Hoy mi día empezó para el orto: dormí poco, me bañé, abrí el Facebook y me enteré del fallecimiento de un ídolo absoluto, al que venero desde mis 14 años y al que tuve el privilegio de conocer personalmente. Pensaba reseñar una historieta humorística, pero no me da la cara. La alternativa: repasar la vida del maestro Jean Giraud a lo largo de una serie de varios posts, basados en un artículo que escribí en 2005 (creo) para la Comiqueando. Sencillo pero sentido homenaje a un genio cuyo talento nos cambió la vida y la forma de entender la historieta a unos cuantos...
1) LOS AÑOS DE FORMACION (1938-1953)
Jean Giraud nació el 8 de Mayo de 1938 en Nogent-sur-Marne, en las afueras de París. Sus padres se divorciaron cuando él tenía apenas tres años, y se fue a vivir con sus abuelos maternos, al suburbio parisino de Fontenay-sous-Bois. Allí tomó contacto con las obras del eximio ilustrador de fines del Siglo XIX, Gustave Doré, y conoció sus primeras historietas, entre las cuales el Flash Gordon de Alex Raymond fue la que más lo impactó. Pronto sus cuadernos escolares se vieron plagados de dibujos, llenos de cowboys valientes y feroces apaches. Empezaba a vislumbrarse el mundo de Blueberry.
La madre de Jean, mientras tanto, se había vuelto a casar con un mexicano y esta es la causa por la que el joven viajó muchas veces a México durante su adolescencia. Allí, además de aprender un castellano perfecto, descubrió historietas que no se parecian en nada a las francesas y, ya que estaba, probó el sexo, la marihuana y el peyote.
2) LOS AÑOS DE INICIACION (1954-1963)
A los 16 años, Jean Giraud ya había decidido que quería ser dibujante y así se inscribió en la escuela técnica Arts Appliqués, de París. Su educación formal duró apenas dos años, porque para 1956, antes de cumplir los 18 años, ya estaba metido de lleno en el trabajo profesional.
Reaizaba dibujos publicitarios, ilustraciones, diseños de moda y decoración, y además su primera historieta, el western Les Aventures de Frank et Jeremie, en la revista Fripounet Marisette ou Far West. También colabora en las revistas católicas Coeurs Vaillants y Ames Vaillantes, donde realiza historias breves y ocasionalmente, alguna portada. De a poco, el joven Giraud va labrando su reputación, y en 1958 tiene un encuentro decisivo con Jijé (Joseph Gillian), uno de los pioneros del comic francés contemporáneo. Jijé convierte a Jean en su aprendiz y este colabora con el maestro durante un par de años (interrumpidos por el servicio militar) que dan por resultado el recordado álbum de Jerry Spring, La Route de Coronado (1960), que se serializó en la revista Spirou. Paralelamente, Giraud trabaja para la prestigiosa editorial Hachette en su revista Histoire des Civilisations.
1963 es, sin duda, el año más importante en la vida de Jean Giraud. Junto al destacado guionista Jean-Michel Charlier (redactor en jefe de la editorial Dargaud), crean para la revista Pilote el western Fort Navajo. Esa saga (iniciada el 31 de Octubre del ‘63 en el n°210 del semanario) resultaría un enorme éxito y el puntapié inicial de la extensa saga del Teniente Blueberry, que Giraud continuó casi hastasu muerte. Pronto las 46 planchas de Fort Navajo fueron recopiladas en un álbum, con una portada nueva realizada por Jijé.
También en 1963, Giraud empieza a colaborar en la revista Hara-Kiri, una publicación mensual famosa por su humor salvaje y su crítica despiadada al sistema, no muy distinta de los comix underground que surgirían unos años más tarde en EEUU. Las historietas satíricas de Giraud, dibujadas en un estilo extremo y extraño aparecieron firmadas por un tal Moebius... y por supuesto nadie sabía que esas guarradas eran obra del mismo autor que dibujaba Blueberry! Moebius produjo 21 historietas para Hara Kiri entre el ‘63 y el ‘64 y después desapareció durante casi una década.
3) LOS AÑOS DE CONSOLIDACION (1964-1974)
El éxito de Blueberry le asegura a Jean Giraud un trabajo contínuo y bien pago en Pilote, el semanario que vive una época de esplendor bajo la dirección de René Goscinny. Los álbumes del Teniente se suceden unos a otros, con un notable incremento en la calidad. Incluso a partir de 1968 trabaja (siempre junto a Charlier) en varios álbumes que narran la juventud del personaje. Al mismo tiempo, Giraud escribe guiones para otros autores de Pilote, como Auclair y Tardi, y además realiza integramente algunas historias cortas, en un estilo más experimental, que firma simplemente Gir.
Una de estas historias cortas sería decisiva: La Deviation (Enero de 1973) está firmada por Gir, dibujada en el estilo de Moebius y nos narra las vacaciones del historietista Jean Giraud. El misterio se terminaba de develar y ya no hacía falta ser un perito calígrafo para convencerse de que esos tres autores eran, en realidad, uno sólo. El impacto de La Deviation es impresionante y, en pleno auge de las ideas vanguardistas y revolucionarias de principios de los ‘70, toda una generación de nuevos dibujantes franceses ve en el trazo sobrecargado y en el desparpajo de Gir/ Moebius una alternativa a las fórmulas del pasado.
En esta etapa, sin embargo, a Moebius se lo veía poco. Su firma aparecía habitualmente en portadas de fanzines y de novelas de ciencia-ficción. Pero, también en el ‘73, tres autores de larga trayectoria en Pilote dejan el semanario y se lanzan a la búsqueda de una expresión más libre y más personal. Gotlib, Mandryka y Claire Bretecher fundan entonces L’Echo des Savanes, una revista de humor satírico muy zarpado, una mezcla entre la Zap de Robert Crumb, la mejor época de Mad y lo más vanguardista del humor argentino (Satiricón, Chaupinela, la primera etapa de Hum®, etc.). Allí nace, en 1974, la primera obra larga y “coherente” de Moebius: Le Bandard Fou, una guarrada cósmica que combinó ciencia-ficción, sexo salvaje y escatología. Aquí aparecen los primeros tópicos a los que Moebius volverá mil veces (inclusive hay un elemento del guión que reaparecerá en la saga de Grubert) y además el autor se deja picar por el bichito de la autoedición. Los artífices de L’ Echo predican con el ejemplo y Moebius empieza a pensar en irse él también de Pilote y probar suerte con su propia revista. Agarrate fuerte, por las dudas...
sábado, 10 de marzo de 2012
viernes, 9 de marzo de 2012
09/ 03: EL PREVIEWS DE MAYO
Bueno, este mes me hacen de nuevo el orto, pero no tanto.
Marvel se despacha con tres libros indispensables, a u$20 cada uno. Primero, el primer TPB de Moon Knight, escrito por Brian Michael Bendis y dibujado por Alex Maleev. Son sólo dos libros, y este trae 176 páginas. Difícil decirle que no a semejante dupla.
Segundo recopilatorio para Deadpool MAX, la serie de los ídolos David Lapham y Kyle Baker. Este trae menos páginas (sólo 144), pero bue, me dejo chorear.
Y el tercero es un libro que vengo imaginando hace años y que juré solemnemente comprar el día que saliera: El Essential Black Panther, que en 528 páginas me reúne todo el run de Jungle Action (escrito por Don McGregor) y los 10 numeritos con guión y dibujos de Jack Kirby. Poco para discutir.
Por el lado de DC, le juego una fichita al primer TPB de Frankenstein, Agent of SHADE, simplemente por el equipo creativo: Jeff Lemire y Alberto Ponticelli. Y además porque está barato: por u$14.99 tenés 160 páginas (7 comic-books).
Sale en tapa blanda la machacosa recopilación de todo Night Force, el clásico ochentoso de Marv Wolfman y Gene Colan. Son 360 páginas a míseros u$29.99, pero soy tan laucha que voy a aguantar, a ver si se consigue más barato por otro lado.
Al que le entro de cabeza es al tomo final de DMZ, el Vol.12, donde por fin sabremos cómo termina esta increíble serie de Vertigo creada por Brian Wood y Riccardo Burchielli. Está en super-precio: u$14.99 por 144 páginas.
IDW me cumple otro sueño: el softcover del Vol.4 de Locke & Key, la nueva adicción. 160 páginas de magia a cargo de Joe Hill y Gabriel Rodriguez se garpan lo que me pidan, en este caso u$ 20.
Casi me dejo tentar por Avatar, que lanza en un tomo de u$ 20 la primera saga de Calígula, escrita por David Lapham y dibujada por Germán Nóbile, talentoso argento del que siempre quise tener algún comic pulenta. La verdad que por ser 160 páginas a color, no es caro. Pero bueno, tengo que controlar un cacho el gasto.
Drawn & Quarterly reedita The Adventures of Hergé, novela gráfica fundamental, a cargo de Jose-Luis Bocquet, Jean-Luc Fromental y Stanislas, pero me quieren cobrar u$20 por 72 páginas. Están en pedo.
Fantagraphics casi me hace entrar: recopila God and Science, una magnífica saga de Jaime Hernández y le agrega 30 páginas nuevas, varias de ellas a color. Es un hardco de 144 páginas, a u$120, lo cual es bastante razonable. En un mes con menos lanzamientos, no lo dudaba. Esta vez, me la aguanto y paso. Y si sale en softco, entro como un caballo.
Rebellion recopila 400 páginas de Rogue Trooper, uno de los grandes clásicos de la 2000A.D., con guiones del maestro Dave Gibbons y dibujos de Cam Kennedy y algún otro segundón. Tampoco es caro, vale u$20, pero como el presupuesto no es infinito, quedará para otra vez.
Y mis últimos u$ 10 van a un manguita que me llamó la atención: Kamen (máscara, en japonés), un tomo unitario de 250 páginas, obra de Gunya Mihara, el autor de la mucho más conocida Gen. Veremos qué onda.
Hasta ahí llegamos. Me quedo con unas cuantas leches, pero por lo menos me pido abundante paponga. Cuando la reciba, la leo y la reseño.
Marvel se despacha con tres libros indispensables, a u$20 cada uno. Primero, el primer TPB de Moon Knight, escrito por Brian Michael Bendis y dibujado por Alex Maleev. Son sólo dos libros, y este trae 176 páginas. Difícil decirle que no a semejante dupla.
Segundo recopilatorio para Deadpool MAX, la serie de los ídolos David Lapham y Kyle Baker. Este trae menos páginas (sólo 144), pero bue, me dejo chorear.
Y el tercero es un libro que vengo imaginando hace años y que juré solemnemente comprar el día que saliera: El Essential Black Panther, que en 528 páginas me reúne todo el run de Jungle Action (escrito por Don McGregor) y los 10 numeritos con guión y dibujos de Jack Kirby. Poco para discutir.
Por el lado de DC, le juego una fichita al primer TPB de Frankenstein, Agent of SHADE, simplemente por el equipo creativo: Jeff Lemire y Alberto Ponticelli. Y además porque está barato: por u$14.99 tenés 160 páginas (7 comic-books).
Sale en tapa blanda la machacosa recopilación de todo Night Force, el clásico ochentoso de Marv Wolfman y Gene Colan. Son 360 páginas a míseros u$29.99, pero soy tan laucha que voy a aguantar, a ver si se consigue más barato por otro lado.
Al que le entro de cabeza es al tomo final de DMZ, el Vol.12, donde por fin sabremos cómo termina esta increíble serie de Vertigo creada por Brian Wood y Riccardo Burchielli. Está en super-precio: u$14.99 por 144 páginas.
IDW me cumple otro sueño: el softcover del Vol.4 de Locke & Key, la nueva adicción. 160 páginas de magia a cargo de Joe Hill y Gabriel Rodriguez se garpan lo que me pidan, en este caso u$ 20.
Casi me dejo tentar por Avatar, que lanza en un tomo de u$ 20 la primera saga de Calígula, escrita por David Lapham y dibujada por Germán Nóbile, talentoso argento del que siempre quise tener algún comic pulenta. La verdad que por ser 160 páginas a color, no es caro. Pero bueno, tengo que controlar un cacho el gasto.
Drawn & Quarterly reedita The Adventures of Hergé, novela gráfica fundamental, a cargo de Jose-Luis Bocquet, Jean-Luc Fromental y Stanislas, pero me quieren cobrar u$20 por 72 páginas. Están en pedo.
Fantagraphics casi me hace entrar: recopila God and Science, una magnífica saga de Jaime Hernández y le agrega 30 páginas nuevas, varias de ellas a color. Es un hardco de 144 páginas, a u$120, lo cual es bastante razonable. En un mes con menos lanzamientos, no lo dudaba. Esta vez, me la aguanto y paso. Y si sale en softco, entro como un caballo.
Rebellion recopila 400 páginas de Rogue Trooper, uno de los grandes clásicos de la 2000A.D., con guiones del maestro Dave Gibbons y dibujos de Cam Kennedy y algún otro segundón. Tampoco es caro, vale u$20, pero como el presupuesto no es infinito, quedará para otra vez.
Y mis últimos u$ 10 van a un manguita que me llamó la atención: Kamen (máscara, en japonés), un tomo unitario de 250 páginas, obra de Gunya Mihara, el autor de la mucho más conocida Gen. Veremos qué onda.
