el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 6 de febrero de 2015

06/ 02: HOY NO HAY NADA

Veníamos bárbaro, con textos nuevos y sin un sólo faltazo todos los días desde el 9 de Diciembre, pero hoy se complicó. No tuve tiempo de leer absolutamente nada y no me da la cabeza para repasar algo que leí hace mil años y despachar rapidito una reseña medio así nomás.
Mañana está la feria Rocketbooks, como siempre en Leopoldo Marechal y Ferrari, al toque de Parque Centenario. Voy a estar con una mesa power, vendiendo papa fina a precios cuidados a partir de las 14 hs, así que voy a volver baqueteado, con más ganas de dormir que de leer comics. Por eso no prometo nada tampoco para mañana. Si entrás al blog y no hay un texto nuevo (ni siquiera un chamuyo como el de hoy), no te asustes. Para el domingo sí, seguro vamos a tener una nueva reseña, ya en la recta final rumbo al post número 1800.
Con los que se den una vuelta por la Rocket, nos vemos mañana. El otro finde, el del 14 y 15, más el feriado del 16, voy a estar con stand en el Festipulenta, que se hace una vez más en el Club Cultural Matienzo (Pringles 1249). Y el 22 voy a estar dando una charla abierta en el marco de la Buenos Aires Geek Conference, que se hace en el Espacio Cultural Julián Centeya (Av.San Juan 3255), con entrada libre y gratuita. Todavía no sé el horario, pero seguramente lo voy a publicar en el Facebook de 365. La Rocket no se suspende por nada y los otros dos eventos… están rezando para que Macri y Rodríguez Larreta no se den cuenta de que todavía quedan dos centros culturales abiertos.
¡Gracias por el aguante de todos los días!

jueves, 5 de febrero de 2015

05/ 02: JOHNNY JUNGLE Vol.1

Ay, ay, ay… Este libro clavó a milímetros de la categoría Historieta Perfecta. ¿Qué le faltó? Nada, le sobró el “Vol.1”. Si la historia terminara acá en lugar de continuar, estaríamos hablando de una obra maestra, de una joya definitiva. Quizás más adelante, cuando consiga el Vol.2 y lo lea, la suba a esa categoría. Por ahora quedó ahí, en el zaguán. Lo cual es un mérito inmenso, porque la verdad es que son 72 páginas de historieta de una calidad impresionante, y que encima al no terminar, dejan abiertas las puertas a otras 72 páginas de la misma calidad, que avancen hacia un final más definitivo, que es lo único que este tomo no tiene. Pero bueno, me queda claro que el guionista Jean-Christophe Deveney tiene varios ases en la manga para jugar en la segunda mitad y no puedo menos que apostarle toneladas de fichas.
Johnny Jungle se propone jugar con el mito de Tarzan, con una pirueta brillante, bien pensada y bien ejecutada: en un momento, la historia del clásico hombre mono creado por Edgar Rice Burroughs se empieza a entrelazar con la de los actores que interpretaron a Tarzan en las películas de los años ´30, especialmente Johnny Weissmüller, Buster Crabbe y Bruce Bennett. De las biografías de estos tarzanes de carne y hueso provienen elementos cruciales en la vida de Johnny Jungle, como el nacimiento en Alemania (Bennett), las medallas olímpicas en natación (Weissmüller y Crabbe) y las dificultades para adaptarse al extraño mundo de Hollywood. El choque de culturas, tan importante en el mito de Tarzan, acá no se produce cuando Lord Greystoke trata de integrarse a la aristocracia inglesa, sino cuando Johnny se ve inmerso en la subcultura superficial y frívola de la era dorada de Hollywood.
Hasta ese momento, la historia se asemeja bastante a la de Tarzan, incluso con la presencia de una Jane convertida en un personaje de enorme complejidad, mucho más atractivo que en la mayoría de las versiones del héroe selvático. O sea que hay un primer tramo más aventurero, con Johnny en la jungla y peleas con animales salvajes; un segundo tramo de transición, en el que Johnny y Jane se conocen y empiezan a ver qué puede ceder cada uno para cimentar una relación que arranca calentita desde el primer día; y un tercer tramo ya más extenso, que nos cuenta las andanzas de Johnny entre los animales bípedos, en un tono que coquetea hábilmente con la comedia y el drama, el romance y la denuncia, y además habilita toneladas de data acerca de cómo se filmaban las películas de Tarzan, de dónde sacaban a los actores, etc.
J.C. Deveney no se propone respetar a muerte el verosímil, pero hay una escenita en la que este se va muy al carajo, que es cuando Johnny se reencuentra con Kinka durante su fiesta de casamiento. Esa escena dispara otras espectaculares, muy tiernas y muy cómicas, pero me hizo un poco de ruido porque –si bien se desliza bastante antes la posibilidad de que Kinka haya viajado a EEUU- todo es demasiada coincidencia.
El dibujo, a cargo de Jerome Jouvray, es sencillamente glorioso. Tiene un estilo en algún punto emparentado al de Joann Sfar y Blutch, pero mucho más prolijo, más redondito, más amistoso, como si cada tanto se colara Morris, o algún otro dibujante más clásico. Para que lo ubiques más rápido, se parece bastante a lo que hacía Pablo Túnica en sus trabajos para la revista Genios. Las páginas están todas armadas en cuatro tiras y rara vez tienen menos de 9 ó 10 viñetas. También hay algunas secuencias “testimoniales”, armadas con la grilla de Watchmen, y a modo de separadores entre capítulo y capítulo, unas ilustraciones majestuosas en las que Jouvray imita el diseño y la estética de los afiches de las películas de Tarzan de los años ´30. De punta a punta del tomo, al dibujo de Jouvray le sobra onda, plasticidad, dinamismo, elegancia, expresividad, ternura… Está todo tan cuidado, que sería genial incluso en blanco y negro. El color lo incorpora Anne-Claire Jouvray, la esposa del dibujante, y tiene escenas en las que aporta un montón y otras en las que se vuelve totalmente prescindible, aunque nunca eclipsa la colosal labor de Jerome.
Este libro se publicó en Argentina casi por accidente, para acompañar la visita a Crack Bang Boom de un autor que finalmente no vino (creo que Deveney). Johnny Jungle llegó a las bateas medio rengo, sin ese impulso que significa tener a uno de los autores promocionándolo en un evento gigante, pero por suerte la venta fue muy buena y además se alzó con el premio a la Mejor Edición Argentina de Historieta Extranjera en la última edición de Comicópolis. Es tan infrecuente que en nuestro país se edite historieta europea (y menos de esta calidad) que hay que ovacionar de pie a la gente de la Editorial Municipal de Rosario y rogarles de rodillas que editen pronto el Vol.2, así zafo de tener que comprarlo en francés… Tengo otro trabajo de J.C. Deveney para reseñar más adelante, acá en el blog.

