el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 30 de julio de 2019

RESEÑAS RIOPLATENSES

Tengo para comentar varios libros aparecidos recientemente a ambas orillas del Río de la Plata. Empiezo con Romancero Ilustrado del Cacique Tabaré, un libro de 100 páginas editado por Montevideo Comics como parte del homenaje al maestro Tabaré, uruguayo de nacimiento pero radicado hace como 45 años en Argentina. Lo que más me gustó es la investigación histórica, la cantidad de data sobre la vida y la obra de Tabaré que yo desconocía y que este tomo me aportó. Después, en materia de historietas, tenemos Bicherío y Vida Interior (material que ya tenía en el libro de la colección Hyspamérica de Grandes Humoristas Argentinos), Paja Brava y Bosquivia (recopilados en sendos libros por Ediciones de la Urraca), varias historias unitarias descolgadas (algunas están en No Somos Nada, el librito editado en España que vimos el 26/12/17), apenas dos entregas del Romancero Ilustrado del Eustaquio (tenía vagos recuerdos de haber leído esto en Hum®y me volví a mear de risa como el primer día) y una selección de tiras de Diógenes y el Linyera (un poco más de 70) que jamás había leído.
Por supuesto, la obra de Tabaré incluye un montón de otros títulos que no están representados en el libro, pero no me quejo. Lo que hay está muy bueno y, si bien ya tenía casi todo en otros libros, este me da la posibilidad de acceder a unas cuantas tiras de Diógenes y el Linyera (incluyendo la primera) sin necesidad de buscar libritos que recopilen esa obra, de la que sigo sin ser muy devoto. Técnicamente, el libro está mejor realizado que otros de los que me traje de ediciones anteriores de Montevideo Comics y siempre es un placer tener más material de este prócer de la historieta humorística en la biblioteca. Ahora falta un librito que recopile Don Chipote de la Pampa, Manfloro y lo mejor de Vilcapugio y Ayohuma (todo no, porque se repetían bastante los chistes). Aguante Tabaré.
Marcelo Dupleich volvió a la carga con un nuevo libro de Roberto (un tipo de mierda), ahora titulado Mierdapura. Lamentablemente tengo que repetir muchos de los conceptos vertidos en la reseña del 15/10/18: la cantidad grotesca de páginas SIN historietas ya alcanza para no recomendar la compra del libro. Posta, esto requería urgente una o dos historietas más, o 16 páginas menos. No se puede pagar por esa cantidad de páginas en blanco o en negro sin sentirse estafado.
La narrativa está un poquito mejor, hay más recursos para evitar la trampa de la grilla de dos cuadros, el dibujo sigue anclado en esa estética feísta, jugado (con buen tino) a un blanco y negro extremo, y de nuevo lo más atractivo son los diálogos. Ese es sin duda el item en el que sobresale Dupleich. Las tramas, en cambio, sorprenden e impactan un poco menos que en la primera entrega. Encontré una sóla idea realmente buena, que para todo un libro es muy poco. Con las aventuras de Roberto, Dupleich sigue corriendo los límites de lo que se puede contar en una historieta, al irse al carajo y más allá con la sordidez y la truculencia de los relatos. El problema es que también corrió los límites de con cuántas páginas se puede llenar un libro, a tal punto que se cayó del mapa de lo tolerable, al menos para mí. Ojalá en algún momento se reedite TODO el material de Roberto en un único tomo que tenga un equilibrio más razonable entre las páginas de historieta y las páginas de relleno.
También regresó (tras una prolongada ausencia) el Caballero Rojo, la creación de Toni Torres y Mariano Navarro que debutara allá por 1996 en las páginas de Comiqueando. Este regreso trae de nuevo al equipo titular, con la novedad de que ahora la historieta se publica a color. También marca el regreso de Rafael Reynoso, el Caballero Rojo más conocido por los lectores, que había sido reemplazado por otro enmascarado allá por el… 2000, creo.
El guión de Torres tiene dos hallazgos: en primer lugar, el sacudón imprevisto en cuanto al nuevo plan de la Orden, sumamente ingenioso y prometedor. Y en segundo lugar, el acierto a la hora de crear situaciones en las que quedan cara a cara personajes que (si alguna vez leíste esta serie) querías ver enfrentados, a ver si finalmente se decían las cosas que se tenían que decir. Esos “encuentros y reencuentros” son –por afano- lo más atractivo de este tomito. Los diálogos y los bloques de texto no están mal, pero hay páginas muy sobrecargadas, donde se habla mucho, ya sea en “voz alta” o en off. Y hay un misterio, que deriva en un conflicto con una villana, que no me terminó de atrapar. El dibujo de Navarro está buenísimo, muy bien complementado con el color de Hernán Cabrera, con muchos recursos para pilotear esas escenas en las que se habla demasiado y hay poca acción. Un placer ver a Navarrito tan comprometido con la narrativa, con tantas pilas para dibujar Buenos Aires.
Como complemento a la historia principal, hay una de 16 páginas protagonizadas por Román Castillo (quien actuara como Caballero Rojo desde que Rafael dejó la capucha), donde el guión ofrece menos sorpresas. Para peor, el dibujo (a cargo de Leonardo Laino) repite uno atrás de otro un millón de clichés de los comics hiper-violentos y pasados de rosca del mainstream yanki de los ´90. La verdad es que sin esta historieta, el puntaje del librito sería bastante más alto. Dicho esto, espero que Volver sea sólo el principio para una nueva y larga etapa en la carrera de este personaje, que ya pasó por tres décadas y cuatro editoriales, siempre sembrando muchas puntas argumentales (y cosechando muchos fans) pero sin encontrar nunca una continuidad de publicación.

Habrá nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog.