Hasta ahí llegamos. Me quedo con unas cuantas leches, pero por lo menos me pido abundante paponga. Cuando la reciba, la leo y la reseño.
jueves, 8 de marzo de 2012
08/ 03: TESTAMENT Vol.4
Bueno, vamos cerrando otra serie de Vertigo de esas que duraron poco.
La verdad es que este tomo está muy bueno, realmente es un bajón que Testament no haya podido seguir su curso. Lo único que se le puede criticar a Douglas Rushkoff es que se planteó crear una serie compleja, arriesgada, rupturista, única en miles de aspectos, pero a la larga (en una de esas apretado por la necesidad de cerrar todo en el vigésimosegundo episodio) terminó por contarnos la enésima historia del mega-empresario malo contra los chicos rebeldes buenos. Por supuesto hay un montón de matices, pero Testament se puede destilar hacia esa esencia, hacia esa definición: No importa quién es en realidad o a quien representa Pierre Fallow. Cualquiera que quiera evitarse los esfuerzos y las metáforas, lo ve como al clásico villano corporativo, el infaltable garca de saco y corbata que se quiere quedar con todo. Y por el lado de Jake, Alec y el resto de los rebeldes pasa lo mismo. Okey, están todas las referencias y resonancias bíblicas, y el guionista nos logra convencer de que son mucho más que un grupete de pibes rebeldes. Pero si lo querés simplificar hasta lo más burdo, son eso: el grupete de pibes sublevados que le hacen el aguante como pueden al villano corporativo.
Con esos dos bandos bien definidos, con el super-clásico Establishment vs. Resistencia en juego, Rushkoff abre el tomo con una saguita de dos episodios en la que se resuelve el misterio del viejo Tyrone y se agiganta la brecha entre Jake y Amos, cuando cada uno encarna una forma distinta de responder a lo mismo, en un paralelismo muy natural, para nada forzado, con la historia bíblica de Jacobo y Esaú. Estas páginas cuentan además con los dibujos de Dean Ormston, un dibujante de culto, una especie de secreto a voces al que sólo veneramos un grupúsculo de fans de Vertigo. Algún día el mundo entero descubrirá la magnitud del talento de este oscuro dibujante inglés.
Y Testament desemboca en una tetralogía final, Exodus, en la que los rebeldes van a encontrar –finalmente y no sin acumular padecimientos- la forma de escupirle el asado a Pierre Fallow, el virtual rey de este mundo futurista, pero no tanto. No te quiero contar exactamente cómo lo cagan, pero tiene que ver con el maná, la nano-tecnología, los virus informáticos y los chicos que se hacen la paja mirando videos porno en la web. ¿Y los dioses? ¿Qué pito tocan? Después de mucho bla-bla, después de una intrincada (y muy bien lograda) interacción entre la historia de Alec y Fallow con la de Moisés y el faraón egipcio, los dioses se revelan como una manga de garcas que se desesperan por mantener la hegemonía sobre la creación, sobre el poder de crear. Casi de casualidad, la bandita de la ciber-resistencia encuentra la forma de manipular la tecnología de Fallow para que el ser humano pueda crear todo aquello que necesita. Chau escacez, chau hambre, chau enfermedades, chau pobreza. Después de muchas masacres truculentas, el panorama que se abre ante los ojos de estos chicos es el de un potencial paraíso, regido por la abundancia, aunque también por el caos. Y los dioses no se lo bancan: sin escacez, se hacen casi innecesarios. ¿Lo habías pensado desde esa óptica? Yo no. Y me re-cierra.
En cuanto al dibujo, para el arco final lo tenemos de vuelta a Liam Sharp, esta vez con más pilas, con muy poquitas páginas en las que se lo ve tirándose a chanta y muchas en las que pela lo que hay que pelar y mucho más. Cuando no se abandona a ese sub-estilo frutihortícola de los palotes grotescos, Sharp nos impacta con unas composiciones alucinantes, muy buenas planificaciones, monstruos y fondos laburadísimos, figuras y rostros humanos muy expresivos y repletos de detalles, como si lo entintara Kevin Nowlan, o alguno de los especialistas en rayitas finitas, tipo Scott Williams, pero con onda. No es todo parejo, pero lo que está bueno está realmente bueno.
Había mucho más para explorar a partir de lo que plantea este arco de Testament, no tengo dudas, pero bueno, los Pierre Fallow que rigen los destinos de Vertigo, o sea de DC, o sea de la Warner, dijeron basta. Igual estos 22 episodios se disfrutaron mucho y sirvieron para tocar temas que la historieta habitualmente no toca.
La verdad es que este tomo está muy bueno, realmente es un bajón que Testament no haya podido seguir su curso. Lo único que se le puede criticar a Douglas Rushkoff es que se planteó crear una serie compleja, arriesgada, rupturista, única en miles de aspectos, pero a la larga (en una de esas apretado por la necesidad de cerrar todo en el vigésimosegundo episodio) terminó por contarnos la enésima historia del mega-empresario malo contra los chicos rebeldes buenos. Por supuesto hay un montón de matices, pero Testament se puede destilar hacia esa esencia, hacia esa definición: No importa quién es en realidad o a quien representa Pierre Fallow. Cualquiera que quiera evitarse los esfuerzos y las metáforas, lo ve como al clásico villano corporativo, el infaltable garca de saco y corbata que se quiere quedar con todo. Y por el lado de Jake, Alec y el resto de los rebeldes pasa lo mismo. Okey, están todas las referencias y resonancias bíblicas, y el guionista nos logra convencer de que son mucho más que un grupete de pibes rebeldes. Pero si lo querés simplificar hasta lo más burdo, son eso: el grupete de pibes sublevados que le hacen el aguante como pueden al villano corporativo.
Con esos dos bandos bien definidos, con el super-clásico Establishment vs. Resistencia en juego, Rushkoff abre el tomo con una saguita de dos episodios en la que se resuelve el misterio del viejo Tyrone y se agiganta la brecha entre Jake y Amos, cuando cada uno encarna una forma distinta de responder a lo mismo, en un paralelismo muy natural, para nada forzado, con la historia bíblica de Jacobo y Esaú. Estas páginas cuentan además con los dibujos de Dean Ormston, un dibujante de culto, una especie de secreto a voces al que sólo veneramos un grupúsculo de fans de Vertigo. Algún día el mundo entero descubrirá la magnitud del talento de este oscuro dibujante inglés.
Y Testament desemboca en una tetralogía final, Exodus, en la que los rebeldes van a encontrar –finalmente y no sin acumular padecimientos- la forma de escupirle el asado a Pierre Fallow, el virtual rey de este mundo futurista, pero no tanto. No te quiero contar exactamente cómo lo cagan, pero tiene que ver con el maná, la nano-tecnología, los virus informáticos y los chicos que se hacen la paja mirando videos porno en la web. ¿Y los dioses? ¿Qué pito tocan? Después de mucho bla-bla, después de una intrincada (y muy bien lograda) interacción entre la historia de Alec y Fallow con la de Moisés y el faraón egipcio, los dioses se revelan como una manga de garcas que se desesperan por mantener la hegemonía sobre la creación, sobre el poder de crear. Casi de casualidad, la bandita de la ciber-resistencia encuentra la forma de manipular la tecnología de Fallow para que el ser humano pueda crear todo aquello que necesita. Chau escacez, chau hambre, chau enfermedades, chau pobreza. Después de muchas masacres truculentas, el panorama que se abre ante los ojos de estos chicos es el de un potencial paraíso, regido por la abundancia, aunque también por el caos. Y los dioses no se lo bancan: sin escacez, se hacen casi innecesarios. ¿Lo habías pensado desde esa óptica? Yo no. Y me re-cierra.
En cuanto al dibujo, para el arco final lo tenemos de vuelta a Liam Sharp, esta vez con más pilas, con muy poquitas páginas en las que se lo ve tirándose a chanta y muchas en las que pela lo que hay que pelar y mucho más. Cuando no se abandona a ese sub-estilo frutihortícola de los palotes grotescos, Sharp nos impacta con unas composiciones alucinantes, muy buenas planificaciones, monstruos y fondos laburadísimos, figuras y rostros humanos muy expresivos y repletos de detalles, como si lo entintara Kevin Nowlan, o alguno de los especialistas en rayitas finitas, tipo Scott Williams, pero con onda. No es todo parejo, pero lo que está bueno está realmente bueno.
Había mucho más para explorar a partir de lo que plantea este arco de Testament, no tengo dudas, pero bueno, los Pierre Fallow que rigen los destinos de Vertigo, o sea de DC, o sea de la Warner, dijeron basta. Igual estos 22 episodios se disfrutaron mucho y sirvieron para tocar temas que la historieta habitualmente no toca.
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miércoles, 7 de marzo de 2012
07/ 03: POR QUE HE MATADO A PIERRE
Volvió el comic europeo, que estuvo exiliado unas semanas, y volvió con todo. Por qué He Matado a Pierre es –agarrate fuerte- una historieta perfecta. No preguntes por qué la compré. Nunca había oído ninguna recomendación, ni me sonaban los nombres de Olvier Ka y Alfred. Pero algo en el libro (tal vez la majestuosa edición de Ponent Mon) me dijo “llevame, que te voy a hacer feliz”.
La novela es la autobiografía de Olivier Ka, y recorre todos los momentos importantes de su vida, desde los 7 a los 35 años, con énfasis en algo que le pasa a los 12 y que es tan heavy que no lo puedo revelar sin cagarle toda la gracia a la lectura de la obra. Es más, creo que no se puede decir ni media palabra de la trama sin spoilear secretos importantes. Ni siquiera quién es Pierre, ni a qué se dedica. Nada, ni mu. O sí, bueno, ya que estás... que sepas que esto es maravilloso, que la construcción del protagonista es exquisita, que hay muchísimos bloques de texto obscenamente bien escritos y que Olivier Ka entiende perfectamente que en la historieta hay que contar con imágenes, por eso ensambla esos textos con secuencias mudas, por eso apuesta fuerte a los climas y por eso le abre tanto el juego a los dibujos de Alfred, que este termina por co-protagonizar el último tramo de la novela.
Ka y Alfred hicieron muchas historietas juntos, y acá Alfred se da cuenta de que lo que está contando Ka es tan grosso, tan crucial para su vida, que más que crear, lo que tiene que hacer es documentar. Por eso, en el último tramo, en el que Alfred acompaña a su amigo en ese regreso electrizante a Río Feliz, aprecen muchísimas fotos, retocadas y sin retocar: son testimonios, Alfred es testigo, Olivier va en busca de algo que no se puede dibujar.
En ese último tramo, estalla además el Alfred más salvaje, más expresionista, el Alfred virtuoso del pincel, en un péndulo delirante entre el realismo fotográfico y el experimento vanguardista al filo del mamarracho. Ya en el anteúltimo capítulo, Alfred había impactado con planificaciones de página arriesgadas, a años luz de la grilla mansita y convencional de los primeros tramos, y al final se termina de zarpar. Pero nunca pierde ese increíble encanto, ese dibujo suelto, vibrante, esa línea clara que mezcla a Max, a Emile Bravo y a Dupuy y Berberian. Lo hojeás y parece un libro para chicos, lleno de dibujos hermosos y amistosos. Hasta que lo leés, claro, y ahí el contraste entre el estilo de Alfred y lo que cuenta Ka te tira de orto, mal.
Lamento no poder contar nada más. Recomiendo a full este libro y ya me pongo a buscar más obras de estos dos autores. No te lo pierdas por nada del mundo. Por qué He Matado a Pierre es un comic sórdido, jodido, pero también increíblemente bello. Tiene muy merecidos todos los premios que ganó.
La novela es la autobiografía de Olivier Ka, y recorre todos los momentos importantes de su vida, desde los 7 a los 35 años, con énfasis en algo que le pasa a los 12 y que es tan heavy que no lo puedo revelar sin cagarle toda la gracia a la lectura de la obra. Es más, creo que no se puede decir ni media palabra de la trama sin spoilear secretos importantes. Ni siquiera quién es Pierre, ni a qué se dedica. Nada, ni mu. O sí, bueno, ya que estás... que sepas que esto es maravilloso, que la construcción del protagonista es exquisita, que hay muchísimos bloques de texto obscenamente bien escritos y que Olivier Ka entiende perfectamente que en la historieta hay que contar con imágenes, por eso ensambla esos textos con secuencias mudas, por eso apuesta fuerte a los climas y por eso le abre tanto el juego a los dibujos de Alfred, que este termina por co-protagonizar el último tramo de la novela.
Ka y Alfred hicieron muchas historietas juntos, y acá Alfred se da cuenta de que lo que está contando Ka es tan grosso, tan crucial para su vida, que más que crear, lo que tiene que hacer es documentar. Por eso, en el último tramo, en el que Alfred acompaña a su amigo en ese regreso electrizante a Río Feliz, aprecen muchísimas fotos, retocadas y sin retocar: son testimonios, Alfred es testigo, Olivier va en busca de algo que no se puede dibujar.
