el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 4 de abril de 2015

04/ 04: AL ENCUENTRO DE LA PALABRA

Hoy obviamente no hay reseña, porque en un ratito nos vamos al Encuentro de la Palabra, en Tecnópolis, donde esta tarde/noche se concentran la gran mayoría de las actividades centradas en la historieta, incluyendo las cinco mesas, en las que intervendrán notables artistas y especialistas locales, más invitados especiales de Paraguay, Uruguay, Perú, EEUU, Inglaterra y Francia.
Obviamente esperamos que los fans del Noveno Arte vengan a compartir todo lo que estuvimos preparando junto al equipo que organiza Comicópolis. También obviamente, la entrada es libre y gratuita y el estacionamiento también. La data completa del evento está en http://www.comiqueando.com.ar/agenda_argenta/al-encuentro-de-la-historieta/
Y el finde que viene… mmmm… complicado. El viernes 10 arranca mi temporada de viajes 2015, y me voy tempranísimo a Ezeiza, a tomar un avión a Santiago de Chile. Una vez más me toca formar parte de la FIC, un gran evento, de nivel internacional y con entrada gratuita (como los que me gustan a mí). Supongo que los tres días del evento (10 al 12) voy a estar a full con actividades que me van a impedir postear en el blog.
Después tengo unos días de vacaciones en Chile, con una agenda infinitamente más distendida, así que salvo algún problema técnico onda “la computadora que me prestaron no me deja subir imágenes”, o chotadas por el estilo, vamos a tener reseñas durante esos días. Y volvemos a la normalidad el domingo 19.
Entre mañana y el jueves vamos a tener reseñas como todos los días, así que gracias por el aguante y la seguimos mañana.

viernes, 3 de abril de 2015

03/ 04: MAQUINA ZERO

Hoy tengo poco tiempo para desmenuzar esta antología publicada en Brasil en 2013, con una mezcla bastante atractiva.
Arranca muy bien, con 6 páginas del francés Boulet, dibujadas en un estilo muy copado, como si fuera Emiliano Migliardo entintado por Matthias Schultheiss. La historia es muy graciosa e imaginativa, con un filo crítico muy logrado. Le sigue Sete, de Gilmar, una buena idea desarrollada en cuatro páginas sin textos, con dibujos bastante decentes y un gran trabajo de grises.
Bajamos un poquito el listón con las seis páginas a cargo de Flávio Luiz, una especie de Fernando “Junior” González de la B Metropolitana, con una buena idea, buen desarrollo, pero bastante limitado a nivel dibujo. Le sigue una historia escrita por Diorge Trindade y dibujada como la hiper-concha de Dios por Wendell Cavalcanti, un autor de estilo realista que maneja muy bien el blanco y negro, la narrativa y la documentación histórica. El guión es interesante, pero parece ser el prólogo a otra cosa mucho más grossa que no veremos nunca.
Miguel Rude y Erre Rodrigo tienen apenas cuatro páginas para contar una de cangaceiros y la verdad que, como no me gustó el dibujo, no me enganché en lo más mínimo. A Máquina, una de ciencia-ficción de 7 páginas, tampoco me entusiasmó. El guión de Marcello Fontana me pareció críptico (de hecho, hay una página extra en la que el autor habla de las múltiples interpretaciones a las que se presta la historia) y el dibujo de André Leal me resultó frío, poco adecuado para la narrativa secuencial.
Levantamos un toque la puntería con O Sr. Flin, de Ana Rocha, una historia sórdida, con muy mala leche, que seguramente funcionaría mejor con otro estilo de dibujo, pero así está muy bien. Elthon Tomasi ofrece cuatro páginas de una historia que no se termina de entender, pero que intenta mezclar ciencia-ficción apocalíptica con una crítica al consumismo y una especie de superhéroe cuyo rol no me terminó de cerrar. Tampoco me convencieron las seis páginas de Leonardo Maciel, con un dibujo tipo la serie animada de Star Wars que hizo Genndy Tartakovsky, y una historia bastante anodina en la que reinterpreta el mito de Excalibur en clave de ci-fi.
Me pareció muy interesante O Onironauta, una historia oscura, muy climática, con delirio y violencia a pleno, escrita por Raphael Fernandes y muy bien dibujada por Ricardo Tatoo. Nuestro amigo Salvador Sanz aporta la misma historia corta que ya vimos en aquel especial de Próxima (reseñado el 17/10/14). Y me encantó Guerreiras, una gran historia escrita por Sergio Barretto, maravillosamente dibujada por Jefferson Costa, en un estilo similar al de Frederick Peeters, con un gran manejo de los tonos de gris.
Me salteo 20 páginas que están repartidas entre tres historietas que no me gustaron, y me voy con Assassinos de Merda, una breve e impactante comedia negra escrita con mucha comicidad por Airton Marinho y dibujada en un estilo muy realista por Cleyton inLoco. Muy divertida. Le sigue el maestro Eloar Guazzelli, uno de los autores brazucas del palo alternativo más conocidos fuera del Coloso de Sudamérica. El guión de su historia mucho no me copó, pero ese dibujo onda Crist me vuelve loco. Ese manejo de la mancha, esos climas, esos trazos… una belleza.
Paso por alto otra historieta que no me interesó para nada y caigo en una de 1985, un rescate de un material perdido en una antología de hace 30 años. Se trata de una breve historia escrita por Wilson Vieira y dibujada por Aloisio de Castro, una bestia que dibuja y arma la página en un estilo similar al de Sergio Toppi, con un control milimétrico del plumín y unas expresiones faciales majestuosas.
Y cierro con la historieta más larga, la principal responsable de que me haya comprado el libro: Aftermath, una de 16 páginas escrita y dibujada por R.M. Guéra, el prócer serbio que la descosió en Scalped. Finalmente el guión me resultó confuso, o estaba muy dormido para terminarlo de descular, pero el dibujo (en blanco, negro y grises aplicados en el photoshop) me voló la cabeza. Puesta en página re-europea, una línea mitad Jean Giraud-mitad Tomaz Lavric, un laburo alucinante en la documentación… Fue como descubrir a otro Guéra, tan alucinante como el que laburaba en Vertigo.
El balance general me dio bastante positivo, sobre todo por el nivel de los dibujantes. Si viajás a Brasil, tratá de conseguirla.

