Después de largos meses de ausencia, vuelve a este blog la historieta española, y nada menos que de la mano de Víctor Santos, uno de mis autores fetiche. Ojo, este no es el típico comic de Santos, primero porque no tiene nada que ver con la saga de Los Reyes Elfos, ni con el género noir, y segundo porque acá el prócer valenciano no dibuja, sino que se limita a escribir el guión.
La Sangre de las Valkirias, como su nombre lo sugiere, es una de vikingos y sí, tal como sospechás, se podría haber publicado tranquilamente en la revista Northlanders, en la que el maestro Brian Wood revitalizó este atractivo género. Habría que estirarla muy poquito, apenas un pijésimo, y La Sangre... podría ser un arquito de tres episodios de esa inolvidable serie de Vertigo. La trama combina la habitual violencia de estas sagas de sanguinarios guerreros con un misterio muy bien orquestado, sutiles toques de humor (bastante zarpado) y algo de erotismo. La historia arranca cuando el poderoso Harek, cacique de una tribu de implacables vikingos, se decide exterminar a todo el pueblo gobernado por Regner, sólo porque este abrazó la religión cristiana y renunció a Odin, Thor y los demás muchachos de los comics de Marvel. A la hora de llevarse algún souvenir de la aldea devastada por sus guerreros, a Harek se le ocurre llevarse a Dalla, la hija de Regner, y tomarla por esposa, obviamente sin consultarlo con la chica. El trofeo que trajo Harek llamará poderosamente la atención de sus tres hijos varones, mientras su hija mujer será quien mejor se entienda con la joven cautiva.
Ya te imaginás cómo sigue la historia, no? Tres muchachones, un padre ya veterano, una chica que les calienta la pava a los cuatro, una cultura acostumbrada a dirimir cualquier litigio, hasta el más pelotudo, por la vía de los duelos a hachazo limpio... En pocas páginas y con poco texto, Santos urde un intrincado laberinto de lujuria, violencia, poder y muerte, sin buenos ni malos (lo más parecido a un bueno muere en la página 4) y sin ninguna chance de un final feliz. De todos modos, aunque antes de la mitad de la novela intuís que va a terminar todo para el orto, jamás te imaginás cómo va a llegar ese final trágico: ni por la magnitud que cobra, ni por el último giro, el moñito de la anteúltima página, que es tan impredecible como brillante.
No nombré al dibujante, al elegido por Víctor Santos para acompañarlo en esta aventura: se trata de Pere Pérez, un dibujante catalán que hizo varios laburitos menores para DC y ahora está a full en Valiant. Lo que puede verse en este trabajo (de 2009) está bastante en sintonía con lo que publicaba Vertigo en Northlanders: Pérez muestra un estilo bastante crudo, visceral, sin virtuosismos ni pretensiones de elegancia. El trazo es fuerte, vigoroso, casi cabeza, con una línea en la que parece verse el lápiz desnudo, grueso, sin entintar, sin peinar ni bañar para la foto. La narrativa también subraya la potencia y la salvajada de lo que nos muestra la historia, y el color (de Joan Fuster) acompaña perfectamente al dibujo. Buen trabajo de Pérez, tranquilamente al nivel de lo que se ve en cualquier comic de Avatar, que es el sello donde más proliferan los dibujantes salvajes y viscerales.
Si te enganchaste con los vikingos por culpa de Northlanders, esto te va a cebar mal. Si te sumaste a la religión de los que veneramos a Víctor Santos y nos compramos cualquier cosa que lleve su firma, te va a encantar descubrirlo muy afianzado en la faceta de “guionista que escribe para otros”. Y si simplemente buscás una aventura intensa y jodida, con buenas dosis de sangre, tripas y violencia, algo de sexo, runflas malignas, muchas atrocidades y una lograda reconstrucción histórica, La Sangre de las Valkirias seguro te va a sacudir. Son sólo 52 páginas, pero muy impactantes y muy difíciles de olvidar. Háganle un lugarcito a Santos en el Valhalla de la historieta. Lo de este muchacho ya es digno de los dioses más pulenta de todos los tiempos.
viernes, 10 de mayo de 2013
jueves, 9 de mayo de 2013
09/ 05: CIELOALTO
De todas las cosas alucinantes que tiene la historieta, una de las que más me gusta es cómo se mezclan las dimensiones del espacio y el tiempo. En la historieta no existe el tiempo, con lo cual los historietistas despliegan un montón de recursos para suplirlo con el espacio, para mostrar el paso del tiempo de manera espacial. Cuando todo funciona bien, el tiempo y el espacio son lo mismo, y uno entiende sin mayor esfuerzo que lo que está a la izquierda pasa antes que lo que está a la derecha, y lo que está abajo pasa después de lo que está arriba. Este concepto (a priori muy delirante pero perfectamente asimilable en la práctica incluso por los niños) no sólo subyace en la gramática del idioma al que llamamos Historieta (o comic, o como te guste): también motoriza a esta originalísima creación de Diego Agrimbau y Leonardo Pietro, publicada primero “en fetas” por Fierro y más tarde recopilada en un hermoso libro por Agua Negra.
La ciudad de Cieloalto funciona como la historieta: para que el tiempo pase, hay que desplazarse en el espacio. En el barrio en que nacés, vas a ser siempre un nenito. En el de al lado, vas a ser siempre un pibe. En otro, siempre un muchacho, y así, hasta llegar a barrios en los que estás muerto, a los que no te conviene entrar. Es una idea loquísima, a la que Agrimbau le saca un jugo alucinante: Javier Dosaires, el protagonista, va a la escuela en un barrio donde tiene veintipico y se ve ridículo con el guardapolvo blanco. Se levanta a una mina a la que le gusta que le den masa en un galpón... de un barrio donde Javier tiene como 60 años y a duras penas se le para. Juega al futbol en una cancha donde, cuando defiende, tiene 7 años, y cuando ataca, 17.
Guarda: así contado parece gracioso, pero Cieloalto es un relato trágico, de gran contenido dramático. La vida de Javier no es una comedia ochentosa de Michael J. Fox, ni mucho menos. A lo largo de estas 80 páginas lo veremos presenciar todo tipo de injusticias, soportar pérdidas irreparables, sufrir por amor, traicionar sus propios códigos éticos y finalmente, tener la desgracia de sobrevivir a una tragedía de proporciones colosales para ser testigo de la muerte y la destrucción más horrendas. Poco antes de la mitad de la obra, Cieloalto se empieza a convertir lentamente en el escenario de una guerra civil cruenta, sin cuartel, entre los “permanentes” (los que tienen el poder de conservar siempre la misma edad mientras no cambien de barrio) y los “viajantes”, que son como nosotros, es decir, no cambian de edad según los desplazamientos espaciales, sino a medida que pasa el tiempo.
No quiero contar mucho más de la trama, porque si no la leíste quiero que te sorprendas como me sorprendí yo con los giros impredecibles que le pega Agrimbau a la historia de Javier y de esta bizarra ciudad. Simplemente quiero dejar sentado que por ahí el final no es todo lo grosso que uno esperaba, pero es coherente y sobre todo no es traído de los pelos. Para la página 33, el guionista ya tira puntas de cómo va a terminar todo en la última secuencia.
El dibujo de Pietro es excelente, sumamente expresivo, con una gran atención por los detalles y con menos viñetas por página que en Fergus, su otra obra en conjunto con Agrimbau. El dibujante tiene la imperiosa necesidad de dotar a los personajes de rasgos muy claros, muy marcados, que le permitan al lector identificarlos en 7 u 8 etapas distintas de sus vidas. No es fácil hacer esto sin caer en el grotesco, en la caricatura de brocha gruesa, pero Pietro lo logra con creces. Si leíste Cieloalto en la Fierro, seguramente recordás que había pocos fondos y que el color era un empaste tirando a horripilante. Olvidate: para esta edición, Pietro agregó bochas de fondos y acá el color se ve maravilloso, repleto de matices y sutilezas, dentro de una paleta más tranqui, menos estridente que la que vimos en Fergus. Otro laburo formidable de este talentoso dibujante argentino, merecedor de infinita más chapa de la que tiene hoy entre los fans.
No te dejes amedrentar por esa portada amarga y pecho frío: Cieloalto es una historia arriesgada, intensa, atrapante, basada en una idea demasiado zarpada para ser real y adornada con buenos diálogos, hermosos bloques de texto, situaciones muy variadas (de la comedia al drama, del erotismo light a la crónica de una masacre hardcore) y unos dibujos de primer nivel. Cieloalto, la ciudad que funciona como la historieta, le hace alto honor al arte que más nos gusta. No dejes de visitarla.
La ciudad de Cieloalto funciona como la historieta: para que el tiempo pase, hay que desplazarse en el espacio. En el barrio en que nacés, vas a ser siempre un nenito. En el de al lado, vas a ser siempre un pibe. En otro, siempre un muchacho, y así, hasta llegar a barrios en los que estás muerto, a los que no te conviene entrar. Es una idea loquísima, a la que Agrimbau le saca un jugo alucinante: Javier Dosaires, el protagonista, va a la escuela en un barrio donde tiene veintipico y se ve ridículo con el guardapolvo blanco. Se levanta a una mina a la que le gusta que le den masa en un galpón... de un barrio donde Javier tiene como 60 años y a duras penas se le para. Juega al futbol en una cancha donde, cuando defiende, tiene 7 años, y cuando ataca, 17.
Guarda: así contado parece gracioso, pero Cieloalto es un relato trágico, de gran contenido dramático. La vida de Javier no es una comedia ochentosa de Michael J. Fox, ni mucho menos. A lo largo de estas 80 páginas lo veremos presenciar todo tipo de injusticias, soportar pérdidas irreparables, sufrir por amor, traicionar sus propios códigos éticos y finalmente, tener la desgracia de sobrevivir a una tragedía de proporciones colosales para ser testigo de la muerte y la destrucción más horrendas. Poco antes de la mitad de la obra, Cieloalto se empieza a convertir lentamente en el escenario de una guerra civil cruenta, sin cuartel, entre los “permanentes” (los que tienen el poder de conservar siempre la misma edad mientras no cambien de barrio) y los “viajantes”, que son como nosotros, es decir, no cambian de edad según los desplazamientos espaciales, sino a medida que pasa el tiempo.
No quiero contar mucho más de la trama, porque si no la leíste quiero que te sorprendas como me sorprendí yo con los giros impredecibles que le pega Agrimbau a la historia de Javier y de esta bizarra ciudad. Simplemente quiero dejar sentado que por ahí el final no es todo lo grosso que uno esperaba, pero es coherente y sobre todo no es traído de los pelos. Para la página 33, el guionista ya tira puntas de cómo va a terminar todo en la última secuencia.
El dibujo de Pietro es excelente, sumamente expresivo, con una gran atención por los detalles y con menos viñetas por página que en Fergus, su otra obra en conjunto con Agrimbau. El dibujante tiene la imperiosa necesidad de dotar a los personajes de rasgos muy claros, muy marcados, que le permitan al lector identificarlos en 7 u 8 etapas distintas de sus vidas. No es fácil hacer esto sin caer en el grotesco, en la caricatura de brocha gruesa, pero Pietro lo logra con creces. Si leíste Cieloalto en la Fierro, seguramente recordás que había pocos fondos y que el color era un empaste tirando a horripilante. Olvidate: para esta edición, Pietro agregó bochas de fondos y acá el color se ve maravilloso, repleto de matices y sutilezas, dentro de una paleta más tranqui, menos estridente que la que vimos en Fergus. Otro laburo formidable de este talentoso dibujante argentino, merecedor de infinita más chapa de la que tiene hoy entre los fans.
No te dejes amedrentar por esa portada amarga y pecho frío: Cieloalto es una historia arriesgada, intensa, atrapante, basada en una idea demasiado zarpada para ser real y adornada con buenos diálogos, hermosos bloques de texto, situaciones muy variadas (de la comedia al drama, del erotismo light a la crónica de una masacre hardcore) y unos dibujos de primer nivel. Cieloalto, la ciudad que funciona como la historieta, le hace alto honor al arte que más nos gusta. No dejes de visitarla.
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miércoles, 8 de mayo de 2013
08/ 05: POWERS Vol.3
Retomo esta serie que tenía abandonada hace más de 10 años. Me acordaba poco: que los protagonistas eran un tipo y una mina policías, que investigaban asesinatos en un mundo tipo Astro City, donde los superhéroes son cosa de todos los días, y que capaz que uno de ellos dos tenía superpoderes, aunque no los blanqueaba. Por suerte, no hacía falta recordar nada más para entender lo que pasa en este tomo.
Por desgracia, lo que pasa en este tomo es UN DESASTRE, una garcha, una tomadura de pelo. El libro arranca con un arco de tres episodios que se podría haber contado en uno, y que encima... no se resuelve! En el medio de la investigación, cuando Deena y Christian parecen haber encontrado a la testigo clave, la historia se interrumpe y queda ahí, trunca. Me salteo una historia a la que le quiero dedicar un próximo párrafo y llego a las 13 páginas de la historia titulada The Shark, una anécdota sumamente nimia e intrascendente, aunque hábilmente estirada por Brian Michael Bendis con los diálogos. Después, un montón de páginas que no son historietas, sino largos textos que fingen ser la transcripción de un juicio oral, intercalados con ilustraciones en blanco y negro de Michael Avon Oeming. Un juicio oral es aburrido incluso si te lo cuentan en forma de historieta... imaginate una transcripción en formato “solo texto”. A dormir al tercer párrafo.
Lo que le sigue es aún más ladri: 20 páginas en blanco y negro que fingen ser un librito para que los chicos coloreen, dibujen y resuelvan acertijos, laberintos y boludeces varias. De verdad! Los dibujos de Oeming mínimamente la reman, pero es un choreo a mano armada, mal. De ahí nos vamos a Mall Outing, la primera historieta que hicieron juntos Bendis y Oeming, para un especial de Jinx. Son cuatro paginitas, nomás, muy bien dibujadas y con un guión totalmente predecible y efectista, sin más intención que la de impactar a como dé lugar. Y para el final, bocetos de Oeming, portadas y una muy buena entrevista a Bendis, realizada por Alex Hamby.
