. Para el final de la novela, como cuando se lesionó la rodilla y tuvo que dejar las canchas, “Junk” va a dar gracias por haber sobrevivido y aspirará, con mucha suerte, a comer banco de suplentes un tiempito más.
El dibujante, que con Filthy Rich hizo su debut en Vertigo, es el auténtico y legítimo Víctor Santos, un especialista en la estética noir, a la que (en su serie Pulp Heroes) le encontró la vuelta para ir más allá de los yeites y los truquitos que inventó Frank Miller en Sin City (más los que se choreó, claro) y que cualquier mediocre puede imitar. A esa base milleresca, Santos le mete unas tramas mecánicas perfectas, una narrativa más clásica, y por supuesto las influencias de los otros autores que lo marcaron: Mike Mignola, Darwyn Cooke, Eduardo Risso, Chris Sprouse, y un par que hasta ahora no habíamos detectado en las obras previas de Santos, pero que acá asoman su impronta, como David Lapham o Daniel Torres. El combo es visualmente impresionante, como la cancha del español para cambiar de clima, de ambientación tanto geográfica como social, y para retratar con onda tanto las escenas intimistas como las más explosivas (los asesinatos y los garches). Un trabajo absolutamente impecable de este maestro del claroscuro.
Y no, Filthy Rich no te cambia la vida. Pero te entretiene, te shockea, te calienta… te involucra, que es lo más difícil de hacer, sobre todo cuando los protagonistas no buscan parecerse a los lectores. Si sos fan de las historias de criminales (me niego a llamarla “policial” porque en las 191 páginas que dura la novela no aparece un sólo cana), o de Azzarello, o de Santos, o te resulta atractivo el crossover entre un gran guionista yanki y un gran dibujante español, no dejes de leer Filthy Rich. Te va a dejar bastante cagado a trompadas, pero también muy feliz.

domingo, 6 de febrero de 2011

06/ 02: ULTIMATE IRON MAN


El primer Iron Man que me enganchó, que me resultó mínimamente copado, fue el de la peli de 2008. Del Iron Man de los comics, podría rescatar -con buena leche- tres o cuatro sagas desde su primera aparición hasta hoy. Odio al Iron Man de los comics. Me parece un personaje chotísimo, sin onda, sin ningún atractivo. No entiendo cómo hizo para perdurar tantos años, hasta que las pelis con Robert Downey Jr. lo hicieron popular y masivo, como para seguir vendiendo muy bien aún con más títulos de los que banca el personaje, y aún sin buenas historias para contar.
La mejor historia que leí es una gema oculta. Rara, porque –como la peli- plantea una nueva versión de Iron Man que, acertada y felizmente, traiciona a casi todos los conceptos creados por Stan Lee en los ´60, que para mi gusto no funcionan. En Ultimate Iron Man, el escritor de ciencia-ficción Orson Scott Card recibe luz verde para cagarse en todo y el resultado es muy, pero muy satisfactorio. Tony Stark no es Anthony sino Antonio (wow, qué jugado!) y además es una especie de freak de la ciencia, que arrastra desde su nacimiento una genética única y alucinante, o para decirlo en términos más geeks: es un metahumano, con las funciones cerebrales repartidas por todo el cuerpo, la incapacidad de sentir dolor y el poder de regenerarse en caso de sufrir heridas y hasta amputaciones de sus miembros.
Como en Ultimate Fantastic Four, Card hace una de más: para que este sea un comic fresco, cool, reader-friendly, atractivo para el borregaje, Iron Man es Iron Boy. En los 10 episodios que llega a escribir Card, Tony no llega a cumplir ni 18 años. Pero, por extraño que parezca, esto no jode para nada. No sólo porque Card escribe adolescentes creíbles y gancheros, sino porque buena parte de estos 10 episodios están centrados en la infancia de Tony, en la que pasan miles de cosas fundamentales para la saga. De hecho, la primera vez que aparece la armadura es en la segunda mitad del quinto episodio, donde termina en primer arco. Hasta ese momento, no sólo no hay héroes que vuelan y lanzan rayos: prácticamente no hay machaca. La historia avanza con muy buen ritmo, pero movida por tramas que van por el lado del espionaje, la ciencia-ficción y el thriller financiero, con poco margen para los combates violentos y la estridencia pochoclera tan típica del género superheroico.
El segundo arco (con Tony y Rhodey ya vestidos cada uno en su armadura) tiene un poco más de acción, pero de nuevo, la trama avanza por otros carriles más sutiles, donde el diálogo, los aprietes, las runflas y la investigación tienen más peso que las peleas y las explosiones. Card maneja muy bien el suspenso, la sensación de peligro, y la rompe cada vez que en esas situaciones tensas mete chistes, abruptas bajadas a la realidad de algún personaje con el cinismo (o la mente fría) suficiente para señalar lo bizarro o lo cuasi-inverosímil de la situación. Muy grosso.
La primera saga está casi toda dibujada por un Andy Kubert muy comprometido, con muchas pilas. Se debe haber querido matar cuando leyó el guión, porque su estilo brilla más cuando hay tole-tole que cuando todo se centra en cabecitas que hablan, pero igual no mezquinó nada. Bueno, sí… las últimas 13 páginas, que las termina Mark Bagley tratando de copiar el estilo de Andy. El segundo arco cuenta con los dibujos de un inspiradísimo Pasqual Ferry, complementado con una gran labor de Dean White y otros coloristas. Ferry se banca con elegancia muchas páginas con muchos cuadros y muchos diálogos entre muchos personajes normales, sin nada estridente ni impactante para dibujar. Y tampoco se arremanga hasta el final: las últimas 14 páginas (en las que hay bastante acción) las termina Leo Manco, sin intentar en lo más mínimo clonar el estilo del maestro español.
Ultimate Iron Man es infinitamente más interesante, emocionante y creíble que cualquier comic del Iron Man “posta” que hayas leído. Y además tiene a tres dibujantes de enorme nivel (Kubert, Ferry y Manco) y a un guionista que venía de otro palo pero que mostró una gran solvencia y un gigantesco ingenio para captar y sorprender al lector. Ojalá se vengan más comics (de Iron Man o de lo que sea) escritos por Orson Scott Card.