jueves, 2 de abril de 2015

02/ 04: WONDER WOMAN Vol.3

No puedo volver a colgar a esta serie casi un año entre tomo y tomo, y menos cuando ya terminó y está toda editada en TPBs. Así que me lanzo de cabeza sobre el Vol.3, no si antes recomendar un repasito por las reseñas de los tomos anteriores (15/11/13 y 29/10/14).
De los conceptos ya vertidos, me parece que hay que volver a subrayar uno: Esto no tiene nada que ver con ningún otro comic de Wonder Woman que hayas leído. De verdad, con ninguno. Ni siquiera con comics que se publicaban en simultáneo con este, como Justice League o Superman/ Wonder Woman. Esta es una obra 100% de autor, en la que a Brian Azzarello le dieron la posibilidad única de reimaginar de cero a la famosa heroína, a su entorno y a su historia, sin la menor interferencia por parte del resto del Universo DC, que acá parece no existir. Recién sobre la segunda mitad de este tomo, Azzarello suma al siempre expansivo elenco de la serie a Orion, el más pulenta de los New Gods. Supongo que en el Vol.4 quedará claro cuál será su función en la saga, porque hasta ahora no tiene mucho más efecto más allá del impacto de volver a ver en la etapa New 52 a nuevas versiones de los personajes creados hace casi 45 años por Jack Kirby.
Creo que el mayor logro de Azzarello es la forma en que logra pilotear la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie. Esta vez, además de Orion, aparece un portentoso guerrero inmortal que pinta para convertirse en el villano más power de la saga, y otros dos hijos bastardos de Zeus nacidos en la Tierra durante el Siglo XX. First Born (el guerrero machacoso) tiene sus propias secuencias y hasta sus propios personajes secundarios. Los otros hijos de Zeus, en cambio, aportan un poco menos, y pareciera que Azzarello no los va a integrar definitivamente al elenco, sino que sus apariciones fueron pensadas para hacer avanzar puntos concretos de la trama, o para que Diana tuviera contra quién pelear en un episodio que, de otro modo, hubiese sido 100% diálogo. Realmente la trama de First Born resulta un gran hallazgo, porque habilita un montón de escenas de pelea lejos de donde están Wonder Woman y el resto del elenco, que siguen enroscados en una historia que –ya lo dije en las reseñas anteriores- no pasa por la machaca sino por la rosca en el seno de una familia disfuncional.
Otro punto destacadísimo son los diálogos. Un rubro en el que Azzarello pela una magia asombrosa para darle voz e identidad a cada uno de estos personajes, a los que nos muestra como cercanos, casi reales, a pesar de ser dioses mitológicos de la antigüedad y –ante todo- personajes de historieta. Sin cagarse en las raíces mitológicas, Azzarello actualiza estos dramas famiiares, estas alianzas, estos odios, y los hace increíblemente contemporáneos. Y la única historia en la que cambia totalmente el registro (la del n°0, protagonizada por una Diana de 11 ó 12 años) lo hace para adoptar ciertos tics típicos de los comics de la Silver Age. Claro, el espesor dramático del relato es mucho mayor, pero si sabés verlos, están los guiños a Stan Lee, Bob Haney y demás.
En materia de dibujantes, esta vez no alcanzó con un titular y un suplente. Cliff Chiang (el titular) dibuja tres de los siete episodios. Tony Akins (el suplente) dibuja un episodio entero, la mitad de otro, 16 páginas de un tercero y entrega apenas un plantado a lápiz de un cuarto, para que se lo terminen los entintadores. Para cubrir los baches, tenemos a un ignoto (y no muy presentable) Amilcar Pinna, al glorioso Goran Sudzuka y a varios entintadores, entre ellos el notable Dan Green (que logra que los dibujos de Akins se vean cada vez mejor) y el infalible Rick Burchett. Y pese a mi amor incondicional por Sudzuka, tengo que reconocer que Chiang se ganó en buena ley la chapa de ser EL dibujante de esta versión de Wonder Woman. Desde el diseño de los personajes hasta los recursos narrativos que tiene que poner en juego para darle onda a las escenas en las que sólo vemos gente hablando (un clásico de Azzarello, a esta altura), Chiang muestra solidez, compromiso y talento. Cada vez más afianzado en su estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas”, Chiang pone todo lo que hay que poner, se entinta a sí mismo y se complementa mejor que ningún otro con el colorista Matthew Wilson. Muy grosso.
No sé qué me espera en la segunda mitad de esta serie, pero la primera me pareció excelente, me sorprendió y me emocionó muchas más veces de las que yo me imaginaba. Sobre el final de mi adolescencia fui muy fan de la Wonder Woman de George Perez y ya en este siglo me volví loco cuando Greg Rucka llevó a su máximo apogeo a esa versión. Y sin embargo, estos tres TPBs me dejan picando la idea de que tal vez (por ahora es un tal vez) la Wonder Woman definitiva sea esta, la de Azzarello y Chiang, parida con el “pecado original” de ser parte del New 52, pero satisfactoria y apasionante por donde se la mire.

miércoles, 1 de abril de 2015

01/ 04: LA ESTIRPE MARALHA

Este libro reúne dos sagas realizadas por Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena para las antologías italianas de la editorial Aurea: Sangre Negra y Syridiana, ambas ambientadas en un mismo universo, con personajes y situaciones en común. La clave son los Maralha, una raza superior, una especie de nazis de un mundo fantástico, especialistas en esclavizar, torturar y sojuzgar a los otros pueblos gracias a su astucia y su habilidad para el combate. Soberbios, crueles e invencibles, los Maralha marcarán el pulso de los dos arcos argumentales que integran el libro.
El primero, Sangre Negra, explora los secretos de los Maralha y la osada decisión de suicidarse, para dejar a un único descendiente de la estirpe, el niño Barnabás. A lo largo de siete episodios, veremos tres historias en paralelo: la del fin de los Maralha, la vida de Barnabás desde que es niño hasta los… 40 ó 45 años, y las desventuras de Dorival el Inmutable, el asesino que durante años murió y volvió a la vida mientras intentaba sin éxito liquidar a Barnabás. Con la típica ironía de Mazzitelli, el personaje que más hizo para erradicar definitivamente a los Maralha se termina por convertir casi en uno de ellos, en una historia muy intensa y para nada predecible.
El segundo arco es mucho más extenso y más ambicioso. Es un enorme flashback narrado por Dorival, situado en la época de mayor auge de los Maralha, cuando lo único que los separaba de la conquista absoluta era la casta guerrera de los Dulé. Arranca en una onda Thanos Quest, cuando la princesa Syridiana toma el poder y se lanza en la búsqueda de cinco objetos mágicos que le permitirán abrir una grieta dimensional y reclutar para sus propios fines a las más siniestras y destructivas criaturas de la dimensión oscura. Bella, implacable y de descomunal inteligencia, esta princesa (una de las pocas chicas realmente protagónicas en la carrera de Mazzitelli y Alcatena) cumplirá su cometido: el exterminio del clan Dulé, que asegura la hegemonía indiscutida de los Maralha. Pero vos sabés cómo es esto: cada vez que hay dos clanes que se odian a muerte, destinados a matarse unos a otros, aparece el mito de Romeo y Julieta y se complica todo. Dicho y hecho, Syridiana se enamorará del único Dulé que en vez de guerrero es artista y la trama romántica enturbiará ese exterminio que amagaba con ser prolijo e irreversible.
Para la mitad de la saga, Syridiana se convierte en personaje secundario y Mazzitelli elige centrarse en su novio, Dardanel, el último de los Dulé, que moverá cielo y tierra para vengarse de los que traicionaron a su clan y le habilitaron los objetos mágicos a la princesa de los Maralha. Dardanel es un personaje ingenioso, brillante, que piensa “por afuera de la caja” y sus aventuras están llenas de ideas maravillosas. Para el tramo final, se viene el choque inevitable: la venganza de Dardanel no estará completa mientras viva Syridiana, y el triunfo de los Maralha no será tal mientras viva Dardanel. No te quiero contar cómo resuelve Mazzitelli este fatídico dilema, pero sí subrayar que está muy bien.
Fiel a su estilo, Mazzitelli manda a sus personajes a combatir contra amenazas extremas: los guerreros más poderosos, los genocidas más temibles, las criaturas más abominables, los ejércitos más numerosos… y siempre sin enfatizar la machaca, sin hacer hincapié en el esfuerzo que requiere ganarle a esos oponentes. Tanto desenfatiza este aspecto el guionista, que pareciera que los protagonistas sortean todos los obstáculos con excesiva facilidad, sin esa tensión que te provoca la posibilidad latente de que el héroe falle en su misión y se vaya todo a la mierda. Es un recurso raro, pero a Mazzitelli le funciona bien hace muchos años.
La epopeya a todo o nada, finamente matizada con apuntes filosóficos, metafísicos y hasta poéticos, brilla una vez más en los guiones de Mazzitelli, y por supuesto en los dibujos de Alcatena. A sus anchas en estas historias fantásticas en las que puede inventar absolutamente TODO, Quique nos brinda otro festival de criaturas, palacios, armas, trajes y maravillas varias. Entre muchos diseños perfectos, me quedo con el de Xem Faradit, el monje, que parece un héroe de la Legión de los años ´60. Con su plumín prodigioso y una puesta en página siempre ajustada al ritmo que requiere el relato, Alcatena arriesga mucho más de lo que habitualmente arriesga un dibujante ya afianzado, con décadas de trayectoria. Uno supone que a esta altura Quique ya resuelve de taquito trabajos como este, pero lo que distingue a esta bestia de otros grandes dibujantes es que Quique se especializa en subir la apuesta, en desafiarse a sí mismo en cada historia para hacer cosas cada vez más difíciles, que nunca antes había intentado. Y claro, le sale todo obscenamente bien.
La Estirpe Maralha es un hermoso libro, que requiere un tiempo de lectura bastante prolongado, y recompensa con creces cada minuto que le dediques a los fascinantes textos de Mazzitelli y a los fastuosos dibujos de Alcatena. La corona de estos dos genios de la historieta mundial suma una nueva gema, por fin publicada en nuestro idioma.