miércoles, 4 de febrero de 2015

04/ 02: GIRL CRAZY

Esta es una obra que Gilbert “Beto” Hernandez terminó en 1996 y dio a conocer en 1997, cuando la serie original de Love & Rockets ya era cosa del pasado y cuando sus fans no nos imaginábamos ni ahí que unos pocos años después podría regresar. El gesto de Beto fue más que elocuente: se pasaba de Fantagraphics a Dark Horse, del formato magazine al comic-book y del drama familiar a la aventura pochoclera, como si quisiera enfatizar de modo contundente que con Girl Crazy empezaba otra historia.
La verdad es que esto es MUY diferente de las historias que Beto nos había presentado en Love & Rockets. Acá hay aventuras, ciencia-ficción, superpoderes y chistes, y las protagonistas son tres chicas de 15 años que –si bien se hacen cargo de que existe una cosa llamada sexualidad- no garchan ni por accidente. Nada que ver con esos dramas suburbanos de gente pobre, repletos de corrupción, corazones rotos y polvos de alta intensidad. Claro que, si miramos por debajo de la superficie, Girl Crazy ofrece bastante más que pochoclo, diversión y minitas con escasa vestimenta. Sobre todo en el último tercio, en las últimas 24 páginas, la historia cobra un espesor dramático muy interesante, con un giro magnífico que tiene que ver con la psiquis de estas tres amiguitas, y con un evento cataclísmico que impondrá un cambio profundo en el extraño mundo que habitan Kitten, Gaby y Maribel. El ritmo de “palo-y-palo” no decae nunca, pero en este tramo final se apagan un poquito las luces de la fiesta y Beto nos ofrece machaca, explosiones, sangre y muertes, en un contexto más maduro, más reflexivo, en el que las consecuencias de lo que sucede son realmente jodidas.
El guión tiene muchísimos hallazgos, desde chistes boludos a escenas de acción tremendas, revelaciones impactantes, roscas impredecibles… Y además tiene ricos condimentos, boludeces que no son centrales para la trama, pero que la hacen más rara, más idiosincrática, más difícil de olvidar (igual yo, que la había leído en el ´97, no me acordaba una goma). Lo más limado es el mundo en el que transcurre la historia, un mundo en el que la IRS (la AFIP de los yankis) tomó el poder y es el organismo rector de la vida (y la muerte) de la gente. Por otro lado, aparecen cuatro locaciones muy extrañas: una ciudad en la que todo está idéntico a como era en los años ´50; un Hollywood destruído, convertido en una especie de jungla urbana con dinosaurios y bichos raros; una ciudad cyberpunk con androides y punks; y una Tijuana futurista, donde todas las chicas tienen pechos enormes y todos se visten como si fuesen miembros de la Legión de Superhéroes. Se nota que Beto se divirtió a lo pavote a la hora de imaginar esos trajes, esas naves, esas armas, esos robots, esos monstruos, todas esas cosas bizarras que tan bien decoran al argumento.
El dibujo también, destila pasión y talento por donde se lo mire. Además de todo ese plus que le puso Beto al diseño de trajes, objetos y locaciones, tenemos seis o siete personajes importantes, todos con unos diseños brillantes, originales, potentes. En las chicas se ve claramente esa obsesión cuasi-enfermiza de Beto por la belleza femenina y un gran cuidado para darle a cada una rasgos físicos muy distintos, que tienen que ver con la personalidad de cada una de ellas. Beto es un pajero jugando al límite: no se puede ir a la mierda con escenas muy hot porque aclara de entrada que las chicas son menores, y por otro lado alcanza con mirar… cuatro páginas para darse cuenta de que Girl Crazy no es un comic “para todas las edades”, sino que juega con códigos del género superheroico, la ciencia-ficción y el cine bizarro que sólo los grandes pueden interpretar. Y bueno, como siempre, tenemos composiciones perfectas, un claroscuro logradísimo y un festival de texturas y tramas logradas a mano, con una técnica (y una paciencia) que te pone los pelos de punta. La magia del plumín de Gilbert acá brilla en todo su esplendor, sin nada que envidiarle a sus mejores trabajos.
Si sos fan de Beto Hernandez y pasaste por alto Girl Crazy porque no engancha ni por puta con ninguna de sus obras más conocidas, dale una posibilidad, que está buenísima, sobre todo al final. Y al revés, si curtís una onda más superheroica o más aventurera y nunca te acercaste a la obra de este monstruo porque no te atraían las temáticas, acá vas a encontrar un relato muy redondito, muy accesible, con todos los elementos que te pueden atrapar en una historia de ficción bien loca y bien power. Y excelentes personajes. Y excelentes dibujos. Y el sello de calidad siempre altísima de uno de los más grandes narradores del Noveno Arte.

martes, 3 de febrero de 2015

03/ 02: CYBERSIX Vol.3

Volvemos a las historias cortas de Cybersix, retomando desde donde dejamos en el Vol.1 (reseñado el 18/01/13). Algo de esto se había editado en Argentina en la Comiqueando clásica y en los one-shots Edición Platino y Chip Woman, pero leído en libro, todo tiene más sentido. Esto es material de 1993-94, cuando la serie creada por Carlos Trillo y Carlos Meglia se empieza a imponer en los semanarios italianos, donde aparece en todos los números con episodios de 12 páginas. Que supuestamente eran autoconclusivos, pero acá Trillo empieza a hacer trampa y a dejar muchas puntas irresueltas entre un episodio y otro, puntas que cerrarán luego de cuatro o cinco entregas de 12 páginas que componen pequeñas sagas.
En este tomo hay varias sagas muy definidas: la de las elecciones, la de Crisálida, la de la falsa Cybersix y la de Big Bang. En el medio, hay algunos unitarios “puente”, en los que la acción casi no avanza, sino que Trillo elige focalizarse en los villanos, para ahondar un poco más en sus orígenes y sus motivaciones, o en Cybersix y sus amigos, pero en plan “slice of life”, sin la imposicién de mostrar peleas impactantes en todas y cada una de las entregas de 12 páginas. De estos arcos argumentales, el que más me atrapó fue el de la falsa Cybersix, que no lo había leído nunca. Obviamente la idea de enfrentar a una heroína con uan réplica exacta de sí misma no es muy original, pero Trillo sabe sacarle buen provecho a este tópico gastadísimo del comic de superhéroes.
Y el breve arco de Big Bang tiene un atractivo extra: de las 36 páginas que abarca, 12 son refrito, son páginas realizadas por Trillo y Meglia algunos años antes, cuando el dibujante no tenía un equipo de asistentes y dejaba la vida en cada viñeta. Astutamente intercaladas con páginas nuevas, esas páginas “viejas” de Big Bang cobran otro sentido y se integran sin demasiada dificultad a la saga de Cybersix. No es que a nivel argumental aporte mucho, pero es un truco ingenioso que además nos permite disfrutar de varias secuencias de Meglia en un nivel extraordinario.
Lo mejor que tiene este tomo es que acá los personajes ya están presentados y Trillo no siente la necesidad de volver a explicarnos (por enésima vez) quién es Cybersix, cómo funciona, por qué hace lo que hace y por qué el Dr. Von Reichter y sus esbirros la quieren eliminar. Lo que menos me cerró es el inagotable repertorio de excusas que maneja Trillo para que en todos los capítulos (incluso en los que no es en absoluto necesario) haya alguna escena de sexo, o alusiones muy explícitas a garches y/o violaciones. Entiendo que Cybersix era una serie apuntada al público adulto, pero precisamente por eso confío en que los lectores de esta historieta podían vivir sin ver tetas cada 12 páginas, sobre todo en aquellas ocasiones (muchas) en las que el sexo no suma nada al desarrollo de las tramas. El último unitario me sorprendió porque a) nunca lo había visto y b) Trillo emplea exactamente el mismo recurso que vimos en el Vol. 7 de El Negro Blanco (reseñado el 10/07/12): un compilado de escenas tomadas de los sueños de los distintos miembros del elenco. Acá el tono es claramente más dramático, pero funciona igual de bien.
En cuanto al dibujo, lo mejor lejos está en esas páginas refritadas de Big Bang. Enseguida te das cuenta cuáles son porque tienen los globos negros con letras blancas. El resto está bien, pero se nota mucho que no es Meglia puro, sino Meglia al frente de un equipo de asistentes. Hay un par de secuencias muy locas en las que un par de personajes deliran de dolor, y ahí vemos el lápiz de Meglia crudo, sin entintar, con la desprolijidad y la magia del boceto. El resto es todo muy correcto, muy prolijo, con mucho laburo en los fondos (que se repiten hasta el infinito y más allá, un recurso más que válido), mucho cuidado en la narrativa, muy buenos climas y un nivel de salvajada importante tanto en las peleas como en los garches.
Si sos fan a muerte de Meglia, seguro vas a querer tener este tomo por los dibujos del ídolo, aunque no sea la obra en la que más se luce. Y si ya estás enganchado con la extraña epopeya de la superheroína-vampiro-androide-transexual, entrale con confianza, que Trillo te garantiza más drama, más conspiraciones, más romance, más comedia, más machaca y más desarrollo de estos personajes que durante algunos años fueron furor en Europa y acá nunca terminaron de pegar. ¿Habrá un Vol.4? Ni idea, pero si sale, me lo compro de una.

