el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 9 de diciembre de 2013

09/ 12: MARSUPILAMI Vol.2

Ahora sí, con los personajes y las locaciones ya presentadas, esta vez André Franquin y Greg se juegan con un argumento mucho más elaborado para este segundo álbum solista del Marsupilami. La consigna básica es muy sencilla: un cachorrito de oso panda cae por accidente en la selva de Palombia y el marsupilami y los suyos deberán ocuparse de que no se muera de hambre… lo cual es bastante complejo porque el osito sólo come bambú.
Felizmente, Greg y Franquin se dan cuenta al toque de que con eso no llenan ni por accidente 46 páginas de historieta (franco-belga clásica, de la que tiene pocas páginas con menos de 10 viñetas) y entonces estiran para atrás y para los costados. El osito panda cae en la selva en la página 10, cuando ya pasaron un montón de cosas graciosísimas, en secuencias en las que no aparecen ni el marsupilami ni ningún otro personaje conocido. Ahí los autores presentan en clave satírica a la ciudad capital de Palombia, un pandemónium político y social en el que anidan toda clase de corruptos e inescrupulosos. Y de ahí sale el avión hacia la jungla, tripulado por dos chinos (que jamás explican de dónde sacaron al panda bebé) y piloteado por un alemán que funciona como un estereotipo tan cruel y tan políticamente incorrecto como el yanqui y el sudamericano que vimos en el tomo anterior. Entre estos tres personajes se logra una química muy efectiva, que dura poco, pero que hace que para cuando realmente empieza la aventura, uno esté totalmente enganchado con el álbum.
El alemán mentiroso y codicioso se verá enroscado en una tramoya con el hechicero de una tribu aborigen, casualmente la misma a la que los marsupilamis le robarán el bambú para alimentar al osito. Y ahí ya termina de cuajar la mezcla, ahí los autores encuentran la materia prima para combinar la comedia de enredos con la acción “dramática”, con los peligros que deberán afrontar nuestros héroes. Sobra un personaje muy raro, poco explicado (el pajarito orejón) y no queda espacio para explicar cómo sobreviven los chinos al estallido del avión. Tampoco importa demasiado. Por suerte, el avechuchesco Helmut queda vivo y no estaría mal verlo volver en otras aventuras. No sé qué tan probable sea eso, porque esta es la última entrega de la serie en la que mete mano Greg, quien a partir del próximo tomo será reemplazado, creo que por Yann. Pero ojalá veamos los regresos de varios de los personajes presentados en los dos primeros libros.
Por el lado del dibujo, Batem está más afianzado que en el primer tomo. Su línea imita cada vez mejor a la del maestro Franquin y ya hasta las caras de los personajes humanos le salen casi idénticas. Las páginas que transcurren en la ciudad muestran, además, la gran versatilidad del dibujante y su talento para llevar esa sensación de caos y descontrol tan típica de Franquin a otro tipo de ambientaciones, no sólo a la jungla amazónica. Un laburo hermoso de Batem, de nuevo muy bien complementado por un colorista de gran sutileza y gran eficacia.
Me queda por leer el Vol.3, que es el único que tengo en francés. La semana que viene casi seguro lo reseño por acá.

domingo, 8 de diciembre de 2013

08/ 12: FATALE Vol.1

Con este comic estoy haciendo algo que hacía mucho que no hacía: lo leo capítulo a capítulo, con un mes de paréntesis entre uno y otro, a medida que hago las traducciones para el sitio de “tradumaquetadores” con el que estoy colaborando. Estoy en el medio de la traducción del cuarto capítulo, así que –cuando le tocó a este tomo ser reseñado acá en el blog- me faltaba leer sólo el quinto. La consecuencia más notoria de la lectura “paso a paso” (en homenaje eterno a Mostaza Merlo, obviamente) es que me encariñé más con los personajes. Siento que los conozco hace mil años, les escucho las voces, sé cómo habla cada uno (si no estudiás eso a fondo es casi imposible lograr una traducción fiel al material original) y hasta me permito intuir qué van a hacer en los episodios que no leí. Trataré de que ese cariño no vuelva demasiado subjetiva esta reseña.
Seguramente ya escuchaste hablar de la chapa de Ed Brubaker y Sean Phillips y de la magia que explota cada vez que se juntan para trabajar en un proyecto en común. Fatale no es para nada la excepción: de nuevo tenemos un comic donde realmente cuesta creer que no hay un único autor, sino dos, que se entienden a la perfección. La gran diferencia esta vez es que Fatale no es el típico policial negro, el típico hard boiled, que es el género en el que hace años se destaca la dupla. Así como en Incognito los autores le agregaron al hard boiled ciertos tópicos del género de superhéroes y algo de espionaje, acá se juegan con elementos fantásticos que tienen que ver con el terror, con ciertos visos lovecraftianos.
De pronto, la “femme fatale” a la que hace referencia el título esconde un secreto muy heavy que tiene que ver con sectas satánicas y asesinatos rituales en los que se invoca a oscuras deidades de ancestral poder. Todo muy sugerido, muy desenfatizado por Brubaker hasta ya muy avanzado este primer tomo. Pero las pistas están. Si leés con atención, especialmente los flashbacks, empezás a intuir que el pasado de Josephine y Walt Booker está manchado con elementos sobrenaturales muy jodidos, que obviamente los van a perseguir hasta el presente. En realidad, hasta uno de los presentes, porque la narración está planteada en dos épocas muy distintas: 1956 y la actualidad. Ambas ambientaciones serán atravesadas por la enigmática presencia de Josephine, que le recontra-complicó la vida en 1956 al pobre Dominic “Hank” Raines y en el presente se la va a complicar al también incauto ahijado de Raines, Nicolas Lash, que se pasa casi todo el tomo descubriendo azorado la crónica de su padrino acerca de su relación con Jo.
El clima de la serie es MUY hard boiled, en ningún momento amaga con convertirse en una machaca sobrenatural al estilo Hellboy. Y además es MUY truculenta. Hay destripamientos, mutilaciones, gente quemada, tiros, golpes, cuchillazos y un ritual satánico en el que la víctima es un bebé, arrancado del vientre de su mamá. Los propios personajes subrayan todo el tiempo lo espesos que se ponen la violencia y el gore, escena a escena y muerte a muerte. Estamos frente a un comic extremo no por el lado de la grandilocuencia, sino por lo fuerte que impactan las crueldades y las atrocidades que urde Brubaker.
Por suerte, a la hora de plasmarlas gráficamente, el maestro Phillips mantiene su característica sobriedad. Lo cual no significa que no haya secuencias tremendamente shockeantes. Phillips y el glorioso colorista Dave Stewart se ensamblan pefectamente para darle vida y verosimilitud a estos climas, constantemente enrarecidos por los asesinatos y por la presencia insoslayable de estos elementos fantásticos, en los que no conviene ahondar para no spoilear. La narrativa es impecable, la reconstrucción de la San Francisco de 1956 también y cuando Phillips echa mano a la referencia fotográfica la labura tanto y tan bien que no hace ruido para nada.
Fatale terminó o está por terminar de publicarse en revistitas y creo que van a ser cuatro TPBs. No sé si el balance final nos permitirá ponerla en la categoría de Obra Maestra de esta dupla infalible porque –claro- está Criminal, que es perfecta. Lo que sí sé es que esta serie arranca MUY arriba, con un argumento sumamente atrapante, muy bien desarrollado, con buenos diálogos, buenos personajes y un clima que la diferencia bastante de las otras obras de Brubaker y Phillips y que además la lleva en una dirección muy poco explorada por el comic en general. Da para bancarla a muerte.