En ese último tramo, estalla además el Alfred más salvaje, más expresionista, el Alfred virtuoso del pincel, en un péndulo delirante entre el realismo fotográfico y el experimento vanguardista al filo del mamarracho. Ya en el anteúltimo capítulo, Alfred había impactado con planificaciones de página arriesgadas, a años luz de la grilla mansita y convencional de los primeros tramos, y al final se termina de zarpar. Pero nunca pierde ese increíble encanto, ese dibujo suelto, vibrante, esa línea clara que mezcla a Max, a Emile Bravo y a Dupuy y Berberian. Lo hojeás y parece un libro para chicos, lleno de dibujos hermosos y amistosos. Hasta que lo leés, claro, y ahí el contraste entre el estilo de Alfred y lo que cuenta Ka te tira de orto, mal.
Lamento no poder contar nada más. Recomiendo a full este libro y ya me pongo a buscar más obras de estos dos autores. No te lo pierdas por nada del mundo. Por qué He Matado a Pierre es un comic sórdido, jodido, pero también increíblemente bello. Tiene muy merecidos todos los premios que ganó.
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martes, 6 de marzo de 2012
06/ 03: QUEEN & COUNTRY Vol.3
En realidad no es el Vol.3, sino el tercer tomo de la Definitive Edition, que trae los que originalmente fueron los TPBs 7 y 8. Y más de 160 páginas con los guiones originales de Greg Rucka, bocetos de los distintos dibujantes y demás. Entre una gilada y otra, el libro se va a 400 páginas, de las cuales sólo 236 son de historieta.
Pero lo que hay se disfruta a pleno. Queen & Country es una verdadera maravilla, probablemente la mejor historieta de espionaje jamás escrita. El personaje de Tara Chace es un compendio de hallazgos, fruto de un laburo tan desbordante de dedicación como de talento y –sobre todo- de amor. Si Rucka me dice que no está enamorado de Tara, no le creo. Ya en las primeras sagas Tara parecía mucho más persona que personaje. Imaginate a esta altura de la serie, en la que la revista ya tenía más de 30 números publicados y había dado origen a dos novelas no gráficas sino 100% literarias.
La estructura de Queen & Country se parece mucho a la del Suicide Squad: en una agencia de inteligencia, un jefe decide mandar a sus operativos a una misión jodida, a hacer un trabajo sucio, generalmente en un lugar inhóspito y peligroso. Los agentes no pueden ni tirarse un pedo sin permiso de este jefe (acá es Paul Crocker, otro personajón), pero este a su vez responde a capos más capos que él, dentro de una jerarquía de poderes que termina en el Primer Ministro, porque esta serie es de espías británicos. Acá los agentes (minders) no tienen superpoderes ni armas locas, ni se pueden categorizar como héroes o villanos, pero el funcionamiento es muy parecido al del Squad. Y como en aquella mítica serie de DC, no es infrrecuente que los agentes vuelvan de sus misiones en silla de ruedas, ataúdes o bolsas de consorcio.
Rucka no les ahorra sufrimientos a sus personajes, por el contrario, los somete permanentemente a escabrosas torturas físicas y psicológicas. En este último rubro son magistrales los numeritos en los que Tara se toma vacaciones y va a esquiar a Suiza con su mamá. Okey, en un momento logra desenchufarse de todo y se levanta a un chongo que le pega una hermosa galopada. Pero son dos páginas de fiesta contra 40 de tensión, discusiones, mala onda y fuego cruzado entre la agente top de los minders y una cincuentona a la que le sobra la guita y se hace la pendeja curtiendo con un pibe de 28. De esos contrapuntos salen escenas memorables, que le agregan aún más tridimensionalidad a una Tara a la que vemos crecer de saga a saga.
Por suerte, y como en Gotham Central, Rucka desenfatiza la machaca en favor del procedimiento. Acá todo cumple con un protocolo. Para todo hay que conseguir permisos, autorizaciones, todo se informa a la autoridad competente, siempre respetando una estricta cadena de mandos. Desde la elección de las misiones hasta detalles que hacen a la vida (o muerte) de los minders, todo requiere el visto bueno de Crocker, quien a su vez debe rendir cuentas de sus actos (y omisiones) a los capangas que están por arriba suyo. Y de acá, de estos diálogos protocolares, Rucka también saca secuencias sumamente jugosas, en las que los jetones de saco y corbata intercambian –como si fuesen estocadas- frases muy heavies y retruques de altísimo nivel. Cuanto más los humaniza Rucka, menos nos cuesta entender por qué la política internacional toma los rumbos que toma y eso es muy notable.
Por el lado de los dibujantes, en la saguita de las vacaciones en Suiza tenemos a Steve Rolston, cuya única chapa es haber dibujado la primera saga de Queen & Country. La verdad, un error garrafal poner a un dibujante tan limitado a la hora de dibujar expresiones faciales justo en una historia en la que todo pasa por los diálogos y las emociones.
El segundo arco tiene como dibujante a Mike Norton, un tipo correcto, que durante varios años metió mano en varios proyectos sin descollar en ninguno y que ahora está pegando fuerte como dibujante de los comics basados en la serie animada de Young Justice. Lo que hace acá es muy competente, aunque un poquito frío.
Y en la tercera saga, la más dark, tenemos a otro dibujante con bastante trayectoria pero pocos éxitos resonantes: Chris Samnee, un autor mucho más versátil, más intenso, más comprometido con el relato, con los climas. Un tipo que maneja muy bien el claroscuro, una especie de David Lapham más realista, más cercano a Michael Lark. Ahora está a full en Marvel, por si lo querés buscar.
Me falta un sólo tomo para completar Queen & Country, que no sé si lo voy a comprar porque no está todo escrito por Rucka. Por ahí lo dejo en stand-by, para capturarlo sólo si lo veo obscenamente barato. Hasta acá, estos tres mega-tomos de la edición definitiva, son un lujo para todos los que compramos historietas por los guionistas. Y una lectura indispensable también para los amantes del género de espionaje.
Pero lo que hay se disfruta a pleno. Queen & Country es una verdadera maravilla, probablemente la mejor historieta de espionaje jamás escrita. El personaje de Tara Chace es un compendio de hallazgos, fruto de un laburo tan desbordante de dedicación como de talento y –sobre todo- de amor. Si Rucka me dice que no está enamorado de Tara, no le creo. Ya en las primeras sagas Tara parecía mucho más persona que personaje. Imaginate a esta altura de la serie, en la que la revista ya tenía más de 30 números publicados y había dado origen a dos novelas no gráficas sino 100% literarias.
La estructura de Queen & Country se parece mucho a la del Suicide Squad: en una agencia de inteligencia, un jefe decide mandar a sus operativos a una misión jodida, a hacer un trabajo sucio, generalmente en un lugar inhóspito y peligroso. Los agentes no pueden ni tirarse un pedo sin permiso de este jefe (acá es Paul Crocker, otro personajón), pero este a su vez responde a capos más capos que él, dentro de una jerarquía de poderes que termina en el Primer Ministro, porque esta serie es de espías británicos. Acá los agentes (minders) no tienen superpoderes ni armas locas, ni se pueden categorizar como héroes o villanos, pero el funcionamiento es muy parecido al del Squad. Y como en aquella mítica serie de DC, no es infrrecuente que los agentes vuelvan de sus misiones en silla de ruedas, ataúdes o bolsas de consorcio.
Rucka no les ahorra sufrimientos a sus personajes, por el contrario, los somete permanentemente a escabrosas torturas físicas y psicológicas. En este último rubro son magistrales los numeritos en los que Tara se toma vacaciones y va a esquiar a Suiza con su mamá. Okey, en un momento logra desenchufarse de todo y se levanta a un chongo que le pega una hermosa galopada. Pero son dos páginas de fiesta contra 40 de tensión, discusiones, mala onda y fuego cruzado entre la agente top de los minders y una cincuentona a la que le sobra la guita y se hace la pendeja curtiendo con un pibe de 28. De esos contrapuntos salen escenas memorables, que le agregan aún más tridimensionalidad a una Tara a la que vemos crecer de saga a saga.
Por suerte, y como en Gotham Central, Rucka desenfatiza la machaca en favor del procedimiento. Acá todo cumple con un protocolo. Para todo hay que conseguir permisos, autorizaciones, todo se informa a la autoridad competente, siempre respetando una estricta cadena de mandos. Desde la elección de las misiones hasta detalles que hacen a la vida (o muerte) de los minders, todo requiere el visto bueno de Crocker, quien a su vez debe rendir cuentas de sus actos (y omisiones) a los capangas que están por arriba suyo. Y de acá, de estos diálogos protocolares, Rucka también saca secuencias sumamente jugosas, en las que los jetones de saco y corbata intercambian –como si fuesen estocadas- frases muy heavies y retruques de altísimo nivel. Cuanto más los humaniza Rucka, menos nos cuesta entender por qué la política internacional toma los rumbos que toma y eso es muy notable.
Por el lado de los dibujantes, en la saguita de las vacaciones en Suiza tenemos a Steve Rolston, cuya única chapa es haber dibujado la primera saga de Queen & Country. La verdad, un error garrafal poner a un dibujante tan limitado a la hora de dibujar expresiones faciales justo en una historia en la que todo pasa por los diálogos y las emociones.
El segundo arco tiene como dibujante a Mike Norton, un tipo correcto, que durante varios años metió mano en varios proyectos sin descollar en ninguno y que ahora está pegando fuerte como dibujante de los comics basados en la serie animada de Young Justice. Lo que hace acá es muy competente, aunque un poquito frío.
Y en la tercera saga, la más dark, tenemos a otro dibujante con bastante trayectoria pero pocos éxitos resonantes: Chris Samnee, un autor mucho más versátil, más intenso, más comprometido con el relato, con los climas. Un tipo que maneja muy bien el claroscuro, una especie de David Lapham más realista, más cercano a Michael Lark. Ahora está a full en Marvel, por si lo querés buscar.
Me falta un sólo tomo para completar Queen & Country, que no sé si lo voy a comprar porque no está todo escrito por Rucka. Por ahí lo dejo en stand-by, para capturarlo sólo si lo veo obscenamente barato. Hasta acá, estos tres mega-tomos de la edición definitiva, son un lujo para todos los que compramos historietas por los guionistas. Y una lectura indispensable también para los amantes del género de espionaje.
lunes, 5 de marzo de 2012
05/ 03: DC COMICS PRESENTS LEGION OF SUPER-HEROES Vol.2
La intención era buena, pero el resultado no. DC se propuso reunir en un sólo TPB para pobres un montón de historias cortitas de la Legion, de esas que aparecieron en los años en los que el grupete del Siglo XXI no tuvo revista propia. Lo más importante –se sabe- pasaba en la saguita en Action Comics (la reseñamos acá en 2010), en la Lightning Saga (en las revistas de la JLA y la JSA) y en Legion of Three Worlds, una mini que engancha (no demasiado) con Final Crisis. Pero hasta que arranca la ongoing de Paul Levitz (que no es la que sale ahora, sino la anterior), la Legion aparece también en los títulos de Superman (metidos en un arco muy complejo, que tiene que ver con la guerra entre la Tierra y New Krypton) y en varias historias cortas, en las revistas Action Comics y Adventure Comics, que son las que se recopilan acá.
Como no juntaban 100 páginas, alguien tuvo la brillante idea de republicar por enésima vez la primera aparición de la Legión, las 12 paginitas de la Adventure Comics n°247 (1958) que ya salieron hasta en la Condorito. Y después, un montón de aventuritas recientes, todas escritas por Geoff Johns, algunas en colaboración con un tal Michael Shoemaker y una (la última) junto a su ex-jefe, Richard Donner.
A nivel guiones, hay dos historietas interesantes: una es el número de Action en la que Batman pasa en limpio el bolonki de las tres legiones. Es un número que engancha tangencialmente con la bochornosa saga semanal titulada Countdown (felizmente olvidada) y da pie a lo que va a pasar en Legion of Three Worlds. De hecho, si leés esa saga habiendo leído este unitario, nunca dudás cuál de las tres legiones va a ser la que va a quedar como la posta. Es un número rarísimo, porque Batman y Superman no pelean con nadie. Aparecen bastante Lighting Lad y uno de los legionarios varados en el Siglo XXI, el más conspicuo (por haber estado en la Justice Society) y al que más sacudones le pegaron en aquellos años: Thom Kallor, otrora Star Boy y ahora Starman.
La otra historieta atractiva es la que escriben Johns y Donner para un anual de Action, en la que recuentan la primera aparición de Mon-El, pero desde un punto de vista moderno, a años luz de la primera versión, la de 1961. Es una remake sumamente respetuosa y a la vez muy contemporánea, potenciada por los dibujos de Eric Wight, un autor con un estilo sumamente atípico para el comic de superhéroes, al que se le nota el amor por el manga y el background en la animación.
Aparte de las de Wight, las únicas páginas cuyos dibujos no apestan son las cuatro que dibuja Gary Frank. Es apenas un chiste largo en el que la Legion funciona como remate, pero el dibujo del británico recontra-salva las papas. El resto de las historias cortas están dibujadas por Clayton Henry, un mediocre al que no se le cae una idea ni por accidente. Y el unitario con Batman fue a parar a las garras de Joe Prado, un dibujante decididamente choto, que en un mundo más justo tendría que estar preso en un penal de máxima seguridad. Hubiese estado piola incluir esa historieta en el libro de Legion of Three Worlds, pero creo que si George Perez veía las páginas de este verdulero al lado de las suyas, se cortaba la pija en fetas y le mandaba una por correo a Geoff Johns.
