miércoles, 31 de agosto de 2022
NOCHE DE MIÉRCOLES
O de mierda, ¿para qué vamos a andar con eufemismos, a esta altura? Estoy intoxicado desde ayer, con diarrea y vómitos, y es una sensación horrenda, que me impidió hacer prácticamente todo lo que tenía programado para hoy. Por lo menos al quedarme en casa tuve tiempo para terminar un libro y encarar estas reseñas...
Sigo a full con 20th Century Boys y el Vol.6 me pareció alucinante. La cantidad de personajes en escena, el misterio de Amigo que está cada vez más cerca de resolverse, los huevos de Naoki Urasawa para dejar fuera de cámara durante cientos de páginas a Kenji, que supuestamente es el protagonista de la saga... Y eso sin hablar del dibujo, que es glorioso, a años luz de todos esos simios amaestrados que llenan páginas de los shonen en un estilo uniforme, de modo que cada día sea más difícil distinguir a unos de otros. Los personajes están diseñados de manera brillante, pero son apenas la puntita del iceberg. Todo este mundo peligrosamente cercano que dibuja Urasawa está pensado para envolvernos en la historia y que nos resulte verosímil y atrapante.
Hasta que pasadita la mitad del tomo, el autor hace una de más y el verosímil se va al carajo. En una secuencia ambientada en 2015, cuando Otcho es un señor de casi 50 años, obtiene una pista importantísima que lo acerca a resolver el misterio de Amigo porque RECUERDA UNA CONVERSACION QUE TUVO CON UN COMPAÑERITO EN QUINTO GRADO. Chau, imposible. Me resulta más fácil creer que Macri no tuvo nada que ver con el espionaje a los familiares del ARA San Juan. ¿Qué clase de persona recuerda en 2015 algo que le dijo un compañerito de la primaria en 1971? No hay forma. 20th Century Boys es un manga en el que la reconstrucción de un pasado lejano tiene muchísimo peso, desde el primer tomo. Pero no se puede apelar a saltos al vacío tan extremos como el que pega Urasawa en esa secuencia.
Fuera de eso, un tomo redondísimo, un guion que no deja cabos sueltos, un suspenso siempre asfixiante, personajes y situaciones muy gancheros, giros impredecibles, revelaciones impactantes... un lujo.
Hace poco prometí volver a visitar al Conan de Timothy Truman y Tomás Giorello, y acá estoy, con un arco de cuando los capos ya dejaron la serie mensual y empezaron a realizar miniseries protagonizadas por un Conan ya veterano, ahora Rey de Aquilonia. De todos esos arcos publicados por Dark Horse bajo el rótulo de King Conan, el "mejor rankeado" por los fans es este, Wolves Beyond the Border, tal vez porque tiene la particularidad de no seguir de manera lineal a ningún relato de Robert E. Howard, sino que está armado por Truman a partir de fragmentos de obras que Howard dejó inconclusas, a las que el guionista les incorporó muchísimo de su propia cosecha. Y además a Truman siempre se le dio muy bien el western, y Wolves Beyond the Border es un western apenas camuflado.
Nunca fui muy lector de Conan, pero creo que esta es la historia que más me gustó de todas las que leí con este personaje. Me gusta que sea un cincuentón muy curtido, no tan impulsivo como en sus años mozos. Me gusta que para cuando matan a sus compañeros uno ya se encariñó con ellos... y lo que más me gusta: a diferencia del Conan de Roy Thomas, el clásico, el de los años ´70 en Marvel, este no está suavizado. La violencia es tremenda, la sangre te salpica, vuelan cabezas a la mierda... como debe ser un comic de bárbaros, no? Pero además hay diálogos muy logrados, hay cuerpos desnudos, hay gente que coge... Muchas cosas que en el Conan de Thomas no recuerdo haber visto nunca. Por ahí (repito) porque leí muy poco.
Este guion de Truman está pensado para satisfacer a cualquier fan de la aventura. Hay locaciones exóticas, sacrificios, persecuciones, magia, combates a todo o nada, suspicacia (porque la alianza entre los "buenos" es bastante frágil), lindos toques de continuidad que hilvanan a la era de Conan con las de otros personajes de Howard, volantazos que no te ves venir... Realmente está todo muy bien pensado y bien cuidado.
Y el dibujo de Giorello, ma-mita... Mejor que en el tomo anterior, mejor que nunca. Una bestialidad lo que dibuja nuestro compatriota en estas páginas. Tomás entregaba lápices sin entintar, tan complejos, tan sólidos, tan trabajados, que -photoshop mediante- se ven como si estuvieran entintados como los dioses. Sobre esos lápices, el colorista (nada menos que el gran José Villarrubia) no tenía más que añadir su propia magia, con unos resultados sublimes. Como la vez pasada, me llamó la atención que Giorello narre todo tan "de cerca", con muchos planos cortos. En general queda bien, pero hay secuencias que por ahí se verían mejor contadas "más de lejos", con más protagonismo para los fondos y menos para las figuras y los rostros.
Creo entender por qué Giorello se siente tan cómodo cuando puede meter muchos primeros planos: si bien este animalito dibuja TODO muy bien, en los rostros saca una diferencia brutal con sus colegas. A las mujeres las dibuja hermosísimas, con esa sensualidad tipo Alfonso Azpiri, y a los hombres les pone esa gestualidad adusta, por momentos salvaje, que recuerda al toque al gran Jorge Zaffino y que tanto le gusta al lector yanki. El Conan de Giorello es enorme y exhuberante, y habita un mundo al que también se le aplican esos calificativos. Y el aporte de Villarrubia hace que todo sea vea aún más bello y más épico. Si alguna vez te copás con Conan y te preguntás por dónde empezar a leer los comics del Cimmeriano, yo iría directo a Truman y Giorello. No puede fallar.
Nada más. Gracias por tanto y hasta pronto.
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domingo, 28 de agosto de 2022
HISTORIETA REVÓLVER: CASA ABIERTA
Por su volumen y por su repercusión, este libro merecía una reseña para él solito. Ahí vamos.
Después de un par de años de intentar la proeza con una antología que salía en kioscos y comiquerías de manera bastante periódica, en 2021 la editorial Primavera Revólver rompió su propia lógica y se volcó decididamente al formato libro. Y en vez de discontinuar la antología, la agrandó, la convirtió en un potente masacote de más de 200 páginas, en el que conviven 28 historietas. Como es lógico, la calidad no puede ser pareja si hay 28 historietas y 58 autores involucrados, pero la lectura del tomo resulta -en general- muy satisfactoria. Vamos a recorrer algunos momentos destacados.
¿Está piola poner la mejor historieta adelante de todo, o conviene guardarla para el medio, o para el final? No sé, es un lindo tema para debatir: anatomía de las antologías. Lo dejo picando. Esto viene a cuento de que Casa Abierta arranca con Vacío, una historieta de Sergio Carrera que sin dudas está en el podio de lo mejor del libro. Oro, plata, bronce... no sé, pero seguro es de las tres mejores. Una verdadera gema.
La otra que seguro pelea el primer puesto es la de María Eugenia Alcatena y Muriel Frega. Se llama La Siesta y en apenas 12 páginas ofrece tantas buenas ideas, tanta imaginación en la puesta en página y unos dibujos tan hermosos, que la tuve que releer dos veces más.
Y también me parece alucinante que se haya publicado en castellano La Noche de Rasputín, una de las 10 historietas que componen la mítica antología Un Giorno, Un Secolo. En este caso, el guion de Robin Wood lo dibuja Quique Alcatena y de la magia de estos dos próceres del Noveno Arte sale un relato realmente inquietante, fiel a la historia real, pero con espacio para la fantasía y la poesía.
Después hay cosas raras, como esa historieta de Carlos Albiac y Horacio Lalia, que parece de principios de los ´80. ¿Estaba inédita, o es algo que ya se publicó hace más de 40 años en alguna revista de Record? Me encantaría saberlo. También es polémica la decisión de republicar (pasada a grises de manera no muy lograda) una historieta de Luciano Saracino y Dante Ginevra que ya formó parte de otra antología (De Amor, de Locura y de Muerte, reseñada el 26/05/11). La historia más larga del tomo está escrita por Néstor Barron y dibujada por el recordado Walther Taborda, en un estilo espectacular, muy loco, como si la estética de Taborda de pronto se fusionara con la de Enki Bilal. El guion, lamentablemente, se me hizo largo. Para cuando el conflicto realmente cobra tensión, ya me había aburrido con muchas secuencias innecesarias.
¿Qué más me gustó? Muchas cosas. Ver a El Sombra y Tito dibujados por Edu Molina fue genial. Esas cuatro paginitas de Martín Renard y Tomás Aira (Timeblocked) también me encantaron, sobre todo por el excelente manejo de los diálogos que muestra el guionista. Los dibujos de Diego Pogonza, impresionantes, de altísimo nivel. En general hay muy buenos dibujantes, sobre todo de estilos realistas: Manuela Mauregui la rompe, Carina Altonaga la rompe, Marcelo Valentini está muy bien, Julio Azamor también... Y fuera del estilo más académico, sin dudas Sejo se lleva todas las palmas.
También me gustaron mucho el dibujo de Oscar Capristo, la breve historieta de Emilio Balcarce y Fabián Mezquita, y dos ideas, que dieron pie a sendas historietas que por ahí no alcanzaron todo su potencial: la de Dolores Alcatena parte de una premisa sumamente atractiva, pero algo en el dibujo hizo que no me pegara tan fuerte. Y la de Hernán Martignone y Diego Rey, también, parte de una premisa que me entusiasmó, pero me encontré con que eran cuatro páginas sin un conflicto, y yo soy de esos pelotudos que quieren que en las historietas haya un conflicto, algo que se tenga que resolver en algún momento de la trama.
Ya nombré a un montón de autores y autoras destacados, y podría sumar menciones a Lubrio, Pablo Barbieri, Sergio Ibáñez, Juan Sáenz Valiente, Alejandro Farías, Gustavo Schimpp, Kripto... Mucha gente muy talentosa hizo su aporte a Casa Abierta, y si bien no todos estuvieron a la altura del material que más me interesó o más me emocionó, la acumulación de experiencias, estilos y miradas diversas sin dudas enriquece la propuesta. La portada de Aleta Vidal está buenísima, la calidad del papel es muy buena, el material está muy bien reproducido (tanto las páginas en blanco y negro como el segmento a todo color), y en general se siente que Paula Varela, la editora de la antología, le pone mucho amor al proyecto, no lo hace para facturar unos mangos ni para buscar chapa o protagonismo.