lunes, 2 de febrero de 2015

02/ 02: ASTRO CITY Vol.8

Este es el tomo que reúne las cuatro historias de Astro City de cuando la serie de Kurt Busiek y Brent Anderson aparecía muy de vez en cuando. Son todas historias autoconclusivas, dos de 38 páginas y dos de 48, originalmente publicadas entre 2007 y 2010, como para que hubiese algo de Astro City en las comiquerías y la gente no se olvidara de la serie. Yo había leído en su momento las dos historias de 38 páginas y, felizmente, no me acordaba un carajo.
Arrancamos con el unitario supuestamente protagonizado por Samaritan. Y digo “supuestamente” porque el rol del héroe acá es bastante menor. Todo gira en torno al villano, Infidel (creado por Busiek y Alex Ross para un especial de Wizard), y el guionista delega en este la voz cantante: el narrador de la historia es Infidel, y a Busiek le alcanzan esas 38 páginas para darle un origen alucinante y una personalidad complejísima, sin nada que envidiarle a un Dr. Doom. De hecho, la relación entre Infidel y Samaritan está planteada en términos bastante similares a los de la relación entre Doom y Reed Richards. Pero, fiel a la tradición de esta serie, Busiek no usa a los héroes y los villanos para contarnos el enésimo combate entre el Bien y el Mal, sino que toma esta mitología y la usa para hablar de temas trascendentales, universales, que nos afectan y emocionan a todos, tengamos o no superpoderes. Eso es una constante en las cuatro historias y seguramente es lo más interesante que tiene Astro City, en general.
La segunda historia pone el foco en Beautie, la superheroína que además es una especie de muñeca Barbie viviente. Acá volvemos sobre un tema recurrente en los comics: el personaje artificial, creado por otro, que trata de construir una identidad, de saber más sobre su vida, sobre su origen, sobre quienes lo crearon. La diferencia con otras historias similares es que Busiek no tiene la obligación de equilibrar o matizar esta búsqueda con la machaca, entonces el drama se hace más humano y la aventura se hace más low-fi.
La tercera historia, la de Astra, está un poquito estirada. Lo más probable es que se haya pensado originalmente para el formato de 38 páginas y luego reformulada para publicarse en 48. Pasan muchas cosas interesantes, hay un trabajo excelente de caracterización en varios personajes obvio e impredecibles, muchos diálogos memorables, pero la verdad es que el conflicto no daba para tantas páginas. De hecho, una frase de la página 7 resume toda la historia, cuando Astra dice “A veces “normal” suena mejor que “sensacional””. Por suerte ese conflicto chiquito evita todo tipo de solemnidad y está bien decorado con una muy acertada exploración de Astra y de su universo.
Y finalmente una historia que Busiek nos debía hace tiempo, que es la pasada en limpio de todos los bolonkis temporales que armó con el Silver Agent. Lo vimos morir, lo vimos volver, lo vimos meter mano en hechos de distintas épocas y era obvio que la explicación tenía que ver con viajes en el tiempo. Acá está todo: el origen, la vida, la muerte, las idas y venidas por el tiempo, el espacio y los planetas, en una saga que también se podrían haber contado con 10 páginas menos, pero que explica y aclara tantas cosas, que no está mal ese aire, ese espacio adicional, para que no parezca una masa compacta de datos. En 48 páginas, Busiek tiene lugar para contar aventuras cósmicas, dramas humanos, guerras, tragedias, amores y lealtades, en una historia muy, muy redonda y que además abre un montón de puntas para explorar a futuro.
Al frente de la faz gráfica está, como siempre, el esmerado Brent Anderson, dibujante muy correcto, no virtuoso, pero sí laborioso. Un tipo que no acostumbra a guardarse nada y que pone su habilidad para la narrativa y su destreza en el estilo realista al servicio de un planteo muy clásico, lo cual no significa que no asuma algunos riesgos. Anderson flaquea en algunos rostros, pero en general se lo ve muy sólido, con figuras dinámicas, fondos muy trabajados y excelentes diseños para los personajes, criaturas, artefactos, vehículos, armas y hasta mundos que tiene que inventar. Algunos de estos diseños nacen de la imaginación de Alex Ross, pero casi todo lo que vemos en Astro City es fruto de la labor de Brent Anderson.
La sequía para los fans de Astro City se terminó con el lanzamiento de la actual serie regular en Vertigo, con lo cual esta etapa de la serie, en la que Busiek y Anderson ofrecían -con mucho ojete- 38 ó 48 páginas nuevas por año, es apenas un recuerdo. Por suerte es un recuerdo copado, porque nos dejó cuatro historias muy originales, muy atractivas, muy logradas, no sé si al nivel de lo mejor de Astro City, pero sin dudas muy por encima de la media de lo que se puede leer en este siglo en materia de superhéroes.