Me duele decir esto, porque fui durante décadas muy enfermo de la Legión, pero la posta es que lo último digno que apareció es la saguita en Action Comics, la de mi doppleganger y Gary Frank, que ya tiene cuatro años. De ahí para acá, la Legión acumuló más números 1 que buenas historias. Algún día alguien llegará a la conclusión de que no todo se soluciona relanzando las series o rebooteando la continuidad, y por ahí, en una de esas, la Legión vuelve a brillar. Lo que se ve en este recopilatorio es todo más bien opaco.
Como no juntaban 100 páginas, alguien tuvo la brillante idea de republicar por enésima vez la primera aparición de la Legión, las 12 paginitas de la Adventure Comics n°247 (1958) que ya salieron hasta en la Condorito. Y después, un montón de aventuritas recientes, todas escritas por Geoff Johns, algunas en colaboración con un tal Michael Shoemaker y una (la última) junto a su ex-jefe, Richard Donner.
A nivel guiones, hay dos historietas interesantes: una es el número de Action en la que Batman pasa en limpio el bolonki de las tres legiones. Es un número que engancha tangencialmente con la bochornosa saga semanal titulada Countdown (felizmente olvidada) y da pie a lo que va a pasar en Legion of Three Worlds. De hecho, si leés esa saga habiendo leído este unitario, nunca dudás cuál de las tres legiones va a ser la que va a quedar como la posta. Es un número rarísimo, porque Batman y Superman no pelean con nadie. Aparecen bastante Lighting Lad y uno de los legionarios varados en el Siglo XXI, el más conspicuo (por haber estado en la Justice Society) y al que más sacudones le pegaron en aquellos años: Thom Kallor, otrora Star Boy y ahora Starman.
La otra historieta atractiva es la que escriben Johns y Donner para un anual de Action, en la que recuentan la primera aparición de Mon-El, pero desde un punto de vista moderno, a años luz de la primera versión, la de 1961. Es una remake sumamente respetuosa y a la vez muy contemporánea, potenciada por los dibujos de Eric Wight, un autor con un estilo sumamente atípico para el comic de superhéroes, al que se le nota el amor por el manga y el background en la animación.
Aparte de las de Wight, las únicas páginas cuyos dibujos no apestan son las cuatro que dibuja Gary Frank. Es apenas un chiste largo en el que la Legion funciona como remate, pero el dibujo del británico recontra-salva las papas. El resto de las historias cortas están dibujadas por Clayton Henry, un mediocre al que no se le cae una idea ni por accidente. Y el unitario con Batman fue a parar a las garras de Joe Prado, un dibujante decididamente choto, que en un mundo más justo tendría que estar preso en un penal de máxima seguridad. Hubiese estado piola incluir esa historieta en el libro de Legion of Three Worlds, pero creo que si George Perez veía las páginas de este verdulero al lado de las suyas, se cortaba la pija en fetas y le mandaba una por correo a Geoff Johns.
Me duele decir esto, porque fui durante décadas muy enfermo de la Legión, pero la posta es que lo último digno que apareció es la saguita en Action Comics, la de mi doppleganger y Gary Frank, que ya tiene cuatro años. De ahí para acá, la Legión acumuló más números 1 que buenas historias. Algún día alguien llegará a la conclusión de que no todo se soluciona relanzando las series o rebooteando la continuidad, y por ahí, en una de esas, la Legión vuelve a brillar. Lo que se ve en este recopilatorio es todo más bien opaco.
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domingo, 4 de marzo de 2012
04/ 03: DEATH NOTE Vol.10
Ah, bueno! Existen los milagros! Los muchachos de LARP apagaron la PlayStation y se dignaron a ofrendarnos un nuevo tomo de Death Note a apenas dos meses de la salida del tomo anterior. Y creo que hasta le pusieron un papel menos choto que el de los dos o tres tomos anteriores. Un lujo desmesurado que ojalá no se repita, a ver si los terminan por confundir con una editorial seria.
Este tomo de Death Note es brillante, un claro ejemplo de por qué es considerado (al menos desde este blog) el manga más inteligente de todos los tiempos. Sin trompadas, sin piñas, sin garches, sin siquiera una persecución, Tsugumi Ohba y Takeshi Obata hacen crecer la tensión hasta que uno cree que está por explotar en mil pedazos. El tomo arranca con Light, protagonista indiscutido y candidato a mejor personaje de la historia del comic japonés, definitivamente acorralado: el team-up entre Mello y Near dio resultado y este último ya está seguro (aunque le faltan evidencias concretas) de que Light, L y Kira son la misma persona. Bajo vigilancia y sospecha permanente, Light va a tener que hacer una jugada magistral para desmarcarse, eludir a los cinco defensores y volver a quedar en posición de agujerear la red.
Para esto, Ohba va a recurrir a dos tácticas distintas: una ya se había insinuado en el tomo anterior y tiene que ver con la exploración del fenómeno masivo que representa Kira en esta sociedad. Los millones de fieles seguidores que, desde los cuatro puntos cardinales, lo veneran como a un dios, empiezan a jugar un rol definitivo en la saga y Light, que no es ningún boludo, va a encontrar la forma de que jueguen a su favor. La otra táctica tiene que ver con un nuevo recambio en el elenco: en el tomo anterior, Ohba se sacó de encima a Soichiro Yagami y ahora no boletea, pero sí desactiva a Misa, que cuando apareció por primera vez parecía que se llevaba la trama por delante y en estos últimos tomos había sido condenada a un rol absolutamente terciario, de boluda manipulada, ninguneada y hasta basureada por Light. Ahora la rubia siamo fuori de toda la runfla del cuadernito, los asesinatos y demás, y sus chances de recuperar algo de protagonismo en los próximos dos tomos son tan bajas como las de la Independiente en el Clausura.
¿Con qué reemplazamos a los personajes desactivados? Con nuevos personajes: uno es un injerto de continuidad, una minita a la que Light se había transado en la universidad, antes de conocer a Misa. Me tomé el laburito de buscar los primeros tomos, a ver si aparecía Tacky, pero no la encontré. Y acá alguno dirá que la casualidad está medio forzada: de los millones de seguidores de Kira, la elegida para ser su vocera es justo una minita que tenía onda con Light. Pero está explicado: la mina conduce un noticiero muy visto en todo Japón.
El otro personaje nuevo aparece a la mitad de este tomo y rápidamente gana un protagonismo muy notable. A tal punto que Ohba y Obata dedican un episodio completo, 19 páginas íntegramente centradas en la vida y la forma de sentir y pensar de Teru Mikami. Un experimento osado, pero sumamente logrado, ya que este tramo, tan distinto a todos los demás, está seguro entre lo mejor del tomo. No quiero vaticinar que Mikami va a ser decisivo en el final de Death Note, porque el guacho de Ohba ya nos hizo comer cientos de amagues de cosas que uno suponía que iban a pasar y después no pasaron un carajo. Veremos.
Obata, mientras tanto, sigue pelando excelencia en todos y cada uno de los aspectos del dibujo. En este tomo se zarpa mal en la secuencia inicial, la de los disturbios en Los Angeles, con Demegawa agitando a la horda pro-Kira desde un helicóptero, Near armando una lluvia de billetes sobre la multitud y la cana –cómo no- reprimiendo violentamente a los manifestantes. En el resto del tomo, no hay otra cosa más que gente que habla o piensa. Y como ya es costumbre, Obata se las fuma mansito y sin mezquinarle nada al espléndido realismo de su estilo.
No veo la hora de leer el final de esta saga, que otra vez está en un momento impresionante. Quiero ver hasta dónde está dispuesto a llegar Light para encubrir sus asesinatos, quiero ver una vuelta más de tuerca a la relación humano-shinigami, no sé... quiero más.
Este tomo de Death Note es brillante, un claro ejemplo de por qué es considerado (al menos desde este blog) el manga más inteligente de todos los tiempos. Sin trompadas, sin piñas, sin garches, sin siquiera una persecución, Tsugumi Ohba y Takeshi Obata hacen crecer la tensión hasta que uno cree que está por explotar en mil pedazos. El tomo arranca con Light, protagonista indiscutido y candidato a mejor personaje de la historia del comic japonés, definitivamente acorralado: el team-up entre Mello y Near dio resultado y este último ya está seguro (aunque le faltan evidencias concretas) de que Light, L y Kira son la misma persona. Bajo vigilancia y sospecha permanente, Light va a tener que hacer una jugada magistral para desmarcarse, eludir a los cinco defensores y volver a quedar en posición de agujerear la red.
Para esto, Ohba va a recurrir a dos tácticas distintas: una ya se había insinuado en el tomo anterior y tiene que ver con la exploración del fenómeno masivo que representa Kira en esta sociedad. Los millones de fieles seguidores que, desde los cuatro puntos cardinales, lo veneran como a un dios, empiezan a jugar un rol definitivo en la saga y Light, que no es ningún boludo, va a encontrar la forma de que jueguen a su favor. La otra táctica tiene que ver con un nuevo recambio en el elenco: en el tomo anterior, Ohba se sacó de encima a Soichiro Yagami y ahora no boletea, pero sí desactiva a Misa, que cuando apareció por primera vez parecía que se llevaba la trama por delante y en estos últimos tomos había sido condenada a un rol absolutamente terciario, de boluda manipulada, ninguneada y hasta basureada por Light. Ahora la rubia siamo fuori de toda la runfla del cuadernito, los asesinatos y demás, y sus chances de recuperar algo de protagonismo en los próximos dos tomos son tan bajas como las de la Independiente en el Clausura.
¿Con qué reemplazamos a los personajes desactivados? Con nuevos personajes: uno es un injerto de continuidad, una minita a la que Light se había transado en la universidad, antes de conocer a Misa. Me tomé el laburito de buscar los primeros tomos, a ver si aparecía Tacky, pero no la encontré. Y acá alguno dirá que la casualidad está medio forzada: de los millones de seguidores de Kira, la elegida para ser su vocera es justo una minita que tenía onda con Light. Pero está explicado: la mina conduce un noticiero muy visto en todo Japón.
El otro personaje nuevo aparece a la mitad de este tomo y rápidamente gana un protagonismo muy notable. A tal punto que Ohba y Obata dedican un episodio completo, 19 páginas íntegramente centradas en la vida y la forma de sentir y pensar de Teru Mikami. Un experimento osado, pero sumamente logrado, ya que este tramo, tan distinto a todos los demás, está seguro entre lo mejor del tomo. No quiero vaticinar que Mikami va a ser decisivo en el final de Death Note, porque el guacho de Ohba ya nos hizo comer cientos de amagues de cosas que uno suponía que iban a pasar y después no pasaron un carajo. Veremos.
Obata, mientras tanto, sigue pelando excelencia en todos y cada uno de los aspectos del dibujo. En este tomo se zarpa mal en la secuencia inicial, la de los disturbios en Los Angeles, con Demegawa agitando a la horda pro-Kira desde un helicóptero, Near armando una lluvia de billetes sobre la multitud y la cana –cómo no- reprimiendo violentamente a los manifestantes. En el resto del tomo, no hay otra cosa más que gente que habla o piensa. Y como ya es costumbre, Obata se las fuma mansito y sin mezquinarle nada al espléndido realismo de su estilo.
No veo la hora de leer el final de esta saga, que otra vez está en un momento impresionante. Quiero ver hasta dónde está dispuesto a llegar Light para encubrir sus asesinatos, quiero ver una vuelta más de tuerca a la relación humano-shinigami, no sé... quiero más.
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sábado, 3 de marzo de 2012
03/ 03: GREEK STREET Vol.3
Hoy breve, porque tengo poco tiempo.
Acá termina Greek Street, la serie en la que Peter Milligan se proponía revisitar las clásicas tragedias griegas desde una óptica y una ambientación contemporáneas. La idea era buena, el primer tomo era espectacular y aún así, la noche se vino en el decimosexto episodio, muy temprano para mi gusto. ¿Cómo pilotea Milligan esto de tener que darle un final prematuro a una saga que –se nota a ocho cuadras- estaba pensada para el muy largo plazo? Bien, porque las propias tragedias griegas le brindan el elemento capaz de resolver todo en pocas páginas: la intervención de los dioses en los asuntos de los humanos, que es lo que –para mi gusto- le da tanta onda a la muchachada del Olimpo (me refiero a los de Zeus y Atenea, no a los de Martín Rolle y el Bombón Rosada). El deus ex machina, al que tanto se recomienda evitar en los finales “normales”, acá tiene muchísimo sentido.
Tanto que Milligan vuelve sobre Medea, Eddie, Sandy, Dedalus y los Fureys cuando le quedan apenas dos episodios, 44 páginas, para cerrar la serie. Los tres episodios restantes componen una saga que prácticamente no tiene ningún contacto con lo que veníamos viendo hasta el momento. Acá Milligan nos presenta a una especie de Aquiles, que en vez de a la guerra de Troya va a la guerra contra los talibanes en Medio Oriente. Como en sus mejores episodios de Hellblazer, el guionista hunde un impiadoso escalpelo en un tema socio-político sensible: el siempre polémico tema de la guerra, el patriotismo y los negocios que ciertos avechuchos hacen en torno al horror y la muerte que significan todo conflicto bélico. Y por supuesto baja la línea correcta, lo cual, sumado a una trama realista, fuerte, atrapante, da por resultado un arco argumental magnífico, probablemente lo mejor que se haya visto en Greek Street.