sábado, 5 de febrero de 2011

05/ 02: EL PREVIEWS DE ABRIL


Hora de recorrer el material que las editoriales yankis prometen para Abril y Mayo.
Dark Horse tiene un imprescindible: CITIZEN REX, el libro que recopila la mini homónima co-escrita por Mario Hernandez y su hermano Beto Hernandez, que además la dibuja. No me copa mucho que salga en hardcover, porque 144 páginas terminan costando u$19.99. Pero las anteriores obras de Beto para Dark Horse no salieron en softcover, así que ajo y agua…
Por el lado de Vertigo, hay dos cositas de Hellblazer que poca gente compró en su momento y que vuelven a estar disponibles: Bad Blood, la del Constantine viejo ambientada en el 2025 (de Jamie Delano, Philip Bond y Warren Pleece), la tuve en su momento y la perdí o la hice guita. Ahora sale a u$7.99 en Vertigo Resurrected, la colección de TPBs para pobres.
Y también sale en TP posta (128 páginas a u$14.99) City of Demons, una mini reciente de Si Spencer (Vinyl Underground) y el impresionante Sean Murphy. Le entro, mal.
Los amigos de NBM me aumentaron los libritos de La Mazmorra de u$13 a u$14.99. Pero me ofrecen dos álbumes de Monstres, uno de los cuales no tengo en castellano, así que cuentan conmigo, de una. DUNGEON MONSTRES VOLUME 4: NIGHT OF THE LADYKILLER GN es la forma más barata y copada de leer este material de Joann Sfar, Lewis Trondheim, J-E. Vermot-Desroches y Yoann.
Por último, una editorial de la que nunca había oído hablar, One Peace Books, ofrece un manga en tomo autoconclusivo llamado Tenken, de una autora a la que tampoco conocía, Yumiko Shirai. Pero el texto del Previews es ganchero, la obra ganó un premio importante, los dibujos que se ven googleando a esta chica son alucinantes, y por u$16.95, un tomo de 328 páginas es sumamente comprable.
Vamos al sector de “me lo compraría si tuviera infinito presupuesto”.
Lidera claramente Dark Horse con un mega-libro de 320 páginas anunciado para Junio: DEAN MOTTER´S MISTER X: THE BRIDES OF MISTER X AND OTHER STORIES, que recopila toda la segunda serie de este gran personaje de culto de los ´80, más un especial y varias historias cortas aparecidas en antologías limadas. Además de Motter están Peter Milligan, D´Israeli, Brett Ewins… Todo muy lindo, pero un hardco de u$49.99 es too much. Si más adelante sale el softco, cuenten conmigo.
DC ofrece en softco JONAH HEX: NO WAY BACK TP, la novela gráfica que salió el año pasado, al mismo tiempo que la peli del jetón number one del oeste. La edición no es cara (136 páginas a u$14.99), pero no leí buenas críticas como para justificar su compra. Soy fan de Hex, pero no entro en todas.
Otra movida grossa de DC: la Joe Kubert Library, que reeditará todo el material del legendario artista, de quien soy muy fan. La cagada es que lanzan tres títulos juntos (YOSSEL, JEW GANGSTER y DONG XOAI, VIETNAM 1965) y no sé por cuál empezar. Parecen lindos, son baratos… un bajón que salgan de a tres, porque si la propuesta era uno por mes, por ahí me los compraba todos…
IDW, especialista en zarparse con los precios de sus majestuosos hardcos, lo hace de nuevo. Sale el recopilatorio de las tiras de BAT BOY que Peter Bagge publicaba en el Weekly World News, pero me quiere cobrar u$17.99 por 104 páginas. A comerla. Espero el softco, o sigo viviendo sin Bat Boy…
BOOM Studios! edita un Omnibus de ZOMBIE TALES, su antología de historietas de muertos vivos. Está a re-buen precio (224 páginas a u$19.99) y hay autores interesantes: Mark Waid, Keith Giffen, Steve Niles, William Mesner-Loebs, Karl Kesel, Joe R. Lansdale, Fabio Moon, Eduardo Barreto, Lee Moder, Tom Fowler, Mark Badger… También habrá unos cuantos verduleros, supongo. Pero pinta lindo, lo dejo afuera sólo por cuestión de guita, y de que no soy fan de los zombies.
Fantagraphics publica lo nuevo de Jason (esta vez con guionista: el prolífico Fabien Vehlmann, a quien vimos en 7 Psychopaths). La obra se llama ISLE OF 100,000 GRAVES, pero con la excusa del color y las tapas duras, sale al disparatado precio de u$14.99 por 56 páginas. Ni drogado. A esperar el softco.
Otro lujo de la editorial de Seattle es THE RAVEN, un libro en el que el célebre músico Lou Reed re-interpreta textos de Edgar Allan Poe y se los da para que los ilustre al maestro italiano Lorenzo Mattotti. No es caro: un hardcover de 188 páginas a u$22.99 dibujado por Mattotti, generalmente entra de una a la lista de los imprescindibles. El tema es que me huele a que no son historietas, sino textos ilustrados, y ahí me deja de interesar en el acto.
Por último, la editorial Humanoids empieza a recopilar en libros las historias cortas que publicó en la versión yanki de METAL HURLANT, allá por 2002-2004. Seguro que hay buena merca (el texto del Previews resalta a Geoff Johns, Ryan Sook y nuestro Jorge Lucas; yo recuerdo que había varios grossos más), pero el problema es la edición. Por hacerse los finolis y editar en hardco, 160 páginas se nos van a u$29.95, que para este material es demasiado hasta para buscarlo con descuento por Amazon.
A medida que este material aparezca y llegue a mis manos, se vendrán las respectivas reseñas en el blog…

viernes, 4 de febrero de 2011

04/ 02: DEATH NOTE Vol.7


Por fin, querido! Desde Septiembre que estos pseudo-editores de morondanga no sacaban un tomo de esta adicción irrefrenable creada por Tsugumi Ohba y Takeshi Obata! Hace CINCO MESES que quiero saber cómo corno continúa el mejor shonen que leí en mi vida! ¿Puede ser que haya que mendigar y suplicar para que esta gente publique un tomo? No es para regalar, muchachos… Los cebados vamos y lo compramos, y el precio lo ponen ustedes! Cuando salió el Vol.2 de Monster, apenas SEIS MESES después del primero, primó la sangre fría y dije “Nah, ni en pedo lo compro. Una serie de 18 tomos, a dos tomos por año, la termino de comprar en el 2019”. Ya buscaré una edición más razonable de esa joya de Naoki Urasawa. Pero Death Note no admite sangre fría, esto es cebamiento infinito al punto de ebullición. Y con la mitad de la saga ya comprada, cambiar de edición es medio truculento. Así que sigo prisionero de estos excelentes alumnos de Muñones, que ya adoptaron el calendario del maestro (ese en que los meses tienen 100 días) y además bajaron notablemente la calidad del papel de los mangas, mientras que el precio subió. Idolos absolutos.
Pero vamos a la historieta, que este es el tomo en el que pasa TODO: el fin de la saga-dentro-de-la-saga contra la Corporación Yotsuba, el regreso al protagonismo de Ryuk y Rem, la impactante revelación del magnífico plan urdido por Light antes de renunciar al Death Note y perder la memoria, la liberación de Misa y –por si faltara algo- la muerte de L! Que parece posta, no un mero golpe de efecto.
Si no fuera porque no está bueno que Kira gobierne el mundo, acá podría terminar tranquilamente la historia. Sería un final medio dark, en el que ganó “el malo”, pero estaría perfecto. Está claro que los autores (o los editores) no se bancan el final dark, la distopía en la que Kira impone definitivamente su ley. Por eso en las últimas 50 páginas del tomo nos presentan a los posibles herederos de L, a dos chicos entrenados para tomar el lugar que quedó vacante con la muerte del detective que estuvo a milímetros de desenmascarar a Kira. Parecen ser personajes interesantísimos. Habrá que ver si su accionar justifica haber vuelto a abrir una trama que se cerraba a la perfección, prácticamente sin dejar cabos sueltos.
Ohba incluso se da el lujo de tirar personajes a la basura casi sin haberlos usado, como Wedy y Aiber, que en un momento amagaron con cobrar protagonismo. El tipo juega así, con sombreritos, caños y tacos en el área. Por supuesto, cualquiera capaz de resolver como lo hizo Ohba el tema de los shinigamis, los cuadernos y las memorias de Light y Misa, tiene todo el derecho del mundo a florearse, a cancherear, mientras baja el “ole” de la tribuna.
El increíble Obata también merece su container de flores. En este tomo pela escenas memorables, como las muertes de Higuchi y L, o el encuentro de Misa con Ryuk en ese bosque obscenamente bien dibujado. A medida que se suman nuevos personajes (los sucesores de L y sus esbirros), Obata sorprende de nuevo con su infalible ojo para imaginarlos, vestirlos, dotarlos de gestos y movimientos creíbles y originales. Un grosso total.
Bueno, este tomo cierra montones de cosas, pero también abre. Veremos para dónde dispara el próximo tramo y qué vericuetos impredecibles encuentran los autores para poner en jaque al –por ahora- imbatible Light, este cautivante hijo de puta adicto a la manipulación y a la justicia por mano propia. Y (ya parezco Mirtha de tanto que me repito) ojalá no haya que esperar otros cinco meses para leer la continuación.