La verdad que está buenísimo que en la era de las novelas gráficas de chotocientas mil páginas haya un espacio para que los maestros de siempre compartan con los autores más jóvenes las páginas de una antología potente, donde todos puedan brillar con historias cortas que visiten distintas temáticas y las aborden en distintos estilos. Este año ya se publicó otro número bien nutrido de Historieta Revólver, que seguramente voy a leer recién en 2023. Así que el proyecto sigue adelante, y eso hay que celebrarlo.
Nada más, por hoy. Como suele suceder, reapareceré con nuevas reseñas ni bien tenga más material leído. Gracias y hasta entonces.
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viernes, 26 de agosto de 2022
MAÑANA DE VIERNES
Acá estoy de vuelta, con un par de libros para reseñar.
Después del hitazo que significó Los Años de Allende (ver reseña del 21/08/15), era obvio que la dupla integrada por Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta iba a volver. Y volvió en plena pandemia, con un libro editado a fines de 2020, titulado Nosotros los Selk´Nam, en el que exploran la historia, la cosmogonía, la cultura y el legado de esa peculiar tribu aborigen que habitó la Tierra del Fuego, tanto del lado chileno como del argentino.
Nosotros los Selk´Nam es un libro raro. Más que una novela gráfica pareciera ser un ensayo gráfico. No está la intención de contar una historia, sino más bien de recabar testimonios y datos que nos ayuden a pensar en los misterios de esta etnia casi desaparecida de la faz de la Tierra. A lo largo de casi 140 páginas, Reyes y Elgueta aparecen como personajes del libro: a veces le hablan directamente al lector y otras veces interactúan con artistas, intelectuales o científicos que estudiaron el tema de los Selk´Nam, o se inspiraron en sus leyendas para crear otras obras. Así, de manera fragmentaria, el libro nos ofrece distintas miradas acerca del fenómeno, unas más centradas en la historia de los aborígenes fueguinos, otras más teñidas por la fascinación que ejerce su conexión con una cierta metafísica muy elevada y conectada con relatos épicos y hasta con cuestiones de género hoy muy candentes.
Cada tanto, Reyes y Elgueta interrumpen estas charlas con expertos para mostrarnos algunas viñetas dibujadas en un estilo mucho más caricaturesco, donde sí avanza una ficción un poco más tradicional, protagonizada por una pareja, y por supuesto también vinculada al atractivo que hoy tienen la cultura y los mitos de los Selk´Nam. No es la parte que más me interesó. Lo más rico, para mi gusto, es el tramo más histórico, en el que los autores y los especialistas con los que conversan sacan a la luz la forma atroz en la que terratenientes y empresarios, avalados por los gobiernos de Argentina y Chile, les robaron las tierras a este pueblo y lo exterminaron. Lo más tremendo es que es un exterminio que recién se calmó un poco a principios del Siglo XX, es decir que es bastante reciente y -lo que es peor- está bastante documentado, porque se da en una época en la que hasta existía la fotografía. Una vez más, la codicia de los grandes capitalistas se lleva puesta a una civilización entera, y acá te cuentan quiénes fueron, cómo lo hicieron y cómo sobrevivieron los pocos Selk´Nam que aún hoy pueblan la región más austral de la Patagonia.
El dibujo de Elgueta es excelente de punta a punta, en los distintos estilos que aborda. Ya sea cuando retrata a la parejita, o cuando replica el estilo de los antiguos grabados, o cuando mete ilustraciones a lápiz con un trazo más suelto, el trazo del dibujante conjura climas increíbles. Las escenas de cabecitas que hablan no se hacen aburridas, la reconstrucción de las épocas pasadas está lograda de manera magistral y la combinación de distintas técnicas de dibujo y entintado no confunde en ningún momento al lector ni lo distrae de lo importante, que es lo que revelan la investigación de los autores y los testimonios de los entrevistados. Si te interesa saber mucho más acerca de los Selk´Nam (o los onas, como lo llamaban los libros de historia de los que estudiamos en los ´70 y ´80), este es el álbum de historietas al que le tenés que entrar.
Nueva edición para Las Andanzas del Incorregible Paolo Pinocchio, esta vez en Argentina (yo tenía la española, de DibBuks, reseñada el 18/04/12), y bueno, una excelente excusa para releer todo el material protagonizado por el muñeco maldito y nacido de la pluma de Lucas Varela. El nuevo recopilatorio trae todas las apariciones de Paolo excepto la novela gráfica final, que salió en Francia en 2021 y acá llegará... eventualmente.
Bajo una nueva portada demasiado buena para ser real, el libro pone en orden todas las historietas de Paolo, en las que se ven algunos retoques respecto de sus apariciones en revistas como Fierro o libros anteriores como Estupefacto, Matabicho, o el ya citado recopilatorio de DibBuks. En algunas páginas hay viñetas agregadas, las breves historias presentadas originalmente como tiras ahora son páginas de historieta tradicionales, y el cambio más notable es que Varela acotó muchísimo la paleta de colores. Hay decenas de páginas en las que no vemos ninguna tonalidad de azul, y las tonalidades de verde escasean aún más. Predominan blanco, negro, gris y tonalidades de rojo, a las que también se suman de a ratos naranjas y amarillos. La verdad que el resultado no cambia mucho al quitarle variedad cromática a las historias: el dibujo sigue siendo extraordinario y los guiones mantienen intactas sus dosis de delirio y pésima leche.
Probablemente entre los lectores argentinos Paolo Pinocchio sea la más difundida de las obras de Lucas Varela, con lo cual me da la sensación de estar hablando al pedo, de algo que casi todos ya leyeron y ya saben que es una obra maestra de este monstruo de la historieta surgido hace 25 años en las páginas de Comiqueando. Pero habrá algún despistado (o despistada) que todavía no entró a este mundo de fantasía putrefacta, de demonios que se convierten en gusanos, de almas condenadas con forma de masacotes, de orgías satánicas y cuentos de hadas enchastrados de crueldad y miseria. Ese es el mundo de Paolo Pinocchio, un mundo en el que el Medioevo es reversionado para incluir recitales de rock y en el que las palabras típicas de los porteños se cuelan en diálogos pomposos y circunspectos con un efecto cómico demoledor.
Humor negro, abyección moral, aventuras que avanzan con una lógica cercana a la de los sueños, y la desbordante imaginación de Varela puesta al servicio de criaturas y escenarios donde la fantasía y la desolación van de la mano. Si los guiones fueran horribles o no estuvieran, habría que comprar este libro por los dibujos, que son gloriosos. Pero además los guiones existen y son brillantes, así que no hay forma de escapar a este infierno encantador, que es apenas una muestra del talento descomunal de Lucas Varela.
Nada más por hoy. Gracias y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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lunes, 22 de agosto de 2022
NOCHE DE LUNES
Vamos con un par de libritos que me devoré estos últimos días.
Conan: Black Colossus es el Vol.8 de los tomos que recopilan la más extensa de las distintas series regulares que protagonizó el Cimmerio en Dark Horse. Este tomo me llamó la atención por el equipo creativo: guion de Timothy Truman, dibujos de Tomás Giorello. Un combo más que atractivo incluso para alguien que (como yo) no es fan de Conan.
Adentro me encontré con una historia que adapta un relato de Robert E. Howard en el que básicamente Conan tiene que ponerse al frente de un ejército inmenso para combatir a otro ejército inmenso, que además tiene como líder a un hechicero con zarpados poderes sobrenaturales. Y al final gana Conan, y para festejar se pega una revolcada con una hermosa princesa. ¿Más de 130 páginas para contar eso, estás seguro? ¿No será un malentendido? No. La batalla se despliega en los dos últimos capítulos, y todo el resto es un larguísimo build-up, en el que Truman se dedica a mostrarnos lo malo y poderoso que es el villano, mezclado con escenas en las que Conan se gana de a poco la lealtad de mercenarios, aristócratas y demás muchachones de armas tomar que se integrarán a sus huestes, muchos de los cuales no sobrevivirán. Lo más interesante de esta previa interminable llega cuando Truman contrasta a un Conan rústico, sucio y desprolijo, con estos aristócratas, nenes de mamá que frecuentan los palacios pero que en su vida se enfrentaron a las amenazas que el Cimmerio derrota todos los días, con la naturalidad con la que uno se lava los dientes o saca la basura. Esas pinceladas de intriga palaciega, desarrolladas en diálogos muy dinámicos, hacen que todas esas páginas se sostengan un poco más, incluso a lo largo de capítulos (como el 3 y el 4) en los que prácticamente no hay acción.
Y por supuesto el dibujo de Giorello, complementado de modo insuperable por el color de José Villarrubia, le imprime a la historia una fuerza increíble. Tanto en los momentos ominosos, como cuando hay que mostrar a milicos y príncipes rosqueando en un palacio, como cuando estalla el combate entre cientos (o miles) de soldados, cada uno con sus armas, cascos, caballos, etc., nuestro compatriota da cátedra de cómo se dibuja una historieta de aventuras. Criaturas fantásticas, chicas hermosas, bárbaros armados hasta los dientes, hechiceros malignos, palacios majestuosos, Giorello te dibuja todo con una elegancia y una potencia que te pone los pelos de punta. Por ahí hay un cierto abuso de los primeros planos (esos en los que Tomás deja ver en los rostros de los varones la sana influencia de Jorge Zaffino), en secuencias donde se podría haber contado lo mismo "de más lejos". Pero la verdad es que la entrega del dibujante es completa, y el resultado es formidable. Tengo que pensar mucho para recordar cuándo fue la última vez que leí un comic de Conan tan bien dibujado.
Se supone que la dupla Truman-Giorello llega a su cima más adelante, en la saga de King Conan, así que prometo entrarle pronto a un tomito que trae algo de ese material. Mientras tanto, si nunca leíste el Conan de Dark Horse, ya sabés que en Black Colossus te esperan una historia que tarda en explotar pero no está mal, y uno dibujos y un color alucinantes.