sábado, 7 de diciembre de 2013

07/ 12: PENDING ISSUES

Hoy, de nuevo, tengo poquísimo tiempo para redactar la reseña.
Si seguís el blog hace tiempo, sabés que hay una especie de tradición que consiste en reseñar ediciones francesas de historietas argentinas que nunca se publicaron en nuestro país. Bueno, hoy le meto un upgrade a esa tradición, con un comic de autores argentos que sólo existe en EEUU. Pending Issues (Asuntos pendientes) es una obra de Alejandro Farías (el prolífico guionista, editor, poeta y especialista en ópera) y Jorge Vildoza, un dibujante del que no conocía otros trabajos.
El libro consta de seis historias cortas, en las que el detective Rupert Fink recibe el encargo de un cliente que necesita resolver un asunto pendiente. No son ajustes de cuentas entre malvivientes, sino asuntos que tienen que ver con los sentimientos, con viejos amores, rencores, desencuentros, sueños. Es un planteo muy atractivo, que se le podría haber ocurrido a Carlos Trillo, por ejemplo, en la época de Buscavidas y Las Puertitas del Sr. López, cuando abordaba historias cortas que –sin descuidar las reglas de algún género- se metían con este tipo de temas y desplegaban una lírica en algún punto similar a la de Farías. Finalmente, ya en este siglo, Trillo escribió Anton Blake: Detective de Sentimientos, que es la obra que más se parece a Pending Issues, con la salvedad de que Trillo (y Juan Bobillo) produjeron dos novelas gráficas de su personaje y de Rupert Fink hay (creo) sólo este puñado de páginas.
El ritmo narrativo que Farías le impone a las historietas no tiene nada que ver con ninguna obra de Trillo. En todo caso conecta más con una sensibilidad de comic independiente actual, con ese tono “buena onda” de un Liniers o un Decur, aunque con tramas más elaboradas. Lo cierto es que cada historia de Pending Issues es corta y a la vez redondita, muy satisfactoria. La mejor es la cuarta, la que además sirve para explicarle al lector desprevenido cómo funciona esta serie, qué es lo que Farías trata de transmitir a través de los casos que (a veces) resuelve Rupert Fink. Y por suerte ninguna de las seis es floja.
Lo más criticable tiene que ver con cómo está presentado el libro, al que le sobran páginas en blanco y carátulas que no aportan absolutamente nada. Se podrían haber separado las historias desperdiciando muchas menos páginas, y lo más irritante: se podrían haber usado esas páginas para incluir una historia corta más.
El dibujo de Vildoza es lo que termina de construir esta atmósfera de lirismo freak. Estamos ante un dibujante muy original, al que –forzando un poquito las analogías- podríamos enrolar en una línea afín a la de Richard Sala o a la de Lily Carré. Pero no es exactamente esa estética, es más raro, y el uso del color lo enrarece aún más, lo aleja aún más de cualquier referente conocido. No es un dibujo pensado para gustarle a todo el mundo, pero a mí particularmente me cautivó. No esperes ver adentro el nivel de detalles que se ve en el dibujo de la portada, que además está coloreada de modo mucho más convencional que las páginas interiores. Pero vale la pena buscar este (u otros) trabajos de Vildoza para disfrutar de este dibujante atípico y personal.
Nada más. Bueno, sí. Ojalá Pending Issues se publique en castellano y mucha gente pueda descubrir estas hermosas historias de Farías y Vildoza.

viernes, 6 de diciembre de 2013

06/ 12: LOS GUARDIANES DEL MASER Vol.1+2

Sin dudas esta edición de Los Guardianes del Maser lanzada por Norma en 2004 es la más linda, la que más justicia le hace al trabajo del italiano Massimiliano Frezzato. En vez de seis tomos flaquitos, esta edición reúne toda la saga en tres tomos más power, en tamaño más grande y con lujosas tapas duras. Por supuesto, cada uno de estos libros vale un huevo y la mitad del otro, por eso yo, que tuve la suerte de capturar este tomo a un precio ridículamente bajo en una cueva donde no sabían lo que estaban vendiendo (o sabían, pero se lo habían chorado y tenía cero costo), antes de comprarme los dos tomos siguientes para decir “la completé”, me tomé el laburo de leer esta primera entrega.
Me encontré con un solo problema, pero grave: Frezzato no sabe narrar. Okey, son sus primeras obras, de 1996-97. Por ahí ahora mejoró un montón. Pero estos álbumes tienen tropiezos de principiante en todo lo que respecta a la narrativa. El armado de las secuencias es torpe; hay viñetas y viñetas de sobra, que sólo aportan confusión; buena parte de la acción (que tampoco es tanta) no se entiende; sobran los primeros planos; los cambios de escena llegan siempre en momentos chotos… básicamente esto está plagado de los errores más básicos, los que tienen que ver con la gramática del lenguaje del comic. Por eso, leer Los Guardianes del Maser se convierte en algo denso, proceloso, que requiere una paciencia infinita por parte del lector.
Una pena enorme, porque se nota que Frezzato imaginó un mundo muy interesante y lo pobló de personajes atractivos, bastante originales, y le dio a toda la saga una onda amplia, inclusiva, como para hacerla disfrutable no sólo para los hardcore fans de la aventura post-apocalíptica europea. Y por supuesto, lo que más me jode es que este guión fallido, accidentado, al que se le notan mucho los tropiezos, está dibujado por el italiano a un nivel superlativo. Por momentos, Frezzato amaga a dibujar como Simon Bisley, por momentos tiene composiciones que nos remiten a Katsuhiro Otomo y hay cosas de la anatomía y del color que parecen de Juan Giménez. A esto sumémosle un montón de hallazgos que son de la propia cosecha del autor, cosas que nunca le habíamos visto hacer a nadie, más yeites típicos de la ilustrtación, de esos tipos que dibujan artbooks de hadas, enanos y cosas por el estilo, y tenemos una faz visual realmente demoledora, que te deja babeando al grito de “¡Quiero TODO lo que dibuje Frezzato en su puta vida!”.
Y la verdad es que, si lo que te interesa de los comics es el dibujo, esto es absolutamente fundamental. Te lo tenés que comprar al precio que sea, ponerlo en el altar y rezarle todas las noches. Como dibujante y como ilustrador, no tengo dudas de que Frezzato es intachable, un talento bestial, de altísimo vuelo y altísimo impacto, y encima difícil de clonar. Yo me bajo acá de este trip a la fantasía futurista de Los Guardianes… sólo por un tema de que se me complica leer historietas con tantos errores en la narrativa. De última, si me pica el bicho de enterarme cómo se resuelve la saga, me pondré a buscar los álbumes restantes entre mi colección de Heavy Metal, que los publicó todos, complementados con historias cortas de otros autores, como hace siglos acostumbra la famosa antología yanki.