domingo, 1 de febrero de 2015

01/ 02: EL CLUB DE LOS ILUSTRES Vol.2

Uh, me compliqué la vida gratis… Terminé de leer este tomito y todo, absolutamente todo lo que se me ocurría para comentar en la reseña, ya lo había comentado el 23/03/14, cuando me tocó reseñar el Vol.1. Obviamente recomiendo repasar ese texto, pero ¿y este? ¿Con qué carajo lo lleno?
Del dibujo no puedo decir ni media palabra, porque Guillermo Hansz no se mueve un milímetro de los lineamientos estilísticos trazados en la primera aventura de El Club… Y el guión de Rodolfo Santullo tiene una estructura bastante similar al del vol.1, con la diferencia de que acá, en vez de formar al equipo, hay que reunirlo. Lo cierto es que entre que se vuelven a juntar los protagonistas, se revela quiénes son los villanos y se explicita de modo más o menos claro cuál es la amenaza que deberán combatir los Ilustres, ya estamos en la página 40, y son 72.
El resto, muy parecido al Vol.1, con un equilibrio muy logrado entre acción, intriga palaciega y comedia, y con un aprovechamiento muy inteligente de las posibilidades que ofrece la época en la que está ambientada la trama, que es el año 1914. Los diálogos de Santullo ostentan su característico filo, las personalidades de los Ilustres contribuyen a ese esgrima verbal tan certero, y además hay un notable trabajo de caracterización para Lorenzo LaTorre, el villano de esta historia.
No mucho más para agregar. Simplemente la satisfacción de saber que la primera historia de esta especie de League of Extraordinary Gentlemen uruguaya despertó el interés de un número de lectores suficiente como para que Santullo y Hansz pudieran continuar con la serie y obsequiarnos otras 72 páginas de muy buen entretenimiento.

sábado, 31 de enero de 2015

31/ 01: LOS MAS VENDIDOS DE ENERO

Como cuento siempre, Enero suele ser un muy buen mes a nivel ventas, aunque las editoriales rara vez lo tengan en cuenta a la hora de programar lanzamientos atractivos. Y este Enero no fue la excepción. El único hitazo fue uno que se anunció para Diciembre y terminó por salir en Enero, con excelentes resultados, ya que el mes pasado tendría que haber competido con otras novedades muy fuertes, y este mes se colocó con total holgura en el primer puesto.
Así quedó el ranking de los 10 más vendidos:

1) Hijitos de Puta (Llanto de Mudo)
2) Acero Líquido (Loco Rabia/ Belerofonte)
3) Gaturro Vol.23 (De la Flor)
4) Colder (Llanto de Mudo)
5) Tortas Fritas de Polenta (La Duendes)
6) Macanudo Vol.11 (Común)
7) Escuela de Monstruos Vol.5 (Pictus)
8) Tristeza (Llanto de Mudo)
9) Aloha (Loco Rabia/ Belerofonte)
10) Los Autómatas del Desierto (Historieteca)

Además de Hijitos de Puta, el otro título que se esperaba para Diciembre y terminó por salir en Enero fue la reedición de Aloha, que se ubicó en el noveno puesto. De los lanzamientos de Diciembre, cuatro lograron mantenerse un mes más entre los 10 más vendidos. Y como pasa siempre que escasean las novedades gancheras, se cuelan en el ranking algunos long-sellers, títulos que desde que salieron mantienen un muy buen nivel de ventas, aunque no siempre alcance para entrar al Top Ten. Es el caso de Gaturro, por ejemplo, o de Tortas Fritas de Polenta, dos éxitos que no dejan nunca de venderse bien. Incluso este mes apareció Tristeza, un lanzamiento que en cuando apareció no logró ventas demasiado espectaculares, porque coincidió con la salida de un montón de títulos más, que acapararon el interés de mis clientes. Ahora, con las aguas más calmas, los pedidos de este libro no sólo se mantienen, sino que han crecido y pinta para sumarse a la lista de los long-sellers de Llanto de Mudo.
Para Febrero, de nuevo se viene un panorama de pocos lanzamientos, esta vez con las expectativas puestas en el primer recopilatorio de Las Aventuras de Pi-Pío, el libro de la editorial Común dedicado a la obra del legendario Manuel García Ferré. El precio parece medio desorbitado ($ 435 por 200 páginas) pero tengo la sensación de que muchos fans igual lo van a apoyar de forma incondicional.
Y si llegan pocos pedidos de las comiquerías, o si estas poquitas novedades que se anuncian se atrasan y salen en Marzo, por lo menos en Febrero hay varios eventos, como para ir con mi mesita, venderle directamente al público y redondear una facturación más o menos decente. Veremos qué sucede.