martes, 31 de marzo de 2015

31/ 03: LOS MAS VENDIDOS DE FEBRERO Y MARZO

Ahora sí, después de un Febrero lamentable, tuvimos un Marzo bastante digno en materia de ventas, y entre los dos meses se puede armar un ranking que no suene a chamuyo.
Veamos qué fue lo que más se vendió.

1) Hijitos de Puta (Llanto de Mudo)
2) Basura (Loco Rabia/ Belerofonte)
3) Acero Líquido (Loco Rabia/ Belerofonte)
4) Shankar Vol.2 (Loco Rabia/ Belerofonte)
5) Términus Vol.8 (Términus)
6) Mar de Caca (Llanto de Mudo)
7) Aventuras de Pi-Pío Vol.1 (Común)
8) Zero Point (Agua Negra)
9) Términus Vol.7 (Términus)
10) Liga del Mal Vol.1 (Llanto de Mudo)

El primer puesto lo mantuvo el nuevo hit de Gustavo Sala, aparecido en Enero. Está bien, es lógico. Si bien la venta en Enero había sido muy buena, es un libro que todavía tiene un techo muy alto.
Cuatro novedades se ubicaron bien en el Top Ten, todas aparecidas en Marzo: Basura fue el libro más vendido de este mes, lo cual es importante si pensamos que salió el 20, justo antes de los feriados, y tuvo muy pocos días para ofrecerse, distribuirse y venderse. Pero bueno, es el enésimo testimonio de la vigencia de maestros de la talla de Carlos Trillo y Juan Giménez. La nueva entrega de Términus clavó en el quinto puesto, lejos de la pole position que suele llevarse cada vez que sale, primero porque se empezó a distribuir el 16, y segundo porque gracias al éxito, ya son varias las distribuidoras que la ofrecen a sus clientes. Mar de Caca y Pi-Pío se empezaron a distribuir entre el 12 y el 13 de Marzo y alcanzaron cifras interesantes, sobre todo para el caso de Pi-Pío, que es un libro de más de $ 400.
Completan el ranking dos tanques insumergibles de Alcatena y Mazzitelli, el ya clásico Zero Point de Agustín Nakamura, el primer tomo de la siempre vigente Liga del Mal y el Vol.7 de Términus, arrastrado de nuevo al ranking por la salida de la nueva edición de esta notable antología.
En Abril vuelve la Feria del Libro y eso permite pronosticar la salida de muchos títulos nuevos, varios de los cuales se van a empezar a distribuir en Mayo. Pero para estos próximos 30 días, seguro tendremos (entre otros lanzamientos) lo nuevo de Juan Sáenz Valiente, una antología para chicos con Liniers, Decur y Powerpaola (entre otros), el regreso de Federico Baert, un libro de bocetos de Renzo Podestá y nuevos libros de la colección Toing!. Veremos qué sucede…