Y me queda para rescatar Ride Along, la historieta de 25 páginas en las que Christian Walker comparte el protagonismo con... Warren Ellis! El eximio guionista del mundo real se mete en una ficción y durante las primeras 10 páginas la rompe con unos diálogos brillantes, en los que baja línea a ocho manos acerca de la industria del comic yanki, su desmesurada dependencia de los superhéroes y demás tópicos espinosos en los que coincido 100% con Ellis (y sospecho que Bendis también, aunque no le convenga blanquearlo). Pero claro, en las 15 páginas restantes se supone que tiene que pasar algo y ahí, como el resto del tomo, Ride Along se sumerge de a poquito en el pantano de la intrascendencia, sin la más remota chance de que uno se enganche con lo que le está por suceder a los personajes.
¿Por qué uno no pide demasiadas veces que esto se termine rápido? Primero, por lo ya mencionado: la habilidad de Bendis para pilotear con buenos diálogos estas historias más estiradas y con menos fundamento que las cautelares que benefician a Clarín y La Nación. Y segundo, la muy buena labor de Oeming al frente de la faz gráfica, con un estilo lindo, suelto, sin estridencias ni virtuosismos, muy jugado a la narrativa, a controlar obsesivamente los tiempos del relato mediante jueguitos con los tamaños de las viñetas, la reiteración de fondos y personajes, etc. Por supuesto, Oeming se luce mucho en esos dibujos que hacen las veces de fotos en ese episodio que quiere parecerse a una revista, y en esas ilustraciones en blanco y negro que fingen ser retratos de los implicados en el juicio oral. Liberado de los abundantes diálogos que mete Bendis y de la grilla de 146.000 viñetas por página, el dibujante aprovecha para pelar, para zarparse, para divertirse. Y está muy bien si no fuera porque uno pretendía leer buenas historietas, no mirar buenos dibujos.
Menos mal que tengo ya comprado el Vol.4 y menos mal que tengo mucha fe, casi la certeza de que esto va a repuntar. Si no, te juro que colgaba la serie acá y a la mierda Powers.
Por desgracia, lo que pasa en este tomo es UN DESASTRE, una garcha, una tomadura de pelo. El libro arranca con un arco de tres episodios que se podría haber contado en uno, y que encima... no se resuelve! En el medio de la investigación, cuando Deena y Christian parecen haber encontrado a la testigo clave, la historia se interrumpe y queda ahí, trunca. Me salteo una historia a la que le quiero dedicar un próximo párrafo y llego a las 13 páginas de la historia titulada The Shark, una anécdota sumamente nimia e intrascendente, aunque hábilmente estirada por Brian Michael Bendis con los diálogos. Después, un montón de páginas que no son historietas, sino largos textos que fingen ser la transcripción de un juicio oral, intercalados con ilustraciones en blanco y negro de Michael Avon Oeming. Un juicio oral es aburrido incluso si te lo cuentan en forma de historieta... imaginate una transcripción en formato “solo texto”. A dormir al tercer párrafo.
Lo que le sigue es aún más ladri: 20 páginas en blanco y negro que fingen ser un librito para que los chicos coloreen, dibujen y resuelvan acertijos, laberintos y boludeces varias. De verdad! Los dibujos de Oeming mínimamente la reman, pero es un choreo a mano armada, mal. De ahí nos vamos a Mall Outing, la primera historieta que hicieron juntos Bendis y Oeming, para un especial de Jinx. Son cuatro paginitas, nomás, muy bien dibujadas y con un guión totalmente predecible y efectista, sin más intención que la de impactar a como dé lugar. Y para el final, bocetos de Oeming, portadas y una muy buena entrevista a Bendis, realizada por Alex Hamby.
Y me queda para rescatar Ride Along, la historieta de 25 páginas en las que Christian Walker comparte el protagonismo con... Warren Ellis! El eximio guionista del mundo real se mete en una ficción y durante las primeras 10 páginas la rompe con unos diálogos brillantes, en los que baja línea a ocho manos acerca de la industria del comic yanki, su desmesurada dependencia de los superhéroes y demás tópicos espinosos en los que coincido 100% con Ellis (y sospecho que Bendis también, aunque no le convenga blanquearlo). Pero claro, en las 15 páginas restantes se supone que tiene que pasar algo y ahí, como el resto del tomo, Ride Along se sumerge de a poquito en el pantano de la intrascendencia, sin la más remota chance de que uno se enganche con lo que le está por suceder a los personajes.
¿Por qué uno no pide demasiadas veces que esto se termine rápido? Primero, por lo ya mencionado: la habilidad de Bendis para pilotear con buenos diálogos estas historias más estiradas y con menos fundamento que las cautelares que benefician a Clarín y La Nación. Y segundo, la muy buena labor de Oeming al frente de la faz gráfica, con un estilo lindo, suelto, sin estridencias ni virtuosismos, muy jugado a la narrativa, a controlar obsesivamente los tiempos del relato mediante jueguitos con los tamaños de las viñetas, la reiteración de fondos y personajes, etc. Por supuesto, Oeming se luce mucho en esos dibujos que hacen las veces de fotos en ese episodio que quiere parecerse a una revista, y en esas ilustraciones en blanco y negro que fingen ser retratos de los implicados en el juicio oral. Liberado de los abundantes diálogos que mete Bendis y de la grilla de 146.000 viñetas por página, el dibujante aprovecha para pelar, para zarparse, para divertirse. Y está muy bien si no fuera porque uno pretendía leer buenas historietas, no mirar buenos dibujos.
Menos mal que tengo ya comprado el Vol.4 y menos mal que tengo mucha fe, casi la certeza de que esto va a repuntar. Si no, te juro que colgaba la serie acá y a la mierda Powers.
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martes, 7 de mayo de 2013
07/ 05: BY THE NUMBERS
By the Numbers no existe. Es un título totalmente frutihortícola, inventado por un yanki que se cree muy listo, bajo el cual se publicaron en EEUU los dos primeros álbumes de La Vie de Victor Levallois, una serie que en Francia tuvo apenas cuatro tomos, aparecidos de modo muy espaciado entre 1990 y 2004. Creada por el guionista Laurent Rullier y el dibujante Stanislas (uno de los fundadores de L´Association, a quien ya vimos por estos lares), La Vie de Victor Levallois nos invita a rememorar las peripecias vividas allá por 1949-50 de un tímido y formal asistente de contaduría parisino al que la vida transplanta a un contexto totalmente distinto.
Lo mejor que tiene la serie es que se nota mucho que Rullier y Stanislas no crean a Victor como el enésimo clon de Tintin, el muchacho aventurero que hoy anda por Vietnam, mañana por el Congo y pasado por el Amazonas. La línea clara, la estructura del primer álbum, hasta las portadas parecen sugerir que se trata de un personaje más en esa ilustre tradición franco-belga, pero cuando lo leés, rápidamente te cae la ficha de que es al revés: a Rullier lo obsesionaba el tema de Indochina, de los franceses metidos en ese hervidero que en los ´50 sería Vietnam, y simplemente buscó un personaje al que insertar en ese contexto, tan rico como poco explorado por la historieta francófona. Como el principal atractivo que tenía Indochina para los franceses de fines de los ´40 era la guita fácil que podía obtenerse mediante un no tan sofisticado curro legal, el guionista se decide por un asistente de contaduría, al que con el correr de las páginas veremos evolucionar, crecer muchísimo y convertirse en mucho más que ese pibe tímido preocupado por los balances y los movimientos de caja.
El primer álbum, Trafic en Indochine, arranca bárbaro y se cae un poquito al final: la resolución es un tanto simplista y no se explica por qué Victor se olvida por completo de su vida anterior, de la encantadora novia que dejó en París, y se zambulle de cabeza en esta remota y extraña sociedad en la que tendrá que codearse con malvivientes de toda índole para salvar el pellejo. El segundo, La Route de Cao Bang, es muchísimo más redondo, más potente, más relevante. Con el elenco ficticio ya presentado, Rullier se juega a meter mucho más a la realidad, a los verdaderos hechos históricos que sacudieron a esa región en 1950, cuando todavía se llamaba Indochina Francesa y estaba en medio de una guerra que sería barrida abajo de la alfombra simplemente porque luego vendrían guerras más terribles (la de Argelia para Francia y la de Vietnam para los locales). O sea que, además de atraparte con las peripecias que vive Victor, su fatídica historia de amor, los tremendos kilombos en los que se mete por rosquear con gente muy pesada y demás, Rullier y Stanislas nos hacen vivir situaciones históricas reales, perfectamente documentadas y perfectamente integradas a la saga ficticia en la que nos sumergieron desde la primera página.
El dibujo de Stanislas (ya lo dije en la reseña del 16/05/12) me recordó instantáneamente al de Pablo Zweig. No al Zweig de los ´90, sino al de ahora. Y claro, la influencia principal es la de Hergé, que está presente en todo, en cada fondo, en cada plano, casi en cada trazo. La puesta en página tiene sutiles toques: Stanislas rompe de vez en cuando la grilla de cuatro tiras para pasarse a una de cinco, con viñetas más chiquitas, y lo hace cuando tiene que mostrar que están pasando muchísimas cosas a gran velocidad. En el color, no hay ni una pincelada que lo aleje del planteo estético del maestro, aunque en el trazo en sí, se pueden observar cositas heredadas de Yves Chaland, uno de los grandes renovadores de la línea clara. Pero son detallitos (los nudillos, por ejemplo). En casi toda la faceta visual de la obra, Stanislas se siente cómodo respetando a rajatabla los preceptos gráficos y narrativos de Hergé y de sus seguidores más fieles, que en aquel entonces todavía eran unos cuantos.
No sé para dónde irá la historia de Victor Levallois en los dos tomos que faltan, que obviamente no se editaron en EEUU. Lo que más me interesó de estos dos primeros es cómo una serie que pintaba para el lado de la aventura exótica terminó por lucirse en el terreno de la aventura histórica. Eso y el notable desarrollo del personaje protagónico, que junta expieriencia y chapa página a página, a medida que se las ve realmente fuleras. Dicen que Rullier y Stanislas crearon estos primeros álbumes cuando eran muy jóvenes y que en las posteriores reediciones metieron muchos retoques para corregir errores. La verdad, en esta versión se ve todo muy, muy bien, sumamente prolijo y profesional. La única forma de no engancharse con esto es que no te guste el comic de aventuras, o que tengas una particular aversión por la línea clara clásica, que es el paradigma desde el que dibuja Stanislas Barthélémy. Si no, estoy seguro de que vas a querer hacerte amigo de Victor y bancarlo en todas.
Lo mejor que tiene la serie es que se nota mucho que Rullier y Stanislas no crean a Victor como el enésimo clon de Tintin, el muchacho aventurero que hoy anda por Vietnam, mañana por el Congo y pasado por el Amazonas. La línea clara, la estructura del primer álbum, hasta las portadas parecen sugerir que se trata de un personaje más en esa ilustre tradición franco-belga, pero cuando lo leés, rápidamente te cae la ficha de que es al revés: a Rullier lo obsesionaba el tema de Indochina, de los franceses metidos en ese hervidero que en los ´50 sería Vietnam, y simplemente buscó un personaje al que insertar en ese contexto, tan rico como poco explorado por la historieta francófona. Como el principal atractivo que tenía Indochina para los franceses de fines de los ´40 era la guita fácil que podía obtenerse mediante un no tan sofisticado curro legal, el guionista se decide por un asistente de contaduría, al que con el correr de las páginas veremos evolucionar, crecer muchísimo y convertirse en mucho más que ese pibe tímido preocupado por los balances y los movimientos de caja.
El primer álbum, Trafic en Indochine, arranca bárbaro y se cae un poquito al final: la resolución es un tanto simplista y no se explica por qué Victor se olvida por completo de su vida anterior, de la encantadora novia que dejó en París, y se zambulle de cabeza en esta remota y extraña sociedad en la que tendrá que codearse con malvivientes de toda índole para salvar el pellejo. El segundo, La Route de Cao Bang, es muchísimo más redondo, más potente, más relevante. Con el elenco ficticio ya presentado, Rullier se juega a meter mucho más a la realidad, a los verdaderos hechos históricos que sacudieron a esa región en 1950, cuando todavía se llamaba Indochina Francesa y estaba en medio de una guerra que sería barrida abajo de la alfombra simplemente porque luego vendrían guerras más terribles (la de Argelia para Francia y la de Vietnam para los locales). O sea que, además de atraparte con las peripecias que vive Victor, su fatídica historia de amor, los tremendos kilombos en los que se mete por rosquear con gente muy pesada y demás, Rullier y Stanislas nos hacen vivir situaciones históricas reales, perfectamente documentadas y perfectamente integradas a la saga ficticia en la que nos sumergieron desde la primera página.
El dibujo de Stanislas (ya lo dije en la reseña del 16/05/12) me recordó instantáneamente al de Pablo Zweig. No al Zweig de los ´90, sino al de ahora. Y claro, la influencia principal es la de Hergé, que está presente en todo, en cada fondo, en cada plano, casi en cada trazo. La puesta en página tiene sutiles toques: Stanislas rompe de vez en cuando la grilla de cuatro tiras para pasarse a una de cinco, con viñetas más chiquitas, y lo hace cuando tiene que mostrar que están pasando muchísimas cosas a gran velocidad. En el color, no hay ni una pincelada que lo aleje del planteo estético del maestro, aunque en el trazo en sí, se pueden observar cositas heredadas de Yves Chaland, uno de los grandes renovadores de la línea clara. Pero son detallitos (los nudillos, por ejemplo). En casi toda la faceta visual de la obra, Stanislas se siente cómodo respetando a rajatabla los preceptos gráficos y narrativos de Hergé y de sus seguidores más fieles, que en aquel entonces todavía eran unos cuantos.
