jueves, 30 de julio de 2026
SPIDER-MAN: BRAND NEW DAY
Dejo para mañana las reseñas de los últimos comics que leí, porque no me quiero ir a dormir sin hablar un poco de la película que vi esta tarde. ¿Qué digo "película"? RECONTRA-PELICULÓN.
¿Viste cuando te das cuenta de que la peli que estás viendo es larguísima pero no querés que se termine nunca? Bueno, así me sentí yo a lo largo de estos 145 minutos. Me daba la sensación de estar sentado en la butaca durante una eternidad, pero quería que esa eternidad fuera posta para siempre. Ya ni me acuerdo cuántas pelis de Spider-Man vi, pero creo que Brand New Day es la que mejor combina acción, diversión y emoción. Con sutileza, con elegancia, con inteligencia, de a poquito, sin irse nunca al pasto, el director Destin Daniel Cretton y su equipo de guionistas empiezan a emparchar el despelote que se había armado en la peli anterior, con el tema del hechizo de Dr. Strange por el cual el mundo entero había olvidado la existencia de Peter Parker, pero no de Spider-Man. Peter aprovechó esta etapa de "no existencia" para madurar un montón, y una vez más el guion lleva al límite su compromiso con los demás, su decisión innegociable de ser una buena persona, altruista, solidaria, comprensiva, humana pese a que tiene poderes que podrían convertirlo tranquilamente en el más temible de los monstruos. El tema de la película es ese: ¿qué hace que las personas con superpoderes no sean monstruos? Para Peter, la respuesta tiene que ver con el amor que recibió por parte de su tía May, con el amor que siente por MJ y Ned, y con ese vínculo también cuasi-romántico que tiene con New York y sus habitantes.
Como siempre, fui a ver la peli sin tener la menor idea de lo que me iba a encontrar. No sabía qué villanos, héroes o personajes secundarios aparecían, excepto por el Punisher, cuya aparición alguien me spoileó por ahí. Aún así, el rol de Frank Castle en la trama de Brand New Day me sorprendió por completo, nunca me lo vi venir. Y ojalá hubiese sido la única sorpresa. Cuando se revela la identidad de quien le está controlando la mente a toda esa gente (buena y mala) que de pronto actúa raro, me caí de ojete MAL. Obviamente no voy a mencionar de quién se trata. La película está llena de sacudones imprevistos, de cosas que uno cree que se van a resolver para un lado y resuelven para otro. ¿Hay momentos medio frutihortícolas? Y, sí... que en la guarida ultra-lumpen del Punisher haya equipamiento tan sofisticado como para que Peter desarrolle el gadget que desarrolla es medio inverosímil, hasta para un comic de superhéroes. Y todo ese tramo (por suerte no tan largo) en el que Spider-Man tiene que aprender a usar sus nuevos poderes a los tumbos, 30 segundos antes de enfrentarse a un villano peligrosísimo, también es medio un WTF?!?. No quiero ver más escenas de "superhéroe aprende a usar sus poderes a los tumbos". Son divertidas, se disfrutan mucho más en la pantalla que en las historietas, pero ya está, ya vi demasiadas.
Fuera de esos detalles, el argumento me pareció muy, muy sólido. Y la resolución, prácticamente inmejorable. A esto sumémosle buenas actuaciones, buena música y unos efectos especiales formidables, a la altura de lo mejor que hemos visto en la pantalla grande. Hoy tenemos medio naturalizado que los personajes pueden volar, cambiar de tamaño, contorsionarse de maneras loquísimas, mover cosas con la mente, lanzar telarañas de las manos, romper paredes a trompadas... todas cosas que cuando éramos chicos (por lo menos lo que fuimos chicos en los ´70) pensábamos que nunca íbamos a ver fuera de un comic o un dibujo animado, porque era sencillamente imposible hacerlo con actores de carne y hueso. O si se hacía, era una berretada que en vez de asombro te daba vergüenza ajena. Por supuesto que solo con buenos efectos visuales no alcanza, y prefiero efectos truchos con argumentos copados que lo inverso. Pero acá nos dieron TODO.
Para el fan de los comics, hay gemas exquisitas como ver a Spidey tirando poses de Steve Ditko, de John Romita padre e hijo, de Todd McFarlane, de Humberto Ramos... Y también habrá comiqueros más puristas que se indignen con la versión de Damage Control que nos presenta la peli, que seguramente le valdrá a los guionistas maldiciones y venganzas lanzadas por el querido Dwayne McDuffie desde el más allá. Al estar toda ambientada en New York, por ahí sumaba alguna mención al bolonki político que sacudió a la ciudad en la serie de Daredevil, pero probablemente se optó por dejar afuera todo eso y no confundir a los más chicos, que seguramente no vieron Daredevil, simplemente porque no está pensada para ellos. El único vínculo fuerte con lo que se desarrolla en Daredevil es el Punisher de Jon Bernthal, que la rompe toda. El contrapunto que se arma entre Punisher y Spider-Man no solo genera varios de los mejores momentos del largometraje, sino que además sirve para ilustrar lo versátil que es el héroe arácnido, que no desentona cuando se codea con paladines de proporción galáctica como los Avengers ni cuando tiene que interactuar con un justiciero urbano sin ningún tipo de superpoderes como Frank Castle. De punta a punta del espectro heroico (o cuasi-heroico) de Marvel, Peter se destaca por su buena onda, su ingenio, su lealtad, siempre a la altura de los dilemas morales (uno más heavy que el otro) que los guiones lo obligan a enfrentar.
Esta vez, si bien paga costos altos, las cosas le salen un poco mejor que en las películas anteriores y uno se va del cine contento, porque ganó el buen pibe, el flaco (bah, "flaco"... en estos años Tom Holland peló un lomo impresionante...) del que cualquier espectador quiere ser amigo. Y después de 145 minutos de torpedos, misiles y dagas apuntadas a nuestros corazones, el final feliz nos hace un mimo, nos dice "¿viste, boludo, que iba a estar todo bien?", y nos vamos contentos, porque Spidey logró un statu quo mejor, más justo, a la altura de su bondad, su nobleza y su entrega para con el prójimo. Los que siguen repitiendo como loros que después de Avengers: Endgame a Marvel se le acabó la magia y no volvió a producir películas memorables, la tienen adentro, otra vez.
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