lunes, 30 de marzo de 2015

30/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.3

Y bueno, tal como yo suponía, acá la cosa se pone muy grossa. Ya está, ya no hay más tiempo. Ryu Mitsuse y Keiko Takemiya se dan cuenta de eso y se termina el curro de sumar nuevos personajes, nuevos conflictos y nuevos elementos a la trama central. Ahora hay que resolver todo con lo que hay, en 200 páginas que son las mejores 200 páginas de Andromeda Stories.
Acá el guión hace un sólo sacrificio con el que no termino de acordar: se saca de encima medio rápido, sin explorar mucho las consecuencias, a la reina Lilia y el rey Ithaca. De nuevo hay un papel chiquito para Balga y el príncipe Milan ni aparece. El resto, son todos golazos. La guerrera cyborg que tuvo mucha chapa en el Vol.1 y no apareció en el Vol.2 acá vuelve con todo, a hacer un aporte enorme. El veterano y enigmático Elder pone las cartas arriba de la mesa y se convierte en otro personaje fundamental. Y lo más importante: ahora el protagonismo se reparte entre el príncipe Jimsa y Affle, su hermano gemelo, que resulta ser… su hermana. En un giro notable, todo lo que sabíamos sobre este supuesto hermano de Jimsa se da vuelta y las sorpresas motorizan al argumento hacia una resolución impactante.
Esta vez no queda mucho margen para las intrigas. Hay que prepararse para el combate final contra las máquinas, y el clima ahora es el de una historia bélica, en la que cada pequeña batalla puede ayudar a ganar la guerra. El único elemento nuevo que se suma en este tomo es el de los superpoderes: Affle tiene dones extrasensoriales y es una poderosísima telekinética. Y por si faltara algo, la proximidad de Jimsa amplía aún más sus poderes. Cuando los hermanos se deciden a trabajar juntos, se vuelve realmente difícil hacerles frente. Pero claro, no es fácil lograr que estos dos chicos criados en ámbitos tan distintos se acepten como hermanos y aprendan a complementarse.
Ahí los autores encuentran un conflicto muy interesante para meterle presión a la trama bélica. Y cuando lo tienen que resolver, de nuevo la sorpresa, el impacto, lo impredecible: Jimsa y Affle, hermanos mellizos, casi idénticos entre sí… se enamoran. Y garchan. Posta, no es una fantasía perversa mía. 500 y pico de páginas sin meter ni el menor atisbo de una trama romántica y, cuando aparece, termina en incesto. Y ahí ya te importa todo una mierda… Si le ganan o no a las máquinas, si se destruye o no el planeta… ya fue, hay un garche entre mellizos casi idénticos. Cuando vi eso en Bolita (la obra de Carlos Trillo y Eduardo Risso, reseñada el 17/04/14) no me impactó tanto, porque el clima de la historieta iba para ese lado, la gracia era acumular situaciones turbias, sórdidas, y Trillo nunca ahorró recursos a la hora de mostrar a sus villanos como gente retorcida y repulsiva. Pero acá, en una epopeya de ciencia-ficción con aventuras, rosca política y dibujo “cute”, fue un garrotazo en el medio de los genitales.
El bizarro giro en la relación entre los hermanos pone las emociones que faltaban para que el final fuera realmente estremecedor. El epílogo hasta se anima a ensayar un moñito, un broche de oro con un cierto vuelo poético que incluso sugiere que Jimsa y Affle fueron los primeros humanos en pisar la Tierra. Un lindo detalle después de tanta devastación, explosiones, traiciones y sacrificios.
El dibujo de Takemiya, por su parte, acompaña estas movidas tan extremas y retrata con jerarquía y con intensidad todas las luchas, la destrucción y el romance. Esta vez hay menos secuencias mudas, pero igual Takemiya se las ingenia para que ciertos cuadros, ciertas imágenes, cobren peso por encima de los textos y funcionen como signos de puntuación, como un mecanismo más para realzar los misterios, el in crescendo en la tensión o la fuerza de las escenas más impactantes. Un excelente trabajo de la mina que mejor entendió cómo funciona la ciencia-ficción en el universo de las viñetas.
Más allá del irrefutable prestigio de sus autores, no sé si Andromeda Stories está considerado un clásico en Japón. Para nosotros va a ser siempre más una rareza que un clásico, eso me queda muy claro. Dentro de esa categoría, la considero una muy buena historieta, a la que seguramente le sobran no menos de 150 páginas (el Vol.2 podría omitirse casi por completo), pero que entre emociones fuertes, conceptos jugados, acción al palo y dibujos formidables arrima a un nivel realmente notable. Voy por más Keiko Takemiya, auqnue no sé si tiene más obras editadas fuera de Japón…

domingo, 29 de marzo de 2015

29/ 03: EAST OF WEST Vol.2

Este segundo tomo de East of West sigue al pie de la letra los lineamientos que vimos en el Vol.1, reseñado el 15/12/14. Releo esa reseña y siento que es poquísimo lo que puedo agregar, porque tanto el guión como el dibujo avanzan por el cauce que fijaron Jonathan Hickman y Nick Dragotta en los primeros episodios, sin desviarse en lo más mínimo. Lo cual no significa que no haya sorpresas…
Para mí, lo más notable, fue que Hickman mandó al banco de suplentes a Xiaolian, la princesa de la dinastía de Mao, que en el Vol.1 había juntado chapa a lo bestia. Esta vez, apenas si se la menciona y no aparece ni una viñeta. La rosca interna de los Chosen, que en el Vol.1 se calentaba con las intrigas conjuradas por Archibald Chamberlain, explota en el primer episodio de este tomo y después no se vuelve a mencionar. Todo esto se explica con el gran número de personajes que conforman el elenco de la serie. Hickman tiene muchas alternativas, muchas historias para explorar, y para hacerlo elige desplazar el protagonismo de unos personajes a otros, según le convenga. La trama es compleja y espesa desde el principio, y al indagar en algunos personajes en los que hasta ahora no había profundizado (el príncipe John Freeman, el oráculo, la presidenta de lo que quedó de EEUU), el guionista no hace más que sumarle capas de complejidad, misterios y elementos que seguramente van a tener peso más adelante.
Con tanta runfla política, tanto diálogo y tanta travesía (Death, quien quizás sea el personaje central de la saga, pasa casi todo el tomo viajando o hablando), casi no hay lugar para la machaca. Leídas con frialdad, la única escena de pelea que se justifica a nivel argumental es la última. El resto, pareciera que está porque Hickman o sus lectores no se bancan 24 páginas sin acción. Son conflictos menores, que no requerían de tiros, combates ni explosiones para resolverse, pero que aparecen inflados, enchulados, para que los personajes se vean más jodidos y sus diferencias se vean más extremas. No es un mal recurso y tampoco se le puede pasar factura por eso a Hickman, que se ha bancado muchos guiones sin machaca en su época de guionista del mainstream superheroico.
Como otros trabajos de este autor, East of West no resulta una lectura fácil ni pasatista. Hay que leerla con mucha concentración, dedicándole tiempo. Yo estoy seguro de que me perdí detalles, pequeñas cositas, por no acordarme demasiado de lo que había pasado en el Vol.1. Por supuesto, Hickman no te hace ningún racconto, los personajes no explican nada a través de los diálogos, no hay red. Si no estás bien metido en la saga, quedás pagando como un infeliz. Y –me repito- es una saga compleja, con un mundo muy atractivo por explorar (esa mezcla de tecnología de ciencia-ficción con ambientación y climas de western), con un elenco numeroso y con ideas muy osadas, algunas derivadas de temas bíblicos (como los Cuatro Jinetes del Apocalipsis) y otras más locas, más originales, o más enroscadas. Por suerte, todo avanza a un muy buen ritmo, los diálogos son excelentes y los personajes están muy bien trabajados.
Y por el lado del dibujo, no me queda nada para decir que no haya dicho en la reseña del tomo anterior. Dragotta está muy afianzado en ese estilo, mezcla de Fiona Staples y Peter Snejberg, y felizmente se pone un poquito más las pilas a la hora de dibujar los fondos. Muy meritoria también la labor de Frank Martin, el colorista, que ajusta muy bien la paleta para darle su propia impronta a los flashbacks (que son muchos) y para subrayar los distintos climas, las distintas ambientaciones en las que transcurre la acción.
Después de estos años de Avengers y New Avengers -y sobre todo ahora que timbea su prestigio a todo o nada con Secret Wars- Jonathan Hickman dejó de ser un guionista incuestionable y pasó a ser no un mercenario más, pero sí un tipo que además de cebarnos, también puede decepcionarnos. Por suerte, en paralelo a la altísima exposición que le dan sus series en Marvel, tiene estos kiosquitos creator-owned en Image, donde vende mucho menos pero cuida mucho más la calidad. East of West es un claro exponente de esto último y una gran opción para el que busca leer más material de Hickman por afuera del “más de lo mismo”.