jueves, 5 de diciembre de 2013

05/ 12: ROCKETEER ADVENTURES Vol.2

Mirá este elenco de autores: Peter David, Paul Dini, Kyle Baker, John Byrne, Walt Simonson, Bill Sienkiewicz, Matt Wagner, Chris Sprouse, David Lapham, John Paul Leon, Colin Wilson, Stan Sakai... Darwyn Cooke en las portadas... y podría seguir, eh? ¿A qué iba? Ah, sí: ves este elenco de artistas y te tirás de cabeza, mal. Ahí hay más asesinos seriales que en aquella convención que imaginó Neil Gaiman para un arco de Sandman. Y todos trabajan sobre Rocketeer, un personaje con pocas historietas realizadas por su autor (el muy querido y tempranamente fallecido Dave Stevens) pero de innegable atractivo, tanto por su ambientación, como por su impronta visual y la de su co-protagonista, la bomba vintage Betty Page. Sin embargo, una vez que entrás a recorrer la antología, te gana la sensación de que este equipazo está yendo para atrás, de que nadie pone acá los mismos huevos que en otros trabajos suyos, como si la onda fuera cumplir con el encargo del coordinador (el respetadísimo Scott Dunbier) y sacárselo de encima rapidito. Por supuesto, con algunas excepciones. Veamos qué sale del repaso puntual de las historietas de ocho páginas que integran el libro.
Arranca Marc Guggenheim con una historia linda, emotiva, basada en el dilema de qué es ser un héroe. Lo acompaña el virtuoso Sandy Plunkett, en un estilo perfectamente clonado del de Dave Stevens, realmente hermoso. La segunda también está de buena para arriba: el Gordo David y Bill “Dios” Sienkiewicz proponen reversionar al Rocketeer en clave de Looney Tunes y sale The Ducketeer, un homenaje zarpado y desopilante a ambas cosas: los cortos animados de la Warner y el personaje de Stevens. La de Stan Sakai es una aventurita muy menor, que se salva por el guiño geek del final, cuando el autor nos “sugiere” que los sucesos que nos narra transcurren en Smallville, en la granja de Ma y Pa Kent. Nada, un chiste largo.
La siguiente la escribe Tom Taylor y es otra aventura menor, contra nazis genéricos, sin gusto a nada. El dibujo del ídolo neozelandés Colin Wilson es el único atractivo. Todo empeora de la mano de Paul Dini y Bill Morrison, que proponen otra peripecia menor en clave de comedia, poco graciosa y con un dibujo por debajo del promedio. Walt Simonson escribe otra historia chiquita, de escasa trascendencia, con un par de diálogos lindos, afilados. Dibuja el glorioso John Paul Leon, pero sin dejar la vida, tranquilo.
Dave Lapham le escapa a la aventura para contar una breve slice of life en la que prima el tono romántico. Un embole, bah. Y Chris Sprouse la dibuja también con menos onda que la que le vemos en otras obras. La de Kyle Baker es otra anécdota cuasi-pavota, que se salva por la mala leche de algunos diálogos y por supuesto por el dibujo, que es monumental. Acá tenemos a un grosso que deja la vida, sin mezquinar absolutamente nada. Matt Wagner imagina un mundo futuro en el que Rocketeer fue un ícono fundamental de la cultura, en una no-historia aburrida, sosa, sin conflicto y sin emoción. Dibuja con muchísimas pilas Eric Canete.
El maestro Simonson reaparece, ahora como dibujante de la historia escrita por su esposa Louise. El guión es malísimo y el dibujo está lejos del mejor nivel del prócer. La de David Mandel es una bizarreada sin pies ni cabeza, bien dibujada pero completamente innecesaria. Y cierra otro mito viviente, el gran John Byrne, que deja la vida en cada viñeta y plantea un argumento atractivo, con tensión y emociones, pero bastante apoyado en una coincidencia medio inverosímil.
Después hay unos pin-ups hermosos, una biografía de Dave Stevens, y no mucho más. El balance no es desolador ni mucho menos. Pero al lado de lo que uno espera cuando lo ametrallan con esa lista de autores, la verdad es que este libro te deja con gusto a poco. Si sos MUY fan del Rocketeer, supongo que ya lo tenés. Y si sos completista A MUERTE y querés tener TODAS las historietas de Baker, Sienkiewicz o algún otro ídolo absoluto de los que mojan en la antología, recomiendo buscar la revistita en la que aparecen las 8 páginas de tu autor fetiche, para no fumarte todo el libro.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