viernes, 26 de julio de 2019

HOY TAMBIEN HAY RESEÑAS

Sí, hace un rato me terminé un librito que tenía empezado, y aprovecho otra tarde espantosa para clavar una nueva entrada en el blog, repasando esta última lectura y una más.
Empiezo en 1983, cuando el guionista (y teórico del medio) Benoit Peeters y el dibujante François Schuiten realizan Las Murallas de Samaris, primero como serie en la revista A Suivre y más tarde como álbum autoconclusivo. Más adelante, esta historia se convertiría en el Vol.1 de la extensa serie Las Ciudades Oscuras, y para eso se reeditaría con varios cambios, sobre todo en el final, y con el agregado de una historia corta inédita, para que el álbum fuera más voluminoso.
La verdad que esta primera versión no me gustó para nada. El argumento es muy, muy flojo. Trata de salvarse con el giro del final, pero llega tarde y está ejecutado con la destreza de un pingüino empetrolado. El garche es de los peores que leí en un comic, frío, triste, sin ningún sentido argumental, puesto ahí para justificar las tetas al aire en la portada del álbum, en busca de algún comprador incauto que crea que va a leer un comic erótico. Olvidate: esto así como está no puede calentar ni a un ballenero del Cáucaso con seis meses de abstención sexual. El guión… lo pongo un poquito por encima del argumento, porque los textos de Peeters recrean esa atmósfera de “espiral jodida de misterio que derrapa hacia la locura” tan típica de las adaptaciones al comic de los relatos de H.P. Lovecraft, que a mí me gusta mucho.
El dibujo de Schuiten (hasta hace poco viví convencido de que se pronuncia “yuitén”, pero un francés me desasnó y me explicó que se pronuncia “scuíten”, con acento en la i) también es desparejo: monumental, asombroso, al límite de lo inverosímil en los paisajes urbanos, las perspectivas, toda la faceta arquitectónica del comic… apenas correcto cuando tiene que dibujar la figura humana en movimiento y bastante precario cuando tiene que ponerle expresión a los rostros. Supongo que en las reediciones posteriores habrá habido varios retoques en el dibujo, porque para principios de los ´90 el trazo de Schuiten ya había cobrado un vuelo con el que acá no se podía ni soñar.
Si te hiciste fan de Las Ciudades Oscuras y tenés las ediciones actuales, quizás te interese bucear en las profundidades de los ´80 para encontrar esta versión “preliminar” de Las Murallas de Samaris, como testimonio de los primeros pasos de la dupla. Schuiten y Peeters nunca superaron esa frialdad, esa solemnidad que transmite esta obra, pero nos brindaron historias mucho mejor escritas y mejor dibujadas que esta.
Y aprovecho que estamos todos on fire con el relanzamiento de los X-Men a cargo del maestro Jonathan Hickman para avanzar con East of West, la espectacular serie creator-owned que tiene en Image el genial guionista hincha de River. De hecho, durante toda la lectura del nº1 House of X, sentí cosas parecidas a las que siento cuando leo East of West. La forma en que Hickman nos va tirando información, el clima protocolar, de diálogo civilizado entre facciones con intereses contrapuestos, la explicación de los avances tecnológicos… mucho de lo mejor de House of X huele fuerte a East of West.
Este tomo arranca con una guía para entender el universo de la serie, con textos, mapas y gráficos que explican cómo funcionan estos Estados Unidos del futuro (ya no tan lejano), cómo están divididos, gobernados y pertrechados para enfrentar el apocalipsis que se viene. Me vino bárbaro porque el Vol.3 lo había leído en Marzo de 2016 y me acordaba poco y nada de las tramas o los personajes.
Y después, lo de siempre: Nick Dragotta en dibujos y la cocción a fuego lento de una trama apasionante de intriga política, con metafísica, ciencia-ficción y certeros toques de violencia, sexo y gore. Para la segunda mitad del tomo, Hickman se concentra mucho en Babylon, el hijo de un Jinete del Apocalipsis y la implacable Xiaolian Mao, un personaje que experimenta un crecimiento impresionante. Recién sobre el final, las aventuras de Babylon se empiezan a teñir de las mismas tonalidades que el resto de East of West. Durante muchas páginas, parece que estamos leyendo un spin-off, una historieta ambientada en el mismo universo que la trama central, pero decidida a contarnos todo desde una óptica y a un ritmo totalmente distinto al del argumento principal. Y se disfruta tanto, que si saliera un spin-off protagonizado por Babylon y Baloon, también me haría fan.
Excelente todo, posta. El dibujo, el color, la complejidad de las tramas, los diálogos, los silencios, los climas. La serie termina en el nº46 y este tomo llega hasta el nº19, así que me queda un montón de East of West para recorrer de la mano de esta dupla asesina, que mantiene altísimas la vara y las ambiciones, por lo menos en esta mitad de la saga. No tengo comprado el Vol.5, así que no sé cuándo podré retomar la lectura. Acepto donaciones ;)

Ahora sí, nos vemos mañana y pasado en Villa Viñetas, o nos leemos la semana que viene, acá en el blog.

jueves, 25 de julio de 2019

JUEVES ESPANTOSO

Día desolador de frío y lluvia, ideal para quedarse en casa y leer bocha de comics.
Yo inicio mi habitual repaso por mis lecturas recientes con Historias Cortas de Naoki Urasawa, magnífico masacote editado por Planeta-DeAgostini cuyo título nos explica de modo diáfano lo que estamos por leer: casi 600 páginas con todas las historias cortas realizadas por el glorioso autor de Monster y 20th Century Boys desde sus inicios en 1981 hasta 1984, cuando pega su primer hitazo (Pineapple Army). Este es el material con el que Urasawa ganó sus primeros concursos y concretó sus primeras publicaciones en antologías del ascenso, muchas veces obligado a condensar en pocas páginas ideas que daban para mucho más. Son historietas frescas, muy variadas, claramente gestadas por un artista joven, poseedor de un entusiasmo, de un hambre de gloria sólo comparable a su talento.
Excepto las dos historietas más antiguas (Magia y Return), todas las demás muestran un nivel de dibujo asombroso, muy, muy cercano al de las obras consagratorias que abundarían desde temprano en la carrera de Urasawa. Acá hay personajes repletos de onda, mucha acción, excelentes trabajos en el lenguaje facial y corporal, narrativa hipnótica, maestría para trabajar con páginas de nueve o diez viñetas sin deslucir el dibujo y un increible poder de observación en los detalles que tienen que ver con la vida cotidiana de la gente común.
Y además entre estas 27 historietas hay unos cuantos guiones realmente potentes. Breves comedias de gran impacto cómico, thrillers urbanos con crímenes a veces contados en clave de humor, la atrapante N.A.S.A., la conmovedora Old Western Mama y dos historietas brillantes, imposibles de encasillar en ningún género, ambas realizadas en colaboración con guionistas: ¡Ataca! ¡Ataca! (escrita por el recordado Caribu Marley) y Nana de Shinjuku, un guionazo de Masao Yajima que estaría buenísimo hasta dibujado por mi vieja con la mano izquierda.
No debe ser fácil conseguir este mega-broli, pero si estás muy cebado con las obras actuales de Urasawa, tarde o temprano vas a querer ir más para atrás, a rastrear el secret origin de este genio indiscutido del Noveno Arte.
Cierro con una breve glosa para una historieta también muy corta, Mamma Marilyn, en la que colaboran dos autores cordobeses: el notable guionista Cristian Blasco y el ya consagradísimo dibujante Nicolás Brondo. El trabajo de Brondo es muy bueno, 100% comprometido con el ritmo del relato, sin estridencias ni idas al carajo, como si su único objetivo fuera el lucimiento de su compañero de aventura.
Y sí, el guión de Blasco tiene todo lo que tiene que tener un guión para sumir ese rol de protagonismo y lucirse de punta a punta: conocimiento molecular de las convenciones del género en el que nos zambulle, personajes carismáticos, una voz en off muy original, diálogos filosos, varios cambios de ritmo, acción, un manejo de la tensión que la hace crecer escena a escena y un gran giro cerca del final. La lectura de Mamma Marilyn me transmitió esa extraña sensación de estar frente a un guionista que no oculta para nada (sino que hasta incluso ostenta) un control absoluto, a prueba de balas, sobre lo que nos va a contar y los recursos que va a poner en juego para hacerlo. Ojalá el próximo proyecto que compartan Blasco y Brondo sea una novela gráfica extensa y ambiciosa.
Y nada más, por hoy. El sábado y el domingo voy a estar en Villa Constitución participando de una nueva edición de Villa Viñetas, y la semana que viene nos reencontramos acá en el blog, con nuevas reseñas. Hasta entonces.