sábado, 28 de marzo de 2015

28/ 03: NIÑOS DE LA BASURA

Esta historieta de Darío Fantacci se publicó originalmente en la revista Ultramundo, entre 2007 y 2012. Era la historieta más “tradicional”, la que abordaba una temática más “clásica”, dentro de una publicación de corte sumamente experimental. Sin embargo, leída toda de un saque y por afuera de ese contexto, la obra de Fantacci es cualquier cosa menos tradicional.
Lo que más gustó es el clima, la atmósfera que construye Fantacci a lo largo de estas 200 páginas. Es un mundo oscuro, desolado, crepuscular, en el que los protagonistas tienen que inventar la esperanza, porque el mundo no se las ofrece en ninguna de sus formas. El autor aprovecha al máximo las posibilidades expresivas de este post-holocausto (para el que no hace falta mayor explicación) y lo convierte en el escenario de una epopeya low-fi, donde vemos crecer de golpe y en circunstancias absolutamente adversas a este grupo de chicos abandonados a su suerte, que no es mucha.
Otra cosa que me gustó mucho es la narrativa, porque lo veo a Fantacci moverse con gran ductilidad. Hay tramos en los que el ritmo del relato y la puesta en página se sincronizan para que Niños de la Basura parezca un comic europeo, para el lado de un Christophe Chabouté, como para orientarnos. Por momentos se acerca más al tono de un indie norteamericano tipo Brian Ralph. Y en el episodio titulado Ed y Pum!, tenemos una extensa secuencia que parece narrada por Katsuhiro Otomo en Akira. Estamos ante un autor lleno de recursos para meternos dentro de sus relatos, con un gran manejo de la secuencia, de los ángulos, de la síntesis, de la variedad de planos.
Por otro lado, las referencias a Chabouté, Ralph y Otomo nos llevan a pensar en autores a los que les encantan las secuencias mudas. Y sí, Fantacci se enrola claramente en esa tendencia. Cuando mete diálogos, pendula entre dos extremos: diálogos muy reales, muy naturales, y diálogos muy forzados, muy artificiales. Pero cuando opta por dejar que el dibujo y la acción cuenten lo que sucede, el autor no falla nunca.
Los guiones… se pueden discutir. Hay segmentos más complejos, más basados en el desarrollo de personajes, y hay otros (la mayoría) donde se imponen el vértigo y la violencia. Largas y sangrientas peleas que sirven para ilustrar el contexto en el que se mueven estos chicos, pero no mucho más. Creo que el episodio mejor escrito es el último, el epílogo, que es donde Fantacci realmente capitaliza el potencial lírico subyacente en esta historia a priori cruda y truculenta.
Y me queda para el final el dibujo que, de nuevo, me hizo acordar mucho a Chabouté, pero sin jugarse todo al claroscuro. Fantacci elige esa técnica de entintado que a muy pocos le queda bien, que consiste en llenar todo de rayitas y cross-hatchings enfermizos, y con eso lograr todos los efectos de iluminación, volumen y texturas. Tenés que ser MUY bestia para que eso te salga bien. Tenés que ser Alcatena, Joe Sacco, Salvador Sanz… y Fantacci claramente no estaba a ese nivel cuando arrancó con este trabajo en 2007.
Con el correr de las páginas y los años, el dibujo se va puliendo, se ven menos desprolijidades y más certezas, te vas convenciendo de que eso que se ve en las viñetas no es “lo que salió”, sino lo que el autor quiso poner ahí. Pero no llega a ese nivel tan afianzado, tan sólido, como el que muestra en sus trabajos actuales un Pedro Mancini, por citar a otro autor surgido de la revista Ultramundo y que también abusaba de las rayitas en sus inicios. Para el final, ya vemos a un Fantacci que ejerce un dominio muy claro del plumín, y coincide con las imágenes más bellas y a la vez más elaboradas. Ojalá en sus futuros trabajos lo veamos evolucionar a partir de ahí. Ah, y ojalá recapacite y en sus próximas obras no rotule a mano, sino con tipografías ya existentes, porque su caligrafía es espantosa.
Me animo a poner a Darío Fantacci en la misma bolsa que Mancini e incluso que Renzo Podestá. Son autores con una impronta muy personal, por momentos pasada de freak o de punk, con una mezcla de influencias rarísima y variadísima, surgidos del under, pero además comprometidos con esa estética y esa ética. Tipos a los que les gusta laburar con total libertad, autogestionar sus proyectos, no ir a mendigar que los publiquen en Fierro ni en ningún otro medio… anomalías, deformidades, sustentadas con un talento que les permite, aún así, generar obras que llegan al libro, se venden bien y hasta ganan algún premio. Niños de la Basura es una gran puerta de entrada al universo de Fantacci, una obra que no hace concesiones pero que -si no te produce cortocircuitos desde la faz gráfica- te va a emocionar por lo que cuenta y sobre todo por cómo lo cuenta. Y con un ancho de espadas jodido: esto no se parece A NADA.

viernes, 27 de marzo de 2015

27/ 03: ALIENOR: LA LEGENDE NOIRE Vol.2

Bueno, de a poquito va quedando claro que Alienor, además de ser la protagonista de esta saga, es también la villana. En esta segunda entrega de 54 páginas, los guionistas Arnaud Delalande y Simona Mogavino se regodean casi con crueldad en las operetas que arma la joven reina para manipular a su marido, el también joven e inexperto rey Louis. Ambiciosa, lujuriosa, belicosa, intrigante, con menos escrúpulos que un puntero macrista de Cristian Ritondo, Alienor sigue hablando de justicia y dignidad pero lo único que le interesa es el poder, la sumisión de reyes, obispos y nobles a sus veleidades y caprichos. Por momentos me hizo acordar a cómo hablaban de Eva Perón mis abuelas gorilas.
Acá, en esta Francia feudal del año 1140, sobran los descamisados, los marginados, los excluídos, pero la tarea de incluirlos y darles dignidad no va a recaer en Alienor, para nada. A ella sólo le importa mandar, digitar, imponerse siempre, a como dé lugar, y estar sexualmente bien atendida. Si sus deseos y ambiciones le traen desgracias y derrotas al rey Louis, a sus súbditos o a sus aliados, poco le importa. Y de eso se trata en buena medida este Vol.2: de los costos que paga este rey ingenuo, convertido en un pollerudo sin voz ni voto por los encantos y las maquinaciones de su avasallante esposa. Llega un punto en el relato donde uno se quiere meter adentro del comic (como en aquel inmortal videoclip de A-Ha) para cagarlo a sopapos a Louis al grito de “¡Infeliz, date cuenta de que te estás mandando una cagada atrás de otra por culpa de esta conchuda!”. No existe esa posibilidad, lamentablemente. Sólo queda presenciar cómo Louis la pasa cada vez peor, se queda cada vez más solo, se vuelve cada vez más débil por darle todos los gustos a esta hija de puta.
Como en todas las historias de reyes y nobles, la intriga palaciega está a la orden del día: Delalande y Mogavino nos enroscan en conjuras, secretos, romances prohibidos y negocios por abajo de la mesa, que crean un clima muy denso, muy atrapante. Para el final de este tomo, caen algunas máscaras y quedan al descubierto algunos garcas que eran casi tan garcas como Alienor, aunque la jugaban de cayetano. Una vez más, entre todas estas runflas subrepticias y la acción, que no escasea, tenemos 56 páginas en las que pasan muchas cosas y las tramas avanzan muchísimo. Por eso no jode para nada que casi todas las páginas tengan muchas viñetas y una cantidad de texto medio zarpada. Hay que sentarse con tiempo, porque acá hay para ver y leer bastante más que en los típicos álbumes de este formato.
Falta un dato importante y es que la reina Alienor, el rey Louis, la gran mayoría de los personajes de la historia y casi todos los sucesos que aparecen en el comic EXISTIERON en la realidad. La historieta no sólo está anclada a una época histórica específica, sino que se sustenta en un monumental trabajo de documentación por parte de los guionistas y el dibujante. Y hablando del dibujante, una vez más tenemos al maestro cordobés Carlos Gómez en una cátedra memorable. No me quiero repetir, por eso recomiendo repasar la reseña del Vol.1, pero realmente acá hay páginas de Gómez que merecen pasar a la historia por la cantidad descomunal de laburo que le deben haber representado. Esta vez el colorista es José Luis Rio, muy acertado a la hora de acompañar con la paleta y los efectos digitales los distintos climas por los que transita el guión.
Me falta leer el final de la saga, a ver si finalmente Alienor se redime, o si pasará a la historia de Francia como una reina despiadada, venal y egomaníaca. Por ahora, su “leyenda negra” me tiene muy enganchado y el dibujo de Carlos Gómez me está haciendo cambiar de ropa interior varias veces por tomo. Prometo entrarle pronto al Vol.3.