Me voy a España, año 2018, cuando se publica El Tesoro del Cisne Negro, una novela gráfica en la que el hiper-consagrado Paco Roca forma equipo con el diplomático y escritor Guillermo Corral, ahora convertido en guionista de historietas. Si el otro día cuando leía El Pacto del Letargo hubo momentos en los que flasheaba una novela de Arturo Pérez-Reverte, con El Tesoro del Cisne Negro llegué al punto de chequear si el argumento no estaba basado en una obra del maestro cartaginés. Esta es una novela absolutamente protocolar que, como todo trámite protocolar, avanza a un ritmo muy lento. La trama es muy atractiva, y tiene más de un punto de inflexión en los que gana nuevas capas de complejidad, para que los conflictos se tensen y uno no sepa cómo se pueden llegar a resolver. En general, es un buen guion, con buen desarrollo de personajes y un tratamiento serio y verosímil de una temática muy ganchera como es la aparición en nuestro milenio de un gigantesco tesoro hundido en el océano desde principios del Siglo XIX. Los dos problemas que encontré son: 1) el villano es un personaje sin matices ni dobleces. Desde la primera vez que aparece ya intuís que Frank Stern es un sorete, y en las 200 páginas de la novela Corral no hace más que ratificarlo. 2) una punta relevante de la trama se resuelve con una casualidad medio grosera, cuando Alex va al mismo restaurante que Stern y Moreno, el mismo día, a la misma hora. El resto está muy bien. Es una historia de verdad, memoria, justicia y dignidad, que se apropia de elementos del documental, de la comedia romántica, del thriller financiero y del courtroom drama tan popular en EEUU. Y tiene ese final agridulce, onda Raiders of the Lost Ark que me cerró por todos lados.
El dibujo de Paco Roca es sintético, adusto, con una economía de recursos muy notable. Por momentos me pareció estar viendo dibujos hechos a tinta sin lápiz previo, pero evidentemente la planificación de las secuencias de Roca es tan ajustada que no se puede hacer sin por lo menos bocetos bastante trabajados. Roca se esfuerza todo el tiempo para que el dibujo no llame la atención, no nos distraiga ni por un segundo de la historia. El dibujo está ahí porque filmar El Tesoro del Cisne Negro con actores en escenario reales era un kilombo y salía muy caro. Pero pareciera no tener ninguna otra función. El color sí, es muy generoso en climas, transmite muchísima emoción y funciona como un elemento importante en la narración. Es raro lo que me pasó con el dibujo, porque por un lado me gustó, y por el otro pienso que esto mismo lo podría haber dibujado un tipo mucho más genérico, más del montón, mucho menos talentoso que Roca, y habría funcionado de la misma manera. Y Paco podría haber dedicado los años que trabajó en este libro a otra obra con guion suyo, de esas que te masacran el alma. Pero bueno, se copó con este proyecto, le dio jerarquía y visibilidad a un guion muy consistente y no se le puede decir ni mu, porque el resultado es satisfactorio, lo mires por donde lo mires. Tengo un libro más de Roca sin leer, que supongo que llegaré a reseñar muy a fin de año, o ya el año que viene.
Y nada más. Muchas gracias a tod@s l@s que descargan la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Hicimos un laburazo y está bueno que llegue a destino. Nos vemos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 19 de agosto de 2022
NOCHE DE VIERNES
De a poquito se me van acomodando los horarios y empiezo a encontrar momentos para leer comics y reseñarlos, que para eso está este blog.
Sobre fines del año pasado, Loco Rabia y Belerofonte lanzaron el libro Nuggu y los Cuatro + La Niña de Sal, de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Los memoriosos recordarán que allá por 2007, Belerofonte había publicado en Uruguay un librito que traía Nuggu y los Cuatro. Cuando se anunció este, pensé que simplemente le habían agregado atrás otra serie de la dupla con una ambientación similar, como suele hacerse. Imaginate mi sorpresa cuando descubrí que La Niña de Sal no solo comparte ambientación con Nuggu y los Cuatro, sino que retoma a los personajes y los conceptos de aquella saga. O sea que a las 70 páginas originales se les sumaron 144 más, que forman parte de un mismo universo y resignifican lo que Eduardo y Quique nos habían contado en aquella primera saga. La única cagada que tiene el libro es que no ofrece información acerca de cuándo se realizaron estas historietas o cuándo fueron publicadas en Italia, su mercado original. El resto, todo alucinante.
Mazzitelli y Alcatena nos llevan a una versión fantástica y desaforada de Japón, donde conviven imperios poderosísimos, demonios ancestrales, hechiceros malignos, monjes, luchadores y todo de tipo de criaturas una más extrema que la otra. Como siempre, el guionista se las ingenia para contar pequeñas historias dentro de la historia troncal (que parecen ser dos, pero es una sola cuyo foco se desplaza un poquito), para mechar sutiles pinceladas de humor y algunos bloques de texto de increíble vuelo poético. Fiel a su costumbre, los guiones de Mazzitelli requieren de la violencia para resolver los conflictos, pero esta está bastante desenfatizada. Nunca llegan a ser historietas "de machaca", si bien proliferan las espadas, los ejércitos y los combates a todo o nada entre seres hiper-poderosos. Esta vez tenemos un héroe que realmente transpira la camiseta y la pasa mal para conseguir su objetivo, el rústico Togoro, quien recién alcanzará la paz en la última viñeta. Y dos chicas en roles muy destacados: Yaomi en el primer tramo y Okima en el segundo encerrarán las claves para que la historia avance y llegue a buen puerto. El trabajo que hace Mazzitelli con estos dos personajes es realmente muy notable. Como son historias pensadas para ser publicadas en episodios de 12 páginas, algunas incluyen peripecias que -miradas con un poquito de perspectiva- no aportan tanto al desarrollo global de las tramas, sino que están ahí básicamente para que no se vaya el episodio entero sin que "pase algo" que impacte al lector. Pero la lectura en libro, con toda la saga junta, no transmite la sensación de "esto está estirado al pedo", en lo más mínimo.
El dibujo de Alcatena está en ese nivel de esplendor al que se subió hace más de 30 años y nunca se bajó. Acá encontré algo infrecuente en la obra del ídolo: una página de 11 viñetas. Y no, no tuve un flashback traumático a la época en que leía las revistas de Columba. Quique pilotea con maestría el obstáculo de tener que meter todos esos dibujos y todos esos globos de diálogo en una sola página sin dejar nunca de maravillar al lector con su imaginación y su oficio para contar estas epopeyas, una más zarpada que la otra.
Recomiendo enfáticamente Nuggu y los Cuatro + La Niña de Sal, tanto a los fans de la dupla Mazzitelli-Alcatena como para quienes todavía no se aventuraron en los mundos fantásticos de estos dos genios de la historieta mundial.
Me voy contra dupla tremenda, la que integran Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Mucho después del final de Death Note, los demiurgos de aquel "shonen que redefinió el shonen" se volvieron a reunir para sumar algunas historias cortas que continúan y expanden la idea del manga original, y felizmente Ivrea las reunió en un librito muy copado.
Las tiras cómicas me parecieron malísimas. Las dos historias más breves, las de la infancia de L, están bien sobre todo por la impresionante calidad de los dibujos. Y las tres historias extensas son lo que realmente vale la pena. La saga de C-Kira se mete con el espinoso tema de los ancianos sin recursos, a los que tan caro resulta mantener en una sociedad envejecida como es la japonesa. Y con la eutanasia, así, en general, con la gente que vive porque no le queda otra pero -si le dan a elegir- preferiría morir. La saga de A-Kira tiene un guionazo, una intriga tensa, espesa, donde nunca tenés idea de qué puede llegar a pasar, qué nuevos volantanzos pueden llegar a pegar el propietario del Death Note y Ryuk, nuestro shinigami favorito. Es todo un gran in crescendo maligno, pasado de rosca, que va a terminar con una puñalada trapera por parte de... alguien. Una historia en la que alguien que no ambiciona el poder ni la riqueza desequilibra todo un mundo regido por esos "valores". Y la saga de Taro Kagami es la que baja a tierra el concepto del Death Note, porque esta vez no está en manos de un maestro de la manipulación, ni de un estratega genial, sino de un pibe más chico, de unos 13 o 14 años, que toma conciencia de a poco de lo zarpado que es poder decidir si los demás viven o mueren.
Las tres historias recuperan la sensación que me produjo la lectura del manga original, y en buena medida se debe a lo bien que narran estos dos monstruos. El dibujo apenas baja un poquito la calidad en la última historia (la de Taro), pero también mejora notablemente en las dos secuencias breves de la infancia de L. Así que visualmente esto es tan cautivante como los 12 tomos de Death Note. Solo lamenté que en estas historias no haya personajes femeninos importantes, que es algo que Takeshi Obata dibuja maravillosamente bien. Pero está todo muy bien logrado: el mundo de los shinigamis y el contraste con el mundo real, las expresiones faciales de los personajes, los sutiles toques que le mete a Near para dar cuenta de que pasó el tiempo... todo funciona tan bien como en el manga original. La traducción de Damián Gaggero, impecable.
Y ahora sí, creo que no hay más Death Note. Pero si cada tanto se juntan Ohba y Obata y se les ocurren ideas tan interesantes como estas para continuarla (o para continuar Bakuman, ¿por qué no?), cuenten conmigo, que acá hay un comprador incondicional.
Vuelvo pronto con nuevas reseñas. Gracias por el aguante, hasta entonces, y no dejen de descargar la nueva Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/, que está buenísima.
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jueves, 18 de agosto de 2022
CRACK BANG BOOM: TRES IDEAS PARA MEJORAR
Después de dos años de paréntesis forzado por la pandemia, Crack Bang Boom volvió y volvió en plena forma. No solo no se desarmó el equipo de producción, sino que se lo vio muy afilado, muy bien ensamblado. Y por si la gran convocatoria de público y la alta calidad de la propuesta no alcanzaran, se sumó también la noticia (la bomba, en realidad) de que la organización y la Municipalidad de Rosario firmaron un convenio que garantiza la realización conjunta de DIEZ ediciones más del evento.
Claramente se inicia una nueva etapa para Crack Bang Boom, que probablemente incluya la "mudanza" a otro predio dentro de Rosario, con las posibilidades que brinda este compromiso de largo plazo entre una organización privada (liderada por el maestro Eduardo Risso) y una estatal, el municipio de la ciudad que funciona como sede del evento.