jueves, 3 de febrero de 2011

03/ 02: EL COGA


¿Lo qué? Acabo de inventar el COGA. Es la sigla de Comiquero Omnívoro con Gusto Amplio, y propongo usarla como denominación de los enfermos que, a la hora de leer comics, no nos ceñimos a ninguna restricción de género, ni de estilo, ni mucho menos compramos (o no) un comic según la nacionalidad del artista.
Alguna vez, en un conocido largometraje sobre la historieta argentina, un pobre iletrado decía que los consumidores de historietas se dividían en “los que leen manga, los que leen superhéroes, y los viejos, que leemos historieta argentina”. Eso tiene más o menos el mismo rigor científico que cuando los chinos de la antigüedad clasificaban a los animales en: los que caminan en cuatro patas, los verdes y los que pertenecen al Emperador. O sea, si alguna vez leés sobre un superhéroe argentino, ¿en qué grupo estás? Y si leés Saint Seiya, que es un manga con superhéroes, ¿dónde te ubicamos? Y si leés Peepo Cho (el manga del argentino Felipe Smith), ¿de qué te disfrazamos?
Incluso muchas veces, cuando se organiza un evento, se piensan ciertas atracciones para el fan del manga (me niego a llamarlos “otakus”, porque en Japón es un término ofensivo), para el fan de los superhéroes y para el fan de la historieta argentino/ europea. Digo, como si fueran lo mismo, no? Y como si eso abarcara todo. ¿Qué hacemos con el tipo al que le gusta Daniel Clowes? ¿Lo convencemos de que es italiano, o francés? ¿Y con el fan de Renzo Vayra o Tony Sandoval? ¿Le mentimos que, como hablan castellano, son argentinos o españoles? Es un poquito más complicado que eso, no?
Yo creo que la verdadera diferencia, la única línea que se puede trazar y bancar es la que divide a los comiqueros sectarios de los COGA. “Sectario” suena horrible, pero bueno, no se me ocurre un término mejor para definir al que consume sólo europeo, o sólo manga, o sólo superhéroes, o sólo Quino y Fontanarrosa, o sólo la Fierro, o sólo lo que sea. Cada uno tendrá sus motivos para imponerse los límites que se impone, y se los puede entender y hasta respetar, pero me queda claro que cuanto más te cerrás, más cosas maravillosas te perdés.
Por el otro lado, estamos los COGA, los fans de la amplitud y la diversidad. Si mirás tu biblioteca y parece la de un esquizofrénico, sos un COGA. Si tenés cosas re-caretas y pochocleras tipo Ultimate X-Men y al lado los álbumes de La Cúpula, de drogones hechos mierda tipo Gallardo y Mediavilla, Martí, o Pons, son un COGA. Si no le hacés asco a nada y consumís mainstream, alternativo, clásico, actual, argentino, europeo, yanki, japonés, infanto-juvenil, porno... lo que venga, sos un COGA. Yo una noche me bajé de un saque Scary Book (de Kazuo Umezu) y al día siguiente me mandé Indecentemente Cursi (de Caro Chinaski) y arranqué con Gotham Central (de Rucka, Brubaker y Michael Lark). Ese día me pasé de COGA.
Mi teoría (espero que errónea) es que ser COGA es una cuestión de edad. Tiene que ver con que, en mi adolescencia ochentosa, si querías leerte 20 comics por mes tenías que irte de Patoruzú a El Víbora, pasando por Skorpio, Fierro, las de Columba, las de superhéroes que se conseguían acá, todo. Hoy, en cambio, podés leer 20 comics por mes sin salir de Batman, o de X-Men. No necesitás salir a buscar otra cosa, porque te dan suficiente X-Men como para que te gastes hasta tu último mango en X-Men. Eso cierra el juego, acota el espectro, achica la visión del fan de la historieta, a tal punto que hoy, el que es fanático de X-Men es fanático de X-Men, no de la historieta.
Desde una trinchera inhóspita y menos poblada que las vitrinas de Gimnasia, los COGA peleamos contra eso, y por supuesto vamos perdiendo por goleada. Mal que me pese, los comics escaneados son nuestro mejor aliado (al desaparecer la excusa de “no lo puedo pagar” muchos chicos jóvenes se han volcado a experimentar, a leer más allá de lo evidente) y este blog se ofrece como humilde cuartel general, o como puesto de avanzada desde el cual seguir explorando. Lo ideal sería que funcionara también como ámbito donde los COGA se reproduzcan (como un telo, bah), donde el que entra sectario sacuda las restricciones auto-impuestas y salga COGA, dispuesto a matar o morir por la causa de la diversidad. Con esos está bueno discutir sobre la calidad de las historietas. Con los sectarios es medio al pedo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

02/ 02: VIVA PÂTAMÂCH!