No sé para dónde irá la historia de Victor Levallois en los dos tomos que faltan, que obviamente no se editaron en EEUU. Lo que más me interesó de estos dos primeros es cómo una serie que pintaba para el lado de la aventura exótica terminó por lucirse en el terreno de la aventura histórica. Eso y el notable desarrollo del personaje protagónico, que junta expieriencia y chapa página a página, a medida que se las ve realmente fuleras. Dicen que Rullier y Stanislas crearon estos primeros álbumes cuando eran muy jóvenes y que en las posteriores reediciones metieron muchos retoques para corregir errores. La verdad, en esta versión se ve todo muy, muy bien, sumamente prolijo y profesional. La única forma de no engancharse con esto es que no te guste el comic de aventuras, o que tengas una particular aversión por la línea clara clásica, que es el paradigma desde el que dibuja Stanislas Barthélémy. Si no, estoy seguro de que vas a querer hacerte amigo de Victor y bancarlo en todas.
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lunes, 6 de mayo de 2013
06/ 05: ANYA´S GHOST
Vamos con una papita fina reciente, una novela gráfica de 2011 y además la primera obra extensa de Vera Brosgol, esta joven autora nacida hace 29 años en Moscú y radicada desde muy chica en los EEUU, a la que hasta ahora sólo habíamos visto en historias cortas.
Lo único medio choto que tiene Anya´s Ghost es que parece confirmar la existencia del subgénero “novelas gráficas en blanco y negro, aptas para todo público, de ambientación suburbana, protagonizadas por chicas adolescentes pertenecientes a minorías étnicas o con problemas de adaptación a la típica escuela secundaria yanki, narradas en tono de comedia, casi siempre centradas en el slice of life y a veces con elementos fantásticos, dibujadas en estilos semi-funny, con una línea limpita y fácil de llevar a la animación”, subgénero que jugó de local en la efímera línea Minx de DC y que incluso sobrevivió a la desaparición de la misma, como vimos en Diciembre del año pasado con Friends With Boys, de la canadiense Faith Erin Hicks.
Los puntos en común con dicha obra son tantos, que recomiendo enfáticamente releer la reseña, publicada el 07/12/12. Incluso el fantasma, el misterio acerca de la muerte de esa persona que hoy es un alma en pena, los secretos semi-enterrados en el pasado de un pueblito... Si no son obras gemelas es porque el elenco de personajes secundarios tienen menos similitudes y porque en la página 153, Anya´s Ghost pega un giro magistral y totalmente impredecible, que la despega totalmente de cualquier otra historieta parecida. La obra de Brosgol tiene apenas 10 páginas más que la de Hicks, pero parece más extensa porque los personajes hablan bastante menos y pasan menos cosas, es un relato claramente más descomprimido.
El dibujo de Brosgol es perfecto, demasiado bueno para ser real. La rusa/yanki tira sobre la página todo su background en el campo de la animación, gracias al cual sus personajes son sumamente expresivos, plásticos, con movimientos y gestos que parecen reales a pesar de estar dibujados en un estilo semi-funny. La vista fluye con total comodidad por las páginas, las secuencias están armadas con solvencia y con gran atractivo, los fondos están siempre que tienen que estar y el agregado de un tercer color (un gris violáceo al que Brosgol le saca 8.000 tonalidades distintas) suma muchísimo a la hora del equilibrio entre masas negras y espacios blancos y a la hora de los climas, que por momentos se ponen ominosos y heavies, para luego dar paso a nuevas escenas en las que manda la típica comedia light de escuela secundaria.
Y a todo esto, ¿el guión está bueno? Sí, excelente. Los diálogos están afiladísimos, los conflictos son creíbles (incluso el fantasma es creíble), el personaje de Anya está laburadísimo y –lo más interesante- el ritmo es alucinante, no decae nunca, en ningún momento te ofrece la posibilidad de decir “hasta acá llego” y cerrar el libro antes de llegar a la última página. Cuando la cosa se pone espesa, Brosgol se las ingenia para que sientas que está todo realmente mal y se viene la noche posta, y en todo el extenso tramo sin elementos fantásticos, logra que todos los clichés que ya viste en infinitas series, películas y comics de adolescentes yankis que van a la secundaria se sientan frescos, gancheros y sobre todo genuinos. Si algún personaje te resulta medio pavo es, precisamente, porque están en la edad del pavo. Y sin embargo, Brosgol no verduguea en forma desmedida a ninguno, ni siquiera a los que hacen cosas que a todas luces pueden dañar a sus semejantes. La autora no juzga a sus creaciones, las deja ser, hacer y crecer, y eso es un mérito inmenso.
Y ya está: después del combo Friends With Boys + Anya´s Ghost, me bajo del subgénero. Veré cómo hago, pero la próxima vez que First Second ofrezca una novela gráfica de una autora joven, con onda de comedia juvenil y protagonista adolescente, voy a aprovechar que la Naturaleza me dotó generosamente para ese rol y me voy a hacer bien el boludo. Pero claro, después sale algún autor grosso a decir que la nueva obra del subgénero es una obra maestra (como hizo Neil Gaiman con Anya´s Ghost), y uno cae de nuevo en la trampa. Ojo: son historietas hermosas, sumamente disfrutables, más allá de que uno no sea mujer ni adolescente. El tema es que si las autoras se ceban mal con esta onda y no se mueven de ahí, corren el riesgo de quedarse estancadas, de repetir la formulita hasta aburrir, lo cual sería un bajón, porque son minas jóvenes, de indiscutible talento y un techo todavía lejano. Veremos para dónde agarra Vera Brosgol en su próximo trabajo, que ojalá se edite pronto.
Lo único medio choto que tiene Anya´s Ghost es que parece confirmar la existencia del subgénero “novelas gráficas en blanco y negro, aptas para todo público, de ambientación suburbana, protagonizadas por chicas adolescentes pertenecientes a minorías étnicas o con problemas de adaptación a la típica escuela secundaria yanki, narradas en tono de comedia, casi siempre centradas en el slice of life y a veces con elementos fantásticos, dibujadas en estilos semi-funny, con una línea limpita y fácil de llevar a la animación”, subgénero que jugó de local en la efímera línea Minx de DC y que incluso sobrevivió a la desaparición de la misma, como vimos en Diciembre del año pasado con Friends With Boys, de la canadiense Faith Erin Hicks.
Los puntos en común con dicha obra son tantos, que recomiendo enfáticamente releer la reseña, publicada el 07/12/12. Incluso el fantasma, el misterio acerca de la muerte de esa persona que hoy es un alma en pena, los secretos semi-enterrados en el pasado de un pueblito... Si no son obras gemelas es porque el elenco de personajes secundarios tienen menos similitudes y porque en la página 153, Anya´s Ghost pega un giro magistral y totalmente impredecible, que la despega totalmente de cualquier otra historieta parecida. La obra de Brosgol tiene apenas 10 páginas más que la de Hicks, pero parece más extensa porque los personajes hablan bastante menos y pasan menos cosas, es un relato claramente más descomprimido.
El dibujo de Brosgol es perfecto, demasiado bueno para ser real. La rusa/yanki tira sobre la página todo su background en el campo de la animación, gracias al cual sus personajes son sumamente expresivos, plásticos, con movimientos y gestos que parecen reales a pesar de estar dibujados en un estilo semi-funny. La vista fluye con total comodidad por las páginas, las secuencias están armadas con solvencia y con gran atractivo, los fondos están siempre que tienen que estar y el agregado de un tercer color (un gris violáceo al que Brosgol le saca 8.000 tonalidades distintas) suma muchísimo a la hora del equilibrio entre masas negras y espacios blancos y a la hora de los climas, que por momentos se ponen ominosos y heavies, para luego dar paso a nuevas escenas en las que manda la típica comedia light de escuela secundaria.
Y a todo esto, ¿el guión está bueno? Sí, excelente. Los diálogos están afiladísimos, los conflictos son creíbles (incluso el fantasma es creíble), el personaje de Anya está laburadísimo y –lo más interesante- el ritmo es alucinante, no decae nunca, en ningún momento te ofrece la posibilidad de decir “hasta acá llego” y cerrar el libro antes de llegar a la última página. Cuando la cosa se pone espesa, Brosgol se las ingenia para que sientas que está todo realmente mal y se viene la noche posta, y en todo el extenso tramo sin elementos fantásticos, logra que todos los clichés que ya viste en infinitas series, películas y comics de adolescentes yankis que van a la secundaria se sientan frescos, gancheros y sobre todo genuinos. Si algún personaje te resulta medio pavo es, precisamente, porque están en la edad del pavo. Y sin embargo, Brosgol no verduguea en forma desmedida a ninguno, ni siquiera a los que hacen cosas que a todas luces pueden dañar a sus semejantes. La autora no juzga a sus creaciones, las deja ser, hacer y crecer, y eso es un mérito inmenso.
Y ya está: después del combo Friends With Boys + Anya´s Ghost, me bajo del subgénero. Veré cómo hago, pero la próxima vez que First Second ofrezca una novela gráfica de una autora joven, con onda de comedia juvenil y protagonista adolescente, voy a aprovechar que la Naturaleza me dotó generosamente para ese rol y me voy a hacer bien el boludo. Pero claro, después sale algún autor grosso a decir que la nueva obra del subgénero es una obra maestra (como hizo Neil Gaiman con Anya´s Ghost), y uno cae de nuevo en la trampa. Ojo: son historietas hermosas, sumamente disfrutables, más allá de que uno no sea mujer ni adolescente. El tema es que si las autoras se ceban mal con esta onda y no se mueven de ahí, corren el riesgo de quedarse estancadas, de repetir la formulita hasta aburrir, lo cual sería un bajón, porque son minas jóvenes, de indiscutible talento y un techo todavía lejano. Veremos para dónde agarra Vera Brosgol en su próximo trabajo, que ojalá se edite pronto.
domingo, 5 de mayo de 2013
05/ 05: DORA Vol.2
Hace casi tres años, el 10 de Mayo de 2010, me tocó reseñar el primer tomo de esta serie de Ignacio Minaverry. Recomiendo repasar ese textículo y después volver a este. ¿Ya está? Bien.
Noto muchos cambios entre el tomo anterior y este, y no me parece que sean para mejor. Primero, esta vez Dora no viaja por distintos lugares. Toda la acción transcurre en Bobigny, aquel suburbio de París por el que la protagonista había pasado en uno de los tramos del vol.1, casualmente aquel en el que menos cosas sucedían. Segundo, la trama de espionaje, de los nazis en Argentina y demás, se desactiva por completo. Dora sigue adelante con su archivo sobre el Tercer Reich, pero no investiga, no fisgonea, no se involucra en ninguna actividad relacionada con la captura de ningún criminal nazi. Tercero, a mí me parecía inteligente por parte de Minaverry no resolver el enigma de la sexualidad de Dora, mantenerla en el terreno de la ambigüedad. Y se acabó la ambigüedad: acá la protagonista blanquea abiertamente que nunca le gustaron los varones, mientras dedica no pocas viñetas a retozar con Geneviéve, la chica gitana que está de vuelta de todo.
Eliminada la faceta del espionaje, la saga de Dora se convierte en una especie de versión alternativa de las historietas de Jaime Hernandez, donde las chicas no viven en un barrio latino de Los Angeles, sino en un suburbio de clase media-baja de París, y en vez de estar ambientada a principios de los ´80, se va 20 años antes. Posta, los roles de Dora, Odile y Geneviéve por momentos me recordaron muchísimo a los de Maggie, Penny y Hopey, aunque sin el rock´n roll estridente y cabeza que escuchaban las “locas” de Hoppers. Dentro del contexto del slice of life pachorro y suburbano, Minaverry se mueve con mucha soltura. Define muy bien un contexto sociopolítico espeso (la disyuntiva que divide a los franceses respecto de Argelia y los argelinos), explora el tema de la sexualidad alternativa, se mete con la pobreza, con el aborto, con amores no correspondidos... toda esa faceta presente en el vol.1 de ilusiones, sueños, vitalidad y candor sigue viva en las protagonistas del segundo tomo aunque claro, encauzadas hacia otro lado, porque el tema de la cacería de nazis se reactiva muy tibiamente recién en la segunda mitad del libro, cuando Dora conoce a Beatrice Roubini, un personaje todavía menor, cuyo peso en la trama crecerá –sospecho- en un próximo arco argumental.
Lo mejor que tiene este tomo de Dora es el trabajo de caracterización, la forma en la que Minaverry nos invita a conocer, entender y querer a estas tres chicas y la forma en las que las define de modo cristalino, como seres tridimensionales, perfectamente diferenciables. Olvidate del título de la obra: Dora, Odile y Geneviéve se reparten el protagonismo en partes iguales, cada una con sus mambos, sus recuerdos, sus silencios y sus fantasmas. Tan repartido está el protagonismo que Dora es la última del trío principal en sumar personajes secundarios propios, que interactúen sólo con ella. Las tres tienen sus momentos memorables, sus secuencias definitivas, e incluso sus escenas de sexo (Dora y Geneviéve las comparten), plasmadas de modo muy fino, muy elegante, sin ninguna intención de calentar pijas o humedecer conchas.
Cuando pasa poco, cuando el guión nos invita a contemplar, cuando tienen tanto peso las emociones y –por ende- las expresiones faciales, cuando hay un esfuerzo por hacer sutil y delicado lo que habitualmente es más impactante o incluso más grotesco, se luce inevitablemente el dibujo. Y en este rubro sí, me parece que Minaverry supera el alto standard del tomo anterior: lo veo más suelto, más canchero, más seguro de que lo que vamos a ver en la página es exactamente lo que él imaginó en su mente. De nuevo, tenemos un gran trabajo de fondos, de lenguaje facial y corporal, de detalles increíbles en la ambientación, un manejo formidable del claroscuro, con esporádicos y sutiles toques de color o de masas grises incorporadas con la computadora, un timing perfecto para la elaboración de las secuencias, especialmente las mudas, gran variedad de tipografías manuales... Un placer absoluto, un inagotable catálogo de hallazgos desparramados a lo largo de más de 120 páginas de agradabilísima lectura.