En ese contexto, me parece que es un buen momento para proponer tres ideas que podrían elevar aún más la calidad de este evento que desde 2010 es pasión de multitudes y que tiene más que ganado un lugar de privilegio entre los fans y los profesionales de la historieta, dentro y fuera de Argentina.
1) SUMAR ACTIVIDADES APUNTADAS AL PÚBLICO INFANTIL
Crack Bang Boom es un evento de marcado perfil familiar, y sobre todo los sábados y domingos, asiste una gran cantidad de familias con chicos chiquitos. Hasta hoy, con once ediciones a sus espaldas, la convención no contempló a ese segmento etáreo en su programación. Las opciones para los más chiquitos parecieran ser participar del cosplay, ver el cosplay, o instar a sus padres a que les compren cosas en los stands. Me parece que la propuesta se enriquecería mucho si se incorporaran talleres de dibujo, concursos con preguntas sobre dibujos animados, pequeñas obras de teatro (con actores o con títeres), performances de narradores que cuenten cuentos, o cualquier otra de las típicas actividades que suelen verse en la grilla de la Feria del Libro Infantil, por poner un ejemplo cercano.
2) DEPURAR EL ÁREA COMERCIAL
Resulta increíble que, año tras año, las autoridades de la ciudad de Rosario brinden sus espacios públicos para que se venda con total impunidad una amplísima variedad de merchandising trucho. En los pabellones que CBB dedica a los stands comerciales, se ven invariablemente juguetes, mochilas, prendedores, tazas, posters, indumentaria y muchos otros productos realizados en forma clandestina por gente que vulnera los derechos de reproducción de franquicias internacionales como Star Wars, Harry Potter, Stranger Things, Los Simpsons, DC Comics, Marvel Comics y decenas de series de manga y animé de origen japonés, entre otras. Esto debería estar prohibido en un evento 100% privado, y mucho más en un evento donde un estado municipal forma parte de la organización. Sin dudas, es una práctica que debería alarmarnos, no solo por su carácter ilícito, sino porque no se condice con la jerarquía internacional del evento.
3) RECUPERAR LOS ESCENARIOS PARA EL ÁREA CULTURAL
Con el correr de las ediciones, cada vez más libros se lanzan en las fechas de Crack Bang Boom y las presentaciones de los mismos hegemonizan la programación que se puede ver en los escenarios previstos para las charlas. Gradualmente, la programación de las charlas se fue "tercerizando", en el sentido de que la grilla se llena con propuestas formuladas ya no por la organización, sino por los propios expositores: todos quieren un espacio en los escenarios para promocionar sus nuevos lanzamientos. Así, el área comercial coloniza espacios que deberían estar reservados a actividades culturales o de entretenimiento.
Con la cantidad de artistas, editores, comerciantes y demás profesionales vinculados al mundo de la historieta que asisten cada año a la convención, en estos escenarios se podrían generar charlas, debates, espacios de reflexión que enriquezcan la experiencia de los asistentes, y dejar que los expositores promocionen sus lanzamientos cada uno en su stand. De hecho, cuando desde la programación se proponen debates, o charlas temáticas donde los panelistas pueden exponer distintos puntos de vista sobre alguna problemática puntual, el público suele responder de modo entusiasta y los resultados son muy positivos. Las presentaciones de libros, en cambio, salvo honrosas excepciones, rara vez concitan el interés del público asistente.
NADA MÁS
Este es el aporte que me gustaría hacer, como alguien que asistió a 10 de las 11 ediciones de Crack Bang Boom: en las siete primeras fui expositor, en las tres primeras colaboré con la organización, y en las tres últimas fui simplemente como asistente. Desde distintos lugares observé distintos detalles y encontré estos tres puntos en los que -en mi opinión- todavía hay espacio para mejorar.
Contento por la vuelta de la única convención de Argentina a la que me resulta atractivo asistir, y agradecido por el buen trato que se nos brinda tanto a los profesionales como al público en general, celebro que haya Crack Bang Boom para rato y espero que algunas de estas ideas se puedan llevar a la práctica en esta nueva etapa.
miércoles, 10 de agosto de 2022
ACÁ ESTOY DE NUEVO
Estuve varios días totalmente absorbido por el cierre de la Comiqueando Digital, sin tiempo para leer comics, mucho menos para escribir acerca de ellos. El esfuerzo dio sus frutos (suele suceder) y la nueva entrega de la revista ya está disponible en https://comiqueandoshop.blogspot.com/, donde se puede descargar por muy poquita plata y acceder a unas notas tremendas, historietas gloriosas y contenidos audiovisuales exclusivos de primer nivel.
Vamos con las lecturas.
El Brujo es una historieta de autores chilenos que se publicó a lo largo de varios años y en distintas revistas, y que se recopiló este año en un tomo integral del cual tuve el privilegio de escribir el prólogo. El libro es un lujo, está armado con cariño, con jerarquía, por momentos hasta con picardía, y realmente tiene todo lo que cualquier fan de Román Farías (que así se llama El Brujo) quería ver en un integral. El punto débil de esta serie, breve pero de gran impacto entre los fans trasandinos, son los dibujantes. Uno tras otro, se suceden dibujantes con muy escasa onda, en su mayoría tributarios de la estética que imperaba en el mainstream yanki a mediados de los ´90: Scott Campbell, Joe Madureira, Humberto Ramos... esa onda, pero en versiones de menor calidad. Eso sí, con una paleta de colores totalmente distinta a la que usaban los comics de esos autores, obra de un hábil Carlos Badilla. Y con una puesta en página totalmente opuesta a la de los dibujantes a los que imitaban: acá todo está muy apretado, muy comprimido, las historias se narran en pocas páginas en las que pasan muchas cosas y hay muchas viñetas, algunas muy cargadas de texto. El Brujo es un comic abigarrado, agorafóbico, que por momentos te agobia por la cantidad de elementos que hay en cada página. Estas mismas historias, contadas en más páginas, con más aire para que el dibujo se luzca (ponele) se verían mucho mejor.
Los guiones de Brian Wallis y Francisco Inostroza están muy bien, porque son 100% en joda. La idea de crear un superhéroe que en realidad es un joven chileno medio garca los lleva enseguida al terreno de la comedia, donde se mueven con mucha soltura. La aventura más divertida es la que está escrita más en joda, la menos aventurera, que es la del casting de supervillanos. Ahí Wallis demuestra ser un alumno aventajado en las cátedras que dictaron Keith Giffen y J.M. DeMatteis en su Justice League, a la que por supuesto le tira homenajes y referencias copadas. También hay mucha referencia a la cultura pop de los ´90, desde Ren & Stimpy a las cámaras ocultas de VideoMatch. Así que son unas cuantas páginas muy entretenidas.
Esto mismo, con historias menos comprimidas y dibujantes más capaces, podría ser un clásico que trascienda ampliamente sus coordenadas temporales y geográficas. Pero bueno, les tocó en suerte esta narrativa tan sobrecargada y dibujantes que quizás ahora superaron este nivel, pero lo que muestran en El Brujo es bastante inconsistente, especialmente en el caso de Javier Bahamonde. Yo conocí a El Brujo cuando mi amigo Francisco Inostroza me mandó este libro en .pdf para invitarme a escribir el prólogo. Y la verdad que me pareció una idea muy atractiva, cuyo desarrollo por ahí no resultó tan eficaz, pero que para pasar un rato y rememorar las boludeces de los ´90, está muy bien.
Entre los años 2014 y 2015, el maestro británico Brendan McCarthy produjo para Dark Horse una obra fascinante llamada Dream Gang, luego recopilada en libro en 2016. El argumento es una epopeya fantástica en el mundo de los sueños: la clásica aventura de buenos contra malos que aspiran a destruir la realidad toda, pero ambientada en un universo onírico, con reglas más extrañas que las de cualquier otro mundo fantástico que puedas imaginar. Es una fórmula clásica, pero fresca, muy bien condimentada con ideas atractivas, buenos diálogos y algo de desarrollo de personajes. En ese aspecto, McCarthy todavía tiene muy marcado el genoma de la 2000 A.D., donde todo está jugado al plot y rara vez se le da bola al desarrollo de los personajes, y ese puede llegar a ser el único punto algo insatisfactorio de Dream Gang.
Todo lo demás es un festival de imaginación, magia y audacia creativa pasada de rosca. La trama avanza a un ritmo cautivante, los peligros se siente reales, el final es brillante, quedan ventanitas por las que volver si alguna vez el autor decide hacer una secuela, y la extensión de la obra es la ideal para lo que quería contar McCarthy. Pero seamos sinceros: cualquier hallazgo que encontremos en el guion es un bonus track. Todos nos compramos los comics de McCarthy por los dibujos, y medio que los guiones nos chupan un huevo. Blanqueado ese punto, estoy en condiciones de afirmar que el dibujo de Dream Gang es perfecto. Es esa narrativa clásica, casi adusta, de los autores de la 2000 A.D., que identificamos con (por ejemplo) Carlos Ezquerra o Steve Dillon, combinada con un trazo mágico, psicodélico, lleno de yeites heredados de Moebius y Philippe Druillet, pero absolutamente personal. Y por supuesto con ese coloreado alucinante que caracteriza desde siempre al genio salvaje que es McCarthy.
Visualmente, Dream Gang es un comic insuperable, que te hipnotiza en la primera secuencia y te lleva a delirar por climas, paisajes y momentos asombrosos, que te quitan el aliento. Si sos fan de Brendan McCarthy, ni hace falta que te lo recomiende. Y si no, este es un buen punto de entrada al universo desaforado y demencial de este genio del Noveno Arte.
Para cerrar, breve mención a La Sonrisa de Duchenne, una historieta corta de Damián Connelly que salió en formato de comic book de 20 páginas. A pesar de los climas oscuros y la temática sumamente perturbadora, la historia no me logró atrapar. Me pareció que había mucho impacto pero poca sustancia. Por otro lado, el de la gráfica, me encantó ver a Connelly más suelto, más libre, cada vez más cerca de despegarse de ese realismo foto-dependiente que adoptó desde que volvió a dibujar. Sin dudas ese es el camino a seguir.
No sé cuándo voy a volver a postear en el blog, pero seguramente habrá más reseñas en algún momento. Y nos cruzaremos durante el finde con quienes asistan a Crack Bang Boom. No sean ortivas y saluden. Gracias y hasta pronto.