“Pâtamâch” es un apócope de “pâte a mâcher”, que en castellano significa “goma de mascar”. O más simple: “Pâtamâch” es la denominación popular de lo que nosotros llamamos “chicle”. Viva Pâtamâch! es una fábula política totalmente pasada de rosca, con todos los tópicos del cine Clase B, creada en 2001 por un tal Capron, a quien jamás había oído nombrar, y el maestro Patrice Killoffer.
El guión de Capron es brillante, sin duda un guión que le hubiese gustado escribir a Carlos Trillo, si no fuera porque no tiene buenos personajes femeninos, que nunca faltan en las obras del prócer argentino. Básicamente, a Capron le interesa contarnos cómo un déspota dispuesto a todo puede lograr la manipulación definitiva: hacer que la gente coma sus propios deshechos y pague por ello. Pero claro, los vende en forma de chicle globo, ¿y a quién no le gusta masticar chicle? A mí. Pero no importa, lo importante es la trama. Como en toda historieta que presenta una realidad alternativa, en Viva Pâtamâch! hay bastante que explicar: la historia de esta ciudad, el ascenso al poder del insaciable Rosemou, el funcionamiento de esta economía basada en el chicle y sus múltiples usos, la formación y la subsistencia de una facción disidente, los Higienistas, que advierten desde la clandestinidad acerca de los riesgos de masticar chicle toda la vida. Sin embargo –notable mérito del guionista- estas secuencias con cabezas que hablan y extensos diálogos explicativos no empantanan para nada el ritmo del relato, que por momentos es sumamente intenso.
Como supondrás, una cultura basada en el consumo indiscriminado de chicle es –indefectiblemente- una joda, una metáfora, un recurso ingenioso y por momentos cómico para hablar de otra cosa. Capron lo usa para hablar del poder: de un poder que seduce, que corrompe, que no tiene reparos en ocultar la verdad más allá de los riesgos que eso implique para la gente que consume como ovejas “la historia oficial”. Roger, el personaje principal, va a realizar todo el periplo: crece bajo la sombra de la mentira propagada desde el poder, se integra al sistema, asciende a las altas esferas del gobierno, y cuando decide que tanta atrocidad es intolerable, cae en desgracia y desaparece, para volver años más tarde al estilo Montecristo: con otra identidad y como adalid de la resistencia que va a acabar con la lucrativa tiranía de Rosemou, para instaurar… otro régimen, en todo el sentido de la palabra. En el medio hay intriga palaciega, espionaje, persecuciones, tiros, piñas, torturas y hasta algún resquicio para la comedia.
El dibujo de Killoffer es perfecto. No es original (porque se parece demasiado al del español Keko, levemente mezclado con los maestros de la línea clara tipo Hergé, Joost Swarte y Ever Meulen), pero es perfecto. El tipo se ciñe intencionalmente a una grilla de tres tiras (casi siempre divididas en dos cuadros) y narra toda esta saga (más de 130 páginas) sin romper nunca esa limitación. Y aún así no desaprovecha nada! Dentro de este esquema mete, además de esas secuencias repletas de texto, las secuencias de acción, las que requieren más impacto, más grandilocuencia, todas. Y todas funcionan. Por ahí lo más notable es su balance de masas negras y espacios blancos, su aplicación de los grises y la intromisión perfectamente controlada de un tercer color, el rosa al principio, y otro en el epílogo. El claroscuro de Killoffer te pone los pelos de punta, al igual que los desbordes de imaginación que nos ofrece en la arquitectura, las armas y todas esas cosas de este bizarro país del chicle. Además sabe meter expresionismo, certeras pinceladas de grotesco, toques de gore, toques cómicos… Esto hay que verlo para creerlo.
Viva Pâtamâch! es un magnífico ejercicio de desmesura, pero con muchísmo para decir, con muchas ideas para transmitir, como para que después de leerlo te quedes masticando, no chicle, pero sí los conceptos, que Capron y Killoffer se niegan a dártelos pre-digeridos. No sé si esto se publicó alguna vez fuera de Francia, pero sin duda es una lectura fundamental.

martes, 1 de febrero de 2011

01/ 02: DOOM PATROL Vol.2


Ah, bueno, ahora sí! Este es el Richard Case que me gusta! El que se combina con las tintas de John Nyberg y mejora número a número, a pasos agigantados. Y el que se banca dibujar los guiones más retorcidos que se habían escrito para 1990. Paradójicamente, ni bien Case mejora, lo bajan de las portadas, donde a partir de ahora tenemos a Simon “la Bestia” Bisley, prendido fuego. Pero lo importante es que los dibujos de Case ya están en un nivel más que digno, con todo lo necesario para apuntalar el despegue de los guiones de Grant Morrison hacia misteriosos territorios más allá del delirio.
A lo largo de nueve episodios, Morrison nos presenta dos sagas: la de la Brotherhood of Dada y la del Culto del Libro No Escrito, mechadas con dos unitarios: uno centrado en Crazy Jane y otro en Robotman y dos villanos de la Doom Patrol clásica, The Brain y Monsieur Mallah. Sí, posta, todo eso está en un sólo tomo. No terminaste de acomodarte la mandíbula que se te cayó al piso con la primera saga, y cuando te querés dar cuenta ya estás en la segunda. La cantidad de conceptos que dispara Morrison en estos nueve episodios alcanzarían para que cualquier otro guionista choreara mínimo dos años en esta o en cualquier otra serie regular. Realmente cuesta creerlo.
Vamos a criticarlo un poquito: en este tomo casi no hay desarrollo de personajes. Sí, en el capítulo de Crazy Jane nos enteramos de MILES de cosas acerca de ella. Pero una cosa es revelar data oculta de un personaje y otra es hacerlo avanzar. Acá, todos avanzan lo mínimo. Por ahí el Jefe y Robotman tienen un cachito más de desarrollo, pero es tanto y tan heavy todo lo que pasa, que no hay tiempo para bajar un cambio y mostrar a los personajes reflexionando acerca de lo que sienten o piensan de sí mismos o de sus compañeros de equipo. El desarrollo más impactante es el de The Brain y Monsieur Mallah, por supuesto barrido abajo de la alfombra por los guionistas posteriores.
El libro lleva por título The Painting that Ate Paris, al igual que la primera saga, la más extensa, que abarca casi 100 páginas. Este arco es tan definitivo de lo que años más tarde va a ser Vertigo como cualquier saga de Sandman o Hellblazer. Acá Morrison perfecciona la fórmula (ensayada en las dos sagas largas del tomo anterior) que le permite incorporar la machaca superheroica a un contexto donde mandan la literatura, la poesía, las artes plásticas y la filosofía del arte. La batalla entre la Doom Patrol y la Brotherhood of Dada adentro de la pintura es uno de los combates entre seres con superpoderes mejor escritos de todos los tiempos. El detalle no menor (sobre todo para el pobre Richard Case) de que cada nivel de la pintura responda a la estética y la lógica de distintos movimientos pictóricos alcanzaría por sí sólo para darle a la saga chapa de Obra Maestra. Pero hay tanto más, tanta sustancia, tantos diálogos magníficos, todo vuela tan alto, que si no lo descalificás por pretencioso, le tenés que dar el diploma de Verdadero Revolucionario del Género; o ni del género, del Noveno Arte en general.
La segunda saga (en la que Morrison tuvo que sacar de la galera a un clon de John Constantine porque no le dejaron usar al verdadero) se mete, además de con la literatura y la poesía, con la arquitectura y el teatro de títeres, y hace el uso más ingenioso que leí hasta ahora de los majestuosos, caprichosos y bizarros monumentos que Antoni Gaudí le legó a la ciudad de Barcelona.
Esto es comic de increíble nivel. Sin perder el sentido del humor, sin tomarse a sí mismo demasiado en serio, sin explicar absolutamente todo (como nos avisó en el primer tomo), Morrison llevó el concepto de “superhéroes atípicos y extraños” a otro nivel, que hace 20 no estaba ni un poquito explorado. Aún hoy son pocos los comics que te parten la cabeza como lo hizo esta etapa de la Doom Patrol, y muchos menos los que te invaden con semejante tsunami de ideas innovadoras, situaciones al borde de la demencia e imágenes tan perturbadoras como estimulantes. Será por eso que nunca es tarde para descubrir la Doom Patrol de Morrison y volverse fan incondicional.