04/ 12: NOSOTROS SOMOS LOS MUERTOS Vol.6/7

Esta es la antología española que, en la segunda mitad de los ´90, intentó mantener a flote la historieta de autor, para la cual -de pronto- quedaban pocos espacios en las grandes editoriales de la península. Nosotros Somos los Muertos tuvo una impronta similar a la de El Lápiz Japonés, pero mucho más centrada en la historieta, sin delirar por el lado de la ilustración, el diseño y los artículos periodísticos. Fue vidriera para grandes autores extranjeros poco conocidos en España, fue refugio para grandes autores que ya no tenían cabida en El Víbora o en las revistas de Norma, y fue un espacio de reconocimiento, de prestigio, para autores jóvenes que estaban haciendo las cosas bien en su militancia underground. Veamos qué ofrecía este tomo doble, editado a mediados de 2000.
El maestro Martí impacta con una historia escabrosa, en la que la bajada de línea se afana el protagonismo y los dibujos acompañan a la perfección. Son seis paginitas, nomás, pero pegan fuerte. El alemán Max Andersson, en cambio, tiene 15 páginas (que parecen más, porque todas tienen más de 10 viñetas) para desarrollar la bizarra historia de Morti, con sacudones imprevisibles, humor negro y un manejo alucinante del claroscuro.
La de José Luis Ágreda está tan bien dibujada que poco importa la banalidad del argumento, un chiste largo apenas ingenioso. El dibujo, una verdadera maravilla de la línea clara. Con una estética radicalmente contraria a la línea clara, Aleksandar Zograf se juega a bajar línea con una historia triste que al final... resulta ser un sueño. Descalificado.
Alex Fito la rompe (como siempre) en una historieta sin textos, que por ahí se veía mejor a color, pero igual está muy bien. David B aporta una historia bastante extensa (30 páginas), muy bien dibujada. El guión no lo leí, porque tengo esa historia en un libro de historia cortas del ídolo, que voy a leer dentro de no muchas semanas.
Javier Olivares (lo vimos hace poco, con su adaptación de Jeckyll & Hyde) manda cuatro paginitas con unos dibujos gloriosos y un guión que no va a ningún lado. Las alemanas Katrin De Vries y Anke Feuchtenberger me aburrieron con una historieta pretenciosa, con un dibujo raro (no malo) y cero narrativa. Tamayo, otro impresentable, cuyas dos páginas no sirven ni para envolver las papas.
Por primera vez en la historia de esta antología, nos encontramos con una historieta a todo color, las 13 páginas de Spore, a cargo de otro alemán, el sorprendente y exquisito Hendrik Dorgathen (el de Space Dog). El dibujo es fastuoso y el guión al principio se pasa de críptico y con el correr de las viñetas cobra un sentido grosso e impactante. Lo del maestro Max, cortito e intrascendente, y siempre maravillosamente dibujado.
Laura (vimos una obra suya allá por el 10/04/10) copia fotos de una revista porno para contar una no-historia hot pero hueca. El gran Manel Fontdevila la rompe en un muy lindo unitario de seis páginas. Nuestro Sergio Langer aporta dibujos sueltos, sin chistes ni relatos. Lo mejor del tomo llega cuando Carlos Portela y Kohell nos cuentan la cautivante F-356, una historia perfecta, 12 páginas inolvidables. Y al toque vienen 6 páginas de un unitario de Pau, que también está muy bien.
Otro para tirar abajo de un bondi es El Persa (que adapta de modo frutihortícola un cuento de Borges). La de Pere Joan está bien, pero se podría haber contado lo mismo en mucho menos de 18 páginas. Y las 6 paginitas de David Mazzucchelli entran en el grupo de “excelentes dibujos con guiones chotos o intrascendentes”.
Entre las historietas largas, tenemos historietas de una sóla página en clave de humor firmadas por Darío Adanti y Miguel B. Núñez, dos grossos, cada uno en su estilo. Y después, textos, alguna ilustración y dibujitos perdidos, que no aportan demasiado.
El balance es positivo, sobre todo si pensamos qué otras cosas había en 2000 en las bateas de las comiquerías españolas. NSLM es un producto típico de ese período de transición, en el que el comic abandona los kioscos para refugiarse en las librerías e integrarse cada vez más al circuito de la literatura. Y hoy que está tan de moda la “novela gráfica” (la historieta larga, bah), no está mal encontrarse con grandes autores pelando historietas breves, sobre todo cuando hay cinco o seis realmente excelentes.

martes, 3 de diciembre de 2013

03/ 12: POURQUOI LES CHEVALIERS ONT DISPARU

Ayer lo veíamos al inolvidable Carlos Trillo quedarse con el primer puesto (y con el séptimo) en el ranking de los libros más vendidos de Noviembre. Hoy, por el contrario, tengo para reseñar un libro que no existe en nuestro idioma y que, si no se publica nunca en Argentina, nadie va a patalear.
Por Qué Desaparecieron los Caballeros (tal su nombre en castellano) es un recopilatorio de seis historias cortas de principios de los ´90, realizadas por Trillo y Horacio Domingues para las revistas de la Eura y publicadas también en Puertitas, y en la antología mexicana El Gallito. Siempre en blanco y negro: el color se le agregó para esta edición en libro a cargo de Erko, la editorial eslovena capitaneada por Ervin Rustemagic, quien fuera muchos años agente de Trillo.
Si leiste estas historias cuando salieron en Puertitas, ya sabés de qué se tratan: Trillo sale a jugar de irónico, de canchero, y nos invita a mofarnos de los tópicos y las convenciones de los clásicos relatos medievales protagonizados por heroicos caballeros errantes. Rara vez sucede que, en un compilado de seis historias cortas, los seis guiones me parecen chotos. Los voy a repasar, a ver si en ese proceso encuentro algo para rescatar.
El primero es nefasto: es todo una gigantesca excusa para mostrar a una mina en pelotas, totalmente cosificada y maltratada, tanto por el guionista como por los otros personajes. Se aprecia la mala leche, pero son recursos muy bajos, de muy poco vuelo. El segundo también desbarranca para el lado del erotismo soft y berreta y también termina con la mina que está buena empomada por una legión de muchachones alzados. Un desastre irredimible.
El tercero es el más breve (6 páginas) y está bien, porque es un chiste largo, algo que se podría haber contado tranquilamente en dos páginas, o en una, pero con 10 ó 12 viñetas. ¿Es gracioso? Apenas. El cuarto es otro chiste largo, sólo que narrado en ocho páginas en vez de seis. Acá hay cierta comicidad en el desarrollo de la trama, pero el final, donde debería venir un remate fuerte, es una gansada cósmica.
El quinto es otro guión muy pobre, estirado para ocupar ocho páginas, con un conflicto berreta y una resolución anticlimática y predecible. Y el sexto intenta una variante novedosa: combinar a un caballero legendario con una chica del presente, fanática de este tipo de relatos, que suspira por un príncipe que nunca llegará, hasta que –sin mayor explicación- llega. La idea está bien, no es una excusa para mostrar garches y pajereadas. Lástima cómo se resuelve. Quizás si en vez de 12 páginas Trillo hubiese tenido... 40, salía una historia más potente, más redonda.
El dibujo de Domingues es correcto. Compone bien las viñetas, cuida las expresiones faciales, no mezquina fondos, logra producirnos un zumbidito en la entrepierna cuando dibuja a esas hembras tetonas, siempre propensas a abrirse de gambas...y además tiene esa línea precisa, clarita, ideal para que venga un buen colorista y le agregue otra dimensión al dibujo. En general, en esta época, la línea de Domingues estaba muy pegada a la de Carlos Meglia, pero acá hace cosas que Meglia no habría hecho nunca, como dibujar a uno de los caballeros (Sir Normandus) con rasgos mucho más cercanos a los de un Uderzo o un Morris. Como es un laburo hecho para Italia, rara vez hay páginas de más de seis viñetas y Domingues aprovecha ese dato para lucirse en el dibujo (con los detallitos llenos de tramas y texturas) sin descuidar la narrativa.
Más allá de que el dibujo zafe decorosamente, no hay forma de poner a este álbum en la pila de los recomendados. Si sos MUY fan de Trillo y querés tener TODAS sus historietas, y bueno... fijate si lo conseguís y bancátelo en francés. Si no, te aconsejo empezar por otros álbumes de la dupla, todos ellos ya reseñados en el blog: Boggart y Hyter de Flok, sin ser la gloria, son mejores que esto, y Angustias es MIL veces mejor. El año que viene habrá más Carlos Trillo acá en el blog.

lunes, 2 de diciembre de 2013

02/ 12: LOS MAS VENDIDOS DE NOVIEMBRE

A pesar de la escasa bola que le di a la Distri este mes, mucho más concentrado en los viajes y en los eventos a los que me tocó asistir, las ventas de Noviembre fueron muy, muy buenas. Apenas un toque por debajo de las de Octubre, que habían sido devastadoras. Veamos qué fue lo que más se vendió en comiquerías, sin contar los stands en los eventos.