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viernes, 29 de julio de 2022
VIERNES SOLEADO
Hermoso mediodía en Buenos Aires, y de nuevo tengo un par de libritos para reseñar.
Empiezo con la nueva edición de Fantaciencia, una historieta de Mauro Mantella y Leandro Rizzo que ya había leído hace muchos años (2008, probablemente), cuando se publicó en blanco y negro. El trabajo de Marcelo Blanco a cargo del coloreado es muy bueno, se acopla muy bien al dibujo de Rizzo. Y el dibujo es también notable, con un nivel de detalle apabullante y el desafío que resulta dibujar un guion tan complejo como el que entregó Mantella para un Rizzo que todavía no estaba tan curtido. Hay que tener mucho coraje para agarrar un guion así, tan plagado de referencias visuales que hay que plasmar en todas y cada una de las viñetas. Con un buen balance entre dinamismo en las escenas de acción y un trazo elegante, rico en texturas, la faceta visual de Fantaciencia funciona como un relojito y respalda con solvencia el ambicioso guion de Mantella.
Un guion que está muy bueno, pero que desborda ampliamente las 64 páginas en las que se desarrolla. Hay un montón de ideas fascinantes, pero comprimidas en un espacio tan acotado que algunas no se llegan a explicar del todo y otras sí, pero no se terminan de aprovechar. Con un aplomo digno de guionistas con 30 o 40 años de trayectoria, Mantella tira conceptos complejos, elevados, que requerían por ahí más elaboración en la propia historieta. Y además asume el desafío de integrar esos conceptos a un relato de aventuras, con peripecias, buenos, malos y demás. Esto último está logrado, con personajes que no logran lucirse con todo su potencial (precisamente por el escaso espacio) pero que sin duda son atractivos. Acá había material como para 10 ó 12 comic books, y Fantaciencia termina en el 3.
El tema de las infinitas referencias a otras obras de ficción es muy interesante... hasta un punto. Entiendo que para algunos lectores pueda ser excesivo, como si Mantella estuviera en plan canchero, esforzándose por mostrar lo mucho que sabe, como el alumno buchón que levanta la mano y dice "¡Profe, yo estudié!". Ya lo hemos bardeado al mismísimo Alan Moore por hacer eso mismo en From Hell, así que lo de Mantella también podría entrar en terrenos polémicos, si bien el universo al que referencia es claramente más accesible. Al final de la historieta hay 11 páginas en las que Mauro explica viñeta por viñeta cada una de las referencias, y se pueden leer o no. No es que sin eso no se entienda la historia.
Más allá de estos desbordes, Fantaciencia es un ejercicio narrativo arriesgado, inteligente, que abre puertas para todos lados y que amerita no una sino varias secuelas, porque los conceptos que tira Mantella son de una fertilidad pocas veces vista. ¿Viste que a veces a una buena aventura los hinchapelotas le pedimos un poco más? Bueno, Fantaciencia tiene mucho más. El tema es el espacio en el que se pudo desarrollar.
Me voy a España, año 2020, cuando el maestro Miguelanxo Prado publica el que hasta ahora es su último trabajo: El Pacto del Letargo, una novela gráfica de 100 páginas muy atractiva, muy bien resuelta, aunque muy atípica dentro de la obra del genio oriundo de Galicia. El Pacto del Letargo es una historia que nunca me imaginé que a Prado le interesaría contar, por lo poco que tiene que ver con los universos de ficción por los que suele moverse el autor. En sus cuatro décadas en la profesión, Prado hizo prácticamente de todo, pero la verdad que acá me sorprendió con la elección del tema y del tono. La historia nos cuenta cómo despiertan en nuestro presente dos razas de criaturas mágicas que alguna vez poblaron la Tierra: una más cercana a las hadas y los duendes y otra más dark, más cercana a los demonios. Hay un conflicto entre estas dos facciones, hay humanos comunes y corrientes metidos en el medio, y hay una aventura a todo o nada, que avanza lento, de manera bastante protocolar, porque Prado quiere que todos estos conceptos fantásticos se integren sin hacer demasiado ruido a un contexto 100% realista. El 75% de la novela gráfica no tiene acción y tiene a las criaturas fantásticas tan bien camufladas entre los humanos que ni te acordás que están ahí. Esto le permite a Prado buscar un tono de realismo, de costumbrismo, como si estuviéramos leyendo una novela de Arturo Pérez-Reverte, de esas en las que la aventura tarde o temprano explota, pero generalmente tarda en llegar.
Además de la fantasía y de ese pedacito de epopeya que cobra importancia sobre el final, El Pacto del Letargo nos invita a pensar en el rol de los humanos en nuestro planeta, sobre todo a través de los diálogos en los que el autor explora las motivaciones de Xamaín, el capo de los demonios. El dilema moral está bien logrado, porque por momentos uno empatiza con este personaje, que vendría a ser algo así como el villano. Pero si bien Xamaín sueña con un genocidio que extermine a la humanidad, en la trama tenemos villanos humanos a los que Prado retrata como personajes aún más venales y abyectos. O sea que hay varios niveles de conflicto, no está todo jugado al clásico ancestral entre criaturas mágicas "buenas" y "malas".
No sé si le salió a propósito o sin querer, pero Prado logró una obra 100% apta para todo público, que tranquilamente podría convertirse en una película de Disney o en una miniserie de Netflix (aunque habría que agregarle tres o cuatro personajes afroamericanos). Por ahí en unos meses, tenemos la versión con actores de El Pacto del Letargo, andá a saber...
Y en cuanto al dibujo, es increíble cómo el maestro sigue evolucionando. En su obra anterior (Presas Fáciles, reseñada el 18/02/18) se había animado a volver al blanco y negro. Ahora se anima a reencontrarse con la línea y a darle mucho protagonismo, sobre todo a la hora de dibujar rasgos faciales. Como siempre, tenemos paisajes majestuosos, personajes de una expresividad acojonante, texturas y colores que le agregan al dibujo una belleza indescriptible y una habilidad maradoniana para la narración y la puesta en página. Tengo algunos "peros" menores con algunos diálogos (los personajes se nombran mucho entre ellos y explican demasiado algunas puntas de la trama) pero en general, me parece que El Pacto del Letargo es un comic maravilloso, que se puede recomendar tranquilamente a lectores de todas las edades.
Y nada más, por hoy. Atenti si sos fan de Prado, que por ahí te damos una sorpresa muy pronto. Gracias y hasta pronto.
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miércoles, 27 de julio de 2022
MIERCOLES GRIS
Mediodía gris y lluvioso en Buenos Aires, pero no tan frío, por suerte. No está mal para sentarse a reseñar unos libritos.
Empiezo con la esperada edición argentina de Cuentos de Terror, un tomo que recopila las 11 historias cortas de este género creadas por Carlos Trillo y Eduardo Risso para la editorial italiana Eura en la década del ´90. Inexplicablemente, no todas estaban publicadas en castellano hasta que Historieteca y Puro Comic lanzaron este libro. Ahora, por suerte, lo único que queda inédito de la brutal producción de la dupla para la Eura es Chicanos, de la que solo se publicó un pedacito en Argentina.
Este tomo arranca con dos historias magníficas, sin elementos fantásticos. Los protagonistas son monstruos reales, posibles, tan reales y tan posibles que duele. Son cátedras de mala leche, escritas por un Trillo despiadado, que busca la revulsión y el asco en el lector, y lo logra con unos textos perfectos (felizmente escritos en argentino) y con un manejo del suspenso que hace que las historias se resuelvan en la última viñeta con giros magistrales e impredecibles. La tercera historia (ya con un fantasma involucrado) me interesó menos, la cuarta es buenísima pero sería mejor si fuera más corta, y la quinta también: su único atractivo está en el remate, lo que torna tedioso el desarrollo.
La sexta es brillante y la séptima es una idea que está tan buena que no dudo que Trillo debe haber barajado la posibilidad de convertirla en un álbum de 46 páginas... o incluso en una serie de varios álbumes. La octava es una de mis favoritas (por eso la publicamos en un número de Comiqueando, allá por 2005), una obra maestra de la crueldad. La novena es un chiste gracioso, pero estirado para que dure 14 páginas. Los bloques de texto son hermosos, pero la trama daba para mucho menos. La décima propone revisitar la historia clásica de Frankenstein y traerla al presente, con muy buen resultado. Y la última también, es una clásica historia de personajes abyectos, amorales y con pésima leche de las que tanto le gustaba escribir a Carlos.
El dibujo de Risso es glorioso en las 11 historias, no hay una sola tirada a chanta, nada que sugiera que esto fue dibujado a los santos pedos, o derivado a asistentes menos diestros que el león de Leones. Hay riesgo en la puesta en página, hay un claroscuro de alto impacto, fondos laburadísimos, personajes de enorme expresividad... Esto es un lujo, de verdad. Y como siempre, cuando un guionista juega al misterio, a esconder revelaciones para sorprender al final de la historia, necesita que el dibujante "mueva la cámara" con inteligencia y sutileza para no darle al lector información que le cague la sorpresa. Risso hace eso en todas las historias que requieren ocultar datos hasta el final, con verdadera maestría. Un libro realmente muy recomendable, con el que la vas a pasar muy bien, aunque no te interese demasiado el tema de las momias, fantasmas, vampiros y monstruos varios.
Por fin, después de muchos años, logré leer Empire en su totalidad. Esta saga creada por Mark Waid y Barry Kitson a fines de los ´90 había quedado trunca cuando la lanzó Image, y años más tarde fue publicada como corresponde (en TPB) por DC. Es muy loco que un comic de DC, sin el logo de Vertigo ni ningún otro, incluya garches, puteadas y violencia hiper-explícita, pero bueno, se dio así. Por supuesto esto es creator-owned, no está integrado a ningún tipo de continuidad... aunque no estará mal que pasara algo así en alguno de los universos tradicionales poblados de superhéroes y supervillanos...