Para esta saguita, Milligan no cuenta con el siempre sorprendente Davide Gianfelice, sino que entra como suplente Werther Dell´Edera, dibujante muy competente que pareciera haber estudiado bastante a David Lapham y a Howard Chaykin. Me gustó, quiero ver más trabajos suyos. Voy a repasar sus números de Loveless, que no me los acuerdo, a ver si ahí ya era bueno. Y para el cierra de la saga principal, reaparece Gianfelice para dar su última cátedra, otra vez repleta de cadáveres trozados, peleas sanguinarias y minitas semidesnudas con cuerpos de actriz porno.
En fin, una pena. Greek Street daba para más. Tenía un guionista no siempre regular, pero muchas veces genial. Y un dibujante de la San Puta, de los que no abundan en las series mensuales. Digo, más allá de tomar como materia prima a las historias primigenias, las de siempre, las que definieron a la cultura de Occidente hace 2500 años.
Acá termina Greek Street, la serie en la que Peter Milligan se proponía revisitar las clásicas tragedias griegas desde una óptica y una ambientación contemporáneas. La idea era buena, el primer tomo era espectacular y aún así, la noche se vino en el decimosexto episodio, muy temprano para mi gusto. ¿Cómo pilotea Milligan esto de tener que darle un final prematuro a una saga que –se nota a ocho cuadras- estaba pensada para el muy largo plazo? Bien, porque las propias tragedias griegas le brindan el elemento capaz de resolver todo en pocas páginas: la intervención de los dioses en los asuntos de los humanos, que es lo que –para mi gusto- le da tanta onda a la muchachada del Olimpo (me refiero a los de Zeus y Atenea, no a los de Martín Rolle y el Bombón Rosada). El deus ex machina, al que tanto se recomienda evitar en los finales “normales”, acá tiene muchísimo sentido.
Tanto que Milligan vuelve sobre Medea, Eddie, Sandy, Dedalus y los Fureys cuando le quedan apenas dos episodios, 44 páginas, para cerrar la serie. Los tres episodios restantes componen una saga que prácticamente no tiene ningún contacto con lo que veníamos viendo hasta el momento. Acá Milligan nos presenta a una especie de Aquiles, que en vez de a la guerra de Troya va a la guerra contra los talibanes en Medio Oriente. Como en sus mejores episodios de Hellblazer, el guionista hunde un impiadoso escalpelo en un tema socio-político sensible: el siempre polémico tema de la guerra, el patriotismo y los negocios que ciertos avechuchos hacen en torno al horror y la muerte que significan todo conflicto bélico. Y por supuesto baja la línea correcta, lo cual, sumado a una trama realista, fuerte, atrapante, da por resultado un arco argumental magnífico, probablemente lo mejor que se haya visto en Greek Street.
Para esta saguita, Milligan no cuenta con el siempre sorprendente Davide Gianfelice, sino que entra como suplente Werther Dell´Edera, dibujante muy competente que pareciera haber estudiado bastante a David Lapham y a Howard Chaykin. Me gustó, quiero ver más trabajos suyos. Voy a repasar sus números de Loveless, que no me los acuerdo, a ver si ahí ya era bueno. Y para el cierra de la saga principal, reaparece Gianfelice para dar su última cátedra, otra vez repleta de cadáveres trozados, peleas sanguinarias y minitas semidesnudas con cuerpos de actriz porno.
En fin, una pena. Greek Street daba para más. Tenía un guionista no siempre regular, pero muchas veces genial. Y un dibujante de la San Puta, de los que no abundan en las series mensuales. Digo, más allá de tomar como materia prima a las historias primigenias, las de siempre, las que definieron a la cultura de Occidente hace 2500 años.
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viernes, 2 de marzo de 2012
02/ 03: LOS MAS VENDIDOS DEL VERANO
Hora de repasar un poquito las ventas en negocios de comics o por lo menos los datos recopilados a través de mi laburo como distribuidor en este circuito.
Enero fue un mes atípico porque laburé sólo 15 días y Febrero fue todavía más atípico... porque se vendió A LO BESTIA! Casi como en Diciembre! Nunca habíamos tenido un Febrero con tan buenas ventas, y eso que no salió ninguna novedad de esas que te cambian la facturación. Veamos qué fue lo que más se vendió:
1) Gaturro Vol.18 (De la Flor)
2) Merci (De la Flor)
3) ¿Quién es Montt? (De la Flor)
4) Fueye (Ed. Común)
5) Ordinario (Llanto de Mudo)
6) Peter Kampf lo Sabía (Ojodepez!)
7) Bife Angosto Vol.2 (De la Flor)
8) La Murciélaga Vol.8 (MacPulenta)
9) Irish Coffee (Napoleones sin Batallas)
10) Mi Buenos Aires Querido (Loco Rabia)
Apabullante De la Flor, con cuatro libros en el top ten y monopolio absoluto del top three. No sé si alguna vez habíamos tenido los tres primeros puestos en manos de un mismo sello editor. Gacurro ya no sorprende a nadie: esa bosta hedionda se vende, se vende y se vende. El libro de Montt, prematuramente agotado hace unos meses, tuvo segunda edición y toda la gente que lo estaba esperando se tiró de cabeza a comprarla. Pero, ¿lo tenías a Decur? Y si lo tenías, ¿suponías que tanta gente le iba a comprar su primer libro? A mí me sorprendió gratamente, tanto el libro (que ni bien lo lea lo voy a reseñar) como la repercusión que obtuvo el debut del rosarino en el mercado del libro.
Fueye, del glorioso Jorge González, tuvo en Enero su majestuosa (e imprescindible) edición local y la gente felizmente respondió. Ahí hay un título con pasta para mantenerse varios meses entre los más vendidos, a medida que más lectores lo vayan descubriendo.
La lujosa edición de Irish Coffee lanzada en Diciembre sigue vendiendo bien, al igual que Mi Buenos Aires Querido, la antología escrita por Alejandro Farías, en la que participan bocha de dibujantes grossos. Tengo ganas de entrarle a los dos para reseñarlos, pero falta bastante.
El octavo puesto tampoco sorprende: La Murciélaga tiene una hinchada fiel y un número lanzado hace no tanto, al que todavía están accediendo muchos de sus fans. Y nos quedan los libros de Gustavo Sala y el Peter Kampf de Trillo y Mandrafina, tres títulos que fueron hit desde que salieron hasta... no sé, ojalá que hasta siempre. Por ahí como coletazo del kilombo que se armó con la tira supuestamente antisemita, todos los libros de Sala vendieron muy bien durante el verano. Ojalá no sea por eso, sino porque más gente se cebó con el particular humor del ídolo marplatense.
Veremos qué pasa en Marzo. Por ahora, hay anunciados nuevos libros de Diego Agrimbau, Chanti, Fernando Baldó y dos maestros al que injustamente se les suele dar poca bola: Alberto Saichann y Clemente Montag. El libro de Saichann trae tres sagas completas, una con guión propio, una escrita por Eduardo Mazzitelli y otra por Ricardo Ferrari, como para sumar un par de próceres más al menú. Y supuestamente ya tendría que haber salido un tomo nuevo de Cazador... pero vos ya sabés cómo opera Deux: para prometer lanzamientos impactantes, siempre están a la vanguardia; ahora para cumplir y sacar los libros en fecha, predican como nadie la religión del “seguí participando”.
Enero fue un mes atípico porque laburé sólo 15 días y Febrero fue todavía más atípico... porque se vendió A LO BESTIA! Casi como en Diciembre! Nunca habíamos tenido un Febrero con tan buenas ventas, y eso que no salió ninguna novedad de esas que te cambian la facturación. Veamos qué fue lo que más se vendió:
1) Gaturro Vol.18 (De la Flor)
2) Merci (De la Flor)
3) ¿Quién es Montt? (De la Flor)
4) Fueye (Ed. Común)
5) Ordinario (Llanto de Mudo)
6) Peter Kampf lo Sabía (Ojodepez!)
7) Bife Angosto Vol.2 (De la Flor)
8) La Murciélaga Vol.8 (MacPulenta)
9) Irish Coffee (Napoleones sin Batallas)
10) Mi Buenos Aires Querido (Loco Rabia)
Apabullante De la Flor, con cuatro libros en el top ten y monopolio absoluto del top three. No sé si alguna vez habíamos tenido los tres primeros puestos en manos de un mismo sello editor. Gacurro ya no sorprende a nadie: esa bosta hedionda se vende, se vende y se vende. El libro de Montt, prematuramente agotado hace unos meses, tuvo segunda edición y toda la gente que lo estaba esperando se tiró de cabeza a comprarla. Pero, ¿lo tenías a Decur? Y si lo tenías, ¿suponías que tanta gente le iba a comprar su primer libro? A mí me sorprendió gratamente, tanto el libro (que ni bien lo lea lo voy a reseñar) como la repercusión que obtuvo el debut del rosarino en el mercado del libro.
Fueye, del glorioso Jorge González, tuvo en Enero su majestuosa (e imprescindible) edición local y la gente felizmente respondió. Ahí hay un título con pasta para mantenerse varios meses entre los más vendidos, a medida que más lectores lo vayan descubriendo.
La lujosa edición de Irish Coffee lanzada en Diciembre sigue vendiendo bien, al igual que Mi Buenos Aires Querido, la antología escrita por Alejandro Farías, en la que participan bocha de dibujantes grossos. Tengo ganas de entrarle a los dos para reseñarlos, pero falta bastante.
El octavo puesto tampoco sorprende: La Murciélaga tiene una hinchada fiel y un número lanzado hace no tanto, al que todavía están accediendo muchos de sus fans. Y nos quedan los libros de Gustavo Sala y el Peter Kampf de Trillo y Mandrafina, tres títulos que fueron hit desde que salieron hasta... no sé, ojalá que hasta siempre. Por ahí como coletazo del kilombo que se armó con la tira supuestamente antisemita, todos los libros de Sala vendieron muy bien durante el verano. Ojalá no sea por eso, sino porque más gente se cebó con el particular humor del ídolo marplatense.
Veremos qué pasa en Marzo. Por ahora, hay anunciados nuevos libros de Diego Agrimbau, Chanti, Fernando Baldó y dos maestros al que injustamente se les suele dar poca bola: Alberto Saichann y Clemente Montag. El libro de Saichann trae tres sagas completas, una con guión propio, una escrita por Eduardo Mazzitelli y otra por Ricardo Ferrari, como para sumar un par de próceres más al menú. Y supuestamente ya tendría que haber salido un tomo nuevo de Cazador... pero vos ya sabés cómo opera Deux: para prometer lanzamientos impactantes, siempre están a la vanguardia; ahora para cumplir y sacar los libros en fecha, predican como nadie la religión del “seguí participando”.
jueves, 1 de marzo de 2012
01/ 03: MARZO, MES DE LAS FERIAS
Creo que ni a propósito se me podría haber armado este calendario de eventos en los que voy a estar presente con un stand de venta de comics.
Hoy, mañana, el sábado y el domingo voy a estar en la edición extra-large del Festipulenta, el ya tradicional festival de rock indie, con muchísimas bandas y alta onda. Esto es en Moreno 2320, Capital Federal, al toque del Spinetto. Acá cobran entrada, o sea que está bueno ir sólo si te interesan las bandas.
El sábado 10, otro clásico: la Feria de Comics Rocketbooks, que se hace siempre el segundo sábado de cada mes en el bar Cabo Polonio, en la esquina de Leopoldo Marechal y Ferrari, muy cerquita del porteñísimo Parque Centenario. Acá suelo llevar menos material argento y más comic yanki, que es lo que genera más interés entre los asistentes. Bah, en realidad lo que genera interés son los precios a los que se consigue el material, que no tienen nada que ver con los de las comiquerías. La feria arranca como siempre a las 14:30, no se suspende por nada y no hay que pagar nada para entrar.
Para el sábado 17, una novedad que ojalá se convierta en tradición. Se viene la Primera Reunión Woodiana, en la que los fans de Robin Wood y la Editorial Columba se reunirán entre sí y con sus ídolos: el mismísimo Robin y una legión de dibujantes y guionistas entre los que están Carlos Vogt, Alfredo de la María, Lito Fernández, Ray Collins, Cacho Mandrafina, Quique Alcatena y Horacio Lalia, entre otros. Esto será desde las 19 hasta las 24 hs en el Salón del Centro Cultural La Prove, Balcarce 302 (esquina Moreno), Capital Federal. La entrada tiene un costo de $ 100 que cubre salón (equipado con dos pantallas, proyector, equipo de audio, guardarropa, seguridad), sorteo de revistas autografiadas, y servicio de cafetería, pizza libre y bebidas. Para asistir, primer hay que mandar un mail a reunionwoodiana@gmail.com. Como sospecho que va a ir mucha gente y se va a poner lindo, ahí voy a estar ofreciendo libros de estos próceres de la historieta nacional anche mundial.