martes, 23 de julio de 2019

ESSENTIAL X-MEN Vol.3

Un año y puchitos después de haber leído el Vol.2 (ver reseña del 11/07/18) vuelvo a la carga con esta relectura de toda la etapa de X-Men a cargo del maestro Chris Claremont.
Este tomo recupera los nº 145 al 161, el grueso de la segunda etapa de Dave Cockrum como dibujante de la serie, allá por 1981-82. El trabajo de Cockrum es desparejo, con excelentes primeros planos, aceptables planos medios y desastrosas pifias cuando tiene que dibujar a los personajes de cuerpo entero tomados de lejos. El entintado elegante y algo sobrecargado de Joe Rubinstein lo levanta mucho, pero cuando lo complementan las tintas de Bob Wiacek, las limitaciones de Cockrum quedan mucho más expuestas. En los episodios en los que Cockrum descansa y en los Annuals tenemos algunos suplentes interesantes: un temprano Bill Sienkiewicz que se empieza a despegar de a poquito de Neal Adams y pela chapa de campeón, un Brent Anderson todavía un poco tímido (mucho mejor en el Annual 5 que en el nº 160, el siempre eficaz Bob McLeod y un primerizo John Romita Jr., bastante rústico, al que las tintas de McLeod y su solvencia para la narrativa gráfica ayudan a salir bien parado. O sea que, sin ser catastrófica, la faceta visual de este Essential está bastante por debajo de la del Vol.2, donde la dupla integrada por John Byrne y Terry Austin nos dejaba algunas de las mejores páginas publicadas por Marvel en sus primeros 20 años de historia.
Vamos a los guiones, a ver qué tiene para ofrecernos Chris Claremont. Lo primero que me llamó la atención es la CERO CHAPA que tiene Wolverine. Nadie que lea este Essential puede siquiera imaginarse que pocos años después el petiso canadiense sería una figura central del Universo Marvel. Acá está groseramente pintado al óleo. Nightcrawler no tiene mucho más protagonismo, excepto por uno de los Annuals, que gira en torno a su origen. Colossus aporta un poquito más, Cyclops tiene unas cuantas escenas memorables en esos números en los que reaparece Corsair y le blanquea que en realidad es su padre, y la chapa grossa, los roles realmente importantes, Claremont se los reserva a Storm y Kitty Pryde, lejos los personajes que más se desarrollan a lo largo de estas 528 páginas. Con Kitty, el guionista juega a que los lectores jóvenes se sientan identificados, y con Ororo, juega a plantarte al Personaje Perfecto, la heroína recontra-poderosa, valiente, solidaria, piadosa, afectuosa con los compañeros, racional y disciplinada en los combates, un monumento a la belleza, la nobleza y la magnificencia.
Pero además, no conforme con poner el foco sobre Kitty y Storm, Claremont no para un segundo de sumar personajes femeninos fuertes: acá reaparece (y tiene mucho desarrollo) Carol Danvers, aparecen también Dazzler, Spider-Woman, Tygra, Rogue (todavía como villana), Stevie Hunter, Moira McTaggert, Margali Szardos, Gabrielle Haller, Lee Forrester, Lilandra, Polaris, Deathbird… Incluso acá vemos el sacudón místico que conviere a Illyana Rasputin en una chica de 13 años, y tenemos un Annual con los Fantastic Four como invitados en el que Sue Richards se luce muy por encima de Ben, Johnny y Reed. Y por supuesto, la omnipresente sombra de Jean Grey. Claremont se hacía absoluto cargo de lo extrema que había sido la decisión de boletear a Jean, y cada vez que puede explora las consecuencias de aquel monumental suceso. Me queda claro que el guionista tenía como prioridad reforzar la “rama femenina” del Universo Marvel, empezando obviamente por el título más exitoso de la casa, que para 1982 ya era Uncanny X-Men.
Las historias en sí… hay mejores y peores. Algunas medio pavotas, otras medio bizarras, otras más jugadas, pero siempre con los personajes como eje principal, nunca como engranajes reemplazables. Como siempre cuando leo material de los ´80, me asombra la cantidad de texto que metían los guionistas, repartidos entre bloques de texto, diálogos y los (hoy casi extintos) globos de pensamiento. Claremont te metía en 22 páginas una cantidad de palabras que en los comics de hoy resulta impensable. Hoy se narra de un modo más visual, con la acción desparramada en muchas más páginas para que la imagen tenga más peso, más responsabilidad a la hora de llevar adelante las tramas y explicar lo que haga falta explicar. Y como hoy los guionistas escriben pensando en el TPB, no tenemos al incio de cada episodio esa breve recapitulación de lo que había sucedido en el anterior, tan típica de la época en la que los comics eran sólo revistitas individuales, nunca TPBs, ni Essentials, ni Omnibus, ni nada.
Prometo para este año por lo menos un Essential más de Uncanny X-Men, en el que veremos cómo se expande la franquicia mutante y cómo Paul Smith asciende meteóricamente al Olimpo de los dibujantes de superhéroes.

Gracias por estar ahí y nos reencontramos pronto, acá en el blog.

miércoles, 17 de julio de 2019

MIERCOLES DE MARAVILLAS

Mis últimas lecturas me han tratado particularmente bien y espero poder transmitir esas maravillosas sensaciones a quienes leen estas reseñas.
Hace unos meses se reeditó en Argentina la primera obra “solista” del maestro Horacio Altuna. Originalmente publicada en la Fierro clásica, esta gema ochentosa llega ahora en un libro que trae (por fin) TODO el material que produjo Altuna para la serie. No entendí bien el criterio para ordenar las historias dentro del libro, porque no sigue el orden en el que las fue haciendo el glorioso hincha de Racing. Y tampoco entendí por qué los diálogos están llenos de informalismos españoles (coño, follar, soplapollas, etc.). Es la edición argentina de la obra de un autor argentino, no veo ningún motivo para no reemplazar esas palabras por las que usamos nosotros, aunque estas historietas hayan debutado en las páginas de alguna antología española…
Acá hay historias en las que Beto Benedetti trata de hacerse cargo del rol protagónico y otras en las que es un mero testigo, con poco o ningún peso en las tramas. La primera historieta del tomo (Programación) es un chiste largo, una comedia irónica bastante livianita. Y claro, contrasta brutalmente con el tono de las historias restantes, donde Altuna te desgarra el alma con una seguidilla de situaciones opresivas, injustas, donde a la esperanza le cuesta horrores encontrar una rendijita por dónde colarse. Cerca del final, en El Crítico, el autor vuelve a poner en juego una cierta intención farsesca, pero en general las historias hablan de desolación, de batallas perdidas contra un sistema implacable y deshumanizado, peligrosamente verosímil.
El dibujo de Altuna le trae belleza a la distopía. No sé si alguna vez el cordobés dibujó tanto o tan bien. Hay viñetas en las que la cantidad de información visual que nos brinda Horacio es casi agobiante, son casi posters reproducidos de a siete u ocho por página. Un verdadero desborde de imaginación, de técnica, de virtuosismo en la anatomía (obviamente en TODOS los episodios hay alguna excusa para que veamos la anatomía femenina en plenitud, como sólo Altuna sabe dibujarla), de generosidad en los fondos, de despliegue en las máquinas, de cuidado en la creación de los climas… El Altuna de los ´80 era un as del blanco y negro, a tal punto que cuando realizó algunos episodios de Ficcionario a todo color, no quedó conforme con los resultados y pidió que en esta reedición se los pasara a tonalidades de gris.
Bajonera, melancólica y por momentos provocadora, Ficcionario se re-bancó el paso del tiempo, en parte por la potencia de su mensaje y principalmente porque de 1983 para acá no aparecieron tantos dibujantes capaces de igualar el trabajo gráfico que realizara Altuna en estas páginas.
Venía coleccionando Kane en la edición de Image (la tenía colgada desde el 24/10/15, cuando reseñé el Vol.3) y conseguí el Vol.4 en la edición de Dancing Elephant, el sello en el que Paul Grist se autoeditó esta gema oculta del Noveno Arte en los ´90 y en su Inglaterra natal.
Este es un tomo raro, en el que Kane aparece sólo en la última página, con lo cual Grist desplaza el foco al departamento de policía de New Eden. Son seis episodios muy en la tónica de series tipo NYPD Blues, donde el autor nos invita a indagar en estos tipos y minas vestidos de azul y conocer sus secretos, sus miserias, sus sueños, sus vínculos, detalles oscuros de sus vidas, coqueteos con la corrupción y el abuso de poder, y sobre todo nos propone pensar el rol de la cana en la sociedad. Todo esto está obscenamente bien escrito, con un cuidado increíble en los diálogos, en la entrada y salida de personajes, en el desarrollo de los subplots y además con inmensos huevos para tocar temas espinosos que tienen que ver con la manipulación mediática de la noticia, la pobreza, la marginación y la insensibilidad de los poderosos.
Pero claro, lo que más llama la atención es el dibujo de Grist, demasiado bueno para ser real. No me quiero extender en esto, porque ya lo subrayé en las reseñas de los tomos anteriores. Pero la verdad que ves historietas como el nº13 de Kane (el episodio con el que abre este tomo) y no te queda otra más que rendirte a los pies de este titán de la narrativa secuencial, capaz de imaginar y llevar a buen puerto artificios gráficos tan brillantes, tan asombrosos, que a mí, que no me banco la grilla de dos viñetas por página, me arrancó una ovación de las que duran horas. Banco a muerte a Paul Grist en cualquier proyecto que encare… y creo que tengo el Vol.5 de Kane ya comprado, no estoy seguro.
Nada más, por hoy. A los amigos de la Patagonia, los invito a acercarse este viernes, sábado y domingo al Comarca Comics Fest, donde voy a estar por tercer año consecutivo, junto a un montón de capos de la historieta argentina. Al resto los espero la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.