1) Cybersix Vol.2 (Napoleones sin Batallas + Entelequia)
2) Barlovento (Napoleones sin Batallas + Entelequia)
3) Shankar Vol.2 (Loco Rabia)
4) Lo Que No Importa Está Acá (Moebius)
5) Sónoman Vol.2 (De la Flor)
6) Escuela de Monstruos Vol.3 (Pictus)
7) Bolita (Historieteca)
8) Términus Vol.4 (Términus)
9) Bife Angosto Vol.3 (De la Flor)
10) Shankar Vol.1 (Loco Rabia)

Mirá a Cybersix! De ser una especie de chiste recurrente (se anunció para Septiembre de 2012 y salió en Noviembre de 2013) pasó a ser el título más taquillero de un mes en el que hubo que vender mucho para entrar al ranking. Parece que garpa esto de anunciar los lanzamientos con 15 meses de anticipación ;)
El segundo puesto es para lo nuevo de Alcatena y Mazzitelli (no tan nuevo... hoy salió Transmundo!), la dupla-hitazo que tiene otros dos títulos en el ranking. No sé si alguna vez una dupla tuvo tres libros entre los diez más vendidos, Creo que no. Y además, un mismo sello editor se quedó con los dos primeros puestos, lo cual tampoco es muy frecuente.
Las otras tres novedades de Noviembre que lograron entrar al Top Ten se quedaron con los puestos 6-7-8 (cuac). Seguramente en el ranking del mes que viene Bolita y Términus van a estar en esos mismos puestos, o más arriba, porque me parece que la demanda real es mayor que la que se vio reflejada en los pedidos que logré entregar en Noviembre.
¿Y qué me contás de Gustavo Sala? Su último libro no sólo se mantuvo un mes más entre los más vendidos, sino que le levantó las ventas a los anteriores, uno de los cuales también entró al Top Ten. Muy notable.
Veremos qué pasa este mes, con el libro nuevo de Mazzitelli y Alcatena (editado por Colihue, después de... cuatro años sin publicar historietas), más trabajos de Alejandro Farías, Max Aguirre, Diego Greco y Alejo Valdearena, Julieta Arroquy, los gemelos brazucas Magno y Marcelo Costa... y el nefasto Nik, que seguro va a clavar a su abyecto felino en el primer puesto del ranking, como sucede cada vez que sale un nuevo tomito de Gacurro. Es lo que hay...

domingo, 1 de diciembre de 2013

01/ 12: THIEF OF THIEVES Vol.1

Hasta ayer, yo era virgen de Robert Kirkman. Como ya conté varias veces, nunca leí The Walking Dead, ni vi un sólo capítulo de la serie de TV. Tampoco leí lo que hizo para Marvel, ni Invincible, ni la del hombre lobo, ni esa bizarreada del dinosaurio cuyo nombre no recuerdo. Como mucho, me habré cruzado con Kirkman en alguna antología de Image, con una historia cortita. Y ni siquiera estoy muy seguro de eso.
Pero claro, la obra de este gordo con cara de copado (que está viendo si se compra Suiza o Fort Knox) es muy amplia y bastante diversa, con lo cual es muy probable que uno muerda alguno de los muchos anzuelos que tira. Yo mordí con Thief of Thieves, porque me interesó la temática (un comic de base 100% realista protagonizado por el mejor ladrón de todos los tiempos) y porque el dibujante es Shawn Martinbrough, del que soy fan desde que dibujó esa serie rarísima de The Creeper, hace como 15 años.
Una vez que tuve el TPB en la mano, descubrí que en Thief of Thieves el gordo Kirkman tira los argumentos y otro guionista (en este caso, Nick Spencer, del que también había leído poco y nada) se encarga de darle forma a los guiones. Felizmente, ambos salen muy bien parados. Este primer arco me atrapó desde la primera página y me tuvo hipnotizado hasta la última. Las claves son dos, me parece. Primero, la excelente construcción de los personajes, basada sobre todo en unos diálogos afiladísimos, que los pintan a la perfección. Y después, la forma en la que Kirkman y Spencer van complicando GRADULAMENTE la trama. Cada X páginas, cuando vos creés que ya tenés armado “el mapa” de la serie, aparece un personaje nuevo y eso reordena todo el tablero, suma conflictos, resignifica los que ya están en marcha, le agrega espesor a los dilemas morales que atormentan desde el inicio a Conrad Paulson (alias Redmond), nuestro duro protagonista.
Thief of Thieves es un comic con poquísima acción, que le juega todas las fichas a la investigación, la planificación y la runfla. De ahí salen unos robos brillantes, con giros totalmente impredecibles, dignos de los mejores episodios de Los Simuladores, más un montón de traiciones (algunas reales, otras orquestadas para engañar giles) y un montón de aprietes jodidos como enema de chimichurri. Y todo cierra, nada parece traído de los pelos, nada rompe un verosímil construído en base a la vida y el entorno de este personaje acostumbrado a vivir al límite, pero al que le llega la hora de replantearse muchísimas cosas.
Lo único cuestionable es que se nota demasiado que el comic está pensado como el storyboard de una serie de TV. Posta, sólo falta que el TPB incluya las tandas publicitarias entre bloque y bloque. Thief of Thieves es un comic y a la vez es un pitch, una propuesta para dejarle en el escritorio a los productores que deciden en qué proyecto de serie de TV poner la tarasca. Y es probable que la serie se haga, lo cual a) me importa un carajo, porque igual no la voy a ver y b) no creo que afecte en nada a la calidad de la historieta, porque si la hacen como The Walking Dead, es probable que en un punto agarre para otro lado.
La única consecuencia negativa de que esto sea un pitch es que Martinbrough está muy “domesticado”, a años luz de sus laburos más zarpados. Este es el Martinbrough de los últimos años (el que vimos el 05/01/13 en un tomo de DMZ), prolijo, realista, muy volcado al laburo con fotos, una especie de Michael Lark o Sean Phillips pero más “careta”, con el estilo menos marcado. Acá Martinbrough refuerza el guiño al storyboard a través de la brutal hegemonía de las viñetas “widescreen”, un truco cuyas posibilidades narrativas entiende y maneja a la perfeccion, aunque a uno le gusta más cuando la puesta en página es más variada, menos predecible. Aún “domesticado”, Martinbrough es un buen dibujante, sólido, consistente, y el trabajo de Félix Serrano en el color lo apuntala muchísimo. O sea que esto –careta y todo- se ve muy bien.
Si nunca leiste nada de Robert Kirkman y te preguntás cómo encarar este verdadero fenómeno sin hacerte adicto a TWD (que vendría a ser el equivalente comiquero del paco), entrale con confianza a Thief of Thieves. Es una historieta adulta, intensa, muy bien pensada, muy bien ejecutada, sin el más mínimo elemento fantástico, y repleta de momentos muy tensos, muy dramáticos, de esos que rara vez aparecen en los comics más pochocleros. Y si está muy cara, choreátela ;)