Después se viene el finde Dibujados: del 23 al 25 estaremos también en este maravilloso encuentro entre autores y lectores de la historieta argentina actual que se celebra una vez más en Maipú 306, pleno centro de Buenos Aires. Acá la entrada es libre y gratuita, pero se solicita tu colaboración con alimentos, útiles, ropa, juguetes, libros y lo que puedas donar para enviar a las zonas más carenciadas de Chaco. Habrá una muestra muy grossa, proyecciones, talleres, charlas y la presencia de artistas de la talla de Jorge Lucas, El Bruno, Diego Parés, Oscar Capristo, Goyo Mazzeo, Brian Jánchez, Eduardo Maicas, Claudio Kappel, Nicolás Brondo y Diego Aballay, entre otros. Imperdible.
Y el último finde, el que arranca el 30 de Marzo y termina el 1 de Abril, me voy a Lobos, a un nuevo Encuentro del Humor y la Historieta al que van a asistir decenas de profesionales de todo el país. Ahí me da lo mismo que venga el público o no. Igual la pasamos bomba entre nosotros. Sobre todo este año, que vienen autores de Rosario, Tucumán, Córdoba, Mar del Plata... Cada vez más grossa y más federal se va poniendo esta espectacular iniciativa del maestro Horacio Altuna al que acompañarán, entre muchos otros, Lito Fernández, Ariel Olivetti, Salvador Sanz, Alfredo Grondona White, Gustavo Sala, Diego Agrimbau, Lucas Varela, Diego Parés y Max Aguirre. El año pasado la venta no fue furibunda, pero me divertí tanto que este año ni lo dudé.
Así que ya sabés: cinco ferias cinco donde buscar mi mesita, pasar a saludar y llevarte papa fina a muy buenos precios. Y de paso disfrutar del talento de grandes maestros de la historieta o –si venís al Festipulenta- de la música. Agendá fechas y lugares, juntá unos morlacos y vení a reventarlos en eventos libres de cosplay, doblajistas mexicanos y stands que venden DVDs truchos.
Después de semejante maratón de ferias, en Abril iré -como mucho- a la Rocketbooks; y en Mayo ya tengo stand confirmado en Montevideo Comics, en la hermana República Oriental del Uruguay, donde sí arde el cosplay. Pero tranqui, que para eso falta mucho...
Hoy, mañana, el sábado y el domingo voy a estar en la edición extra-large del Festipulenta, el ya tradicional festival de rock indie, con muchísimas bandas y alta onda. Esto es en Moreno 2320, Capital Federal, al toque del Spinetto. Acá cobran entrada, o sea que está bueno ir sólo si te interesan las bandas.
El sábado 10, otro clásico: la Feria de Comics Rocketbooks, que se hace siempre el segundo sábado de cada mes en el bar Cabo Polonio, en la esquina de Leopoldo Marechal y Ferrari, muy cerquita del porteñísimo Parque Centenario. Acá suelo llevar menos material argento y más comic yanki, que es lo que genera más interés entre los asistentes. Bah, en realidad lo que genera interés son los precios a los que se consigue el material, que no tienen nada que ver con los de las comiquerías. La feria arranca como siempre a las 14:30, no se suspende por nada y no hay que pagar nada para entrar.
Para el sábado 17, una novedad que ojalá se convierta en tradición. Se viene la Primera Reunión Woodiana, en la que los fans de Robin Wood y la Editorial Columba se reunirán entre sí y con sus ídolos: el mismísimo Robin y una legión de dibujantes y guionistas entre los que están Carlos Vogt, Alfredo de la María, Lito Fernández, Ray Collins, Cacho Mandrafina, Quique Alcatena y Horacio Lalia, entre otros. Esto será desde las 19 hasta las 24 hs en el Salón del Centro Cultural La Prove, Balcarce 302 (esquina Moreno), Capital Federal. La entrada tiene un costo de $ 100 que cubre salón (equipado con dos pantallas, proyector, equipo de audio, guardarropa, seguridad), sorteo de revistas autografiadas, y servicio de cafetería, pizza libre y bebidas. Para asistir, primer hay que mandar un mail a reunionwoodiana@gmail.com. Como sospecho que va a ir mucha gente y se va a poner lindo, ahí voy a estar ofreciendo libros de estos próceres de la historieta nacional anche mundial.
Después se viene el finde Dibujados: del 23 al 25 estaremos también en este maravilloso encuentro entre autores y lectores de la historieta argentina actual que se celebra una vez más en Maipú 306, pleno centro de Buenos Aires. Acá la entrada es libre y gratuita, pero se solicita tu colaboración con alimentos, útiles, ropa, juguetes, libros y lo que puedas donar para enviar a las zonas más carenciadas de Chaco. Habrá una muestra muy grossa, proyecciones, talleres, charlas y la presencia de artistas de la talla de Jorge Lucas, El Bruno, Diego Parés, Oscar Capristo, Goyo Mazzeo, Brian Jánchez, Eduardo Maicas, Claudio Kappel, Nicolás Brondo y Diego Aballay, entre otros. Imperdible.
Y el último finde, el que arranca el 30 de Marzo y termina el 1 de Abril, me voy a Lobos, a un nuevo Encuentro del Humor y la Historieta al que van a asistir decenas de profesionales de todo el país. Ahí me da lo mismo que venga el público o no. Igual la pasamos bomba entre nosotros. Sobre todo este año, que vienen autores de Rosario, Tucumán, Córdoba, Mar del Plata... Cada vez más grossa y más federal se va poniendo esta espectacular iniciativa del maestro Horacio Altuna al que acompañarán, entre muchos otros, Lito Fernández, Ariel Olivetti, Salvador Sanz, Alfredo Grondona White, Gustavo Sala, Diego Agrimbau, Lucas Varela, Diego Parés y Max Aguirre. El año pasado la venta no fue furibunda, pero me divertí tanto que este año ni lo dudé.
Así que ya sabés: cinco ferias cinco donde buscar mi mesita, pasar a saludar y llevarte papa fina a muy buenos precios. Y de paso disfrutar del talento de grandes maestros de la historieta o –si venís al Festipulenta- de la música. Agendá fechas y lugares, juntá unos morlacos y vení a reventarlos en eventos libres de cosplay, doblajistas mexicanos y stands que venden DVDs truchos.
Después de semejante maratón de ferias, en Abril iré -como mucho- a la Rocketbooks; y en Mayo ya tengo stand confirmado en Montevideo Comics, en la hermana República Oriental del Uruguay, donde sí arde el cosplay. Pero tranqui, que para eso falta mucho...
miércoles, 29 de febrero de 2012
29/ 02: PETER KAMPF LO SABIA
Parece mentira, pero hoy tenemos... otra de nazis! Esta vez, Carlos Trillo y Cacho Mandrafina (dupla grossa si las hay) no se meten con las atrocidades cometidas por los soldaditos alemanes que hacían el paso de ganso, sino con la ideología (de ahí la referencia a Mein Kampf en el título) que alentó a Adolf Hitler en su afán por conquistar Europa y exterminar a las “razas inferiores”.
Trillo hace un pase mágico y transplanta la ideología de Hitler a unos EEUU de los años ´50, pero en una realidad alternativa, en la que la Segunda Guerra Mundial nunca existió. Hitler emigró a New York a fines de los años ´20 y se convirtió en Al Hit, un historietista medio oscuro que causó polémica con Peter Kampf, una efímera tira diaria, en la que bajaba una línea xenófoba, de marcado antisemitismo. Y Joseph Goebbels no es el jefe de propaganda del nazismo, sino del candidato republicano (que no es otro que John Wayne, paradigma del yanki facho y referencia elíptica a Ronald Reagan, que gobernaba EEUU cuando Trillo y Mandrafina crearon esta saga), quien repetirá en sus discursos las mismas sentencias xenófobas de Peter Kampf, pero ahora instando al odio, la discriminación y la violencia extrema contra negros y latinos con un ímpetu similar al que usaba otro republicano nefasto (George W. Bush) para demonizar a los árabes.
La verdad es que estamos ante una historieta de una riqueza increíble. Tiene apenas 46 páginas, pero se podrían escribir libros enteros acerca de ella. El juego de implantar la ideología nazi en EEUU garpa fortunas. La idea de combinar esta ucronía (este What if...?) con la estructura narrativa del hard boiled no tiene precio. Y el manejo que hacen los autores de los dos planos de realidad en los que opera la historia (es decir, la historieta de Peter Kampf y la historia de Paul Laudic, Karin Milas y Steve Traven) es absolutamente brillante. Mandrafina incluso “acomoda” su trazo para que las tiras de Peter Kampf parezcan obra de un dibujante yanki de los años ´20 y Trillo “elige” tiras que parecen hacerse eco de lo que los personajes viven en el otro nivel de realidad.
La trama es impredecible, pero sobre todo creíble, lo cual casi da miedo si pensamos que se trata de una ucronía. Y el final encima es un bajón, porque ganan los malos: el plan de Goebbels sigue adelante, Paul es co-optado para que no arme kilombo y Karin y Steve (lo más parecido a una figura heroica que tiene la obra) son silenciados y barridos debajo de la alfombra. Trillo nos ahorra las imágenes del genocidio que se viene, pero está claro que ya nadie lo puede evitar.
Además de varios textos muy interesantes, la edición argentina (la reedición, en realidad, porque en los ´80 esto salió en la Fierro) suma una historieta corta de Cacho y Carlos gestada a principios de los ´80 en la revista SuperHum® (de la que Trillo era director) llamada Los Héroes Están Cansados. Además de una gran historieta (que, como la principal, juega con distintos planos de realidad), Los Héroes... es un potente manifiesto político acerca del estado en que estaba la historieta argentina hace poco más de 30 años. Un lujo que se hayan rescatado del olvido esas seis páginas fundamentales para entender tantas cosas.
Lo que nunca se va a terminar de entender es lo que pelaba Mandrafina cuando se cebaba con los guiones que le entregaba Trillo. No sólo se nota a años luz la diferencia con otros dibujantes, sino incluso con otros trabajos de Cacho de la misma época, a los que no les ponía ni por casualidad la garra y el amor a la historieta que se ven en cada viñeta de Peter Kampf lo Sabía. Trillo también lo sabía, o por ahí se dio cuenta cuando vio estas páginas. Por eso el siguiente trabajo de la dupla fue esa joya monumental llamada Cosecha Verde. Peter Kampf... tiene poco que envidiarle a la mucho más célebre Cosecha... y en lo que se refiere al dibujo de Mandrafina, Los Héroes... no tiene nada que envidiarle a ninguna de las dos.
Peter Kampf lo Sabía entra holgadamente en mi selección de Historietas Perfectas. Es un thriller con una onda Elseworlds, con política, con piñas, tiros y torturas, y hasta guiños a los geeks que nos cebamos haciendo arqueología comiquera. Y además una ocasión inmejorable para reencontrarnos con una de las duplas insumergibles de la historieta argentina, con ambos capos brillando en todo su esplendor. Así cualquiera se banca que pierdan los buenos
Trillo hace un pase mágico y transplanta la ideología de Hitler a unos EEUU de los años ´50, pero en una realidad alternativa, en la que la Segunda Guerra Mundial nunca existió. Hitler emigró a New York a fines de los años ´20 y se convirtió en Al Hit, un historietista medio oscuro que causó polémica con Peter Kampf, una efímera tira diaria, en la que bajaba una línea xenófoba, de marcado antisemitismo. Y Joseph Goebbels no es el jefe de propaganda del nazismo, sino del candidato republicano (que no es otro que John Wayne, paradigma del yanki facho y referencia elíptica a Ronald Reagan, que gobernaba EEUU cuando Trillo y Mandrafina crearon esta saga), quien repetirá en sus discursos las mismas sentencias xenófobas de Peter Kampf, pero ahora instando al odio, la discriminación y la violencia extrema contra negros y latinos con un ímpetu similar al que usaba otro republicano nefasto (George W. Bush) para demonizar a los árabes.
La verdad es que estamos ante una historieta de una riqueza increíble. Tiene apenas 46 páginas, pero se podrían escribir libros enteros acerca de ella. El juego de implantar la ideología nazi en EEUU garpa fortunas. La idea de combinar esta ucronía (este What if...?) con la estructura narrativa del hard boiled no tiene precio. Y el manejo que hacen los autores de los dos planos de realidad en los que opera la historia (es decir, la historieta de Peter Kampf y la historia de Paul Laudic, Karin Milas y Steve Traven) es absolutamente brillante. Mandrafina incluso “acomoda” su trazo para que las tiras de Peter Kampf parezcan obra de un dibujante yanki de los años ´20 y Trillo “elige” tiras que parecen hacerse eco de lo que los personajes viven en el otro nivel de realidad.
La trama es impredecible, pero sobre todo creíble, lo cual casi da miedo si pensamos que se trata de una ucronía. Y el final encima es un bajón, porque ganan los malos: el plan de Goebbels sigue adelante, Paul es co-optado para que no arme kilombo y Karin y Steve (lo más parecido a una figura heroica que tiene la obra) son silenciados y barridos debajo de la alfombra. Trillo nos ahorra las imágenes del genocidio que se viene, pero está claro que ya nadie lo puede evitar.