viernes, 30 de enero de 2015

30/ 01: KA-ZAR Vol.1

Vamos en otro flashback, ahora a los ´90. Esta serie tenía muy buena pinta cuando salió, pero yo estaba tan enojado con Marvel por haber rajado a Mark Waid y Ron Garney de Captain America, que juré no comprar nada de esa editorial hasta que esos autores volvieran a esa revista. Eso sucedió a principios de 1998, y hasta esa fecha no compré absolutamente nada de Marvel. Ni siquiera Ka-Zar, también con Waid al frente de los guiones. Muchos años después vi los dos tomos recopilatorios a muy buen precio, y acá están.
La verdad que, por lo menos en estos primeros episodios, las aventuras no son nada del otro mundo. Lo que hace atractiva la lectura es lo otro: esa magia que hace Waid para darle a la serie un tono de sit-com, de comedia costumbrista, a través de diálogos muy logrados y de un trabajo excelente en las caracterizaciones de Ka-Zar y Shanna. La dinámica entre ellos (y Zabu) sostiene el interés, incluso cuando las aventuras son “más de lo mismo”, o cuando se enfrentan a peligros que ningún tipo o mina sin poderes (y con escasa vestimenta) podría llegar a superar. En sólo siete episodios, Waid mueve a los protagonistas por dos escenarios muy distintos, como son la Tierra Salvaje y la ciudad de Nueva York, y traza un paralelismo bastante ingenioso entre ambas.
La gran falla, me parece, está en las peleas y los villanos. En los primeros tres números, todo pasa por Gregor, un sicario pulentoso a las órdenes de Parnival, el hermano de Ka-Zar. Después van contra el propio Parnival, después hay dos números de una pelea larga y predecible contra Rhino y para el final, más sicarios de Parnival, que además está entongado con el propio Thanos. Sí, en el Vol.2 Ka-Zar se va a enfrentar a Thanos. Un disparate.
El tomo incluye también el número -1 de Ka-Zar, en el que Waid comparte la autoría con Todd Dezago y el ignoto Andy Jozefowicz. Para mi sorpresa, es un número redondísimo, que no quería que se terminara nunca. El repaso por el origen de Ka-Zar le agrega tanta sustancia a este clon de Tarzan a priori chatísimo, que me hubiese gustado que se extendiera a toda una saga, un Ka-Zar: Year One, con más espacio para indagar en el padre de los hermanos Plunder, en la rivalidad entre ellos y en los años formativos del rubio en la Tierra Salvaje.
Las 22 páginas del número -1 están dibujadas por John Cassaday, antes de que se convirtiera en estrella. Acá ya se le nota la pasta de campeón, y se valora sobre todo la formación académica, la elegancia, los huevos para ir en contra de la estética que hegemonizaba los comics mainstream de mediados de los ´90, que de elegante no tenía un carajo. No es exactamente el Cassaday que va a triunfar unos años después en Planetary, pero para ser un pibe que jugaba de suplente en un título tercerón de Marvel, era sumamente promisorio. También hay un número del arquito contra Rhino dibujado por Pino Rinaldi, una especie de Claudio Castellini de la B que aporta muy poco.
Y en los otros seis episodios lo tenemos a Andy Kubert, en la época en la que todavía dibujaba seis números de una misma serie. Lo de Kubert es muy raro. Se nota que es un excelente dibujante, que tiene un gran manejo de la composición, que sabe dibujar fondos, que sabe elegir cuándo NO dibujarlos, que maneja muy bien las expresiones faciales, que la rompe dibujando animales reales y fantásticos, y que es imbatible a la hora de coreografiar escenas de acción bien zarpadas, con mucho impacto. Sin embargo, para descubrir estas virtudes, hay que revolver por debajo de la superficie de un comic que, a simple vista, es una porquería noventosa más. Lo primero que ves, lo primero que te llama la atención, son esas musculaturas recontra-exageradas, ese esbirro de Parnival que parece diseñado por Mike Deodato, Marc Silvestri o cualquier otro dibujante horrendo de esa época, las patas larguísimas de Shanna, los escorzos forzados, las escenas en las que sólo se ve cuerpos cuasi-grotescos enfrascados en combates intrascendentes, sin un puto fondo, sin un puto clima, sin más que músculos trabados y dientes apretados. Después, si le prestás atención, ves que por detrás de esos artificios tan repulsivos, hay un gran dibujante que claramente elige hacer eso porque es lo que vende, no porque no sabe hacer otra cosa.
Si sos fan de este héroe impulsivo y calentón, o de su hermosa y mucho más sensata esposa, o de su carismático tigre dientes de sable, internate en esta serie y descubrila, aunque sea de esa época en la que los comics de Marvel eran radioactivos y si había cuatro series dignas, era mucho. Tenés como gancho extra el condimento de la comedia, muy bien piloteada por Waid, y a Andy Kubert tratando de darnos lo mejor que podía ofrecer el pochoclo noventoso post-Image.

jueves, 29 de enero de 2015

29/ 01: SALAMANCA: ANDANZAS DEL MALEVO

Otra vez empiezo la reseña sacando cuentas y otra vez no me gusta el resultado. Un libro de 76 páginas en las cuales sólo 56 son de historieta, me da un despropósito. ¿Hacen falta VEINTE páginas para que nos demos cuenta de que los cuatro relatos son autoconclusivos y tengamos una data básica acerca de la publicación y sus autores? Yo soy de los que creen que no, que eso se podía hacer en ocho páginas y redondear el librito en 64. O dejarlo en 76 y meter una quinta historieta de ocho o diez páginas. Por lo menos esta vez, cuando aparecen palabras del lunfardo antiguo, en vez de una página de glosario hay llamaditas dentro de los globos, con las explicaciones en la parte inferior de las viñetas. Es un avance, sin dudas.
Vamos a las historietas, sin más franeleo previo. La primera abre muy bien, con una muy buena secuencia muda, y después se pincha. Es que el argumento que propone Valentín Lerena ya lo leímos 15 mill veces. Hay que dejar de escribir historias de putas y proxenetas por lo menos cinco años. Lo más rescatable de esta es el clima, bien dark, bien sórdido.
La segunda me gustó mucho. Es una historia cortita, sencilla, que en sólo ocho páginas pega dos giros impredecibles. Me animo a decir que es un guión que le hubiese gustado escribir a Carlos Trillo. Y si bien en las cuatro historietas hay algún error ortográfico y varios problemas con los signos de puntuación (por no hablar de una tipografía con menos gracia que un desalojo), acá hay un vuelo lírico por parte de Lerena que se complementa muy bien con un planteo supuestamente de crimen, violencia y sangre.
A la tercera, o le sobran páginas, o llega muy tarde la explicación de por qué el Malevo hace lo que hace. Es una aventura intensa, con mucho ritmo, con lindas vueltas de tuerca y muchísimas excusas para mostrar corchazos, cuchillazos y trompadas, pero en la que el lector está en bolas hasta la página 15, y son 18.
Y como me pasó hace un par de semanas con el libro de la Hechicera, la mejor historia llegó al final. Las 20 páginas de El Puntero merecían convertirse en una novela gráfica, o por lo menos en un álbum de 46 páginas al estilo francés. Hay muchísimos momentos en los que se podría agregar contenido al guión para estirarla, y los personajes son tan ricos que se lo recontra-bancarían. Lo más interesante de esta historia (a la que, repito, le sobran los logros) es el trabajo de Lerena para recrear un aspecto poco explorado en las historias de orilleros de la Buenos Aires de hace 100 años: el socio-político. Acá, además de duelos de facones, piñas y tiros, hay una indagación muy interesante en tópicos como el fraude electoral, la incipiente organización sindical y el contraste obsceno entre la vida de la gente humilde y la de la oligarquía que tenía todo bajo control.
Esta historia, además, es la que transmite con más fuerza esa impronta trágica, fatídica, que impregna a todas las andanzas del Supay (que así se apoda el malevo) y que me hizo acordar bastante a los cuentos de Jorge Luis Borges que comparten esta misma ambientación. Cuando la tragedia está tan bien contada como acá, uno no extraña ese humor sarcástico tan atractivo que mostrara Lerena en Yuta Noir, y que acá no aparece ni por casualidad.
Del dibujo de Roberto Fontana no hay mucho para agregar respecto de lo señalado en otras oportunidades: muchas buenas ideas en la narrativa, un claroscuro fuerte, un expresionismo casi salvaje, una excelente integración de la referencia fotográfica, y algunas cosas raras en la anatomía, que lo alejan del estilo académico al que cada tanto se esfuerza por volver.
Me queda por reseñar un librito más de Salamanca, y me sigo preguntando si hay alguna conexión que yo (por boludo) no logro pescar entre el Malevo, la Hechicera y el Rastreador, que es el protagonista del tomo que queda pendiente para el mes que viene.