domingo, 14 de julio de 2019

PIBAS

Para hoy tengo una reseña “de las de antes” centrada en un único libro que, si bien no es muy extenso (ofrece apenas 120 páginas de historieta) tiene bastante tela para cortar. El libro tiene dos problemas antes de empezar a leerlo: 1) son 120 páginas de historieta flotando entre ¡56! páginas de carátulas, biografías, prólogos o directamente en blanco, y 2) esas 120 páginas están repartidas entre 23 historetistas, con lo cual cada una tiene poquísimo espacio para desarrollar una historia. Ya veremos que algunas pocas lograron sortear con éxito este obstáculo, pero (tal como yo me temía) fueron la amplia minoría.
Mi otro temor también se hizo realidad: ves la lista de colaboradoras y te das cuenta de que no hay guionistas, son todas autoras que escriben y dibujan. ¿Qué suele suceder en esos casos, sobre todo cuando se trata de autoras sin una vasta experiencia a sus espaldas? Que los guiones sean boludeces atómicas, o que directamente no se entiendan. Algunas podrán echarle la culpa a la brevísima extensión de cada historieta, otras a los prejucios que traemos los críticos cincuentones acostumbrados a otro tipo de relatos, y otras dirán (con todo derecho) “me chupa una teta lo que opinás de mis guiones, yo dibujo lo que se me canta la argolla”. Todo es opinable en materia de arte y sí, mi opinión acerca de Pibas es que la mayoría de los guiones son de una precariedad y una torpeza frustrantes.
Hubo sólo tres historietas cuyos dibujos no me gustaron: la de Romina Fretes, la de Euge Beizo y la de Agustina Casot, que igual me enganchó porque resuelve con mucho ingenio un contrapunto con alguien (me imagino que del campo de la crítica) que le reprochaba ciertas repeticiones temáticas a sus historietas anteriores.
Y hay un puñado que me cerraron por los dos lados, el del dibujo y el del guión. La historieta de Sukermercado, por ejemplo, es una guarrada muy efectiva, muy cómica. La de Delfina Pérez Adán también me conquistó por el lado del humor. Paula Andrade y Maelitha trabajan sobre buenas ideas, y en ambos casos un par de páginas más les habrían venido bárbaro para redondearlas mejor. La de Lucía Brutta gira en torno a una anécdota muy copada para ser narrada en forma de historieta, lástima la desprolijidad y el descuido en los textos, donde faltan letras, signos de puntuación, y hasta tenemos globos muy chicos para la cantidad de palabras que necesita meterles adentro. La de Macarena García Guerra… muy rara, ni el dibujo ni el guión me parecieron flojos, pero la falla (notoria) está en la narrativa, que no fluye en ningún momento. La de Maia Debowicz me pareció muy interesante, logró superar el escollo de un dibujo para mi gusto muy frío, muy poco historietístico. Y me parece que la que más me gustó fue la de Sole Otero, la más equilibrada, la que se animó a volar sabiendo perfectamente cómo se vuela.
Después encontré un montón de chicas que dibujan bárbaro (a algunas ya las conocía, obviamente) pero que no tienen buenas historias para contar, o sí, pero se pasan de crípticas, o se quedan en anécdotas muy íntimas, muy menores, o en reflexiones pretensiosas… o en la nada misma. Me encantó ver a Femimutancia dibujar aún mejor que en Alienígena, espectacular Dani Arias, increíble Valeria Reynoso, muy notables Florencia Pernicone, China Ocho y Mirita, y bastante interesante Catalina Miniteguia. Lo de Cons Oroza, muy raro: me doy cuenta de que tiene un nivel de dibujo alucinante, muy por encima del “shock value” de la breve escena cuasi-porno que narra en Pibas, pero la faz gráfica está muy descuidada, como si la hubiese dibujado y coloreado a los santos pedos, para sacársela de encima.
Y el resto, todo muy críptico, poblado casi siempre de imágenes sugestivas, climas atractivos, pero sin el menor esfuerzo por poner el dibujo en función de un relato con el cual se pueda enganchar el lector (varón, mayor de 35 y no consumidor de sustancias tóxicas). La portada de Natalia Lombardo es magnífica, y lamento muchísimo que no haya una historieta suya dentro del tomo.
Vamos las Pibas, posta. Sigan haciendo historietas y renovando una escena en la que siempre sobró el olor a huevo. Y vamos las pibas guionistas, también. No las discriminen, valórenlas, difúndanlas y denles espacios para nutrir con buenas ideas y buenas técnicas narrativas a las talentosísimas dibujantes que por suerte están apareciendo.