Además de varios textos muy interesantes, la edición argentina (la reedición, en realidad, porque en los ´80 esto salió en la Fierro) suma una historieta corta de Cacho y Carlos gestada a principios de los ´80 en la revista SuperHum® (de la que Trillo era director) llamada Los Héroes Están Cansados. Además de una gran historieta (que, como la principal, juega con distintos planos de realidad), Los Héroes... es un potente manifiesto político acerca del estado en que estaba la historieta argentina hace poco más de 30 años. Un lujo que se hayan rescatado del olvido esas seis páginas fundamentales para entender tantas cosas.
Lo que nunca se va a terminar de entender es lo que pelaba Mandrafina cuando se cebaba con los guiones que le entregaba Trillo. No sólo se nota a años luz la diferencia con otros dibujantes, sino incluso con otros trabajos de Cacho de la misma época, a los que no les ponía ni por casualidad la garra y el amor a la historieta que se ven en cada viñeta de Peter Kampf lo Sabía. Trillo también lo sabía, o por ahí se dio cuenta cuando vio estas páginas. Por eso el siguiente trabajo de la dupla fue esa joya monumental llamada Cosecha Verde. Peter Kampf... tiene poco que envidiarle a la mucho más célebre Cosecha... y en lo que se refiere al dibujo de Mandrafina, Los Héroes... no tiene nada que envidiarle a ninguna de las dos.
Peter Kampf lo Sabía entra holgadamente en mi selección de Historietas Perfectas. Es un thriller con una onda Elseworlds, con política, con piñas, tiros y torturas, y hasta guiños a los geeks que nos cebamos haciendo arqueología comiquera. Y además una ocasión inmejorable para reencontrarnos con una de las duplas insumergibles de la historieta argentina, con ambos capos brillando en todo su esplendor. Así cualquiera se banca que pierdan los buenos
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Peter Kampf
martes, 28 de febrero de 2012
28/ 02: SGT.ROCK: THE PROPHECY
Qué grosso ver cómo Joe Kubert, con 86 años a sus espaldas, sigue genereando obras potentes, cómo sigue teniendo cosas para contarnos y el talento para contárnoslas en grandes historietas.
The Prophecy es de 2006-2007 y es una de las pocas (si no la única) saga del Sargento Rock escritas por el propio Kubert. El prócer acá se libera de los guionistas, pero no de algunos vicios de su más longevo colaborador, Robert Kanigher: de hecho, los personajes hablan como en los comics de Kanigher.
-¿Estás bien, Wild?
-Sí, Ice, no fue nada...
-Se nos vienen los alemanes, Rock.
-Tranquilo, Bull, les vamos a hacer el aguante.
Y así todo el tiempo. Los personajes se nombran entre sí cada vez que hablan, como si el lector fuera idiota y no pudiera identificarlos. Además, con la excusa de que esto originalmente se publicó como miniserie de seis episodios, Kubert urde intrincadas triquiñuelas para que, cada 22 páginas, alguien recapitule lo sucedido hasta el momento. Las dos primeras veces, está bueno. La quinta te querés subir a un tanque alemán y hacerlos mierrrda.
Ojo, hay varias bajas entre los muchachos de la Easy Co. Pero si leíste bastante Sgt.Rock, ya sabés quiénes van a morir desde la segunda página. Hay un axioma que se cumple siempre: Rock, Bulldozer, Wild Man, Ice Cream y Sure Shot llegan enteros hasta el final. Cualquier otro soldado que se sume a Easy, es boleta, no tiene la menor chance de zafar, aunque sea Batman. The Prophecy no es para nada la excepción, en ese sentido.
Lo más raro que tiene esta saga es lo que quiere contar Kubert. Hay una trama interesante, hay un montón de combates, hay bastante desarrrollo en los heroicos soldados de Easy Co., pero la paponga, lo que Kubert subraya de todas las maneras posibles es el tema de los campos de concentración. Durante las más de 140 páginas hay emociones, tanques que explotan, soldados que se cagan a tiros y hasta a trompadas, escenas conmovedoras, de todo. Ahora, en el tercer episodio, cuando Rock y los suyos llegan al campo de concentración de los nazis, es donde la prosa y la pluma de Kubert levantan vuelo y nos ofrecen los mejores pasajes de la novela. Pasajes obviamente desgarradores, porque nos recuerdan con crudeza el horror vivido por los judíos y otras etnias de Europa central condenadas al exterminio por el Tercer Reich.
Olvidate de la tradición oesterheldiana, y de aquello de “el verdadero villano es la guerra”. La pindonga. Acá los villanos son los nazis y son unos hijos de puta totalmente irredimibles. Hasta los cosacos de las estepas rusas, habitualmente presentados como bestias sanguinarias, al lado de los nazis de Kubert son carmelitas descalzas. Y cuando los malos son tan malos, uno termina por aceptar sin ni un pero que los “buenos” los recontra-caguen a tiros y respondan a la violencia y la crueldad con más violencia y más crueldad. Lo cual es choto, pero –por algún motivo- funciona.
Por ahí lo que hace tolerable todo (los cientos de cadáveres quemados e insepultos, las masacres, la destrucción de pueblos enteros, etc.) sea el dibujo de Joe Kubert, que acá está a un nivel maravilloso. Como en la anterior saga del Sgt.Rock (aquella joya del 2003 escrita como los dioses por Brian Azzarello), el viejo Joe se hace cargo del lápiz, la tinta, las letras y el color, aunque en este último rubro contó con la asistencia de Pete Carlsson. Esto es old school de la buena: dibujo clásico, fuerte, recontra-expresivo, narrativa cristalina, algún homenaje a Will Eisner (en unas viñetas sin marco y dibujadas a lápiz en las que Kubert narra un genocidio escabroso) y mucha, mucha solvencia en las manos (y la mente) de un maestro de esos que ya no abundan.
Hablar bien de los comics de guerra de Kubert ya es un lugar común, una obviedad. Pero sinceramente, lo que hace el viejo Joe acá (y en la novela junto a Azzarello) me conmovió hasta lo más profundo, me dejó sensibilizado, con los pelos de punta. Si sos fan del Sargento, seguro ya la tenés. Si sos fan de la historieta bélica, o te enganchaste con Kubert a partir de alguna otra obra suya, o si nunca lo leíste y querés saber por qué tiene tanta chapa, The Prophecy es una historieta que tenés que leer ya.
¿Un comic de aventuras y acción con soldados yankis que habla de los judíos en los campos de concentración? ¿Dónde están la AMIA, la DAIA y los retrasados mentales que le saltaron al cuello a Gustavo Sala, que no denuncian esta nueva “banalización de la Shoá”?
The Prophecy es de 2006-2007 y es una de las pocas (si no la única) saga del Sargento Rock escritas por el propio Kubert. El prócer acá se libera de los guionistas, pero no de algunos vicios de su más longevo colaborador, Robert Kanigher: de hecho, los personajes hablan como en los comics de Kanigher.
-¿Estás bien, Wild?
-Sí, Ice, no fue nada...
-Se nos vienen los alemanes, Rock.
-Tranquilo, Bull, les vamos a hacer el aguante.
Y así todo el tiempo. Los personajes se nombran entre sí cada vez que hablan, como si el lector fuera idiota y no pudiera identificarlos. Además, con la excusa de que esto originalmente se publicó como miniserie de seis episodios, Kubert urde intrincadas triquiñuelas para que, cada 22 páginas, alguien recapitule lo sucedido hasta el momento. Las dos primeras veces, está bueno. La quinta te querés subir a un tanque alemán y hacerlos mierrrda.
Ojo, hay varias bajas entre los muchachos de la Easy Co. Pero si leíste bastante Sgt.Rock, ya sabés quiénes van a morir desde la segunda página. Hay un axioma que se cumple siempre: Rock, Bulldozer, Wild Man, Ice Cream y Sure Shot llegan enteros hasta el final. Cualquier otro soldado que se sume a Easy, es boleta, no tiene la menor chance de zafar, aunque sea Batman. The Prophecy no es para nada la excepción, en ese sentido.
Lo más raro que tiene esta saga es lo que quiere contar Kubert. Hay una trama interesante, hay un montón de combates, hay bastante desarrrollo en los heroicos soldados de Easy Co., pero la paponga, lo que Kubert subraya de todas las maneras posibles es el tema de los campos de concentración. Durante las más de 140 páginas hay emociones, tanques que explotan, soldados que se cagan a tiros y hasta a trompadas, escenas conmovedoras, de todo. Ahora, en el tercer episodio, cuando Rock y los suyos llegan al campo de concentración de los nazis, es donde la prosa y la pluma de Kubert levantan vuelo y nos ofrecen los mejores pasajes de la novela. Pasajes obviamente desgarradores, porque nos recuerdan con crudeza el horror vivido por los judíos y otras etnias de Europa central condenadas al exterminio por el Tercer Reich.
Olvidate de la tradición oesterheldiana, y de aquello de “el verdadero villano es la guerra”. La pindonga. Acá los villanos son los nazis y son unos hijos de puta totalmente irredimibles. Hasta los cosacos de las estepas rusas, habitualmente presentados como bestias sanguinarias, al lado de los nazis de Kubert son carmelitas descalzas. Y cuando los malos son tan malos, uno termina por aceptar sin ni un pero que los “buenos” los recontra-caguen a tiros y respondan a la violencia y la crueldad con más violencia y más crueldad. Lo cual es choto, pero –por algún motivo- funciona.
Por ahí lo que hace tolerable todo (los cientos de cadáveres quemados e insepultos, las masacres, la destrucción de pueblos enteros, etc.) sea el dibujo de Joe Kubert, que acá está a un nivel maravilloso. Como en la anterior saga del Sgt.Rock (aquella joya del 2003 escrita como los dioses por Brian Azzarello), el viejo Joe se hace cargo del lápiz, la tinta, las letras y el color, aunque en este último rubro contó con la asistencia de Pete Carlsson. Esto es old school de la buena: dibujo clásico, fuerte, recontra-expresivo, narrativa cristalina, algún homenaje a Will Eisner (en unas viñetas sin marco y dibujadas a lápiz en las que Kubert narra un genocidio escabroso) y mucha, mucha solvencia en las manos (y la mente) de un maestro de esos que ya no abundan.
Hablar bien de los comics de guerra de Kubert ya es un lugar común, una obviedad. Pero sinceramente, lo que hace el viejo Joe acá (y en la novela junto a Azzarello) me conmovió hasta lo más profundo, me dejó sensibilizado, con los pelos de punta. Si sos fan del Sargento, seguro ya la tenés. Si sos fan de la historieta bélica, o te enganchaste con Kubert a partir de alguna otra obra suya, o si nunca lo leíste y querés saber por qué tiene tanta chapa, The Prophecy es una historieta que tenés que leer ya.
¿Un comic de aventuras y acción con soldados yankis que habla de los judíos en los campos de concentración? ¿Dónde están la AMIA, la DAIA y los retrasados mentales que le saltaron al cuello a Gustavo Sala, que no denuncian esta nueva “banalización de la Shoá”?
lunes, 27 de febrero de 2012
27/ 02: BARBARA
Hoy no tengo tiempo para leer comics ni para escribir reseñas, porque estoy a full con un montón de cosas, entre ellas un número de Comiqueando que estamos preparando para Abril.
Para zafar, tengo un prólogo que escribí hace poquito para el Vol.2 de Bárbara, la clásica serie de Barreiro y Zanotto que está siendo reeditada en España, en lujosos tomos, por 001 Ediciones. Esto está inédito, todavía no se publicó en España. La portada que acompaña al texto es la del Vol.1. Mañana, otra reseña.
BARBARA, HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE
por Andrés Accorsi
Alguna vez Borges escribió que a él se le hacía cuento que empezó Buenos Aires, porque la juzgaba eterna. A Ricardo Barreiro le pasaba algo parecido: se le hacía cuento que Buenos Aires pudiera terminar. Por eso, tras la devastación y la inundación, en esta saga Buenos Aires está ahí –como decimos los porteños- haciendo el aguante.
Disfrazar a Buenos Aires de ciudad post-apocalíptica es uno más de los tantos recursos a los que echa mano Barreiro para hacer un poquito menos obvio el mensaje que quería transmitir. Gestada entre 1979 y 1983 (en plena dictadura militar), Bárbara hablaba con total claridad de los tiempos oscuros por los que atravesaba nuestro país. Y lo hacía de un modo frontal, casi sin disimulos. Increíblemente, los organismos censores de aquella época no detectaban pistas tan elocuentes como que un planeta se llamara Ara-Guevar, o que uno de los líderes de la rebelión se llamara Ernesto.
Bárbara es, además de una ambiciosa epopeya, un gigantesco canto a la rebelión y la resistencia contra los abusos del totalitarismo. A pesar de la durísima coyuntura, la serie albergó por un lado una ideología revolucionaria (que aparece en muchas de las obras de Barreiro), y por el otro un grado de erotismo infrecuente en la historieta argentina (y americana) de aquella época. El episodio titulado “Viajero Estelar” es bastante elocuente en ese sentido. Al habitual festival de las chicas esculturales con escasa vestimenta se suman una viñeta en la que Bárbara se aferra a una especie de pene gigante, y en la siguiente viñeta, cuando Zanotto cambia el plano, las chicas parecen estar sujetas a los pezones de tres senos que flotan en el aire. Las ventajas de trabajar en una publicación como Skorpio, que estaba claramente bajo el radar de los censores...