Ahora, a esperar que Minaverry se lance a la publicación de una tercera entrega de Dora (supongo que previa serailización “en fetas” en las páginas de Fierro) y que retome la faceta detectivesca de la serie, que sin duda la enriquecía y le daba mucho más sentido de “esto está yendo hacia algún lado”. No pretendo una de James Bond con minitas, pero sí sacudir un poco la modorra del slice of life y recuperar ese amplio abanico de sensaciones que nos transmitió Minaverry en aquel consagratorio primer tomo.
Noto muchos cambios entre el tomo anterior y este, y no me parece que sean para mejor. Primero, esta vez Dora no viaja por distintos lugares. Toda la acción transcurre en Bobigny, aquel suburbio de París por el que la protagonista había pasado en uno de los tramos del vol.1, casualmente aquel en el que menos cosas sucedían. Segundo, la trama de espionaje, de los nazis en Argentina y demás, se desactiva por completo. Dora sigue adelante con su archivo sobre el Tercer Reich, pero no investiga, no fisgonea, no se involucra en ninguna actividad relacionada con la captura de ningún criminal nazi. Tercero, a mí me parecía inteligente por parte de Minaverry no resolver el enigma de la sexualidad de Dora, mantenerla en el terreno de la ambigüedad. Y se acabó la ambigüedad: acá la protagonista blanquea abiertamente que nunca le gustaron los varones, mientras dedica no pocas viñetas a retozar con Geneviéve, la chica gitana que está de vuelta de todo.
Eliminada la faceta del espionaje, la saga de Dora se convierte en una especie de versión alternativa de las historietas de Jaime Hernandez, donde las chicas no viven en un barrio latino de Los Angeles, sino en un suburbio de clase media-baja de París, y en vez de estar ambientada a principios de los ´80, se va 20 años antes. Posta, los roles de Dora, Odile y Geneviéve por momentos me recordaron muchísimo a los de Maggie, Penny y Hopey, aunque sin el rock´n roll estridente y cabeza que escuchaban las “locas” de Hoppers. Dentro del contexto del slice of life pachorro y suburbano, Minaverry se mueve con mucha soltura. Define muy bien un contexto sociopolítico espeso (la disyuntiva que divide a los franceses respecto de Argelia y los argelinos), explora el tema de la sexualidad alternativa, se mete con la pobreza, con el aborto, con amores no correspondidos... toda esa faceta presente en el vol.1 de ilusiones, sueños, vitalidad y candor sigue viva en las protagonistas del segundo tomo aunque claro, encauzadas hacia otro lado, porque el tema de la cacería de nazis se reactiva muy tibiamente recién en la segunda mitad del libro, cuando Dora conoce a Beatrice Roubini, un personaje todavía menor, cuyo peso en la trama crecerá –sospecho- en un próximo arco argumental.
Lo mejor que tiene este tomo de Dora es el trabajo de caracterización, la forma en la que Minaverry nos invita a conocer, entender y querer a estas tres chicas y la forma en las que las define de modo cristalino, como seres tridimensionales, perfectamente diferenciables. Olvidate del título de la obra: Dora, Odile y Geneviéve se reparten el protagonismo en partes iguales, cada una con sus mambos, sus recuerdos, sus silencios y sus fantasmas. Tan repartido está el protagonismo que Dora es la última del trío principal en sumar personajes secundarios propios, que interactúen sólo con ella. Las tres tienen sus momentos memorables, sus secuencias definitivas, e incluso sus escenas de sexo (Dora y Geneviéve las comparten), plasmadas de modo muy fino, muy elegante, sin ninguna intención de calentar pijas o humedecer conchas.
Cuando pasa poco, cuando el guión nos invita a contemplar, cuando tienen tanto peso las emociones y –por ende- las expresiones faciales, cuando hay un esfuerzo por hacer sutil y delicado lo que habitualmente es más impactante o incluso más grotesco, se luce inevitablemente el dibujo. Y en este rubro sí, me parece que Minaverry supera el alto standard del tomo anterior: lo veo más suelto, más canchero, más seguro de que lo que vamos a ver en la página es exactamente lo que él imaginó en su mente. De nuevo, tenemos un gran trabajo de fondos, de lenguaje facial y corporal, de detalles increíbles en la ambientación, un manejo formidable del claroscuro, con esporádicos y sutiles toques de color o de masas grises incorporadas con la computadora, un timing perfecto para la elaboración de las secuencias, especialmente las mudas, gran variedad de tipografías manuales... Un placer absoluto, un inagotable catálogo de hallazgos desparramados a lo largo de más de 120 páginas de agradabilísima lectura.
Ahora, a esperar que Minaverry se lance a la publicación de una tercera entrega de Dora (supongo que previa serailización “en fetas” en las páginas de Fierro) y que retome la faceta detectivesca de la serie, que sin duda la enriquecía y le daba mucho más sentido de “esto está yendo hacia algún lado”. No pretendo una de James Bond con minitas, pero sí sacudir un poco la modorra del slice of life y recuperar ese amplio abanico de sensaciones que nos transmitió Minaverry en aquel consagratorio primer tomo.
sábado, 4 de mayo de 2013
04/ 05: JUDGE DREDD: DREDD vs. DEATH
Me quedo en Europa, pero retrocedo en el tiempo hasta 1978, cuando en una muy incipiente (pero ya exitosa) revista 2000 A.D. aparece un dibujante de inverosímil virtuosismo, un ícono definitivo del estilo académico-realista: el maestro Brian Bolland, quien le dará al Judge Dredd, el personaje más popular del semanario, sus primeros clásicos realmente relevantes. Las dos saguitas contra el Judge Death que dan título al libro no son lo primero que dibuja Bolland del personaje: su debut llega con un puñado de unitarios escritos por John Wagner (co-creador del Juez), y que repasamos a continuación.
The First Lunar Olympics y su secuela, War Games, comparten un mismo problema: demasiadas ideas sobre la mesa para historietas que deben resolverse en seis míseras páginas. Wagner desaprovecha conceptos, tira a la marchanta elementos muy interesantes que jamás podrá desarrollar en un espacio tan acotado, y eso es una verdadera pena. The Oxygen Board, con menos pretensiones y una paginita más, es un excelente unitario de ciencia-ficción, en el que el rol de Dredd es mínimo, pero donde se ve una buena idea muy bien ejecutada, con pequeñas pinceladas de caracterización para los “malos” y un final fuerte y sorprendente.
En The Face-Change Crimes, Wagner y Bolland cuentan otra vez con 7 páginas para desarrollar una historia y cumplen sin sobresaltos, a pesar de que la idea no es tan buena como en el unitario anterior. En el siguiente, The Fog, volvemos al principio: un argumento que daba para 24 páginas, comprimido en 6 y con sabor a poco. Le sigue The Forever Crime, también con ideas que daban... no sé si para 24, pero seguro para 12 páginas, muy comprimidas en 6. Y cerramos con Punks Rule!, otra historia que, al resolverse en 6 páginas, simplifica groseramente un argumento interesante y hace que Dredd liquide demasiado rápido a una amenaza que en las primeras páginas parecía mucho más grossa.
Pero vamos con Judge Death, una saga de 1980 a la que Wagner logra extender a... 15 páginas! Son tres episodios, pero de cinco páginas cada uno! Man, estás por presentarnos a un villano fundamental, al enemigo más grosso de Dredd, ¿y le dedicás 15 páginas?!? ¿En 15 páginas tenemos que conocer al villano, tenerle miedo, verlo capaz de ganarle al héroe y además verlo perder, y nos tiene que cerrar? No da ni ahí la cuenta, y menos cuando Wagner introduce en ese mismo arco a la Jueza Anderson, quien también se convertiría en un personaje recurrente en esta serie y hasta en protagonista de sus propias aventuras.
Al año siguiente, Wagner y Bolland deciden reunirse para una secuela, Death Lives!, y suman a un segundo guionista, el querido Alan “la Bruja” Grant. Esta vez, Judge Death no viene solo, sino con otros tres jueces de la dimensión oscura. ¿Dredd y Anderson contra cuatro criaturas monstruosas e hiper-poderosas en sólo 15 páginas? No, esta vez tenemos 30! Y una aventura bastante mejor planteada, con mucho desarrollo para Anderson, con escenas que meten miedo de verdad, y un final en el que –una vez más- Dredd resuelve todo con demasiada facilidad.
De todos modos, esto podría no tener guiones, o estar peor escrito que la más nefasta parodia porno de Sailor Moon, y aun así le sobraría chapa para ser considerado un clásico, simplemente por lo que pela Bolland en el dibujo. Varios años antes de que el maestro Len Wein lo sedujera (y en una de esas, abdujera) para sumarlo a las filas de DC, el dibujante británico ya daba unas cátedras memorables en estas breves y descontroladas historias. A sus anchas en el blanco y negro, la pluma de Bolland derrochaba sabiduría y talento en la creación de climas, en la acción, en las expresiones faciales, en los detalles de ropas, peinados y fondos y en la elección de los ángulos. Ya desde los primeros unitarios vemos planificaciones de página zarpadas y efectivas, y un gran equilibrio entre blancos y negros, respaldado por un muy buen criterio para aplicar las tramas mecánicas. Imposible quejarse porque Bolland dibujaba (de vez en cuando) seis páginas por semana, cuando cada viñeta tiene el laburo que le puso el prócer a cada una de estas.
De las 90 páginas de historieta que ofrece este libro, ponele que haya buenos guiones en la mitad y que el resto te deje con la incómoda sensación de que te están mezquinando algo. Por suerte, Bolland no mezquina absolutamente nada, sino que despilfarra imágenes majestuosas a lo largo de todo el libro: sagas, unitarios y portadas de la 2000 A.D., que se reproducen al fondo del recopilatorio. Si sos fan del maestro, seguro ya te tragaste sapos peores por seguirlo a todas partes. Y si sos fan de Judge Dredd, bueno, ojalá pronto se encuentre la cura para esa enfermedad. Mientras tanto, podés vivir de glorias pasadas (algo entiendo de eso, por ser hincha de Racing) y releer hasta el hartazgo estas cuasi-perlitas de Wagner, Grant y Bolland, que si bien llegarían más alto en otros trabajos, acá pusieron todo.
The First Lunar Olympics y su secuela, War Games, comparten un mismo problema: demasiadas ideas sobre la mesa para historietas que deben resolverse en seis míseras páginas. Wagner desaprovecha conceptos, tira a la marchanta elementos muy interesantes que jamás podrá desarrollar en un espacio tan acotado, y eso es una verdadera pena. The Oxygen Board, con menos pretensiones y una paginita más, es un excelente unitario de ciencia-ficción, en el que el rol de Dredd es mínimo, pero donde se ve una buena idea muy bien ejecutada, con pequeñas pinceladas de caracterización para los “malos” y un final fuerte y sorprendente.
En The Face-Change Crimes, Wagner y Bolland cuentan otra vez con 7 páginas para desarrollar una historia y cumplen sin sobresaltos, a pesar de que la idea no es tan buena como en el unitario anterior. En el siguiente, The Fog, volvemos al principio: un argumento que daba para 24 páginas, comprimido en 6 y con sabor a poco. Le sigue The Forever Crime, también con ideas que daban... no sé si para 24, pero seguro para 12 páginas, muy comprimidas en 6. Y cerramos con Punks Rule!, otra historia que, al resolverse en 6 páginas, simplifica groseramente un argumento interesante y hace que Dredd liquide demasiado rápido a una amenaza que en las primeras páginas parecía mucho más grossa.
Pero vamos con Judge Death, una saga de 1980 a la que Wagner logra extender a... 15 páginas! Son tres episodios, pero de cinco páginas cada uno! Man, estás por presentarnos a un villano fundamental, al enemigo más grosso de Dredd, ¿y le dedicás 15 páginas?!? ¿En 15 páginas tenemos que conocer al villano, tenerle miedo, verlo capaz de ganarle al héroe y además verlo perder, y nos tiene que cerrar? No da ni ahí la cuenta, y menos cuando Wagner introduce en ese mismo arco a la Jueza Anderson, quien también se convertiría en un personaje recurrente en esta serie y hasta en protagonista de sus propias aventuras.
Al año siguiente, Wagner y Bolland deciden reunirse para una secuela, Death Lives!, y suman a un segundo guionista, el querido Alan “la Bruja” Grant. Esta vez, Judge Death no viene solo, sino con otros tres jueces de la dimensión oscura. ¿Dredd y Anderson contra cuatro criaturas monstruosas e hiper-poderosas en sólo 15 páginas? No, esta vez tenemos 30! Y una aventura bastante mejor planteada, con mucho desarrollo para Anderson, con escenas que meten miedo de verdad, y un final en el que –una vez más- Dredd resuelve todo con demasiada facilidad.
De todos modos, esto podría no tener guiones, o estar peor escrito que la más nefasta parodia porno de Sailor Moon, y aun así le sobraría chapa para ser considerado un clásico, simplemente por lo que pela Bolland en el dibujo. Varios años antes de que el maestro Len Wein lo sedujera (y en una de esas, abdujera) para sumarlo a las filas de DC, el dibujante británico ya daba unas cátedras memorables en estas breves y descontroladas historias. A sus anchas en el blanco y negro, la pluma de Bolland derrochaba sabiduría y talento en la creación de climas, en la acción, en las expresiones faciales, en los detalles de ropas, peinados y fondos y en la elección de los ángulos. Ya desde los primeros unitarios vemos planificaciones de página zarpadas y efectivas, y un gran equilibrio entre blancos y negros, respaldado por un muy buen criterio para aplicar las tramas mecánicas. Imposible quejarse porque Bolland dibujaba (de vez en cuando) seis páginas por semana, cuando cada viñeta tiene el laburo que le puso el prócer a cada una de estas.