sábado, 30 de noviembre de 2013

30/ 11: MARSUPILAMI Vol.1

A mediados de los ´80, el maestro André Franquin llegó a un acuerdo con la editorial Dupuis para recuperar los derechos sobre el Marsupilami, el carismático bicho mitad mono mitad leopardo que creara allá por los ´50 para una aventura de Spirou y Fantasio. Así, el legendario historietista se puso al frente de Marsu Productions, un sello editor independiente que, desde 1987, lleva publicados 26 álbumes protagonizados por este extraño animal y su familia.
Para este primer tomo, Franquin co-escribió el guión con Greg (el mismo Greg que trabajó junto a Hermann en los álbumes de Comanche) y puso los dibujos a cargo de Luc Collin, más conocido como Batem, un notable dibujante nacido en el Congo Belga, quien se quedaría muchos años a cargo de la serie.
La Cola del Marsupilami (título del álbum que inició la colección) tiene un sólo problema: es MUY introductorio. Es un álbum claramente apuntado a los lectores que nunca habían leído las historietas de Spirou en las que aparecía el Marsupilami y no estaban para nada familiarizados con el bicho, sus habilidades, su familia y su habitat, la increíble selva de Palombia, que es casi un personaje más en esta saga. Entonces, todo lo que sucede en este álbum es eso: una forma elegante de presentarnos a los personajes, de mostrarnos cómo funciona el mundo en el que se desenvuelve el Marsupilami, mediante una aventura muy menor, sin consecuencias, sin profundidad y sin mayor tensión dramática.
Para que el artificio funcione, Franquin y Greg le ponen muchas pilas a la construcción de dos personajes que van a volver en los álbumes posteriores: el experto cazador Bring M. Backalive (un yanki que vendría a ocupar el rol del villano) y el Capitán Bombonera, un trucho encantador al que los traductores de Norma hacen hablar (más o menos) como un argentino. Lo cual no es muy loco, porque desde el primer momento Franquin dejó en claro que Palombia quedaba en algún lugar de Sudamérica... aunque yo sinceramente nunca me imaginé que fuera en Argentina. O capaz que los autores belgas le pusieron otro acento y el traductor español (Narciso Fradera) dijo “si es sudamericano, pongámosle acento argentino”, andá a saber. Lo cierto es que la mímica del habla argenta tiene aciertos y errores. Me encantaría leer este libro en francés, a ver cómo habla el Capitán Bombonera (que dudo que se llame así en la versión original).
El guión no va a pasar de ahí: de un intento frustrado por parte de Bring M. Backalive por capturar a un marsupilami. Es una aventura entretenida, con diálogos muy graciosos, excelentes secuencias mudas, mucha acción y no mucho más. El dibujo de Batem hace esfuerzos sobrehumanos para reproducir la magia gráfica del maestro Franquin, y la verdad es que cuando dibuja al Marsupilami, lo logra con jerarquía. La diferencia entre un genio (como era Franquin) y un muy buen dibujante (como es Batem) se nota en otros aspectos, como por ejemplo el lenguaje corporal y las expresiones faciales de los personajes humanos, que no tienen ni en pedo la gracia de los que dibujaba Franquin. Ahí, el trabajo de Batem está al nivel de un buen autor franco-belga de historieta infanto-juvenil, pero lejos de las glorias que pelaba Franquin en sus álbumes de Spirou, o en sus series más personales, como Gaston Lagaffe o Ideas Negras. El color de Vittorio Leonardo es excelente, más sutil, más moderno y más versátil que los coloristas que trabajaban con Franquin en su etapa al frente de Spirou.
Tengo un par de álbumes más para leer y reseñar el mes que viene, a ver para dónde agarra la serie “solista” del Marsupilami, una vez que el nuevo equipo creativo ya presentó al elenco y al contexto elegido para estas nuevas aventuras de la alucinante criatura creada en 1952 por ese genio inconmensurable del Noveno Arte que fue André Franquin.
¿Palombia será argentina? Me quedé tildado con esa boludez...

viernes, 29 de noviembre de 2013

29/ 11: MONDO

Hoy cortito, porque tengo poco tiempo.
Mondo, la última creación del maestro Ted McKeever para Image, es otro delirio sin pies ni cabeza. A pesar de esa tapa horrenda, con una foto apenas retocada, el dibujo del comic propiamente dicho no puede ser mejor: es un McKeever al que le sobran los recursos, las técnicas, la cancha para plasmar lo que se le dé la gana con la simple combinación de blanco y negro. Si leés comics por los dibujos, seguro ya te lo compraste y ni bien lo terminaste le juraste lealtad eterna a McKeever, a quien seguirás hasta el fin de tus días, incluso si el día de mañana se dedica a dibujar guiones de Howard Mackie, Terry Kavanagh o Armando Fernández.
Ahora, si lo que te interesa de una historieta es el guión, vas muerto. Ojo: no es que a McKeever no se le ocurran ideas. El tema es cómo las muestra, cómo las orquesta a la hora de desarrollarlas y darles algo así como un cierre, o un sentido. El primer tercio de Mondo está muy bien. Presenta a los personajes, describe el status quo, nos sitúa en un mundo bastante parecido al nuestro y abre la puerta por la que entra el elemento fantástico que le va a permitir... tener como protagonista a una especie de Hulk amarillo que rompe cosas y no sabe hablar. Una vez que Catfish se convierte en el Hulk amarillo, las escenas que protagoniza empiezan a ser cada vez más raras e intrascendentes, mientras McKeever desarrolla un segundo plot (el del intendente corrupto que quiere hacer mierda a la maravillosa Venice Beach), un tercer plot (el del satélite que va a impactar contra la Tierra) y un personaje descolgado pero carismático, la atractiva Kitten Kaboodle.
De alguna manera bastante tosca y por demás predecible, estas puntas argumentales, estos personajes y alguno más que ni viene al caso mencionar, confluirán en las últimas 14 páginas de Mondo, no para explicar nada de lo que hasta ese punto no se explicó, sino sencillamente para protagonizar una secuencia estridente, grandilocuente, casi de blockbuster pochoclero de Hollywood. En el medio de este mega-bolonki, McKeever mecha algunos díalogos graciosos e ingeniosos, como para asegurarse de que el lector nunca se tome en serio todo este carnaval de la bizarreada. El resultado final suena a capricho, a una colección de excusas chotas urdidas por McKeever para dibujar lo que él tenía ganas de dibujar, más allá de si con esas escenas, o esas imágenes, o esos climas, se arme o no una historia más o menos sólida.
El año pasado, cuando me tocó reseñar otra obra reciente de McKeever escrita por él mismo (12/02/12) me encontré con un argumento críptico, pretencioso, muy jugado a los simbolismos y a la davidlyncheada más extrema. Me lo fumé mansito. Ahora, un segundo guión de McKeever que no me convence. Conclusión: no compro más obras del ídolo escritas por él mismo, por lo menos por un largo tiempo. Una lástima, porque me jacté durante años de bancarlo a muerte. Pero así no da, por más que el dibujo sea glorioso de punta a punta.