lunes, 31 de enero de 2011

31/ 01: CAPTAIN AMERICA: TWO AMERICAS


Sin leer Reborn, me jugué a saltar de Road to Reborn a este arco, que es inmediatamente posterior al del regreso de Steve Rogers. De hecho, acá está el especial donde se explica quién va a ser el Capi, ahora que Rogers está de vuelta. Un unitario que está muy bueno, pero que la lógica indicaba recopilar junto a la saga de Reborn, no con Two Americas, que es donde Ed Brubaker retoma plots que le quedaron colgados de Road to Reborn.
Evidentemente, Brubaker trajo a Steve Rogers de vuelta porque alguien muy arriba en la cadena empresarial le puso un chumbo en la cabeza y le dijo “Lo resucitás YA, que se viene la peli”. El guionista –se nota muchísimo- se siente mucho más cómodo cuando le toca escribir a James Buchanan Barnes, más conocido como Bucky, el Winter Soldier, o el Capitán América que apareció cuando palmó el otro. Por suerte, negoció una salida decorosa: Rogers revoleará el escudo en los diversos títulos de Avengers y Bucky en la serie mensual, a la que Marvel rápidamente rodeó de 153.000 miniseries protagonizadas por Steve Rogers, en una movida no muy distinta de la que hizo DC con Batman cuando volvió Bruce Wayne.
Two Americas, de todos modos, no está entre las mejores historias de este sidekick ascendido a Capitán. Hay mucha acción, espionaje, suspenso, grandes diálogos, muy buena interacción con Falcon (a esta altura, imprescindible en la estructura de la serie), pero la trama en sí es medio pelotuda. El villano (el Capitán América de la década del ´50) está demasiado desquiciado, con lo cual se desaprovecha, cae demasiado rápido en la caricatura, en el grotesco. El tipo baja línea política pesada acerca de la decadencia de los EEUU, pero el debate ideológico nunca se llega a cristalizar, porque de pronto al tipo este le interesa más matar gente que propagar su forma de ver las cosas. Por momentos lo vemos como un estratega genial, un tipo cerebral, casi perturbador en su frialdad para el cálculo, y de golpe derrapa hacia el típico matón con delirios de grandeza que cree que cualquier conflicto se resuelve mediante un estallido de violencia. Y todo esto en una cantidad de páginas relativamente escasa, de lo cual se infiere que buena parte del protagonismo de la saga recae en este “Capi malo”, como lo llama irónicamente Bucky. Por supuesto, cuando los buenos le ganan, el cuerpo no aparece y queda abierta la rendija por la que puede llegar a volver la próxima vez que haga falta.
El dibujo tampoco está a la altura de los mejores momentos de la era Brubaker. El brasileño Luke Ross no es malo, pero tampoco excelente. Cuando lo entinta Butch Guice zafa muy bien, y hasta parece que el lápiz fuera de Guice. Pero cuando lo entinta Rick Magyar (otrora grosso, hoy descendido a la B Metropolitana), salen a la luz todo tipo de falencias. El one-shot con el que abre el tomo ofrece a la dupla con los roles cambiados: Guice dibuja y Ross entinta. Y el resultado es muy bueno, más allá de la exagerada dependencia de la referencia fotográfica. Acá es donde aparecen las secuencias mejor armadas, y hasta una doble página digna de Jim Steranko.
Me parece que me bajo acá, nomás. Ya son más de cinco años, doce TPBs (si alguna vez me compro Reborn, si no once), y obviamente el impacto ya no es el mismo. Será momento de ver qué onda las distintas miniseries que están saliendo, y darle una chance (cuando se recopilen) a las que tengan mejor pinta. O esperar a que en la serie regular vuelva a aparecer un arco argumental con el power de los primeros años de Brubaker al frente de la serie. No le cierro la puerta definitivamente, porque a lo largo de los años me quedó clarísimo que el Capi es un personaje de enorme potencial para protagonizar buenas historias. Pero hasta acá llega mi adhesión incondicional a la serie central del ícono americano que en poquitas semanas festeja su 70° Aniversario.

domingo, 30 de enero de 2011

30/ 01: LA CIUDAD QUE NUNCA EXISTIO


En general, cuando hablamos de Pierre Christin nos colgamos mucho de su hitazo, de su serie más importante, que es obviamente Valérian. Y cuando hablamos de Enki Bilal, caemos irremediablemente en la Trilogía Nikopol, o en esa cosa medio rara a la que se abocó en los últimos 10 ó 12 años. En el medio, medio perdidas entre el impacto de estos trabajos más visibles, quedan las obras que Christin y Bilal realizaron juntos en la revista Pilote entre 1975 y 1982. Con el título genérico (y no muy inspirado) de “Leyendas de Hoy”, estos dos próceres de la historieta francesa aunaron esfuerzos para cinco álbumes de temática básicamente socio-política en las que a veces se suma un elemento fantástico y en las que suele aparecer un tipo misterioso, sin nombre, del que no sabemos nada y que juega siempre un rol secundario.
De las cinco historias, hay tres perfectas: Partida de Caza, Las Falanges del Orden Negro y la que hoy nos ocupa. La Ciudad que Nunca Existió es, como aquel tomo de Groo que vimos el año pasado, un comic acerca del capitalismo salvaje y sus siniestras consecuencias en la sociedad. O en realidad arranca por ahí, para después desembocar en un dilema ético que hace temblar las convicciones de la militancia de izquierda: ¿Qué pasa si un día el capitalismo se vuelve humano y nos regala la utopía con la que siempre soñamos? Pero gratis de verdad, eh? Sin letra chiquita, sin revolución, sin derramamiento de sangre, sin nada. Equidad y justicia social, de la noche a la mañana y porque sí.
Este dilema divide a las bases de Jadencourt, un pueblo de obreros de clase baja que depende absoluta y excesivamente de un patrón. De pronto, el patrón muere y su heredera decide convertir al pueblo en la comunidad en la que los laburantes siempre quisieron vivir. Buenos salarios, educación, seguridad, salud, vivienda y dignidad para todos. ¿Dignidad? ¿Estás seguro? Georges cree que no, que si todo viene de arriba, que si la utopía te la regala la patronal, la dignidad no forma parte del combo. Su mujer, Marcelle, cree que la utopía vale la pena ser vivida, venga de quien venga. El resto parece seguir los pasos de Marcelle, hasta el final, en el que… no te puedo contar lo que pasa.
Christin se cansa de tirar argumentos que apoyan tanto a una postura como a la otra. No se queda en la bajada de línea, te invita a reflexionar sobre lo que está pasando y para eso te provee todos los datos que necesitás para evaluar razonablemente la situación. La mejor parte de la novela es la primera, la que describe los padeceres de estos humildes laburantes y la inclemencia de una patronal que se limpia el culo con ellos. El segundo tramo, convulsionado por el brutal cambio en el status quo, nos muestra a los garcas en pie de guerra, listos para activar el plan B al que siempre recurren: el sálvese quien pueda. Esta es la parte casi cómica del libro. Y el final, centrado en cómo Madelaine lleva adelante su plan, baja mucho el volúmen del conflicto, sin por eso perder ritmo ni atractivo ni tensión.
El dibujo de Bilal está lejos de su estilo actual. Trabaja con muchos más cuadros por página y con la influencia mucho más presente de Moebius. Pero definitivamente cumple con creces con lo que le pide Christin: los personajes son humanos, creíbles y reconocibles. Los paisajes son impresionantes, los climas conmueven ya sea cuando quieren transmitir el bajón de los oprimidos como cuando intentan maravillarnos con la explosión de esperanza que genera la movida de Madelaine. Ese contraste entre la gris mediocridad, entre las almas cansadas y descreídas, y el fastuoso esplendor de la nueva metrópolis es central para la trama y Bilal lo retrata a la perfección. Sin acción, ni piñas, ni sexo, ni nada, el ex-yugoslavo se banca mansito más de 50 páginas de gente que habla sin escatimar nada de su gran talento.
La Ciudad que Nunca Existió, existió. Fue uno de los tantos comics que en la segunda mitad de los ´70 cimentaron lo que hoy se conoce como Historieta para Adultos. Y además se puede leer y disfrutar perfectamente hoy, más de 30 años después, por la vigencia de los temas que toca y por el notable desempeño de dos indiscutibles que cuando trabajaban juntos ponían todo y más.