De las 90 páginas de historieta que ofrece este libro, ponele que haya buenos guiones en la mitad y que el resto te deje con la incómoda sensación de que te están mezquinando algo. Por suerte, Bolland no mezquina absolutamente nada, sino que despilfarra imágenes majestuosas a lo largo de todo el libro: sagas, unitarios y portadas de la 2000 A.D., que se reproducen al fondo del recopilatorio. Si sos fan del maestro, seguro ya te tragaste sapos peores por seguirlo a todas partes. Y si sos fan de Judge Dredd, bueno, ojalá pronto se encuentre la cura para esa enfermedad. Mientras tanto, podés vivir de glorias pasadas (algo entiendo de eso, por ser hincha de Racing) y releer hasta el hartazgo estas cuasi-perlitas de Wagner, Grant y Bolland, que si bien llegarían más alto en otros trabajos, acá pusieron todo.
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viernes, 3 de mayo de 2013
03/ 05: TALK DIRTY
Al final, en American Virgin se hablaba mucho de coger pero –a la hora de los bifes- se cogía bastante poco. Así que hoy me tiro de cabeza a un comic bien porno, o en realidad, atípicamente porno.
Talk Dirty fue realizada por el alemán Matthias Schultheiss entre 1992 y 1993, justo en el momento en el que el ague de la historieta porno parecía poder salvar de la inanición y el olvido a un montón de grandes autores europeos, que veían con desazón cómo se caía a pedazos el otrora próspero circuito de las antologías de comic para adultos. Ahora los adultos esperaban el álbum y las revistas se llenaban con historietas de escaso atractivo artístico y altísimo voltaje erótico, apuntadas sobre todo a los pajeros y los chicos que, por su corta edad, no tenían acceso (en Europa, donde ese tipo de reglas se respetan) a las revistas con fotos de verdaderas minas en bolas y tipos garchando.
En ese contexto de bastante berretada, Talk Dirty brilla y se destaca gracias a su clima enrarecido, enigmático, al misterio que envuelve a esos dos garches a los que Schultheiss les dedica buena parte del libro. Sí, a pesar de estar centrada en los polvos (¿qué digo “polvos”? Recontrapolvazos!) entre el hombre y la mujer anónimos, Talk Dirty conserva una atmósfera de sensualidad y sofisticación muy marcada, que no le permite derrapar nunca (ni siquiera en la extensa secuencia del trío con Angela) hacia la cosa chabacana, soez, cabeza. De hecho el libro termina (acaba, en este caso) con una secuencia de siete páginas de infrecuente lirismo para una historieta de meta y ponga.
El objetivo principal de toda historieta porno, que es subirle la temperatura al lector, se cumple con creces. La obra tiene 80 páginas y es imposible pasar de la 36 ó la 37 sosteniendo el libro con las dos manos. El in crescendo en la tensión sexual entre los protagonistas llega a su climax en esas páginas, en la secuencia del polvo bajo la lluvia en la parte más alta de la grúa, en ese puerto abandonado y semi-devastado por una guerra de la que no sabemos nada. De hecho, la historieta podría terminar en la página 46, en el epílogo de ese garche, y estaría todo bien. O faltaría la secuencia poética del final, nomás.
De la página 47 a la 73 tenemos otra larguísima escena de sexo, esta vez de a tres, y con un plus de perversión interesante: Angela es travesti y se está por operar para ser 100% mujer. Pero en su función despedida, un conspicuo muñeco repartirá alegrías y dolores por todos los orificios, tanto del varón como de la mujer. O sea que Schultheiss se prodiga en poses y contorsiones muy variadas, en las que todos dan o reciben algo, y donde lo único que no se muestra gráficamente (aunque sí se las nombra todo el tiempo) son las eyaculaciones. Este tramo podría tranquilamente no estar y no cambiaría mucho el concepto acerca de la obra. Pero bueno, como vuelta de tuerca, y en el contexto del género porno, zafa.
Schultheiss se juega una carta brava al manener los textos (diálogos y relato en off) por afuera de las viñetas, como hizo tantas veces Kyle Baker. Por otro lado, rompe en muy pocas páginas una grilla de cuatro o cinco viñetas de igual tamaño, todas de formato horizontal (widescreen). Lo primero, dificulta un toquecito la narrativa, porque te colgás mirando los dibujos (para deducir qué pierna, lengua o verga corresponde a cada personaje) y cuando llegás al texto este se siente un tanto inconexo. Lo segundo enfatiza la sensación de estar viendo una película y suma mucho a la narrativa, al igual que la increíble variedad de ángulos desde los que el autor enfoca estas escenas. Sobre el final del libro, aparecen seis páginas a todo color, y un texto que nos cuenta que originalmente Schultheiss pensaba hacer todo el libro de esta manera. Finalmente se decidió (no se sabe si por voluntad propia, o se lo impuso algún editor) por esta versión en blanco y negro, con unos grises fastuosos y exhuberantes, logrados con un maravilloso trabajo de aguadas. Esas paginitas a color se ven tan, pero tan bien, que si hubiese bancado las 80 páginas con esa técnica, estaríamos hablando de la mejor historieta porno de la historia. En blanco, negro y grises está muy bien, pero a los fans de Schultheiss nos gusta –por sobre todas las cosas- la particular forma de colorear que tiene el alemán.
Por supuesto se me ocurren 1800 historietas mejores que esta para recomendar, pero si seguís la obra de Matthias Schultheiss, o si te habías propuesto encontrar historietas de fuerte impacto erótico que no insulten tu inteligencia y que no chorreen vulgaridad, Talk Dirty es sin dudas un título a tener en cuenta. Está editada en castellano, inglés, francés, alemán... así que a comerla. Digo, a buscarla.
Talk Dirty fue realizada por el alemán Matthias Schultheiss entre 1992 y 1993, justo en el momento en el que el ague de la historieta porno parecía poder salvar de la inanición y el olvido a un montón de grandes autores europeos, que veían con desazón cómo se caía a pedazos el otrora próspero circuito de las antologías de comic para adultos. Ahora los adultos esperaban el álbum y las revistas se llenaban con historietas de escaso atractivo artístico y altísimo voltaje erótico, apuntadas sobre todo a los pajeros y los chicos que, por su corta edad, no tenían acceso (en Europa, donde ese tipo de reglas se respetan) a las revistas con fotos de verdaderas minas en bolas y tipos garchando.
En ese contexto de bastante berretada, Talk Dirty brilla y se destaca gracias a su clima enrarecido, enigmático, al misterio que envuelve a esos dos garches a los que Schultheiss les dedica buena parte del libro. Sí, a pesar de estar centrada en los polvos (¿qué digo “polvos”? Recontrapolvazos!) entre el hombre y la mujer anónimos, Talk Dirty conserva una atmósfera de sensualidad y sofisticación muy marcada, que no le permite derrapar nunca (ni siquiera en la extensa secuencia del trío con Angela) hacia la cosa chabacana, soez, cabeza. De hecho el libro termina (acaba, en este caso) con una secuencia de siete páginas de infrecuente lirismo para una historieta de meta y ponga.
El objetivo principal de toda historieta porno, que es subirle la temperatura al lector, se cumple con creces. La obra tiene 80 páginas y es imposible pasar de la 36 ó la 37 sosteniendo el libro con las dos manos. El in crescendo en la tensión sexual entre los protagonistas llega a su climax en esas páginas, en la secuencia del polvo bajo la lluvia en la parte más alta de la grúa, en ese puerto abandonado y semi-devastado por una guerra de la que no sabemos nada. De hecho, la historieta podría terminar en la página 46, en el epílogo de ese garche, y estaría todo bien. O faltaría la secuencia poética del final, nomás.
De la página 47 a la 73 tenemos otra larguísima escena de sexo, esta vez de a tres, y con un plus de perversión interesante: Angela es travesti y se está por operar para ser 100% mujer. Pero en su función despedida, un conspicuo muñeco repartirá alegrías y dolores por todos los orificios, tanto del varón como de la mujer. O sea que Schultheiss se prodiga en poses y contorsiones muy variadas, en las que todos dan o reciben algo, y donde lo único que no se muestra gráficamente (aunque sí se las nombra todo el tiempo) son las eyaculaciones. Este tramo podría tranquilamente no estar y no cambiaría mucho el concepto acerca de la obra. Pero bueno, como vuelta de tuerca, y en el contexto del género porno, zafa.
Schultheiss se juega una carta brava al manener los textos (diálogos y relato en off) por afuera de las viñetas, como hizo tantas veces Kyle Baker. Por otro lado, rompe en muy pocas páginas una grilla de cuatro o cinco viñetas de igual tamaño, todas de formato horizontal (widescreen). Lo primero, dificulta un toquecito la narrativa, porque te colgás mirando los dibujos (para deducir qué pierna, lengua o verga corresponde a cada personaje) y cuando llegás al texto este se siente un tanto inconexo. Lo segundo enfatiza la sensación de estar viendo una película y suma mucho a la narrativa, al igual que la increíble variedad de ángulos desde los que el autor enfoca estas escenas. Sobre el final del libro, aparecen seis páginas a todo color, y un texto que nos cuenta que originalmente Schultheiss pensaba hacer todo el libro de esta manera. Finalmente se decidió (no se sabe si por voluntad propia, o se lo impuso algún editor) por esta versión en blanco y negro, con unos grises fastuosos y exhuberantes, logrados con un maravilloso trabajo de aguadas. Esas paginitas a color se ven tan, pero tan bien, que si hubiese bancado las 80 páginas con esa técnica, estaríamos hablando de la mejor historieta porno de la historia. En blanco, negro y grises está muy bien, pero a los fans de Schultheiss nos gusta –por sobre todas las cosas- la particular forma de colorear que tiene el alemán.
Por supuesto se me ocurren 1800 historietas mejores que esta para recomendar, pero si seguís la obra de Matthias Schultheiss, o si te habías propuesto encontrar historietas de fuerte impacto erótico que no insulten tu inteligencia y que no chorreen vulgaridad, Talk Dirty es sin dudas un título a tener en cuenta. Está editada en castellano, inglés, francés, alemán... así que a comerla. Digo, a buscarla.
jueves, 2 de mayo de 2013
02/ 05: AMERICAN VIRGIN Vol.4
Ultimo tomo para esta serie que vendió poco y por ende duró menos de 25 episodios. El tomo final es gordito, sustancioso, con nueve episodios y dos sagas completas, que deberán alcanzarle a Steven Seagle y Becky Cloonan para darle un final coherente a las andanzas de Adam Chamberlain, el muchacho virgen más famoso del planeta.
El primer arco vuelve a poner en el freezer a casi todo el elenco de la serie: Adam, el chico rico, fachero y sensible, vuelve a dejar su Miami natal, para perseguir por el mundo a Vanessa, la chica de la que se enamora, convencido de que esta vez sí, será el amor verdadero, definitivo, por el cual valdrá la pena abandonar la virginidad. Seagle le reserva apenas unas escenitas a Cyndi y Mel, y el resto es todo Adam y Vanessa, que recorren distintos países y se encuentran con distintas formas de vivir la sexualidad: la gente en bolas en las playas de Rio, el fetichismo de los pajeros japoneses, los tatuajes místico-eróticos de Bangkok, la extraña relación de los hindúes con los travestis y el romanticismo tan típico de París, la ciudad en la que Adam y Vanessa finalmente... se casan!
Y bueno, ahora sí, por más católico que seas, si estás enamorado y casado, no tenés más excusas para no coger. Pero no. Durante todo el arco lo vemos a Adam levantar temperatura cada vez que se le acerca Vanessa, hay mimos, hay pajas, hay petes, pero el garche posta no llega ni siquiera en la luna de miel. Ojo, de eso nos enteramos después, cuando Adam vuelve a Miami y tiene que pasar por la dura prueba de blanquear su casamiento frente a su madre, cada vez más retrógrada y autoritaria. Este es el momento más heavy, donde menos margen le queda a Seagle para la comedia. Y la madre de Adam, que hasta ahora era un personaje más bien pintoresco, o grotesco, asume definitivamente el rol de villana.
Por suerte no tiene tiempo para afianzarse en ese rol, porque enseguida arranca la saga final, que lleva a casi todo el elenco a Cuba, a buscar al verdadero padre de Adam y –en frenética seguidilla, casi sin tiempo para digerir lo que sucede en ese encuentro- a República Dominicana, donde Adam y Mel buscarán venganza contra el capo de Batu Balan, la célula terrorista que asesinara a Cassandra, la novia anterior del protagonista. El ritmo se acelera muchísimo, pero igual no alcanzan las páginas: hay que terminar la serie y Seagle recurre a un final de altísimo impacto (no lo puedo contar), que no es para nada el que uno hubiera esperado. No me convenció demasiado, me pareció más una escapatoria que un final. Y por supuesto no cierra todas las puntas que abrió en las sagas anteriores, entre ellas la del misterioso embarazo de Cyndi, que llevaba varios meses en una relación lésbica, sin pijas de por medio.
¿Qué pasó ahí? No se explica. Faltarían unas... 30 ó 40 páginas más, como para darle un cierre lindo, o al menos digno, a todos estos personajes con los que Seagle logró que nos encariñáramos. No esperaba la resolución definitiva al tema central de la serie (el conflicto entre la fe cristiana y la vida sexual plena y sin culpas), sabía que no iba a terminar con Jesucristo bajando de la cruz para enfiestarse con seis yiros, dos travas, un burro y un enano, pero Seagle, sin irse al mazo ni arrugar, opta por resolver todo de un modo demasiado abrupto, sin margen para la reflexión que es algo que convivió armónicamente con el tono de comedia durante toda la serie.