El planteo de Empire es muy atractivo: hace 10 años, un supervillano con alto poderío intelectual y tecnológico (y ningún escrúpulo) llamado Golgoth emprendió la conquista del mundo, y ahora lo tiene bajo su yugo. Sometió a los gobiernos, eliminó al superhéroe que osó confrontarlo, se quedó con todo lo que quería poseer y más. ¿Y ahora? ¿Qué onda? ¿Es feliz? ¿Se puede relajar, o tomarse vacaciones? No. Ahora es un gobernante, y tiene que estar más alerta que nunca a las intrigas palaciegas y los intentos de desestabilización que cada tanto aparecen en algún país medio perdido en el mapamundi.
El guion está muy bien llevado. Lo que yo pensé que iba a ser el talón de Aquiles de Golgoth, lo que lo iba a empujar al abismo, no lo fue. El que creí que lo iba a traicionar no lo traicionó. Mezcla de Luthor y Dr. Doom, Golgoth es un personaje complejo, trágico, que sufre pérdidas enormes en su derrotero hacia una gloria que no parece disfrutar, sino más bien padecer. Waid lo rodea de un elenco de secundarios muy atractivo, con personajes atrevidos, astutos, y sobre todo corruptos, como debería ser cualquier villano que aspire a quedarse con el poder absoluto. Acá no hay dudas, nadie busca la redención, todos saben que el imperio de Golgoth se sostiene en su poderío militar, su manipulación de los medios masivos y su accionar implacable y despiadado contra cualquiera que se le subleve. Maquiavelo puro y duro, en un mundo donde alguna vez hubo superhéroes (y esperanza) y hoy hay solo desolación, autoritarismo y sordidez. La trama de Empire se parece poco a las otras obras de Waid que conozco, y amplía mi percepción de lo que el hábil guionista oriundo de Alabama puede hacer y crear en este medio. Con eso solo alcanzaría para recomendarlo, pero además es una muy buena historia, orquestada con clase, y obviamente con mala leche.
El dibujo de Barry Kitson acompaña muy bien al guion. Sus diseños de ciudades, vehículos, armas y trajes son excelentes, una especie de modernización de la estética que inventó Jack Kirby cuando tuvo que vestir y equipar a los New Gods. Los dos coloristas lo complementan muy bien y en la narrativa sabemos que Kitson no tambalea nunca, es un relojito.
Y nada más. La verdad que me voy contento, porque me tocaron dos librazos. Nos reencontramos pronto (espero) con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 22 de julio de 2022
POR FIN DE REGRESO
Nunca creí que iba a estar tantos días sin postear, pero bueno... se dio así. El número de Comiqueando Digital que se viene en Agosto me tiene prácticamente esclavizado y además surgen otras cosas que hay que hacer y resolver. Pero bueno, acá estamos.
Empiezo en Chile, donde el maestro Gonzalo Martínez autoeditó un libro que reúne sus primeros trabajos, historias cortas realizadas entre 1987 y 1997 para publicaciones del país vecino que acá en Argentina casi nadie escuchó nombrar jamás. Alguna vez mencionamos (pero el público se renueva) que Martínez es arquitecto y se volcó a la historieta recién a los 26 años, a diferencia de la mayoría de los pibes que empiezan el largo camino del profesionalismo sobre el final de la adolescencia, o a los veintipocos. Este libro nos permite descubrir sus inicios, cuando estaba a años luz del estilo con el que hoy lo identificamos los lectores de toda el habla hispana.
Al principio, Martínez era el típico dibujante que, fascinado por Moebius de los ´70, buscaba un dibujo realista y lo llenaba de puntitos y rayitas. En cualquier fanzine argentino de los ´80, o en el Óxido de Fierro siempre había varios de esos. Después descubre a Mike Kaluta, Jeff Jones y Barry Windsor-Smith y empieza a coquetear con la estética pre-rafaelista y ya para los años ´90, en las últimas historietas, tenemos cuadros que parecen inspirados en el Eduardo Risso de Caín o Fulú. Con todo eso, más sus propios recursos, Gonzalo sintetiza un trazo bastante personal, que va a seguir depurando hasta llegar a sus obras más conocidas, que son las posteriores a 2005. Todo esto es un largo Secret Origins, o un Year Zero, de la carrera de un autor hoy absolutamente afianzado.
De todos modos, lo más asombroso de esta colección de historias cortas no es la evolución gráfica de Martínez, sino que todos los guiones son suyos... ¡y algunos son muy buenos! Aún desde la juventud y la inexperiencia, aún con la limitación de que casi no hay relatos que superen la seis páginas, en Chilean Apples nos vamos a encontrar con ideas y desarrollos que tienen poco que envidiarles a los de los guionistas profesionales. Hace años que Martínez no trabaja con guiones propios, pero no tengo dudas de que si algún día junta coraje para volver a hacerlo, nos va a volver a sorprender.
Si ya seguís a este referente absoluto del comic chileno actual, este libro te va a completar muchísimo el panorama. Si nunca leíste obras de Gonzalo Martínez, yo empezaría por las más actuales.
Una vez por año, cuando hacemos el balance del año en el Podcast de Comiqueando, repasamos las listas de las historietas más vendidas en Italia y siempre nos sorprende encontrarnos con que entre las diez primeras suele haber cuatro o cinco de Zerocalcare, y siempre el libro más vendido del año es uno de este autor oriundo de Roma. O sea que cuando Reservoir Books tuvo la astucia de distribuir en Argentina una novela de este monstruo publicada en castellano en el 2017, me venció la curiosidad y me tiré de cabeza, para tratar de comprender, o de experimentar de primera mano, este verdadero fenómeno.
Bueno, a lo largo de las más de 260 páginas de Kobane Calling me convencí de que Zerocalcare es un genio. Un narrador formidable, un dibujante exquisito (muy en la línea de lo que nos mostró Juan Caminador en Segunda Venida) y un tipo que sabe meterse con una temática áspera, fuerte, y aún así no tomársela del todo en serio. La novela gráfica en cuestión es autobiográfica, y narra dos viajes de Zerocalcare y sus amigos al Kurdistán, esa zona de eterno conflicto entre Irak, Turquía y Siria, donde el Isis juega de local y donde hace 40 años apareció la resistencia del pueblo kurdo contra el estado islámico. Zonas de guerra permanente, donde cada tanto pasan aviones yankis a bombardear y donde las guerrillas resisten los ataques de milicias de fanáticos religiosos que no tienen reparo en degollar, secuestrar o violar a quien se les ponga enfrente. Con este contexto, un monstruo como Joe Sacco te hace una novela gráfica desgarradora, que te estruja el corazón a fuerza de crímenes de lesa humanidad. Pero el astro italiano no se copa con el enfoque periodístico. Todo el tiempo te subraya que el conflicto está visto desde los ojos de un pibe de clase media, de 32 años, fanático de los comics, el animé y los videojuegos, bastante ingenuo y en un punto boludón. Por momentos busca algo así como la objetividad, pero casi siempre narra desde la emoción, desde los sentimientos que el despierta esta proto-nación (el Rojava) surgida del aguante y de valores que Occidente bien haría en adoptar como propios.
Por su estructura episódica, y por el espesor (dramático pero también geopolítico) de lo que cuenta, Kobane Calling es un libro para leer de a poco, ni en una sentada ni en tres. Hay que clavar pausas, digerir, pensar, y eventualmente seguir avanzando. Los dibujos de Zerocalcare, los chistes que mete, las acotaciones bizarras o ridículas con las que rompe (de a ratos) ese clima agobiantes, son sin dudas el motor, lo que tira para adelante y hace que no quieras soltar el libro aunque las situaciones sean muy heavies. Lo de meter chistes y acotaciones limadas ya lo había hecho antes Guy Delisle en sus crónicas de viaje, pero la verdad que Zerocalcare dibuja mejor, y por algún motivo, logró que me identificara más con él, o con su mirada. Con las obras de Delisle a veces me pasaba que sentía que se estaba burlando de la gente de estos países exóticos que recorría. En cambio en Kobane Calling hay un respeto infinito, una admiración conmovedora por parte del autor hacia estas mujeres y hombres que desde unas montañas perdidas en la Concha de la Lora combaten por ideales que lo emocionan a él, y que logra que nos emocionen a nosotros, que estamos todavía mucho más lejos del conflicto que los tanos.
Recomiendo enfáticamente Kobane Calling y me pongo a rastrear más historietas de Zerocalcare, en el idioma que pinte.
Gracias por el aguante y espero volver a postear pronto.
miércoles, 13 de julio de 2022
TARDE DE MIÉRCOLES
Hermosa tarde en Buenos Aires, con un solcito muy copado, ideal para sentarse a escribir unas reseñas.
Empezamos en EEUU, año 2017, y por primera vez en muchos años, le entro a un comic de Valiant. Creo que nunca había leído nada de los títulos que están en la continuidad, en el universo heroico de la editorial. En este tomo de Ninja-K me encuentro con que supuestamente es un Vol.1, el inicio de una serie del personaje, pero el guion de Christos Gage hace un montón de menciones a cosas que pasaron antes, en otras revistas que no leí. O sea que es un falso inicio, muy vinculado a sucesos importantes que transcurrieron antes, en sagas que desconozco y de las que entendí lo mínimo indispensable (o quizás menos) gracias a las menciones que se hacen en estos números.
El personaje principal es Colin King, un super-espía al estilo James Bond que no se casa con ninguna agencia de inteligencia, sino que ofrece sus servicios a la que le pone la tarasca. Además, Colin tiene un entrenamiento ninja de la San Puta y combina armas tradicionales japonesas con chiches tecnológicos que le dan enormes posibilidades en combate. Y por si fuera poco, tiene guita y es fachero. Uno enseguida se pregunta "¿Por qué este tipo no es feliz?", y por suerte Gage también se lo pregunta, y se propone indagar en la mentalidad de Colin y su ineptitud para construir relaciones afectivas con la gente que le importa. Por supuesto el foco no está puesto ahí, sino en la machaca. Ninja-K es un thriller explosivo, a pura acción, apoyado en la clásica trama de "la agencia de espionaje que garca a sus propios espías hasta que alguno se da cuenta y se da vuelta para combatirla". Y funciona bastante bien. Tiene buen ritmo, los diálogos están bien, la trama se resuelve cuando se tiene que resolver, y prácticamente no deja cabos sueltos.