sábado, 29 de enero de 2011

29/ 01: WANTED


Es el año 1986. Los supervillanos más grossos se organizan, forman una alianza y deciden acabar para siempre con los superhéroes. Tras la primera masacre, salen a invadir tierras paralelas y mundos siderales para conseguir más y mejores armas y, ya que estamos, cometer un par de genocidios más. Cuando la situación está bajo control y los héroes son boleta o están prisioneros, los villanos combinan poderes mágicos con hiper-tecnología alienígena y crean una máquina capaz de reconstruir la realidad. En el nuevo mundo, los superhéroes son un vago recuerdo, o se los considera ficción para adolescentes. Y nadie ve a los villanos como villanos. Son simplemente el poder detrás del poder, con total impunidad para gozar a pleno esta realidad pensada a su medida, demasiado parecida a la nuestra. Pero claro, como toda runfla entre villanos, esta se empieza a resquebrajar, porque nunca falta el turro pasado de rosca cuyos juramentos valen menos que una cucaracha muerta envuelta en papel higiénico usado. La misterosa muerte de Killer (un grosso con el poder de no errar jamás un disparo) embarra la cancha y la tensión entre facciones crece. Es hora de que el bando del Profesor Solomon Seltzer reclute a un nuevo Killer.
Sos Wesley Gibson, un loser consumado. Laburás en un cubículo de mierda en una oficina de mierda y tu jefa es una gorda de mierda que te caga a pedos las 24 horas. Sos asmático, te cebás con los videogames y tu novia está más o menos buena, pero se encama con tu mejor amigo. La rutina te aplasta y querés aferrarte a la ilusión de que estás para más, pero no tenés con qué. De pronto se te aparece un minón infernal, con unos chumbos y unas gomas impresionantes y te dice “Tu viejo fue un super-asesino grossísimo, miembro del selecto grupo que domina al mundo y queremos que vos tomes su lugar, en el grupo y en mi cama”.
¿Qué hacés? ¿Dejás tu vida de mierda para aliarte con genocidas inescrupulosos que te enseñan a matar y torturar? ¿Cambiás angustias y humillaciones por guita, sexo e impunidad sin límites? ¿Te jugás a bañarte en sangre con tal de zafar de la rutina?
Wesley Gibson votó por el sí.
Con este genial planteo arranca Wanted, una obra escrita por Mark Millar y dibujada por J.G. Jones para el sello Top Cow de Image. Wanted es un comic deconstructivista, una versión dark del género de los superhéroes al filo de la realidad. Los protagonistas están más allá de toda redención. Entre ellos, los asesinatos, la pedofilia, la tortura, la violación y la perversión en todas sus formas son moneda corriente. Y sí, putean más que en Preacher, Hate o cualquier otro comic guarango que hayas leído en tu vida.
Hay un villano que tiene sexo con cabras, otro que tiene síndrome de Down y otro que está íntegramente compuesto de caca. Algunos tienen resonancias bastante obvias con los villanos de Marvel y DC y otros son increíblemente originales. Pero la genialidad de Mark Millar excede ampliamente el hábil manejo de las referencias geeks. Wanted tiene un ritmo frenético, personajes de enorme riqueza, una trama compleja y bien desarrollada, giros impredecibles y algunos de los mejores dialogos jamás escritos.
Pero tal vez el hallazgo más notorio de la saga sea que ensambla de un modo perfectamente creíble y 100% original el mundo maniqueo, colorinche e ingenuo de los comics pre-Watchmen y Dark Knight (fechar la toma del poder por parte de los villanos en 1986 no es casual, ni a palos) y el nuestro. Esta realidad que vivimos a diario, en la que los corruptos se nos cagan de risa en la cara y los jefes nos basurean mientras dejamos la vida en laburo choto que nos paga tres mangos, no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que el Bien y la Justicia contaban con poderosos aliados, de trajes estridentes y moral inquebrantable. Esta mierda en la que vivimos hoy, se la debemos a los villanos. El nuestro es –sobran las pruebas- un mundo en el que ganaron los malos.
El trabajo de J.G. Jones también es consagratorio. Acá abandona con éxito su preciocismo y su elegancia características para acompañar a un guión mucho más “sucio” y en el proceso, aparecen con fuerza sus dotes de gran narrador, con muchos toques del mejor Dave Gibbons. Jones hace todo bien, desde salpicar la acción con gore hasta rendirle homenaje a los historietistas de los ’70 en los flashbacks, sin descuidar las expresiones faciales (importantísimas en un guión tan psycho) ni los fondos. Un capo.

viernes, 28 de enero de 2011

28/ 01: EL SR: Y LA SRA. RISPO


Hoy nadie discute a Diego Parés. A los 40 años es, sin duda, es uno de los más completos, versátiles y talentosos dibujantes que tiene nuestro país. Sus colegas aprenden de él, porque enseña hasta sin darse cuenta. Es tanto lo que sabe, y lo transmite tan bien, que la conversación más nimia en la que se involucre Parés se convierte –incluso a pesar suyo- en una clase magistral. Por supuesto, no siempre fue así. Hace 20 años, Parés era un borreguito sacado y kilombero que publicaba muchísimo material en las revistas de Ediciones de la Urraca, y cuyo estilo se parecía demasiado al de Bill Watterson. De ahí hasta acá pasaron muchas cosas. Tal vez la más impactante haya sido la recuperación de Parés, después de haber caído en una profunda y peligrosa adicción a las drogas que lo llevó a internarse en un neuropsiquiátrico. Vos lo ves hoy, padre de familia, prestigioso, con su chiste diario en La Nación y no te imaginás ni en pedo el descontrol que gobernó su vida durante algunos años. Pero todo eso está en su obra, porque hecho mierda y todo, Parés casi nunca dejó de dibujar.
Este libro (editado en 2007) recopila casi todo el material de El Sr.y la Sra. Rispo que apareció en la revista SexHumor en los ´90. No está lo de Barcelona, ni lo de Fierro, que es posterior. Y si te bancás la temática (sexo brutalmente explícito con todas las depravaciones e inmundicias habidas y por haber) no tiene el menor desperdicio. Desde los textos introductorios (de Pablo Fayó, Carlos Nine y el propio Parés) hasta los bocetos del final, todo nos muestra (y nos hace sentir en carne propia) esa montaña rusa salvaje por la que el autor pasó mientras dibujaba estas historietas. Y además nos hace cagar de risa, porque (de nuevo, si no te da rechazo la temática) las historietas de Rispo ofrecen unos estallidos de comicidad poco frecuentes en el Noveno Arte.
El dibujo cambia mucho: al principio es prolijito, sintético, no clásico pero tampoco vanguardista. Y en un momento cambia radicalmente: la influencia de Robert Crumb se impone por sobre todas las demás y despunta un Parés mucho más salvaje, pero a la vez más virtuoso, con un trazo descontrolado, desprolijo pero no torpe (tipo Esteban Podetti), con unos cross-hatchings enfermizos, caras (y pijas) exageradas al extremo, ángulos raros, ideas cada vez más extremas… La historieta mejor dibujada es una protagonizada por Horacio (el amigo de Rispo) llamada “Horacio en la Telaraña”. Seguramente porque al tener cuatro páginas para desarrollarla, Parés se jugó por viñetas más grandes, donde todo se ve mejor. Es una de las pocas historietas sin penetraciones ni eyaculaciones, pero también es donde más se disfruta la genialidad de los detalles, las texturas, hasta los olores que dibuja este monstruo fuera de control.
Por supuesto, hay historietas peor dibujadas, que coinciden con las etapas en las que Parés estaba o demasiado dado vuelta, o sedado con medicación como parte de su terapia. Pero no importa, porque en todas hay guarangadas geniales, garches grotescos y un clima de violencia en joda (“cartoon violence”, le dicen los yankis) que recupera lo mejor de la época clásica de los dibujos animados, con cajas fuertes que caen del cielo y todo. Todo es absolutamente extremo, más allá del lógico “zarpe” que propone cualquier historieta pensada para una revista de temática sexual. Porque además Rispo no está pensada para el pajero que compraba la SexHumor (excepto la gloriosa historieta que recorre 20 maneras de hacerse una paja). Está pensada para shockear, para que cuando veas cosas como la orgía en medio de un velatorio, o la lucha de Horacio contra el Hombre Guasca, digas “nah, te fuiste al re-carajo”. Y Parés se sigue yendo al carajo, cada vez más y dibujando cada vez mejor, entoncés te relajás, gozás y sentís que vale la pena terminar todo enchastrado con los más variados fluídos corporales.
Ya parezco Sofovich de tanto que me repito: no son historietas para cualquier lector. Te tenés que bancar sexo extremo, violencia, splatter y dibujos por momentos muy oscuros y perturbadores. Pero si te la bancás, te llevás de premio, además de chistes brillantes, un viaje alucinante por las obsesiones, perversiones, delirios y pesadillas de un tipo de enorme talento que se las vio muy jodidas, pero nunca perdió la pasión por la historieta.