jueves, 26 de marzo de 2015

26/ 03: DC COMICS PRESENTS CAPTAIN ATOM

Este TPB para pobres (uno de los últimos que publicó DC antes de desactivar aquella maravillosa iniciativa) fue otro rescate de mesa de saldos. Lo capturé porque estaba barato, porque le tengo cariño a Captain Atom por aquella hermosa serie de fines de los ´80 y porque en la tapa estaban los nombres de James Robinson y sobre todo Greg Rucka, que es un guionista que casi no tiene obras flojas. Finalmente resultó que Rucka es apenas el co-argumentista de las primeras páginas, y el resto está todo a cargo de Robinson. Lo cual es bastante coherente, porque esta historieta se publicó originalmente a modo de back-up de Action Comics, en la etapa en la que Robinson llevaba las riendas de los títulos de Superman.
La verdad es que toda esta saga de 90 páginas es un tratamiento de rehabilitación. Captain Atom venía de ser un villano (el Monarch) y antes de eso había integrado ese equipito nefasto armado por el presidente Luthor para desactivar a Superman y Batman en la infladísima saga Public Enemies. Así que, a los ojos de muchos lectores, este héroe venía sumamente devaluado. Keith Giffen y Judd Winnick lo necesitaban mejor posicionado para la serie quincenal Justice League: Generation Lost, y la misión de Robinson fue esa: reinsertar a Captain Atom como un personaje importante y con imagen positiva en el DCU.
Finalmente la misión se cumple: a lo largo de estas páginas el Capi interactúa con la Liga (que en ese momento también estaba en manos de Robinson), con Natasha Irons, con Mon-El, con el Shadowpact y hasta aparece un toque (muuuy desaprovechado) Warlord. Con todos queda bastante bien parado, ya que de alguna manera se reconcilia con su pasado, se perdona por las cagadas que se mandó por afuera de su voluntad y se hace cargo de las que se mandó por boludo. Eso está bien, porque Robinson fuerza una introspección, un pase en limpio de un montón de cosas sin barrer nada abajo de la alfombra, sin reboots ni retcons bizarros, algo que al guionista se le suele dar bien.
El problema es que esto es un comic de superhéroes y la introspección sola no garpa. 90 páginas del Capitán reencontrándose con su pasado y pagando facturas viejas resultaba inviable y por eso hay que meter la infaltable machaca. Y para eso tiene que haber conflictos que se puedan resolver por la via de la violencia. Ahí es donde Robinson flaquea. La aventura es blandita, el héroe lucha contra una amenaza que no le importa a nadie, las excusas para interrumpir esas peleas para que el Capi hable con los otros héroes son bastante truchas, y hay un intento de darle a la “epopeya” un final más decoroso cuando se revela quién es el villano encubierto y Robinson decide que no se cague a trompadas (ni a conjuros) contra el Capi.
El dibujante a cargo de la faz gráfica es Cafu, a quien no recuerdo de otros trabajos. Es un dibujante… correcto, normal. Una especie de Gary Frank más tranqui, mezclado con dibujantes europeos de aventura clásica, que no descolla demasiado. Tampoco tiene grandes pifias, eh? Dibuja muy mal a Congorilla y el resto zafa muy bien. Tiene pocos cuadros por página, mucha splash y doble splash… una narrativa muy jugada a la estridencia, que a mí mucho no me copa. El color lo aporta el maestro español Santiago Arcas, a quien ya vimos jugar en todos los puestos, y está muy bien, sobre todo en las primeras ocho páginas que realmente parecen de un comic europeo ambientado en el medioevo. No sé qué será de la vida de Cafu, pero si se esfuerza un poquito en la narrativa y logra un trazo con un poco más de identidad, podría ser un gran dibujante de mainstream, ya sea en EEUU o en Francia.
Si le sacamos las peleas ridículas contra guerreros, orcos, robots de la B e incluso la pelea con Major Force (que tampoco aporta nada), en vez de 90 páginas tendremos 20 ó 24, pero estaríamos hablando de una lectura más interesante. Los conflictos, la entrada y salida de oponentes con los que el héroe mide sus fuerzas, es el punto débil de esta saga y lo que hace que sólo se pueda valorar como recurso de continuidad, de rescate de un personaje que se había ido al descenso y al que había que traer de vuelta. Si sos fan del Captain Atom, o de la Liga de la Justicia de los ´80, sospecho que te interesará.