Además, hay una historia complementaria que repasa los orígenes del Programa Ninja, desde el Ninja-A en adelante, como para entender mejor cómo se vinculan estos asesinos con el espionaje británico (me olvidé de mencionar que Colin King es británico y labura principalmente para el MI-6). La verdad que esa segmento no explica mucho, pero le da mucha chapa al Ninja-A y tiene muy lindos dibujos de Ariel Olivetti, al que le sienta muy bien la ambientación de la Primera Guerra Mundial. En el tramo ambientado en el presente, hay algunas páginas dibujadas por Juan José Ryp, no feas, pero por debajo del nivel habitual del capo español. Y todo el resto lo dibuja a un nivel superlativo otro maestro argentino, Tomás Giorello, magníficamente complementado por los colores de Diego Rodríguez. El trabajo de Giorello es realmente apabullante: el despliegue, el dinamismo, los detalles, los fondos, la iluminación, esos momentos medio zaffinescos, la claridad con la que narra... Tomás se luce tanto en las escenas de diálogo y psicopateada mental como en los estallidos de acción que desparraman violencia y alto impacto por todas partes.
En fin, si no te ahuyenta la temática de los super-espías, los black-ops, los ninjas y la machaca pasada de rosca, Ninja-K probablemente te atrape. Y aunque nada de eso te llame la atención, el dibujo de Tomás Giorello seguramente te va a hacer decir "pará un poco, hijo de puta, estás humillando a todos los demás dibujantes de la editorial".
Me vengo a Argentina, año 2021, para leer Macklemore, una novelita gráfica de 64 páginas a todo color, donde por primera vez forman equipo dos autores de la misma generación que son amigos desde hace mil años: Rodolfo Santullo y Nicolás Brondo. La trama de Macklemore nos lleva a un futuro post-apocalíptico, donde los humanos que siguen vivos lo hacen a duras penas, en un desierto asediado por la escasez de agua y alimentos y por la presencia de plantas carnívoras gigantes. No sabemos casi nada del protagonista, pero es un tipo canchero, habilidoso en el manejo de la katana, pícaro para resolver situaciones límite vinculadas al combate y poco dado a los vínculos con los otros sobrevivientes. Un clásico héroe (o antihéroe) de acción, al estilo Mad Max, si no fuera porque a Santullo se le va un poquito la mano con el tema de los diálogos graciosos. Eso que en Ladrones y Mazmorras queda bárbaro, acá me parece que sobra. Que la trama daba más para un tono más parco, menos jocoso. Pero dentro del delirio de las plantas gigantes, los robots gigantes y el tipo duro y grosso que le gana a todos, la historia funciona bien, avanza a buen ritmo, no deja cabos sueltos y resulta entretenida.
El dibujo de Brondo también transmite esa onda dinámica, desaforada, brutal, y se apoya en un excelente trabajo de color y de aplicación de tramas mecánicas. No creas que está todo dibujado al increíble nivel de la portada: adentro te vas a encontrar con viñetas más elaboradas y otras resueltas medio a los pedos. Pero el color ayuda a que todo parezca más homogéneo y más sólido. Este es un Brondo apenas un poquito más salvaje que en Manta: se suelta un poco más de la referencia fotográfica, porque puede inventar locaciones y criaturas que no existen, pero a la hora de dibujar los rostros de la gente, va derecho a ese intento de realismo que vimos en Manta y en The Beatles. De hecho tiene bastante protagonismo un nene al que Nico le pone los rasgos de su hijo, Valentín. Lindo gesto, pero no hacía falta. Como ya mencioné alguna vez, me gustaba más el Brondo más expresionista, más ido al carajo, que este Brondo más pendiente de que anatomía, rostros, vehículos y armas se ajusten a la realidad.
No me volvió loco Macklemore, pero para entretenerse un rato, está bien. Santullo y Brondo son narradores natos, con mucho oficio y a la obra no le faltan ideas y giros para generar impacto en el lector. Si no le pedís más que eso, te va a gustar.
Y nada más, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, los comentamos acá en el blog. Será hasta entonces.
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domingo, 10 de julio de 2022
DOS ZARPAD@S DE MIERDA
Tengo para reseñar dos libros que me shockearon por lo zarpado de sus contenidos. Hoy que hay tanto cuidado por no ofender, o no provocar impactos negativos en los lectores, este tipo de material cobra una relevancia muy interesante, muy enriquecedora.
Nejishiki es una recopilación de historias cortas de Yoshiharu Tsuge, un autor japonés ya anciano, que desde los años ´60 fue parte de la vanguardia, del selecto grupo de mangakas que -principalmente desde las páginas de la revista Garo- se animaron a darle un perfil autoral y experimental al manga. De las once historietas que compila este tomo solo dos se presentaron en la Garo, y el resto está tomado de distintas publicaciones. El material más antiguo data de 1968 y el más reciente, de 1980.
Más allá del valor experimental de su obra, lo primero que llama la atención de Tsuge es lo mal que dibuja. Una mirada superficial a este libro, hará que lo dejes en la batea sin dudarlo, porque el dibujo es tosco, poco inspirado, desprolijo. Cuando ves un fondo bien hecho es porque está copiado de fotos, y generalmente puesto en la misma viñeta que personajes tan feos, y con tan poca plasticidad, que decís "pará, flaco, yo dibujo mejor que este hijo de puta". La perspectiva no existe, la anatomía es precaria, la iluminación está jugada al cross-hatching excesivo y sin gracia... Visualmente no encontré nada para rescatar, salvo una historieta, "La Hinchazón del Exterior", que es una especie de poema onírico muy limado, y que Tsuge dibuja en un estilo pictórico, basado en pinceladas de algo que parecen ser aguadas. No me gusta el resultado, para nada, pero me gusta la idea que tuvo el autor de cambiar totalmente de estilo para acompañar las ideas que se le ocurrieron.
Pero vamos a los argumentos: en la primera historia, un tipo que está herido va a pedirle ayuda a una ginecóloga y termina por violarla. En la segunda, un tipo abusa de una chica con discapacidad mental y luego termina por formar una pareja con ella. En la tercera, un tipo viola a una mujer que está intentado rescatar a su hijito de un desagüe. La cuarta es apenas un boceto, el dibujo es tan precario que no la pude leer. En la quinta, un tipo aprovecha una fuerte tormenta para abordar carnalmente a una mujer. En la siguiente, un marido viola a su esposa, la golpea y le mete una botella de Coca-Cola en la concha. En la séptima hay unos pajeros que contemplan a una mujer desnuda, pero no la llegan a tocar. La octava es ese delirio onírico dibujado con otra técnica. En la novena, un sátiro viola a otra mujer. La décima también va por el lado de los sueños, y tampoco hay sexo de ningún tipo. Y la última es una locura, que trata de ser dramática pero suma un elemento fantástico tan limado (manos vivientes de una mujer que murió) que queda en el limbo de la bizarreada.
Evidentemente, a Tsuge le obsesionaba el tema del sexo forzado, y cualquier excusa le parecía buena para que una mujer termine ultrajada por un hombre. El impacto, el shock, están logrados. Falta el resto: buenos argumentos (creo que en otros trabajos de Tsuge los voy a encontrar) y buenos dibujos (eso ya lo veo más complicado). Esto mismo, dibujado por Suehiro Maruo, tendría mucho mejor sabor, sin perder el filo de lo prohibido, o de lo atroz.
Me vengo a Argentina, año 2021 (ya no me falta tanto para terminar de leer todo lo que se editó el año pasado) para descubrir a una autora de la que conocía muy poco: Xina Ocho. Su primera obra extensa se llama Inframundo, y es realmente increíble. El dibujo es original, es vibrante, es versátil (por momentos cambia para mostrar un trazo distinto), el color es brillante, la tipografía de los diálogos es exquisita, la puesta en página es sorprendente (¡esas secuencias de 12 viñetas!) y -por si faltara algo- el argumento es muy atractivo, muy potente.
La historia arranca en tono cuasi-autobiográfico, o confesional, y parece querer contarnos lo chota que es la vida de una chica que bien podría ser la propia Xina Ocho. Pero las frustraciones, las broncas, las inseguridades, las fobias, y el arruine de muchas noches de sexo, drogas y una música que yo me imaginé electrónica, se empiezan a materializar en una especie de personaje-concepto que va a cobrar protagonismo y le va a dar a Inframundo un tinte de realismo mágico. Una fantasía demasiado real, en la que Carolina va a convivir con sus demonios, y cuando se descuide, va a estar totalmente poseída por el Lado Oscuro. Cuando arranca el capítulo 7, la historieta ya pegó un giro alucinante y pasa a ser una especie de versión trippy de El Otro Yo del Dr. Merengue. Sin dudas es la parte más impactante, más tremenda, incluso más tremenda que las escenas en las que Carolina (drogada y borracha) se atraganta mientras practica sexo oral en un baño y le vomita la chota a un pibe.
Xina Ocho nos muestra la puntita de un debate fascinante acerca de los costos y beneficios de mandar al carajo toda inhibición y salir a vivir sin miedos, con los tapones de punta, caiga quien caiga y se ofenda quien se ofenda. Y lo hace con un ritmo atrapante, con excelentes diálogos y con honestidad brutal. Cualquier obra capaz de generar revulsión en el lector ya es -de por sí- notable. Inframundo además te deja pensando, te cautiva con el dibujo y el color, y te hiere con un baldazo de realidad fría, incómoda como tampón de virulana. Me imagino lo que te debe provocar este comic si además te identificás con la protagonista, ya sea por el lado del género, la edad, la profesión, o alguna de las otras (muchas) aristas de un personaje rico y complejo como pocos en la historieta argentina reciente. Obviamente me hice fan de Xina Ocho y quiero leer cuanto antes más obras suyas.
Sigo dándole átomos al número de Comiqueando Digital que se viene en Agosto. Ni bien pueda, vuelvo a postear reseñas, acá en el blog.
jueves, 7 de julio de 2022
NOCHE DE JUEVES
Tal como lo suponía ayer, hoy vamos con las reseñas de un par de libritos que tengo leídos, ambos bastante recientes.
En 2020, para festejar el 80º Aniversario del Joker, DC publicó una antología de 100 páginas que incluye 10 historietas inéditas protagonizadas por el principal villano de la editorial, casi todas de ocho páginas. Algunas intersectan con momentos concretos de la historia canónica del Joker y otras no, pero no es eso lo que importa en este tipo de especiales, me parece. Vamos a recorrer el material.