jueves, 27 de enero de 2011

27/ 01: ¿PARA QUE SIRVEN LOS CRITICOS?


Para que alguien limpie los baños con la lengua cuando no haya escobas ni trapos de piso. No, en serio. ¿Para qué consumimos crítica de comics? Vos que leés hace casi 13 meses, todos los santos días, este blog… ¿por qué lo hacés? ¿Para divertirte, para sentir que no sos el único loser al que le preocupa que maten o resuciten a su personaje favorito, para qué? ¿De qué te sirve enterarte qué opino yo sobre tal o cual obra? Te quedaste pensando, no?
Vamos a ensayar una respuesta. ¿Sabés cuándo descubrí yo que necesitaba leer crítica sobre comics? Cuando me cayó una ficha. Un día tomé conciencia de que aún teniendo ilimitado presupuesto para comprar comics e ilimitado espacio para guardarlos, no me iba a alcanzar nunca el tiempo para leer todo lo que se publica. Incluso acotándome a lo que se publica en los cinco idiomas que puedo leer. Ahí dije “Necesito una brújula, alguien que me señale el Norte, que me muestre dónde está la papa fina como para encontrarla sin bucear en los océanos de miasma radioactiva”.
Hoy, que para la gente que lee comics en soporte digital la guita y el espacio dejaron de ser una limitación, el verdadero impedimento es el tiempo. Digo, si además de leer comics tenés algo así como una vida… O sea que el crítico es –como tantas porquerías que nos venden en los avisos televisivos- una herramienta para ahorrar tiempo. Y a los que nos resistimos al soporte digital, nos ayuda también a no gastar guita y espacio en material que no nos va a interesar, o sea que es algo prácticamente indispensable para nuestras vidas, como la comida, el sexo, el rock/pop ochentoso y la Levité de manzana.
Con el tiempo (generalmente rápido) se entabla un pacto entre lector y crítico: Yo leo lo que vos recomendás, pero vos no seas hijo de puta, no me recomiendes basura porque el editor te tira un billete, o porque te acostás con los autores. El pacto –sin embargo se puede romper de los dos lados: el crítico puede recomendar basura porque le conviene, y el lector puede: a) negarse a leer material que el crítico recomienda y b) leer material al que el crítico denosta. O sea, la crítica no es un dogma, es una sugerencia. Es como el GPS: por ahí te dice “agarrá Córdoba”, pero si vos agarrás Honduras no te putea, ni se auto-detona. ¿Qué peso tiene la opinión de los críticos? El que vos quieras otorgarle.
¿Cómo sabés con qué críticos vale la pena “firmar” este pacto? Es difícil. Desde que existe la internet, la actividad se mega-multiplicó hasta el infinito y hoy opina gente muy, pero muy capacitada codo a codo, a un click de distancia, de verduleros iletrados con el gusto en el ojete y un tumor fecal en el cerebro. En la era de los blogs, opinar desde una plataforma “consumible” es gratis y cualquiera puede hacerlo. No hace falta diploma (tampoco hay quien lo otorgue), ni siquiera ostentar paredes repletas de estantes que padecen estoicos el peso de centenares de libros. Pero si leés a varios críticos (y seguis sus recomendaciones), seguro vas a notar que algunos disfrutan de las mismas historietas que vos, por motivos muy parecidos a los tuyos. Si “sintonizás” con sus opiniones, si te parece que están bien fundamentadas, y encima se toman el laburo de leer cosas que vos (ya sea por falta de guita, espacio o tiempo) no leíste, ¿por qué no tomarlos como una orientación?
Da para seguirla, y seguro la vamos a seguir. Básicamente, entonces, podríamos decir que el rol del crítico (pelotudamente caricaturizado como el verdugo inmisericorde que goza destripando el noble y genuino esfuerzo del sufrido artista) consiste en recomendar buenas lecturas para que el fan no tire su dinero/ espacio/ tiempo en pedorradas. No alcanza para aspirar a la canonización, es cierto, pero tampoco nos pone al nivel de las más abyectas lacras de la sociedad, junto a los vendedores de seguros, los panelistas de Intrusos o los punteros del PRO.