miércoles, 25 de marzo de 2015

25/ 03: PLANETA JUNGLA

Este es un compilado de historias cortas realizadas por los maestros Ricardo Ferrari y Oscar Capristo (ya los vimos trabajar juntos un lejano 02/04/10), entre 1999 y 2006, para las antologías italianas de la ex-Eura Editoriale. Es una serie rara, porque está compuesta por historias autoconclusivas y por sagas extensas, con un cierre al final de cada episodio, pero con una trama central que continúa. Se podrían haber publicado dos libros separados: por un lado, todos los episodios autoconclusivos y por el otro, los dos arcos más extensos, ambos protagonizados por Salma, la amazona.
¿Por qué tiene sentido publicar todo junto? Porque todas las historias de este libro están ambientadas en un mismo lugar y una misma época: Buenos Aires y el conurbano, en un futuro en el que el clima se descontroló, el petróleo se terminó y las selvas se comieron a las ciudades. La humanidad no se extinguió, pero se acostumbró a una vida post-civilizada, en la que reaparecieron los clanes, las tribus, la estructura social más básica y obviamente un brutal retroceso en materia de tecnología, educación, salud, confort, etc. Esta ambientación imaginada por Ferrari y dibujada por Capristo es uno de los dos mejores elementos que ofrece Planeta Jungla.
El otro elemento que me pareció alucinante es el de los temas que toca la serie. Por un lado, la lucha entre el hombre y la naturaleza; una lucha con las reglas cambiadas, porque ahora las máquinas no funcionan más. Y por el otro, la lucha de las mujeres contra los hombres, muy presente en casi todos los conflictos que arma Ferrari para animar sobre todo a los arcos argumentales más extensos.
Las historias en sí me entusiasmaron un poco menos. Creo que de las unitarias, las que me más me gustaron fueron La Clave (un chiste efectivo, muy ingenioso, que seguramente impactaría más si durara menos de 14 páginas) y la última, El Arma, que es la única en la que además de la machaca y la ironía se filtra un cierto vuelo poético. El resto de los unitarios, o me resultó predecible, o no me terminaron de enganchar los conflictos, como si no estuvieran aprovechadas al 100% las posibilidades que ofrecía este mundo, a priori tan fértil para las aventuras.
En cuanto a las dos sagas extensas, los planteos están buenos, pero el desarrollo tampoco me convenció. Por momentos aparecen tantos elementos, tantos personajes, tantos diálogos, que el relato se hace denso. El propio personaje de Salma me dejó un sabor amargo: para la cantidad de páginas que protagoniza, debería tener más sustancia, más tridimensionalidad, plantearse más cosas. Todo lo que sabemos sobre ella es que es orgullosa y valiente… como todas las otras amazonas que aparecen en Planeta Jungla. ¿Cuáles son sus rasgos distintivos (además de estar recontra-fuerte)? No me quedó muy claro, me parece que ahí faltó un poco de profundidad por parte de Ferrari.
El dibujo de Capristo cambia bastante a lo largo de las más de 230 páginas que incluye el libro, lo cual es bastante lógico si pensamos que se trata de material dibujado a lo largo de muchos años. En los primeros tramos, me hizo acordar mucho a Alberto Saichann, con ese equilibrio tan atractivo entre el dibujo más realista, más aventurero, y esa cosa más cartoon, más exagerada, más grotesca. Más adelante, Capristo prueba con aplicar un mayor realismo, con limpiar un poco más la línea, con dibujar un gorila como lo dibujaría Jorge Zaffino, con eliminar texturas y tramitas para volcarse más al claroscuro… la verdad es que el quilmeño prueba de todo y todo le sale muy bien. Lo único criticable es que hasta cierto punto del libro, se ve en las viñetas una cantidad de elementos un poquito excesiva, lo cual sumado a la abundancia de texto que ya señalamos, contribuye poco a una lectura fluída. Y ya para los últimos episodios, me encuentro con el Capristo que más me gusta: el que simplifica a full y se juega entero al claroscuro, a veces con yeites que ya le vimos a Eduardo Risso o a Carlos Meglia, pero siempre con un manejo alucinante de la narrativa, la composición y el juego entre blancos y negros en toda la espacialidad de la página. Y con esa plasticidad en rostros y cuerpos tan característica de los buenos alumnos del inolvidable maestro Oswal.
Y sí, a veces sobran personajes, a veces peripecias, a veces diálogos, e incluso sobran culos y tetas que podrían tranquilamente no estar. Planeta Jungla es, como la jungla, exhuberante, avasallante, por momentos desmedida. No es una obra maestra, no te cambia la vida, pero baja una línea muy interesante, toca temas fuertes, parte de un planteo con un potencial inmenso y está dibujada como la hiper-concha de Dios por un Oscar Capristo decidido a dejar la vida en cada trazo. Sin aspirar al canon ni a la chapa de “clásico definitivo de la historieta argentina”, Planeta Jungla es una saga muy potente, con méritos de sobra para editarse en el idioma en que fue pensada, aunque sea muchos años después de su publicación original en Europa.

martes, 24 de marzo de 2015

24/ 03: OPERACION BOLIVAR

Esta es una novel gráfica de Edgar Clement, uno de los autores centrales del comic mexicano reciente, que se serializó a partir de 1993 en la revista Gallito Comics, que tuvo en su país un impacto similar al que tuvo la Fierro clásica en el nuestro.
Sin embargo, la estética, algunos elementos del argumento y hasta la fecha en la que se publicó acercan a la obra de Clement más a Cazador que a la Fierro. Como en aquellas primeras entregas de la historieta de Jorge Lucas y su equipo, acá tenemos un dibujo que le debe muchísimo al de Simon Bisley; un artista al que se le nota la pasión por el color, pero publicado en blanco y negro; un argumento en el que predomina la machaca sobrenatural, condimentada con un humor negro bastante corrosivo; y un nivel de violencia realmente escabroso.
Y hasta ahí llegan las coincidencias. Por lo demás, el guión de Operación Bolívar es bastante más complejo que lo que podía apreciarse en el Cazador, apoyado en una trama más espesa, con una conspiración a escala continental en la que avechuchos humanos (yankis y latinoamericanos) se enroscan con ángeles y demonios para quedarse con el cuasi-infinito mercado de los estupefacientes. Esto da lugar a la aparición de varios personajes, encabezados por Leonel Arcángel, a los que felizmente Clement logra darles bastante desarrollo, en medio de la vorágine de tiros, explosiones, torturas y mutilaciones.
Sin ser brillante, el guión tiene bastante ritmo y la aventura está bien llevada. Los malos no son tan obvios, el plan está bien, y sí, los “héroes” zafan de peligros bastante imposible. El verosímil se hace añicos bastante temprano, pero no es lo importante, queda claro que a Clement le importa poco que la epopeya de Leonel sea creíble. Le importa mucho más que sea impactante, y en eso residen tanto los aciertos como los tropiezos del guión.
En materia de dibujo, Clement muestra una amplia gama de recursos. La onda básica es típica de Bisley: muy basada en la anatomía humana, con volúmenes muy marcados y cierto coqueteo con el grotesco en las expresiones faciales e incluso en algunas musculaturas. Pero además hay ciertos elementos barrocos, sobrecargados, en las alas de lo ángeles, y en los dibujos donde Clement resuelve todo sólo con la línea negra sobre el fondo blanco. Los fondos son invariablemente fotos mínimamente retocadas y este vicio se extiende a los vehículos, armas de fuego y otros objetos. Y después hay muchos recursos más, desde parodias del lenguaje publicitario hasta recortes de diarios.
Tanta variedad de efectos, de técnicas y ese “pecado original” que consiste en realizar en blanco, negro e infinitos tonos de grises una historieta que pedía a gritos el color, hacen que la faz gráfica sea bastante confusa, bastante poco accesible para el lector que no está curtido en estas lides. Entiendo que Clement quisiera mostrar su innegable versatilidad y su gran manejo de las distintas técnicas, pero a nivel narrativo el resultado se empantana un poco. Una pena.
De todos modos, si lo contextualizamos en su época, Operación Bolívar es un trabajo notable. Por su ambición, por su apego a una identidad 100% mexicana a la que hoy muchos autores renuncian en busca del hitazo “for export”, porque se nota que es la obra de un artista que hizo lo que se le cantó el orto y además se divirtió sin tomar al público por idiota. Me gustaría ver obras posteriores de Edgar Clement, para constatar las mutaciones que seguramente sufrío su estilo a medida que fue alcanzando la madurez gráfica y narrativa.