miércoles, 28 de enero de 2015

28/ 01: EX MACHINA Vol.9

Uh, cuánto hacía que tenía colgada esta serie! Desde el 23/10/12 que no pasaba a visitar a Mitchell Hundred, el ex-superhéroe convertido en intendente de New York. Quizás la prolongada absitinencia haya contribuído a que este tomo me haya parecido espectacular, muy por encima de lo que yo esperaba de esta gran serie de Brian K. Vaughan.
Empezamos con un unitario 100% meta-comiquero, en el que Vaughan y Tony Harris “audicionan” para que Hundred los contrate para contar sus vivencias en forma de novela gráfica. El personaje (de reconocida pasión por los comics) y los autores (que trabajan de hacer comics) se encuentran, comparten un mismo nivel de realidad, y hablan de Morrison, de Bendis, de Paul Levitz, de Bryan Hitch, de Brad Meltzer, de Y the Last Man, de Starman, de Vertigo… Es un episodio muy tranqui pero muy ganchero y el giro del final (con Garth Ennis y Jim Lee como ganadores) es muy gracioso.
Después viene otro unitario, dibujado por John Paul Leon, realmente brillante. El editor de un diario que vive tirándole mierda a Hundred aparece muerto, y el asesino dice haber sido mandado por el intendente. El ex-superhéroe va a tener que estar más afilado que nunca para resolver este despelote, que además le sirve a Vaughan para hablar de energía limpia, reciclaje y demás banderas históricas de los movimientos ecologistas.
Y para el cierre, el arco más extenso, que es el que da título al libro. Es tiempo de definiciones, porque el próximo tomo será el último, y acá Vaughan sale a cerrar plots a ocho manos: Hundred empieza a revelar cómo va a seguir su carrera política, el complot entre January y Kremlin pega el zarpazo y –lo más importante- se producen impactantes revelaciones acerca del origen de los poderes del intendente, revelaciones que involucran además a su antiguo archi-enemigo Pherson y a un par de personajes sumamente poderosos. Sobre el final, Hundred logra controlar un in crescendo de kilombos, pero no sin acumular dudas acerca de sus poderes, sus aliados y hasta de sus convicciones. Todo apunta a que el Vol.10 nos va a ofrecer un final realmente impactante. Por suerte lo tengo ahí, pidiendo pista.
Como siempre, lo más flojo de Ex Machina son los constantes y muchas veces innecesarios flashbacks a los años en los que Hundred combatía el crimen con su traje de Great Machine y su jetpack. Si –como a mí- te interesa que el comic se meta a fondo en temas que tienen que ver con la política, con el gobierno, con el poder, seguramente te va a parecer que todas esas escenas, a la larga, restan más de lo que suman. Entiendo que en los primeros tomos tuvieran que estar, para funcionar de anzuelo, de engaña-pichanga para los giles que no te compran un comic si no hay muchachones disfrazados repartiendo trompadas. Pero a cinco episodios del final, me parece difícil que piquen los que todavía no picaron.
Casi todo el tomo está dibujado por Tony Harris, el titular indiscutido de la serie, en ese estilo tan limpito, tan careta, que a mí no me termina de convencer. Es buenísimo, obviamente, pero a mí me gusta el Harris más dark. Esta vez, además, hay muchas, muchas páginas en las que no me dibuja un puto fondo y eso me subleva bastante. También hay que decir que en las últimas páginas, el guión propone un cambio de clima bastante extremo y Harris responde con enorme jerarquía. Lo de Jim Lee son dos páginas, es un chiste que no resiste mucho análisis. Y las 32 páginas de John Paul Leon son un lujo, por ahí con la referencia fotográfica menos integrada al grafismo del ídolo que en otros trabajos, pero con un excelente manejo del claroscuro, rostros y cuerpos muy expresivos y un increíble repertorio de recursos narrativos para darle onda y emoción tanto a las escenas de acción como a las de “talking heads”.
Esto venía bien y se puso muy, muy bien. Queda poco espacio y muchas cosas para resolver, y seguramente lamentaremos que Vaughan no haya desarrollado más a fondo a algún personaje secundario interesante para mostrarnos peleas intrascendentes de cuando Hundred era superhéroe. Pero queda lo más importante, que es un comic que, sin cagarse en las convenciones del mainstream, se animó a meterse con varios temas muy espesos y a encararlos con una cintura que ya envidiaría más de un político.

martes, 27 de enero de 2015

27/ 01: EL TESORO DE RACKHAM EL ROJO

Este álbum de Tintín, originalmente creado por Hergé en 1943, resultó ser desde su aparición en álbum (1944) en uno de los episodios más exitosos de toda la serie del aventurero del jopito. Y desde que la película de 2012 tomó buena parte de su argumento, se convirtió en uno de los álbumes de lectura obligatoria para las nuevas generaciones de fans de Tintín.
Yo, que me jacto de llevar siempre la contra de lo que opinan las mayorías, me atrevo a decir que es el que tiene el guión más choto. Te resumo el argumento: Tintín y Haddock van a buscar un tesoro y lo encuentran. Fin. No hay conflicto, no hay villanos, hay apenas peligros mínimos, fácilmente sorteables por los héroes. Recién cuando faltan cinco páginas para el final, hay un giro interesante en la trama, que tampoco involucra peligros ni enemigos. Simplemente les cae la ficha de que estaban buscando el tesoro en el lugar equivocado. Esas últimas cinco páginas tienen una inconsistencia mayúscula (Hergé resuelve en una viñeta el problema de cómo puede conseguir Haddock la guita para comprar el castillo de Moulinsart) pero son las más atrapantes, las menos predecibles y las que cierran de modo satisfactorio una saga (iniciada en el álbum anterior, que vimos el 03/12/12) que en este álbum se va a pique muchas veces.
A la falta de un conflicto fuerte hay que sumarle otro elemento que opaca muchísimo al guión: acá hace su primera aparición el Profesor Tornasol, quien tiene un rol muy destacado en esta historia. La “gracia” de este personaje es que es más sordo que una tapia y entiende lo que se le canta. Cada diálogo es un juego de palabras absurdo, en el que le dicen una cosa y él responde otra que no tiene nada que ver, porque oye para el orto. Eso puede ser gracioso una vez, o dos si tenés menos de 10 años. No 15 veces. Hergé debe haberse convencido de que esto era realmente muy cómico, y así es como todo lo que suman Haddock o Hernández y Fernández, lo resta Tornasol, a quien yo quería ver muerto para la página 12, más o menos. Sin esa pelotudez de la sordera, Tornasol sería un golazo, porque evidentemente su inventiva abre un montón de posibilidades en materia de aventuras, y Hergé las va a aprovechar al mango. Pero cada vez que aparece en escena, te dan ganas de dejar de leer los globos de diálogo.
Al no haber peligros grossos ni villanos que intenten interponerse entre los héroes y su objetivo, las peripecias tienen que ver con tropiezos, accidentes, boludeces que casi siempre van para el lado de la joda. La más graciosa, lejos, es la del principio, cuando una legión de avechuchos invade el departamento de Haddock para exigir su parte del tesoro de Rackham el Rojo. El resto es, básicamente, más de lo mismo: slapstick efectiva, amenazas low-fi y un arsenal inagotable de pretextos medio frutihortícolas para que Tintín zafe de todo.
Al igual que El Secreto del Unicornio, El Tesoro… se editó originalmente en un diario, a razón de una página por día, con lo cual Hergé no tenía tiempo de romperse tanto el culo en los fondos como en otros álbumes. Acá el nivel del dibujo es excelente, pero no está todo ese festival del detalle en los fondos, que era un rubro en el que Tintín le sacaba mucha diferencia a otras historietas de esa época. Lo que sí está y se disfruta muchísimo es la narrativa, siempre eficaz, por momentos hipnótica, que caracterizaba al Hergé de esta época.
Cierro con un detalle menor: una viñeta de la página 58 nos da la pauta de que esta aventura transcurre en el verano boreal de 1941. Sin embargo, no se hace la más mínima mención a que, para esa fecha, Bélgica había sido ocupada por el Tercer Reich. Obviamente, hacerse cargo de una cosa así hubiese restado verosimilitud al hecho de que un barco belga como el Sirius pudiera navegar libremente con rumbo a América, que es donde las coordenadas que maneja Haddock parecen situar al Unicornio. Y además, si Hergé mostraba a los nazis, o los tenía que pintar como villanos, o como una fuerza de ocupación pacífica y copada. Claramente, ni una cosa ni la otra convenían a sus intereses.
Si te enganchaste mucho con El Secreto del Unicornio, seguro vas a querer leer El Tesoro… Si venís siguiendo la serie, también es relevante, porque acá están la primera aparición de Tornasol y la llegada de Haddock y Tintín a Moulinsart. Pero la verdad es que no estamos frente a una gran historia y todo lo bueno que pasa en la historieta, pasa mejor y más flashero en la película.