Para 1979, Juan Zanotto ya era un dibujante absolutamente consagrado en Argentina, y con muchos trabajos realizados para Europa. Barreiro ya no era un novato, pero todavía no había creado ninguna historieta realmente exitosa (su As de Pique obtuvo el merecido reconocimiento en Europa, no tanto en Argentina). En estas páginas, que marcan la primera de varias colaboraciones entre Barreiro y Zanotto, ambos lograron una inmensa conjunción de talento, que puso a Bárbara entre las mejores obras en la vasta trayectoria de ambos maestros.
Bárbara consta de más de 500 páginas, un desafío colosal si pensamos que durante todo el tiempo en que se realizó, los autores vivieron en distintos países. Hay tramos (en especial en el último tercio de la obra) en que los guiones de Barreiro no llegaban a la redacción de Record y Zanotto debía hacerse cargo también de escribir la saga, pero siempre fiel a los lineamientos que habían trazado en forma conjunta. Paradójicamente, las obras posteriores de la dupla serían realizadas con Ricardo ya establecido permanentemente en Buenos Aires, pero no alcanzarían el asombrosos nivel (ni el éxito) de Bárbara.
Los paralelismos con El Eternauta son muchos y bastante evidentes. Una vez más, vemos cómo una invasión alienígena a Buenos Aires puede convertir en héroe a una persona común y corriente y parte del atractivo de Bárbara reside en cómo Barreiro nos muestra el pasaje de la protagonista de nena vulnerable a aguerrida líder de una revuelta interestelar. La gran diferencia está en el final: en El Eternauta los heroicos esfuerzos de Juan Salvo fracasan, mientras que aquí los valores de la solidaridad, la compasión y la valentía ganan una lucha que, en el mundo real, estaba perdida. Lo cual hace que la victoria valga mucho más.
Para zafar, tengo un prólogo que escribí hace poquito para el Vol.2 de Bárbara, la clásica serie de Barreiro y Zanotto que está siendo reeditada en España, en lujosos tomos, por 001 Ediciones. Esto está inédito, todavía no se publicó en España. La portada que acompaña al texto es la del Vol.1. Mañana, otra reseña.
BARBARA, HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE
por Andrés Accorsi
Alguna vez Borges escribió que a él se le hacía cuento que empezó Buenos Aires, porque la juzgaba eterna. A Ricardo Barreiro le pasaba algo parecido: se le hacía cuento que Buenos Aires pudiera terminar. Por eso, tras la devastación y la inundación, en esta saga Buenos Aires está ahí –como decimos los porteños- haciendo el aguante.
Disfrazar a Buenos Aires de ciudad post-apocalíptica es uno más de los tantos recursos a los que echa mano Barreiro para hacer un poquito menos obvio el mensaje que quería transmitir. Gestada entre 1979 y 1983 (en plena dictadura militar), Bárbara hablaba con total claridad de los tiempos oscuros por los que atravesaba nuestro país. Y lo hacía de un modo frontal, casi sin disimulos. Increíblemente, los organismos censores de aquella época no detectaban pistas tan elocuentes como que un planeta se llamara Ara-Guevar, o que uno de los líderes de la rebelión se llamara Ernesto.
Bárbara es, además de una ambiciosa epopeya, un gigantesco canto a la rebelión y la resistencia contra los abusos del totalitarismo. A pesar de la durísima coyuntura, la serie albergó por un lado una ideología revolucionaria (que aparece en muchas de las obras de Barreiro), y por el otro un grado de erotismo infrecuente en la historieta argentina (y americana) de aquella época. El episodio titulado “Viajero Estelar” es bastante elocuente en ese sentido. Al habitual festival de las chicas esculturales con escasa vestimenta se suman una viñeta en la que Bárbara se aferra a una especie de pene gigante, y en la siguiente viñeta, cuando Zanotto cambia el plano, las chicas parecen estar sujetas a los pezones de tres senos que flotan en el aire. Las ventajas de trabajar en una publicación como Skorpio, que estaba claramente bajo el radar de los censores...
Para 1979, Juan Zanotto ya era un dibujante absolutamente consagrado en Argentina, y con muchos trabajos realizados para Europa. Barreiro ya no era un novato, pero todavía no había creado ninguna historieta realmente exitosa (su As de Pique obtuvo el merecido reconocimiento en Europa, no tanto en Argentina). En estas páginas, que marcan la primera de varias colaboraciones entre Barreiro y Zanotto, ambos lograron una inmensa conjunción de talento, que puso a Bárbara entre las mejores obras en la vasta trayectoria de ambos maestros.
Bárbara consta de más de 500 páginas, un desafío colosal si pensamos que durante todo el tiempo en que se realizó, los autores vivieron en distintos países. Hay tramos (en especial en el último tercio de la obra) en que los guiones de Barreiro no llegaban a la redacción de Record y Zanotto debía hacerse cargo también de escribir la saga, pero siempre fiel a los lineamientos que habían trazado en forma conjunta. Paradójicamente, las obras posteriores de la dupla serían realizadas con Ricardo ya establecido permanentemente en Buenos Aires, pero no alcanzarían el asombrosos nivel (ni el éxito) de Bárbara.
Los paralelismos con El Eternauta son muchos y bastante evidentes. Una vez más, vemos cómo una invasión alienígena a Buenos Aires puede convertir en héroe a una persona común y corriente y parte del atractivo de Bárbara reside en cómo Barreiro nos muestra el pasaje de la protagonista de nena vulnerable a aguerrida líder de una revuelta interestelar. La gran diferencia está en el final: en El Eternauta los heroicos esfuerzos de Juan Salvo fracasan, mientras que aquí los valores de la solidaridad, la compasión y la valentía ganan una lucha que, en el mundo real, estaba perdida. Lo cual hace que la victoria valga mucho más.
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Juan Zanotto,
Ricardo Barreiro
domingo, 26 de febrero de 2012
26/ 02: PROMESAS ROTAS
Nueva antología de historietas cortas de Hiroshi Hirata, repletas de samurais, daimios, ronins y estipendios medidos en kokus. De todas las que leí hasta ahora, esta es la que trae las historietas más antiguas, en su mayoría realizadas por el maestro a fines de los ´60, que es cuando despega en Japón la historieta para adultos (o el gekiga, aunque no sean exactamente lo mismo) ya no en el bizarro formato de “mangas de alquiler”, sino en revistas grossas, de altos standards de calidad y tiradas de alcance nacional.
La verdad es que el dibujo de Hirata no está tan afianzado como en los tomos que recopilan material más “moderno”. La única historieta dibujada... a los pedos y con errores medio groseros es la última. En especial las primeras páginas, que aparentemente fueron hechas en tiempo record. En el resto del tomo Hirata se ve sólido, pero sin el virtuosismo que nos deslumbrara en otros títulos. La narrativa está muy controlada, porque las páginas están repletas de viñetas muy chiquitas, y esto es parte del motivo por el cual el dibujo se luce menos. Por supuesto, hay algunas secuencias de alto impacto, y algunas de indecible belleza. Hay una historieta (la única con guión de un tercero) todo trabajada con aguadas, hay un uso magistral de las tramas mecánicas y unas ilustraciones al inicio de cada historieta con unos detalles y un laburo de plumín que te hielan la sangre. Y aún así, visualmente Promesas Rotas se queda bastante atrás de los tomos que reúnen las historias de los ´70 y ´80.
De todos modos, lo que define son los guiones, y en ese rubro la cosa viene aún más despareja. La primera historia, sin ser gloriosa, es fuerte, shockeante, imbuída (como muchas otras en este tomo) de ese clásico fatalismo japonés, en el que los personajes tienen muy claro que el curso de sus acciones lleva hacia un desenlace trágico, y aún así avanzan hacia el mismo como cumpliendo un protocolo, o una profecía ineluctable.
La segunda debe ser la más breve del tomo (sólo 24 páginas) pero probablemente sea la mejor, la que mejor arma y mejor sostiene la tensión dramática de principio a fin. Le sigue la que está dibujada con aguadas, un bodrio infumable, escrito por Keizuke Kazahaya. Un horror, posta.
La cuarta historia tal vez no sea la mejor, pero seguro es la más interesante, porque acá Hirata pela los mismos conceptos que años más tarde vimos eclosionar en Death Note: Yanosuke Kasai desarrolla una técnica que le permite matar a sus víctimas a distancia y sin heridas, mediante paros cardíacos. Incluso puede calcular cuándo va a morir cada enemigo, lo cual convierte a Kasai en un hombre valiosísimo para un poderoso señor feudal que quiere acabar con una conspiración que se teje en su contra. No sólo la historia está bien planteada, sino que el final es tan redondo como impredecible.
En la siguiente historia, aparece otro samurai con una técnica parecida, pero va para otro lado: hay mucha más machaca y el argumento tiene mucho menos atractivo. La sexta historia arranca bien, pero rápidamente derrapa hacia otro bodrio al que le sobran personajes, diálogos, datos y protocolo.
El séptimo relato es intenso, perturbador y jodido. Es una historia de amor y dignidad, con bastante sexo y violencia. De hecho se llama “El Impotente”, porque al protagonista le cortan el miembro viril (ay, la puta que te parió, con eso no se jode!). Le sigue otra historia estirada, que se pierde en los laberintos del chamuyo, las negociaciones y las reverencias y termina por aburrir, pese a que tiene un par de secuencias muy grossas. Y la última, la que está dibujada a los santos pedos, también dura más de lo que debería, pero por lo menos el guión está bueno y termina con un doble impacto, dos sacudones de último momento, uno de ellos en el bloque de texto con el que cierra la historieta.
Resumiendo, un tomo prescindible, sólo recomendable si sos MUY fan de Hiroshi Hirata o del manga de temática histórica.
La verdad es que el dibujo de Hirata no está tan afianzado como en los tomos que recopilan material más “moderno”. La única historieta dibujada... a los pedos y con errores medio groseros es la última. En especial las primeras páginas, que aparentemente fueron hechas en tiempo record. En el resto del tomo Hirata se ve sólido, pero sin el virtuosismo que nos deslumbrara en otros títulos. La narrativa está muy controlada, porque las páginas están repletas de viñetas muy chiquitas, y esto es parte del motivo por el cual el dibujo se luce menos. Por supuesto, hay algunas secuencias de alto impacto, y algunas de indecible belleza. Hay una historieta (la única con guión de un tercero) todo trabajada con aguadas, hay un uso magistral de las tramas mecánicas y unas ilustraciones al inicio de cada historieta con unos detalles y un laburo de plumín que te hielan la sangre. Y aún así, visualmente Promesas Rotas se queda bastante atrás de los tomos que reúnen las historias de los ´70 y ´80.
De todos modos, lo que define son los guiones, y en ese rubro la cosa viene aún más despareja. La primera historia, sin ser gloriosa, es fuerte, shockeante, imbuída (como muchas otras en este tomo) de ese clásico fatalismo japonés, en el que los personajes tienen muy claro que el curso de sus acciones lleva hacia un desenlace trágico, y aún así avanzan hacia el mismo como cumpliendo un protocolo, o una profecía ineluctable.
La segunda debe ser la más breve del tomo (sólo 24 páginas) pero probablemente sea la mejor, la que mejor arma y mejor sostiene la tensión dramática de principio a fin. Le sigue la que está dibujada con aguadas, un bodrio infumable, escrito por Keizuke Kazahaya. Un horror, posta.
La cuarta historia tal vez no sea la mejor, pero seguro es la más interesante, porque acá Hirata pela los mismos conceptos que años más tarde vimos eclosionar en Death Note: Yanosuke Kasai desarrolla una técnica que le permite matar a sus víctimas a distancia y sin heridas, mediante paros cardíacos. Incluso puede calcular cuándo va a morir cada enemigo, lo cual convierte a Kasai en un hombre valiosísimo para un poderoso señor feudal que quiere acabar con una conspiración que se teje en su contra. No sólo la historia está bien planteada, sino que el final es tan redondo como impredecible.
En la siguiente historia, aparece otro samurai con una técnica parecida, pero va para otro lado: hay mucha más machaca y el argumento tiene mucho menos atractivo. La sexta historia arranca bien, pero rápidamente derrapa hacia otro bodrio al que le sobran personajes, diálogos, datos y protocolo.
El séptimo relato es intenso, perturbador y jodido. Es una historia de amor y dignidad, con bastante sexo y violencia. De hecho se llama “El Impotente”, porque al protagonista le cortan el miembro viril (ay, la puta que te parió, con eso no se jode!). Le sigue otra historia estirada, que se pierde en los laberintos del chamuyo, las negociaciones y las reverencias y termina por aburrir, pese a que tiene un par de secuencias muy grossas. Y la última, la que está dibujada a los santos pedos, también dura más de lo que debería, pero por lo menos el guión está bueno y termina con un doble impacto, dos sacudones de último momento, uno de ellos en el bloque de texto con el que cierra la historieta.
Resumiendo, un tomo prescindible, sólo recomendable si sos MUY fan de Hiroshi Hirata o del manga de temática histórica.
Etiquetas:
antología,
Hiroshi Hirata,
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Promesas Rotas
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