La primera historia se queda en el impacto y la mala leche, no va más allá. El guion de Scott Snyder amaga con levantar vuelo, pero no llega. El dibujo de Jock, maravilla absoluta. La segunda, a cargo de James Tynion y Mikel Janín, son como un complemento a aquel número de Batman en el que nos narraron el origen de Punchline. Los diálogos están muy buenos y el dibujo, muy frío. La tercera es más corta (seis páginas en vez de ocho) y está bien, porque es un chiste largo. La idea de Gary Whitta y Greg Miller es buena, y el dibujo de Dan Mora es preciso y precioso. Pero si la estiraban más, perdía totalmente la gracia. La cuarta historia, a cargo de los maestros Denny O´Neil y José Luis García López, es una especie de prólogo encubierto a The Killing Joke: acá nos enteramos de dónde sacó el yosapa la cámara fotográfica y la camisa de las palmeras y el short el que le veremos usar al momento de cometer una de sus más atroces felonías. Pero eso no hace que la historia sea buena. Ni siquiera el dibujo de García López está en un nivel digno de la leyenda. La de Peter Tomasi y Simone Bianchi es una excusa bizarra para que el ídolo italiano dibuje lo que tiene ganas de dibujar: una secuencia onírica, vehículo ideal para el asombroso virtuosismo de este monstruo hoy más cerca de la ilustración que de la historieta.
Guarda, que en la segunda mitad mejora: La historia que aportan Paul Dini y Riley Rossmo es graciosa, picante y profunda a la vez, y está dibujada como los dioses. Tom Taylor le agrega una faceta casi tierna a un personaje habitualmente despiadado, en una breve historia con los mejores diálogos del librito. El dibujo de Eduardo Risso es glorioso, y se da el lujo de ponerle al co-protagonista la camiseta de Rosario Central. Después de que pelaran chapa dos maestros argentinos, les toca a los brazucas: Eduardo Medeiros co-escribe con Rafael Albuquerque una historia que dibuja este último en un nivel superlativo, seguramente el mejor trabajo que realizó para una editorial de EEUU. El guion no es una maravilla, pero tampoco apesta. Y nos quedan dos, ya con una calidad no tan zarpada como lo que vimos recién: una escrita y dibujada (bastante bien) por Tony Daniel, y una locura, un trip demencial, perturbador y caótico, a cargo de Brian Azzarello y Lee Bermejo, que engancha bien con la onda de la novela gráfica que supieron obsequiarnos unos cuantos años atrás. Complementan pin-ups inéditos y portadas clásicas (como para arrimar a las 100 páginas) y el balance general es positivo, sobre todo si sos fan del payaso criminal.
Me vengo a Argentina, año 2021, cuando se da a conocer El Pueblo del Mal, una historieta absolutamente académica, porque tiene guionista y dibujante hinchas de Racing. Está escrita por Ricardo De Luca y dibujada por Horacio Lalia, y por su estructura episódica parece estar pensada para publicarse en las revistas italianas de Aurea (no sé si eso sucedió). En total la serie supera las 140 páginas... y se hace larga. De hecho, cambia de rumbo un par de veces, como si los autores quisieran hacerla durar lo más posible. El que pintaba para villano grosso muere en el cuarto episodio, lo que parecía un caso "policial" de asesinatos en serie se revela como obra de un monstruo de origen sobrenatural... Hay capítulos enteros dedicados al pasado (los secret origins) de dos o tres personajes importantes... Cerca del final, se acumuló una cantidad de información tan voluminosa, que no se condice con la poca empatía que generan los personajes, ni con la llamativa facilidad con la que en última instancia (y cuando a la serie le quedan seis viñetas) derrotan al mal.
El argumento, entonces, no me pareció muy logrado, y si banqué los trapos hasta el final fue porque el guion tiene buenos momentos. Los bloques de texto están muy bien escritos, sobre todo en esos episodios en los que el narrador omnisciente le habla a Mondragón. Y me copó que en una obra ambientada en el Medioevo, en algún lugar de Europa, De Luca opte por un castellano más rioplatense que clásico, donde los personajes se tratan de vos.
Del dibujo de Lalia, lo que más me gustó fueron los fondos y la vestimenta de los personajes. Después de tantos años de dibujar historietas de Nekrodamus, el maestro juega MUY de local en la ambientación que le pide El Pueblo del Mal y ahí saca mucha diferencia. Después, las expresiones faciales están un poco desparejas (en algunas deja la vida, otras parecen resueltas así nomás), la anatomía por momentos está un poco dura, el diseño de las criaturas monstruosas no me pareció demasiado inspirado, y -como suele suceder- me marea un poco la puesta en página, con esas viñetas diagonales que a veces no entiendo en qué orden deben ser leídas. Reitero mi pedido a los editores y guionistas que trabajan con Lalia (que son unos cuantos) para que le recuerden al maestro que sus mejores historietas son las que tienen puestas en página clásicas, tradicionales, con las viñetas en tres tiras prolijas, yuxtapuestas de modo diáfano, sin pisarse, sin adoptar esas formas de paralelogramo que le enkilomban mucho el flujo de la narrativa.
Después, hay varios detalles mejorables en la edición, pero me imagino que esta obra está apuntada a los lectores que buscan aventuras clásicas, no lindos diseños, colores flasheros y tipografías vanguardistas. Así que en ese tema no me voy a meter.
Ya estoy avanzando con otras lecturas, así que prometo nuevas reseñas para muy pronto, acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
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miércoles, 6 de julio de 2022
THOR: LOVE AND THUNDER
Tengo unos libritos leídos como para reseñar, pero primero lo prometido: la reseña de la nueva peli de Thor.
Básicamente a lo largo de estas dos horas, el director Taika Waititi hace lo mismo que en Ragnarok: un primer tramo bastante extenso repleto de chistes y payasadas varias, una escena crucial que cambia el rumbo de la peli (en la anterior fue la muerte de Odin), y de ahí en más, una segunda parte mucho más dramática, con momentos épicos.
En Love and Thunder el rumbo cambia cuando Thor se entera qué le pasa a Jane Foster. Ahí baja por completo el ritmo de la joda loca y la trama se concentra en buscar la derrota de un villano muy jodido. Vendrán escenas duras, inquietantes, casi aterradoras, y un combate final no tan épico como el de Ragnarok, pero sí más atravesado por las situaciones personales y sentimentales por las que transitan los protagonistas (y en ese combo incluyo al villano). Todo esto condimentado con una trama romántica, llevada criteriosamente por los guionistas para que no opaque a la acción y la aventura. Los conflictos principales están tomados literalmente de dos de las tres etapas de Jason Aaron como guionista de los comics de Thor, así que si sos fan de esa extensa epopeya vas a flashear fuerte.
También como en Ragnarok, en Love and Thunder tenemos unas locaciones alucinantes, verdaderas locuras visuales, y la aparición de un personaje de infinito poder (aquella vez fue el Grandmaster) al que Waititi se toma medio en joda, y al que parecen faltarle un par de jugadores. El paso de la Asgard esplendorosa a la New Asgard mucho más humilde y terrenal está perfectamente compensado con los paisajes y decorados que crean los genios del diseño que trabajan en este largometraje. En el rubro actoral se ve una solidez muy notable, y se destaca claramente un irreconocible Christian Bale, que hace su debut en el Universo Marvel con un personaje muy bien trabajado, tanto por el actor como por los guionistas, quienes le dan una motivación fuerte, buenos diálogos y un giro muy copado en el final.
Los efectos especiales, magníficos como siempre. La música, un hallazgo. No se puede ser fan de Guns N´ Roses y no salir del cine conmovido por el uso que hacen Waititi y su equipo de los greatest hits de Axl, Slash y el resto de la banda. ¿Está todo muy enganchado con lo anterior? No. Si viste las tres pelis anteriores de Thor y Avengers: Endgame, vas a entender TODO, porque Love and Thunder continúa directamente desde ahí. No encontré guiños a las series de Disney + (Darcy aparece muy poquito, y no se hace cargo de nada de lo que le tocó vivir en Wandavision), ni a ninguna de las pelis de 2020 y 2021. ¿Y para adelante? La primera escena post-créditos abre la cancha para una quinta película de Thor, con la aparición de un personaje importante en el Universo Marvel, que obviamente no vamos a nombrar acá.
¿Por qué Love and Thunder me gustó menos que Ragnarok? Primero porque aquella vez todo se veía más nuevo y más rupturista. Esta vez, Waititi va por la misma fórmula que ya resultó exitosa en 2017. Segundo, en Ragnarok estaba el elenco clásico de las mejores épocas de Thor: Odin, Loki, Hela, Surtur, el Executioner, el lobo Fenris, los Warriors Three... No hay forma de ganarle a eso. Además, aquel film encontró en Hulk una estrella invitada de una magnitud tremenda, un gran complemento para una historia donde la machaca era fundamental. Acá lo más parecido a una gran estrella invitada que tenemos es una breve aparición (poco más que un cameo) de los Guardians of the Galaxy. Y está Valkyrie, quien junto a Korg hace de sidekick de Thor, pero está muy cambiada: me gustaba más la Valkyrie de Ragnarok, una zarpada, borracha y kilombera, no una monarca circunspecta, siempre lista para poner cara de orto cada vez que Thor se manda un moco.
Aún así, la peli nueva me resultó muy entretenida, nunca se me hizo larga (de hecho, me animo a ver la versión original, de cuatro horas, el día que la den a conocer), me gustó que sea más emotiva, que haya conflictos más humanos (además de la machaca, obvio), que se hayan animado a matar a un personaje importantísimo, y que el Thor de la última escena de Love and Thunder se parezca poco al Thor de Avengers: Endgame y nada al del film de Kenneth Branagh de 2011. Evidentemente en el hijo de Odin los demiurgos del MCU encontraron un personaje al que pueden hacer evolucionar muchísimo sin que el público los acuse de traicionar la esencia (o alguna de las esencias) del querido Dios del Trueno.
Perdón por la ambigüedad a la hora de referirme a lo que pasa en la peli, pero antes del estreno es menester no spoilear. Para antes de fin de mes se vendrá un podcast de Comiqueando donde hablaremos más en detalle (y CON spoilers) de esta cuarta incursión de Thor por la pantalla grande.
Mañana, si no pasa nada raro, nuevas reseñas de comics, acá en el blog.
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