El dibujo está bien, es Becky Cloonan con pilas y con Ryan Kelly (otro descendiente de Paul Pope) en el banco de suplentes, listo para entrar y dar una mano en los episodios en los que Cloonan descansa. Los dos se las ingenian bastante bien para dibujar pocos fondos y cuando no les queda otra se la bancan y retratan con más onda que rigor todas las locaciones por las que pasean los protagonistas. No esperes virtuosismo porque no hay. O sí, pero en las portadas de Celia Calle, no en las historietas propiamente dichas.
Y bueno, otra buena idea, otra propuesta novedosa y jugada de Vertigo que se termina en cualquier parte porque las ventas no acompañaron. Una pena, porque el planteo era muy atractivo y hasta la saga final, el desarrollo venía también en un nivel muy satisfactorio, con buen balance entre comedia, aventura, romance y –lo más grosso- una indagación lúcida y punzante en el inagotable tema de la sexualidad. Que la sigan chupando.
El primer arco vuelve a poner en el freezer a casi todo el elenco de la serie: Adam, el chico rico, fachero y sensible, vuelve a dejar su Miami natal, para perseguir por el mundo a Vanessa, la chica de la que se enamora, convencido de que esta vez sí, será el amor verdadero, definitivo, por el cual valdrá la pena abandonar la virginidad. Seagle le reserva apenas unas escenitas a Cyndi y Mel, y el resto es todo Adam y Vanessa, que recorren distintos países y se encuentran con distintas formas de vivir la sexualidad: la gente en bolas en las playas de Rio, el fetichismo de los pajeros japoneses, los tatuajes místico-eróticos de Bangkok, la extraña relación de los hindúes con los travestis y el romanticismo tan típico de París, la ciudad en la que Adam y Vanessa finalmente... se casan!
Y bueno, ahora sí, por más católico que seas, si estás enamorado y casado, no tenés más excusas para no coger. Pero no. Durante todo el arco lo vemos a Adam levantar temperatura cada vez que se le acerca Vanessa, hay mimos, hay pajas, hay petes, pero el garche posta no llega ni siquiera en la luna de miel. Ojo, de eso nos enteramos después, cuando Adam vuelve a Miami y tiene que pasar por la dura prueba de blanquear su casamiento frente a su madre, cada vez más retrógrada y autoritaria. Este es el momento más heavy, donde menos margen le queda a Seagle para la comedia. Y la madre de Adam, que hasta ahora era un personaje más bien pintoresco, o grotesco, asume definitivamente el rol de villana.
Por suerte no tiene tiempo para afianzarse en ese rol, porque enseguida arranca la saga final, que lleva a casi todo el elenco a Cuba, a buscar al verdadero padre de Adam y –en frenética seguidilla, casi sin tiempo para digerir lo que sucede en ese encuentro- a República Dominicana, donde Adam y Mel buscarán venganza contra el capo de Batu Balan, la célula terrorista que asesinara a Cassandra, la novia anterior del protagonista. El ritmo se acelera muchísimo, pero igual no alcanzan las páginas: hay que terminar la serie y Seagle recurre a un final de altísimo impacto (no lo puedo contar), que no es para nada el que uno hubiera esperado. No me convenció demasiado, me pareció más una escapatoria que un final. Y por supuesto no cierra todas las puntas que abrió en las sagas anteriores, entre ellas la del misterioso embarazo de Cyndi, que llevaba varios meses en una relación lésbica, sin pijas de por medio.
¿Qué pasó ahí? No se explica. Faltarían unas... 30 ó 40 páginas más, como para darle un cierre lindo, o al menos digno, a todos estos personajes con los que Seagle logró que nos encariñáramos. No esperaba la resolución definitiva al tema central de la serie (el conflicto entre la fe cristiana y la vida sexual plena y sin culpas), sabía que no iba a terminar con Jesucristo bajando de la cruz para enfiestarse con seis yiros, dos travas, un burro y un enano, pero Seagle, sin irse al mazo ni arrugar, opta por resolver todo de un modo demasiado abrupto, sin margen para la reflexión que es algo que convivió armónicamente con el tono de comedia durante toda la serie.
El dibujo está bien, es Becky Cloonan con pilas y con Ryan Kelly (otro descendiente de Paul Pope) en el banco de suplentes, listo para entrar y dar una mano en los episodios en los que Cloonan descansa. Los dos se las ingenian bastante bien para dibujar pocos fondos y cuando no les queda otra se la bancan y retratan con más onda que rigor todas las locaciones por las que pasean los protagonistas. No esperes virtuosismo porque no hay. O sí, pero en las portadas de Celia Calle, no en las historietas propiamente dichas.
Y bueno, otra buena idea, otra propuesta novedosa y jugada de Vertigo que se termina en cualquier parte porque las ventas no acompañaron. Una pena, porque el planteo era muy atractivo y hasta la saga final, el desarrollo venía también en un nivel muy satisfactorio, con buen balance entre comedia, aventura, romance y –lo más grosso- una indagación lúcida y punzante en el inagotable tema de la sexualidad. Que la sigan chupando.
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miércoles, 1 de mayo de 2013
01/ 05: LOS MAS VENDIDOS DE ABRIL
Vengo flojo... Día por medio estoy posteando textos que no son reseñas de libros, mientras estos se me acumulan en montañas que pronto me sepultarán. Prometo a partir de mañana una seguidilla de no menos de siete reseñas. Mientras tanto, veamos qué fue lo más vendido a través de mi mini-distribuidora en Abril, un mes de ventas dedicidamente buenas, en el que se rompió la racha negativa de Febrero y Marzo y se dibujaron muy buenas perspectivas para Mayo.
1) Ordinario (Llanto de Mudo)
2) Términus Vol.2 (Términus)
3) Términus Vol.1 (Términus)
4) Bife Angosto Vol.1 (De la Flor)
5) Mecachendié (De la Flor)
6) Ofelia (De la Flor)
7) Quién es Montt? (De la Flor)
8) Macanudo Vol.1 (De la Flor)
9) Crónicas del Lejano Oeste (Loco Rabia)
10) Bairoletto! (La Duendes)
Mirá quién volvio! La segunda edición de Ordinario llegó y se prendió fuego, al punto de haber sido el título más vendido del mes. Otro libro de Gustavo Sala, aún más antiguo, lidera ese bloque de cinco long-sellers de Ediciones de la Flor que ocuparon los puestos 4 al 8. Bah, cuatro long-sellers y Ofelia, que había arrancado tranqui y ahora empezó a pegar más fuerte. Notable también lo de Alberto Montt, con sus dos libros en los puestos 5 y 7.
Y por supuesto, muy grosso lo de Términus. No sólo el Vol.2 se bancó un mes más en el ranking: retuvo nada menos que el segundo puesto y arrastró al Vol.1 hasta el tercero! Y en un mes de buenas ventas, en el que no entrás al Top Ten si no vendés una buena cantidad de ejemplares. Bien por este emprendimiento rosarino, al que pronto voy a leer.
Bairoletto!, de Gianni Dalfiume, bancó los trapos un mes más (no así Cadáver Exquisito, que se quedó con el primer puesto en Marzo y no entró al Top Ten en Abril) y de las novedades (que fueron muy pocas) la única que vendió como para estar en el ranking fue Crónicas del Lejano Oeste, la nueva antología de Alejandro Farías.
Para Mayo, se termina la larguísima espera: ya está editado el Vol.3 de Bife Angosto y en unos días lo empiezo a distribuir, con inmejorables expectativas, porque está claro que Sala tiene cada vez más fans. También trataremos de capitalizar el gran momento de Montt con su nuevo libro, veremos qué pasa con lo nuevo de Decur, Rodolfo Santullo y la nueva antología de La Duendes, le pondremos todas las pilas a la reedición de Perramus para que venda fortunas, y al final el que se va a quedar con el primer puesto va a ser Gaturro, que ya tiene su vigésimo primer tomo publicado y listo para detonarle los bolsillos a los incautos de todo el país. Es lo que hay...
1) Ordinario (Llanto de Mudo)
2) Términus Vol.2 (Términus)
3) Términus Vol.1 (Términus)
4) Bife Angosto Vol.1 (De la Flor)
5) Mecachendié (De la Flor)
6) Ofelia (De la Flor)
7) Quién es Montt? (De la Flor)
8) Macanudo Vol.1 (De la Flor)
9) Crónicas del Lejano Oeste (Loco Rabia)
10) Bairoletto! (La Duendes)
Mirá quién volvio! La segunda edición de Ordinario llegó y se prendió fuego, al punto de haber sido el título más vendido del mes. Otro libro de Gustavo Sala, aún más antiguo, lidera ese bloque de cinco long-sellers de Ediciones de la Flor que ocuparon los puestos 4 al 8. Bah, cuatro long-sellers y Ofelia, que había arrancado tranqui y ahora empezó a pegar más fuerte. Notable también lo de Alberto Montt, con sus dos libros en los puestos 5 y 7.
Y por supuesto, muy grosso lo de Términus. No sólo el Vol.2 se bancó un mes más en el ranking: retuvo nada menos que el segundo puesto y arrastró al Vol.1 hasta el tercero! Y en un mes de buenas ventas, en el que no entrás al Top Ten si no vendés una buena cantidad de ejemplares. Bien por este emprendimiento rosarino, al que pronto voy a leer.
Bairoletto!, de Gianni Dalfiume, bancó los trapos un mes más (no así Cadáver Exquisito, que se quedó con el primer puesto en Marzo y no entró al Top Ten en Abril) y de las novedades (que fueron muy pocas) la única que vendió como para estar en el ranking fue Crónicas del Lejano Oeste, la nueva antología de Alejandro Farías.
Para Mayo, se termina la larguísima espera: ya está editado el Vol.3 de Bife Angosto y en unos días lo empiezo a distribuir, con inmejorables expectativas, porque está claro que Sala tiene cada vez más fans. También trataremos de capitalizar el gran momento de Montt con su nuevo libro, veremos qué pasa con lo nuevo de Decur, Rodolfo Santullo y la nueva antología de La Duendes, le pondremos todas las pilas a la reedición de Perramus para que venda fortunas, y al final el que se va a quedar con el primer puesto va a ser Gaturro, que ya tiene su vigésimo primer tomo publicado y listo para detonarle los bolsillos a los incautos de todo el país. Es lo que hay...
martes, 30 de abril de 2013
30/ 04: EL PASADO
Diego Cortés intentó algo casi imposible: recuperar la magia de Jueves, aquella inolvidable novelita gráfica que editó Llanto de Mudo hace unos años y que era una cátedra demoledora sobre cómo crear y desarrollar una historia chiquita, intimista, lo-fi, de esas que se podrían filmar con cinco pesos, y a la vez profunda, potente, memorable. Y en buena medida lo logró.
El Pasado es otra historia chiquita, pachorra, que transita a paso lento para invitarnos a saborear cada imagen, cada diálogo y cada silencio. Se podría filmar con... $ 50 y tiene un guión de enorme sutileza, de enorme calidez, una verdadera delicia. La historia nos cuenta cómo Jorge y Pedro se van a vagabundear por las rutas argentinas y terminan en un pueblito en el que se reencuentran con las cosas que pertenecieron a su pasado y que creían perdidas: mascotas, abuelos ya fallecidos, lugares, sabores... detalles que alguna vez formaron parte de sus vidas y luego desaparecieron, viven y son reales en este misterioso pueblo cuyo nombre no sabemos. Imaginate que te pasa eso, que caés en un pueblito donde existe la casa en la que vivían tus abuelos cuando eras chico... habitada por tus verdaderos abuelos! ¿No te quedarías un rato largo con ellos? ¿No volverías a corretear por la plaza con el perro que tuviste en tu infancia? Jorge y Pedro responden a esta pregunta de manera distinta, porque Cortés los construye como a dos personajes muy distintos, a pesar de estar unidos por el vínculo de la amistad.
Y quizás este disenso entre los amigos sea lo más parecido a un conflicto que tiene El Pasado. El resto es todo exploración, todo sensación de maravilla, de “Mirá, boludo!!, “Nah, no puede ser!”. En estas breves 60 páginas, Cortés amaga con llevarnos por el trillado sendero de los “jóvenes a la deriva”, pero pega un volantazo magistral y termina por sumergirnos en las profundidades de un realismo mágico de altísimo vuelo simbólico y sumamente emotivo.
No acompaña demasiado el dibujo, lamentablemente. Agite muestra al final del libro unos bocetos realizados en otro estilo, y la verdad es que me quedo mil veces con el que finalmente utilizó para dibujar El Pasado, con la línea bien clarita, una estética bastante naïf y mucha presencia de las tramas mecánicas para sumarle grises a un claroscuro en el que predominaba ampliamente el blanco. Pero aun así, le falta bastante. Sobre todo en los cuerpos en movimiento, en el lenguaje corporal y facial de los personajes, se ven torpezas y limitaciones típicas de los dibujantes primerizos, los que todavía no están como para ponerse al frente de una novela gráfica. La narrativa es impecable y en los epílogos aparece una estética distinta, más sucia, a la que por ahí Agite le puede sacar buenos resultados en obras futuras. En este trabajo en particular, no me logró convencer.
Y es una pena, porque el guión –repito- es realmente excelente, desde la idea hasta los sutiles giros del final. Si no te calienta que el dibujante no esté a la altura, no dejes de visitar El Pasado, donde sin dudas te espera una experiencia alucinante, con personajes, diálogos y situaciones originales, entrañables, fascinantes. Un viaje de ida, de la mano de un guionista que mantiene un nivel muy, muy alto, a pesar de su abultada producción. Quiero la remake dibujada por Minaverry. ¿Será mucho pedir?