lunes, 23 de marzo de 2015

23/ 03: M Vol.1

“It was the heat of the moment”, cantaba Asia, y es lo único que se me ocurre cuando hojeo este librito. Ahí, en el fragor del combate, revolviendo una batea de ofertas repleta de merca a un precio irrisorio, vi un prestige que no conocía de Jon J. Muth y dije “adentro”. En ese momento, me pareció que ni daba para discutirlo. Ahora, en frío, lo miro y resulta que es la primera partecita de una serie de cuatro prestiges… y andá a conseguir los otros tres. Hay una edición de 2008 que trae la historia completa, pero tampoco creo que me lo vaya a comprar.
M es un trabajo de 1990, en el que a Muth se le ocurre adaptar al comic la película homónima de Fritz Lang. Y en estas 43 páginas debe adaptar los primeros… 15 minutos, como mucho. La estética es hiper-realista, muy basada en fotos. De hecho, parece una fotonovela muy retocada, con muchos filtros. El propio librito aclara que no, que las imágenes están basadas en fotos, pero que no son fotos, sino dibujos, y hasta enumera las técnicas utilizadas por el consagrado ilustrador.
El resultado es interesante a nivel visual, porque te colgás a mirar cada cuadro, para convencerte de que –de hecho- no son fotos. Pero al ratito te aburrís, y además la gran mayoría de las páginas tienen tres cuadros o menos. O sea que queda todo en los climas, en la forma en que las imágenes de Muth evocan a las de la película. Y el argumento apenas se llega a esbozar, no hay el menor indicio de para dónde puede llegar a encaminarse el desarrollo. Lo único notable es cómo el asesino serial juega con los medios periodísticos para aterrar aún más a la población de Berlín. El resto es simplemente plantear un conflicto.
Lo más raro de todo, lo que realmente me da ganas de quedarme con este librito aunque la lectura me haya dejado gusto a poco, es que en un momento trae encuadernado una especie de grabación, un single de los de antes, de los de 33 rpm. Es parecido a un vinilo, pero cuadrado y mucho más finito, de un material similar al de los viejos floppy disks. Si tuviera un reproductor de vinilos, lo arrancaría y lo pondría, a ver qué onda, porque me parece que la grabación incluye canciones (una por lado) que tienen que ver con la trama del comic, y además en una participa el propio Muth y en otra un tal Steve Niles, que muy probablemente sea el que años más tarde se convertiría en el famoso guionista. Obviamente, me juego la chota a que la reedición de 2008 no trae esta grabación.
Y bueno, no mucho más. Si sos fan de Muth y te propusiste reunir todas sus historietas (que tampoco son tantas) anotá que existe M y que es un proyecto muy personal del artista, que de alguna manera combina historieta, cine, fotografía y música. Pero no le entres esperando la magia de Moonshadow o las maravillas de Dracula: A Symphony in Moonlight and Nightmares, porque nada que ver.

domingo, 22 de marzo de 2015

22/ 03: LIGA DEL MAL Vol.2

El post que le dediqué al Vol.1 de la Liga del Mal fue el más leído en la historia del blog, y creo que el que más comentarios tuvo. Nada me importa menos que superar ese hito, pero bueno, daba para mencionar el dato, ahora que se viene la reseña del Vol.2.
La principal diferencia entre esta entrega y la anterior es que esta vez las historias son más largas y los seis integrantes de la Liga aprovechan esa mayor extensión para embarcarse en relatos más ambiciosos. Veamos cómo les va.
Tony Ganem cuenta en 16 páginas una historia entretenida, que se podría haber contado en 10 ó 12. Es un guión sencillo, sin pretensiones, que va derecho para el lado del humor y que retoma al protagonista de la historia del Vol.1, aunque sin agregarle caracterización ni indagar en sus motivaciones. Lo más atractivo es que Ganem cambia ese estilo limpito, casi de ilustración infantil, por una línea más bizarra, más oscura, que combina la onda de Trondheim y Sfar en La Mazmorra con la mugre de un Jhonen Vasquez. Un coqueteo con el under muy bien logrado, y muy bien respaldado desde la puesta en página.
La Criatura que Debía Morir, de Diego Simone tiene 20 páginas y un guión que logró ponerme muy nervioso. Tiene giros impredecibles, acción, buenos diálogos… por ahí se zarpa un poquito con la cantidad de personajes. Esto mismo con… cinco personajes, por ahí funcionaba mejor. Pero la historia es muy buena, tiene una impronta interesante, vinculada al relato fantástico del Siglo XIX, y se resuelve de modo muy satisfactorio. El dibujo es mayoritariamente tranqui, con muy buenas planificaciones de página (especialmente el magistral políptico de la página 7) y cuando estalla la machaca, pega un upgrade muy grosso. Gran trabajo.
Gerardo Baró nos cuenta en 18 páginas la última aventura de Ramón Seismachos. Es una historia exquisita, donde el clima es tan protagonista como Ramón, plagada de homenajes a esa extraña iconografía que la tradición mexicana creó en torno a la muerte. El dibujo y el color le agregan una cuota extra de elegancia y poesía a una historia realmente muy bella, que demuestra que con tiros y piñas también se puede conmover al lector.
Pablo Tambuscio también se toma 20 páginas para contar la historia de una casa común y corriente, en la que viven una familia común y corriente… y algunos espíritus. Es otra historia tensa, pensada para ponerte nervioso, que cobra verdadero vuelo en la última página, cuando Tambuscio le pone un moñito digno de un gran guionista. La verdad es que el final es brillante, pero hace un poco innecesario bastante de lo que sucede hasta ese punto. El impacto sería mayor si la historieta fuera más breve. De todos modos está muy bien llevada, y el dibujo y el color suman un montón.
La mejor historia de este tomo es la de Patricio Plaza, Homúnculo, una maravilla narrada en 16 páginas, a la que no le sobra ni le falta nada. Los personajes están perfectamente trabajados, el conflicto es potente, el elemento sobrenatural está aprovechado al mango, el final es sutil, la machaca es estridente… todo en su justa medida y bajando la línea correcta. El dibujo es espectacular, los riesgos que asume Plaza en la puesta en página están buenísimos y sólo tengo palabras de elogio para este magnífico trabajo.
Y cierra Industrias Lamonicana con una historia de 16 páginas en la que había ideas limadas y secuencias impactantes como para una novela gráfica de 64 páginas, mínimo. Muchísimo mejor que en el Vol.1, Lamonicana imagina una sociedad distópica, le retro-injerta civilizaciones, monstruos, cataclismos y tecnologías bizarras, y de ahí vuelve al “presente” para rematar con jerarquía (aunque con poco espacio) un argumento hiper-ganchero. El personaje de Camilita es un hallazgo notable, el tono de la historia, los diálogos, obviamente el dibujo… todo me gustó y me dejó con la leche de leer esto mismo desarrollado en más páginas.
El balance me da muy positivo, por encima del Vol.1 (que ya era muy bueno), lo cual me permite concluir que a estos seis energúmenos les vino bien la posibilidad de contar historias más largas. Vamos por más Liga del Mal… o mejor por seis novelas gráficas, una de cada una de estas bestias del Mal que tanto Bien le hacen a la historieta…