Espero volver a postear antes del jueves a la tarde, que me voy a Viedma, a participar una vez más del Comarca Comics Fest (sí, me llevo un Essential pulentoso, que hace mucho que no comento uno). ¡Gracias y hasta pronto!

jueves, 11 de julio de 2019

JUEVES CONCHA-PARRONES

Mientras caen soretes de punta, para, y vuelven a caer nuevos soretes de punta, me siento a escribir las reseñas de un par de libritos que tengo leídos.
Arranco en España, año 1999, cuando Glénat publica Sesión Doble, un libro muy flaquito, con poquitas páginas de historieta, que reúne tres historias cortas de Aleix Barba. Se trata de un autor catalán bastante desconocido incluso en su país natal, pero con la chapa de haber laburado directamente para la mega-editorial japonesa Kodansha. Veamos con qué me encontré.
La primera historieta es de 1985 y está muy adelantada a su época: banca de punta a punta la grilla de nueve cuadros antes de que Watchmen la pusiera de moda, arranca con una secuencia descriptiva brillante y está totalmente jugada a un claroscuro en el que se nota mucho la influencia de El Cubri y José Muñoz, pero donde también hay trucos que años más tarde van a adoptar Frank Miller, David Mazzucchelli y David Lapham, entre otros.  El argumento es chiquito, se podría haber contado en mucho menos de 16 páginas, pero Barba logra –a través de su control molecular del ritmo del relato- que uno esté inmerso en el mismo del primer cuadrito al último, demasiado enganchado como para cuestionar que pasa bastante menos que en 144 viñetas de cualquier otro autor.
Después hay un breve interludio, narrado de forma experimental, con una grilla de 12 cuadros por página y un uso desmedido de los planos detalle, que se podría pasar por alto si no fuera por la estremecedora calidad del dibujo. Y después, otra historia de 16 páginas, esta más “de género”, sin una grilla fija y con una narrativa absolutamnte clásica. De nuevo el argumento me interesó poco, pero el dibujo me fascinó. Acá se lo ve a Barba más suelto, apostando a que los personajes tengan más fluidez, más movimiento. Me hizo acordar a los mejores trabajos de Pablo Paéz para la Fierro clásica, aunque con una estètica menos arriesgada.
Y bueno, no conozco otras obras de Aleix Barba, así que hasta que no caiga en mis manos otro librito con mejores guiones, me guardo Sesión Doble para disfrutar de los dibujos de un grosso del claroscuro al que nunca está de más descubrir.
Salto a 2016, cuando en EEUU se publica el primer recopilatorio de Moon Girl and Devil Dinosaur, una serie a simple vista humorística, o pensada para tratar de vendérsela a nenas pre-pubescentes, que seguramente pasó por debajo del radar de muchos comiqueros. Sí, la protagonista es una nena de nueve años que cursa cuarto grado de la escuela primaria. Sí, la serie tiene mucho humor y se caga groseramente en cualquier intención de mantener un verosímil. Pero atenti, que me pareció un comic sumamente atractivo.
Obviamente el gancho principal es Devil Dinosaur, un concepto bizarro de los tantos que desparramó Jack Kirby en su regreso a Marvel a mediados de los ´70. Los guionistas Brandon Montclare y Amy Reeder no sólo respetan la esencia del Devil Dinosaur del Rey Kirby, sino que hasta se las ingenian para que sus archienemigos oriundos de la prehistoria tengan peso en una trama, incluso cuando esta transcurre en la Manhattan del presente. Además integran muy bien a Moon Girl al Universo Marvel de ese momento, con la nube Terrigen que está todo el tomo amagando con activar los genes inhumanos de esta pequeña nerd, un poderoso artefacto de origen kree, y una gran aparición de Amadeus Cho, el Totally Awesome Hulk.
El equilibrio entre aventura y comedia está muy bien logrado, me encariñé con el personaje de Moon Girl en la primera viñeta y lo único cuestionable es el nivel extremo de disparate, la cantidad de cosas que hacen la nena y el dinosaurio que desentonan brutalmente con el contexto de “seres humanos reales en la Nueva York del presente”. Pero bueno, si no nos detenemos en ese detalle (y si los guionistas no convierten ese contraste en el principal recurso humorístico de la serie, como lo hicieran Trillo y Maicas en la recordada Ele), a Moon Girl and Devil Dinosaur le alcanzan y le sobran los méritos para publicarse ininterrumpidamente hasta el día de hoy, en un mercado en el que los títulos poco obvios suelen durar lo que un pedo en una canasta o un neoliberal en un debate con Leandro Santoro o Axel Kicillof.
El dibujo está a cargo de otra española, Natacha Bustos, con un puñado de obras publicadas también en la Madre Patria. Bustos hace gala de un dibujo sumamente dinámico, repleto de carisma, con excelente expresiones faciales y un gran despliegue en los fondos. Los colores de Tamra Bonvillain potencian muchísimo las virtudes de Bustos y redondean una faceta gráfica por demás satisfactoria. Así que si te gusta el Universo Marvel, o querés ver un enfoque moderno y a la vez muy respetuoso de una de las creaciones más extrañas de Kirby, o compartir la lectura de un comic con hijas, sobrinas o mascotas bípedas de 8 a 12 años, te recomiendo enfáticamente esta serie.

Y esto es todo, al menos por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.  