El Pasado es otra historia chiquita, pachorra, que transita a paso lento para invitarnos a saborear cada imagen, cada diálogo y cada silencio. Se podría filmar con... $ 50 y tiene un guión de enorme sutileza, de enorme calidez, una verdadera delicia. La historia nos cuenta cómo Jorge y Pedro se van a vagabundear por las rutas argentinas y terminan en un pueblito en el que se reencuentran con las cosas que pertenecieron a su pasado y que creían perdidas: mascotas, abuelos ya fallecidos, lugares, sabores... detalles que alguna vez formaron parte de sus vidas y luego desaparecieron, viven y son reales en este misterioso pueblo cuyo nombre no sabemos. Imaginate que te pasa eso, que caés en un pueblito donde existe la casa en la que vivían tus abuelos cuando eras chico... habitada por tus verdaderos abuelos! ¿No te quedarías un rato largo con ellos? ¿No volverías a corretear por la plaza con el perro que tuviste en tu infancia? Jorge y Pedro responden a esta pregunta de manera distinta, porque Cortés los construye como a dos personajes muy distintos, a pesar de estar unidos por el vínculo de la amistad.
Y quizás este disenso entre los amigos sea lo más parecido a un conflicto que tiene El Pasado. El resto es todo exploración, todo sensación de maravilla, de “Mirá, boludo!!, “Nah, no puede ser!”. En estas breves 60 páginas, Cortés amaga con llevarnos por el trillado sendero de los “jóvenes a la deriva”, pero pega un volantazo magistral y termina por sumergirnos en las profundidades de un realismo mágico de altísimo vuelo simbólico y sumamente emotivo.
No acompaña demasiado el dibujo, lamentablemente. Agite muestra al final del libro unos bocetos realizados en otro estilo, y la verdad es que me quedo mil veces con el que finalmente utilizó para dibujar El Pasado, con la línea bien clarita, una estética bastante naïf y mucha presencia de las tramas mecánicas para sumarle grises a un claroscuro en el que predominaba ampliamente el blanco. Pero aun así, le falta bastante. Sobre todo en los cuerpos en movimiento, en el lenguaje corporal y facial de los personajes, se ven torpezas y limitaciones típicas de los dibujantes primerizos, los que todavía no están como para ponerse al frente de una novela gráfica. La narrativa es impecable y en los epílogos aparece una estética distinta, más sucia, a la que por ahí Agite le puede sacar buenos resultados en obras futuras. En este trabajo en particular, no me logró convencer.
Y es una pena, porque el guión –repito- es realmente excelente, desde la idea hasta los sutiles giros del final. Si no te calienta que el dibujante no esté a la altura, no dejes de visitar El Pasado, donde sin dudas te espera una experiencia alucinante, con personajes, diálogos y situaciones originales, entrañables, fascinantes. Un viaje de ida, de la mano de un guionista que mantiene un nivel muy, muy alto, a pesar de su abultada producción. Quiero la remake dibujada por Minaverry. ¿Será mucho pedir?
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lunes, 29 de abril de 2013
29/ 04: IRON MAN 3
Hice la clásica: fui al cine con cero expectativas, sin esperar nada, sin la menor idea de nada, sin haber visto un puto trailer ni haber leído ninguna crítica. Y salí satisfecho, creo que vi una buena película. Esta vez no fui al preestreno (pagué la entrada como cualquier otro mortal), sino que vi lo mismo que ya vieron casi 600.000 personas sólo en Argentina, con lo cual me mando a spoilear a lo guanaco sin el menor resquemor.
No sé si es una película de superhéroes y por ahí eso es lo más discutible. Me parece que Shane Black se mandó una especie Arma Mortal 5, o Duro de Matar... algo (no sé por qué número va), y le metió donde pudo a Iron Man. Claramente es una peli de acción, con suspenso, persecuciones, tiros, espionaje, satélites, programas y códigos encriptados, traidores encubiertos, armas experimentales, mascaradas orquestadas desde niveles muy altos del poder global, explosiones, investigaciones, proezas imposibles... y en medio de ese kilombo, como no está Bruce Willis, está Robert Downey Jr. Da la sensación de que el director se enamoró perdidamente del actor, porque incluso en las batallas más tremendas, Tony Stark viste la(s) armadura(s) sólo en las fracciones de segundo en las que eso le resulta absolutamente indispensable. En la inmensa mayoría de las escenas, el que hace TODO es Tony Stark. Tony es héroe de películas de acción que salta mientras dispara sus chumbos, es detective, es galán, es payaso, es tierno, es turro, es obsesivo, es genial, es empresario, es mecánico, es fiestero, es mentalmente inestable, y hasta es el tipo que amenaza a cara descubierta y por televisión al terrorista más peligroso del mundo. Esa es la otra crítica: demasiado Tony Stark, sobredosis de Tony Stark.
El resto, es una locomotora. El guión es excelente, no deja cabos sueltos, se resuelve de modo muy impactante, te hace comer unos cuantos amagues jodidos, y que llega a un punto altísimo de tensión a partir de que Tony y Rhodey se mandan al mega-buque petrolero armados con dos míseros chumbos. En ese momento, sospechás que Tony va a pelar un as de abajo de la manga, pero nunca te imaginás cuál es. Por supuesto no faltan los chistes (que tanta onda le ponen a un personaje que en los comics es un completo imbécil), hay un buen desarrollo de los personajes secundarios y hasta muchos diálogos que se hacen cargo de lo sucedido en la peli de los Avengers. Y si creías que la presencia de Iron Patriot tiraba un guiño para el lado de Civil War, Dark Reign, o alguna de esas sagas, olvidate, nada que ver.
Tenele paciencia al primer tramo. Si bien tiene acción y pasan cosas grossas, si bien hay un conflicto claro, a la primera mitad le falta algo que sí tendremos en la segunda: un villano real, peligroso de verdad, que tenga grandes chances de cumplir con su objetivo y una buena motivación para cometer las atrocidades que comete. Obviamente, como todo villano, se equivoca al no matar de modo categórico y de inmediato a los buenos cuando los captura; pero es así, eso es algo que está en el reglamento de este tipo de ficciones y con lo que no se negocia.
No hace falta (me imagino) volver a hacer hincapié en la inverosímil calidad de los efectos visuales. Acá no están ni Hulk, ni Thor, ni los ejércitos invasores de Ch´tauri, y aún así hay un despliegue de efectos de la hiper-concha de Dios, con muchas imágenes que nunca pensaste que ibas a ver en una peli con actores. La música está impecable, los decorados también, los créditos del final son alucinantes (no así la escenita post-créditos, que aporta muy poco), los actores no desentonan para nada (hermosa Rebecca Hall, a la que nunca había visto) y sospecho que los diseños de las armaduras deben estar tomados de los comics de Iron Man, pero no estoy seguro porque felizmente leí muy pocos comics de Iron Man. Como dije varias veces, esta es una de las pocas versiones cinematográficas en las que uno aplaude de pie cada vez que los guionistas y directores de Hollywood se limpian el orto con la obra de Stan Lee y sus sucesores: todo lo que modifiquen, alteren o barran abajo de la alfombra va a ser para mejor, porque -salvo alguna excepción- el material original es de mediocre para abajo.
Y se terminó la trilogía que más contribuyó a armar el Universo Marvel en el cine, y que logró que un personaje de la B Nacional ascendiera a Primera y ganara varios torneos cortos. Esta es la verdadera magia del cine: dos directores y un actor lograron que (por un rato) me hiciera fan de Iron Man. Por favor, no se les ocurra seguir la saga sin Robert Downey Jr.. Posta, sin él abajo de la armadura, esta se cae a pedazos. Si RDJ dice “basta”, mátenlo con dignidad en la segunda peli de los Avengers y que lo reemplace War Machine en una hipotética Avengers 3. ´Nuff said!
No sé si es una película de superhéroes y por ahí eso es lo más discutible. Me parece que Shane Black se mandó una especie Arma Mortal 5, o Duro de Matar... algo (no sé por qué número va), y le metió donde pudo a Iron Man. Claramente es una peli de acción, con suspenso, persecuciones, tiros, espionaje, satélites, programas y códigos encriptados, traidores encubiertos, armas experimentales, mascaradas orquestadas desde niveles muy altos del poder global, explosiones, investigaciones, proezas imposibles... y en medio de ese kilombo, como no está Bruce Willis, está Robert Downey Jr. Da la sensación de que el director se enamoró perdidamente del actor, porque incluso en las batallas más tremendas, Tony Stark viste la(s) armadura(s) sólo en las fracciones de segundo en las que eso le resulta absolutamente indispensable. En la inmensa mayoría de las escenas, el que hace TODO es Tony Stark. Tony es héroe de películas de acción que salta mientras dispara sus chumbos, es detective, es galán, es payaso, es tierno, es turro, es obsesivo, es genial, es empresario, es mecánico, es fiestero, es mentalmente inestable, y hasta es el tipo que amenaza a cara descubierta y por televisión al terrorista más peligroso del mundo. Esa es la otra crítica: demasiado Tony Stark, sobredosis de Tony Stark.
El resto, es una locomotora. El guión es excelente, no deja cabos sueltos, se resuelve de modo muy impactante, te hace comer unos cuantos amagues jodidos, y que llega a un punto altísimo de tensión a partir de que Tony y Rhodey se mandan al mega-buque petrolero armados con dos míseros chumbos. En ese momento, sospechás que Tony va a pelar un as de abajo de la manga, pero nunca te imaginás cuál es. Por supuesto no faltan los chistes (que tanta onda le ponen a un personaje que en los comics es un completo imbécil), hay un buen desarrollo de los personajes secundarios y hasta muchos diálogos que se hacen cargo de lo sucedido en la peli de los Avengers. Y si creías que la presencia de Iron Patriot tiraba un guiño para el lado de Civil War, Dark Reign, o alguna de esas sagas, olvidate, nada que ver.
Tenele paciencia al primer tramo. Si bien tiene acción y pasan cosas grossas, si bien hay un conflicto claro, a la primera mitad le falta algo que sí tendremos en la segunda: un villano real, peligroso de verdad, que tenga grandes chances de cumplir con su objetivo y una buena motivación para cometer las atrocidades que comete. Obviamente, como todo villano, se equivoca al no matar de modo categórico y de inmediato a los buenos cuando los captura; pero es así, eso es algo que está en el reglamento de este tipo de ficciones y con lo que no se negocia.
No hace falta (me imagino) volver a hacer hincapié en la inverosímil calidad de los efectos visuales. Acá no están ni Hulk, ni Thor, ni los ejércitos invasores de Ch´tauri, y aún así hay un despliegue de efectos de la hiper-concha de Dios, con muchas imágenes que nunca pensaste que ibas a ver en una peli con actores. La música está impecable, los decorados también, los créditos del final son alucinantes (no así la escenita post-créditos, que aporta muy poco), los actores no desentonan para nada (hermosa Rebecca Hall, a la que nunca había visto) y sospecho que los diseños de las armaduras deben estar tomados de los comics de Iron Man, pero no estoy seguro porque felizmente leí muy pocos comics de Iron Man. Como dije varias veces, esta es una de las pocas versiones cinematográficas en las que uno aplaude de pie cada vez que los guionistas y directores de Hollywood se limpian el orto con la obra de Stan Lee y sus sucesores: todo lo que modifiquen, alteren o barran abajo de la alfombra va a ser para mejor, porque -salvo alguna excepción- el material original es de mediocre para abajo.
Y se terminó la trilogía que más contribuyó a armar el Universo Marvel en el cine, y que logró que un personaje de la B Nacional ascendiera a Primera y ganara varios torneos cortos. Esta es la verdadera magia del cine: dos directores y un actor lograron que (por un rato) me hiciera fan de Iron Man. Por favor, no se les ocurra seguir la saga sin Robert Downey Jr.. Posta, sin él abajo de la armadura, esta se cae a pedazos. Si RDJ dice “basta”, mátenlo con dignidad en la segunda peli de los Avengers y que lo reemplace War Machine en una hipotética Avengers 3. ´Nuff said!
domingo, 28 de abril de 2013
28/ 04: THE HORDE
Un día, se encontraron Hugo Pratt, Moebius, Philippe Druillet, Sergio Toppi, Enki Bilal, Grzegorz Rosinski y Andreas y como les faltaban cuatro para armar el equipo de once, se prendieron Katsuhiro Otomo, Alex Niño, Frank Miller y Walt Simonson. ¿Dónde se encontraron? En el estilo gráfico del ucraniano Igor Baranko, una de las luminarias del Noveno Arte aparecidas en este siglo. El caso de Baranko es raro, porque empezó a publicar recién a los 33 años, una edad bastante por encima de la del promedio de los historietistas. Y casualmente su opera prima fue L'Empereur Océan, una saga de tres álbumes, publicada en EEUU (país donde reside Baranko desde 1999) en un único tomo con el título de “The Horde” en 2004, cuando recién se terminaba de editar en Francia. Como pasa de vez en cuando, L'Empereur Océan no se ve ni se lee como una opera prima. Acá no hay traspiés, no hay dudas, no hay “palotes” de autor primerizo. Estamos ante una obra ambiciosa en su concepción, desmesurada en su planteo y magnífica en su resolución. Baranko debutó a lo campeón, con un guión complejo, impredecible, lleno de cosas raras (ahora las vamos a mencionar), y con un dibujo devastador, de impactante versatilidad, capaz de pasar de la sutileza al grotesco y de lo íntimo a lo cósmico sin olvidarse jamás de que lo importante es acompañar al guión, no pelar virtuosismos estériles.