jueves, 28 de noviembre de 2013

28/ 11: SAM PEZZO: SHIT CITY

Vuelvo a visitar al maestro Vittorio Giardino y a la vez vuelvo atrás en el tiempo, para descubrir una historieta de 1983, bastante anterior a Jonas Fink, que fue la que vimos hace poquito (el 5 de este mes).
Sam Pezzo es el típico detective de serie negra, un tipo duro, reservado, del cual no sabemos absolutamente nada. Una auténtica tábula rasa. Si hay algo atractivo en Pezzo serán las cosas que le sucedan por involucrarse en un caso bastante retorcido, porque él, pobrecito, tiene cero onda. La aventura, a su vez, se hace muy complicada al pedo. Todos traicionan a todos, todos tienen su agenda secreta y nadie tiene reparos en cagar a nadie. Lo cual estaría bien si todo se explicara de modo más... orgánico. A lo largo de estas 46 páginas, Giardino se esfuerza para que todo el tiempo pasen cosas, para que el ritmo no decaiga y a cada escena tranqui le suceda rápidamente una de acción. Y hay muchas escenas fuertes, generalmente muy logradas. El problema es que mete tantas que muchas terminan por no tener un verdadero peso en la trama. Lo cual ayuda, además a que la historia se termine por comprimir mucho sobre el final, cuando Giardino se da cuenta de que se acerca la página 46 y hay que cerrar todo lo que queda abierto. Así es como nos presenta revelaciones importantes, diálogos y acciones fundamentales para el sentido de la trama, incluso en la última página y –te juro que es posta- en la última viñeta. No hay lugar para un epílogo, para un final más distendido. La historia se estiró tanto con los tiros y las persecuciones que de verdad termina por resolverse en el último cuadrito del álbum.
Dentro de estos tropiezos en cuanto al timing de la novela, se puede rescatar la construcción de algunos personajes secundarios, el ritmo que hace que la historia nunca se empantane, y no mucho más. Shit City se pasa un poquito de retorcida, no deja ni una rendijita por donde filtrar un chiste o una secuencia más relajada y –lo más grave- le sobran elementos para la extensión que tiene. No te digo que leerla sea un garrón pesadillesco como morfarte 13 horas arriba de un micro sin aire acondicionado, en el que no te dan ni un alfajor piojoso y encima te pasan películas de Francella. Pero tampoco es una obra a la que le sobren los aciertos en materia de guión.
¿Por qué es interesante este álbum de Sam Pezzo? Porque es en blanco y negro y nos permite ver otra faceta del dibujo de Vittorio Giardino. Acá, el maestro combina su línea clara, elegante y sofisticada, con un laburo majestuoso de claroscuro, reminiscente en varios pasajes de lo que hacía el inmenso Guido Crepax. Imaginate a Edgar-Pierre Jacobs entintado por Crepax y enseguida te vas a hacer una idea bastante cabal de lo que pela Giardino en Shit City. En algunas composiciones (no en la resolución de las figuras ni de los fondos), Giardino me hizo acordar al Horacio Altuna de El Loco Chávez, tal vez porque Sam Pezzo se parece muchísimo al periodista hincha de Racing. Como en todas las obras de Giardino, la narrativa es clásica y cristalina, claramente inspirada en la de los maestros de la línea clara de Marcinelle. Pero lo más notable es, sin dudas, lo bien que el autor se adapta al blanco y negro, la cantidad de recursos que pone en práctica para suplir la falta de color y sacarle todo el jugo posible a la (aparentemente) simple lógica binaria de “lo que no es blanco, es negro”.
Si sos fan de los detectives de la serie negra, seguro conocés los climas y los ambientes en los que se mueve Sam Pezzo y leiste historias mejor resueltas que esta. Ahora, si te hiciste fan de Giardino con Little Ego, Max Fridman o Jonas Fink, probablemente no conozcas este increíble laburo en blanco y negro del maestro de Bolonia. En ese caso, y si lo ves barato, no dejes de visitar Shit City.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

27/ 11: SEX REPORT (DIARIO DE UN PUTERO EN JAPON)