lunes, 8 de julio de 2019

LUNES TRANQUI

Poco frío, poca gente por la calle, día ideal para salir y boludear por ahí. Pero antes, un par de reseñas.
Arranco a mediados de los ´80, cuando Robin Wood desempolva los guiones que se había metido en el ojete cuando Enrique Breccia abandonó la serie Ibáñez (y la editorial Columba) y los convierte en una nueva serie, llamada El Ángel, con una ambientación muy similar pero ahora con Eduardo Risso como dibujante. Este segundo intento por contar una historia ambientada en la América joven tampoco va a llegar a buen puerto, porque El Ángel termina luego de apenas 20 episodios, cuando los protagonistas llevan menos de 30 páginas en “las Indias”. Así es como el núcleo de la serie, el cuerpo, el tronco, termina por ser la previa del viaje que emprenderán el Ángel y el Encorvado en la segunda expedición organizada por el almirante Cristóbal Colón.
Y ahí es donde Robin hinca los colmillos y le saca un jugo maravilloso a esa España plena de desigualdades, donde los ricos son obscenamente ricos y los pobres desgarradoramente pobres. El Ángel juega todo el tiempo al contraste entre dos extremos: lujos y carencias, príncipes y mendigos, opulencia y miseria absoluta. Pero a la hora de resolver las tramas, Wood tiene muy claro que la dignidad y la integridad suelen estar del lado de los que no tienen nada, mientras que los supuestos nobles de nobleza tienen poco y nada. Eso es lo que me atrajo de El Ángel. Después, el trasfondo de “el hijo de un rey criado por los indigentes” es algo que a) no me patreció muy original y b) tiene peso sólo al principio. Más tarde pierde bastante protagonismo en favor de otras peripecias menores, en las que los personajes empiezan a vivir historias no muy distintas de las de cualquier otro justiciero de los muchos que creó el prócer paraguayo hijo de australianos. Sin ser gemas insuperables, las historias tienen fuerza, bajan línea, son crudas, jodidas y sacan buen provecho de su ambientación. Robin no se zarpa con los diálogos, ni agobia con los bloques de texto, que cuando aparecen suman un montón a la hora de crear climas espesos y subirle el volumen al dramatismo de los relatos. Y como siempre, desaprovecha buenos personajes secundarios y villanos a los que liquida en uno o dos episodios, en vez de hacerlos crecer a la par del protagonista.
Esta edición nos permite disfrutar del dibujo de Risso en blanco y negro (aunque está todo un poco quemado o empastado) y obviamente todo se aprecia mucho más que en las revistas de Columba. Este es el Risso pre-Parque Chas, un Risso muy jugado al claroscuro, pero que claramente todavía no había visto a Frank Miller ni a Mike Mignola. El león de Leones acá mezcla un dibujo entre Enrique Breccia, Milo Manara y Hugo Pratt, con tintas más densas, más para el lado de Alberto Breccia y José Muñoz. No es el Risso glorioso de la segunda mitad de los ´80, pero está muy por encima de la mayoría de lo que publicaba Columba en 1985. El trabajo en fondos y vestuarios es magnífico, la narrativa está muy bien piloteada, siempre con siete u ocho viñetas por página, con un fluir muy dinámico.
¿Se puede recomendar El Ángel al lector que habitualmente no se aventura en el material de Columba? Yo creo que sí, que casi todo lo que vas a leer en estas 240 páginas está bastante más allá de la fórmula clásica columbera. Acá hay unas cuantas sorpresas copadas, buenos textos, buen ritmo y un crecimiento del dibujante que no afloja nunca.  
Cayó en mis manos el libro Fearless Comics, de un autor francés conocido como Samplerman. Esto es MUY extraño, casi alienígena. Samplerman es un artista que no dibuja, sino que toma dibujos y pedacitos de dibujos de miles de historietas norteamericanas de los ´40 y ´50, de la época del comic masivo, con cientos de géneros distintos y miles de guionistas y dibujantes cuasi-ignotos sacando el material por kilo, sin demasiada impronta autoral. Con esos pedacitos de viñeta, Samplerman construye otras viñetas, que a su vez construyen otras páginas, pero no construye historias. El material de Fearless Comics no es precisamente narrativo, si bien se nutre de imágenes y hasta globos de diálogo que en su contexto original servían para narrar.
Esto es parecido a lo que hacen los DJs de música electrónica o ambient, que toman pedacitos de temas ya grabados y los manipulan a pleno para crear otros sonidos, otros climas, otras sensaciones. Samplerman nos propone entrar a una dimensión del delirio, del non-sense, de la mano de una estética careta, vintage, a través de imágenes recontra-toqueteadas, entreveradas en una danza que no se parece nada a las historietas donde originalmente vimos esos dibujos.
Visualmente esto es muy atractivo, y debe requerir un laburo monstruoso por parte del autor. Pero bueno, a mí me gusta la historieta narrativa, no tanto esta onda más rara, tan experimental, donde todo está tan jugado a las sensaciones visuales y tan poco al relato. Para mirar y sorprenderse, la verdad que Fearless Comics está buenísimo. Para gastar guita y espacio en la biblioteca, capaz que no.

Nada más por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

viernes, 5 de julio de 2019

SPIDER-MAN: FAR FROM HOME

Nueva entrega del glorioso Marvel Cinematic Universe y otra vez al cine a ver qué onda. Spider-Man: Far from Home es como dos películas en una. Por un lado, una clásica comedia estudiantil de chicos yankis que pasean por Europa, repleta de chistes, muy dinámica, muy basada en la interacción entre unos personajes pensados no tanto para generar conflictos sino más bien para disparar situaciones humorísticas. Algunos son personajes bien de relleno, totalmente unidimensionales, como cuando aparecía Paolo el Rockero en las películas de los Bañeros, Extermineitors o lo que poronga inventaran Emilio Disi y sus amigos para chorear en esas vacaciones. Otros están un poquito más trabajados, como para poder trascender el paso de comedia básico. En general, todo este aspecto de la peli (casi omnipresente en la primera hora) se hace llevadero, entretiene sanamente y en familia, como decía Carlitos Balá.
Por suerte el film de John Watts tiene dos horas y 9 minutos, o sea que queda tiempo para la aventura, e incluso para hacerse un poquito cargo de que esta peli es lo más parecido que vamos a tener a un epílogo a Avengers: Endgame. Y sí, los guionistas tocan el tema de la gente que estuvo desaparecida casi seis años y volvió de un día para el otro, sin indagar demasiado en el aspecto más dramático de este sacudón, pero sin barrerlo abajo de la alfombra (eso seguro va a suceder en la siguiente fase del MCU).
La faceta aventurera de la película está muy bien, mantiene el foco muy centrado en Peter Parker, en este pibe común y corriente al que de pronto le pasaron miles de cosas que le impiden vivir la vida de un adolescente normal. Está muy presente el legado de Tony Stark, está muy presente SHIELD, hay un villano al que nunca habíamos visto en el cine MUY bien transplantado a la pantalla y una cantidad de peligros impresionante para tener al héroe siempre al filo de lo imposible. Lo mejor (lejos) es la batalla en Berlín, unos 30 minutos antes del final.
O no, me desdigo y veleteo al mejor estilo Pichetto: lo mejor es el mensaje que transmite la película. Básicamente, lo que nos cuenta Spider-Man: Far from Home es que nada es lo que parece. Todo lo que vemos es, en realidad, lo que creemos ver. Y siempre hay algo más. Este truco de desorientar al espectador, de hacerle creer cosas que (luego veremos) no son así, es el leif motiv de la cinta. Desde boludeces como la relación entre Ned y Betty hasta los giros brutales que pega la película en las dos escenas post-créditos (absolutamente imprescindibles ambas), todo el tiempo nos están subrayando que hay una grieta grossa entre la realidad que nosotros percibimos y la posta. En tiempos de la post-verdad, las fake news y la manipulación de las imágenes, es un discurso muy interesante, sobre todo si pensamos que el público mayoritario de la peli son los pibes y pibas menores de 18.
La actuación de Tom Holland me encanto, Jake Gyllenhaal también tiene un par de momentos brillantes, Marisa Tomei te inunda la pantalla con buena onda y sensualidad cada vez que sonríe, Jon Favreau se chorea varios de los momentos más lúcidos de la peli y Zendaya hace buen uso de la libertad que le dan los guionistas al no atarla a ningún personaje de los que ya conocemos los fans de la mitología arácnida creada por Steve Ditko y (el por primera vez ausente en la pantalla) Stan Lee. Los efectos especiales son demenciales y las escenas que transcurren en esas “realidades virtuales” que crea el villano para confundir a Spidey son verdaderas joyas de la cinematografía, despliegues delirantes de una concepción gráfica, estética y narrativa superlativas, pensados para detonarte los cinco sentidos como nunca antes. Posta, hay que ser MUY capo para imaginar escenas así y después plasmarlas en una película.
Spider-Man: Far from Home venía con la pesada mochila de estrenarse justo después de dos hitos como fueron Into the Spider-Verse y Endgame, pero la verdad es que sale muy bien parada. La recomiendo ampliamente, si te gustan las comedias estudiantiles. Si no, vas a sufrir mucho a la espera de que la peli se encauce hacia la historia de machaca superheroica, que cuando llega, pega fuerte y emociona.  ´Nuff said!