No quiero contar la trama de L'Empereur Océan, primero porque es complicada y después porque está armada con varias sub-tramas que Baranko teje y trenza hasta convertirlas en una cosa sólida, coherente y contundente. Además de la perfecta resolución y el gran ritmo que tiene el guión, llama la atención la acumulación de elementos extraños, que a priori parecerieran no poder convivir bajo una misma trama. Acá tenemos una Rusia gobernada por un dictador histriónico, pelado, drogadicto y con unos anteojos bizarros. Es una especie de Spider Jersusalem, pero que en vez de periodista fue escritor de ciencia-ficción. También hay un último sobreviviente de la masacre que acabó con los chechenes, un tipo sin nada para perder y al que le cabe la idea de convertirse en uno de los seres más poderosos del planeta. También un milico que nació en Chernobyl y recibió habilidades paranormales, producto de la radiación de aquel famoso reactor que voló a la mierda en 1987. Tenemos clones de Abraham Lincoln y Isaac Newton, el fantasma de Lenin, el espíritu de Gengis Khan en busca de la reencarnación, una diosa ancestral, el cadáver de un lama que cobra vida, espías varios, una gitana, una bruja que se roba la novela cada vez que aparece, OVNIs que abducen gente... Desde la primera página está claro que el misticismo y el delirio le van a disputar el protagonismo al thriller político futurista y de esos dos mundos en aparente conflicto Baranko saca un sinfín de ideas de increíble originalidad.
Lo más loco es que todo se entiende, todo cierra, nada se queda en la fumanchereada, ni en el mero golpe de efecto. Las distintas épocas por las que transita el guión están perfectamente ambientadas, los personajes están bien construídos (con la dosis justa de grotesco y exageración para que el realismo no le quite ritmo a la trama), los misterios están bien llevados y las distintas puntas argumentales confluyen al final de modo armónico, para nada forzado. Seguramente se entiende y se disfruta más si conocés la historia de Ucrania, su relación con la ex-Unión Soviética, la tragedia de Chernobyl, su extraño rol de “bisagra” entre Asia y Europa, etc. Si no, Baranko igual se encarga de que te metas a fondo en esta historia violenta, contaminada por una ciencia-ficción pesimista, un profundo debate político y una onda mística que la acerca más a Jodorowsky que a Warren Ellis.
A todos estos méritos hay que sumarle el extraordinario atractivo del dibujo de Baranko, con ese trazo recontra expresivo que pasa sin escalas de la línea clara preciosista al claroscuro más extremo; sus logros en materia de color, su narrativa ingeniosa, novedosa e impecable, y por supuesto el plus de la edición yanki, que nos permite leer la saga completa en un sólo tomo largo, en vez de fumarnos el continuará cada 46 páginas. De todos modos, no recomiendo bajarse todo este libro en una sóla sentada: en cada tramo de 46 páginas Baranko mete bastantes más cosas que en el álbum francés promedio, por lo cual las 138 páginas leídas al hilo pueden resultar una ordalía zarpada, una sobredosis capaz de dejarte al borde del ACV. Como sea, no dejes de descubrir a L'Empereur Océan, una historieta que además de jerarquizar a tu biblioteca, te va a dejar el bocho en ebullición, a fuerza de ideas e imágenes tan potentes como infrecuentes.
No quiero contar la trama de L'Empereur Océan, primero porque es complicada y después porque está armada con varias sub-tramas que Baranko teje y trenza hasta convertirlas en una cosa sólida, coherente y contundente. Además de la perfecta resolución y el gran ritmo que tiene el guión, llama la atención la acumulación de elementos extraños, que a priori parecerieran no poder convivir bajo una misma trama. Acá tenemos una Rusia gobernada por un dictador histriónico, pelado, drogadicto y con unos anteojos bizarros. Es una especie de Spider Jersusalem, pero que en vez de periodista fue escritor de ciencia-ficción. También hay un último sobreviviente de la masacre que acabó con los chechenes, un tipo sin nada para perder y al que le cabe la idea de convertirse en uno de los seres más poderosos del planeta. También un milico que nació en Chernobyl y recibió habilidades paranormales, producto de la radiación de aquel famoso reactor que voló a la mierda en 1987. Tenemos clones de Abraham Lincoln y Isaac Newton, el fantasma de Lenin, el espíritu de Gengis Khan en busca de la reencarnación, una diosa ancestral, el cadáver de un lama que cobra vida, espías varios, una gitana, una bruja que se roba la novela cada vez que aparece, OVNIs que abducen gente... Desde la primera página está claro que el misticismo y el delirio le van a disputar el protagonismo al thriller político futurista y de esos dos mundos en aparente conflicto Baranko saca un sinfín de ideas de increíble originalidad.
Lo más loco es que todo se entiende, todo cierra, nada se queda en la fumanchereada, ni en el mero golpe de efecto. Las distintas épocas por las que transita el guión están perfectamente ambientadas, los personajes están bien construídos (con la dosis justa de grotesco y exageración para que el realismo no le quite ritmo a la trama), los misterios están bien llevados y las distintas puntas argumentales confluyen al final de modo armónico, para nada forzado. Seguramente se entiende y se disfruta más si conocés la historia de Ucrania, su relación con la ex-Unión Soviética, la tragedia de Chernobyl, su extraño rol de “bisagra” entre Asia y Europa, etc. Si no, Baranko igual se encarga de que te metas a fondo en esta historia violenta, contaminada por una ciencia-ficción pesimista, un profundo debate político y una onda mística que la acerca más a Jodorowsky que a Warren Ellis.
A todos estos méritos hay que sumarle el extraordinario atractivo del dibujo de Baranko, con ese trazo recontra expresivo que pasa sin escalas de la línea clara preciosista al claroscuro más extremo; sus logros en materia de color, su narrativa ingeniosa, novedosa e impecable, y por supuesto el plus de la edición yanki, que nos permite leer la saga completa en un sólo tomo largo, en vez de fumarnos el continuará cada 46 páginas. De todos modos, no recomiendo bajarse todo este libro en una sóla sentada: en cada tramo de 46 páginas Baranko mete bastantes más cosas que en el álbum francés promedio, por lo cual las 138 páginas leídas al hilo pueden resultar una ordalía zarpada, una sobredosis capaz de dejarte al borde del ACV. Como sea, no dejes de descubrir a L'Empereur Océan, una historieta que además de jerarquizar a tu biblioteca, te va a dejar el bocho en ebullición, a fuerza de ideas e imágenes tan potentes como infrecuentes.
sábado, 27 de abril de 2013
27/ 04: DOS FINDES, DOS FERIAS
El finde pasado estuve participando de la FIC, Feria Internacional del Comic de Santiago de Chile. Tuve una mesa en la que vendía historieta argentina y me tocó participar de algunas charlas: una entrevista pública al maestro Eduardo Risso, la presentación de la edición chilena del Vol.2 de Locke & Key (a pedido del editor, que lee este blog y se enteró de mi fanatismo por esta serie) y un panel sobre Historieta Latinoamericana, de nuevo junto a Risso, Renato Guedes (de Brasil) y Gonzalo Martínez (de Chile). Fuera del horario del evento, también tuve el placer de compartir chralas, viajes y comidas con nuestros Tomás Giorello y Martín Canale, el portadista brazuca Felipe Massaferra y los maestros James O´Barr y Arthur Suydam, de EEUU, además de una horda de artistas chilenos de gran nivel, como Christiano, Alan Robinson, Rodrigo López, Alfredo Rodríguez y su hermano Gabriel (el dibujante de Locke & Key), Nelson Dániel, los autores de Varua Rapa Nui (también, contentos con la “buena nota” que se sacaron en este blog), el maestro Carlos Reyes (periodista y editor) y muchos más de los que ahora me estoy olvidando, pero que dan testimonio del buen momento por el que atraviesa la historieta del país vecino. También se juntaron muchos organizadores de eventos, obviamente con Risso a la cabeza, y con la presencia de Diego París (Imaginario), Chiqui Vilca (Lima Comics), los chicos de la San Luis Comic Con y obviamente los locales, liderados por Christian González.
El evento en sí, espectacular. La consigna era “101% comic”, así que imaginate cómo estaba yo. De hecho, lo único que no era historieta en todo el evento eran las estatuas de Martín Canale... de personajes de historieta! Posta, poquísimo cosplay, cero cine y tele y ni un stand que vendiera muñecos, remeras, mochilas, DVDs y boludeces varias. Una gloria. Sólo faltó que se armara en algún lado una buena muestra de originales, ya sea de los autores locales o de los invitados que llegaron de otras latitudes. La FIC tiene margen para seguir creciendo, pero esta segunda edición (la primera fue a fines de 2011) fue enormemente satisfactoria para los invitados, los expositores y el público. Obviamente volveremos.
Por otro lado y mucho más cerca, hoy estuve paseando por la Feria de Libro, porque además quería presenciar el homenaje a Quino, que contó con la presencia del ídolo, junto a Rep y Tute. Como siempre, la mayor cantidad de stands de nuestro palo se concentra en el pabellón Azul. Ahí están OVNI, Pictus, LARP, La Revistería, Plan-T, Historietas Argentinas (con el material de Doedytores y más material nacional e importado), Yammal (también con mucho material de varios sellos distintos) y creo que este año NO está Muñones, lo cual habla de una sana depuración. Igual vi un cartel de Animate en un stand que nada que ver...
El pabellón Verde, como siempre, lo podrían dinamitar y nadie se escandalizaría. Hay algo de historieta infantil y no mucho más. En el pabellón Amarillo, están los clásicos stands de Colihue y Ediciones De la Flor (atenti a este último, que explota de novedades impresionantes), a los que este año se sumaron un segundo stand de La Revistería y el stand de Moebius Editora, ya por fuera de su habitual team-up con ONVI, donde hay material de este sello y de varios más. Y atenti al pabellón Rojo! Ahí hay una muy linda muestra de humor gráfico con trabajos (no originales) de Quino, Tute, Langer, Daniel Paz, Sábat, Sendra, Tabaré, Jorh, Héctor Beas, Alberto Montt y un par más, junto a una muestra en la que los historietistas más destacados de Holanda ilustran páginas de las obras literarias más famosas de ese reino europeo. Preparate a gozar a lo bestia con asombrosos trabajos del glorioso Joost Swarte, Erik Kriek y Gerbeer Valkema, entre otros.
El cronograma de charlas es (como siempre) bastante abultado y si le sumamos la legión de autores que aparecen firmando en los stands (hoy me crucé con Dante Ginevra, Rodolfo Santullo, Fernando Rossia y Luciano Saracino) se arma un masacote de texto impublicable en este espacio. Yo este año tengo vacaciones, en el sentido de que no voy a estar encargado de la conducción de ninguna charla, para beneplácito del público que asiste a las mismas. Pero igual voy a boludear, a comprar libros o a presenciar alguna charla. Ventajas de haber laburado un par de años para la fundación que organiza la Feria y tener pase gratarola.
Mañana posteo otra reseña y el lunes tengo pensado ir a ver Iron Man 3 (me perdí la función de prensa por estar en Chile), así que por ahí se viene una crítica a la peli, algo que hace muchos meses que no tenemos por acá. Que no decaiga.
El evento en sí, espectacular. La consigna era “101% comic”, así que imaginate cómo estaba yo. De hecho, lo único que no era historieta en todo el evento eran las estatuas de Martín Canale... de personajes de historieta! Posta, poquísimo cosplay, cero cine y tele y ni un stand que vendiera muñecos, remeras, mochilas, DVDs y boludeces varias. Una gloria. Sólo faltó que se armara en algún lado una buena muestra de originales, ya sea de los autores locales o de los invitados que llegaron de otras latitudes. La FIC tiene margen para seguir creciendo, pero esta segunda edición (la primera fue a fines de 2011) fue enormemente satisfactoria para los invitados, los expositores y el público. Obviamente volveremos.
Por otro lado y mucho más cerca, hoy estuve paseando por la Feria de Libro, porque además quería presenciar el homenaje a Quino, que contó con la presencia del ídolo, junto a Rep y Tute. Como siempre, la mayor cantidad de stands de nuestro palo se concentra en el pabellón Azul. Ahí están OVNI, Pictus, LARP, La Revistería, Plan-T, Historietas Argentinas (con el material de Doedytores y más material nacional e importado), Yammal (también con mucho material de varios sellos distintos) y creo que este año NO está Muñones, lo cual habla de una sana depuración. Igual vi un cartel de Animate en un stand que nada que ver...
El pabellón Verde, como siempre, lo podrían dinamitar y nadie se escandalizaría. Hay algo de historieta infantil y no mucho más. En el pabellón Amarillo, están los clásicos stands de Colihue y Ediciones De la Flor (atenti a este último, que explota de novedades impresionantes), a los que este año se sumaron un segundo stand de La Revistería y el stand de Moebius Editora, ya por fuera de su habitual team-up con ONVI, donde hay material de este sello y de varios más. Y atenti al pabellón Rojo! Ahí hay una muy linda muestra de humor gráfico con trabajos (no originales) de Quino, Tute, Langer, Daniel Paz, Sábat, Sendra, Tabaré, Jorh, Héctor Beas, Alberto Montt y un par más, junto a una muestra en la que los historietistas más destacados de Holanda ilustran páginas de las obras literarias más famosas de ese reino europeo. Preparate a gozar a lo bestia con asombrosos trabajos del glorioso Joost Swarte, Erik Kriek y Gerbeer Valkema, entre otros.
El cronograma de charlas es (como siempre) bastante abultado y si le sumamos la legión de autores que aparecen firmando en los stands (hoy me crucé con Dante Ginevra, Rodolfo Santullo, Fernando Rossia y Luciano Saracino) se arma un masacote de texto impublicable en este espacio. Yo este año tengo vacaciones, en el sentido de que no voy a estar encargado de la conducción de ninguna charla, para beneplácito del público que asiste a las mismas. Pero igual voy a boludear, a comprar libros o a presenciar alguna charla. Ventajas de haber laburado un par de años para la fundación que organiza la Feria y tener pase gratarola.
Mañana posteo otra reseña y el lunes tengo pensado ir a ver Iron Man 3 (me perdí la función de prensa por estar en Chile), así que por ahí se viene una crítica a la peli, algo que hace muchos meses que no tenemos por acá. Que no decaiga.
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