Este es uno de los mangas más raros que leí en mi vida. A lo largo de más de 400 páginas, el periodista, actor pono y mangaka Hiromi Hiraguchi cuenta historias protagonizadas por él mismo en las que encuentra avisos (clasificados o no) en los que se ofrece sexo por dinero, contacta a quienes los publica y acude a hoteles, saunas, prostíbulos y demás salas de dudosa profilaxis de Tokyo y alrededores para acostarse con prostitutas y compartir sus experiencias con el lector. Se me dirá “Es muy parecido a Paying for it, de Chester Brown”. Sí, la idea es MUY similar. Pero a) Hiraguchi lo hizo antes, b) el tono es totalmente distinto y c) Hiraguchi se esfuerza por dibujar bien, mientras Brown se esfuerza por dibujar mal.
La cagada que tiene el libro es que no hay forma de leerlo de una sentada, ni siquiera de una sentada larga, porque las historias (ninguna supera las 6 páginas) son casi idénticas entre sí. Todas se repiten mucho, con mínimas variaciones en cuanto a las tarifas de las putas, si la chupan con o sin globito, si están gordas o esculturales, cómo acaba Hiraguchi, y algún diálogo que el cliente mantiene con la “proveedora”. La estructura de las historietas es siempre igual, nunca pasa nada raro, no hay sorpresas. A veces a Hiromi no se le para, a veces la prostituta es vieja, fea o huele mal, pero básicamente el mismo “sketch” se repite una y otra vez a lo largo del tomo. Hasta los dibujos son parecidos. Y esto se debe a que Hiraguchi realizó esta investigación de campo en forma de comic para ocho revistas distintas dedicadas al ocio de los adultos, revistas en las que estas eran las únicas historietas, y aparecían de a una por mes, o por quincena. Leídas así, deben ser graciosísimas. Todas de un saque, corren serios riesgos de aburrirnos un poco.
Lo más interesante es que todo está contado en un tono alegre, festivo. Olvidate de la sordidez y la desazón que uno asocia normalmente a la prostitución. La mayoría de las putas a las que frecuenta Hiraguchi son minas casadas que encontraron la forma de meterle los cuernos a sus maridos y –de paso- ganarse unos mangos. Ninguna es borracha, ni drogadicta, ni está cagada a piñas por un cafishio violento, ni ejerce la prostitución en contra de su voluntad. El mangaka enseguida entabla un trato cordial con las putas, sin esa solemnidad, o esa frialdad casi ascéptica que uno imagina que rodearía a esta actividad en una sociedad tan pacata como la japonesa. Hiraguchi la pasa bárbaro, se nota que tiene un amor genuino por el sexo con profesionales, y nos transmite a los lectores esa diversión, a veces un poquito salvaje, pero nunca heavy, ni perturbadora. Incluso, a pesar de lo grotesco de su dibujo, logra producirnos algún que otro zumbido en la entrepierna.
El dibujo es bizarro, mal. Está claramente enrolado en la tradición humorística del manga, mucho más cerca de un Fujio Akatsuka o un Akira Narita que de los mangakas más publicados en Occidente. En realidad, parece una especie de Philippe Vuillemin, o un dibujante español de los más zarpados de El Víbora, o un Angel Mosquito muy sacado, con unos cross-hatchings pasados de rosca. Lo que mejor dibuja Hiraguchi son sus propias expresiones faciales y su principal virtud como historietista es bancarse páginas de muchas viñetas chiquititas, en las que mete mucho dibujo y mucho texto sin que quede un empaste horroroso ni mucho menos. Quisiera leer otras obras de este autor, sin dudas.
Uno que no consume ni consumió nunca los servicios de una prostituta tiene el prejuicio de que pagar para ponerla es denigrante para uno y para la mina cuyos servicios contrata. Hiromi Hiraguchi, por el contrario, vive el sexo pago como una pasión, como un hobby, como un tema que definitivamente le encanta como para especializarse a full, y por lo menos en estas anécdotas que reúne en Sex Report, lo vemos disfrutar a pleno, sin tapujos y sin ese velo de cosa lumpen, sucia, prohibida o peligrosa que –para los que la vemos de afuera- pareciera ser el mundo de las prostitutas. Las historias son entretenidas, intensas, no se parecen a ningún otro manga que hayas leído y para que no se te hagan reiterativas, hay que leerlas con varias pausas, mechándolas con otras lecturas.

lunes, 25 de noviembre de 2013

25/ 11: EL SABIO DE SION

Brian Janchez vuelve a incursionar en el terreno de la autobiografía, con historietas de 2009, en las que narra (entre otras cosas) un viaje que lo llevó durante varios meses a Israel.
Para mi gusto, el libro arranca flojito, con unas… 14 primeras páginas que apenas me lograron arrancar alguna sonrisa. Es la previa, lo que le sucede a Janchez antes del viaje, más un par de páginas ya ambientadas en Israel. Después la puntería de Brian levanta bastante y se multiplican las anécdotas graciosas y/o bizarras, apuntaladas por los comentarios ácidos y las observaciones mordaces que caracterizan a este autor con innegable talento para satirizar las boludeces de la vida cotidiana.
No te voy a decir que de la página 15 hasta el final sólo hay historietas brillantes, porque seria una mentira atroz. Pero seguramente lo mejor del libro está en ese segundo tramo de El Sabio de Sión, en el que a Brian le toca vivir situaciones más interesantes y en el que –quizás sin querer- incluye mucho más al lector, lo capta mucho más y lo hace sentir parte de la infrecuente experiencia que significa ser argentino y vivir seis meses de 2009 en la ciudad israelí de Migdal Haemek. Las similitudes y diferencias entre lo que vivió (y comió) Janchez en estos seis meses y lo que vivió (y comió) el resto de su vida son el principal sustento para esta crónica atravesada principalmente por el humor costumbrista.
El dibujo de Janchez no está en su mejor momento. El autor abandona su trazo más despojado, más minimalista, y mete en cada viñeta muchos detalles, mucho laburo en los fondos y abundante texto. Y si bien acierta cuando aplica grises para diferenciar los planos y destacar ciertas figuras por sobre otras, en general, estas páginas de ocho cuadros se ven muy, muy sobrecargadas de elementos, algo que por momentos llega a entorpecer la fluidez del relato. Además, al dibujar tantas cosas (objetos, edificios, ropa, etc.) queda bastante claro que este Janchez modelo 2009 dibujaba algunas cosas muy bien y otras de modo bastante precario. Lo cual no siempre hace ruido, porque todo está puesto en función de un grafismo básicamente caricaturesco, pero a veces (sobre todo cuando aparecen autos) llaman la atención por la falta de cuidado en el “rediseño”. El avión que dibuja Brian, en cambio, no se parece en nada a ningún avión que haya existido jamás, pero está buenísimo.
Y mirá lo que son las cosas…El Sabio de Sión termina en la página 36 y el librito sigue, para incorporar una segunda versión de las crónicas del viaje de Janchez a Israel, presentadas en forma de textos que el autor publicó en su blog. Y en esas páginas finales, en las que desaparece el dibujo y sólo queda la opción de engancharse con los textos, me sorprende gratamente un historietista que es, además, un muy buen escritor. A su afilada observación, Brian suma también un talento para el absurdo, que no se ve en sus historietas pero que enriquece muchísimo a sus escritos. La crónica tiene más sentido, permite hilar mejor los sucesos, nos invita a meternos aún más de lleno en las vivencias del autor que la mayoría de las anécdotas contadas en forma de historieta. Así que ni se te ocurra hacerle zapping a ese tramo final donde no hay dibujos, porque te vas a perder varios de los momentos más cómicos y más incisivos del libro.
Entre la ingenuidad y la mala leche, entre las ganas de dejar un registro de lo que ve y vive y las ganas de romper las pelotas, un Brian Janchez de sólo 23 años generó esta obra breve, aunque de gran intensidad y desbordante honestidad. No es su trabajo formalmente más logrado (de hecho, hoy dibuja mil veces mejor), no todas las situaciones que elige contarnos son efectivas o graciosas, pero la idea de compartir esa experiencia tan definitiva con sus lectores, evidentemente funcionó. Si seguiste El Sabio de Sión cuando se serializó en la web, o si sos fan de este personalísimo autor argentino y disfrutaste de las otras dos obras que componen su “trilogía judía” (Sloishim y McKosher), no dejes de comprarte el librito.