miércoles, 3 de julio de 2019

MIERCOLES CON SOLCITO

Para ser invierno, la verdad que hoy fue un lindo día. Fui a ver la peli nueva de Spider-Man, pero me guardo la reseña para mañana (o en una de esas el viernes), porque hoy quiero comentar un par de comics que leí en estos días.
Empiezo a principios de los ´90, cuando el maestro Masashi Tanaka lanza el primer tomo de Gon, con las aventuras sin textos de este bizarro pichón de dinosaurio. La serie arranca cuando Gon cumple un año, y no nos aclara nada de su pasado. Sólo sabemos que tiene una fuerza y una agilidad prodigiosas, un hambre voraz y la astucia suficiente para que no nos preguntemos por qué catzo no se extinguió junto con todos los otros saurios que poblaron la Tierra antes de que llegaran las especies animales que todos conocemos.
En todas y cada una de las andanzas de Gon, el pequeño saurio interactúa exclusivamente con animales, pero de la actualidad: osos, lobos, castores, águilas, linces, leones y un largo etcétera. Y a pesar de su exiguo tamaño, el chiquitín los doblega a todos a fuerza de ingenio, enjundia y mala leche. Son historias cortas, que al no tener textos se basan totalmente en la acción, y la verdad que hay mucha acción, plasmada de un modo bastante brutal, con mucha violencia, sangre, tripas y muertes. Tanaka juega al contraste entre una estética muy realista y un cierto humor, casi siempre negro, y con el elemento bizarro o absurdo de tener a un dinosaurio mezclado con un montón de animales que aparecieron mucho después.
Pero lo más inexplicable no es la existencia de un dinosaurio bebé que le da baile a todo tipo de criaturas, ni siquiera cuando parece que Gon agarra cosas como si tuviera pulgares oponibles. Lo realmente inexplicable es la calidad del dibujo de Tanaka, el grado de detalle que pone en cada bicho, en cada paisaje, en cada arbolito, cada pastito. Evidentemente estamos ante un enamorado de la naturaleza, un dibujante con una capacidad extraordinaria para tomar imágenes de la realidad y plasmarlas en la página como pocas veces se vio. Y acá está el otro contraste, entre la belleza de todo lo que dibuja Tanaka y la crueldad, la salvajada visceral de los argumentos. Gon es una verdadera maravilla del manga, sobresaliente en guión, dibujo y narrativa, cuyo único inconveniente es que, al no tener texto, los tomos duran muy poquito.
Nos vamos a 2016, cuando un guionista inglés y un dibujante argentino se juntan para generar una nueva serie en una editorial de EEUU. Después de la experiencia de The Names (ver reseña del 20/04/16), Peter Milligan y Leandro Fernández deciden volver a colaborar, pero esta vez en Image.
The Discipline es una especie de Fifty Shades of Grey con mucho Vertigo, o sea, con elementos sobrenaturales bastante oscuros, más violencia y sí, bastante más sexo que en el comic yanki promedio. No creas que es The Extremist (lo más zarpado que escribió Milligan dentro del subgénero “thrillers de garche”) pero además de hablar mucho de coger, en The Discipline se coge bastante. No es porno, nunca se ven pijas erectas, ni fellatios, ni primeros planos de penetraciones o eyaculaciones, sino que está todo más sugerido y lo que se ve es… cuerpos desnudos y algunas posiciones que dejan poco librado a la imaginación.
La trama es atractiva, tiene muchas sorpresas, quizás le sobran algunos elementos sobrenaturales, que están ahí para poderle darle énfasis a la machaca, los combates sangrientos entre criaturas con garras y/o dientes pasados de rosca… que realmente es lo que menos me atrapó. Lo mejor es la exploración que hace Milligan de la psiquis de la protagonista, Melissa Peake, construída como un personaje que puede bancar mucho más que seis números de un arco argumental. Y eso es lo otro que no me terminó de cerrar: el final es apenas el final de un primer arco, y tendría que haber varios más. Sin embargo, la serie no continuó más allá de los seis episodios que ofrece este tomo. No tengo dudas de que, si los autores hubiesen supuesto que The Discipline iba a llegar hasta acá, el final habría sido muy distinto. En una de esas hay un segundo arco escrito, y en algún momento Leandro (o alguien más) lo dibuja. Ojalá, porque este final no tiene nada de definitivo y (como pasó con The Names) deja muchas puntas interesantes para explorar.
El dibujo de Leandro Fernández está buenísimo, muy jugado al claroscuro, muy plástico, con secuencias de gran dinamismo, con unos enfoques jugadísimos, mucho criterio para pasar de la sutileza de la seducción a la brutalidad de la machaca, fondos laburadísimos, excelentes expresiones faciales… Lo único criticable es que por momentos sigue apareciendo la impronta gráfica de Eduardo Risso, de la que Leandro no se logra despegar del todo. Pero como a todos nos gusta Risso, la verdad que es muy placentero ver lo que hace Fernández con esos saberes que heredó del maestro. Tengo sin leer algún TPB de The Old Guard y alguno de Britannia, así que ya volveremos a encontrarnos tanto con Milligan como con Fernández.

Y nada más, por hoy. Prometo para muy pronto la reseña de Spider-Man: Far from Home, acá en el blog.