lunes, 26 de enero de 2015

26/ 01: TOP 10 Vol.2

De nuevo me encuentro con un montón de situaciones que no recordaba en lo más mínimo, pese a haber leído esta serie en su momento cuando salió en revistitas. Creo que me cebaba demasiado mirando los fondos para descubrir a los personajes conocidos (del comic, la animación y las películas) que hacen cameos en Top 10, mínimamente camuflados para que parezcan ciudadanos de esta increíble Neopolis. Eso es un lindo entretenimiento, pero la verdad es que las tramas que urde Alan Moore en este segundo tomo son tan atractivas que se puede dejar el jueguito para una segunda lectura.
Estos cinco episodios finales me gustaron más que los primeros, por varios motivos: ya estaban presentados los personajes y la dinámica entre ellos, con lo cual hay más espacio para que pasen cosas. Y encima pasan MUCHAS cosas, algunas realmente relevantes. Hay revelaciones impactantes, sacudones fuertes que cambian grosso el status quo de la serie, puntas que Moore apenas explora, ideas tiradas a la marchanta con la generosidad de los grandes, y mucho oficio para que cada episodio plantee y resuelva una trama, más allá de que los cinco episodios están entrelazados y hay que leerlos sí o sí en este orden.
Si (como a mí) te hacía ruido que el Mago escribiera un comic en el que los canas son los buenos, quedate tranquilo. Como decíamos la vez pasada, el autor no se mofa ni de la policía ni de los superhéroes, pero en este tomo queda claro que no renunció a sus banderas anti-autoritarias y a su habitual discurso contra los poderes establecidos. Después de un primer tomo en el que los canas de Top 10 se enfrentaban a monstruos y villanos dentro de todo convencionales, esta vez las amenazas más complicadas resultan provenir de las altas esferas del poder, aunque no quiero dar muchos datos para no spoilear. Y las amenazas menores están muy bien logradas en términos de originalidad y de intensidad dramática. El primer episodio del tomo (el más unitario de todos) en el que Peregrine explora las consecuencias de una teleportación doble y simultánea con nefastas consecuencias para los viajeros, parece una historia sencilla, casi una anécdota menor en el contexto general de la trama; pero Moore le pone tanta humanidad, hace que el lector sienta todo tan real, tan vívido, que termina por ser una historia de esas que te marcan y no te podés olvidar nunca (a menos que seas un enfermo como yo, que la leí hace 15 años y sólo me acordaba el cameo de Dream y Nightmare).
Otra consecuencia derivada de que los personajes ya estaban presentados es que ahora sí, no necesitamos a Toybox para que nos introduzca en este mundo. Eso le permite al Mago intensificar el muy logrado reparto de protagonismo entre todo su elenco, e incluso ampliarlo para darle bola a personajes que en el Vol.1 casi no figuraban, para presentar a un personaje nuevo muy interesante (Joe Pi, una especie de robot de los Shogun Warriors) y para indagar un poco más en la personalidad y las motivaciones de los villanos. Por ahí pasa el principal upgrade entre este tomo y el anterior.
El dibujo, en cambio, no presenta mayores cambios. La dupla conformada por Gene Ha y Zander Cannon está muy afianzada y resuelve con solvencia desafíos muy jodidos que les impone el guión. Las escenas de acción, las escenas de diálogo, esas tomas panorámicas repletas de detalles microscópicos y geniales (que algunos –supongo- se le habrán ocurrido a los dibujantes), todo está impecable. Y en el episodio en el que King Peacock viaja a la realidad alternativa en la que nunca cayó el Imperio Romano, Ha y Cannon dan cátedra de arquitectura, vestuario y demás rubros que tienen que ver con una recreación de época absolutamente brillante, porque además del rigor histórico está el juego de los superpoderes, que involucra a héroes, a personajes mitológicos y –ya que estamos- a Astérix y Obélix.
Banco muchísimo a Top 10, me fue ganando de a poco y ya la considero fundamental. Me queda para leer más adelante la precuela, y prometo más Alan Moore muy pronto, acá en el blog.