miércoles, 26 de enero de 2011

26/ 01: SHOWCASE PRESENTS LEGION OF SUPER-HEROES Vol.4


Hoy me comí un viaje en bondi tan largo, que me dejó con jet lag. Por suerte aproveché que había asientos vacíos, y entre la ida y la vuelta me fagocité un maravilloso masacote de más de 520 páginas. “Maravilloso”, obviamente es un decir. Estas son historietas pensadas para chicos que en 1968 tenían 10 años, y funcionan sólo en ese contexto. Leídas hoy, son una sarta de pelotudeces sin ton ni son, que no zafan ni por el valor nostálgico de decir “uh, esta yo la tuve en la edición mexicana”.
Pero bueno, los enfermos consumimos también esto. De hecho, los números de Adventure Comics que vienen en este libro, yo los tenía en edición original (y ya los hice guita). Esas historias más o menos me las acordaba: era Jim Shooter pasándose de listo. En todas las aventuras veías a los Legionarios hacer cosas imposibles: chorear, renunciar a la Legión para irse con los villanos, cobrar por sus servicios, renunciar a sus poderes y borrarse la memoria, irse a las manos con los amigos… cualquier atrocidad era posible con tal de impactar al joven y crédulo lector. Y al final, todo era un engaña-pichanga para cagar al villano de turno. Siempre pintaba, en los últimos tres o cuatro cuadritos, la explicación de por qué vimos a los héroes hacer las guanacadas que hicieron.
Por supuesto, tanto héroes como villanos eran absolutamente chatos, unidimensionales, y perfectamente intercambiables. Agarrás cualquier aventura con Sun Boy, lo reemplazás por Lighting Lad, y todo sigue su cauce normal. El único que satura de tanto que aparece y de lo grosso que es, es Superboy, el más detestable de todos los Legionarios. El resto aparece de vez en cuando, sin aportar nunca demasiado. Recién en sus útimas historias, Shooter juega a la caracterización: Bouncing Boy toma conciencia de que su poder es pedorrísimo (igual yo lo banco), Chameleon Boy se acompleja por su apariencia medio freak, Matter Eater Lad blanquea que es pobre y que su familia vive en crisis porque su viejo es burrero y se timbea hasta lo que no tiene en las patas de los matungos, y algún otro toquecito así. Pero mínimo. El resto, minitas y chonguitos para el poster.
Las últimas 225 páginas recopilan un montón de historias cortas de la Legión que yo jamás había leído, de cuando dejan de ser protagonistas de Adventure y se convierten en back-up de Action, o de Superboy. Ahí las tramas se concentran en menos personajes, o sea que hay un poquito más de desarrollo para cada uno, y menos diálogos donde cada uno explica qué poder tiene y cómo lo usa. También tienen más peso las parejitas: de a poco se hace cada vez más inevitable que a estos borregos además de los poderes se les despierten las hormonas y quieran un poco de acción, pero de la otra. Lo bueno es que los distintos guionistas presentan esto con naturalidad. No es “mirá qué zarpado Ultra Boy, como chapa con Phantom Girl”, o “qué trola Shrinking Violet, que está de novia con un chabón pero igual le da murra a Matter Eater Lad”.
Y en las escenas más románticas es donde el dibujante de casi todo el tomo, Winslow Mortimer, da menos lástima. Claramente, era un tipo para dibujar comic romántico, no superhéroes. El tipo tiene un catálogo completo de pifias y de tiradas a chanta. Te das cuenta en los episodios donde en vez de entintarse él mismo, le ponen entintadores como la gente. Ya pasada la barrera de 1970, DC busca de algún modo sacudirse el herrumbe acumulado, y Mortimer deja su lugar a dibujantes un poquito más moderno: primero George Tuska (rara pero efectiva mezcla entre Jack Kirby y Frank Robbins, que sin ser un grosso, levanta la puntería) y después el nunca bien ponderado Dave Cockrum, todavía muy tapado por las tintas del veterano Murphy Anderson (de quien Cockrum era asistente). Pero se ven las ganas de aggiornarse, de dejar de afanar a Wayne Boring y empezar a afanar a Neal Adams o a John Buscema, y eso se nota en cosas como la sana renovación de trajes y de cuartel general. Los mejores resultados llegarán en el próximo Showcase, pero en este hay que agradecer la intención.
Esto todavía está muuuuuy lejos de los standards del comic de superhéroes actual. Hay que bancar mínimo un tomo más para que las historias y los dibujos dejen de oler a naftalina.

martes, 25 de enero de 2011

25/ 01: QUOTIDIANIA DELIRANTE Vol.1


Extraño este recopilatorio de historias cortas del genial Miguelanxo Prado, no sólo por las bizarreadas que nos cuenta el prócer, sino porque no parece seguir ninguna lógica. El orden de las historias no respeta –me juego la vida- el orden en que aparecieron originalmente en la revista El Jueves, ni nada que se le parezca. Pareciera que Prado (o Norma, andá a saber) barajó las historietas y creó un orden que responde a un criterio lírico genital: las publico como se me cantan las bolas. Por referencias a hechos reales, por contexto socio-histórico, y hasta por la evolución en el dibujo del genio de Galicia, estoy seguro en un 90% de que estas historietas se crearon en una secuencia que no se parece a la que presenta este tomo.
Detalle absolutamente menor y que -por supuesto- no es óbice para salir fascinados de este viaje por el absurdo cotidiano que nos propone Prado en sus 17 historietas de tres o cuatro páginas. Como ya dije, este material se publicó originalmente en la revista El Jueves, pero atenti: no son todas historias cómicas, no son chistes largos que desembocan en un remate gracioso. Seguro te va a arrancar varias sonrisas y hasta alguna risa posta, pero Prado juega sobre todo a ironizar, a devastar desde el absurdo un montón de prácticas y convenciones sociales a las que aborrece y –vistas a través de su alucinante prisma- el lector no puede menos que cuestionar.
O sea que, más allá de la gracia o el impacto o la extrañeza que puedan causar las historias, el mensaje es de rebeldía. Es una invitación a parar un segundo la pelota y ver a dónde nos está llevando este viaje hacia “el progreso” que parece tan promisorio y tan seguro, que toda la sociedad lo consume de modo acrítico. ¿Toda? No, un dibujante gallego resiste valerosamente a la invasión. No de los romanos, pero sí del consumismo pelotudo, de las leyes, impuestos y trámites burocráticos ridículos, del adelanto tecnológico como solución a cualquier cosa, del canchero urbano que se cree que se las sabe todas y en realidad es un reverendo pelotudo, de la devaluación de las relaciones afectivas… Todos esos temas y su impacto en la sociedad actual (o en realidad, en la de principios de los ´90), le dan de comer a Miguelanxo, le proveen la materia prima que, procesada con su increíble poder de observación y su inmenso talento satírico (más una dosis no menor de mala leche), terminan por convertirse en excelentes historietas cortas.
Prado (ya lo subrayamos hace unas semanas) no sólo es un virtuoso del dibujo y del color, sino que además capta como pocos los tics, los defectos, las manías, esas cositas de la gente “normal”, que hacen al lenguaje corporal y hasta a detalles del habla cotidiana y que, puestos en un comic, le dan onda y tridimensionalidad a este cautivante desfile de perdedores. En las 17 historietas el dibujo no tiene siempre el mismo nivel: de hecho fluctúa bastante. Pero siempre cumple con creces y a veces roza la perfección. Casi siempre nos encontramos con un Miguelanxo cancherísimo en el manejo de una técnica de color tan personal como fascinante, que agrega sutileza a la ironía, belleza a los paisajes (y las chicas!) y texturas al expresionismo (nunca grotesco) que vemos aplicado a los personajes. En muchas de las historias vemos incluso el tratamiento de color que Prado llevó al extremo en su obra maestra, Trazo de Tiza, realizada en simultáneo con varias de estas historietas cortas. Y ahí sobran las palabras. Cuando Prado pinta como en Trazo de Tiza, no hay más nada para decir.
Hace poquito salió en España una nueva reedición de estas historias, que incluye los dos tomos de Quotidianía Delirante que editó Norma (el segundo lo tengo ahí, para leer pronto) y un tercer tomo, que en su momento lo editó El Jueves y que (sospecho) tiene las primeras historietas de este memorable ciclo de Prado. Debe valer una fortuna, pero si no tenés los álbumes individuales, se recontra-justifica.