sábado, 29 de junio de 2019

SABADO ASQUEROSO

Mientras en Buenos Aires no para de llover, mientras en Montevideo se quieren matar y mientras los garcas que tienen la guita escondida en Panamá festejan la firma de un acuerdo pensado para que Argentina y Brasil retrocedan 90 años, me siento a escribir las reseñas de dos libritos editados recientemente en nuestro país.
Empiezo con el Vol.6 de Amuleto, la exitosa saga de Kazu Kibuishi, que sigue avanzando a un ritmo muy descomprimido, sin ningún apuro para llegar al final. Son un montón de páginas de peripecias, misterio, tensión y aventuras al límite, siempre protagonizadas por Emily y Navin, los chicos comunes y corrientes que (como Den, Avrack y tantos otros) resultan ser muuuuy capos en este mundo fantástico repleto de elementos que uno asocia con Star Wars, Lord of the Rings, Harry Potter y las películas de Hayao Miyazaki.
El único problema que tiene esto es que yo lo leo sabiendo que el final va a llegar en el Vol.9. Entonces doy por descartado que cualquier volantazo grosso que involucre a Emily o a Navin va a llegar (como muy temprano) sobre final del Vol.8. Todo lo que pase hasta ese momento, va a ser relleno, o a lo sumo un build-up hacia ese final que (intuyo) va a ser muy grosso. Lo bueno es que Kibuishi desarrolla mucho y muy bien a los personajes secundarios y cuando los sacudones más brutales que necesita la trama para mantener el interés (panquequeadas dignas de Pichetto, heridas graves, incluso muertes) los afectan a ellos, uno siente el impacto, no le chupa un huevo. 
Estamos en un momento de la saga de Amuleto muy The Empire Strikes Back, un tramo oscuro, ominoso, con los protagonistas separados entre sí, metidos en distintas búsquedas, distintos aprendizajes, distintas runflas. Me imagino que ya a partir del Vol.7, cuando arranque el tercio final de la obra, Kibuishi va a tratar de que todo esto confluya hacia un cierre épico y emotivo. El dibujo, como siempre, muy sencillito, casi rudimentario en los personajes, y con un nivel devastador en las grandes tomas panorámicas. El color, hermoso de punta a punta. Todavía no se sabe si el Vol.7 sale en Argentina este año, o si habrá que esperar a 2020 (como para volver a llenar la heladera, ver gratis los partidos de la Superliga o irse de vacaciones).
Hora de reencon-
trarme con Nahuel Amaya, que vuelve a la carga con Capitán Muerte, un libro que recopila un montón de tiras humorísticas protagonizadas por un bizarro superhéroe cuyo poder consiste en matar en el acto a cualquier cosa viva a la que toca. Las tiras nunca tienen menos de cuatro viñetas, y en cada uno de ellas Amaya mete mucha información, con lo cual a alguien se le ocurrió publicarlas de a una por página. Eso hace que en 96 páginas tengamos apenas 80 tiras, con mucho espacio blanco arriba y mucho espacio blanco abajo. Un libro de 96 páginas con 16 páginas que no tienen historietas, y las que sí tienen ofrecen sólo una tira… ya saben lo que opino yo de eso, no? No hace falta reiterar los conceptos.
Me quedo con el dibujo de Amaya, que mejoró notablemente desde la última vez que vimos una obra suya (19/06/15). Más plástico, más suelto, más limpio, con mejor criterio para elegir cuándo sintetizar y cuándo ponerle a la viñeta una sobrecarga de elementos gráficos bien dispuestos… Por supuesto que adentro no vas a ver dibujos al nivel de lo que se ve en la portada, en buena medida porque las tiras del Capitán Muerte son en blanco y negro, pero realmente el aspecto visual del libro está todo muy cuidado.
En cuanto a las tiras en sí, hay algunas muy graciosas, con un humor negro muy logrado. Algunas incluso te hacen sentir mal por reirte de ese tipo de situaciones. Después hay otras que juegan con los clásicos tropos de superhéroes y supervillanos, en las que Amaya desaprovecha un poco las buenas ideas que se le ocurren para los personajes, poderes, trajes… En un comic de 8, 12 ó 16 páginas seguramente esos personajes funcionarían mejor y se lucirían más. Básicamente, está todo muy jugado a la contradicción entre un tipo que supuestamente es un héroe y un poder absolutamente letal, que fulmina (incluso accidentalmente) a todo lo que entra en contacto con el justiciero que da título a la obra. Por eso está bueno que sean relatos muy cortitos, de cuatro o cinco viñetas (a veces son seis o siete, también), como para no aburrir, ni agobiar, ni restarle impacto al recurso.
Para pasar un buen rato, Capitán Muerte no está nada mal. No es el antes y después de nada, pero es entretenido y está muy bien dibujado.
Y nada más, por hoy. Estoy saboreando de a poco un librazo de chotocientas páginas y ya palpitando la previa a la función de prensa de la nueva peli de Spider-Man, así que por ahí vendrán las próximas reseñas que tendremos (espero que muy pronto) acá en el blog.


jueves, 27 de junio de 2019

JUEVES FRESQUITO

Vengo leyendo poca historieta, porque por distintos motivos estoy saliendo poco de mi casa y no tengo esos viajes en subte, tren o colectivo que (si consigo asiento) generalmente uso para leer. Pero como siempre, algo hay.
Empiezo con una gema a la que le tenía mucha fe, pero que superó ampliamente mis expectativas: el Vol.1 de Black Hammer, la serie de Jeff Lemire y Dean Ormston que publica (con gran éxito y numerosos spin-offs) Dark Horse. Black Hammer es un comic con disforia de género: Lemire nos presenta a un grupo de personajes forjados en el molde de los superhéroes clásicos (hasta nos explica en los textos del final en qué personaje de DC estaba pensando cuando creó a cada uno) pero puestos a funcionar en otro género, un género que les resulta hostil, o por lo menos incómodo.
Tras un combate contra un villano cósmico infinitamente poderoso (una especie de Darkseid/ Galactus), estos héroes y heroínas reaparecen en una granja, en algún lugar del Bible Belt de los EEUU. Algunos conservan sus cuerpos originales, otros ven sus mentes trasladadas a cuerpos que no son los suyos, ninguno puede salir de esa zona, a todos les cuesta adaptarse a una vida normal, rural, apacible, sin más conflictos que los que emergen de sus propias personalidades y de su interacción con la gente del pueblito vecino a la granja. Lemire acierta al revelarnos con cuentagotas la información que necesitamos acerca de estos personajes, los poderes que tienen, el combate que terminó en este brutal cambio del status quo, el rol que cumplió en esa batalla el héroe principal de este universo (Black Hammer, cuya ausencia en esta nueva realidad es más que notoria)… Todos esos puntos dramáticos que tienen que ver con el costado superheroico de la serie “sacan número” y esperan su turno mientras el guionista explora lo que más parece interesarle, que son los vínculos entre los personajes, sus inseguridades y lo mucho que les cuesta adaptarse a la nueva situación. Y por detrás de todo esto avanza el subplot de la hija de Black Hammer, que quiere llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo.
Sin dudas es un comic raro, que juega con el conocimiento que tienen el lector de los tropos del género supeheroico, pero además agrega varias capas de profundidad y un montón de elementos pensados para descolocar al cancherito que cree que ya ningún comic de tipos y minas con superpoderes lo puede sorprender. Lo que está haciendo Lemire en Black Hammer es algo que –posta- nunca hizo nadie y lo está haciendo asombrosamente bien.
Por supuesto, me pongo de pie para ovacionar al maestro Dean Ormston por su labor al frente de la faz gráfica. Obvio, juega con seis anchos de espada en el mazo porque lo colorea Dave Stewart, pero el trabajo del inglés es realmente exquisito. Ormston no falla en los climas, en las referencias visuales a los comics que Lemire quiere que recordemos cuando tira un flashback, se mata en los fondos y resuelve todos los efectos de iluminación con un claroscuro poderosísimo, expresivo y evocativo al mango. No tengo comprado el Vol.2, pero ni bien lo vea a un precio razonable, le entro como el agua al Titanic.
Después de este escarceo con la gloria, necesito una lectura más tranqui, más livianita, y salto a Argentina para ver qué onda el Vol.14 de Macanudo, con más de 250 tiras de las que publica Liniers en el diario La Nación. El tomo arranca fuerte, con una seguidilla de tiras acerca de garcas coimeros, testaferros de otros garcas coimeros, que hablan de cuentas offshore y de ser felices dilapidando el dinero malhabido. No es una temática que habitualmente aparezca en las tiras de Liniers, y la verdad que fue una muy grata sorpresa. Después tenemos el tradicional desfile de personajes al que nos acostumbró Macanudo, todos vehículos para que Liniers explore distintas facetas del humor y del dibujo sin aburrirse.
De las ideas que no había visto en tomos anteriores, la que más me gustó es Charlas Entre Chicos de Cinco Años, pero hay varias muy buenas y otras (como siempre) muy raras. Un tema que aparece mucho en tiras muy distintas entre sí es el de la relación entre la gente de hoy y el mundo de las redes sociales, los celulares, las selfies y demás pelotudeces de la era digital. Liniers es sumamente crítico de todo esto, y arroja sus dardos con sutileza y elegancia, en parte porque sabe que su público es parte de la gran masa que compró y abraza todas estas pelotudeces.
Y como siempre, por encima de la comicidad, o de la ternura, o de la bizarreada que le pone Liniers a cada tira, emerge el tremendo placer que genera ver a un tipo dibujando a este nivel, con esta amplitud de registro, este manejo del color, de la línea, de las formas de las viñetas, del armado de las secuencias. Debe ser muy frustrante ser historietista, publicar hace mil años una tira en un diario y tener que ver todos los días lo que hace Liniers en Macanudo…

Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.