domingo, 25 de enero de 2015

25/ 01: RONDA NOTURNA

Hacía bastante que no comentábamos historieta brazuca, no? Bueno, vamos con esta especie de novela gráfica, a cargo de autores jóvenes a los que no conocía, pero que me gustó como para comprarla.
La estructura está buena: un pibito y un veterano curtido, que tiene mucha calle y mucha parla, recorren el barrio más oscuro, más denso de la ciudad. Y el veterano le cuenta al nene tres historias de terror que todas tienen que ver con una casa antigua y medio venida a menos y con una anciana, que en realidad es una bruja re-heavy y re-jodida.
Las secuencias del pibe y el viejo tienen un equipo creativo y cada una de las tres historias le abre en el juego a otros dibujantes. Pero lo más interesante es que las tres historias están vinculadas entre sí al estilo Sin City, es decir que los personajes se cruzan, el que es protagonista de una es secundario en la siguiente, y todo da la sensación de estar sucediendo al mismo tiempo. Lo cual le suma tensión y extrañeza a tres relatos en los que el principal atractivo es el clima, sombrío, opresivo, ominoso al borde de la asfixia.
Las secuencias de enlace están co-escritas por Carlos Lemos y Pedro Felicio, y dibujadas por Olavio Costa, un muy buen dibujante con un gran manejo de las expresiones faciales y un laburo increíble con las tramas mecánicas, que parecen estar vivas. Sus fondos son fotos mínimamente retocadas, pero en estas historias es importante que el barrio se vea muy real, por eso es válido el recurso. La primera historia combina una onda extraña, de suspenso, de misterio a desentrañar, con un final tremendamente violento, a todo gore. La escribe Carlos Lemos y la dibuja Alcinar Frazao, otro autor de estilo muy realista, muy pendiente de la foto, que levanta el puntaje con un muy buen manejo del claroscuro. No es nada que no hayamos visto 1000 veces en cualquier historieta de estilo realista, pero está bien.
La segunda historia es un thriller psicológico, menos violento que la anterior, pero también muy inquietante. El guión y el dibujo corren por cuenta de Dalts, un dibujante quizás menos correcto que Frazao, también muy realista y con una técnica muy atractiva para sombrear, basada en puntitos muy chiquitos, algo que los maestros Howard Chaykin y Eduardo Risso intentaron allá por los ´80 y después lo dejaron porque era mucho kilombo. Para mi gusto, Dalts está demasiado apegado a la referencia fotográfica, y si no es un Juan Carlos Flicker del montón es por esto que señalaba recién de los puntitos. Como él mismo se escribe el guión, se exige pocos cuadros por página para que se luzca a pleno el dibujo, y lo logra sin que se resienta la narrativa, lo cual está muy bien.
La tercera historia es la que tiene el guión más predecible y la única que está estirada para que dure 32 páginas. Está co-escrita por Dalts y Pedro Felicio y dibujada por F3D, otro autor de línea muy realista, muy pegadito a la foto, pero con mucha más elegancia que sus colegas. F3D es casi un Takehiko Inoue occidental, una bestia que no se guarda nada. Y como además maneja un montón de recursos narrativos, logra que la historia resulte atrapante e intensa aunque resulte obvio que daba para muchas menos páginas.
En fin, un lindo producto, una historieta bien de género sin más ambiciones que hacerte pasar un buen rato a fuerza de sustos, pesadillas y mitos urbanos que –para desgracia de los personajes- resultan demasiado reales y demasiado sangrientos. Si querés leer historias de terror bastante originales, con giros impredecibles, ambientación urbana bien dark y color latinoamericano, fijate si alguien que viaja al Coloso de Sudamérica (por vacaciones o negocios) se copa y te trae este libro.

sábado, 24 de enero de 2015

24/ 01: INFERNAL MAN-THING

Qué lástima no saber una goma de psicología, para poder analizar más a fondo esta obra. Pocas veces me encontré con un comic en el que el autor desnude tan brutalmente su psiquis y explore tan a fondo los conflictos que la atormentan. Esto es casi un manifiesto escrito en la cornisa por un trastornado que se está por tirar del piso 17.
Y además es un cacho de mitología comiquera, porque se trata de una historieta escrita por Steve Gerber alrededor de 1985 y que sufrió todo tipo de complicaciones. Arrancó, se frenó, se cajoneó y se reactivó 150 veces, hasta que finalmente en 2012, con Gerber ya fallecido, el lentísimo Kevin Nowlan entregó estas 54 páginas. De haberse lanzado en los ´80, Man-Thing habría sido una novela gráfica, de las muchas que editaba Marvel en aquel entonces. Ahora, en cambio, se les ocurrió fraccionar la historia en tres “capítulos” de 18 páginas y publicarlos primero como tres comic-books. Para la edición en TPB, 54 páginas eran muy pocas, por eso se incluye –acertadamente, porque el guión de la novela gráfica funciona como secuela de ese episodio- el n°12 de la serie original de Man-Thing, que data de 1974.
Ese clásico unitario, dibujado por John Buscema y Klaus Janson, se veía mucho mejor en el Essential, en blanco y negro. A color por momentos provoca náuseas. Lo cierto es que el guión es una genialidad de Gerber, muy al límite de lo publicable en 1974. Como en tantas aventuras de esa época, todo se centra en un personaje muy humano, muy creíble, cuyos dramas se exploran a fondo. Esta es la historia de Brian Lazarus (cuya vida tiene muchos puntos en común con la del propio Gerber) y Man-Thing tiene un rol poco trascendental, no puede no estar, pero parece un intruso en su propia revista.
En la novela gráfica eso se nota mucho más. Man-Thing está pintado al óleo, nada de lo que hace influye en lo más mínimo en el desarrollo de la trama, en la que todo pasa por la turbulenta psiquis de Brian Lazarus. También es mucho más evidente el vínculo entre este personaje y el autor: cada dato que da Lazarus acerca de su vida y su trabajo coincide milimétricamente con la biografía de Gerber, lo cual te pone muy nervioso, porque Lazarus está mentalmente detonado, en un nivel de esquizofrenia tan avanzado que le permite ser –al mismo tiempo- el héroe y el villano de esta historia.
Como te imaginarás, el guión es raro, pasan un montón de cosas inexplicables, validadas por ese juego de paralelismos entre lo que pasa en “la realidad” y lo que pasa en la mente de Lazarus. Además, como en todo esto es muy importante el hecho de que este tipo es escritor, Gerber le da muchísima importancia al texto y mete diálogos, extractos de los escritos de Lazarus, relato en off y hasta canciones de un nivel literario impresionante. El ritmo de la novela es muy dinámico, con sacudones muy impredecibles y un final un poco precipitado, como si Gerber hubiese advertido de golpe que se la acababan las páginas y tenía que rematar. El mayor mérito, la cuota de incuestionable genialidad, está claramente en la construcción de Brian Lazarus como personaje de ficción y a la vez como catalizador de mucho de lo que Gerber pensaba y sentía en la realidad.
Supongo que esta novela gráfica convertida en miniserie debe haber vendido poquísimo, pero si vendió algo, seguramente hay que atribuírselo a la presencia de Kevin Nowlan al frente de la faz gráfica. Producir poquísimas páginas por año tiene sus ventajas: cuando publicás algo, sea lo que sea, TODOS tus fans te lo compran sin chistar. El trabajo de Nowlan en esta saga es muy, muy notable. Arma una grilla de cuadros muy clásica, que rompe cada tanto para obtener efectos muy puntuales, y esto le permite controlar muy bien el flujo de la narrativa. A pesar de que Gerber no se priva de nada a la hora de meter textos, Nowlan encuentra espacio para que su dibujo se luzca en todo su esplendor. Además colorea todo él mismo, supongo que con técnicas analógicas, y acá saca una diferencia enorme. Nowlan combina su linea finita y elegante con un color lleno de matices muy sutiles, muy logrados, que me hicieron acordar a algunos trabajos de Miguelanxo Prado, especialmente a Quotidianía Delirante. Cuando aparecen los dibujos animados (sí, hay dibujos animados) Nowlan los retrata con colores planos y logra un contraste muy interesante. Y a Man-Thing lo dibuja con más volumen, más masivo, en una onda más Richard Corben. El resultado es exquisito.
Supongo que si sos fan de Gerber, Nowlan o Man-Thing ya tenés este librito, pero si no sos fan de ninguno de los tres y querés leer una historia zarpadísima, en las fronteras de la demencia, con bajada de línea social, con dramas, conflictos y patologías muy reales y muy intensas, excelentes diálogos y un dibujo de la hiper-concha de Dios, también te lo recomiendo.